Entre desafíos y certezas: construyendo soberanía científica

Vivimos en una sociedad en la que la ciencia y la tecnología forman parte esencial de todos los ámbitos de nuestra vida cotidiana: desde nuestras formas de producción, nuestras prácticas en salud, alimentación y educación, hasta nuestra propia comunicación.

Por Melina Cianis* y Victoria Rodríguez Zanchín**

Vivimos en una sociedad en la que la ciencia y la tecnología forman parte esencial de todos los ámbitos de nuestra vida cotidiana: desde nuestras formas de producción, nuestras prácticas en salud, alimentación y educación, hasta nuestra propia comunicación. La construcción de ese conocimiento científico es crucial para el funcionamiento de cualquier país, ya que permite desarrollar tecnologías para afrontar las diversas problemáticas territoriales.

Sabemos también que el desarrollo científico-tecnológico no es algo que se encuentra librado al azar, ni constituye un ente autónomo y autogestionado. Por el contrario, está relacionado directamente con decisiones políticas que se toman, dependiendo de las circunstancias e intereses puestos en juego, desde los gobiernos, instituciones, ministerios, y otra infinidad de entidades -y personas- involucradas.

Es ahí donde radica la importancia de poner en un primer plano la producción de conocimiento científico desde la estructura del Estado, no solo a través de su financiamiento como materia de inversión, sino también constituyendo al sector como una herramienta para la producción de políticas públicas que impliquen definiciones soberanas e independientes sobre cuáles son nuestras prioridades en temas de desarrollo tecnológico, algo fundamental para trazar el camino en la búsqueda de la sociedad que queremos construir y de un buen vivir para nuestros pueblos.

Hoy, el mundo se encuentra en medio de un imperativo ético y moral, en donde la definición de priorizar la economía o la vida de las personas está en manos de los gobiernos de los diferentes países. Nos encontramos atravesando una pandemia donde el fortalecimiento de las políticas de salud pública se torna crucial para enfrentar la situación de emergencia sanitaria. Nuestras defensas son bajas, y corremos a contrarreloj ya que el virus no anunció su llegada. En Argentina, les trabajadores de la salud, científiques, docentes y comerciantes están en la cancha jugando un partido que aún no hemos ganando. Las direcciones políticas son claras, y gracias a ellas estamos en una de las situaciones más controladas a nivel mundial, donde además de contener la enfermedad, le damos batalla ¿Pero quién es el equipo contrincante? ¿El virus? ¿A qué nos enfrentamos realmente?

Dos modelos de país salen a la superficie en este contexto de emergencia sanitaria: el de un país oprimido y a su vez opresor con su propio pueblo, dependiente del imperio y que aplica la misma fórmula de privatizaciones como moneda corriente y el ajuste como método de gobierno, que detiene hospitales y abre puertas a empresas multinacionales, que define la economía por sobre las vidas, un país de ricos para ricos; y en la contracara, un país con su propio horizonte de desarrollo, que apuesta a lo público como base de contención social, que construye un Estado presente y co-participativo, y que sin titubear prioriza las vidas por sobre la economía.

Ahora no es tan solo el virus, sino la obligación de que con él también enterremos al neoliberalismo que tantas vidas se ha llevado. La batalla es contra aquello que hace poco más de cuatro años tomaba el poder en Argentina y desmantelaba ministerios, reduciéndolos a Secretarías y dejando en una situación de extrema vulnerabilidad a todos los sectores que estaban bajo sus alas. El intento de privatización de ARSAT y la suspensión del ARSAT III, los hospitales parados y los insumos de salud estancados en depósitos, las tarifas cada vez más altas y los salarios cada vez más bajos, los recortes al CONICET y el desmantelamiento del sector científico-tecnológico, las graves condiciones edilicias de instituciones educativas, el desfinanciamiento a programas como Conectar Igualdad, y tantas otras cosas más, hoy nos dejan en una fuerte desventaja para combatir el virus. El enemigo, más que invisible, es tangible: lo enfrentamos cuando nos proponemos nuestra propia independencia, la que alcanzamos luchando por construir un país soberano.

La victoria de la fórmula Fernandez-Fernandez, demostró que el pueblo argentino trazaba un horizonte distinto, y evidenció la necesidad de construir espacios para el fortalecimiento y la consolidación de derechos humanos básicos para nuestra sociedad. Los ministerios de Ciencia, Tecnología e Innovación, de Salud, de las Mujeres, Géneros y Diversidad y de Educación, hoy se tornan imprescindibles para abordar esta emergencia sanitaria. 

El desarrollo de los respiradores artificiales, la impresión de máscaras 3D, los análisis del impacto social del aislamiento obligatorio, el diseño de modelos matemáticos de propagación de enfermedades son, entre tantos otros proyectos que se están llevando adelante, muestras concretas de que existe una decisión política de superar el mito liberal de la concepción meritocrática e individualista de la “libre investigación”, para poner de manifiesto la calidad de les intelectuales argentines y su disposición frente a las problemáticas sociales.

Tenemos la posibilidad de proyectar y fortalecer las bases estructurales necesarias para garantizar el cuidado de la población frente a cualquier adversidad. Argentina posee profesionales que se encuentran a la altura de llevar adelante soluciones concretas frente a las problemáticas territoriales. Tal es así, que nos encontramos según la Organización Mundial de la Salud, dentro de los países que pueden desarrollar una vacuna para darle fin a esta terrible pandemia. Nuestro desarrollo científico debe estar ligado, y tener como único horizonte, aportar a la construcción de un conocimiento situado. Roberto Salvarezza, ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación, nos propone este camino, y puso a toda la comunidad científica a trabajar frente a la contención del COVID-19.

“Es una crisis tremenda, un desastre sanitario que ha venido a ponernos ante el desafío de refundar el compromiso de la ciencia con la sociedad, y nos está dando la oportunidad de devolverle a ésta, aunque sea mínimamente, todo lo que ha invertido en nosotros. Se trata de un compromiso que se puso de manifiesto en la respuesta inmediata y eficiente de las científicas y los científicos de todo el espectro de disciplinas, derribando las falsas dicotomías que se quisieron instaurar o profundizar tiempo atrás, como la de ciencia útil y ciencia inútil, ciencias básicas y aplicadas, o duras y blandas. Hoy están todas al unísono respondiendo con celeridad para ocupar el lugar que les corresponde, al servicio que le debemos a la sociedad” afirmó Gloria Chicote, directora del CONICET La Plata.

Algunos días atrás, Roberto Salvarezza anunciaba el desarrollo, por parte de un equipo de científiques argentines encabezado por la viróloga Andrea Gamarnik, del primer test serológico para el coronavirus SARS-Co-V-2, un producto 100% nacional, el COVIDAR IgG. Este avance nos permite librarnos de la dependencia de los kits provenientes de Estados Unidos o de Europa, que poseen un costo mayor y limitan la capacidad de aplicaciones por semana. El desarrollo científico soberano se consolida como un pilar fundamental para llevar adelante la construcción de políticas que hagan a una mejora sustancial de la calidad de vida de nuestro pueblo.

Asimismo, se anunció un aporte relevante para las estrategias de control de la pandemia: la construcción del nuevo kit de testeo rápido para detectar el coronavirus SARS-Co-V-2, en un desarrollo exclusivamente nacional, con una producción sencilla y de bajo costo, que permite realizar hasta cincuenta mil testeos por semana. El NEOKIT-COVID-19, primer test molecular argentino para la identificación del virus, se constituye como un logro más de la producción científico-tecnológica, para combatir la pandemia y responder a una demanda mundial. “Que Argentina pueda realizar sus propios test es una muestra de soberanía sanitaria, de soberanía científico-tecnológica y un ejemplo de la capacidad que tienen los científicos de nuestro país, que en 45 días pudieron desarrollar un producto 100% nacional. Esta situación pone de relieve que con buenas políticas es posible hacer foco, articular y estructurar el sistema de ciencia en torno a la resolución o a la atención de problemas que puede tener nuestro país” destacó Salvarezza.

Hoy en día, el primer objetivo de la Ciencia y la Tecnología se centra en responder de manera inmediata a la emergencia social, poniendo de manifiesto el rol político protagónico que tiene este sector, llevando adelante en conjunto con el Gobierno nacional, políticas estatales que emerjan frente a problemáticas sociales. Este contexto tan adverso, nos abre la posibilidad de redimensionar al desarrollo científico-tecnológico como política de Estado, debiendo resignificar el rol social y económico del conocimiento situado, acompañado por un proyecto de país que busque consolidar las herramientas necesarias para pasar de ser trinchera, a ser un faro en la constitución de los pueblos libres y soberanos de Nuestramérica.


* Estudiante de Botánica de la FCNyM, UNLP y militante del campo nacional y popular
** Estudiante de Zoología de la FCNyM, UNLP y militante del campo nacional y popular.

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