La batalla más dura

La batalla más dura

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POR NICOLÁS DE LA IGLESIA*

En medio de un mundo literalmente en llamas, en Argentina, la oposición solo busca avivar esa llama y que todo arda. A todo esto ¿el Gobierno Nacional tiene un mata fuegos?

La realidad parece cada día más compleja y al mismo tiempo más absurda. ¿Debería hacerse un análisis de les mononeuronales que rompieron el aislamiento para defender a un empresa que defraudó al Estado? ¿Cuál es el peso específico que tienen un puñado de personas vociferando idioteces? ¿Por qué el Gobierno Nacional no siguió adelante con la expropiación de Vicentín? ¿Y el impuesto a la riqueza? ¿Cuáles son las campanas que susurran al oído de A. Fernández?

La vida política argentina se caracteriza por ser vertiginosa y por sobre todas las cosas un terreno fanganoso y oscuro. Dentro de ese terreno viscoso hay espías, operadores políticos, lobbys empresarios y demás alimañas que este hermoso sistema alimenta día a día. La realidad pasa a ser un terreno difuso, los análisis quedan cortos y muchas veces parecen pedalear en el aire.

A principios de la cuarentena, cuando todo era color de rosas y los diarios argentinos compartían una misma tapa, se osó poner en discusión si ese 1% de la población más rica debía pagar más impuestos. Es más, el Presidente expresó en una conferencia de prensa que en esta oportunidad debían perder ellos. Automáticamente se activaron las furibundas campañas mediáticas poniendo en cuestión estas palabras y acto seguido el cúmulo de mononeuronales salió a cacerolear.

Las similitudes con el caso Vicentín están a la vista: lo que parecía una excelente noticia para el país, termina siendo un tema que se está extendiendo demasiado y en dónde el Gobierno nacional quiere dar lugar a una imagen de dialoguista. Ahora bien, cuáles son las posibilidades de diálogo cuando del otro lado lo único que quieren es limar la imagen presidencial. A la oposición no le importa convocar a movilizaciones, a las cuales los principales dirigentes no asisten, y que pueden llegar a costar cientos de vidas. Vale la pena recordar que a este sector nunca le importó utilizar al pueblo argentino como carne de cañón para su beneficio personal.

La pregunta es ¿cuál es la verdadera correlación de fuerzas hoy en día? Ciertamente ocupar el despacho presidencial es una carta importante a la hora de querer imponer una cosmovisión. Sin embargo, nunca fue suficiente y hoy en día se hace necesario replantear la estrategia en esta “guerra mediática” que se está llevando adelante contra el gobierno de Todes. Hasta el momento nadie usó esa palabra para calificar a lo que está pasando, pero la realidad no admite otro calificativo.

Lo cierto es que no se puede querer llegar a consensos cuando de la otra vereda lo único que quieren es embarrar la cancha. Tampoco se puede aumentar la apuesta, de eso ya aprendimos en el último gobierno de CFK, en donde la retorica se basó en la confrontación, sin medir el impacto que tendría sobre una clase media barrilete, despolitizada y colonizada. La clave está en cómo poder interpelar a estos sectores de la población. Sin embargo, ¿es posible interpelar a un sector profundamente racista y clasista? ¿Cómo se cambia este círculo vicioso en donde parte del pueblo pone palos en la rueda a cada acto medianamente emancipatorio?

Algo a tener en consideración y que se sabía desde un principio, es que el Frente de Todes es un armado por demás heterogéneo. En el mismo podemos poner de un extremo a Sergio Massa (su silencio sobre las dos cuestiones abordadas más arriba muestra su posición) y en el otro extremo a Juan Grabois. Es tarea entonces de Alberto Fernández y su gabinete poder generar los consensos necesarios para avanzar con unidad.

Tal vez la alternativa para poder llevar adelante las reformas estructurales que son vitales para el futuro del país en los años que vienen, sea llevar estas discusiones de manera más escalonada. Por ejemplo, la cuestión impositiva puede ir siendo de manera gradual hasta llevar a la Argentina a niveles más respetables de incidencia de impuestos a grandes fortunas en el PBI.

La discusión subyacente a todas las problemáticas que atraviesan la coyuntura política es meramente simbólica. Algo no menor, es que las palabras moldean el mundo que nos rodea, le dan forma y condicionan nuestra existencia. Nada existe por fuera del discurso, por lo que es el principal andamiaje en dónde se construyen los imaginarios colectivos y dónde se dan las verdaderas batallas por el poder. Hasta el momento los gobiernos nacionales y populares no pudieron encontrarle la vuelta para hacerle frente a este factor tan importante. Hasta el momento la era de A. Fernández está signada por un camino tumultuoso en dónde no se impondrá quién mejores argumentos esgrima, sino quién utilice mejor las herramientas que tiene a su alcance para hacerse con el imaginario popular.


* Existencialista. La cuestión del "ser" le parece inabordable. El humor es su bálsamo, 
la tabla con la que surfea la ola de mierda que puede ser la realidad. Hace poco se
dio cuenta que siempre fue peronista.
Neoliberalismo: la otra peste en Chile

Neoliberalismo: la otra peste en Chile

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POR MIRANDA CERDÁ CAMPANO*

En octubre del 2019, el gobierno de Sebastián Piñera debió enfrentar una ola de protestas masivas que se extendió durante meses. Si bien el detonante fue el incremento del precio del pasaje de metro, las demandas sociales de los manifestantes tuvieron un carácter heterogéneo y abarcaban asuntos como el acceso a la salud, a la educación, la reducción de las disparidades de género, lo insuficientes que son los ingresos para la mayoría de la población y el fin del sistema privado de pensiones, entre otros.

De la creciente movilización popular, se desprendió que las inequidades socioeconómicas eran insostenibles, y que además estaban íntimamente relacionadas a las reglas del juego institucionales consagradas en la Constitución Política de Chile, diseñada durante la dictadura, que protegen el statu quo y obstaculizan la adopción de cambios que promuevan una mayor equidad.

En ese sentido, fue tomando fuerza la idea de producir un nuevo texto constitucional, y los principales partidos políticos de gobierno y oposición sellaron un acuerdo mediante el cual se disponía que la ciudadanía chilena iba a poder decidir, mediante un plebiscito a celebrarse el 25 de octubre, si apoyaba o rechazaba la idea de una nueva constitución. 

En esa misma instancia, les chilenes también podrían emitir su voto en torno al mecanismo de redacción de esa nueva constitución, si el resultado fuese positivo. Las dos opciones en este caso, serán si se conforma una convención constitucional compuesta por ciudadanes elegides para ese propósito o una convención mixta que incluya también a un 50% de les legisladores del país.

Pese a que el Gobierno accedió a este acuerdo, los niveles de legitimidad de la gestión de Piñera siguieron cayendo. Hoy, en contexto de pandemia, según un estudio realizado por el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG), 7 de cada 10 chilenes evalúa negativamente las medidas del Presidente frente a la crisis del coronavirus. 

Respecto a los cambios constitucionales, la misma encuesta asegura que 6 de cada 10 encuestades creen que Chile está viviendo una transformación política, y 9 de cada 10 apuestan por un cambio constitucional: un 61% cree que debería promulgarse una nueva constitución y un 39% aboga por cambios en la actual Carta Magna.

¿El faro político?

La irrupción de la pandemia de coronavirus tuvo lugar en medio de un estallido social de grandes proporciones. Si bien durante enero y febrero habían mermado las movilizaciones iniciadas en octubre, a principios de marzo hubo grandes manifestaciones y ese descontento social volvía a sonar con fuerza. Pero ¡PUM¡ Llegó el Covid-19 y el gobierno y la clase política, que ya exhibían bajísimos niveles de legitimidad, tuvieron que hacerse cargo de una de las crisis sanitarias más importantes de la historia.

Las personas acataron bastante las medidas de distanciamiento social y por lo tanto se depusieron las masivas movilizaciones. De alguna manera, la pandemia vino a darle un poco de aire a un gobierno que se encontraba sofocado por la movilización popular. Pero para el pueblo chileno, el coronavirus aparece como un problema más: ahora tienen dos pestes, la sanitaria y la sistémica. 

Durante los primeros días de marzo, cuando Chile comenzó a registrar casos de Covid-19,  el mandatario aseguró que su gobierno contaba con las herramientas para enfrentar la pandemia, pero en mayo dio marcha atrás y reconoció que “tampoco estaban preparados”. 

Asimismo, Chile fue aplaudido por la comunidad internacional en tanto se constituyó como el país de la región que más testeos realizaba cada millón de habitantes, pero eso nunca le garantizó un buen manejo de la pandemia.

En las últimas 24 horas, Chile registró 6.405 nuevos casos y 96 muertes, y sigue siendo el tercer país de América Latina con más positivos de coronavirus por detrás de Brasil y Perú, aunque su tasa de mortalidad es menor a la de otros países con menos casos como Ecuador y Colombia.

Por otra parte, no se han tomado medidas efectivas para el beneficio de la mayoría de la población en este contexto. De hecho se pidió un préstamo al Fondo Monetario Internacional de 23 mil millones de dólares y hay que resaltar dos cuestiones: primero, que el gobierno de Piñera intentó encubrir el préstamo y salieron a decir que no lo habían pedido; fue el Banco Central el que tuvo que admitir la información, luego de que el FMI lo publicara en su página web; y segundo, que el ministro de Hacienda, Ignacio Briones salió a decir que el préstamo no estaba diseñado para resolver los problemas con el gasto público, por que “no es un préstamo para el gobierno chileno”. ¿Para quién es la guita, entonces? Lo que distintos analistas apuntan es que el préstamo se propone evitar un corte en la cadena de pagos de bancos y grandes empresas.

Es en este sentido que hay una abismal diferencia entre lo que se destina para salvar a las grandes corporaciones, que lo que se dedica para ayudar a los grupos más vulnerabes socialmente, que son los más afectados por la pandemia.

Se han ofrecido planes de asistencia que son insuficientes. También se lanzó una Ley de Protección al Empleo, que evidentemente sirvió para permitir a las empresas despedir trabajadores sin tener que justificarlo o suspender temporalmente los contratos, y el desempleo ha aumentado considerablemente en el último trimestre.

Como si esto fuera poco, sumado a los estragos que está causando el Covid-19, debe añadirse la violencia que ejerce el aparato represivo del régimen neoliberal. La cuarentena obligatoria ha venido como anillo al dedo para imponer un estado de sitio. En este sentido, la bestialidad del modelo se manifiesta con violencia y terrorismo estatal sobre quienes disienten y resisten las políticas económicas y sociales y se han manifestado, respetando el distanciamiento social, en contra del hambre.

De lo que se observa en los barrios populares, se entiende que el hambre no puede ser saciado con una caja de alimentos no perecederos, que es lo que de manera clientelar empieza a distribuir el Gobierno. La crisis sanitaria causada por la pandemia está profundizando las desigualdades económicas y sociales, y los culpables son los que siguen perpetrando este modelo de miseria.

De alguna manera, en su afán por aferrarse al poder y salvar la calamidad neoliberal, el gobierno de Piñera está dispuesto, como lo hace desde aquel 18 de octubre del año pasado, a descargar la barbarie represiva que ha caracterizado históricamente a la derecha. La novedad en este punto tiene que ver con la decisión del Gobierno de dar suma urgencia a un proyecto de ley que modifica la Ley 19.974 sobre el Sistema de Inteligencia del Estado, ya aprobada en el Senado y también en la Comisión de Defensa de la Cámara de Diputados.

Basta con analizar lo que dijo el ministro de Defensa, Alberto Espina, para entender que el objetivo de la iniciativa es reprimir la movilización social: “Si hubiésemos tenido un sistema de inteligencia moderno, los actos de violencia que ocurrieron en el mes de octubre se podrían haber impedido”.

En lugar de pensar políticas sociales y económicas que den respuesta a las causas estructurales de la protesta popular, el Gobierno y parte del Congreso optan, una vez más, por la represión y el debilitamiento de los derechos humanos.

Las más graves modificaciones de la iniciativa del ejecutivo apuntan a centralizar, concentrar y ampliar las atribuciones de los órganos de inteligencia. Con este proyecto, se pretende una concentración del poder incompatible con un sistema que se dice democrático, y se impide la participación de otros órganos y de la sociedad en la definición de las políticas de defensa e inteligencia, que tan profundamente pueden afectar los derechos humanos de la población chilena. 

Básicamente, se diseña un sistema de Inteligencia que liderará Piñera con sus ministros de Defensa e Interior, la Agencia Nacional de Inteligencia, la Policía y las Fuerzas Armadas, sin ningún control de otro poder del Estado y en sesiones secretas. En otras palabras, el Presidente se transforma en el Jefe de la Inteligencia Policial y Militar.

A medida que avanza la pandemia y por extensión, la crisis social, se va confirmando la imperiosa necesidad de masificar el debate en torno al papel del Estado en todos los ámbitos estratégicos de la economía, la seguridad social, la educación y la salud. Que deje de prevalecer el lucro por sobre la vida.


* Chubutense de nacimiento y militante porque no hay mejor manera de transformar el mundo. 
En la escuela le hablaron de la colonización y las guerras. Cuando la militancia le mostró
la historia de las resistencias, empuñó el mejor arma: la pluma.
Psicovid-19: Los que sobran, ecofascismo, necropolítica… y el miedo

Psicovid-19: Los que sobran, ecofascismo, necropolítica… y el miedo

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POR NICOLÁS CENTURIÓN*

En no mucho tiempo se tendrá que meditar y analizar sobre las razones por las que el Covid-19 impactó tanto en la dinámica mundial. Una pandemia de miedo.

La ola expansiva resultó ser peor que la bomba. ¿Qué factores hicieron saltar los resortes de la paranoia cuando las muertes de otras enfermedades son cuantitativamente muy superiores al coronavirus? ¿Los medios de comunicación infundiendo temor? ¿Quien se sirve del miedo?

La disyuntiva que plantea el abordaje sobre esta pandemia es la vida por encima del capital y viceversa. O su otro par, la economía sobre la salud y viceversa. Una tercera opción pero muy similar la planteó una senadora uruguaya, de la coalición de derechas gobernante: la propiedad por encima de la vida, y agregó que “decir lo contrario sería una ofensa.” para su fuerza política.

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Antes de situarnos en el acontecer actual, es necesario remontarnos a unas décadas atrás para ver un poco las razones que cimentaron el miedo global.

El siglo corto, como lo denominó Eric Hobsbawm, finalizó con la caída del muro de Berlín en 1989 y luego con la posterior disolución de la URSS en 1991. La hegemonía de Estados Unidos parecía no tener fin y Francis Fukuyama, asesor del entonces presidente George Bush, en un intento de clausurar cualquier posibilidad insurrecta, sentenció el “fin de la historia” al haber vencido al gigante rojo.

Se tenía que diseñar un nuevo enemigo de “los países libres” de Occidente. Entonces aparecieron en escena los musulmanes, Afganistán, terroristas y árabes. Todos mezclados en una ensalada que beneficiaba a los hacedores de guerras. Mientras EEUU  daba la lucha contra el “terrorismo” invadiendo países, China se preparaba como potencia hegémonica.

En 2008 sucede la crisis financiera a nivel mundial, que tiene como emblema o símbolo la quiebra de Lehmann Brothers. Una crisis del sistema que hizo vibrar los cimientos del capitalismo, pero como hasta el momento ha sucedido, fue la opción de los bancos por encima de la vida, el salvataje del capital ficticio ante la vida material y concreta.

La hegemonía estadounidense ya se encontraba cuestionada y el eje mundial empezaba a virar hacia Asia. Un antecedente de ello es el debate Arrighi-Wallerstein, donde el primero anunciaba con gran tiempo de antelación el avance del gigante asiático. La crisis del 2008 siguió dando sus coletazos en 2013 y comenzó a explotar a principios de 2020. El enemigo a temer eran los asiáticos. Específicamente un enemigo invisible: “un virus chino.”

¿La pandemia fue tapadera o excusa para la crisis?

Las interrogantes se repiten: ¿La crisis se aceleró debido a la pandemia? o ¿la pandemia sirvió de tapadera para la crisis o de excusa para la misma? De tener que aventurar una respuesta, creo que es parte del mismo plan. Una crisis mundial estaba en ciernes. Había que hacer un shock y esta vez se precisaba contraer la economía, aplacar las protestas sociales y amenazar la salud de la gente sin distinción de clase.

El tablero mundial se está reconfigurando. Los dueños del capital se están reconfigurando, es un barajar y dar de nuevo, pero siempre dentro del mismo juego. Esta crisis es una puja dentro del sistema capitalista. Las empresas que sobrevivan absorberán a las que quedaron en el camino. Eso implica un proceso de mayor concentración: los grandes capitales quedarán en cada vez menos manos y en paralelo el ejército de reserva engrosará sus filas.

Se suele decir que toda crisis es una oportunidad, pero ¿oportunidad para quienes? Para la clase trabajadora… muy difícil. El virus no va a tumbar al sistema como dice Slavoj Zizek y bien lo rebate Byung Chul Han. Pequeño detalle el de Zizek de olvidarse del sujeto de la revolución, siendo marxista.


Esta pandemia, es un parteaguas de nuestra era contemporánea. Lo que los medios de comunicación hegmónicos han repetido a coro, “la nueva normalidad”. Es la nueva nomenclatura para decirnos “no hay vuelta atrás”.

Es interesante como se nos plantea esta tríada: “no hay vuelta atrás” nos clausura el pasado. Aunque ¿desde este rincón del mundo volveríamos atrás? ¿La vieja normalidad era beneficiosa para los pueblos de Nuestramérica? Claro que no. Tampoco. Pero no tenemos opción.

Aquí entra en acción la tercera parte de esta tríada. El pasado clausurado, el presente de la nueva normalidad y un futuro de aceptación sumisa con el “no hay alternativa”, acuñado décadas atrás por Margaret Thatcher.

¿Qué papel debe cumplir la psicología o las psicologías?

Muchas veces la psicólogía actúa como agente paliativo del sistema, de la crisis y de sus desigualdades. Muchas veces es mera espectadora de la realidad y su acontecer, de análisis en la epidermis de la sociedad y forma parte poco de su transformación. Es de destacar de igual manera corrientes como la Psicología de la Liberación, la psicología política, o el estudio de las patologías a raíz del capitalismo.

¿Dónde se ubica la psicología en un mundo donde el 1% tiene la misma riqueza que la mitad más pobre de este mundo, unos 3.600 millones de seres humanos?. ¿Qué mecanismos son los que operan la mente humana para legitimar y validar este mundo desigual? Se ha estudiado mucho esto, la superestructura, el sentido común, la cultura, la hegemonía, los valores, pero la psicología todavía tiene para darle una vuelta de tuerca más a esta temática.

¿A qué nueva normalidad nos estamos adaptando?

Estábamos en un mundo sumido en la incertidumbre y esta pandemia nos corrió el eje de la atención, pero la disputa comercial EEUU vs China sigue en pie. Así como la lucha del dominio del 5G, el avance del neofascismo en Europa, el calentamiento global y el cambio climático, las protestas en Francia, en Ecuador, en Haití y en Chile, la ola verde feminista en varios puntos del mundo.

Luego de unos meses y pensando en la postpandemia se puede vislumbrar que la misma benefició a los grandes sectores concentrados, aplacó manifestaciones que estaban por tumbar gobiernos, generando, a la vez,  altos niveles de movilización. No solo eso, sino que además generó un brote de ecofascismo.

Para los que no están familiarizados con el término, es el fascismo disfrazado de ecologismo, donde se propone que el verdadero virus es el ser humano, contrario a los que proponen desde el campo popular que el verdadero  virus es el capitalismo.

Si seguimos su razonamiento, hay demasiados humanos en el mundo, contaminamos todo, derretimos los polos, extinguimos especies. Es cierto. Pero no es el ser humano per se, sino el modo de producción de este sistema que genera estas consecuencias terribles.

Si damos por bueno que el ser humano es el virus, entonces hay gente que sobra y que debe morir. Allí la cuestión se empieza a complicar: ¿quién decide quién muere y quién vive? Es un dejar morir y un hacer morir. Una necropolítica como señala el camerunés Achille Mbembe.

Se refuerza la xenofobia, el cierre de fronteras, el distanciamiento social, el aislamiento físico y moral. El temor al otro. El otro pasa a ser un agente contagiante y contagiado. Y uno mismo también. Todos pasan a ser potenciales enemigos.

Lo interesante de esto no es que ahora de manera “democrática” todos seremos discriminados o todos corramos con la misma suerte. No, todo lo contrario. Este miedo siempre será apuntado hacia los sectores marginados, a los pobres, los negros, los trans, los extranjeros, etc. Es un estigma que se les va a cargar sobre las espaldas sobre “los otros”, que ya les habían sido cargados.


Aquí, en Latinoamérica, se debe potenciar el pensar desde el Sur, con el Sur, mirando hacia el sur. No el sur por el sur en sí mismo. Sino por un conocimiento situado y un bagaje cultural, social y político que arrastramos desde hace más de 500 años. Debemos pensar y repensarnos desde este capitalismo atrasado, deforme y periférico, con nuestras propias claves y con nuestros propios ojos. Construir y deconstruir desde la epistemología hasta el arte.

La oportunidad que se le presenta -o más bien obliga- a las organizaciones políticas, sociales es a romper con viejos esquemas, desafiar a la imaginación, estirar sus límites. A todo pensamiento dogmático, a toda frase y axioma incuestionable, se le debe colocar, al principio y al final, un signo de interrogación.

Publicado originalmente en estrategia.la


* Licenciado en Psicología, Universidad de la República, Uruguay. Miembro de la Red Internacional
de Cátedras, Instituciones y Personalidades sobre el estudio de la Deuda Pública (RICDP). Analista
asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, estrategia.la)
No hay vacunas contra la desinformación: Hidroxicloroquina, la falsa cura del coronavirus

No hay vacunas contra la desinformación: Hidroxicloroquina, la falsa cura del coronavirus

TIEMPO DE LECTURA: 6 min.

POR SEGUNDO BLOOM*

Es complejo hablar de verdades en un contexto donde las teorías conspirativas brotan del suelo. Los movimientos anticuarentena viajan desde Michigan hasta la Plaza de Mayo y parece que para quienes militan contra el “nuevo orden mundial”, cuestionar la realidad ha ido incluso demasiado lejos. Pero existen cuestiones en las que uno no solo tiene que tener agallas para refutar una idea, sino que también debe tener bastante desconocimiento. Este es el caso de la medicina en épocas de coronavirus.

Durante los últimos meses, el debate sobre la hidroxicloroquina y la cloroquina, ha estado en auge en la mayoría de los medios del mundo. El mismo presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, aseguró que él hace uso de este fármaco, utilizado por médicos hace años para combatir el lupus y la artritis, junto a su análogo la cloroquina, que se utiliza contra la malaria o paludismo.

Durante el comunicado de prensa en la Casa Blanca, Trump dijo que ha escuchado “muchas cosas buenas” sobre estas drogas y su efecto contra el Covid-19, que “puede ser uno de los grandes cambios en la historia de la medicina”.  Basado en el asesoramiento del médico presidencial, se le permitió tomar hidroxicloroquina y zinc a diario. “Parece tener un impacto, y si no lo tiene, no te vas a enfermar y morir […] Llevo tomándolo una semana y media y aún sigo aquí”, finalizó. A causa de la insistencia del presidente estadounidense en el uso y recomendación de la hidroxicloroquina -como también lo hizo anteriormente con las inyecciones de desinfectante-, muchas instituciones científicas han salido a desmentir y concientizar sobre las consecuencias del uso de esta droga.

Fuente: Reuters

Luego de la problemática entre la utilización o no de los fármacos, la Organización Mundial de la Salud (OMS) dio un comunicado donde el director general de la organización, Tedros Adhanom Ghebreyesus, anunció que van a detenerse los ensayos clínicos con hidroxicloroquina en pacientes con coronavirus por el riesgo de esta droga y recomendó no usarla en pacientes con Covid-19.

El 22 de mayo la revista médica británica The Lancet publicó el mayor estudio sobre el uso de hidroxicloroquina, donde se hicieron análisis a 96.000 pacientes en 671 hospitales de todo el mundo. El trabajo se realizó en grupos que recibieron una medicación con hidroxicloroquina o cloroquina y se los comparó con otros grupos hospitalizados que no pasaron por este tratamiento.

El resultado concluyó que estos fármacos -o sus complementos- no son eficientes para combatir el Covid-19, e incluso pueden conducir a la aparición de problemas cardíacos graves. “Este es el primer estudio a gran escala que encuentra pruebas estadísticamente sólidas de que el tratamiento con cloroquina o hidroxicloroquina no beneficia a los pacientes con Covid-19”, publicaron.

No solo no ayuda, sino que empeora gravemente el riesgo de vida en los hospitales. Según la revista, de los medicados con alguna de las dos drogas, uno de cada seis pacientes había muerto. Cuando el tratamiento se combina con un macrólido, la tasa de mortalidad aumenta aún más: esto es uno de cada cinco en el caso de la cloroquina y casi uno de cada cuatro en el de la hidroxicloroquina. Es decir que, si la tasa de mortalidad normalmente es del 9.3%, al utilizarse estos medicamentos -sumado a demás factores médicos del paciente- la tasa podría aumentarse hasta en un 13,4%. “Sugerimos que estos fármacos no deben utilizarse como tratamiento para Covid-19 fuera de los ensayos clínicos” explicó el autor del estudio Mandeep Mehra, director ejecutivo del Centro de Enfermedades Cardíacas Avanzadas del Hospital Brigham and Women’s en Boston.

Además de las consecuencias negativas que la propaganda a favor de la hidroxicloroquina provoca y la imposibilidad de una campaña de salud pública homogénea, la avalancha de consumidores ha desabastecido los mercados y las empresas comenzaron a acumular los medicamentos a puertas cerradas, empujando al gobierno estadounidense a emitir restricciones de emergencia para la compra. Pero ninguna medida puede contra consumidores convencidos de que la salvación está al alcance de sus billeteras. Este accionar irresponsable ha llevado a la escasez de ambas drogas generando problemas graves para las personas que dependen de su uso en tratamientos ajenos al coronavirus.

Orden, progreso, libertad y verdades individuales

Ni los más rigurosos estudios médicos, ni las muchas precauciones de organismos internacionales pueden resguardarnos de las inquebrantables convicciones construidas sobre la desinformación y su inevitable esparcimiento. Esto es aún más preocupante cuando las ideas tienen consecuencias directas en la vida de las personas.

Luego de que Trump habilitara por medio de la FDA, organismo regulador de medicamentos en ese país, el uso de cloroquina e hidroxicloroquina y la producción en cantidad de la droga, algunos mandatarios afines a sus ideas replicaron las mismas medidas.

En Latinoamérica, el Ministerio de Salud de Brasil habilitó un protocolo sin aval de los médicos, donde permite la aplicación de cloroquina e hidroxicloroquina, solo con la condición de que el paciente sepa que puede morir o tener efectos colaterales graves. Jair Bolsonaro comentó al respecto vía Twitter: “Todavía no existe comprobación científica, pero está siendo usada con controles en el mundo. Estamos en Guerra. Peor que ser derrotado es sentir vergüenza de no haber luchado”. Luego de esto, el presidente brasileño informó que hace uso del fármaco como medida preventiva: “En mi caso particular, por mi historial de atleta, en el caso que fuera contaminado por el virus, no tendría que preocuparme, no sentiría nada, o como mucho, sería afectado por una gripecita o resfriadito

El peligro del discurso negacionista de la ciencia es más que evidente y desemboca tristemente en programas políticos que no hacen más que perjudicar la salud de los ciudadanos. En el caso de Brasil, el 17 de abril Bolsonaro destituyó a su ministro de Salud, Luiz Mandetta, y luego de tan solo 28 días en el cargo, el proclamado nuevo Ministro Nelson Teich, tuvo que renunciar por las presiones del presidente para habilitar la prescripción de la cloroquina a nivel nacional.

Ex Ministro de Salud, Nelson Teich. Fuente: NA

Por otro lado, la OMS dejó de recibir financiamiento de Estados Unidos a causa de las acusaciones de Donald Trump sobre la tendencia “Pro-China” del organismo internacional. Incluso, en los últimos días, llegó a tildar al Covid-19 como “el virus chino”, culpando a ese país por la lenta solución del problema y el contagio masivo en Estados Unidos, que ya cuenta con alrededor de 1.883.656 casos y más 108 mil muertes, siendo el país con más casos a nivel mundial, seguido por Brasil con casi 615 mil contagiados y más de 34 mil muertes.

Luego de varios meses de aislamiento social en el mundo y las espeluznantes cifras de muertes de aquellos desfavorecidos abandonados por sus gobiernos, resulta increíble para algunos escuchar discursos que defienden la pasividad del virus y el desprestigio a la ciencia con alternativas para nada verificadas. Las actividades en muchos países continúan sin siquiera inmutarse y parece que algunos tienden a asimilar la pandemia y los fallecidos como algo cotidiano. Incluso, algunos fervientes militantes de “la libertad” defienden la inexistencia del virus. Pero las diferencias entre quienes niegan porque no saben dónde mirar y quienes lo hace porque no quieren ver, parece no ser demasiado grande. Solo queda mantener el oído atento a lo que se escucha, verificar lo que se lee de manera crítica y confiar en los profesionales comprometidos a salvar las vidas y no tanto así, a quienes solo pretenden salvarse en las elecciones venideras.


* Criado en la llanura del grano de maíz y de soja. Transeúnte (des)esperado del mundo 
y militante de la mochila contra la valija. Estudiante de Comunicación Social y de Psicología
en la UNLP. Incorregible devoto de las verdades relativas.
 

Referencias:
Comunicado OMS: https://twitter.com/WHO/status/1264943375557353472?s=20
Investigación The Lancet:
https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(20)31180-6/fulltext

Violencia policial: la otra pandemia

Violencia policial: la otra pandemia

TIEMPO DE LECTURA: 5 min.

POR JUAN MARTÍN PALERMO*

La brutal golpiza a una familia de la comunidad Qom en Chaco fue el detonante de una serie de casos donde la policía ejerció violencia de manera feroz. El asesinato de Luis Armando Espinoza en Tucumán, las sospechosas muertes en comisarías de San Luis y el asesinato de Hugo Coronel en Santiago del Estero, son los últimos casos que evidencian que se requiere de manera urgente un cambio estructural en las fuerzas de seguridad.

Un grupo de policías, sin orden de allanamiento y en horas de la madrugada, entró de manera violenta en una vivienda habitada por una familia de la comunidad Qom en Fontana, provincia de Chaco. Les torturaron, humillaron y atacaron con golpes de puño, palos y patadas en la cabeza. Detuvieron a dos varones y dos mujeres -menores de edad-, a quienes luego abusaron sexualmente y rociaron con alcohol, amenazándolas con prenderlas fuego.

En los días siguientes, los policías seguían con sus funciones normalmente y hasta volvieron a caminar por el barrio donde habita la familia que fue agredida. Luego de la viralización de las filmaciones del hecho y del fuerte repudio por parte de la sociedad, fueron apartados de sus cargos, pero siguen en libertad.

Este hecho racista no es aislado. Desde el comienzo de la cuarentena se conocieron episodios de violencia policial contra integrantes de las comunidades indígenas, como el ataque con balas de plomo contra la comunidad Washek a principios de abril y las denuncias de malos tratos contra los habitantes del barrio Toba, en el marco del control de cumplimiento del aislamiento obligatorio.

La ministra de Justicia y Derechos Humanos, Marcela Losardo, repudió el ataque de las fuerzas policiales.

A una semana de haber desaparecido, apareció el cuerpo del obrero rural Luis Armando Espinoza el pasado 23 de mayo. Lo último que se sabía de él, era que había sido golpeado, junto con su hermano, por efectivos policiales en un “operativo de control” de la cuarentena. Lo encontraron en un barranco en la provincia de Catamarca, envuelto en plástico. Durante la autopsia, se encontró un proyectil de pistola 9 milímetros en el omóplato izquierdo. La extracción de la bala sirvió para dar cuenta de quién había efectuado el disparo que terminaría con la vida de Espinoza: el oficial José Morales.

Además de Morales, se encuentran procesados y detenidos el subcomisario Rubén Montenegro, los sargentos René Ardiles y Víctor Salinas, los cabos Claudio Zelaya y Miriam González, el agente Esteban Rojas González, el vigía ciudadano de la comuna Sergio Santillán, además de otro civil, que sería hermano de uno de los efectivos.

Gladys Herrera, la mamá del trabajador rural, agregó que “de la forma en que actuaron, con total frialdad, es seguro que ya estaban acostumbrados a la violencia y a la impunidad. Ahora tocaron fondo y merecen no salir nunca de la cárcel”. A su vez, pidió ayuda a través de redes sociales debido a que Espinoza era el único sostén económico de la familia.

En la provincia de San Luis, Florencia Magali Morales fue “encontrada muerta” en un calabozo de una comisaría de Santa Rosa de Conlara. En un principio, la causa era investigada como “suicidio”, pero la insistencia de la familia y de sus abogados sobre las irregularidades en la investigación y algunas declaraciones de testigos, fueron fundamentales para que se cambie la carátula a “averiguación de muerte”.

Santiago Calderón, abogado de la familia de Florencia Morales, agregó: “Hay testigos que estaban en esa comisaría que dicen que se escuchaban gritos, que pedía auxilio, que pedía un médico. Tantos eran los gritos de Magali que los vecinos de la comisaría se acercaban a ver lo que estaba pasando”.

A su vez, las contradicciones en el discurso construido por la policía permiten dudar aún más sobre la verosimilitud del hecho. En primer lugar, dijeron que había sido detenida porque circulaba a contramano en su bicicleta violando el artículo 205 sobre el aislamiento y que, por la finalización del número de su DNI, no podía salir ese día de su casa. Después, los uniformados señalaron que ella se presentó en la comisaría porque allí había un policía conocido y quería pedirle una tarjeta de débito para que pudiera retirar dinero del banco.  

Otro caso similar ocurrió el 24 de abril en Villa Mercedes (San Luis), donde encontraron ahorcado, también en un calabozo y también en apariencia por violar el artículo 205 en el marco del aislamiento obligatorio, a Franco Gastón Maranguello, de 16 años. Fue detenido en la puerta de su casa, supuestamente por violar la cuarentena, y dos horas después, cuando su madre se presentó a buscarlo en sede policial, le comunicaron que supuestamente se había suicidado. Queda en manos de la justicia investigar estos hechos y no garantizar la impunidad policial.

Ante estos hechos de público conocimiento, el PRO emitió un comunicado repudiando el crecimiento de la violencia institucional. Los precursores de la doctrina Chocobar, los que asesinaron a Rafael Nahuel y Santiago Maldonado, los que criminalizaron la pobreza y los pueblos originarios, y que a su vez, empoderaron a las fuerzas de seguridad, son los que ahora a raíz de un oportunismo político se posicionan “en contra” de este tipo de violencia estatal.

Comunicado PRO

Con el pretexto del aislamiento social, preventivo y obligatorio, la violencia policial, lejos de cesar, aumentó de manera exponencial. La gravedad de estos hechos pone en el eje de la discusión el rol de las fuerzas de seguridad. La violencia y la impunidad que llevan adelante se tolera cada vez menos y no sólo en Argentina, sino que también en otras partes del mundo como Estados Unidos con la creciente ola de protestas y en Chile con el estallido social de octubre del año pasado.

Se requiere de manera urgente una democratización de las fuerzas de seguridad, que cuestione el comportamiento actual y profundice en romper con el problema estructural que se apoderó de los diferentes aparatos represivos del Estado. Como afirma Alberto Fernández, esa sigue siendo la deuda de la democracia.


* Nació en Mendoza hace algunos años y ahora reside en la ciudad de las diagonales.
Piensa que las  tareas fundamentales del periodismo son denunciar las injusticias, ir en contra de
la opresión y luchar por la justicia social y la liberación de los pueblos. Le gusta viajar,
ama tomar vino en la montaña y es hincha de Boca. Defiende con el cuerpo la universidad pública.

Fuentes:
https://www.cels.org.ar/web/2020/06/chaco-violencia-policial-y-discriminacion-contra-comunidades-indigenas/
https://explicitoonline.com/muertes-en-comisarias-de-san-luis-hallan-ahorcado-a-otro-joven-bajo-custodia-policial/
https://www.pagina12.com.ar/269801-atroz-abuso-policial-en-chaco-contra-la-comunidad-qom
https://www.pagina12.com.ar/269912-brutal-ataque-policial-con-torturas-y-abuso-sexual-a-cuatro-
https://www.pagina12.com.ar/267571-aparecio-el-cuerpo-sin-vida-de-luis-armando-espinoza-tras-un
https://www.pagina12.com.ar/269487-fue-identificado-el-policia-tucumano-que-asesino-a-luis-arma
https://www.pagina12.com.ar/267804-pacto-policial-para-esconder-el-asesinato-de-luis-espinoza

¡Brasil acima de tudo!

¡Brasil acima de tudo!

TIEMPO DE LECTURA: 5 min.

POR LUCIANO MONTEFINALE

Como una copia del ‘America First’ de Trump y con una épica criminal, Bolsonaro somete al pueblo brasileño a uno de sus peores momentos históricos. Brasil y las democracias en Nuestra América. ¿Será mucho pedir que de esta salgamos con integración regional?


La nakba (catástrofe) palestina –recordada el pasado 15 de mayo– es la ocupación sionista que sufre desde 1948 con la creación del Estado de Israel en su territorio, provocando el desplazamiento de miles y, con el tiempo, la implementación de un apartheid que comete crímenes de lesa humanidad a diario desde hace 72 años.

La catástrofe brasileña –sin ningún ánimo de comparar, pero sin faltar a la verdad dadas las evidencias– es la ocupación del Estado por todos los poderes. Salvo el del pueblo, que más allá de unas elecciones no está representado por nadie allí. Esta es una característica que más o menos se repite en otros países, gobiernos de alianzas de minorías parasitarias donde los representados son los poderes mediáticos, judiciales, económicos y militares.

AFP 2020 / Michael Dantas

Que Brasil hoy sea el segundo país, después de EEUU, con mayor casos de contagio y el sexto en cantidad de muertos, tiene su explicación en la sucesión de hechos que desembocaron en Bolsonaro presidente. Acá me parece importante rescatar el rostro humano que muchas veces se pierde en el conteo frenético de números, pero que arroja imágenes –como las de las fosas comunes– que son escalofriantes, como lo son las declaraciones y actitudes del presidente, en total desapego por la vida de los y las brasileñas. 

A modo de denominador común, el virus profundizó las tendencias que los distintos países venían arrastrando. A Brasil lo agarró luego de un derrotero que comenzó en 2016 con la destitución de Dilma y la posterior crisis política e institucional, que tocó fondo por estos días al ser el único país en el mundo en el que –en plena pandemia– renunciaron dos ministros de Salud, en total oposición con las medidas adoptadas por su Presidente/Jefe.

La crisis en términos económicos antecede al COVID-19. Desde el desembarco del neoliberalismo con el gobierno de Temer, que limitó el gasto público por 20 años y metió reforma previsional, el achicamiento del Estado en el control de la economía redujo la producción y el desarrollo, mientras que por otro lado aumentó la deuda externa del 50% al 75% de su PBI. Las estimaciones del FMI para este año prevén una caída del 5,3% del PBI, la peor en su historia, y sitúan a la economía brasileña entre las que ‘peor funcionaría’ ante la crisis global.

¿Y la pandemia de gobiernos de derecha, cuándo entrará en discusión?

Quien suscribe estas palabras cree que el problema no son los nombres propios, sino los proyectos detrás, pero este caso es una excepción, ya que, a todo lo mencionado arriba se le suman las características personales de Bolsonaro, en las que no ahondaremos pero sí remarcaremos lo agravante de su existencia en el Palacio de Planalto, que motoriza movilizaciones y concentraciones de gente para exigir golpes de Estado contra el Supremo Tribunal Federal y el Congreso. Así como lo leen.

Además de continuar con la subestimación de los efectos del virus, la agitación a no cumplir con las medidas de aislamiento impuestas por los gobernadores, que a su vez son acusados de adoptar “medidas coercitivas extremas”, y la promoción del uso de cloroquina, droga que no está recomendada para tratar al COVID-19 y que, a partir de la campaña oficial, empezó a faltar en las farmacias y las personas que deben usarla para el tratamiento de otras enfermedades no las consiguen.

Al igual que Moro para condenar a Lula, Bolsonaro también carece de evidencias

La inestabilidad institucional se profundizó con la renuncia de Sérgio Moro al Ministerio de Justicia. El carcelero de Lula se fue de la cartera porque el presidente quería cesar al director de la Policía Federal, cercano a Moro, por las investigaciones que estaba llevando contra el clan Bolsonaro, desde el asesinato a Marielle Franco hasta la fábrica de fake news y el manejo paramilitar de las favelas. Al pegar el portazo prometió pruebas y este viernes el Supremo Tribunal Federal publicó una serie de videos de la reunión ministerial donde se ve a Jair Messias en su máxima/peor expresión.


“Esto se acabó. No voy a esperar a que jodan a toda mi familia ni a mis amigos esos canallas porque no puedo cambiar a alguien de Seguridad. Lo cambiaré. Y si no puedo cambiar al jefe, cambiaré al ministro”


A pedido de algunos legisladores, el STF le solicitó a la Fiscalía evaluar si era necesario incautar el teléfono personal de Bolsonaro, algo que al ministro del Gabinete de Seguridad, Augusto Heleno, le parece que va a tener “consecuencias impredecibles para la estabilidad nacional”.

Este nuevo escándalo desatado es otra incógnita más respecto al cumplimiento del mandato presidencial iniciado el 1 de enero de 2019. De todos modos, más allá de las derivaciones en las que pueda caer esta causa y las verdaderas implicancias que tengan en ella los videos, estas imágenes de un Bolsonaro exaltado y mostrando un liderazgo ficticio fortalecieron su ya de por sí fogoneada pandilla de fundamentalistas armados.


“Mira lo fácil que es imponer la dictadura (cuarentena) en Brasil, por eso quiero que la gente se arme. Llega una mierda de alcalde y le dice que se quede en casa. Si se hubieran armado, irían a la calle. Quiero que todos estén armados”


¿Cuál fue la respuesta de Bolsonaro a la publicación de los videos? Un tuit que dice: “- Brasil acima de tudo!”. No comments.

El Estado de derecho, la economía al servicio de la mayoría y la vida de la población, no son hoy las prioridades que se adivinan en esa “nueva normalidad” venidera, alejando, a su vez, todo tipo de sueño nuestro americano para paliar la crisis en unidad.

Las escasas opciones que se presentan para una salida de la crisis política –y todas las que esta acarrea– parecen ser, nuevamente, seguir cavando para salir del pozo. Es todo una incertidumbre, lo sé, no me voy a hacer el tirapostas, pero no se avizora en el corto plazo, en el país de mayor peso económico en la región, una expresión popular en el manejo del Estado que permita reencausar una integración regional y salvar a Brasil de la catástrofe brasileña.

Entre desafíos y certezas: construyendo soberanía científica

Entre desafíos y certezas: construyendo soberanía científica

TIEMPO DE LECTURA: 6 min.

Por Melina Cianis* y Victoria Rodríguez Zanchín**

Vivimos en una sociedad en la que la ciencia y la tecnología forman parte esencial de todos los ámbitos de nuestra vida cotidiana: desde nuestras formas de producción, nuestras prácticas en salud, alimentación y educación, hasta nuestra propia comunicación. La construcción de ese conocimiento científico es crucial para el funcionamiento de cualquier país, ya que permite desarrollar tecnologías para afrontar las diversas problemáticas territoriales.

Sabemos también que el desarrollo científico-tecnológico no es algo que se encuentra librado al azar, ni constituye un ente autónomo y autogestionado. Por el contrario, está relacionado directamente con decisiones políticas que se toman, dependiendo de las circunstancias e intereses puestos en juego, desde los gobiernos, instituciones, ministerios, y otra infinidad de entidades -y personas- involucradas.

Es ahí donde radica la importancia de poner en un primer plano la producción de conocimiento científico desde la estructura del Estado, no solo a través de su financiamiento como materia de inversión, sino también constituyendo al sector como una herramienta para la producción de políticas públicas que impliquen definiciones soberanas e independientes sobre cuáles son nuestras prioridades en temas de desarrollo tecnológico, algo fundamental para trazar el camino en la búsqueda de la sociedad que queremos construir y de un buen vivir para nuestros pueblos.

Hoy, el mundo se encuentra en medio de un imperativo ético y moral, en donde la definición de priorizar la economía o la vida de las personas está en manos de los gobiernos de los diferentes países. Nos encontramos atravesando una pandemia donde el fortalecimiento de las políticas de salud pública se torna crucial para enfrentar la situación de emergencia sanitaria. Nuestras defensas son bajas, y corremos a contrarreloj ya que el virus no anunció su llegada. En Argentina, les trabajadores de la salud, científiques, docentes y comerciantes están en la cancha jugando un partido que aún no hemos ganando. Las direcciones políticas son claras, y gracias a ellas estamos en una de las situaciones más controladas a nivel mundial, donde además de contener la enfermedad, le damos batalla ¿Pero quién es el equipo contrincante? ¿El virus? ¿A qué nos enfrentamos realmente?

Dos modelos de país salen a la superficie en este contexto de emergencia sanitaria: el de un país oprimido y a su vez opresor con su propio pueblo, dependiente del imperio y que aplica la misma fórmula de privatizaciones como moneda corriente y el ajuste como método de gobierno, que detiene hospitales y abre puertas a empresas multinacionales, que define la economía por sobre las vidas, un país de ricos para ricos; y en la contracara, un país con su propio horizonte de desarrollo, que apuesta a lo público como base de contención social, que construye un Estado presente y co-participativo, y que sin titubear prioriza las vidas por sobre la economía.

Ahora no es tan solo el virus, sino la obligación de que con él también enterremos al neoliberalismo que tantas vidas se ha llevado. La batalla es contra aquello que hace poco más de cuatro años tomaba el poder en Argentina y desmantelaba ministerios, reduciéndolos a Secretarías y dejando en una situación de extrema vulnerabilidad a todos los sectores que estaban bajo sus alas. El intento de privatización de ARSAT y la suspensión del ARSAT III, los hospitales parados y los insumos de salud estancados en depósitos, las tarifas cada vez más altas y los salarios cada vez más bajos, los recortes al CONICET y el desmantelamiento del sector científico-tecnológico, las graves condiciones edilicias de instituciones educativas, el desfinanciamiento a programas como Conectar Igualdad, y tantas otras cosas más, hoy nos dejan en una fuerte desventaja para combatir el virus. El enemigo, más que invisible, es tangible: lo enfrentamos cuando nos proponemos nuestra propia independencia, la que alcanzamos luchando por construir un país soberano.

La victoria de la fórmula Fernandez-Fernandez, demostró que el pueblo argentino trazaba un horizonte distinto, y evidenció la necesidad de construir espacios para el fortalecimiento y la consolidación de derechos humanos básicos para nuestra sociedad. Los ministerios de Ciencia, Tecnología e Innovación, de Salud, de las Mujeres, Géneros y Diversidad y de Educación, hoy se tornan imprescindibles para abordar esta emergencia sanitaria. 

El desarrollo de los respiradores artificiales, la impresión de máscaras 3D, los análisis del impacto social del aislamiento obligatorio, el diseño de modelos matemáticos de propagación de enfermedades son, entre tantos otros proyectos que se están llevando adelante, muestras concretas de que existe una decisión política de superar el mito liberal de la concepción meritocrática e individualista de la “libre investigación”, para poner de manifiesto la calidad de les intelectuales argentines y su disposición frente a las problemáticas sociales.

Tenemos la posibilidad de proyectar y fortalecer las bases estructurales necesarias para garantizar el cuidado de la población frente a cualquier adversidad. Argentina posee profesionales que se encuentran a la altura de llevar adelante soluciones concretas frente a las problemáticas territoriales. Tal es así, que nos encontramos según la Organización Mundial de la Salud, dentro de los países que pueden desarrollar una vacuna para darle fin a esta terrible pandemia. Nuestro desarrollo científico debe estar ligado, y tener como único horizonte, aportar a la construcción de un conocimiento situado. Roberto Salvarezza, ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación, nos propone este camino, y puso a toda la comunidad científica a trabajar frente a la contención del COVID-19.

“Es una crisis tremenda, un desastre sanitario que ha venido a ponernos ante el desafío de refundar el compromiso de la ciencia con la sociedad, y nos está dando la oportunidad de devolverle a ésta, aunque sea mínimamente, todo lo que ha invertido en nosotros. Se trata de un compromiso que se puso de manifiesto en la respuesta inmediata y eficiente de las científicas y los científicos de todo el espectro de disciplinas, derribando las falsas dicotomías que se quisieron instaurar o profundizar tiempo atrás, como la de ciencia útil y ciencia inútil, ciencias básicas y aplicadas, o duras y blandas. Hoy están todas al unísono respondiendo con celeridad para ocupar el lugar que les corresponde, al servicio que le debemos a la sociedad” afirmó Gloria Chicote, directora del CONICET La Plata.

Algunos días atrás, Roberto Salvarezza anunciaba el desarrollo, por parte de un equipo de científiques argentines encabezado por la viróloga Andrea Gamarnik, del primer test serológico para el coronavirus SARS-Co-V-2, un producto 100% nacional, el COVIDAR IgG. Este avance nos permite librarnos de la dependencia de los kits provenientes de Estados Unidos o de Europa, que poseen un costo mayor y limitan la capacidad de aplicaciones por semana. El desarrollo científico soberano se consolida como un pilar fundamental para llevar adelante la construcción de políticas que hagan a una mejora sustancial de la calidad de vida de nuestro pueblo.

Asimismo, se anunció un aporte relevante para las estrategias de control de la pandemia: la construcción del nuevo kit de testeo rápido para detectar el coronavirus SARS-Co-V-2, en un desarrollo exclusivamente nacional, con una producción sencilla y de bajo costo, que permite realizar hasta cincuenta mil testeos por semana. El NEOKIT-COVID-19, primer test molecular argentino para la identificación del virus, se constituye como un logro más de la producción científico-tecnológica, para combatir la pandemia y responder a una demanda mundial. “Que Argentina pueda realizar sus propios test es una muestra de soberanía sanitaria, de soberanía científico-tecnológica y un ejemplo de la capacidad que tienen los científicos de nuestro país, que en 45 días pudieron desarrollar un producto 100% nacional. Esta situación pone de relieve que con buenas políticas es posible hacer foco, articular y estructurar el sistema de ciencia en torno a la resolución o a la atención de problemas que puede tener nuestro país” destacó Salvarezza.

Hoy en día, el primer objetivo de la Ciencia y la Tecnología se centra en responder de manera inmediata a la emergencia social, poniendo de manifiesto el rol político protagónico que tiene este sector, llevando adelante en conjunto con el Gobierno nacional, políticas estatales que emerjan frente a problemáticas sociales. Este contexto tan adverso, nos abre la posibilidad de redimensionar al desarrollo científico-tecnológico como política de Estado, debiendo resignificar el rol social y económico del conocimiento situado, acompañado por un proyecto de país que busque consolidar las herramientas necesarias para pasar de ser trinchera, a ser un faro en la constitución de los pueblos libres y soberanos de Nuestramérica.


* Estudiante de Botánica de la FCNyM, UNLP y militante del campo nacional y popular
** Estudiante de Zoología de la FCNyM, UNLP y militante del campo nacional y popular.
Bolsonaro en offside

Bolsonaro en offside

TIEMPO DE LECTURA: 7 min.

Por Maia Cubric*

Jair Bolsonaro plantea la vuelta del fútbol como un beneficio para la sociedad. ¿A qué está ligado este interés? ¿Se debe solamente a la implicancia económica del mismo? ¿O es una estrategia para afianzar su posición reticente frente al aislamiento?

La paralización del mundo del deporte, con lo que eso implica social y económicamente, es un tema que actualmente está en la agenda mediática. En este contexto, donde se visualizan más claros los intereses de fondo de cada posicionamiento político, el lugar que se le concede al fútbol, y cómo se lo concibe, aporta varias aristas al análisis. Lo que sucede en Brasil puede servir como ejemplo para graficar al campo del fútbol como un espacio en constante disputa.

Brasil es el noveno país del mundo con más casos de Covid-19, tiene más de 100.000 contagiades, y a Jair Bolsonaro eso parece no importarle porque constantemente se “burla” del virus. Sin ir más lejos, hace tres días, el presidente se expresó a favor de la vuelta del fútbol, desconociendo el cuidado colectivo como estrategia frente a la pandemia, que ya se cobró la vida de 7921 personas en el país.

El fútbol: expresión y herramienta política

En un breve repaso por las nefastas declaraciones que realizó el presidente, es clave tener en cuenta que siempre tomó esa posición en lo que al fútbol y la continuidad de los torneos respecta. El 15 de marzo declaró que “cuando se prohíben partidos de fútbol, entre otras cosas, se cae en la histeria, a mi entender, y yo no quiero eso”. Lo paradójico de esa frase radica en que a Bolsonaro pareció no importarle nunca la tranquilidad de su pueblo, salvo en ese caso en el cual es el argumento para su interés. El posicionamiento de Bolsonaro respecto al fútbol, se puede interpretar desde diversos lugares: en primer lugar, es evidente que está estrechamente relacionado a la importancia económica que recae en el cese de actividades. En segundo lugar, la vuelta del fútbol implicaría la flexibilización de distintas medidas de seguridad respecto al aislamiento, a las cuales Bolsonaro se opuso desde el primer día.

En ese mismo momento, en el que el presidente hacía estas polémicas declaraciones, los jugadores y directivos de Gremio salían a la cancha con barbijos para protestar que estaban poniendo en juego su salud por intereses o caprichos particulares, en un contexto mundial que requiere la construcción colectiva. Tratar a les futbolistas solamente como instrumentos de entretenimiento para la población, es inhumano. Sin embargo, no está alejado de la concepción que tienen los gobiernos neoliberales sobre el pueblo, que para ese orden representa un número más.

Pese a idas y vueltas, y en relación con las medidas a nivel mundial, las distintas competiciones y torneos de Brasil, fueron suspendidas a mediados de marzo.

¿Y ahora?

A medida que crecieron abismalmente los casos de contagiades y muertes en el país vecino, Bolsonaro reafirmó su posición, pero esta vez expresando que el fútbol debía volver “para proteger los empleos y la economía“. Esa dicotomía que señala que economía y salud son asuntos separados y que por ende se tiene que elegir por cuál abogar, carece de sentido. Salvo para este sistema capitalista que busca expandir la primera, a costa de la destrucción de la segunda.

Lo cierto es que Bolsonaro se mostró desde el primer día reticente a declarar el aislamiento y pretendió que el ritmo de vida y producción humano no cambiase de curso ni en un contexto que lo obligue. Esta decisión política es la que llevó a Brasil a estar cavando fosas comunes y contando las muertes como números, y de la cual Bolsonaro no retrocede porque ahora suma el componente del fútbol, para presionar los aislamientos sociales que cada departamento declaró.

El miércoles pasado Bolsonaro prometió, mientras paseaba con la remera del Palmeiras en la residencia presidencial, que permitiría que se vuelva a jugar al fútbol. El lunes, en una rueda de prensa, declaró: “Las autoridades del fútbol han entrado en contacto conmigo. Si depende de mi voto, lo apruebo. Lógicamente, con el respaldo técnico del Ministerio de Sanidad, que creo que será favorable a que vuelvan los entrenamientos”. Acto seguido se presentó en un acto en Brasilia, sin barbijo como acostumbra para deslegitimar el virus, y crítico las medidas de confinamiento social.

En una entrevista a Radio Guaiba se lo escuchó decir, entre otras cosas que“la decisión de reanudar el fútbol”no era suya,“pero podemos ayudar” y que “hay mucha gente en el fútbol que está a favor de una reanudación, porque el desempleo va a tocar también a la puerta de los clubes“. Sin embargo el Bolsonaro que quiere resguardar la situación de los clubes, y se vende como solidario, es el mismo ignora todas las problemáticas económicas, políticas y sociales de su pueblo. Entonces, su interés desmedido por la vuelta del fútbol, responde a un patrón de conveniencia. Para terminar el tema en la rueda de prensa, y como ya es costumbre, expresó su comentario estigmatizante: “Los futbolistas, si se infectan con el virus, tienen una probabilidad muy baja de morir. Y eso es debido a su estado físico, porque son atletas”.

A su vez el presidente informó que el ministro de salud, Nelson Teich, emitiría una sugerencia para que los partidos se reanuden. El otro responsable que Jair Bolsonaro designó para organizar la reanudación de las actividades deportivas fue Marcelo Magalhães, secretario de Deportes del Ministerio de Ciudadanía. El presidente les encargó explícitamente que trabajen en conjunto con la Confederación Brasilera de Fútbol (CBF).

El jueves pasado, dicha confederación (CBF), envió al ministro sugerencias sobre pasos a seguir ante una posible reanudación.En relación a esto, Teich declaró “Todavía estamos estudiando, pero son iniciativas que podrían mejorar la rutina de las personas, porque el confinamiento tiene un impacto muy negativo en el bienestar de la población”. El viernes, el Ministerio de Salud de Brasil comunicó que “es favorable el retorno de las actividades del fútbol, en tanto que sean atendidas todas las medidas que sean presentadas en este parecer”.

La posible vuelta del fútbol implicaría en Brasil una serie de medidas que organicen dicha situación. Teniendo en cuenta que el sistema de salud brasilero está desbordado y que no hay siquiera disponibilidad de pruebas de testeo rápido, el punto de partida es caótico. Bolsonaro propone, ahora, tener las precauciones por las que nunca invirtió ni tiempo ni dinero cuando debía hacerlo. Es que no le interesa la salud del pueblo, sino cumplir con las medidas que le piden para el regreso del fútbol. Entonces, mientras promulgan la importancia de este cuidado colectivo, hace semanas que ignoran a les médiques que protestan porque carecen de recursos y protección para llevar a cabo su trabajo.          

Según el Ministerio de Salud, les futbolistas deberán ser testeades antes de cada partido y permanecer a no menos de dos metros de distanciamiento. En la situación actual de Brasil, con un brutal desfinanciamiento al sector público, hacerse un test es un privilegio que exige el pueblo brasilero y que solamente se le otorga a los futbolistas para continuar el espectáculo.Si bien no existe fecha fija aún para la vuelta del fútbol, es cada vez más un hecho a nivel nacional, pero que cada departamento deberá evaluar según la particularidad de su situación. Obviamente, se habla de encuentros sin público presente.

¿Se puede estar a favor?

Aunque parezca irrazonable, existen quienes se declararon a favor del regreso a las canchas. Obviamente respaldando sus intereses concretos. Uno de los principales defensores de que se anule la suspensión de los campeonatos es el presidente del Atlético Paranaense, Mário Celso Petraglia, el cual, no es menor destacar, hizo la campaña política por Bolsonaro en 2018. El argumento que presenta es que “si el fútbol no vuelve cuanto antes, los clubes, incluidos los grandes, entrarán en colapso económico”.

Ayer, por otra parte, el presidente del Porto Alegre, Marcelo Medeiros declaró que “Los jugadores que no quieran jugar pueden renunciar”, obligando directamente a les futbolistas a aceptar o ser expulsades. Y agregó: “Estoy seguro de que todos quieren trabajar. Otro problema que enfrentamos ahora es el tema económico. Los jugadores que no quieran jugar pueden renunciar. Si se abre la posibilidad de que el fútbol regrese, cumplirá el contrato que firmó”.

Nadie sale campeón sole

Pese a la imposición directa de Jair Bolsonaro y sus aliados en el mundo del deporte, ayer, jugadores de distintos equipos como Flamengo, Corinthians, Vasco da Gama, Fluminense, Cruzeiro, se expresaron en contra de la vuelta del fútbol. Así, la Federación Nacional de atletas Profesionales del Fútbol (FENAPAF), sacó un vídeo que tiene como mensaje central el cuidado colectivo de la salud y en el que participaron distinto jugadores reconocidos como Felipe Melo, Cassio y Diego. Allí, concretamente expresan “Estamos acá y necesitamos ser escuchados con atención, al fin y al cabo somos una democracia […] Pero necesitamos pensar en la salud todos nosotros”.        

A su vez, este miércoles, el capitán de la selección brasileña de futbol, Daniel Alves, se posicionó en contra de la idea el regreso y me recomendó a Bolsonaro “pensar en el bienestar del pueblo“. Además agregó que “son muchas familias y muchas personas trabajando en pos del combate contra esa pandemia” y que por ende,“usted, como la persona más importante de este país, debería también pensar en el bienestar de nuestro país y de nuestro pueblo”.

Queda claro, entonces, que los interés de la derecha se reflejan en todos los ámbitos que componen a un país, y el fútbol como actor social que moviliza masas, y por ende economía, ocupa un lugar central. ¿Se volverá a jugar al fútbol en Brasil en medio de una crisis sanitaria global? ¿Qué va a implicar la reestructuración mundial posterior a esta pandemia en el deporte? ¿Cómo pensar un fútbol al servicio del pueblo? En primer instancia entendiendo que nadie sale campeón sole y que el deporte es un espacio para pensar y construir desde la colectividad.


* Periodista, conductora del programa La Marea (Radio Futura - FM 90.5), columnista del programa No Se Mancha (Radio Estación Sur – FM 91.7), colaboradora de Revista Trinchera y de Agencia Timón.
Periodismo activista en tiempo de feminismos

Periodismo activista en tiempo de feminismos

TIEMPO DE LECTURA: 5 min.

Por Floren Luengo*

Negar la existencia de las mujeres, lesbianas y otras identidades
vulneradas por el patriarcado, negar el modo en que los temas
que se tratan en los medios hacen a la coyuntura sin tener
perspectiva de género reproduce opresión y distorsiona
lo que sucede cotidianamente en las calles, casas y escuelas.
Hace que las noticias se cuenten mal, que no se puedan
entender los modos que opera la economía.

Marta Dillon [1]

El periodismo feminista no sólo se origina desde la academia, sino también en toda aquella persona u organización que levanta sucesos de sus barrios, de la calle, de comedores, bibliotecas populares, juntas vecinales e infinitos otros lugares desde donde comunicar y hacer de la cotidianeidad un hecho social con historia.

En este marco no solo implica que sea una práctica de mujeres para mujeres, sino que comprende una visión analítica de la realidad la cual desnuda las tramas de poder, el sistema de opresión y desigualdad, y concibe a las personas como sujetas políticas de derecho. De modo que las denuncias y reivindicaciones son ejes primarios de su puesta en acción.

El camino de la profesión feminista

Hartas de leer y escuchar cómo educar a las niñas para que sean buenas madres, qué lugar es el deseado por otros para ellas, así como los mil y un consejos de belleza que se transmiten en la prensa hegemónica local y mundial, en Argentina los grupos organizados de mujeres manifiestan sus voces y deciden mostrarse como sujetas políticas de un tiempo y espacio determinado.

Marcando un hito histórico de la profesión, Petrona Rosende de la Sierra (uruguaya nacionalizada argentina), es la primera periodista de Argentina y fundadora de un diario en Nuestra América: La Aljaba (1830- 1831). El nombre significa el estuche donde las guerreras guardaban sus flechas. La idea se establece en un clima de guerra civil durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas. Pensemos que para la Argentina de ese entonces, el periódico debatía la educación, religión, política y liberación femenina.

De modo que en medio de guerras, de unitarios y federales, de impuestos a los grandes terratenientes, las mujeres están denunciando la falta de derechos, la defensa por los derechos humanos de todos y todas las habitantes, las libertades de pensamiento, el cese de la violencia, así como la necesidad de ser parte de las decisiones políticas de un país. Es clara la intención de ejercer el periodismo desde ellas mismas, cuyos relatos se encuentran reflejados en vivencias colectivas de muchas otras mujeres.

Algo interesante es que solo pocas de ellas gozaban del privilegio de leer y escribir, por lo que la profesión también estaba pensando, estimo, en la escritura de relatos destinados a las lecturas colectivas. Por ejemplo: las mujeres migrantes, trabajadoras domésticas que tenían a cargo niñeces, se reunían, y la que sabía leer porque su “patrón/patrona” le había enseñado, leía para todas. De modo que, la apropiación de la lectoescritura ha sido clave para la emancipación de las mujeres en este sistema heteropatriarcal.

Avanza el tiempo y el pensamiento heterogéneo y colectivo de las mujeres toma otra forma: las revistas. Nuestra Causa (Buenos Aires, 1919-1921), Vida Femenina (Buenos Aires, 1933-1942) y Acción Femenina (Santiago, 1922-1939) son ejemplos de ello. Ellas representan los discursos de mujeres organizadas en asociaciones o partidos políticos[2] mediante entrevistas, artículos de discusión, crítica literaria, información de actividades de las organizaciones feministas y notas de prensa de interés para el movimiento.

Parece ser, entonces, que el periodismo feminista introduce una nueva noción al acto de producir y reproducir hechos sociales. Tiene una innovadora capacidad de tomar las vivencias personales y domésticas de las mujeres y volcarlas al acto público, instalando otra manera de leer el mundo en la agenda mediática. “Se trata de una identidad que se enuncia en forma de manifiesto”, como afirma la periodista feminista Florencia Alcaráz.

Aquí y ahora: periodismo organizado

En la actualidad, las estrategias que se utilizan en el diverso mundo del periodismo y la comunicación feminista engloba experiencias como “Altavoz: Mujeres haciendo política”. Se trata de charlas entre periodistas y entrevistadas como Graciela Camaño, Miriam Bregman, Gisela Marziotta, Romina Del Plá y Ofelia Fernández. Este grupo de Periodistas Argentinas nació en 2018 al ritmo de la marea verde que reivindica, entre otras cosas, la Ley del aborto seguro, legal y gratuito.

En el mismo año, la organización Periodistas Unidas nace con la iniciativa de denunciar, bajo el lema “No nos callamos más”, los acosos recibidos en el mundo del periodismo deportivo, que califican como “muy machista”. La periodista Carolina Andamo, aseguró que para muchos de sus compañeros varones de trabajo “es raro que una mujer se siente y analice un partido de fútbol o redacte una noticia deportiva“.

Respecto a la comunicación popular, el funcionamiento de las radios comunitarias en Argentina, nucleadas en Foro Argentino de Radios Comunitarias (FARCO), están protagonizadas generalmente por mujeres muy jóvenes. En el año 2019 fue el Primer Encuentro de Mujeres y Géneros de la Red y entre las conclusiones, las compañeras destacaron que en momentos de angustia y sufrimiento del pueblo, son las mujeres las que ponen el cuerpo para salir adelante, así como en el campo de la disputa cultural y de la comunicación popular.

Por su parte, la periodista Diana Zuarzo, trabajadora de la TV Pública, el pasado 26 de marzo de 2020, junto al Presidente Alberto Fernández, preguntó en un canal estatal acerca de la población trans en Argentina: situación diaria, cupo laboral, también la crisis habitacional y de sanidad en la que viven cotidianamente.

No fue magia, dicen las peronistas. Todas esas experiencias significan logros de una disputa constante. La historia ha comenzado con la denuncia y la erradicación de toda forma de violencia en la humanidad, y hasta que ello no acontezca, cada vez seremos más las personas que innovemos en las maneras de comunicar para transformar el mundo en el que vivimos. Ante esto, es extensiva la demanda de formación con perspectiva de género a las profesiones que trabajen sobre los sentidos y modos de pensar que se transmiten e instalan en la sociedad.


* Periodista, columnista del programa La Marea (Radio Futura – FM 90.5), responsable de la sección Feminismos de Revista Trinchera, editora del portal Luchelatinoamérica y colaboradora de Agencia Timón.

Fuentes:

[1] Por un periodismo feminista. Feminacida. Link: https://feminacida.com.ar/por-un-periodismo-feminista-2/

[2] En Argentina, Nuestra Causa se asocia a la Unión Feminista Nacional junto con la producción de las militantes del Partido Feminista Nacional y de las feministas socialistas; Vida Femenina se asocia a la sección femenina del Partido Socialista. Valles Ruiz, y Castelli Olvera (s/f). Prensa y feminismo en América Latina en las primeras décadas del siglo XX.

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