De cara al 34°
Encuentro de Mujeres, Lesbianas, Trans, Travestis, Bisexuales y No-Binarias que
se realiza en la Ciudad de La Plata la próxima semana, aquí se comparten
algunas aristas interesantes de cara a reflexionar sobre el aporte de los
feminismos para analizar los vínculos sociales que decantarán en otra manera de pensar(nos) la sociedad en
Nuestra América.
Ocurre que ciertos intereses se ven favorecidos por el hallazgo de la verdad, mientras que otros lo son por su destrucción.
Erich Fromm
Si una se toma el trabajo de preguntarle a las personas que le rodean ¿qué es el conocimiento científico? las respuestas tienen algunos elementos en común: son una serie de pasos a seguir, los cuales, de tener consistencia teórica y empírica, serán considerados como válidos y hasta incluso universales. Quizás esta es una concepción del sentido común instalada que se podría comenzar a cuestionar.
Los campos del conocimiento están en continua lucha por instalar verdades únicas. Es decir, no se admite más que una verdad convertida en conocimiento universalmente válido. En ese gran campo de saber, la pluralidad de voces compite y no hace acuerdos, porque quienes detentan el saber detentan el poder.
Las personas estamos todo el tiempo en contacto con los conocimientos, y por ello, es interesante dejar de pensar que existe un único conocimiento que es universal y trasnacional. Es preciso rever tal concepción neoliberal del saber y el conocer. No existe una única manera de conocer, como tampoco existen sólo algunas personas que tienen el saber y el conocer. Por esto, es urgente y necesario construir estrategias para enfrentar el monopolio de la palabra, del saber y del conocer.
El análisis cultural del conocimiento, desde las ópticas feministas es uno de los primeros pasos que quizás se pueden comenzar a adoptar. Dicho análisis, facilita evidenciar los prejuicios -consientes o inconscientes- que se portan y se transmiten, así como las necesidades y los deseos que están ligadas a las teorías, prácticas, investigaciones y conocimientos que exceden el campo meramente académico.
Monserrat Tellez – Moon Tez. Mural en Alta Gracia, Córdoba, Arg. 2019
Feminismos nuestroamericanos para el conocimiento
Algo interesante para preguntarse al momento de pensar en la construcción de los feminismos desde el Sur y desde Nuestra América es ¿cuál es el sujeto de la historia? Volviendo una vez más al sentido común construido, muchas veces se relatan procesos que parecieran estar dados, como una sucesión de hechos impredecibles y necesarios que van marcando la historia, la cultura y la economía de un país desde el desarrollo para el progreso de los territorios.
Aquella “historia oficial” que coloniza mentes, es preciso abordarla desde el racismode Estado como eje problemático. Durante la invasión en Abya Yala, la modernidad iluminada europeísta implicó la construcción del racismo como instrumento de control de la población, con la necesidad de crear un primer mundo que se incline progresivamente hacia el desarrollo, y el resto del mundo. Mujeres, abuelos/as, niñxs y hombres indígenas fueron los sujetos productores del desarrollo de ese “mundo ideal”, habiendo establecido el hombre blanco, que por su color de piel, religión y lengua no tienen el intelecto necesario para formar parte de las decisiones importantes, dando inicio la estratificación de los vínculos sociales.
Existe un paternalismo histórico que rige el (des)orden mundial, sustentado en la teoría del más débil acobijado bajo el ala del más fuerte. Las mismas discusiones atraviesan los feminismos. El feminismo occidental blanco de las leyes por ejemplo, no cuestiona a la modernidad sino que se adapta a ésta, no cuestiona el racismo sino que lo perpetua a veces sin dar cuenta. De ahí la importancia de remarcar que no existe una historia universal del feminismo. No se plantea la igualdad de derechos como la cima de la praxis feminista, sino que también, es posible pensarlo desde la presencia y resistencia de la comunidad.
Por eso son importantes los saberes y conocimientos que provienen de los demás feminismos y grupos de mujeres que se autoperciben no feministas. Las mujeres de los 607 pueblos y nacionalidades de Nuestra América, enseñan otras formas de relacionarse con la producción de conocimiento. Y el conocimiento científico tiene mucho que aprender de estos cuerpos epistemológicos, que no se quedan ya en el lugar de ser objeto de conocimiento sino que producen y resignifican lo que parece olvidado, en desuso, fuera de este tiempo.
Como argumenta Francesca Gargallo [1], la filosofía de nuestros territorios se alimenta de teorías que nacen de reflexiones grupales necesarias para enfrentar las eventualidades que tienen sus raíces en problemas históricos negados. En la voluntad política de transformar, la teoría y la práctica se encuentran en los mismos cuerpos que producen conocimiento para la vida cotidiana.
José Martí se preguntó una vez cómo es posible pensar en la formación de gobernantes desde y para Nuestra América, si no hay universidad en América donde se enseñe lo rudimentario del arte del gobierno, que no es más que el análisis de los elementos peculiares de nuestros pueblos y territorios. Esto es pertinente tenerlo presente cuando pensemos en qué feminismos y para qué.
Las mejoras de las condiciones de vida de hoy y de mañana, el reconocimiento de lxs sujtexs políticxs que llevan adelante la reflexión y acción necesarias para alcanzarla, la crítica y los aportes para lograr formas de gobierno que no avasallen las diferencias propias de Nuestra América, el antirracismo, el respeto a las diferencias sexuales alimentan el feminismo que se pretende construir.
La lucha de los feminismos nuestroamericanos, es ni más ni menos que por el derecho a la autonomía de los pueblos, dice Rita Segato [2]. Urge el uso de la argumentación para la decolonialidad del pensamiento y del reconocimiento del Pluralismo Histórico para evidenciar las desigualdades y dar con la transformación colectiva teniendo siempre presente la historia de opresión que subyace en los relatos de la colonialidad vencedora.
* Periodista, conductora del programa La Marea (Radio Futura – FM 90.5), responsable de la sección Feminismos de Revista Trinchera, editora del portal Luchelatinoamérica y colaboradora de Agencia Timón.
Fuentes: [1] Gargallo, F. “Ideas feministas latinoamericanas”. [2] Segato, R. (2015) “La crítica a la colonialidad en ocho ensayos. Y una antropología por demanda, Buenos Aires, Prometeo libros, 293 pp.”
Revisando distintos informes sobre las condiciones y violencias que viven las mujeres en la cárcel en distintos países latinoamericanos, no se puede negar la discriminación que sufren las mujeres de manera permanente en la prisión y que nos lleva necesariamente a reflexionar sobre los efectos de la violencia patriarcal en la vida de las mujeres en contexto de encierro.
Las dificultades, problemas, vulneraciones de sus derechos pueden entenderse como una consecuencia no sólo de las condiciones carcelarias, sino que su contexto está marcado por relaciones de género desiguales, que se encuentran presentes desde el mismo hecho delictivo y sus causas, incluyendo las condiciones de encierro, así como el significado o el costo que supone para ellas y para sus familias, pero también en las oportunidades de rehabilitación y reinserción social que ofrecen para ellas los centros penitenciarios.
Marcela Lagarde establece que hay un cautiverio que compartimos todas las mujeres por el único hecho de ser mujeres en un mundo patriarcal, pero que:
[…] “existe un grupo estereotipado de presas que son las prisioneras, ellas concretan social e individualmente las prisiones de todas. A pesar de no ser el suyo un reflejo del cautiverio genérico de las mujeres, las prisioneras viven real y simbólicamente, en el extremo de su realización, un cautiverio, de tal manera que el análisis de las presas da luz sobre las prisiones diversas que viven todas las mujeres” […] (Lagarde, 2006: 642)
El sistema penitenciario en latinoamerica refleja un escenario de desigualdad social, de discriminación y de selectividad del sistema de justicia penal, que castiga a los grupos más vulnerables social y económicamente. Las mujeres privadas de libertad se insertan en ese contexto de vulnerabilidad de forma más agravada, tanto en el período anterior correspondiente a la fase procesal como después de tener una sentencia firme. Distintos informes revelan que la mayoría de las mujeres que están en la cárcel están en la cárcel tienen condenas por transporte de droga “mulas”, son mujeres que son parejas de narcotraficantes o de delincuentes involucradas con la criminalidad de sus compañeros, así como mujeres víctimas de la violencia doméstica que acaban por transformarse en homicidas de sus parejas (Rodríguez, 2009).
La abierta desigualdad en el tratamiento que las mujeres reciben, en el sentido diferente que el encierro tiene para ellas, en las consecuencias para sus familias, en la forma en que la administración de justicia opera sobre sus conductas “desviadas” a través del componente sexista del derecho penal, la concepción que la sociedad les atribuye y la significación de los mecanismos de control (formales e informales) frente a las mujeres que delinquen, hacen que el paso por la cárcel constituya un estigma mayor para éstas que para los “delincuentes” varones. En este sentido, las mujeres encarceladas viven múltiples opresiones: por su condición genérica dentro de un sistema sexo-género hetero-machista, por su condición de clase en un mundo arraigadamente capitalista y por procedencia étnica en un mundo violentamente etno-céntrico
“La situación de las cárceles femeninas es dramática. No sólo porque las mujeres detenidas sufren el estigma de romper con el rol de esposas sumisas y madres presentes que les asigna la sociedad, sino también por la falta de leyes y políticas adecuadas para abordar problemas como el de las madres lactantes o los hijos de las mujeres encarceladas. Esto se suma a otras cuestiones, como la violencia sexual y el hacinamiento producto del aumento de la población penitenciaria femenina, generalmente por delitos relacionados con el microtráfico de drogas” (Almeda, 2007:23)
Ser delincuentes y haber estado en prisión son, estigmas mayores para las mujeres. (Lagarde, 2006: 641) que las sitúa en el marco de la inmoralidad y la desviación y por tanto de la anomia social, lo que impide el proceso de re-construcción de su proyecto de vida una vez están en libertad.
La cárcel es el ámbito del odio social a las mujeres transgresoras. La violencia carcelaria es el contenido reglamentado de la institucionalidad coercitiva, y se desarrolla también en la interacción del cuerpo represivo y de custodia. (Lagarde, 2006: 642) Así, la estancia en la cárcel es a la vez explotación y castigo económico, que se complementan con los pagos subterráneos que hacen las presas para tener acceso a bienes y servicios mínimos, y para pagar sobornos y evitar sobrecastigos, para lograr que sus papeles aparezcan o para que el abogado defensor de veras las defienda […] Abandonadas, las presas, la mayoría sin visitas familiares siguen esperando que alguien venga a verlas: «abandonadas debido a su encarcelamiento, y a su transformación pública e inocultable en malas mujeres». (Lagarde, 2006: 643)
Por el papel central que tiene la maternidad en la definición de las mujeres, la suspensión de su capacidad de custodia y tutelaje o, por el contrario, el hecho de que hasta en la cárcel deba cuidar de sus hijos, “hacen la vida en prisión genéricamente opresiva para las mujeres y para su prole” (Lagarde, 2006: 644). En las legislaciones penintenciarias en distintos países de Latinoamérica, el reconocimiento de la condición de maternidad de las mujeres privadas de libertad, y las necesidades específicas que dicha condición se deriven, no cuentan con una plataforma política especial. Lo cierto es que muchos centros penitenciarios no cuentan con instalaciones adecuadas o suficientes para dichas necesidades – atención integral a la salud de las mujeres embarazadas, hogares maternales, programas de atención a hijos/as de las reclusas que viven con sus madres u otros.
Otro de los aspectos de violencia que se presentan están relacionado el sostenimiento de los vínculos familiares y afectivos; ocurre con frecuencia que el ingreso en prisión, o después de un tiempo en reclusión, los maridos o parejas “las abandonan”, así como las visitas familiares empiezan a ser esporádicas entre madres-hermanas, enfrentándose a la soledad y al aislamiento.
Asimismo, las condiciones de reclusión son pésimas, presentándose altos índices de hacinamiento e infraestructura mal acondicionada para el tratamiento rehabilitador y resocializador de las privadas de libertad: “Las cárceles de mujeres generalmente son pequeños edificios improvisados, equipados con menos instalaciones que las prisiones para varones y poco espacio para actividades educativas, culturales o recreativas o son viejas infraestructuras hacinadas” (Almeda, 2007: 15), presentándose problemas en la calidad de alimentación, falta de suministros de higiene, limpieza y vestimenta.
Respecto a los servicios de atención sanitaria en los centros penitenciarios, no existe una clara política integral de atención en salud, que garantice el derecho al acceso y al adecuado manejo clínico de distintas enfermedades tanto físicas como psicológicas que garanticen la oportunidad en el tratamiento durante la internación penitenciaria de las mujeres, muchos centros cuentan con un puesto de salud provisto de uno o dos médicos o paramédicos que atienden en un horario limitado de mañana o/y de tarde a un número también limitado de reclusas, con salas insuficientemente equipadas en insumos y medicamentos, situaciones que han llevado a la muerte a varias mujeres por no contar con una optima atención integral.
En los programas de rehabilitación dirigidos en los centros penitenciarios, se mantienen los roles y estereotipos en la oferta formativa y laboral muy centrada en la reproducción de la división sexual del trabajo -cursos de belleza, cocina o corte y costura- pero también en estereotipos de género en relación, por ejemplo, a la sexualidad de hombres y mujeres, lo que ha tenido un impacto en las limitadas oportunidades con las que cuentan de recibir una visita conyugal en el centro penitenciario.
Además, se evidencia ciertas prácticas reglamentadas que implican el ejercicio directo de la violencia: las requisas personales y de pabellón, el aislamiento como sanción y los traslados. Por otra parte, en tanto la violencia institucional es uno de los ejes más graves por medio del cual se expresa la violación sistemática de los derechos humanos en los contextos de encierro, pues se observa maltratos físicos y psicológicos, por agentes del Estado –las guardiacárceles–.
En relación al acceso a la justicia las mujeres privadas de libertad presentan distintas problemáticas, por un lado, la mora judicial y por otro lado, la gestión de los expedientes de las mujeres condenadas para su tratamiento: clasificaciones de periodo, conmutaciones, permisos, beneficios penitenciarios (Rodríguez, 2009).
A modo descriptivo, estos son algunos datos que se han considerado relevantes para situar y analizar la situación de violencia y las múltiples discriminaciones que enfrentan las mujeres en el ámbito penitenciario, reconocer las necesidades e intereses específicos de las mujeres en situación de privación de libertad tiene que llevar a la generación de política públicas que pongan énfasis en la necesidad de incorporar una perspectiva de género en las políticas criminal, penitenciaria y carcelaria, con el fin de garantizar de manera efectiva los derechos de las mujeres privadas de la libertad.
Para esto, sería importante la construcción y adecuación de infraestructura, el alojamiento de mujeres, mujeres embarazadas, mujeres con hijos/as, con VIH o personas del colectivo LGTTBI, implementar un programa que garantice los derechos sexuales y reproductivos de las reclusas y la mejora en la calidad de atención en salud. Igualmente otorgar plenas oportunidades laborales y educacionales y desterrar las prácticas sistemáticas de violencia institucional y prever una atención jurídica basada en la equidad de género y los derechos humanos de las mujeres.
* Lic. En educación y Ciencias Sociales, Estudiante de Maestría en Sociología de la cultura y análisis cultural en Instituto de Altos Estudios Sociales (IDAES), UNSAM. Columnista del programa La Marea, (Radio Futura – FM 90.5), redactora de Revista Trinchera y colaboradora Agencia Timón.
Bibliografía.
ALMEDA, Elisabet y Encarna BODELÓN (2007), Mujeres y Castigo: un enfoque socio-jurídico y de género. Madrid: Dykinson, Ins!tuto Internacional de Sociología Jurídica.
Lagarde, Marcela. (2006). Los cautiverios de las mujeres: madresposas, monjas, putas, presas y locas. CEIICH – UNAM. México.
Rodríguez, María Noel (2009) “Mujeres en prisión. Un abordaje desde la perspectiva de género” en Elías Carranza (Coord.) Cárcel y Justicia Penal en América Latina y el Caribe. ILANUD
Trinchera habló con el comunicólogo uruguayo sobre el acuerdo entre el gobierno de Nicolás Maduro y la oposición venezolana, del “renacer progresista” en la región y la “constitución del eje Buenos Aires – México” a partir de diciembre.
En un artículo que escribió sobre la situación en Venezuela, se preguntaba si lo que sucedió en estos días es el retorno de la política o es el ocaso de Guaidó, a raíz del offside en el que queda el autoproclamado por el diálogo que se está dando entre el gobierno venezolano y algunos sectores de la oposición. Sería interesante que desarrolle esta idea.
El acuerdo entre el gobierno y parte de la oposición es un paso realista en la búsqueda de soluciones a la grave crisis venezolana. Con él se rompe ese imaginario colectivo, instalado por los medios hegemónicos y por Estados Unidos, sobre la existencia del bueno y del malo, que hay un malo que es el dictador y que hay un bueno que es el que aglutina toda la oposición a ese dictador. Quedó totalmente en evidencia que no existe una polarización entre el gobierno constitucional y un universo opositor, que se suponía lideraba Juan Guaidó, sino que existe un archipiélago de oposiciones y, parte de ese archipiélago, decidió tomar el camino de la negociación para buscar una salida a la grave crisis del país.
Con este acuerdo, el gobierno logra el reconocimiento por parte del mundo opositor y deja por el camino todos esos alegatos de ilegalidad que se disparan desde Colombia, desde la OEA, desde EEUU o el Grupo de Lima. También queda en discusión la legalidad de Guaidó y su liderazgo; su credibilidad está por el suelo después de las fotos con narcotraficantes y paramilitares colombianos, que oh, sorpresa, fueron invisibilizadas inmediatamente por el terror de los grandes medios hegemónicos.
En la negociación aparece un elemento que parecía estar olvidado: el Grupo de Boston, un grupo de parlamentarios de EEUU y Venezuela que se formó después del golpe en el 2002. Aparentemente este acuerdo se llevó bajo las alas de ese Grupo de Boston y, por ende, no puede haber sorprendido al gobierno de los EEUU que se estuviera manejando ese acuerdo.
En Venezuela, además, están surgiendo foros de dirigentes, intelectuales, trabajadores, campesinos, tanto del chavismo como de la oposición, juntándose y exigiendo que se busque un diálogo, una solución negociada al conflicto, pero siempre teniendo en cuenta la defensa de la soberanía nacional, contra la injerencia extranjera.
En este momento,no se sabe a quién manda Guaidó y sí se sabe que es mandado, obviamente, desde EE.UU., que los representa más que cualquier oposición venezolana. Una fragmentada oposición venezolana y donde varios partidos de la oposición han hecho sus asambleas, sus plenarios hablando de la eventualidad de una fase electoral donde se elegiría a los nuevos diputados para la Asamblea Nacional. O sea que, todo este acuerdo, va acompañado, también, por una cantidad de movimientos dentro de los partidos de la oposición que buscan estrategias y formas para presentarse en las próximas elecciones en la AN.
"Los que están en la administración Trump son todos conservadores y halcones"
En la administración de Donald Trump hay una disputa sobre cómo resolver los conflictos hacia afuera, fundamentalmente por la deriva en la que terminó la política de los halcones. Según Thierry Meyssan, el cambio a una doctrina Trump-Pompeo está más acorde al control de la matriz energética, el petróleo, y, considerando esta situación, cambiarían las lógicas de dominación ante la avanzada rusa, china, etc. El caso venezolano y, en particular, el offside de Guaidó, también tiene que ver con esa interna hacia dentro de los EEUU que, por ejemplo, significó el alejamiento de John Bolton como asesor de seguridad.
Los que están en la administración Trump son todos conservadores y halcones. Es cierto que había diferentes estrategias para llevar adelante sus políticas, pero –antes que Bolton cayera–ya eran un fracaso en todas las estrategias que pusieron en el terreno mundial en los dos últimos años. No es casualidad que haya caído Bolton –debería haber renunciado todo el gabinete–, son los sucesivos fracasos los que minan la política interior estadounidense.
Lo más importante para Trump es la reelección el 3 de noviembre del año que viene. Todavía falta mucho, pero Trump ya trabaja para eso. No hay un cambio severo, radical, en las figuras que dominan la política exterior y la política de seguridad de EEUU. Es muy lento el reacomodo a la realidad, extraña que desde que se dio el acuerdo entre sectores de la oposición y el gobierno de Venezuela, no hubo una respuesta, como estaba acostumbrado ipso facto el gobierno de los EEUU.
Acordémonos que el 23 de enero de este año, Guaidó era autoproclamado presidente para terminar con el gobierno de Maduro en dos o tres días, y pasó todo este tiempo y Guaidó no calentó las calles, no sale nadie atrás de él, fracasó en un intento farsesco de golpe militar, su figura fue impuesta y ya no es reconocida por el resto de la oposición, hoy nadie lo reconoce. La oposición está dividida entre los que quieren hacer política dentro de Venezuela y entre los que siguen los dictados de EEUU.
Hay cambios en EEUU, pero no creo que sean drásticos sobre América Latina. La cuestión es que los tres grandes proveedores de petróleo del mundo están en conflicto y EEUU. no está sacando la mejor parte de ellos. Eso se traduce en nuevas estrategias contra los países productores de petróleo. Es infame la cantidad de sanciones y medidas que se hicieron para acogotar y matar de hambre a una población, una población que realmente la está pasando muy mal dada la restricción que tienen en materia alimenticia y de salud, eso va despertando una reacción negativa hacia EEUU por vastos sectores de la población y de la oposición.
Foto: Mauricio Mejía Muñoz
"Hay una cantidad de conflictos por estallar que no hablan muy bien de los gobiernos neoliberales"
Por lo que vemos, la solución del conflicto en Venezuela viene por la vía política, pero a su vez confronta con un discurso de los EEUU. que, pese a la salida de Bolton, Trump dijo que hubiese sido más agresivo que su asesor en la política con Venezuela. Se da, también, en el marco de la activación del TIAR por algunos gobiernos de la región. Nos interesaría su análisis en términos regionales, dado que esta doble posibilidad respecto a la resolución en Venezuela ha delimitado muy bien las posiciones de los diferentes gobernantes.
Hoy América Latina está en disputa y lo está con el renacer del progresismo o de esa corriente integracionista, algo que no estaba dentro de los planes de EEUU. Se está llevando sorpresas, sobre todo en un eje que posiblemente se pueda constituir en el mes de diciembre, el de Buenos Aires-México, con posiciones más latinoamericanistas. Dos países de esa envergadura van a arrastrar a otros también.
Hay que considerar los fracasos de los gobiernos neoliberales como el peruano, el chileno, el brasileño o lo que sucede en Paraguay. Si hacemos racconto de lo que está pasando en América Latina, vemos que hay una cantidad de conflictos por estallar que no hablan muy bien de los gobiernos neoliberales o derechistas en los últimos tres, cuatro años. Eso tiene que ver con el fracaso de las políticas económicas -fracaso para los pueblos, a los que trabajan en la ruleta financiera les ha ido muy bien-.
Pero hay un renacer, ya no con aquella fuerza de cambios estructurales que tuvo América Latina desde el ’99 con la elección de Hugo Chávez, sino con un progresismo más leve, más social-demócrata. Eso es lo que puede venir en los próximos años como corriente nueva en los principales países de AL. No hay que verlo con tanto optimismo, hay que ir viéndolo paso a paso.
Colombia está estallando internamente y hay varios países que están siguiendo ese ejemplo. Perú es un desgobierno total, no solamentepor culpa de Vizcarra, sino por lo que ha sucedido con cuatro presidentes indiciados por hechos de corrupción y con manifestaciones que se vayan todos. Tenemos un Chile que no ha encontrado, todavía, una fuerza política que pueda sacarlo de ese binomio de derecha y casi-derecha de lo que fue la Nueva Mayoría o Concertación.
Hay nuevos vientos, sobre todo jóvenes, en América Latina. Son gobiernos para nuevos tiempos que no tienen nada que ver con los gobiernos de principio del siglo XX ni siquiera con los de principio del XXI. Habría que hacer un análisis muy estricto sobre cuál es el nuevo mundo que estamos viviendo, cuál es la incidencia de los cambios tecnológicos, cuál es la incidencia del cambio climático, cuál es la incidencia de las migraciones, cuál la del empoderamiento de las mujeres. Todos cambios muy grandes en este mundo y que, generalmente, se dejan de lado en el momento de analizar las condiciones que se necesitan en nuestros países.
* Aram Aharonian es periodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la) y surysurtv.net. Autor de libros como "Vernos con nuestros propios ojos", "La internacional del terror mediático" y "El asesinato de la verdad".
La historia de subordinación de Nuestra América con EEUU no sólo parte de la debilidad económica, militar o política, sino también de las ataduras, de diferentes formas de estrangulamiento y opresión que han sido adaptadas y perfeccionadas durante décadas y que son esas venas abiertas de las que hablaba Galeano.
Mucho se ha hablado de las matanzas que realizaron los europeos al invadir el continente. Mucho se ha hablado de las constantes invasiones perpetradas por el imperio norteamericano, fundamentalmente en Centro América y el Caribe y de la formación y financiamiento de las dictaduras del Cono Sur mediante el Plan Condor.
Actualmente son los poderes judiciales y mediáticos los principales actores de esa invasión. También es mucho lo que se ha hablado del tema, fundamentalmente desde que Rafael Correa y Cristina Fernández de Kirchner instalaron el concepto de “Lawfare”, que no es otra cosa que la utilización de los poderes judiciales para perseguir a quienes enfrentan las políticas de saqueo del imperio, o que osan pensar en proyectos políticos soberanos para sus países.
Pero a diferencia del terror causado por las botas, los parlantes de los medios de comunicación, las operaciones de mentira en las redes sociales, y las causas judiciales inventadas tienen patas cortas y en muy breve tiempo se están desmoronando.
Se podrá coincidir con el investigador del Centro de Estudios Humanistas de Córdoba y comunicador en agencia internacional de noticias Pressenza, Javier Tolcachier, que las derechas del continente se están deteriorando de manera cada vez más rápida. Hay sobrados ejemplos de ese descalabro, del saqueo y la rapiña que quedan en evidencia para los pueblos en muy poco tiempo.
El caso de Mauricio Macri quizás es el más significativo (aunque Bolsonaro aprendió y está intentando ir más rápido), por el daño que hizo al pueblo argentino. Pero de la misma manera se puede hablar de la pérdida de legitimidad de los gobiernos de Piñera en Chile (el país con mayor endeudamiento percapita del continente[1]), de Abdó Benítez en Paraguay (casi destituido por sus negociados con Bolsonaro), Vizcarra en Perú (antes PPK) que no puede resolver el descontento social y el repudio al proyecto Tía María[2], Lenin Moreno en Ecuador (con un escaso 16% de aceptación en la actualidad), Incluso Duque en Colombia, donde pende de un hilo el proceso de paz ante el incumplimiento permanente del Estado y el rearme de un sector de las FARC[3].
Centro América no está mucho mejor: en Guatemala vuelve a ganar la derecha que encabeza Gianmattei y que promete mano dura en un país con el trágico record de un 46% de desnutrición crónica infantil. Un Haití en llamas que va por la cabeza de Jovenel Moïse ante las catastróficas cifras sociales de “hambre, la miseria y el desempleo que afectan a más del 80% de la población”[4]. Y un Juan Orlando Hernández que sólo mediante el fraude logró reelegirse, pese a la prohibición constitucional.
Ante ese escenario, como ya se ha mencionado en anteriores artículos, surge la esperanza de un nuevo proceso progresista en la región. El tiempo de la diplomacia nuestroamericana no murió mal que les pese a muchos comunicólogos y opinadores mediáticos. AMLO en México, las inmensas posibilidades de que Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner ganen en Argentina, la resistencia heróica de la Bolivia de Morales, la Venezuela chavista de Maduro, la histórica Cuba, o la Nicaragua sandinista de Ortega, sumados a los países del Caribe nucleados en la Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América.
Un escenario complejo, que seguramente demandará mucha lucha callejera en todo el continente, si es que se pretende frenar la sangría que implican no sólo las deudas externas (nuevamente utilizadas para atar de pies y manos a la región), sino el modelo de saque y dominación que representa el extractivismo.
Si bien no son pocos les que vienen advirtiendo de la necesidad de dar un giro de 180 grados en las lógicas de producción y consumo, el continente se encontrará ante la difícil tarea de revertir las condiciones de pobreza y marginación a las que llevaron las políticas neoliberales, al mismo tiempo que reformula sus matrices productivas y los tipos de vínculos tanto con el imperio, con sus multinacionales, como con países emergentes y contrahegemónicos como China y Rusia[5].
Por sólo citar un ejemplo de la bestial succión de bienes por parte de los EEUU, en un artículo publicado recientemente por la OBELA, los investigadores Oscar Ugartech y Carlos de León, ponen de manifiesto algunos números respecto de las exportaciones de hidrocarburos: “El socio predominante, en 19 de los 21 países, es EEUU; de los cuales 11 cuentan con un tratado de libre comercio. Esta lógica condiciona la dinámica económica de la región, por la concentración del mercado petrolero y de refinación estadounidense, por la volatilidad del precio del petróleo y la caída de la productividad en este sector desde el 2014 con un crecimiento anual negativo”. Como se puede observar la mayoría de los productores de hidrocarburos están atados al mercado estadounidense en la provisión del oro negro.
Un EEUU que utiliza a los poderes judiciales (promocionando las “buenas prácticas”[6]) no sólo para perseguir opositores, sino para quitar del medio a empresas que compitan con sus multinacionales[7]; a los organismos internacionales de crédito como el FMI, el Banco Mundial, el BID o la USAID para socavar la economía y la soberanía de los países de la región; que utiliza a las corporaciones mediáticas para deslegitimar procesos políticos adversos.
Para concluir, interesa resaltar las palabras del politólogo vasco, Katu Arkonada, quien sostiene en un artículo publicado la semana pasada que “tenía razón Fredric Jameson cuando decía que es más fácil imaginarse el fin del mundo que el fin del capitalismo. Esa es la gran victoria cultural de un sistema que parece adentrarse en una obsolescencia no programada. Aunque es probable al paso que vamos que antes se consuma el planeta, y con él la humanidad entera, pero mientras haya un resquicio de esperanza para la acción, no nos confundamos, no es el fuego, es el capitalismo”[8].
Precisamente esa esperanza de vida que ponen de manifiesto el centenar de luchas que se replican por todo el continente, son las que llevarían a afirmas con el Che que “la única lucha que se pierde es la que se abandona”.
* Periodista especializado en temas internacionales, conductor del programa Marcha de Gigantes (AM 1390 Radio UNLP), productor del programa Columna Vertebral (Radio Estación Sur - FM 91.7), columnista del programa La Marea (Radio Futura – FM 90.5) editor de Revista Trinchera y colaborador de Agencia Timón.
La categoría género permite reconocer las dinámicas, conflictos, luchas y terrenos ganados por organizaciones, colectivos académicos y movimientos sociales, con relación a los derechos de las mujeres, sus proclamas, accionar social y su posicionamiento como agentes políticas. Sin embargo, es importante aclarar que la categoría género no es un sinónimo de estudios de mujer o teorías feministas, hace referencia principalmente a lo que se ha construido como masculino y femenino y la distribución de sus roles en la sociedad, buscando la deconstrucción del sujeto moderno: racional y universal.
En América Latina, la categoría género tuvo impacto en las feministas entre finales de los años 80 y 90, planteando al patriarcado como uno de los patrones de poder existentes en las sociedades latinoamericanas pero donde también se tejen relaciones de subordinación por medio de los dispositivos de control y jerarquización como raza, grupo étnico, clase social, debatiendo con ello al feminismo hegemónico blanco surgido en Europa y EEUU, que dejaba de lado las variables de clase, etnia y su relación con la sexualidad. Como lo plantea María lugones:
La lucha de las feministas blancas y de la «segunda liberación de la mujer» de los años 70 en adelante pasó a ser una lucha contra las posiciones, los roles, los estereotipos, los rasgos, y los deseos impuestos con la subordinación de las mujeres burguesas blancas. No se ocuparon de la opresión de género de nadie más. Concibieron a «la mujer» como un ser corpóreo y evidentemente blanco pero sin conciencia explícita de la modificación racial. Es decir, no se entendieron así mismas en términos interseccionales, en la intersección de raza, género, y otras potentes marcas de sujeción o dominación. Como no percibieron estas profundas diferencias, no encontraron ninguna necesidad de crear coaliciones. Asumieron que había una hermandad, una sororidad, un vínculo ya existente debido a la sujeción de género.
Lugones 2008: 93
Uno de los debates que centró la discusión frente al feminismo hegemónico, fue el hecho generado desde los estudios sobre la mujer hacia los años 70, con relación al desarrollo de la “categoría mujer”, definiéndola en una categoría estática, esencialista y universal. Haciendo referencia a la mujer principalmente desde su anatomía y su relación con lo femenino, como una identidad homogénea. Sin tomar en cuenta los contextos sociales, históricos y culturales en los que están inmersos las mujeres en diferentes partes del mundo. A partir de esta categorización, las mujeres en Latinoamérica que no entraban dentro de las características homogenizantes en la definición de la mujer, manifestaron la necesidad de reconocer que las mujeres son diferentes y por ende las formas en que son subordinadas también.
En este escenario, las activistas y académicas latinoamericanas han planteado frente al feminismo hegemónico la perspectiva de la Colonialidad del Género, buscando visibilizar la relación directa entre raza, clase, género y sexualidad “con el objetivo de entender la preocupante indiferencia que los hombres muestran hacia las violencias que sistemáticamente se infringen sobre las mujeres de color, es decir, mujeres no blancas víctimas de la colonialidad del poder”[1] (Lugones 2008, 94). En este sentido, la perspectiva de la colonialidad del género busca dar cuenta de la construcción de la autoridad colectiva, de todos los aspectos de la relación entre capital y trabajo y de la construcción del conocimiento principalmente racializado y geopolíticamente legitimado en occidente. Revelando las maneras en que las mujeres colonizadas no–blancas fueron subordinadas y desprovistas de poder.
Desde la configuración de la modernidad/colonialidad, se asignaron roles con base en la racialización; por ejemplo, el rol social de la prostitución fue otorgado a las mujeres negras, donde la representación sobre ellas se encaminó en lo sexual, la explotación y lo salvaje, estereotipos creados a partir de la colonización y que subsisten en la actualidad:
“Históricamente, la caracterización de las mujeres Europeas blancas como sexualmente pasivas y física y mentalmente frágiles las colocó en oposición a las mujeres colonizadas, no-blancas, quienes, en cambio, fueron caracterizadas a lo largo de una gama de perversión y agresión sexuales y también lo suficientemente fuertes como para acarrear cualquier tipo de trabajo”.
Breny Mendoza propone reflexionar desde una interseccionalidad entre raza, género y clase, planteando que la matriz de dominación se configuró desde el racismo, el sexismo y el clasismo, afectando en diferentes formas a las mujeres de la región: “las mujeres no solo fueron racializadas, sino que al mismo tiempo fueron reinventadas como mujeres de acuerdo a códigos y principios discriminatorios de género occidentales” ( 2010: 23) donde el hombre colonizado también adoptó estos mecanismos de subordinación creados y expandidos por el hombre-blanco–heterosexual.
A lo largo de la historia, estos factores de subordinación y reinvención han generado la otrificación de la mujer negra e indígena y su representación como “algo” exótico e inferior, sin conocimiento, construyendo estereotipos raciales y sociales sobre sus cuerpos y sus vidas, esencializarndo, naturalizando y fijando la diferencia con el objetivo de legitimar la subalternización que ha reducido a la mujer afro e indígena a rasgos esenciales, ligados, a lo natural, lo salvaje y lo inhumano y reduciéndolas a roles y labores específicas.
De ahí la urgencia de proponer la construcción de escenarios de reflexión que impliquen la comprensión de la realidad de estas mujeres sus diferencias sociales, históricas y culturales, las formas en cómo han resistido y re-existido a las violencias ejercidas históricamente sobre ellas.
[1] Categoría desarrollada por el sociólogo peruano Aníbal Quijano. La noción colonialidad del poder cuestiona la construcción eurocéntrica de la sociedad liberal europea como la norma universal y sus formas de conocimiento como las únicas válidas, introduciendo la importancia de la dimensión racial para la dominación y la construcción de subjetividades.
* Lic. En educación y Ciencias Sociales, Estudiante de Maestría en Sociología de la cultura y análisis cultural en Instituto de Altos Estudios Sociales (IDAES), UNSAM. Columnista del programa La Marea, (FM 90.5 Radio Futura), redactora de Revista Trinchera y colaboradora Agencia Timón.
Referencias
Lugones María, 2008. “Colonialidad y Género”, en Revista Tabula Rasa. Núm. 9, Bogotá, Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca, p.73-101.
Mendoza Breny, 2010 “La epistemología del sur, la colonialidad de género y el feminismo latinoamericano”, en Yuderkys Espinosa Miñoso. Coord., Aproximaciones críticas a las prácticas teórico –políticas del feminismo latinoamericano, vol. I, Buenos Aires, En la frontera, p. 19-36, 2010.
Mauricio Macri en la conferencia de prensa del lunes 12 de agosto.
En la semana que transcurrió, se ha habló hasta el hartazgo acerca de la paliza que se comió Cambiemos en las elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias del domingo pasado.
Ahora son chorros de tinta y horas de micrófono y pantalla relatando lo mal que está el país, donde hasta los comunicadores, hasta el viernes a la noche oficialistas, tuvieron que salir a pegarle al macrismo por la situación económica y social. Parece una banda de mitómanos que se cayeron del catre y de repente se despabilaron, aunque sabemos que no es así.
Pese a lo que digan y busquen la vuelta que busquen, los hechos sucedidos el lunes no fueron más que la actualización de un “dólar atrasado” como había señalado incluso Alberto Fernández y algunos de los supuesto referentes económicos de su espacio, por ejemplo el ex viceministro de economía Emmanuel Álvarez Agis.
Pero (siempre hay un “pero”) como analizaba hoy por la mañana el economista, magister en Relaciones Internacionales e investigador docente en la Universidad Nacional de General Sarmiento, Ricardo Aronskind: “un dólar a $60 es un dólar de equilibrio macroeconómico del sector externo, de largo plazo -y está muy bien- pero no es un dólar de equilibrio social. Si no se toman un conjunto de medidas para compensar el mazazo sobre el salario real (que ya estaba deteriorado), tenemos un problema social que se va a expresar –nos guste o no- y no va a respetar estrategias de gobernabilidad”[1].
Ricardo Aronskind – 17/08/2019 – Marca de Radio – AM910
El daño del lunes (La devaluacion provocada) es de una gravedad pocas veces vista El mejor escenario es adelantamiento de las elecciones
La escalada del dólar que vivió argentina este lunes, tendrá un impacto sobre el bolsillo de las personas de a pié que efectivamente hará insignificante las medidas hasta ahora anunciadas por el ejecutivo. Lo peor es que estas medidas contradicen todo el repertorio oligárquico tradicional. Si fue paliza, y a medida que se conocen los resultados finales la diferencia se estira, todo indicaría que en octubre sería aún más contundente la derrota para Cambiemos.
Lo que no habrá que perder de vista (como señala la economista Clara Razu) es la discusión que tendrá que dar el congreso argentino respecto al presupuesto 2020[2]. Este determinará donde podrá poner el ojo la nueva gestión y donde no. Lo concreto es que así como viene la cosa, en ningún escenario la resolución será sencilla.
Sin lugar a duda el experimento oligárquico del cipayage criollo y el FMI que representa la lógica imperial (versión Trump) está terminado. Al menos en términos de la democracia burguesa liberal supuestamente representativa. Ahora quedará ver si entregan el poder pacífica y civilizadamente, o, como lo hicieron a lo largo de la historia, lo hacen con una chorrera de sangre de por medio (nunca olvidemos que son los mismo que bombardearon la plaza en el 55, los del etnocidio de la “campaña del desierto” y el costado civil de la última dictadura cívico-eclesiástico-militar).
Como afirma el investigador del Centro de Estudios Humanistas de Córdoba y comunicador de la Agencia Internacional de Noticias Pressenza, Javier Tolcachier, “Es de esperar que múltiples operaciones periodísticas, judiciales y de inteligencia intenten impedir el seguro triunfo de la oposición. Dichas operaciones podrían no solamente repetir mediáticamente hasta el cansancio el remanido pero aún efectivo sonsonete de la “corrupción” sino escalar a ribetes criminales. No pueden descartarse algún autoatentado – similar al que supuestamente sufrió Bolsonaro en la campaña en Brasil – contra alguna de las figuras oficialistas (incluido el presidente), operaciones de bandera falsa en el campo delictivo incriminando a principales dirigentes opositores, montajes judiciales de última hora o incluso la posibilidad de suspender las elecciones ante algún evento violento programado”[3].
Unidad política ante el derrumbe social, la clave del contundente triunfo progresista en Argentina
Las PASO argentinas son una luz de esperanza no sólo para les argentines que habitamos esta patria, también lo son para el resto del continente. Mucho se ha hablado en la semana sobre las expectativas que tenía todo el continente respecto del proceso electoral del domingo pasado. Quizás la muestra más contundente de las implicancias que tendrá para la región se trasluce en las declaraciones del misógino, fascista, racista y cipayo que hoy gobierna la hermana República Federativa del Brasil.
Bolsonaro se metió innumerable cantidad de veces en la campaña para intentar torcer la balanza para el lado de Macri. Habrá que ver si sus palabras lo ayudaron o lo perjudicaron, dado que hasta sectores de la alianza oficialista repudian la imagen de un Bolsonaro abiertamente admirador de los Carapintada argentinos que se alzaron en el 87, incluso de los torturadores de Dilma Rousseff, a quienes dedicó su voto en el golpe parlamentario contra la ex presidenta.
Detalle no menor fueron las palabras de Alberto Fernández y su pedido (o desafío a Jair Bolsonaro) de libertad para Luiz Ignacio Lula Da Silva y el llamado a nuevas elecciones[4]. Está claro que el candidato del Frente de Todos sabe que con un Brasil enfrentado la recuperación argentina puede ser mucho más traumática.
En perspectiva geopolítica, el cuadro argentino fue el que permitió una nueva profundización en las relaciones entre el FMI y los países nuestroamericanos. Primero la Argentina con Macri, luego Ecuador con Lenin Moreno y la desfachatada idea de la derecha venezolana de ir por ese mismo camino.
Como afirma el colega Franco Vilma en un artículo recientemente publicado en el portal Misión Verdad, “Así lo han determinado factores de la derecha venezolana y sus gendarmes en el entramado financiero estadounidense, mediante la redacción de un documento a cargo de Ricardo Haussman (Banco Interamericano de Desarrollo), Alejandro Grisanti Capriles (agente de la firma Barclays) y Lee Buchheit (afamado sicario financiero experto en “renegociación” de deuda de países sometidos a Estados Unidos). Este último fue uno de los artífices del reencuentro del gobierno argentino con el FMI y otros capitales buitre en la era Macri”[5].
Habrá que ver qué lugar ocupa Argentina en un posible gobierno de la fórmula Fernández-Fernández. Si bien el discurso utilizado por el Frente de Todos respecto a Venezuela marca una postura más parecida a la de Uruguay o de México, apostando por la no intervención en un conflicto que les venezolanes deben resolver soberanamente, las presiones regionales estarán signadas a blanco o negro: o se está con el gobierno legítimamente electo de Nicolás Maduro o se está con el golpista Guai-dog.
Retomando las palabras del colega Vilma “Lo que está en disputa en la región, de manera perenne, es la persistencia de los Estados-nación frente al avasallamiento que Washington ha orquestado de manera afinada y precisa”[6].
Retomando a Tolcachier, “el gobierno de Macri ha sido un cuadro funcional a la reacción de los Estados Unidos a la ola de integración emancipadora que avanzó en América Latina y el Caribe desde comienzos del siglo XXI, ayudando a quebrar todo espíritu de solidaridad y soberanía intrarregional. Por eso, esta derrota representa un quiebre en el mosaico latinoamericano de virreyes neocoloniales montado por la estrategia de la otrora potencia única. Quiebre que es todavía simbólico, dado el carácter preliminar de esta elección, pero que infunde un enorme ánimo a los movimientos sociales y políticos que trabajan en sentido emancipador”.
Está claro que lo que suceda en Argentina condicionará y reconfigurará la situación regional. Los ojos de todos los pueblos del continente están puestos sobre lo que acontezca tanto en octubre como en diciembre. El tiempo de los gobiernos populares no acabó como pretendieron hacernos creer desde la prensa hegemónica y los discursos de las derechas recalcitrantes pro yanquis.
Para finalizar, y coincidiendo con el compañero Facundo Garavano, señalar que “es sabido que, tanto Macri como su círculo más íntimo, vienen de una burguesía parasitaria y decadente, que en su proceso de acumulación no pretende generar empleo, reactivar el consumo interno ni mucho menos invertir en salud y educación pública; pero sobre todas las cosas no pretenden entregar el gobierno y en su desesperación pueden llegar a mostrar su verdadera cara fascista y autoritaria. En este sentido, debemos sortear las mejores acciones de lucha para no permitir más el pisoteo y el sufrimiento del pueblo”[7].
El escenario está abierto pero si algo quedó claro es que, como decía San Martín: “Los interventores habrán visto que los argentinos no son empanadas que se comen sin más trabajo que abrir la boca”.
* Periodista especializado en política internacionales, conductor del programa Marcha de Gigantes (AM 1390 - Radio UNLP), columnista del programa La Marea (Radio Futura - FM 90.5) y de Mirada Crítica (Realpolitik FM), productor del programa Columna Vertebral (Estación Sur - FM 91.7), editor de Revista Trinchera y colaborador de Agencia Timón.
Dialogamos con el periodista y docente, Héctor Bernardo, quien está próximo a lanzar su nuevo libro “América Latida, voces en constante movimiento”. El comunicador no sólo repasa el camino transitado hasta llegar a la publicación de su nuevo trabajo, sino que analiza brevemente la situación regional.
Estás sacando en breve un libro titulado “América Latida, voces en constante movimiento” donde también hay un trabajo con voces de peso…
La verdad es que es un libro que me llenó de placer poder concretarlo, materializarlo. Es algo que venía pensado desde hace tiempo. La idea y cuando empiezo a trabajar este libro surge en 2015, después hubo un paréntesis por distintas cuestiones que me llevaron a frenarlo y luego lo volví a encarar.
Muchas veces los proyectos uno los encara abriendo un montón de puertas, la idea era que estuvieran todos los países de América Latina, por lo menos los del Cono Sur, y muchas voces contando lo que pasaba, y al final tuve que resumirlo a México, Venezuela, Ecuador, Colombia, Brasil, Argentina y un capítulo con una mirada regional. En México aparece Fernando Buen Abad, el filósofo mexicano, que analiza la situación del triunfo de AMLO; y está el testimonio que más me movilizó, que es de una persona bastante desconocida, que se llama María Herrera, que es madre de 4 hijos desaparecidos.
Conocemos la tragedia de lo que pasa en México con el asesinato cotidiano, la desaparición, los crímenes de los narcos y esta mujer, que cuando la conocí y me contó su testimonio me hizo acordar a lo que había pasado con muchas Madres de Plaza de Mayo. La típica mujer que no estaba involucrada en política, que no le interesaba, que incluso desconocía lo que pasaba en su propia ciudad, y que por la tragedia se involucra y empieza a transformarse en una militante social y en una luchadora, ya no sólo por lo suyo o por lo que le pasó a ella, sino por lo que le pasó a tantos desaparecidos en ese país.
Fuente: teleSUR
Me decía que las cifras oficiales indican que en México hay 40 mil desaparecidos, pero que en su pueblo hay al menos 50 familias tienen un desaparecido y ella es la única que hizo una denuncia. Y que eso se replica en todo México. Me decía: “imaginate cuáles son los números reales de la cantidad de desaparecidos que hay”.
Sus hijos eran trabajadores. Dos de ellos salieron a vender, comprar e intercambiar oro y otros metales y desaparecieron. Estuvieron 2 años de búsqueda en los que habían frenado todo, habían dejado de trabajar, y cuando se les empieza a acabar el dinero, sus otros dos hijos salen a trabajar (en otra dirección) y también desaparecen. “Yo hoy soy una madre que busca a sus hijos pero no quiero que mis nietos sean hijos que buscan a sus padres”, me decía.
En Colombia están las voces de Piedad Córdoba, de Iván Cepeda, de Ángela Robledo (que fue candidata a vicepresidenta junto con Gustavo Petro). De Brasil están Gleisie Hoffman y Pablo Pimenta que es el presidente del bloque de Diputados del PT. De Venezuela está Elias Jaua ex vicepresidente y ex canciller de Chávez, Marco Teruggi que es argentino pero está viviendo allá. De Ecuador está Gabriela Rivadeneira. De Argentina están Jorge Taiana y Alicia Castro. Y después hay una mirada global donde aparece Álvaro García Linera a quien tuve el placer de entrevistar cuando vino a recibir el premio Rodolfo Walsh; Zafaroni y Atilio Borón.
Foto: Sputnik Mundo
Aprovechando que te dedicas a escribir sobre política internacional y que en este último tiempo han pasado infinidad de cosas ¿Cómo estás viendo a la región y qué se puede venir?
Creo que lo primero que se debe señalar es que no se puede analizar lo que pasa en América Latina sin tener en cuenta el rol de Estados Unidos. Eso es algo que muchos periodistas, incluso algunos de los que uno denomina “del palo”, dejan de lado.
Hay que tener en cuenta que lo que pasó en Brasil con el golpe de Estado a Dilma Rousseff, la persecución judicial a Lula, la instalación de Bolsonaro; el golpe de Estado en Paraguay contra (Fernando) Lugo, el golpe de Estado en Honduras contra (Mel) Zelaya; el intento desestabilizador constante en Venezuela; la traición en Ecuador; el desastre en el que se convirtió México con el rol del narcotráfico impulsado por la DEA (Agencia Antidrogas de EEUU); el asedio constante a Cuba o a Nicaragua; la desestabilización en Bolivia; el triunfo de Macri en Argentina; la consolidación de los líderes de ultraderecha en Colombia o Chile; no se pueden analizar sin tener en cuenta el rol fundamental del gobierno de EEUU, de sus grandes conglomerados económicos, de sus multinacionales; que son los que en definitiva gobiernan en ese país.
Esa supuesta democracia, que nos vienen a poner siempre de ejemplo, el voto es realmente casi una anécdota: Trump ganó sin tener la mayoría de los votos, que la tuvo Hillary Clinton.
Fuente: Reuters
Que de ganar tampoco habría sido la panacea…
Por eso lo destaco. En EEUU hay disputas de poder entre sectores que representan a distintos conglomerados económicos. Algunos más alineados con Israel, otros no tanto pero tampoco tan lejos. Otros con un discurso más progresista hacia adentro, pero hacia afuera, siempre con la lógica de la Doctrina Monroe; de América para los Americanos, que quiere decir América del sur y Centroamérica para los norteamericanos; con la imposición de la Doctrina del Garrote (Big Stick) o del “Buen Vecino” dependiendo su conveniencia.
Una vez le escuché decir a Dilma que Lula señalaba que él se llevaba mejor con Obama que con Bush, pero que Obama había hecho muchas más cosas en contra de la libertad de los brasileños que las que había hecho Bush. Los Demócratas siempre tienen modos mucho más correctos o amenos, un discurso mucho más efectivista, pero por ejemplo, si bien el asedio contra Venezuela se multiplicó (por algunas decisiones de Donald Trump) quien declaró a Venezuela, mediante un decreto, un riesgo para la seguridad de EEUUfue Barack Obama.
No se puede perder de vista esto, los lazos que hay entre los sectores de la oligarquía regional y esa derecha imperialista que gobierna en EEUU, pero tampoco se puede perder de vista que ese discurso que nos quieren hacer creer del fin de los populismos, del fin de la ola populista en América Latina, es una gran mentira. La derecha no logra imponerse a excepción de triunfos puntuales y coyunturales. Hay un territorio en disputa.
Imagen: teleSUR
Venezuela, Cuba y Nicaragua resisten, en México ganó AMLO, en Argentina, en octubre, es muy probable que se de vuelta la situación y realmente la derecha no logra tener un proyecto que se consolide en el tiempo y su discurso puede engañar a muchos durante poco tiempo o a muchos durante poco tiempo, pero no puede engañar a todos durante todo el tiempo.
La lucha de los pueblos no se termina, es una constante. Recordaba las palabras de San Martín que decía “Seamos libres que lo demás no importa nada”, o el discurso de Fidel donde señalaba “tenemos que pensar en un mundo mejor y cuando ese mundo mejor se conquiste, pensar de nuevo que otro mundo mejor es posible y seguir luchando en ese camino”. Es una lucha constante que está en nuestras raíces y que late en nuestras sangres y por eso al libro que sale en breve le puse “América Latida”, porque es ese latir que tenemos constantemente los que creemos que podemos construir un mundo mejor y que no vamos a dejar de luchar nunca.
El sociólogo y politólogo argentino Atilio Borón publicó recientemente un artículo llamado “¿Fin de cual ciclo?[1]”, en el que reflexiona sobre este discurso que la derecha construyó a raíz de las derrotas electorales que se vivieron en los últimos años en la región.
En su publicación, Borón reflexiona sobre las situaciones que están viviendo esos gobierno de derecha que llegaron a los gobierno del Brasil, de Perú, de Paraguay, de Argentina y la traición de Lenín Moreno en Ecuador.
Brasil está en llamas por diversos motivos, pero fundamentalmente por 2 motivos. En principio por las contradicciones hacia lo interno del bloque de poder entre la línea de ultraderecha que lidera Bolsonaro y que tiene como referente filosófico-político a Olavo de Carvalho (y que ya se cobró la cabeza del ministro de la Secretaría de Gobierno, el general Carlos Alberto dos Santos Cruz[2], por sus críticas al gurú), y el ala militar que conduce su vicepresidente Hamilton Morao.
Por otro lado el creciente descontento social con las políticas neoliberales que agreden derechos elementales producto de un modelo económico neoliberal conducido por el Chicago Boy, Paulo Guedes, que está destruyendo la economía breasileña[3].
Tal como lo afirma el docente e investigador Sergio Martín-Carrillo, los recortes durante la administración de Michel Temer no lograron frenar el déficit público y “Lejos de esto, esta limitación del rol activo del Estado en la economía está estrangulando el desarrollo económico mientras que la deuda pública sigue aumentando. En diciembre de 2018, la deuda bruta del sector público alcanzó los 5.272 billones de reales, lo que representa unos 1.425 billones de dólares, y supone el 76,7% del Producto Interno Bruto (PIB). En 2013, antes de la deriva neoliberal de la política económica, la deuda pública se situaba en torno al 50%.”
🇧🇷 | En el primer trimestre de 2019 la producción industrial en Brasil cayó un 2,2%, mientras que las exportaciones de vehículos producidos en Brasil cayeron en abril un 52,3% en relación al mismo mes del año anterior.https://t.co/rD8LmwUjhi
El paro el pasado viernes 14, convocado por las 12 centrales sindicales brasileñas en conjunto con el movimiento sin tierra, les estudiantes y organizaciones político-sociales, dio cuenta de que a pesar de las pretensiones de Bolsonaro de alinearse con los yanquis y cumplir a rajatabla las recetas del Fondo Monetario y sus gurúes económicos, la sociedad del país vecino no se quedará de brazos cruzados.
Bajo la defensa de la educación pública, las pensiones y el trabajo, millones de brasileñas y brasileños -en más de 380 ciudades[4]– se movilizaron para repudiar las agresiones que están viviendo[5]. El escenario no podía terminar de otra forma que no sea con represión. Es lo único que saben hacer quienes llegan al gobierno con frases rimbombantes y buenos slogans, pero que no tienen la más mínima intención gestionar el Estado en beneficio de las grandes mayorías.
Por su parte en Perú la cosa no es muy diferente. Si bien ese país no tiene la experiencia reciente de un gobierno nacional y popular como el de Lula, Cristina o Correa, la situación es cada vez más compleja producto de los grandes entramados de corrupción que involucran a muchos de los funcionarios actuales y de gestiones anteriores. Como explica el analista político Roger Taboada, los últimos 5 presidentes están o presos, o prófugos de la justicia o muertos[6].
La reciente presentación[7] y posterior aprobación[8] de una Moción de Confianza enviada por Vizcarra al congreso no es otra cosa que intentar tapar una olla a presión que da cuenta de los cuantiosos negocios que hace la clase política enquistada en el estado desde hace décadas. Reformas y tapones que buscan ocultar el entramado de corrupción que envuelve a casi todos los partidos políticos con el Caso Odebrecht.
🇵🇾 | El escenario actual de la política paraguaya está en mutación. Esta mutación resulta de un proceso sin precedentes en la historia política reciente del país, y es el resurgir en las calles de una voluntad popular que estuvo mucho tiempo secuestrada.https://t.co/WEYOgmzENo
En tanto el Paraguay que dirige Mario Abdó empieza a reconfigurarse. Si bien es reciente y pueden para muchas cosas en el medio, la llegada de Mario Ferreiro (Partido Revolucionario Febrerista) a la intendencia de Asunción (capital y principal ciudad del país) en 2015 y la reciente victoria de Miguel Prieto (Conciencia Democrática del Este) a la intendencia de Ciudad del Este (la segunda ciudad en importancia por su cantidad de habitantes), comienzan a reconfigurar el escenario político paraguayo.
Lo que es claro es que las y los paraguayos se cansaron del bipartidismo expresado por el Partido Colorado y el Partido Liberal. Partidos que paulatinamente vienen perdiendo peso electoral frente a otros espacios político y que podría generar un cimbronazo en las elecciones regionales del año que viene.
En Argentina, un Frente de Todos que se planta en la palestra electoral como la alternativa opositora al macrismo. Con Alberto y Cristina Fernández como las puntas de lanza, la fórmula generó un cimbronazo político que podría acercarse aún más la posibilidad de sacar a la Alianza Cambiemos del ejecutivo y volver a una senda gobierno popular.
Informe de RT sobre las elecciones en Panamá
Centroamérica no está alejada de esta sintonía. La reciente victoria de Nito Cortizo abre la puerta a un cambio político del país que tiene en su territorio el canal interoceánico más importante del continente.
La crisis política en Honduras, envuelto en movilizaciones producto del descontento de la población ante las medidas de desinversión en Educación y Salud y un entramado de corrupción y el robo de las elecciones de Juan Orlando Hernández en 2017[9].
El desgaste de Jimmy Morales en Guatemala[10][11], que si bien no logra aún consolidar una propuesta sólida, y una Haití envuelta en llamas producto de años de fraudes, de corrupción y descontento social ante las políticas antipopulares.
Todo esto sumado a la aparición de Andrés Manuel López Obrador en México, que pese a las dificultades logró acceder al gobierno y viene realizando una política para intentar reconfigurar el tejido social y reponerse de décadas de neoliberalismo. Un AMLO que tiene de vecino al opresor de opresores -el imperio norteamericano-, que si bien está en retroceso, no quiere perder lugares de injerencia en la región como se lo vio con la amenaza de suba de aranceles a los productos mexicanos[12].
Este escenario se da con una Venezuela, Cuba y Nicaragua que resiste pese a las agresiones de la administración Trump y sus lacayos; una Bolivia que consolida su economía y que parece seguirá en el mismo rumbo cuando este año reelijan la fórmula Morales-García Linera.
La situación de la región, según los medios de comunicación, se derechizó, los progresismos se extinguieron. La realidad nos demuestra que si bien hubo cambios en los gobiernos en los últimos años, la realidad es que eso no implicó que las sociedades se derechicen. Los procesos de lucha en todos estos países están dando muestras de que eso no es así.
Fue Álvaro García Linera, el vicepresidente de Bolivia, quien dijo que “Las transformaciones se dan por oleadas”[13]. Lo que acontece en toda Nuestra América indica que estamos en un momento de preparación para una nueva oleada progresista en la región, fruto de los pisos de subjetividad gestados por los gobiernos de Lula, de Correa, de Néstor y Cristina, de Maduro, de Evo, de Raúl Castro y Miguel Días Canel.
Las palabras del Che Guevara en la ONU en diciembre de 1964 vuelven a aparecer en la semana en que el líder revolucionario habría cumplido 91 años: “Ahora sí la historia tendrá que contar con los pobres de América, con los explotados y vilipendiados, que han decidido empezar a escribir ellos mismos, para siempre, su historia… Y esa ola de estremecido rencor, de justicia reclamada, de derecho pisoteado, que se empieza a levantar por entre las tierras de Latinoamérica, esa ola ya no parará más. Esa ola irá creciendo cada día que pase. Porque esa ola la forman los más, los mayoritarios en todos los aspectos, los que acumulan con su trabajo las riquezas, crean los valores, hacen andar las ruedas de la historia y que ahora despiertan del largo sueño embrutecedor a que los sometieron.
Porque esta gran humanidad ha dicho «¡Basta!» y ha echado a andar. Y su marcha, de gigantes, ya no se detendrá hasta conquistar la verdadera independencia, por la que ya han muerto más de una vez inútilmente. Ahora, en todo caso, los que mueran, morirán como los de Cuba, los de Playa Girón, morirán por su única, verdadera e irrenunciable independencia.»[14]”
* Periodista especializado en temas internacionales, conductor del programa Marcha de Gigantes (AM 1390 Radio Universidad Nacional de La Plata), productor general del programa La Marea (FM 90.5 Radio Futura), redactor de Revista Trinchera y colaborador de Agencia
La embestida de Trump contra la República Popular China, ya sea con la suba de aranceles a productos importados chinos -especialmente el acero y el aluminio- o los embates contra la corporación de telecomunicaciones Huawei, han generado preocupación en terceros actores, dada las implicancias y repercusiones que podría tener sobre el globo.
La reciente incorporación de la corporación asiática y de 70 empresas afiliadas en la “lista de entidades” o “lista negra” (luego pospuesta por 90 días por el propio Trump), generó que los principales fabricantes de chips norteamericanas como Intel Corp., Qualcomm Inc., Xilinx Inc y Broadcom Inc. se alinearan de inmediato, comunicando a sus empleados que “no habrá suministros a Huawei hasta nuevo aviso”.
Esta decisión de la administración norteamericana no sólo generó la inmediata reacción de la diplomacia china que salió al cruce, sino la decisión de hacer público -de Huawei- de los avances en el reemplazo de Android por Hongmeng, el sistema operativo propio de la compañía.
Pocos días después el mandatario chino junto a empresarios y funcionarios de alto rango, visitó empresas dedicadas a la comercialización de las tierras raras, materiales estratégicos para la producción de tecnología, de la cual depende en un 80% la industria norteamericana. El as en la manga que señalan Negrete, Ugarteche y otros analistas en un artículo publicado recientemente.
Por su parte, los ciudadanos chinos abandonaron en masa el uso de teléfonos inteligentes de la empresa Apple. La campaña “Apoya a Huawei” se difundió rápidamente a través de las redes sociales. Esto generó una caída en las acciones de la compañía norteamericana que vende más del 50% de sus productos en el mercado chino. La decisión administrativa de Trump generó que los días posteriores a la publicación de la medida, las acciones de la empresa yanqui cayeran un 0,44% y un 0,57% en Wall Street, y se estimaba que siguieran en caída.
Hay que recordar que las acusaciones de EEUU contra compañías chinas no son nuevas. Durante la administración de George W. Bush la empresa Cisco acusó a Huawei de copiar su código fuente (2003). En tanto durante la de Barack Obama fue acusada de ciberespionaje (2007), cuando la empresa china intentó comprar la empresa Bain Capital, y en 2012 la norteamericana T-Mobile les achacó “los intentos de robar la tecnología del robot Tappy”.
A pocos días de conocerse la medida de Trump, el abogado, economista y politólogo cubano, Manuel Yepe Menéndez, publicó una interesante nota analizando los motivos de esta disputa. En la misma, citando al economista francés Philippe Waechter, sostiene que una de las motivaciones norteamericanas para tomar esta decisión está relacionada con el déficit comercial que tienen los EEUU respecto de China.
Empresa alemana de telecomunicaciones
Durante los últimos 20 años, la economía china tuvo una gran repuntada a base (entre otras cosas) del mercado norteamericano. Si bien sus economías eran complementarias, los estadounidenses no sólo quedaron en desventaja por la gran cantidad de productos que compran al gigante asiático, sino porque además los chinos compraron una gran cantidad de bonos del tesoro. Si bien esto sirvió para que EEUU pudiera seguir emitiendo billetes e inundando el mercado mundial de dólares, esa ecuación comenzó a mermar paulatinamente hasta llegar a valores similares a los de 2006.
Ese mecanismo de crecimiento (sumado a su gran mercado interno), posibilitó a China invertir grandes cantidades de dinero, no sólo para al día en materia tecnológica, sino para convertirse en uno de los principales productores y desarrolladores en el sector. Según el subdirector del departamento de comercialización de investigación e innovación regional del Ministerio de Ciencia y Tecnología, Yang Xianwu: “un total de 136.000 empresas chinas de alta tecnología invirtieron 900 millones de yuanes en investigación y desarrollo en 2017“. Tanto es así que los asiáticos se pusieron al frente en la competencia global por el desarrollo de la Inteligencia Artificial y el 5G.
La importancia de esta situación se vuelve aún más contundente cuando se leen las declaraciones del ex estratega electoral de Trump, Steve Bannon. Consultado sobre el tema Huawei lanzó declaraciones de alto calibre como que el asesinato de la compañía asiática “es 10 veces más importante que conseguir un arreglo comercial” con Pekín, o que tienen “planes para excluir a todas (sic) las empresas chinas de los mercados de capitales de EEUU”.
Europa no se decide
Las presiones a otros países del planeta de parte de los norteamericanos nunca se hicieron esperar. Ya entre 2009 y 2011 la británica Vodafone denunció a Huawei por fallos de seguridad (‘backdoors’ en los routers según los expertos) en el material que ésta había enviado a su filial en Italia. Motivo por el cual Vodafone y British Telecom quitaron el material de la asiática de su red.
Antes de su renuncia, la propia Teresa May se sumó a este conflicto ofreciendo una participación limitada en su infraestructura de 5G a Huawei, luego de intensas discusiones con su gabinete y con el Consejo de Seguridad Nacional. Una discrepancia -filtrada a la prensa- de su ministro de Defensa, Gavin Williamson, que generó su renuncia.
En Alemania, el embajador gringo directamente amenazó con reducir la cooperación en materia de inteligencia si Merkel no rechazaba abiertamente a la empresa de telecomunicaciones china. Por su parte el presidente de la agencia de regulación de telecomunicaciones, Jochem Homann, declaró que “nadie será específicamente apartado“, argumentando que Huawei posee gran cantidad de patentes en el sector y que si era excluido se retrasaría el lanzamiento de la 5G.
Por su parte España y Francia, han optado por bajar las tenciones en el debate, poniendo en suspenso sus decisiones, en tanto el actual Secretario General de la OTAN, Jens Stoltenberg, sostuvo que al organismo le importa que las decisiones respecto del 5G “sean tomadas de manera que garantice su seguridad. No se puede evitar esta reflexión”.
La estrategia del “sur-sur” aumentó significativamente la presencia del gigante asiático en la región, siendo Venezuela el mayor socio. El suelo bolivariano, además de tener China como uno de sus mayores proveedores de armamento, se llevó el 53% del total del dinero chino que llegó al continente.
Como si esto fuera poco, la política hostil de Washington hacia los vecinos del sur, el proteccionismo[3][4] de la Casa Blanca y los desplantes al multilateralismo abrieron las puertas para que China aproveche la oportunidad y profundice las relaciones con la región[5][6].
Centroamérica en el ojo de China
Lo que históricamente fue el “Mare Nostrum” o la “frontera sur” para la estrategia imperial norteamericana, con la llegada de Trump se vio lesionado por el tono descalificador del mandatario gringo.
Si bien las relaciones entre China y Centroamérica no son tan relevantes económicamente hablando, si son estratégicas para el gigante asiático. Fundamentalmente luego de que Panamá firmara (en 2017) casi una veintena de convenios entre los que se encontraba un memorándum de entendimiento que incluía al país caribeño en el proyecto de la Franja y la Ruta. Iniciativa a la que se sumó Costa Rica en abril de este año.
El nerviosismo norteamericano no se hizo esperar. Recientemente el encargado del Hemisferio Occidental del Consejo de Seguridad de los EEUU, Mauricio Claver-Carone, visitó al presidente saliente al país caribeño (Juan Carlos Varela) y reiterara la advertencia de su administración, recomendando tener “mucho cuidado con los turistas chinos”.
Está más que claro que China pretende jugar fuerte en la región y rápidamente está consiguiendo meter la cuña: Costa Rica, Panamá, El Salvador ya desconocen a Taiwán y sus vínculos con el gobierno de Xi Jimping crece rápidamente.
El presidente electo Laurentino Cortizo recibiendo al vicecanciller chino, Qin Gang.
Implicancias para la región
El conflicto entre EEUU y China por Huawei podría generar algunas consecuencias en Nuestra América.
Si bien en Argentina su participación en el mercado de las telecomunicaciones es casi irrisorio (6,34%), otros países del continente podrían verse seriamente afectados. Los caso de Costa Rica (27,9%) y Perú (24,6%) serían los más significativos, aunque en varios países la cuota de participación oscila entre el 10 y el 25%.
Informe del canal ruso en español sobre la cuota de mercado de Huawei en Nuestra América.
Quizás el revés más importante es el que pueda generar Brasil. Pese a las intenciones de alineamiento directo que pueda pretender el presidente Jair Bolsonaro, la reciente visita a China de su vice, Hamilton Mourão, dejó en claro que no hay una definición unánime hacia el interior del gigante carioca.
Todo indica que la actitud de Trump y su administración intentan frenar la economía del gigante asiático que año a año le va quitando protagonismo en la economía global. Parecen toda una suerte de intentos desesperados por mantener su lugar hegemónico, que desde hace años viene en declive.
* Periodista especializado en temas internacionales, conductor del programa Marcha de Gigantes (AM 1390 Radio Universidad Nacional de La Plata), productor general del programa La Marea (FM 90.5 Radio Futura), redactor de Revista Trinchera y colaborador de Agencia Timón.
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