El autoritarismo después de la paliza

Por Facundo Garavano*

«No hay nada más parecido a un fascista que un burgués asustado”

Bertolt Brecht

Las elecciones del domingo pasado mostraron la mejor cara del pueblo argentino. Sin que le tiemble el pulso (y más allá de las especulaciones sectoriales y los armados de lista), lxs argentinxs dieron una muestra de dignidad y coherencia, interpretaron la contradicción principal y pusieron en jaque no sólo al régimen de valorización financiera macrista, sino también a su proyecto político y cultural.

Además de lo irreversible del resultado, la voluntad popular se mostró contundente e irascible. Desde temprano el pueblo se volcó a las urnas para manifestar su enojo ante las mentiras y los ninguneos del gobierno. Podríamos decir, como algunos analistas afirman, que se votó por la latente crisis económica o, como se dice vulgarmente, con el bolsillo. Pero deberíamos agregar –por lo menos– el factor político de la formula FF.

El pueblo argentino, utilizando la fórmula electoral promulgada por CFK, supo dar un duro golpe al proyecto colonial de Trump y el FMI, que tiene a Mauricio Macri como exponente local. Mas allá de los límites de la democracia liberal, la formula fue contundente en todas sus variantes. Quizás el aplastante triunfo de Kicillof ante la gobernadora Vidal fue lo sobresaliente de la jornada, pero lo que queda claro es que, con la elección del domingo pasado, lxs argentinxs obligan al imperio a repensarse en la región. Por ello, vale consagrar una y otra vez la gran jugada de CFK y la dirigencia política, que (a pesar de masticar bronca y de ver el desgarro del pueblo) aguantó hasta los últimos límites de la frágil democracia para no generar más dolor del que tenemos.

Capítulo aparte merece la reacción del gobierno ante la paliza electoral. El macrismo desenmascaró su verdadero rostro autoritario y anti democrático. Esto puso de manifiesto el conflicto ideológico que tiene la tradición liberal para comprender al pueblo como actor político central en la vida democrática.

Por un lado, se plantea al pueblo como soberano, como protector de la libertad y de la igualdad; por el otro (en diferentes escritos), la tradición liberal hace referencia al pueblo como inculto para decidir los destinos de la república. De esta manera nace el despotismo ilustrado de la razón que podemos ver en Diderot que, en sus Ensayos sobre los reinos de Claudio y de Nerón, identifica al pueblo con la idiotez y la maldad afirmando que «despopulizarse es mejorar”. Incluso la distinción entre uso público y uso privado de la razón esbozada por Kant, deja entrever los límites que pone el liberalismo a la participación popular.

Este conflicto en la tradición liberal se pudo ver claramente en el discurso del presidente. Macri subestimó el voto popular, afirmó que la corrida bancaria fue por su culpa y en un gesto paternal nos mandó a dormir. Recordemos que la estafa electoral propagada en el 2015 estuvo cargada de significantes republicanos, relatos de libertad, de cohesión social y unidad ciudadana. Sin embargo, el discurso post PASO es de desintegración y atenta contra los valores de solidaridad y diálogo. En este sentido, el liberalismo sigue sin poder resolver la legitimidad de la participación popular en la vida democrática.

El macrismo no está pudiendo cerrar un bloque hegemónico y su proyecto político y cultural se va desintegrando. Macri dio cuenta de esto en su conferencia al referirse –una y otra vez– a Chile como modelo a seguir. Por lo tanto, no es solamente la aplicación del modelo de valorización financiera, sino que lo que más les preocupa es no poder consagrar su proyecto cultural. Esto hace que la victoria electoral sea aún más contundente y satisfactoria para reactivar un proceso popular y democrático en el país.

Es sabido que, tanto Macri como su círculo más íntimo, vienen de una burguesía parasitaria y decadente, que en su proceso de acumulación no pretende generar empleo, reactivar el consumo interno ni mucho menos invertir en salud y educación pública; pero sobre todas las cosas no pretenden entregar el gobierno y en su desesperación pueden llegar a mostrar su verdadera cara fascista y autoritaria. En este sentido, debemos sortear las mejores acciones de lucha para no permitir más el pisoteo y el sufrimiento del pueblo.

* Estudiante de Sociología, docente popular y militante de la Corriente NuestraPatria

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