¿De dónde venimos, hacia dónde vamos?

¿De dónde venimos, hacia dónde vamos?

TIEMPO DE LECTURA: 7 min.

La coyuntura obliga a repensarnos constantemente. O quizá sea parte de la tarea militante: asumir las contradicciones cotidianas y romper con el costumbrismo para hacernos las preguntas incómodas que ameritan respuestas urgentes.

En un diagnóstico prematuro se leen diversos fenómenos que dan cuenta de un cambio paradigmático. Habitamos hoy una sociedad sobre-fragmentada, donde lo que prima es la individualidad por sobre lo colectivo, bajo un disciplinamiento social locuaz en el que todos somos un poco títeres y titiriteros. El cuerpo social se volcó en una homogeneidad atomizada de identidades licuadas que se construyen desde la otredad como punto de partida. Hasta acá, nada nuevo. 

De un tiempo a esta parte, podríamos pensar en cómo el liberalismo se fue filtrando en la porosidad de los diversos eslabones sociales hasta entrelazarse íntimamente en la génesis del pensamiento regional, gestando un pensar global que responde a intereses ajenos a los propios. ¿Es posible hablar de un pensamiento nacional-popular hoy, que no esté infectado por las características procaces del neoliberalismo en las prácticas más íntimas y cotidianas de la política desde sus distintas vertientes? 

Ignorar las influencias de una sociedad plenamente intervenida por la manipulación económica, política y cultural de un imperialismo sobre-desarrollado sería ignorar el trasfondo de la cuestión. Dentro de ello, es también un gran error suponer que el poder real se sostiene sobre las estructuras institucionalizadas o gubernamentales. En ese sentido, podríamos explicar la crisis de representatividad política en la cual hoy se inscribe toda la región nuestroamericana. 

La crisis política tiene diversos rostros y está plenamente signada por un tiempo sin claridad tangible. Hay quienes hablan de la misma como producto de la pérdida de los valores sociales y morales que conglomeran y ordenan a la comunidad; otros asignan que este estado de fragmentación aparentemente sin retorno responde a la modernidad, y del mismo modo hablan del fin de la historia como la conocemos. O mismo aquellos que explican este contexto como un retroceso que responde a tiempos cíclicos de crisis, necesaria para gestar nuevas transformaciones. Y aunque las lecturas son más amplias y tienen otros colores, todas coinciden en que el mundo de hoy es imperativamente desigual, fragmentado y caótico, lo que nos lleva a preguntarnos constantemente qué hacemos.

Me gustaría retomar lo que postula Dubet en “¿Por qué preferimos la desigualdad?: traza la idea de una trampa que conduce a sostener desigualdades justas y desigualdades injustas. ¿Cuál es entonces el lugar donde radica la igualdad y la fraternidad?, y aquellas ideas revolucionarias y parteras de los tiempos violentos -léase modernos-. Nos encontramos nuevamente con que la desigualdad es una elección racional que impone un pequeño grupo poseedor de la mayor parte de la riqueza en detrimento de las mayorías. 

Es decir, las élites políticas y económicas son las que deciden qué tan igual o desigual puede ser una sociedad. En esta clave, las desigualdades son producto de los mecanismos que componen las redes de relaciones donde se constituyen las ideologías y que luego se traducen a políticas que establecen los grupos de poder en cada sociedad para mantener el control.

La génesis misma de la formación individual y colectiva está transversalmente influenciada por las desigualdades. Partamos del sistema educativo. Sería muy ingenuo sostener que la educación en nuestro país -y ni hablar si lo traspolamos a un análisis nuestroamericano- no abona a la profundización de las desigualdades, cuando es parte del engranaje que articula en pos de mantener el orden establecido de las cosas. Un orden tan prolijamente articulado, interconectado e internalizado que funciona sin mayor requerimiento que las condiciones sociales establecidas. 

Hay, a mi entender y a sabiendas de que puedo estar equivocada, algo que se dibuja sobre todas las lecturas. La dialéctica es siempre la misma: opresores-oprimidos. Imperialismo más o menos oculto, más o menos tangible, más o menos violento.

A todo tiempo le corresponden pensadores que se topan con una maraña de sucesos aparentemente inconexos, pero profundamente relacionados. Han sido pocos los tiempos de claridad, si es que alguna vez los hubo, y pocos los pensadores que han sabido interpretar la coyuntura de modo tal que pudieran trazar diagnósticos y proponer utopías dignas de ser defendidas como quien entrega su vida a las causas. Han sido apenas pequeños focos en un camino largo y tendido donde, como Silvio, podríamos cantar sosteniendo que muchas veces

comenzamos un día por los tiempos de siempre y todavía;
comenzamos felices
a juntar cicatrices,
como buenas señales de los años,
y, peldaño a peldaño,
levantamos paisaje

Y como replica llegado el final, quizá haya que recordar y sostener siempre que

el amor sigue en brete  
y el camino a machete

Releyendo a Cooke, podríamos sostener que si el caos de estos tiempos nos altera y nos quita el sueño, si la vorágine nos apabulla y no nos deja pensar, no creamos que esta es la primera vez que nos vemos presos del desencanto político. Ya lo expuso el Bebe en el ’64: “La despolitización es una política como cualquier otra, dentro de la no-ideología que no es otra cosa que la ideología de las clases dominantes”.

Ante la despolitización, la única respuesta es la organización colectiva; la política de las bases como respuesta a la política mezquina. Es imperante que la unidad sea el eje central de todo escenario político, y se ponga en el centro lo que nos unifica como pueblo sin perder de vista a los enemigos de siempre. El imperialismo siempre fue y ha sido la cuestión central de nuestros problemas políticos, aunque algunos renieguen de esta categoría y se pierda como algo caducado. 

Cabe preguntarnos justamente si no es su relego del análisis coyuntural lo que nos impide ver qué hay de trasfondo. ¿Quién mueve los hilos de nuestra historia, quién es el banquero de nuestra economía, quién es el verdugo de nuestra autonomía política? Si hemos perdido o vamos perdiendo nuestra soberanía política y económica, quizá sea porque nos han privado de nuestra identidad popular, manipulando el juego y haciendo del campo político un dramaturgo propenso al desencanto, una política domesticada. 

La única alternativa a la atomización y fragmentación en ebullición, no puede ser otra que la conformación de nuevas consagraciones comunales, dentro de un cambio cuasi ontológico que se revele a la idea de una patria sometida, para parir y gestar una praxis liberadora que construya un proyecto político. No desde la otredad, sino integrando al otro en un todo/s.

Solo apostando en un otro, solo creando marcos de acción directa y concreta en colectivo, es que podemos pensar en la creación de nuevos horizontes políticos que además de defender lo construido hasta la fecha, nos inviten a reencantar el mundo, a embestirlo nuevamente en sueños transformadores; a recuperar el sentido político de la palabra democracia y hacer de la identidad popular una herramienta contra la internalización del enemigo de la que tanto habla Fanon. Solo retomando las categorías de la descolonización, hablando a viva voz del imperialismo, de opresiones y resistencias, sin tapujos y sin que las críticas a los modelos sean sinónimo de rupturismos, es que podemos entender la escalada de la violencia como la internalización y la respuesta a una desigualdad que crece con una profundidad grotesca.

La tarea es aún más escalofriante en la cotidianidad cada día más efímera hija de la liquidez de este tiempo, que de tan tirano se evapora y no nos permite frenar la pelota y visualizar el detalle, hasta marearnos como si viviéramos viajando sobre un tren sin frenos y sin paradas. Si ese movimiento constante no nos permite delimitar las estructuras que se proyectan precoces sobre nuestros ojos para desvanecerse, debemos poder convertirnos nosotros mismos en freno y pausa. No correr tras la agenda impuesta. 

Ante tiempos veloces y violentos, lo único que puede salvarnos es recuperar el sentido político de la palabra política. Construir la unidad desde la diversidad. Que las cabezas y los cuerpos a los que abonan las bases distingan y construyan nuevos horizontes hacia donde dirigirnos por fuera de las mezquindades de la política liberal-burocrática. Y que, en todo caso, las discusiones sean para saldar desacuerdos y no para sumar a la profundización de la fragmentación del cuerpo político. 

Tanto a nivel nacional como en el territorio nuestroamericano, existe y resiste en la pulsión de esta, nuestra tierra, una compleja unidad histórico-cultural que debe tomar por rehén a nuestro cuerpo político aburguesado. Hacer del arte estratégico y político, un campo que ponga en cuestión efectivamente los intereses en juego; y para ello debemos empezar por ser las bases quienes cuestionamos esos funcionamientos. Es preciso remover la desesperanza, recomponer las organizaciones y las representaciones sociales, salirnos de los travestismos políticos lavados y modernizantes, y preguntarnos como en su momento lo hacía Darcy Ribeiro:

“¿Dónde está la intelectualidad iracunda que se haga voz de este pueblo famélico? ¿Dónde están las militancias políticas que armen a los latinoamericanos de una conciencia crítica esclarecida sobre nuestros problemas y decidida a dejar atrás tantos siglos de padecimiento?”

Y aunque esto ya no sea de Darcy: ¿Qué significa hoy ser un intelectual comprometido con la Universidad Pública en la Argentina? ¿Qué significa habitar esas aulas? ¿Qué hacer cuando la política se fuga de la rosca y lo intransigente se vuelve imperante? 

Darcy tenía otra característica muy particular que lo coloca en el panteón de pensadores de época que pudieron leer y actuar en consonancia con su tiempo histórico. Mantuvo la coherencia entre el decir y el hacer, y realizó las preguntas incómodas que nos obligan a repensarnos y situarnos en tiempo y espacio para ver de dónde venimos y preguntarnos hacia dónde vamos. 

Manuela Bertola
Manuela Bertola

Hija y nieta de la historia de nuestro pueblo. Estudiante de sociología. Nacida y criada en la ciudad donde las diagonales tocan el sol.

El eterno retorno de la crisis en Uruguay: a 20 años del 2002

El eterno retorno de la crisis en Uruguay: a 20 años del 2002

TIEMPO DE LECTURA: 9 min.

La crisis del 2002 es el embudo y la condensación de la conjunción del poder político, financiero; la corrupción, los familiares, los favores, la vista gorda, el aprovechamiento y la dependencia de un país como el Uruguay.

La crisis del 2002 es ícono de un país que tocó fondo, pero también de la capacidad que tienen los poderes fácticos de lavarse culpas, de matizar sus delitos, de generar un blindaje, aunque el daño que hicieron fue mayúsculo, de alcance nacional e incluso trascendió fronteras.

A 20 años de la crisis hay signos y señales que nos retrotraen a aquella época: ollas populares, caída del salario real, apertura comercial indiscriminada, dependencia de la inversión extranjera directa, Argentina en crisis, blancos y colorados en el gobierno.

Por si faltaba algo, apellidos calcados. Alfie, Bensión, Talvi, Lacalle, Sanguinetti y actores secundarios que también cumplieron su papel desestabilizador y corrupto tras bambalinas. Hoy a 20 años, ¿Uruguay aprendió la lección o está condenada a tropezar dos y tres veces con la misma piedra?

La crisis cíclica

Uruguay ha sorteado crisis con una periodicidad llamativa. Veinte años (más, menos) es la media de distancia entre una catástrofe y la otra. Desde 1873, pasando por 1890; 1913 previa a la Primera Guerra Mundial; 1931 llegando dos años después del crack del 29 en tiempos donde no existía la globalización. El período entre guerras y el post segunda guerra mundial fue favorable para esta nación agroexportadora de materias primas de escaso valor agregado.

Otra crisis se fue cocinando hasta que en el período pachequista que se inició en 1968 se empezó a gestar uno de los proyectos más sangrientos de nuestra historia, que no solo tenía un componente moral y militar (teoría de los dos demonios, la nación en peligro o los militares como última reserva moral de la patria) sino que también uno de los fuertes componentes de la dictadura fue el económico. Hacia 1982, en las postrimerías de la misma, implosiona “la crisis de la tablita”. Exactamente veinte años después se desató la crisis financiera de 2002.

Fue la peor crisis socio-económica, solo comparada con la propia dictadura en cuanto a destrucción del tejido social y productivo; y marcas indelebles a nivel país. Las ollas populares volvieron (como volvieron a volver en el 2020 con la pandemia de Covid-19 y el gobierno de la Coalición Multicolor presidida por Luis Lacalle Pou.)

La migración fue brutal, el desempleo, la pobreza, la marginalidad y la tasa de suicidios alcanzaron niveles históricos.

BBC Mundo | AMÉRICA LATINA | Argentina: “Nada funciona bien”

El relato oficial es que el mundo estaba convulsionado y que Uruguay fue víctima pasiva del Efecto Tequila por la crisis mexicana; de la crisis del real en Brasil y del país hermano Argentina por la crisis del 2001 de similares características a la nuestra.

Es cierto que ante toda crisis existen factores externos e internos. Estos últimos han querido barrerse debajo de la alfombra o más bien reducirlos a su mínima expresión. Sin embargo, la Asociación de Empleados Bancarios del Uruguay (AEBU) en 1999 ya advertía en un informe anual, la vulnerabilidad del sistema financiero uruguayo y la falta de controles.

En el libro “2002 – La historia no oficial de la crisis y una lección pendiente” de Carlos Luppi podemos encontrar datos que son contundentes.

El PBI se desplomó un 11%. Pasó de 25.385 millones de dólares en 1999 a 13.603 en 2002. La tasa de desempleo alcanzó un escalofriante 22%, el trabajo informal ascendía a 450.000 personas. 35 mil personas emigraron hacia distintos puntos del globo, principalmente a Estados Unidos y España.

El derrotero de la crisis dejó la industria de la vestimenta desplomada. De 140 empresas que existían en la década del 90, solo quedaron cinco. El salario real cayó un 10.9%. La pobreza arañó el 40%. Los suicidios: un 21.5 por cada 100.000 habitantes. Incluso se conoció la existencia de una “Asociación de suicidas” con 57 miembros.

Uruguay, el país real que se trata de ocultar, pero se sufre a diario – LoQueSomos

La inflación pasó del 3.6% al 25.9%. La devaluación del peso uruguayo fue del 93.7%. El riesgo país alcanzó los 3000 puntos básicos. Los bonos nacionales cayeron su valor nominal en un 65%. Los activos de reserva del Banco Central cayeron de 3.100 millones de dólares a 772. Las exportaciones se redujeron un 38% y las importaciones un 15%. La deuda pública alcanzó un 101%. El sistema bancario perdió el 48% de sus depósitos. Estamos hablando de unos 7.400 millones de dólares. Uruguay cayó al puesto número 46 en el índice de desarrollo humano. El índice de aprobación del difunto y ex presidente Jorge Batlle pasó de un 58% en marzo de 2000 al 5% en 2004.

Suspendieron su actividad cinco bancos privados: Galicia, Crédito, Comercial, Montevideo y Caja Obrera. El extinto Banco de Crédito, fundado a inicios del siglo XX y que en la dictadura fue adquirido por el grupo inversor surcoreano Moon, asociado a la Iglesia de la Unificación; el Banco Montevideo, propiedad de la familia Peirano, que lo adquirió en los 90, aunque desde inicios del siglo estuvo ligada al negocio financiero y ya tenía antecedentes de haber fundido en la década del 70 los bancos Popular y Mercantil.

La Caja Obrera, fundado un siglo atrás por el Círculo Católico de Obreros, incorporado al grupo de negocios de los Peirano; y el Banco Comercial, que registra actividad desde hace un siglo y medio, llegando a escena en los 90 los hermanos Carlos y José Rohm, banqueros argentinos que asumieron la gestión, aunque la propiedad era compartida con bancos internacionales como JP Morgan y Credit Suisse.

 “Una manga de ladrones del primero hasta el último”

La peor crisis: la ola que nos tapó a todos – Especiales – 14/09/2018 – EL PAÍS Uruguay

Si hablamos de oligarquía, linaje y negocios, el clan Peirano es el que reúne todas las condiciones. En 1902 el comerciante Pedro Facio fundó junto a otros accionistas el Banco Popular del Uruguay.

El clan Peirano, que desde los 60 venía haciendo desfalcos y estafas, eran ministros, grandes abogados, profesores encumbrados de la Universidad de la República. Terminaron su derrotero de ladrones, estafando a un país entero.

Jorge Peirano Facio, el patter totum del clan, en 1971 su Banco Mercantil fue intervenido por excesivo endeudamiento, por tener una cartera de colocaciones concentrada fraudulentamente y por maniobras ilícitas diversas con una red de financieras, con testaferros al frente, ocupada en el vaciamiento de la institución de origen.

Hermanos Peirano buscan archivar causas y reparar imagen dejada en la crisis de 2002

En febrero de 1973, el juez penal Héctor Amilivia detuvo y procesó a Jorge Peirano Facio ―por entonces presidente del Banco Mercantil― por delitos bancarios (había pergeñado varias quiebras fraudulentas). El banquero tenía por abogados, entre otros, a Ramón Díaz y Adela Reta. Jorge continuó en el Banco Central. Mediante sus negocios y quiebras acumuló durante toda la dictadura una fortuna en tres países.

En diciembre de 2002 volvió también a ser procesado por fraude, treinta años después de su primera quiebra fraudulenta en el Caso Peirano. Encarcelado en Uruguay por el delito de «insolvencia societaria fraudulenta», una estafa bancaria de 800 millones de dólares estadounidenses.

El martes 6 de agosto de 2002 la Justicia uruguaya detuvo a Jorge y Dante Peirano Basso y a tres gerentes de los Bancos Montevideo y Caja Obrera. Estaban acusados de haber defraudado a cientos de ahorristas. Los hermanos Juan y José Peirano, responsables del vaciamiento de esta entidad seguían prófugos. Aunque dos días después se entregó José Peirano Basso.

Según documentos que pudieron acceder varios medios de comunicación, el gobierno Uruguayo sabía al menos desde Febrero de 2002 que el Grupo Peirano realizaba maniobras irregulares desde el Banco de Montevideo y Caja Obrera que podrían conducir a la entidad a una situación de insolvencia.

Los Rohm

Carlos Puchi Rohm, dueño del Banco General de Negocios, amigo de Henry Kissinger y socio de David Mulford, a su vez socio de Domingo Cavallo, Puchi Rohm había sido procesado por coimas pagadas en el escándalo IBM-Banco Nación y figuraba en los expedientes que el Congreso argentino investigaba en torno a la mafia  del oro y la venta ilegal de armas a Croacia y Ecuador.

El presidente argentino Carlos Menem (2R) está con los ex presidentes George Bush, de los Estados Unidos, (R), y Luis Lacalle (C), de Uruguay, y los presidentes electos de Argentina, Fernando de

A pesar de sus antecedentes, Puchi Rohm había recibido del gobierno de Menem el Banco de Santa Fe, en cuyo directorio figuraba José Martínez de Hoz, ministro de Economía de la dictadura militar, que transcurrió entre los años 1976 y 1983.

El 1º de diciembre de 1999 en una importante residencia de La Recoleta se realizó una reunión, que si no hubiera sido por una oportuna foto publicada por Página 12, hubiera pasado inadvertida. Allí estaban los expresidentes George Bush (padre), Luis Alberto Lacalle y Carlos Menem, junto al presidente Fernando De la Rúa y el electo Jorge Batlle. También estaban el banquero David Mulford y los anfitriones Carlos y José Rohm.

Según trascendidos de la época, “en la reunión se habló sobre lavado de dinero”. En el año 2004, Lacalle (padre), entrevistado por el periodista Daniel Figares en el programa Ciudad oculta (Canal 12), dijo que “había sido una reunión social en la que se encontraron viejos conocidos”. Pero repreguntado recordó “que los banqueros estaban preocupados por una posible legalización del consumo de drogas, asunto en carpeta de Batlle, y cómo ello afectaría la circulación de dinero por el sistema bancario”, relata el periodista Carlos Pelaez.

Caso Rohm: prescribió una causa clave de corrupción por fuga de dólares en 2001

De libretos y banqueros

Apellidos “ilustres” reaparecen, se duplican, re-protagonizan capítulos aciagos  con desenlaces que ya conocemos. Da la sensación que cada generación empieza de cero, desgarrada de la anterior y de la siguiente, y ellos, que parece que son los únicos que siguen el hilo del argumento de la historia; o muchas veces son libretistas y directores de la misma, se pasean por el teatro de la realidad en bata, anunciando una nueva crisis.

Artículo publicado originalmente en Periferia

Nicolás Centurión
Nicolás Centurión

Como dice un rapero: «por amor y por vicio… se convirtió en mi oficio.» La palabra se milita. Junto café con palabras para subsistir en este paréntesis, desde la periferia.

Massa hace pleno

Massa hace pleno

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Algunas reflexiones respecto del relanzamiento (¿?) del Frente de Todos en la vertiginosa jornada del jueves 28 de julio. ¿Se endereza el barco? Las personas son según su circunstancia y sus acciones, habrá que ver para donde dispara Sergio Tomás.

Mientras se escriben estas líneas (pasadas las 22hs del jueves 28 de julio), el presidente Alberto Fernández ha llevado adelante la primera jugada fuerte de todo su mandato: le acaba de dar la llave de gestión económica a Sergio Tomás Massa, convirtiendo el ministerio de economía en un ministerio que englobará a Economía, Planificación Estratégica y las áreas de Producción Industrial y Agropecuaria, así como el diálogo con los entes multilaterales (FMI).

La expresión lógica es Súper ministro, aunque por el recuerdo de Cavallo en el corto gobierno delarruista, desde el oficialismo se intenta conjurar esa palabra tanto como desde la oposición imponerla. Justo cuando desde las usinas de la alianza opositora estaban instalando la renuncia a lo De La Rúa, esta comparación parece caída del cielo.

La centralización de la economía parece una medida correcta, aunque tal vez tardía. Si tenemos en cuenta que el liberalismo, en su convicción de que la economía se dirige sola, dividió la cartera en dos, se puede concluir fácilmente que concentrarla es una buena idea. Además, tiene mucho de gesto de fuerza en un momento de crisis, de refundación, pero también de último truco.

La apuesta del gobierno es mostrar capacidad de decisión, fortaleza y control del rumbo en el momento de mayor debilidad, pero el gesto se deberá completar con una gestión que muestre resultados. Hasta ahora, la dinámica que ha ganado en todos los intentos de refrescar al gabinete con el cambio de nombres ha sido la falta de dinámica.

Desde que comenzó a circular la posibilidad del desembarco de Massa al frente de un superministerio (circulación que muchos sostienen que puso a rodar el mismo tigrense), la comparación que la acompañó fue la de Fernando Henrique Cardoso en Brasil. El sociólogo brasileño accedió a la presidencia en 1994, luego de haber acompañado a Itamar Franco y logrado ordenar una economía desquiciada e inflacionaria con el Plan Real, que puso al gigante sudamericano en la senda del neoliberalismo (senda que lo llevaría a la crisis conocida como “Caipirinha”).

La comparación parece correcta, porque Massa nunca ocultó su voluntad de poder y su intención de ocupar el sillón de Rivadavia, y si esta es la última oportunidad de un gobierno que no logra enderezar el barco, también puede ser la bala en la recámara de un político que surge como salvador indiscutido e indiscutible llevando a buen puerto al gobierno del Frente de Todos o se hunde irremediablemente con el experimento que pergeñó Cristina Fernández.

Massa asume con la responsabilidad de revertir un período de concentración de la riqueza (según los números de CIFRA-CTA) inédito que comenzó con el gobierno macrista, pero se no se interrumpió con la gestión de Guzmán, bajo el gobierno de Alberto Fernández.

La segunda quincena de agosto (en unos días) se debería convocar el Consejo del Salario Mínimo Vital y Móvil para discutir la adecuación del salario de referencia (un salario social complementario es medio salario mínimo) a la evolución de la inflación, y ahí tendremos una probadita de hacia dónde piensa Sergio Tomás que hay que virar el barco. Esta responsabilidad (única posibilidad de poner al Frente de Todos en carrera para una reelección) se solapa con bajar la inflación, dar señales a los “mercados”, intentar negociar con un sector productor agrícola que se considera desenganchado de los destinos de la Nación, renegociar con un FMI que tiene la otra gran llave de los dólares y puede dar oxígeno así como sacarlo, y continuar (con ese escenario de falta de divisas verdes) con un sendero de crecimiento que puede ser el único legado de los idos Guzmán y Kulfas.

Para describirlo gráficamente: Massa debe avanzar repartiendo pesos, haciendo que esos mismos pesos valgan más o menos lo mismo de una semana a la otra, sacarle dólares a “el campo” (obligándolo a liquidar, aunque no tenga ninguna herramienta para hacerlo) y sonreírle al FMI para que los mercados se queden mosca y no generen una nueva corrida, pero también para que el mismo organismo le crea que el plan es sustentable o, al menos, lo suficientemente delirante para funcionar. Todo esto lo debe concretar mientras intenta que los otros socios del frente electoral (Alberto y Cristina Fernández) sigan hablando entre sí para mantener unido el aparato.

Tal vez sea esperar un milagro, pero el convencimiento del movimiento popular es que, aunque nada de todo esto sea parte de los sueños que intentamos construir, es lo que hay que defender para no perder en 2023, porque eso es condición de posibilidad para darle continuidad histórica a un proceso que tenga apenitas un germen de lo que la Patria necesita para ser justa, libre y soberana.

Gabriel Kudric
Gabriel Kudric

Padre de tres, militante, nacionalista, convencido de que al mundo le damos forma con nuestras manos. Gozosamente absorbido por la música, el cine, la ciencia ficción, los juegos de mesa y lo geek en general.

La esperanza, nuestra Trinchera

La esperanza, nuestra Trinchera

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El sistema mundo llamado “modernidad” se hunde. Cada día que pasa, con cada decisión que toman sus promotores, se agigante la grieta y tambalean algunos de sus pilares. Todo ello sucede pese a que se busque por todos los medios posible intentar evitar el colapso y revertir la situación.

Los norteamericanos y sus corporaciones, grandes ganadores del descalabro de las últimas décadas, toman cada oportunidad que tienen para pisarle la cabeza a propios y extraños a sólo fin de seguir conservando su hegemonía planetaria, resquebrajada, puesta en duda, y que difícilmente puedan sostener, si es que aún existe.

Lo hacen de diversas maneras y en diferentes tonalidades, pero no tienen piedad con nadie. Llevaron a Europa (a la OTAN para ser más precises) a una guerra con Rusia, aunque saben que difícilmente la ganen en el campo de batalla (obviamente los EEUU no ponen muertes, sólo los europeos).

Lo hicieron previamente en Nuestra América, fomentando el endeudamiento de muchos países; y lo siguen haciendo ahora bajo presiones de todo tipo para que nos acoplemos a su ideario de mundo, y a cumplir con sus metas.

Lo hicieron y lo hacen con África, promoviendo golpes, instalando nuevas bases militares, incentivando la división de sus pueblos y el enfrentamiento entre hermanes.

El dominio occidental está, permanentemente, volviéndose más desquiciado, beligerante, autoritario y criminal. Ante la imposibilidad de revertir el desastre económico, productivo y social, sus únicas herramientas parecen ser las operaciones mediáticas, la estigmatización, la persecución, la criminalización y en donde todo confluye: la guerra.

Hace algún tiempo ya que hemos venido insistiendo en que el imperialismo norteamericano le declaró la guerra a perpetuidad a los pueblos del mundo. Y hasta el momento no se ha podido determinar hasta qué punto estarán dispuestos a llegar.

Las cosas por su nombre

El mundo vive un gran parate. Como lo afirma García Linera el neoliberalismo sólo nos propone volver a la Edad Media y hostiga nuestro intelecto pregonando el miedo y la incertidumbre a través de cuantiosas campañas y operaciones de prensa y por redes sociales. Fagocitan el odio, buscan permanentemente el enfrentamiento entre hermanes, alientan la desesperanza, el rencor y la violencia como forma de canalización de las múltiples inconformidades que ellos mismos generan y pregonan.

Ante este complejo escenario, las fuerzas progresistas y populares que vuelven a ganar elecciones y a “controlar” los gobiernos nacionales en Nuestra América se encuentran ante el inmenso desafío de gestionar la cosa pública siendo atacados por todos los francos posibles. Y, lastimosamente, ante estas agresiones las respuestas que se han generado están bastante flojas de papeles.

A los errores (por no decir horrores) propios se suman infinidad de obstáculos que dejaron los gobiernos neoliberales, llámense deuda externa, depreciación de salarios, persecución político-mediático-judicial, trabas judiciales a políticas públicas, y un sinfín de etcéteras.

Pero el punto es que tampoco se le está encontrando el agujero al mate. Aún no hay una propuesta de futuro que realmente interpele a las grandes mayorías. Conceptos como revolución, socialismo, comunismo, comunidad, organización, militancia, patriotismo, son permanentemente agredidos por los enemigos de los pueblos y rara vez defendidos con énfasis por quienes asumen la tarea de conducir esas expresiones populares llegadas al gobierno.

Canto a la rebeldía

Quizás el problema radica en que, producto de la reproducción del individualismo al que estamos sometidos y con el cual nos formaron, se perdió el sentido colectivo, de comunidad, de hermandad. Importa más lo que diga o haga un referente o una referenta que lo que se pueda construir colectivamente como alternativa o salida común.

Obviamente hay excepciones, como en todo, pero lamentablemente no es la regla. Todo a nuestro alrededor parece estar cargado de energías negativas, de imposibilidad y parálisis. Y el medir todo desde la óptica individual refuerza ese precepto, ese sentir.

Quizás sea hora de dejar de pretender que algún iluminado o alguna iluminada nos saque del infierno al que nos dirigimos. Quizás sea hora, como se ha afirmado tantas veces, de que cada une de nosotres, desde nuestra individualidad, nos predispongamos a sumarnos a un algo colectivo; de que desde nuestros saberes y percepciones intercambiar ideas y generar propuestas colectivas; de ser nosotres quienes busquemos marcarles el camino a quienes circunstancialmente tienen la difícil tarea de gestionar la cosa pública. Quizás sea hora de volver a cantarle a la rebeldía.

Una trinchera de futuro

Inventemos o reinventemos lo nuevo, lo alternativo a esto que existe. Discutamos, pero discutamos de todo. Formémonos. Resignemos parte de nuestro tiempo de ocio y de nuestras comodidades para abonar a ese algo colectivo, de hermandad entre iguales. Reconstruyamos esa esperanza que pretenden quitarnos.

Aunque nos sea difícil, aunque también genere angustias, aunque no lo podamos resolver en lo inmediato, ahora, ya. Que la construcción colectiva sea nuestra trinchera de futuro. Aportemos desde donde podamos para que no nos roben la esperanza de un futuro mejor.

Nicolás Sampedro
Nicolás Sampedro

Prefiero escuchar antes que hablar. Ser esquemático y metódico en el trabajo me ha dado algún resultado. Intento encontrar y compartir ideas y conceptos que hagan pensar. Me irritan las injusticias, perder el tiempo y fallarle en algo a les demás.

Corrida cambiaria, devaluación y dólar blue: Una nueva película de terror en las salas del país

Corrida cambiaria, devaluación y dólar blue: Una nueva película de terror en las salas del país

TIEMPO DE LECTURA: 6 min.

¿Por dónde comenzar a explicar lo que está sucediendo en las últimas semanas con la economía argentina? La situación ya era compleja desde antes de la salida de Guzmán, y con la llegada al ministerio de Silvina Batakis, la cosa tampoco parece estar mejorando. Escuchamos hablar mucho durante los últimos días acerca de una corrida cambiaria, de presiones devaluatorias, de manipulación mediante el valor del dólar blue. Proponemos parar la pelota para analizar e intentar entender los motivos de estas semanas turbulentas.

Para comenzar podemos detenernos a reflexionar sobre por qué ocurre una corrida cambiaria y que implicancias tiene sobre la macroeconomía. Podemos decir entonces a grueso modo, que una corrida cambiaria se da cuando se produce un desprecio de la moneda local, al tiempo que aumenta el nivel de cotización de una divisa extranjera, en este caso el dólar. Entonces los inversionistas buscan comprar dólares que serán pagados con moneda local es decir con pesos.

Si bien es difícil atribuir esta situación a una sola causa, sino que por el contrario hablamos de un fenómeno multicausal, en donde las expectativas acerca de lo que se cree que ocurrirá toma una peso trascendental, hablamos de que una corrida cambiaria puede ocurrir cuando: se producen desequilibrios macroeconómicos, o un déficit en la balanza de pagos, cuando se acumula una alta inflación a nivel local, o cuando el déficit fiscal es financiado mediante la emisión monetaria. Cartón llenó para la Argentina.

Sumemos a todo esto el agravante de la escasez de dólares que viene atravesando una economía bimonetaria como la argentina, en este contexto si el Banco Central decide intervenir para mantener el valor del peso, lo hace utilizando reservas en dólares, es decir vendiendo dólares al mercado, bajo el viejo axioma del capitalismo de fijar los precios de los bienes mediante la relación entre la oferta y la demanda. Entonces si aumenta la oferta de dólares, es decir la cantidad de dólares que están a disposición de los inversionistas para la compra, bajará la demanda, pero si esta venta perdura en el tiempo, y los mercados detectan que las reservas se van agotando, estos intentarán desprenderse de la moneda local antes de que la misma pierda más valor.

Durante 2018, el crédito de más de 50 mil millones de dólares que el FMI le otorgó al gobierno del por entonces presidente Mauricio Macri, teóricamente estaba destinado a acumular reservas y de ese modo poder hacer frente a la amenaza de corridas bancarias, o presiones devaluatorias por contar con los dólares necesarios que respalden y sustenten el tipo de cambio. Nada de eso pasó. A principios de mayo de 2018 la cotización del dólar era de $22 pesos. Un años después, en mayo de 2019, el FMI ya le había desembolsado a la Argentina más de 40 mil millones de dólares, se habían colocado un monto similar en bonos de deuda, pero un dólar equivalía a $45 pesos, y se estimaba que ya se habían fugado del país 45 mil millones de dólares.

A la delicadísima situación que dejó Mauricio Macri, se le sumó una pandemia, y luego una guerra. Este combo explosivo del cual venimos hablando a lo largo de estas columnas es lo que está haciendo que la situación actual sea tan inestable. El contexto mundial no ayuda para nada a una economía golpeada y tan necesitada de dólares.

A todo esto le sumamos el hecho de que tanto la Reserva Federal de los Estados Unidos como el Banco Central Europeo han decidido aumentar las tasas de interés, lo que provoca que un mayor número de inversionistas, y un mayor volumen de capital se vuelque a una moneda más segura, o con más garantías como puede ser el dólar.

Volviendo a la máxima capitalista en donde la mano invisible del mercado regula los precios en función de la oferta y la demanda de un bien, en el caso de los dólares en argentina, podemos decir que se cumplen todas las premisas para que su precio aumente. Hablamos de una oferta escasa para un bien sumamente demandado, como consecuencia, aumenta su precio. Si bien el Estado argentino pone a disposición de la industria, y de los sectores productivos, la venta de dólares a un precio oficial, que se encuentra por debajo de la cotización del dólar paralelo, estos no alcanzan para cubrir la totalidad de la demanda, por lo que el mismo aumenta.

Si bien es cierto que los volúmenes de divisas que se manejan en el mercado paralelo no deberían ser parámetro, puesto que los bienes que cotidianamente consumimos están cotizados o sujetos al valor de un dólar oficial, desde los medios hegemónicos, se está utilizando esta cotización del dólar paralelo para contribuir a la situación de desconfianza y descreimiento, no solo del peso como moneda nacional, sino también de un gobierno y de su forma de gestionar una situación de crisis.

Otro de los sectores que en las últimas semanas ha presionado fuertemente con la idea de una devaluación es el sector agropecuario junto a algunos sectores empresarios, que son quienes en la práctica se disputan los pocos dólares que se encuentran disponibles. Es que más allá de que el gobierno en sus dos últimos años haya tenido superávit, y de que se haya podido renegociar la deuda externa tanto con acreedores privados como con el FMI, la realidad es que logró acumular dólares en las reservas internacionales. Además se empezaron a aplicar desde el Banco Central medidas restrictivas a la salida de divisas,  primero con la venta de dólares a ahorristas minoristas, y luego con el acceso de dólares a las corporaciones empresarias y las limitaciones a la venta de divisas para importaciones.

Es en este contexto que la ausencia de dólares comienza a sentirse en la economía real, y por eso el sector del campo pide a gritos una devaluación casi como condición para liquidar los más de 20 mil millones de dólares que se estima se encuentran en silobolsas. Es que una posible devaluación haría saltar más aún el tipo de cambio, haciendo que cuando se liquiden las cosechas se obtengan más pesos para pagar gran parte de los insumos para la producción, insumos que se pagan en pesos. Esto posibilita entonces que una eventual devaluación haga crecer las ganancias del sector.

Estamos hablando como dijimos, de una situación de una particularidad pocas veces vista, en donde el margen de acción del gobierno se ve fuertemente limitado tanto desde lo económico como desde lo político, ya que se sabe que una devaluación en los términos que la están planteando, dinamitaría el poder adquisitivo del grueso de la población, y sería darse un tiro en el pie. Es en este contexto que Silvina Batakis viajó a los Estados Unidos a encontrarse con la directora del FMI, Kristalina Georgieva, y otros funcionarios de peso para tratar el problema de conjunto.

Según la directora del FMI en la reunión que mantuvo con Batakis coincidieron en la importancia de la implementación decisiva de un programa para abordar los desafíos económicos y sociales de la Argentina. Al menos en las declaraciones sus definiciones tuvieron sabor a poco y habrá que ver qué posibilidades se abren para el país y cómo continuará influyendo el contexto internacional sobre la actual situación nacional.

Lo cierto es que para salir del pozo se va a necesitar de perspicacia y audacia, de ser políticamente capaz de adoptar medidas que beneficien al grueso de la población, y que sirvan para lograr un crecimiento sólido, sostenido y con redistribución. Para esto, habrá que tener los pantalones bien puestos, y hacerle frente a quien corresponda, porque en esta lucha y en la disputa por construir una Argentina grande, libre, justa y soberana con algún enemigo hay que pelearse, algún interés hay que tocar y alguna medida hay que firmar.

Nacho Albanesi
Nacho Albanesi

Colaborador de Revista Trinchera y columnista de la sección Economía en el programa 526 al Fondo.
Instagram: @nacho.albanesi | Twitter: @nch_albanesi

El desafío del Banco Central Europeo ante la crisis económica

El desafío del Banco Central Europeo ante la crisis económica

TIEMPO DE LECTURA: 5 min.

Debido a la ola de inflación que se está viviendo a escala global, el Banco Central Europeo decide tomar cartas en el asunto y subir las tasas de interés por primera vez en once años. La medida lo que busca es reducir el circulante de masa monetaria, una medida similar a la adoptada por la Reserva Federal del Tesoro de Estados Unidos dos meses atrás.

Como ya venimos hablando en estas columnas, hay un fenómeno inflacionario a escala global producido en primera instancia por la irrupción de la pandemia de Covid 19, y en segundo lugar por el conflicto bélico entre Rusia y Ucrania, que ha generado un aumento en el precio de bienes y servicios, principalmente en lo que se refiere a alimentos y a energía.

Este conflicto no solo ha acelerado el proceso inflacionario a nivel mundial, sino que también ha perjudicado fuertemente a la unión europea. Países como Alemania, Francia o Italia, que se mostraban como los pilares sobre los que se construía la hegemonía económica europea, han demostrado tener sus matrices productivas fuertemente ligadas a recursos producidos fuera de sus fronteras.

Recordemos que una de las primeras medidas tomadas por el Kremlin al comienzo del conflicto bélico, fue que las tarifas correspondientes a la exportación de gas a los países de Europa occidental sean pagados en rublos y no en euros. Esta maniobra, generó que los países del este, tengan que comprarle rublos a Rusia para poder pagar por el servicio. Como consecuencia el precio de la energía aumentó alrededor de un 60%, y ya sabemos lo que sucede con la cadena de valor en los precios cuando esto ocurre. Automáticamente todos los productos de consumo básico aumentaron, generando inflación, y una consecuente devaluación del euro.

El panorama es complejo por tierras europeas, complejo al punto que durante el mes de julio se alcanzó un 8,6% de inflación interanual, y el dólar superó la cotización del euro por primera vez desde el año 2002, lo que hace que los productos que importa la Unión Europea también aumenten, generando un alza generalizado en los precios, y todo parecería empeorar con la llegada del invierno, especialmente en las zonas frías de Europa.

Sin embargo hay algunos economistas de tinte liberal que explican que la devaluación del euro es quizás más atribuible a la fortaleza que ha ganado el dólar en el último tiempo, y pronostican que la situación podría regularizarse una vez que se alcancen los picos cíclicos de los tipos de cambio oficiales. Pero no todos comparten esta visión y se pronostica que hasta tanto no se resuelva la situación entre Rusia y Ucrania esto no solo no encontrará una pronta solución, sino que más bien la situación tenderá a empeorar.

Es en este contexto que el Banco Central Europeo que preside nuestra conocida Christine Lagarde, pondrá en marcha este jueves un plan para afrontar la creciente inflación, y el mismo se basa en un incremento inicial de 25 puntos básicos sobre la tasa de interés. ¿Esto quiere decir que el interés de los bancos aumenta un 25%? No, un punto básico representa la centésima parte de un punto porcentual, por lo que el aumento será de un 0,25%, todavía muy abajo del aumento de tasas por parte de Estados Unidos que se ubicó en 75 puntos básicos, y generó un aumento en la tasa de interés del 1,75%.

Entonces el objetivo detrás de esta medida consiste en mejorar la oferta que los bancos hacen, para intentar recuperar parte del dinero que está en circulación, y de esta manera y bajo la premisa de disminuir la demanda, poder ponerle un freno a la inflación.

Por otra parte se espera también que frente a la incertidumbre reinante, los sectores inversionistas se vuelvan aún más conservadores en sus convicciones, y entiendan que no se trata de un tiempo de apuestas, sino más bien de un tiempo en donde lo que conviene es ir a lo seguro, y de esta manera volcar la mayor parte de sus activos en inversiones financieras en los bancos.

Pero no todo es tan lineal, y ya hay sectores del poder que están pidiendo incluso subir más las tasas, por lo menos al doble de lo que seguramente anuncie este jueves el directorio ejecutivo del Banco Central Europeo. Frente a esto la respuesta es que hay que esperar para ver lo que suceda con esta medida, ya que por ejemplo en Estados Unidos no ha dado los resultados que se esperaban y la inflación continúa escalando, superando este mes los 9 puntos interanuales.

El panorama para las economías en vías de desarrollo no parece ser mejor, ya la semana pasada la ministra de economía de la Nación, Silvina Batakis, adelantó que seguramente el Banco Central de la República Argentina adopte medidas similares tendientes a la suba en las tasas de interés, que buscará dar respuesta a la disparada en el precio de los bienes de consumo y el problema inflacionario que tiene el país desde hace años, y que se acentuaron entre otros factores por el panorama internacional.

Sin embargo el aumento de tasas por parte del Banco Central de la Unión Europea, abre un posible riesgo para los países emergentes ya que esto puede provocar mayores riesgos financieros y una mayor devaluación de las monedas.

Lo cierto es que lo que ocurre con el euro no es solo una respuesta al contexto, sino que va más allá. Lo que este fenómeno permite analizar es que el bloque europeo no está tan afianzado como se creía, ni es tan estable ni autosuficiente como querían hacernos creer. Son economías fuertemente dependientes, que no producen determinados tipos de recursos y que por lo tanto se encuentran supeditadas a un contexto mucho más macro.

En contrapartida debemos preguntarnos si lo que está ocurriendo en Rusia es lo que nos venden los grandes medios. Aquellos que hablan de un Putin acorralado, que se queda sin energías, que las cosas en Ucrania no le están saliendo como planeaba, en dónde incluso se ponía en tela de juicio su estado de salud, al parecer no todo es ni tan blanco ni tan negro. Es que si realmente Rusia estuviera tan asfixiada como dicen por las presiones y las sanciones internacionales, la situación sería otra.

De hecho, Rusia encontró en China un aliado gigante a quien prioriza como nuevo cliente de sus recursos en detrimento de algunos países del oriente europeo, y motivos le sobran, pero este quizás ya sea tema de análisis en alguna otra columna. Por el momento habrá que esperar al día jueves a los anuncios que haga el Banco Central Europeo y las consecuencias que las medidas que adopte puedan tener en la economía del viejo continente.

Nacho Albanesi
Nacho Albanesi

Colaborador de Revista Trinchera y columnista de la sección Economía en el programa 526 al Fondo.
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Rajaron a Rajapaksa y Sri Lanka es un espejo de crisis para otras naciones

Rajaron a Rajapaksa y Sri Lanka es un espejo de crisis para otras naciones

TIEMPO DE LECTURA: 5 min.

Desde el final de la guerra civil en 2009 que la isla asiática de Sri Lanka no sufría una tremenda crisis social, económica y política de gran magnitud. La renuncia de Gotabaya Rajapaksa, un ex presidente controvertido. En este mes de julio debió enfrentar una severa crisis económica en Sri Lanka. Hubo marchas de protesta a gran escala. Al aumentar los disturbios en la capital, Colombo, los manifestantes tomaron el palacio presidencial el 9 de julio pasado exigiendo que Rajapaksa deje el cargo. Y se rajó hacia las islas Maldivas el 13 de julio dejando al país en una gran crisis.

Ranil Wickremesinghe se convirtió en el nuevo presidente en funciones el viernes 15 de julio pasado. Pero siguieron las marchas populares para reclamar ahora la dimisión de Wickremesinghe. Algunos manifestantes han quemado sus retratos. Hay un clima en Sri Lanka de que “se vayan todos”. La gente sigue movilizada y se teme que se recrudezca la disputa interétnica histórica entre los tamiles hindúes del norte y los budistas cingaleses del centro y sur de la isla. Wickremesinghe, asustado y sin poca maniobra, decreta un “estado de emergencia” en el país este lunes 18 de julio, pero las fuerzas de seguridad ya no saben cómo frenar la pueblada.

Al nuevo mandatario interino Rajapaksa le dejó un hierro caliente en la mano. O una granada a punto de estallar (otra vez). Sri Lanka se ha quedado sin dinero para pagar importaciones de productos básicos como comida, fertilizante, medicamentos y combustible para sus 22 millones de personas. Su rápido declive económico ha sido aún más impactante porque antes de la crisis, la economía estaba en crecimiento con una creciente y acomodada clase media. La isla también ha pedido ayuda al Fondo Monetario Internacional (FMI) y otros acreedores, pero las autoridades han dicho que sus finanzas están en tan mal estado que incluso obtener un rescate resulta difícil. Sin salida. Fueron 100 días de protestas contra Rajapaksa. Los manifestantes acusan a Rajapaksa y a su importante familia de políticos de desviar dinero de las arcas del estado y acelerar el colapso económico con su mala gestión. La familia ha negado las acusaciones de corrupción, aunque Rajapaksa ha reconocido que algunas de sus medidas contribuyeron al colapso. Rajapaksa se fue para las islas Maldivas, para luego huir a Singapur el 15 de julio pasado.

Pueblada en Sri Lanka contra la familia política de los Rajapaksa.

El FMI ya dio su opinión al respecto. Señaló que Sri Lanka es una señal de que otras naciones pueden caer en este caos. La guerra en Ucrania parece haberlo complicado todo.

“Los países con altos niveles de deuda y un espacio político limitado enfrentarán presiones adicionales. No hay que ver muy lejos, Sri Lanka es una señal de advertencia”, dijo el sábado la directora del FMI, la tecnócrata y anticomunista búlgara Kristalina Georgieva.

Todo es un cúmulo de crisis económica y financiera que afecta a las clases obreras y rurales bajas de Sri Lanka. La inflación se ha disparado alrededor del 50%, con los precios de los alimentos un 80% más altos que hace un año. Este año, la moneda local, la rupia de Sri Lanka, ha perdido valor frente al dólar estadounidense y otras monedas mundiales importantes. Se derrumbó todo. Hasta hay alarmas por “corralitos” al estilo 2001 en Argentina.

Como el caso argentino de la era de la dictadura cívico-militar-eclesiástica y la del menemato, a lo largo de los años, Sri Lanka había acumulado una gran cantidad de deuda. El mes pasado, se convirtió en el primer país de la región del Sur de Asia en dejar de pagar la deuda externa en 20 años.

Los analistas financieros tanto occidentales como asiáticos ven que lo de Sri Lanka se puede repetir en países de Asia con graves crisis institucionales y de acumuladas deudas. Pakistán sufrió un golpismo filoyanqui en abril de 2022 que derrocó al premier Imran Khan, dejando al sumiso filo-occidental Shehbaz Sharif. Al igual que Sri Lanka, Pakistán también enfrenta bajas reservas de divisas, que se han reducido casi a la mitad desde agosto del año pasado. Es que Estados Unidos obligó al nuevo régimen a pagar sus deudas y dejar de ser financiado por los rusos y los chinos. Todo un macabro juego de ajedrez en el contexto actual tenso.

El renunciado presidente Gotabaya Rajapaksa. Huyó de Sri Lanka tras una pueblada y se refugió primero en las Islas Maldivas y luego en Singapur.

Pero otras naciones se ven en peligro de que le estalle todo por los aires en Asia: Maldivas, Bangladesh, Laos, Bután y Nepal. Todos endeudados y en el equilibrio de elegir entre Occidente o China. Algunos estudiosos de las finanzas son más osados y ven que el espejo de Sri Lanka se repita en naciones latinoamericanas, con fuertes compromiso de deuda externa como Argentina, Panamá o Guatemala.

No es un buen año para países de economías capitalistas muy frágiles. Mucho menos para aquellas naciones que tienen la soga del FMI. Y la gente se cansa y sale a las calles. Y puede cambiar el rumbo de la historia. Los gobiernos que le hacen caso a los mercados, aquí o en Sri Lanka, pueden terminar muy mal. Los pueblos decidirán sus destinos y seguro pidiendo que esos mercados dejen de joderle la vida a la gante.

Mauricio Piñero
Mauricio Piñero

Cuentan las crónicas que nació como el hijo de nadie. Luchando por la Patria Grande, como Internacionalista y antiimperialista. Tripero de alma y cuerpo, siempre junto a la patriada barrial. La historia descolonizada es mi pasión como docente de la Escuela Pública y de los barrios. Las noticias sobre los pueblos que luchan como forma de viajar hacia una verdadera justicia social global.

Situación de la economía en Estados Unidos: se encienden las primeras luces de alarma

Situación de la economía en Estados Unidos: se encienden las primeras luces de alarma

TIEMPO DE LECTURA: 6 min.

Habrá que ver cómo repercute todo esto en el panorama nacional, por el momento el Banco Central siguiendo lo pautado con el FMI, ya compró 600 millones de dólares en lo que va del mes de mayo, con el objetivo de fortalecer sus reservas y lograr reducir el porcentaje de inflación.

Durante una nota con la CNN el pasado domingo, Bill Gates se mostró preocupado frente a la situación que está atravesando la economía estadounidense, ya que, según su visión, a la inflación originada durante la pandemia de covid 19, y a la actual situación bélica entre Rusia y Ucrania que impactó fuertemente en los precios de alimentos y combustibles, se sumaba un nuevo elemento que podría complicar las cosas. Gates hacía referencia así al aumento de las tasas de interés anunciado por el Sistema de la Reserva Federal (Banco Central de EEUU), pronosticando que esto podría traer aparejada una desaceleración de la economía a nivel mundial, o una nueva crisis dentro del sistema financiero.

Y el pronóstico de Bill no falló, este lunes los principales índices de la bolsa de valores de Nueva York, registraron caídas de entre un 2 y un 4,3% en lo que se dio a llamar con el cinematográfico título de “el lunes negro”, a lo sucedido en la principal bolsa de valores del mundo. De esta manera Wall Street ya suma seis semanas consecutivas de caída y convierte a este 2022 en el peor comienzo de año desde 1939. Cuando hablamos de caídas en los índices, nos referimos a valores como los de Dow Jones, el Nasdaq, y el S&P 500, que son índices que reflejan la capitalización bursátil de las empresas que cotizan en las bolsas norteamericanas. Cada uno de estos índices mide distintos segmentos de mercado y empresas, por ejemplo;

-El Nasdaq está compuesto por la cotización de empresas principalmente de electrónica. El lunes cayó un 4,3% y acumula una caída anual del 24%

-El índice Dow Jones se basa en las proyecciones de las 30 empresas con mayor capitalización en la Bolsa de valores de New York. El lunes cayó un 1,99% y acumula una caída anual del 10%

-El S&P 500 se conforma por la cotización de las 500 empresas más representativas de la Bolsa de Nueva York. El lunes cayó un 3,2% y acumula una caída anual del 16%.

El motivo de que esto sucediera tal como lo predijera Bill Gates, es que el miércoles de la semana pasada la Reserva Federal, anunció un aumentó las tasas de interés con el fin de atraer mayores inversiones en líquido hacia su país para de esta manera concentrar dólares y lograr así frenar la inflación que en marzo dio un interanual acumulado para los Estados Unidos de un 8,5%, el peor índice en 40 años.

A su vez se anunció también una “reducción en su hoja de balance”, esto quiere decir que, a partir del mes de junio, con el objetivo de reducir la tenencia de bonos del tesoro, y de activos respaldados por hipotecas, saldrán a la venta mensualmente más de $30.000 millones de dólares en bonos del tesoro por mes, y $17.000 millones en activos respaldados por hipotecas.

Este escenario configura un panorama desalentador para aquellos inversionistas que poseen estos bonos ya que, al aumentar su oferta, disminuirá significativamente también su valor, es por esto que los actores del mundo de las finanzas se anticipan a lo que ven que pronto sucederá y ya comienzan a vender estos bonos atraídos por la nueva tasa de interés fijada por la Reserva Federal. De este modo se produce un corrimiento de las inversiones, haciendo que los bonos y las tenencias de acciones sean menos atractivas, perjudicando a las bolsas de comercio, pero favoreciendo la acumulación de dólares.

Podemos hablar de una maniobra o una serie de medidas de carácter contractivo, que busca retirar dólares del mercado de capitales, y de algún modo enfriar la economía para tratar de reducir la ola inflacionaria. Además, un aumento en la tasa de interés tiene consecuencias inmediatas para los ciudadanos y las empresas ya que aumenta el costo de contraer créditos, o el financiamiento para realizar inversiones o renegociar deudas, así tasas más altas en el interés podrían servir para desacelerar la inflación, pero al mismo tiempo también se reduce el crecimiento económico. Los pronósticos no prometen ser muy alentadores ya que además la Reserva Federal pretende reducir capital en bonos pasando de unos 9 a unos 6,5 billones hacia fines de 2023.

Hay algunos analistas que avecinan que comienza una época de “dinero más caro”, y con el conflicto entre Rusia y Ucrania todavía sin vistas de posible solución, todo apunta a que este será un año de un aumento progresivo de las tasas de interés de varios países del mundo.

Por otra parte, mencionar que esto es algo que podría afectar al bloque de las economías de América Latina, ya que si nada más ni nada menos desde Estados Unidos se sale a ofrecer una mejor tasa de interés, es muy probable que los inversores, o los llamados capitales golondrinas, o especuladores financieros, decidan retirar sus capitales de los países del cono sur para ir a hacer negocios directamente a tierras norteamericanas en busca de mayor rentabilidad, entonces se invierte menos en los países de la región o se compran bonos de deuda pero a intereses más altos.

De hecho, el denominado lunes negro se encargó de castigar a la Argentina y algunas de sus principales empresas estrellas, o los unicornios tecnológicos, que son aquellas empresas con una valuación de 1.000 millones de dólares, como los son el caso de Mercado Libre, que cayó un 17% en Wall Street y perdió casi USD 8.000 millones de capitalización bursátil en un día. La compañía de Marcos Galperin perdió valor por el equivalente a $28.000 millones de dólares desde fines de 2021 cuando estaba valuada en $67.000 millones. Otros casos son los de Despegar que ayer cayó un 7,8% o Gobant que registró una caída de 9,9%, pasando de valer $13.000 millones de dólares a fines de 2021 a valer $7.300 millones al día de hoy.

Finalmente, también los bonos de deuda argentinos registraron bajas cayendo entre 1,8 y 2,1% en promedio, alcanzando pérdidas de entre un 30 y un 40% desde que salieron a cotizar tras el canje de deuda.

Habrá que ver cómo repercute todo esto en el panorama nacional, por el momento el Banco Central siguiendo lo pautado con el FMI, ya compró 600 millones de dólares en lo que va del mes de mayo, con el objetivo de fortalecer sus reservas y lograr reducir el porcentaje de inflación. En el medio, las acusaciones cruzadas entre Cristina y Guzmán, el debate por una negociación paritaria que por ahora le cuesta ganarle al mal de la inflación y por delante el tema de las tarifas energéticas, la recuperación económica y la redistribución del ingreso. Debates que habrá que tomar con responsabilidad y con conciencia histórica, para aliviar el porvenir de un sector de la sociedad que necesita respuestas concretas e inmediatas acorde a los tiempos que corren.

Nacho Albanesi
Nacho Albanesi

Colaborador de Revista Trinchera y columnista de la sección Economía en el programa 526 al Fondo.
Instagram: @nacho.albanesi | Twitter: @nch_albanesi

Canto de Sirenas

Canto de Sirenas

TIEMPO DE LECTURA: 14 min.

Texto escrito en los días duros de la cuarentena del año pasado, algunos apartados siguen vigentes como deudas que arrastra el sistema para con los menos desde siempre.

Escuchando sin atención no nos dimos cuenta que las sirenas estaban entonando desde hace tiempo un canto fúnebre, un grito de auxilio y nosotros transitamos con los oídos tapados de miel para endulzar una melodía triste: en enero casi se desata una gran guerra cuando Estados Unidos decidió atacar a Irán; en febrero los incendios de Australia fueron tan grandes que las cenizas llegaban a Chile; en marzo el coronavirus (COVID-19) es declarado pandemia y casi el mundo entero, unos países antes y otros luego, entró en un largo período de cuarentena, de aislamiento social y obligatorio; en abril se desploma el precio del petróleo y lo que en un principio era una crisis ecológica devino en una crisis de salud, luego se transformó en una crisis política -entiendo que la salud es, también, una cuestión de política-, de ahí en crisis económica, y con la caída de los precios del petróleo la crisis es total.

Estábamos arriba del carro del progreso como forma de pensamiento, de las industrias como lugar de producción y del capitalismo como forma desregularizada de gobierno, que parecía prometer un crecimiento infinito, en un lugar donde los recursos son finitos y al ritmo actual no nos da ni da tiempo a la naturaleza de reponerlos[1]; las trompetas de la crisis estaban sonando hace mucho y nosotros, como especie, absortos en una razón que no razona, o que lo hace alejándonos de un algo esencial: nuestro habitar como una especie más en este planeta que llamamos hogar.

La razón que todo lo piensa, pensó en los bosques y vio que eran materias primas y con ello expulsó a las musas y fantasmas que allí habitaban; pensó los mares y amplió los límites del mundo para después comprimirlos y no vio a un Poseidón encolerizado, a una Escila y una Caribdis, a un Eolo que controlaba los vientos: vio allí que los mares tenían un límite, que los vientos y las tormentas eran explicables, que los monstruos marinos no son más que productos de la imaginación de tiempos antiguos y que el mar era -es- una fuente de recursos y de tránsito de mercancías. El grito de la razón es medible y cuantificable, y borró de un plumazo toda sacralidad y respeto por nuestro mundo, nos erigió en la especie que está por encima de todo y con ello olvidamos que somos una especie más en el orden natural de un hábitat compartido.

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Nos subimos como especie, como auriga, en el carro de la razón llevando luz a lugares en los que había sombra y dejando en la oscuridad lugares donde habían otras formas de claridad: mítica, religiosa, sacralidad, respeto por otras formas de ser y de habitar el mundo, formas que ligaban a nuestra especie con un ser/estar/habitar en un orden más respetuoso con la naturaleza. Y con ello no quiero decir que todo tiempo pasado fue mejor, pues siempre hubo barbarismos, injusticias, despotismo, pero nunca a la escala actual: que tiene la capacidad de borrar a la humanidad de un plumazo y no dejar siquiera el rastro de que una vez existimos y de que “fuimos capaces de imaginar la felicidad”[2]. Ya nos lo recordaba Esquilo cuando Prometeo canta su desdicha por haber entregado el fuego, “maestro de todas las artes”[3], a los hombres, y con ello la técnica: “puse en ellos -los humanos- ciegas esperanzas”[4]; pero por ciegas que hayan sido, las esperanzas estaban y están, y es justo estos momentos de crisis los que nos permiten cambiar el rumbo de los caballos del progreso y construir un orden social más justo, más equitativo y respetuoso con la naturaleza.

En estos momentos, justo cuando creíamos que el sistema moderno y las instituciones que de ella emanan estaban en crisis de legitimidad, nos damos cuenta que no, que es justo esta pandemia la que está poniendo en escena de nuevo a las instituciones modernas: la escuela se reinventa, el sistema de salud se fortalece, los políticos -algunos- toman medidas, y la política se sube al pedestal de las soluciones. Y esperemos que esta vez sea con intenciones transformadoras de realidades sociales más que injustas y que asumamos responsabilidades colectivas a problemas globales, pero sin dejar de lado que hay responsables mayores: no todos hemos consumido y explotado por igual. Los que más tienen más deben pagar, y no solo los millonarios individuales y las grandes multinacionales de manufactura, sino las naciones imperialistas que son las que más han socavado los cimientos de las libertades de los pueblos y naciones pequeñas, y sobre-explotado los recursos naturales del mundo entero en un banquete pantagruélico en el que las mayorías han quedado afuera y la maximización de las ganancias es para unos pocos.

¿Salud e igualdad?

El cine, como las demás artes, apela a su tiempo, y desde allí lanza críticas. Películas como La Isla, Los Recolectores, Los sustitutos, Gattaca, Elysium, son solo algunas distopías –que como toda distopía, habla más de su tiempo que de un futuro; el futuro es ahora- que tratan el tema de la salud: cuerpos modificados genéticamente para ser perfectos, clones criados y creados para ser reservorios de órganos para sus millonarios dueños, venta de órganos a cuotas, lugares creados en los que toda enfermedad e infelicidad son inexistentes, de nuevo, para una parte de la personas, mientras para la otra -sumida en la pobreza- la explotación laboral y la enfermedad son el pan de cada día. No hace falta preguntar si esas películas hablan del futuro, y eso tomando solo la salud como tema y dejando afuera las súper-ciudades, los totalitarismos, las crisis ecológicas.

No hace falta preguntarse si esta crisis de salud es igual para todos porque la respuesta es no. Lo que es igual es la posibilidad de infectarse, nada más, pero tampoco nada menos. Pues cómo va a ser igual que haya un foco de infección en una comunidad cuya dieta no llega a cumplir los requerimientos básicos del día a día, donde el hacinamiento está a la orden del día y por ende el aislamiento social es difícil, donde los habitantes están en contacto con focos de infección en su cotidianidad porque son los que habitan los cordones de miseria que deja la ciudad, son los que viven en medio de -y de- los desechos de las ciudades.

Mientras tanto, los que viven otra realidad ahora se sienten -sentimos- amenazados y ven la fragilidad del sistema de salud, y gritan desde sus redes sociales, y los medios de comunicación comienzan a pedir soluciones para lo que muchos vienen gritando desde hace mucho tiempo: la necesidad de un sistema de salud estatal fortalecido con políticas públicas y con justicia social. Es harto evidente que los ricos no nos van a dar soluciones a problemas que para ellos son, pareciera, un problema de clase: pues como recuerda la BBC[5], ellos hasta en épocas de pandemia solo buscan su bienestar, y si su bienestar es comprar pruebas -ya de por sí escasas- para realizar a sus empleados para entrar a sus barrios, lo van a hacer, de hecho: -lamentable, muy lamentable- lo hicieron.

Quizá lo que quieren recrear es esa aspiración mitológica de llegar y habitar un mundo en el que no haya enfermedad y todo sea felicidad, quizá busquen la posibilidad de hacer de sus lugares de residencia sus propios Campos Eliseos, esos en los que la dicha es eterna, los campos son verdes y florecidos y el sol acaricia; dejando para nosotros, los menos, ese temido Tártaro donde el sufrimiento es eterno. Sufrimiento es: la falta de vivienda digna, la falta de trabajo, de salud, de alimentos, la falta de justicia que brilla por su ausencia, se dice en otra distopía.

Lo que sí es nuevo es la atención que los gobiernos le están dando a un problema de salud que han convertido en un problema de seguridad policial y de control social. Si el problema para el sistema fueran las muertes ya habrían solucionado el hambre, la falta de agua potable y un sinfín de enfermedades curables. Pero lo nuevo está en el enfoque que se le ha dado a esta situación y que nos ha estallado en la cara: esta vez el problema no afecta solo a las capas socialmente relegadas. He aquí por qué el sistema le está dando la importancia que precisa, si es que afecta a todos: ricos, clase media y pobres. Entonces las demandas son atendidas, las políticas son desplegadas y los políticos toman medidas urgentes, no sea que el tinglado se les venga abajo y el costo político sea grande: te recortan libertades pero es por tu bien, para salvar tu vida, y la búsqueda de una solución es desesperada.

Somos una sociedad hedonista que vive pensando que los logros son técnicos y no sociales: celebramos que hemos llegado a la luna, pero no nos preocupamos por no llegar con un plato de comida a cada mesa. Solucionar la hambruna, la migración forzada, entre otras injusticias, sería más económico que mantener el orden injusto que hoy impera. Pero, al parecer, eso no da votos, ni crea una burbuja de presión desde las clases medias y ricas que, a través de las redes sociales y los medios de comunicación, ejercen presión para que los gobiernos tomen medidas urgentes.

Quizá esto demuestre que la democracia liberal no es la mejor forma de gobierno, pues, si nos atenemos a la definición de Mill: la mayor cantidad de bienestar para la mayor cantidad de personas queda corta en nuestro tiempo histórico, donde las masas más humildes, las mayorías, están condenadas y confinadas a vivir entre los desechos de las ciudades y en condiciones sociales escandalosas. Quizá todo esto nos permita transformar nuestra democracia en una democracia inclusiva y generosa con las mayorías. Porque éste sistema de producción y de gobierno está haciendo agua y le está pasando como a Dédalo, que por no escuchar voló cerca del sol y se le quemaron las alas cayendo al vacío. En este caso el fuego recién empieza y lo podemos apagar.

Globalización, miseria y crisis

Los videos musicales nos muestran comunas/barriadas/villas miseria coloridas y alegres, pero nos alejan del drama y las historias de violencia y tragedia a la que han estado sometidos sus habitantes. Muestran, en definitiva, que el pobre es feliz. Esto no es más que una fachada del sistema de producción que oculta las consecuencias reales de un orden injusto: la consigna parece ser -en algunos programas de tele, vídeo clips y películas- que el pobre es más que pobre: es un pobre feliz.

De los beneficios de la globalización no se ve ninguno: por lo menos las mayorías no vemos ninguno. En cambio, sus consecuencias las padecemos todos.

La acumulación de riqueza mediante la circulación de mercancías a escala planetaria se la quedan unos pocos. Los beneficios del turismo salvaje son para aquellos que se pueden dar el lujo de “vivir una experiencia” y se llenan los bolsillos con la industria hotelera. La homogenización cultural se nota en la poca incorporación de prácticas/cosmogonías/lenguas vernáculas a producciones culturales locales, en la lógica cultural de hoy: todo es reductible a formas que garantizan el éxito y la venta afuera pero que nos hace más desconocidos hacia adentro.

La pérdida ha sido muy grande, la globalización a sentado las bases para “planchar” las formas de narrar nuestro ser/habitar/ver. Es válido pensar si todo producto de un lugar es de verdad de ese lugar, o si responde a las exigencias de las lógicas estéticas y de producción que gobiernan el mercado. Los estados nacionales negocian a la baja, la “cultura” es algo que se vende, que se compra y que se cuenta como experiencia; para eso están las redes sociales. No reconocemos la pluralidad hacia dentro de nuestras naciones, lo que consecuentemente lleva a una pérdida de identidad de un nosotros desconocido: hablamos de nuestros pueblos nativos para vender sus estéticas como algo exótico, pero no incorporamos sus cosmogonías y sus relaciones con la naturaleza a nuestras formas de ver el mundo, porque, de nuevo, no entran en el campo de la razón y la técnica: se puede vivir la experiencia Maya desde el turismo, pero no desde la grandeza de una cultura que hace parte del ethos de un ser centro americano.

Para entablar un diálogo con el mundo en forma de iguales deberíamos, primero, conocernos hacia adentro, reconocernos en la diferencia, y desde esa diferencia entrar en diálogo de iguales con el resto del mundo. Pero es ahí donde fallan nuestros gobiernos: para ellos la cultura no es un valor que genere riqueza, no es un commoditie que se pueda vender y se pague en dólares.

De la crisis de salud que devino en crisis casi total, y cuyas consecuencias no podemos aventurar -y sería irresponsable, además, arrojar profecías sobre lo que vendrá-, es poco lo que se pueda decir que no se haya dicho ya. En nuestros tiempos, los Tiresias parecen estar más aventurados en pensar que esta crisis es el final del capitalismo; Zizek, en que la sociedad que surgirá va a ser una sociedad de mayor control policial sobre la población; Byung-Chul Han, en que las cosas no van a cambiar y que el capitalismo se va a recomponer y que todo volverá a ser como antes, etc., pero en el que, en definitiva, o recomponemos el rumbo de este barco que se está hundiendo, o el barco se recompondrá sin nosotros. “No tenemos otro mundo al que podernos mudar”, y contradiciendo al cine y la publicidad: no parece que haya alguien externo que venga en nuestro auxilio.

Las trompetas del apocalipsis parecen estar entonando un canto fúnebre de fin del mundo, pero entonan una melodía de cambio, ya que volver a la normalidad es la peor de las pandemias. Necesitamos cambios profundos que nos permitan incorporar a nuestra esencia otras formas de producir, de estar, de habitar el mundo, pues este sistema que parecía estable no lo es y estaba -está aun- sostenido por una forma de producción y acumulación capitalista con el petróleo y la explotación de trabajadores y naturaleza como caballo de tiro de una forma social injusta.

Cambiar el sistema es una apuesta sobre el sistema mismo. Este nos hace creer que las soluciones no requieren esfuerzos y que siempre vendrá alguien a salvarnos, o eso es lo que vende la publicidad: adelgaza comprando esto y usándolo mientras ves televisión, en reposo, sin esfuerzo alguno; cuando algo apremia siempre hay un superhéroe que nos salvará; todo es consumir y nada de trabajo para llevar adelante soluciones reales que dejen aprendizajes y establezcan otro orden, en este caso uno más justo. Sin embargo, el barco ahora se está hundiendo y no parece que haya alguien externo que venga en nuestro auxilio: solo nosotros somos, como colectivo, los que podemos salvarnos a nosotros mismos. Los héroes son colectivos.

Hormigas de ciudad

Se ha hecho viral el aplauso que se le da al personal de salud, y no es que piense que no es merecido, es justo aplaudirlos. Pero también es justo aplaudir a un montón de héroes que escapan al censor -creo, establecido por los medios de comunicación y los usuarios de redes sociales que dicen quién es merecedor y quién no- que dicta a quién hay que reconocer. Nadie ha salido a aplaudir a los profesores que hacen milagros para mantener las clases de manera virtual y sostienen el sistema educativo, nadie ha salido a aplaudir a los recolectores de residuos que evitan que se acumulen en nuestras casas, a los kiosqueros de barrio que hacen que no tengamos que ir muy lejos a comprar provisiones, a los choferes que hacen que el mundo siga andando, a los cooperativistas que barren la veredas, cortan el pasto, levantan las hojas coloridas del otoño, juntan la mugre de las calles; que hacen, en definitiva, el trabajo que otros no harían. Para todos ellos y muchos otros, no hay aplausos. Ellos: ¿son héroes de segunda? No, no y no: son las hormigas de ciudad, son los que la hacen funcionar, los que la limpian, la construyen, la mueven. Además del personal de salud, ¿a quién aplaudirás hoy?

Conclusión:

La sociedad actual es como un Narciso, ese que cayó al agua y se ahogó en la contemplación de sí mismo enamorado de su reflejo, pues era hermoso. Nosotros, como sociedad, estamos en caída, creyendo que nuestro reflejo, fundamentado desde la razón y la técnica, es hermoso. Pero esta pandemia nos está mostrando que el reflejo es espantoso y que tememos asomarnos a ver: incendios temibles, destrucción de la Amazonía, envenenamiento de los mares y ríos, hambrunas, pandemias, extinción en masa de la especies, pérdida de biodiversidad… No, nuestro reflejo no es hermoso, y sin embargo estamos cayendo obnubilados por una imagen de superioridad, y cegados por unos medios de comunicación y una academia y una forma de habitar y ser en el mundo al servicio del capital y del hambre voraz de acumulación de unos pocos. Ese es, creo, el reflejo, por lo menos el que veo. Pesimista, sí, pero creo que “los únicos interesados en cambiar el mundo son los pesimistas, porque los optimistas están encantados con lo que hay”[6].

Quizá como civilización -acudiendo a orientalismos- estemos viendo aquello que Buda vio después de una vida alejado de todo lo que le hiciera daño: la muerte, la vejez, la enfermedad. Y estemos ahora por empezar a ver al mendigo feliz, y comprender con ello que podemos vivir con menos, sin tantos atavíos superfluos creados por el gran mercado y vendidos y promocionados por la publicidad que aprovechando nuestro deseo explota nuestra debilidad y nos crea necesidades innecesarias. Empezar a ver que podemos transformar este mundo en uno más justo, en que las quijotadas son necesarias, en que otro mundo no solo es posible, sino necesario.

Perdón por tanto pesimismo y gracias por leerme.

Artículo publicado originalmente en MiLugarSinNombre


[1] https://www.lavanguardia.com/natural/20170802/43270260867/humanidad-agota-recursos-un-ano-tierra.html

[2] http://www.cubadebate.cu/temas/cultura-temas/2010/02/21/gabriel-garcia-marquez-una-frase-de-domingo/#.XrGLDKhKiUk

[3] Esquilo. Prometeo encadenado.

[4] Esquilo. Prometeo encadenado. Verso 250.

[5] https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-52316908

[6] José Saramago

Duver Arboleda
Duver Arboleda

Vengo de la tierra del café y de la ciudad de las montañas. Soy un proyecto de contador de historias y de periodista cultural, para lo que uso la fotografía, el vídeo y, sobretodo, la palabra. Escribo y «foteo» porque le apuesto a una sociedad justa. Mi lema: para todos todo.

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