El pasado 8 de junio el ex ministro del Interior y Transporte Florencio Randazzo dijo tras reunirse con la embajadora israelí Galit Ronen: “La Argentina y el Estado de Israel son países hermanos y como tales debemos pensar y trabajar por un futuro común”.
El encuentro tuvo lugar en el restaurante de cocina argentina e israelí contemporánea Fayer, ubicado en el barrio porteño de Palermo.
Luego de que Argentina ratificara su voto en la ONU en contra del gobierno de Benjamín Netanyahu, Randazzo decidió demostrar su disconformidad con la postura planteada por el gobierno del Frente de Todos.
Parece que Randazzo insiste en la provocación y buscará presentarse en las próximas elecciones de septiembre. Parecería ser el comienzo de su campaña, donde se movilizará por varios lugares para acompañar su postulación.
Randazzo apuesta a la división aún más, como hizo en el año 2017, enfrentando a Cristina Fernández de Kirchner. Además, pocos lo saben, él es un admirador del Estado de Israel, al cual considera un “estado moderno”.
El dirigente político sionista reapareció meses atrás con una declaración política, que impactó en el tablero político. A las charlas por Zoom con participación exclusiva de militantes y líderes que no están alineados ni con el Frente de Todos ni con Juntos por el Cambio, le sumó una serie de encuentros públicos con Roberto Lavagna, la presidenta del Partido Socialista, Mónica Fein, y referentes sociales, de la sociedad civil y del ámbito de la salud.
El objetivo es avanzar en la creación de una “coalición política” con mirada de largo y mediano plazo “para superar la grieta” y los antagonismos que protagonizan el macrismo y el kirchnerismo.
Con esta idea de “superar la grieta”, Randazzo se suma al barco de la confusión tendenciosa. Su admiración hacia el sionismo de por sí ya es lamentable. Tiene que recordar que Israel no es ningún país hermano, sino un régimen colonialista, genocida y títere del imperialismo. Además, Randazzo se enojó porque el Frente de Todos “votó a favor del grupo terrorista de Hamas en la ONU”. Randazzo no conoce nada de la historia de lucha del pueblo palestino ni del Hamas. Tampoco dice nada acerca de que el régimen sionista israelí vota junto a Estados Unidos y Gran Bretaña en contra de Argentina por el caso de las Malvinas, mientras el pueblo palestino siempre se mostró solidario con el pueblo argentino en el contencioso de las islas del Atlántico Sur.
Randazzo apuesta a tomar la agenda de la derecha. Parece que se viene nuevos Zoom con la derecha venezolana, con la derecha nicaragüense y por ahí con la sucia OEA. Randazzo, el sionista parece que quiere presentarse como la nueva derecha “antigrieta”. Sus pasos son osados. Pero no hay que perder su trayecto traidor.
Mauricio Piñero
Cuentan las crónicas que nació como el hijo de nadie. Luchando por la Patria Grande, como Internacionalista y antiimperialista. Tripero de alma y cuerpo, siempre junto a la patriada barrial. La historia descolonizada es mi pasión como docente de la Escuela Pública y de los barrios. Las noticias sobre los pueblos que luchan como forma de viajar hacia una verdadera justicia social global.
El presidente Alberto Fernández ha pronunciado, en una reunión internacional, una falsedad manifiesta que procede de los vestigios que aún siguen del eurocentrismo y el colonialismo blanco. Es esa raigambre que alardea del origen europeo de la población argentina, colocando al margen a los pueblos originarios y a otros grupos sociales de nuestra sociedad.
El presidente Alberto Fernández afirmó este miércoles que los argentinos “llegamos de los barcos”, a diferencia de los brasileños que provienen de “la selva” y los mexicanos que descienden de los indios.
Fernández incurre así en una antigua falacia que se ha creado desde la historiografía liberal mitrista y oligárquica, la de construir la idea de Argentina como un “país blanco europeo”.
Pero también al hablar de “los barcos” se piensa en los veleros y vapores de la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX. Nadie piensa en los buques que, mucho antes, llegaban con sus bodegas repletas de esclavos, afrodescendientes que la cultura historiográfica blanca se encargó de “desaparecer” de nuestra historia argentina.
De más está decir de que Argentina, como el resto de los países de América (no sólo latino-caribeña), es un país de pasado pluricultural. Si bien en tierras argentinas actuales no se desarrollaron culturas estatales significativas como el caso de los azteca e inca, en México y Perú, respectivamente, las culturas diversas de pueblos originarios desde Jujuy a la Patagonia tienen sus legados. Los esclavos africanos también dejaron su sello. De hecho, en tiempos coloniales se creó una sociedad de castas, de pigmentocracia, donde las clases altas blancas tanto ibéricas como criollas, se colocaron arriba de todo para explotar.
Más allá de la independencia de 1816, esa sociedad pluricultural dejó su sello, que la historiografía mitrita de fines del siglo XIX quiso borrar del mapa. Los mitristas han engendrado una quimera, una Argentina blanca, europeísta, y que odia a las masas populares, como reivindicando la “civilización y barbarie” de Domingo Faustino Sarmiento.
Congraciarse con el jefe de estado español Pedro Sánchez llevó a Fernández a mezclar frases del mexicano Octavio Paz y del músico rosarino LittoNebia que desembocaron en una especie de dicha eurocéntrica muy simplista, pero que tiene aún sus nichos en los textos escolares en Argentina.
Lo que dijo Fernández viene de un viejo discurso oficial de historiografía de falsa “universalidad” que pretende colocar en un pináculo a lo europeo, en detrimento de la larga y rica historia de los pueblos originarios.
Alberto Fernández se supone no comulga con visiones conservadoras y elitistas, sino, como peronista, con una mirada enaltecedora de la nación argentina y su pueblo. Pero se vio envuelto en la trampa del eurocentrismo clásico. Las academias están imbuidas de colonialismo eurocéntrico, y eso es una realidad. ¿Falta formación política en contra del colonialismo en las cúpulas políticas tradicionales? Parece ser que sí.Presumir de “pureza” o de un origen único no sea del todo exacto, y a veces resulte ridículo, es parte del viejo relato oficial del imperialismo.
El escritor, periodista y luchador revolucionario Rodolfo Walsh ha escrito:
“Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes y mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia parece, así, como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas”.
Como han enseñado diversos pensadores y luchadores sociales y populares, como es el caso de Walsh, la Historia no le pertenece únicamente a los de arriba. La Historia la hacen los pueblos. Mujeres y hombres que al frente de su pueblo van haciendo patria, fundando naciones, lograron hacer ingresar a la Historia a sectores populares antes olvidados y marginados. Hubo una liberación social también en el estudio del pasado humano, ya que las masas lograron ingresar como protagonistas de los cambios en el tiempo. Siempre estuvieron, pero no se les dio lugar en el estudio de la Historia. Hoy en día esto ha cambiado y las masas están allí con sus luchas, sus formas de vida y sus legados culturales en el tiempo. Y esto fue gracias a las mismas luchas de los pueblos oprimidos.
El mayor de los desafíos que se ha planteado la historia en la segunda mitad del siglo XX, y que sigue vigente a comienzos del XXI, es el de superar el viejo esquema tradicional que explicaba una fábula de progreso universal en términos eurocéntricos. La idea de descolonizar el pasado humano se hizo muy fuerte, sobre todo, en África y América Latina, donde surgieron una gran cantidad de historiadores y científicos sociales que criticaron al eurocentrismo en el estudio de la historia global.
Pero se destacan los intelectuales latinoamericanos que atacan la supervivencia del eurocentrismo en la academia a la hora de enseñar historia, filosofía, sociología, economía, psicología, politología, etc., destacándose los aportes del argentino-mexicano Enrique Dussel y el peruano Aníbal Quijano. Se trata de la llamada decolonialidad es sinónimo de “pensar y hacer” decolonialmente y cuestiona o problematiza las historias de poder que emergen de Europa. Estas historias subyacen a la lógica de la civilización occidental. La decolonialidad es una respuesta a la relación de dominación directa, política, social y cultural establecida por los europeos. Esto significa que la decolonialidad se refiere a enfoques analíticos y prácticas socioeconómicas y políticas opuestas a los pilares de la civilización occidental: la colonialidad y la modernidad. Esto hace que la decolonialidad sea un proyecto tanto político como epistémico.
Ya desde los años de los decenios de 1960 y 1970 surgieron tendencias conocidas como el orientalismo, el indigenismo, el africanismo y la etnografía posmoderna, que se mezclaron tanto con trabajos patrocinados por la UNESCO como con las luchas sociales de los zapatistas de Chiapas o de los Movimientos Sin Tierra del Brasil. Sin lugar a dudas, estas tendencias contribuyeron a descolonizar la tradicional “historia universal” que legó el colonialismo, el imperialismo y el racismo del siglo XIX.
Sin embargo, los manuales de “historia universal” en el mundo occidentalizado siguen ratificando la vieja periodización eurocéntrica, dejando de lado marginados a innumerables culturas a la hora de enseñar historia en las escuelas y universidades. El modelo lineal de la historia del progreso tenía, sin embargo, otro ámbito de exclusión.
La historiografía del siglo XIX del tipo occidental se trasladó a las naciones modernas que surgieron en las Américas tras las etapas de la descolonización. Surgieron, pues, las historias patrias y oficiales, especialmente desde mediados del siglo XIX, para legitimar el orden estatal que engendraron las oligarquías locales desde México hasta la Patagonia. Se crearon las historias nacionales al estilo de los franceses, alemanes e ingleses, siguiendo criterios occidentalistas, pero, sobre todo, exaltando a los próceres, las fechas de independencia y los símbolos patrios. El objetivo de esta historiografía era formar una ciudadanía casi obsecuente a la nación moderna junto a los himnos, los símbolos patrios, las fechas patrias y el llamado folklorismo.
Las historias nacionales latinoamericanas siempre miraron hacia Occidente y vieron lo autóctono como algo “bárbaro” e “incivilizado”, adoptando incluso la periodización eurocéntrica en sus textos escolares para enseñar historia y educación cívica. Los oligarcas latinoamericanos en el poder se creían europeos, superiores y admiraban el positivismo y el darwinismo social, y ni se consideraban latinoamericanos.
América Latina es un concepto que hace referencia a los países del continente que hablan los idiomas español, portugués y francés, de la rama indoeuropea e hijas del latín antiguo del imperio romano. Pero hay otras denominaciones para los países al sur de Estados Unidos. Nuestra América, dijo el cubano José Martí; Patria Grande, dijo el argentino Mario Ugarte; Indoamérica, dijo el peruano Raúl Haya de la Torre, Iberoamérica o Hispanoamérica, dijo el mexicano Juan Vasconcelos; Eurindia, dijo el argentino Ricardo Rojas y otros tantos nombres que indicaban la necesidad de pensar desde su propia realidad para reunir en un mismo destino lo que intereses políticos ajenos a la región habían logrado fragmentar.
Para el argentino José Hernández Arregui, la denominación de América Latina es culturalmente “imprecisa y cercana”, fue apoyada por escritores encandilados por Francia, y en su momento instalada desde los resabios de la inquina hacia España, “no solo de parte de Inglaterra, sino de Francia, interesada por igual en el reparto de los restos del Imperio español en América”. En realidad, parece ser que el concepto de América Latina se utilizó fundamentalmente para diferenciarse de la América anglosajona. Ya en 1856, el chileno Francisco Bilbao utilizó el concepto de “latinoamericano” y el colombiano José María Torres Caicedo, ese mismo año, escribió su poema “Las dos Américas”. Ambos residían en París. La diferencia con la América anglosajona se patentiza cuando los latinoamericanos hablan de Nuestra América, la propia, y en ella, por cultura, por lenguaje, por creencias y también precisamente por el sometimiento y despojo que continúa realizando el “otro”.
Las ideas desde antes de la independencia política de los países de América Latina eran diferentes de las europeas, como también de las asiáticas, las norteamericanas o las africanas. Fueron y son distintas realidades con distintas ideas y creencias. La dominación europea al principio, a través de la conquista y la colonización después, pretendieron uniformar la idiosincrasia nativa que poco a poco y con el mestizaje, se fue transformando hasta llegar a la globalización también impuesta por los poderosos. Los fenómenos regionales de cada país comenzaron a ser tema de interés para los historiadores profesionales.
También surgieron innovaciones historiográficas más ligadas a los cambios del siglo XX, incorporando temáticas de la historia social, la historia de la clase obrera latinoamericana, la historia de las ideas políticas, la historia de las mujeres latinoamericanas y la historia oral. Pero hay que decir que en América Latina se hizo inicialmente una historia nacionalista que no daba ningún protagonismo a los pueblos originarios, atribuía todos los males a la colonia y fijaba el momento fundacional en la independencia, que habría dado lugar a una ruptura total, gracias a la dirección ejercida por los próceres fundadores del estado.
Ha sido necesario proceder después a una reconstrucción total de esta visión nacionalista, de la cual han surgido, sobre todo en la América andina, unos trabajos de etnohistoria que han conseguido aproximarse a la problemática de los pueblos originarios en países como Ecuador, Perú o Bolivia. Ha sido necesario también reconstruir la historia colonial y profundizar en la de las sociedades nacionales surgidas de la emancipación para alcanzar una visión que no se limite a mostrar una historia vista exclusivamente a través de la mentalidad criolla, sino que establezca una nueva valoración que incluya su rico patrimonio indígena y africano.
Para el presidente argentino y para toda la dirigencia que aún sigue encerrada en los viejos legados del eurocentrismo, hay que formarlos en la descolonización del pasado de nuestras tierras.
Nunca es tarde y esperemos que esto sirva para seguir concientizando sobre la reivindicación del pasado pluricultural de Argentina y de la Patria Grande.
Mauricio Piñero
Cuentan las crónicas que nació como el hijo de nadie. Luchando por la Patria Grande, como Internacionalista y antiimperialista. Tripero de alma y cuerpo, siempre junto a la patriada barrial. La historia descolonizada es mi pasión como docente de la Escuela Pública y de los barrios. Las noticias sobre los pueblos que luchan como forma de viajar hacia una verdadera justicia social global.
Usando el clásico lenguaje marxista, podemos afirmar que crear desclasados ha sido y es uno de los objetivos del capitalismo, porque es el camino más corto para conseguir la fragmentación de una clase social a la que hay que mantener a raya.
En los últimos años la derecha marketinera, con el macrismo como máxima expresión en la Argentina, ha sumado a sus filas personajes de popularidad masiva y que llegan a los barrios. Que el empresario Mauricio Macri se haya convertido en presidente de Boca Junior en 1995, es decir, en jefe del club más populoso del país, fue todo un síntoma de que algo estaba pasando. Muchos ídolos de las masas, viniendo de la farándula, también se unieron el menemismo para ganar votos. Y, para ser más frívolos en el análisis, personajes de la talla de Susana Giménez han sumado público y votos para la nueva derecha que se instaló en Argentina desde el menemato.
Pero la derecha siempre ha apostado a agrietarlo todo. Busca la “guerra de pobres contra pobres” y siempre busca imponer la mentalidad pequeño burguesa en contra de los “villeros”, los “planeros”, los “vagos docentes”, los “rasca empleados públicos…
Ya el señor Antonio Gasalla desde sus programas de humor en el ATC del decenio de 1990 tenía el personaje de la empleada pública que no “laburaba” y que hacía más anquilosada la burocracia estatal. Esto generaba un odio hacia el empleado público, que llegaba a las masas para incitar a más odio. Es decir, engendraba más quimeras de desclasados entre las clases populares tanto trabajadoras formales e informales, como así también en los desocupados.
Los desclasados se caracterizan no por aspirar a la legítima mejora de su status, sino por olvidar su procedencia y construir un relato que les aparta del compromiso que un día tuvieron sus padres con ellos, con sus vecinos o con sus compañeros de trabajo. En definitiva, con todo lo colectivo, con todo lo que a través de las emociones del orgullo de clase se ha construido para su distribución. Eso es que lo que vomitan personajes como “El Dipy” o Carlos Tévez. Ambos se declararon afines al macrismo y vienen desde abajo.
David Adrián Martínez es un entrerriano de las capas bajas de las clases medias que lleva su marca, “El Dipy”. Incursionó como un músico de cumbia villera y también como DJ. Fue uno de los creadores de la banda “El Empuje”. En 2006 dejó de ser David Adrián Martínez para hacerse conocido como “El Dipy”. Se hizo su fama en las bailantas del Conurbano, pero alcanzó su máxima notoriedad en el 2017, cuando participó en el programa de TV Bailando por un sueño, tras iniciar una convocatoria a través de internet acompañado por su pareja, la modelo Mariana Diarco.
Hincha de Racing Club, loco por los autos y muy verborrágico, trabajó hasta con el mediático millonario Ricardo Fort. En el año 2020 también se volvió una figura mediática participando en varios programas de opinión de la televisión como Intratables y Almorzando con Mirtha Legrand. Se convirtió en un personaje que destilaba odio contra el kirchnerismo, haciéndose pasar por un “neutral”. No terminó el secundario y criticaba a los actores y las actrices afines al kirchnerismo, sobre todo con el artista Pablo Echarri, un hincha de Independiente, también salido del barrio. Su antikirchnerismo escaló fondo hasta convertirse un icono del macrismo y la derecha. Seguía en las redes Patricia Bullrich, Fernando Iglesias y Yamil Santoro. Luego logró un almuerzo con Mauricio Macri, ya desvelándose como un siervo frente a esta derecha.
“El Dipy” invadió las redes y los medios derechistas. Amistades con la señora Viviana Canosa, con TN, con Juanita Viale, con Eduardo Feinmann y con Jonathan Viale, fueron sus aguas para destilar el odio hacia la política y despotricar contra el gobierno del Frente de Todos. También ataca a los gremialistas del campo popular, se pone a opinar de las vacunas y crea un sentido común peligroso que tiene llegada en los barrios. Se hace el “no-militante-macrista” y el “no-me copa-la política”, pero favorece al macrismo. Desde las redes sociales, es un polémico abanderado de los desclasados mediáticos.
Carlos Tévez es otro caso. Bien popular, salido del Fuerte Pache, ídolo de Boca Juniors, no dudó en declararse amigo de Macri. Hasta jugó políticamente en las elecciones del club a favor del macrista Daniel “El Tano” Angelici en contra de Juan Román Riquelme en 2019. Los negociados por los Parques Eólicos de “Carlitos” con Macri salieron a la luz y sus riñas ocultas con Riquelme en Boca Juniors eran corrientes en el club. Y se terminó yendo de la institución de la Rivera. Pero el “Jugador del Pueblo” no quiso pagar el impuesto a las grandes fortunas, por consejo de Macri y se convirtió en un poco solidario con su pueblo en tiempos de pandemia.
Tévez siempre se paró como un “antipolítica”. Es el segundo jugador argentino con más títulos de la historia, solo por detrás del rosarino Lionel Messi, y es el décimo máximo goleador histórico de Boca Juniors. Todo un ídolo popular, hasta con una serie que trata sobre su vida personal. Millones siguen y lloran por la historia de vida de “Carlitos”. Pero es un macrista y eso lo hace un desclasado. Como los casos de los brasileños Ronaldinho y Neymar Junior, que son bolsonaristas encubiertos. Por supuesto, tienen llegada a las masas y la derecha lo sabe.
Invitan a la “no-política”. No se afilian a partidos o sindicatos, porque para eso están otros, nunca se comprometen con opciones comprometidas porque ellos son “librepensadores” y el mundo, demostrado queda, ha avanzado gracias a su concepción individualista, de superación. Son “apolíticos” y las ideologías están superadas. Se encuentran en una permanente fuga de su clase social porque en su baja autoestima no se soportan en ella. Para ellos, hay un camino diferente y más corto que resistir y crecer en común; que es la aplicación de un relato no duradero, camaleónico, móvil y frívolo.
El Dipy logró su propio programa de radio, en Rivadavia, donde vomita más odio contra el gobierno de Alberto Fernández. El conductor de Radio Rivadavia le había propuesto al ex presidente sacarse una “selfie” para “ver reventar de bronca a los K”. Toda una declaración política.
“Se aprovechan de la ignorancia de la gente humilde y les dan plata, les dan una bolsa de comida, lo he visto, y les cuesta la boleta. ¿Sabés lo que hacen? Los hacen pobres”, señala El Dipy en su programa radial, en las redes y en la TV. Esgrime ideales de justicia tan obvios que no necesitan largas explicaciones. Mostró “independencia” con calmo apasionamiento, pero juega como topo para la derecha macrista.
Los verdugos del pueblo usan a gente venida de él para seguir saqueando. Una modalidad en estos tiempos de redes sociales, que merece un serio análisis antropológico-sociológico. El llamado “Sindrome del Sirviente Negro del Amo Candy” es clarísimo. “El Dipy” y “Carlitos” son dos paradigmas. Vienen de abajo, pero sirven a los de arriba, y engendran la quimera de la “guerra de pobres contra pobres”. Ellos, defensores de lo suyo, de lo corporativo, por un azaroso devenir social, han podido llegar a convertirse en clase dominante, por ejemplo, en relaciones como empleadores de “sin papeles” que limpian, planchan y cocinan por todo a cien, sin cuestionarse los derechos del otro. Como buen desclasado solo existen los derechos propios.
Facilitar la deserción de clase pone de manifiesto el objeto final del sistema que es el de desintegrar todo lo que suponga un obstáculo para su poder. Empleados del sector privado contra los del sector público, contratados temporales contra fijos, nativos contra inmigrantes o jóvenes contra mayores. Los iguales, cada vez más, se convierten en enemigos. Ese desclasado salido del barrio o de las masas es la cuña perfecta para la fragmentación del campo popular solidario. La derecha los usa como preservativos. Así es esa gente como “El Dipy” y “Carlitos”.
La llegada de 300 litros de principio activo para la producción de la Sputnik-Vida en el territorio nacional marca un hito importantísimo para el curso de la pandemia en nuestro país y nuestra región. Se demuestra que cuando hay voluntad política de articular a los actores locales que pueden llevar a cabo la producción de un insumo estratégico, la capacidad tecnológica local es de primer nivel y se pueden poner al servicio de toda la sociedad.
La historia de la investigación básica en las universidades argentinas estuvo principalmente impulsada por gobiernos que vieron en el desarrollo tecnológico local, un valor estratégico y de importancia para toda la sociedad. Las universidades nacionales son de las más antiguas de Latinoamérica: la Universidad Nacional de Córdoba (1613, nacionalizada en 1854), la Universidad Nacional de Buenos Aires (1889), la Universidad Nacional de La Plata (1897) y Universidad Nacional de Tucumán (1914).
Quienes lo vieron como un peligro no dudaron en reprimir y recortar en el sector científico-tecnológico. La Noche de los Bastones largos en 1966 fue un hito de represión a un sector estratégico por parte de las clases dominantes, que siempre se negaron al desarrollo de las capacidades nacionales. La represión y persecución que sufrieron profesores/as e investigadores/as independientes durante los períodos dictatoriales ha dejado marcas en el desarrollo científico local ya que muchos de los aprendices de los premios nobeles (Houssay -1947-, Leloir -1979- y Milstein -1984) del siglo XX se vieron obligados a exiliarse solamente por pensar.
Durante la postguerra se conformaron instituciones científico-tecnológicas de carácter público de renombre internacional como el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET – 1958), Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA – 1956), Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI – 1957), Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA – 1950), Instituto de Investigaciones Científicas y Técnicas para la Defensa (CITEDEF – 1954), Comisión Nacional de Investigaciones Espaciales (CNIE-1960 – hoy CONAE), entre otras que nuclearon y se vincularon con las universidades públicas para el desarrollo del pensamiento científico-tecnológico local.
La capacidad de producción que tiene Laboratorios Richmond, que será el encargado de terminar de producir y envasar la Sputnik- Vida en nuestro país, es producto de esa historia de políticas en el sector científico-tecnológico que nos posiciona como un jugador importante a nivel regional y mundial. Sin embargo, es preciso señalar que fue necesaria la articulación histórica por parte del Estado Nacional de impulsar la ciencia y la tecnología que da lugar a que tengamos desarrollos de primer nivel, pese a haber atravesado períodos de ajustes y destrucción lisa y llana del sector.
Esto demuestra que cuando hay voluntad de articulación de los actores para lograr un beneficio para la sociedad, se puede llegar muy lejos. Poner las capacidades científico-tecnológicas al servicios de la sociedad puede revertir las grandes desigualdades de nuestras tierras.
Ojalá que podamos aprovechar todos nuestros saberes, no solo para seguir el avance científico-tecnológico del desarrollo de las vacunas, sino también para que en nuestras tierras no hayan pibes y pibas con hambre y que se reviertan los brutales niveles de desigualdad que no hacen más que perpetuar la violencias hacia quienes menos tienen.
#LasVacunasSalvanVidas #Sputnik-VidaEsSoberanía
** Bernardo Alberto Houssay fue un médico catedrático y farmacéutico argentino que recibió el primer Premio Novel en Medicina en el año 1947.
Nasim Iusef Venturini
Habitando la tarea de generar ciencia, con los pies en el barro y a partir de la acción, para construir justicia social. Me formo permanentemente en los campos de la economía y la salud, y considero que lo más importante es cuidarnos y cuidar nuestra tierra.
Las Naciones Unidas designaron el 5 de junio como el Día Mundial del Medio Ambiente con el objetivo de comenzar a discutir sobre la protección y la salud del medio ambiente, que “afecta al bienestar de los pueblos y al desarrollo económico en todo el mundo”. Al mismo tiempo, propusieron a los “gobiernos y a las organizaciones del sistema de las Naciones Unidas que emprendan todos los años, ese día, “actividades de alcance mundial en las que se reafirme su preocupación por la preservación y el mejoramiento del medio ambiente, con miras a profundizar la conciencia ecológica”.
De hecho, por esta fecha, todo el mes de junio fue establecido como el “Mes del Ambiente” o “medio ambiente” como se ha llamado por tantos años. Un concepto incorrecto y mal utilizado que carece de profundidad y análisis de los distintos modos de entender, discutir y luchar por el ambiente. La comprensión de los territorios debe ir mucho más allá de lo puramente “ecológico”.
Distintas organizaciones de comunidades indígenas han puesto en discusión nuestras formas de conceptualizar y presentaron un término que responde a una mirada integral de las problemáticas relacionadas al ambiente: el terricidio. Como expresaron las Mujeres Indígenas por el Buen Vivir en su caminata de 1900 kilómetros por el país, terricidio engloba los conceptos de genocidio, epistemicidio, ecocidio y femicidios, transfemicidios y travesticidios.
La primera discusión radica en el cómo se analiza o se nombra al ambiente, la segundo podría ser cómo generar un cambio para detener el constante daño que la Madre Tierra sufre.
La lucha debe ser colectiva
Existe algo llamado “psicología ambiental” que -entre otros fenómenos- estudia la “metáfora del granito de arena”: el discurso que oculta el hecho de que las pequeñas acciones de unos tienen pequeños impactos, mientras que las de otros tienen grandes. Es un hecho que sectores de alto nivel jerárquico producen más daño que sectores marginados de las clases bajas, el 49% de las emisiones de carbono provienen del 10% más rico de la población, según indica un estudio de Oxfam. Para discutir sobre ambiente hay que reconocer las particularidades de cada territorio, por lo tanto, también, las características de cada población que los habita.
Caer en reduccionismos de activismos ecologistas individuales no hace más que contribuir a un discurso que limita la discusión a lo que cada une hace o deja de hacer, mientras que los grandes sectores de poder siguen aportando al daño ambiental global. Analizar nuestras acciones de forma individual y aislada remite a un consumo del “marketing verde” que descontextualiza las luchas y los efectos que cada territorio sufre: tampoco es lo mismo la lucha ambiental en Estados Unidos y Europa que en América Latina.
¿Cómo podemos hacer frente a estos discursos? Con educación ambiental y una comunicación responsable. Comprender las disputas políticas de los territorios resulta fundamental para un proceso de concientización y disputa ante los cambios climáticos que nos afectan a todes, pero en diferente medida.
Cambio climático
Nuestro país -y el resto de latinoamérica- se encuentra en una posición muy diferente con respecto a países más “desarrollados”: mientras que Estados Unidos se posiciona como uno de los países que más gases de efecto invernadero produce, la Argentina sólo genera el 0,6% del total mundial. Las lógicas consumistas del llamado “Primer Mundo” son de hecho las que peor afectan al planeta. Desde un mismo sector liberal se pone en un pedestal a estos países, mientras venden que el cambio está en cada une dejando de usar bombillas de plástico y separando la basura: el verdadero cambio lo deben hacer los del poder, pero sería contraproducente para los beneficios que obtienen. ¿Qué sentido tiene separar la basura en nuestras casas si después no sabemos que va a suceder con ella en manos de empresas que ni siquiera conocemos? Por dar un solo ejemplo.
Al mismo tiempo, como no todes generamos el mismo daño, no todes sufrimos las mismas consecuencias, el cambio climático no afecta de la misma forma a todo el mundo. El aumento de precipitaciones y sequías pueden afectar a muchas cosechas. Las familias productoras deberán estar preparadas para escenarios de este tipo, es por eso que una Ley de Acceso a la Tierra resulta urgente. Cada productore debe tener su pedazo de tierra para no ser desplazado por alquileres imposibles de pagar y que pueden finalizar por la pérdida de las cosechas. También, las precipitaciones generan inundaciones, la mala planificación urbana podría aumentar las consecuencias. Es necesario que se priorice la construcción de una infraestructura adecuada para estos impactos en barrios populares donde las pérdidas pueden ser sumamente graves.
Justicia ambiental
La justicia ambiental es un factor fundamental para poder modificar las bases de un sistema que no da respuestas a las demandas de los pueblos y sus territorios. Hablar de terricidio es también hablar de terricidas, que se institucionalice el término podría ser un primer paso para que efectivamente los responsables de incendios, mal tratamientos químicos en empresas y la instalación de proyectos extractivistas inviables sean juzgados y tengan consecuencias.
La inclusión en la discusión de grupos históricamente marginados como las comunidades indígenas y campesinas, las mujeres y las diversidades, y las clases trabajadoras debe ser prioridad para derrumbar y reconstruir un sistema que permita el acceso de estos sectores a la participación y toma de decisiones sobre los territorios que habitan.
El cambio es ahora, el cambio es colectivo. Mientras tanto, las riquezas del mundo seguirán marginando a los pueblos y destruyendo sus territorios. El planeta es uno, no pueden comprar otro.
Agustina Flores
Hija de los vientos patagónicos. Compañera (in)esperada de la militancia para la liberación. Entusiasta del puño y la letra. Lo personal es político, el periodismo también.
Mujeres representantes de 36 naciones indígenas e integrantes del Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir iniciaron el 14 de marzo una caminata de 1900 kilómetros bajo la consigna “Basta de Terricidio”. El 19 de mayo llegaron a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y fueron recibidas en Casa de Gobierno, donde tuvieron una reunión interministerial y presentaron un documento que manifiesta los reclamos históricos de las comunidades en defensa de una vida digna de los territorios, ergo, de las comunidades que los habitan.
El 22 de mayo las calles de Capital Federal se llenaron de colores entre banderas e insignias de las comunidades, el fuego sagrado sahumando el camino y las plantas medicinales tampoco faltaron. Lo que la ciudad “más importante” del país suele encontrar como exótico, aquello que había expulsado de la identidad patria, el sábado se expresó en cada esquina y cada calle que las mujeres recorrieron hasta llegar al Congreso.
La fecha tiene un significado político: fue un día antes de que se cumplieran 211 años del día en que se escribió el documento que anunciaba el fin de la autoridad del virrey Cisneros y la creación de una Junta de Gobierno, políticas que no involucraron a los pueblos originarios. Es así que las comunidades indígenas decidieron declarar al 22 de mayo como Día de Acción Global frente al Terricidio.
Pero, ¿qué es el terricidio? Es un concepto que engloba todas las formas de exterminio sistemático no solo del ecosistema, sino también de la cultura, identidad y personas que habitan los territorios. Aglutina el concepto de genocidio, referido al exterminio físico de pueblos originarios; el concepto de ecocidio, exterminación de los territorios; y el epistemicidio indígena, como eliminación de sus modos de entender la vida en armonía con la naturaleza, y la comprensión de sus prácticas espirituales, medicinales y culturales como inválidas y sin derecho a ser reproducidas y pasadas de generación en generación, de comunidad a comunidad. También se incluyen los conceptos de femicidio, transfeminicidio y travesticidio porque se entiende a los cuerpos como territorios que son constantemente oprimidos y violentados por el sistema patriarcal propio de un mundo capitalista, que se encuentra en todos los aspectos de las vidas de las mujeres y las diversidades.
“Por todos los muertos y las muertas que el extractivismo ha arrancado, por todas nuestras muertas, violadas y asesinadas, por toda la niñez que se muere de hambre desnutrida, por todos ellos y por cada animal, por cada planta, por cada ser que fue arrancado por este maldito sistema economicista depredador, este sistema de muerte”, exclama Moira Millán en la cobertura de Tele Sisa en plena manifestación.
La lucha, al igual que los conceptos utilizados, buscan una crítica transversal a todos los sistemas que se alinean para atentar contra los territorios y sus habitantes. Los reclamos buscan un carácter integral donde aglutinen todas las batallas, de otra forma no sería posible la victoria por sobre las lógicas opresoras. “El terricidio es la síntesis del genocidio, epistemicidio, ecocidio, femicidio, transfeminicidio y travesticidio”, aclara el Movimiento.
Los reclamos son históricos, pero lo que despertó la iniciativa de llevar adelante la caminata fueron dos episodios. Uno fue la violación en manada y femicidio de una niña wichi a principios de este año: cuando desapareció, la madre intentó hacer la denuncia, pero no se la tomaron por no hablar castellano. Días después apareció el cuerpo de la niña y el caso sigue sin ser investigado. A este tipo de violación de niñas y mujeres indígenas en manada se lo llama “chineo”, y una de las principales consignas de la caminata denunciaba estos actos de violencia.
El otro episodio fueron los incendios sistemáticos en la Comarca Andina de los últimos meses, que atentaron contra los territorios resquebrajados por el modelo extractivista vigente. Situación que hasta el día de hoy está pendiente de respuestas e investigaciones. Y que, además, debe disculpas a todas las comunidades que no solo fueron afectadas, sino que también fueron criminalizadas por medios de comunicación y personajes políticos con el objetivo de tergiversar información y no dar con los verdaderos responsables de los terricidios.
Fuente: TeleSisa
El documento que las mujeres indígenas presentaron en Casa de Gobierno exige que el Terricidio sea considerado un crimen de lesa humanidad y lesa naturaleza, y que los culpables sean juzgados y condenados. Se busca que el término adquiera un carácter jurídico para que la Justicia -y el Estado- finalmente colecte las demandas y experiencias de las comunidades y dé una respuesta ante estos crímenes.
Una parte esencial de los reclamos de las comunidades indígenas es la aceptación y el reconocimiento de sus identidades y de su historia: el primer paso es reconociendo el genocidio indígena perpetuado por el Estado argentino poco tiempo después de su fundación. “A partir de un reconocimiento de genocidio y de la construcción social de la Argentina se pueden dar pasos para empezar a reparar y que los discursos de odio no tengan tanto sostén como lo están teniendo”, nos comentó Orlando Carriqueo hace unos meses. La matriz racista que atraviesa los imaginarios sociales fue establecida cientos de años atrás a través del asesinato, y son perpetuados por lógicas discriminadoras instaladas en los discursos dominantes de la sociedad.
“Sembraron terricidio, cosecharán rebelión”, exclaman las Mujeres Indígenas por el Buen Vivir. Es hora de escuchar sus reclamos y rever nuestras lógicas y prácticas fundadas en el odio hacia las comunidades indígenas.
¡Basta de Terricidio!
Agustina Flores
Hija de los vientos patagónicos. Compañera (in)esperada de la militancia para la liberación. Entusiasta del puño y la letra. Lo personal es político, el periodismo también.
Los aumentos desmedidos de la carne vacuna en el mercado interno llevaron al gobierno a tomar la decisión de cerrar las exportaciones por 30 días. Lo que busca el Estado es que bajen los precios y que más gente pueda acceder a un alimento esencial de la canasta de consumo de los hogares. En los últimos doce meses la carne aumentó un 67%, por encima del índice de la inflación.
La explicación oficial es la siguiente: “Como consecuencia del aumento sostenido del precio de la carne vacuna en el mercado interno, el gobierno nacional decidió la instrumentación de un conjunto de medidas de emergencia tendientes a ordenar el funcionamiento del sector, restringir prácticas especulativas, mejorar la trazabilidad de las exportaciones y evitar la evasión fiscal en el comercio exterior”.
Esta medida se enmarca en el inicio de un proceso de negociación en el que, si bajan los precios en el mercado interno, no va a completar los 30 días. Lo que sí es esencial para el gobierno es que debe frenar la dinámica de un mercado que, ya sea por la elevada informalidad o por diversos fraudes de evasión y subfacturación detectados, requiere de un ordenamiento urgente. Se trata, también, de otra herencia del gobierno de Mauricio Macri, que no ejerció ningún tipo de control sobre las exportaciones, desregularizó el mercado y dejó el camino allanado para que se produzcan este tipo de irregularidades.
Evidentemente hubo maniobras especulativas por parte de los grandes exportadores de carne que impactan directamente en los precios del mercado interno. Desde Casa Rosada afirman que los grandes frigoríficos subfacturan, triangulan y evaden. Dicho de otro modo, compran ganado y lo exportan subfacturando o evadiendo, luego lo triangulan y dejan la plata afuera, en un país intermediario. Después lo entran por contado con liquidación o simplemente lo dejan afuera. Esta maniobra se realiza para no pagar impuestos e impedir que entren los dólares que deberían entrar por exportar carne al exterior.
En una entrevista que brindó Alberto Fernández dijo que “celebra” que Argentina exporte carne, pero no que “hagan pagar a los argentinos el precio que le hacen pagar por la carne, y que les den una migaja de 8 mil toneladas de carne cuando acá se consumen 200 mil”.
El que más habla del tema por parte del gobierno es el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, que insistió en que se trata de una medida temporaria y coyuntural que tiene como objetivo ordenar el funcionamiento del sector. Aclaró que de ser posible “se buscará reabrirlas antes de los 30 días”.
En cuanto a las evasiones y las irregularidades detectadas en las exportaciones, Kulfas afirmó: “Estamos encontrando funcionamientos que a veces no son transparentes: en muchos casos con algunos sectores que no liquidaron exportaciones, lo que hacen es quedarse con las divisas en el exterior, liquidarlas en mercado paralelos”.
Matías Kulfas – ministro de Desarrollo Productivo
El agro dividido en dos
En cuanto al sector responsable de las irregularidades mencionadas y de que en el mercado interno se cobre la carne al mismo precio del que se exporta, hay unanimidad de rechazo. Pero hay diferencias sustanciales en cómo resolver el problema y la manera de actuar de acá en adelante. Por un lado, el sector más “duro”, que ya inició un cese a la comercialización como forma de reclamo, es la Mesa de Enlace Agropecuaria, que está compuesta por la Sociedad Rural Argentina (SRA), la Federación Agraria Argentina (FAA), las Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) y CONINAGRO. Esta mesa de agropecuarios poderosos, que han tenido ganancias multimillonarias, se niegan a sentarse a dialogar una posible solución con el gobierno. El lock out continuaría hasta el viernes, pero amenazan con persistir si no abren las exportaciones.
Los cuatro representantes de la Mesa de Enlace
Por otra parte, el Consejo Agroindustrial (CAA), que reúne a industriales, exportadores de cereales, economías regionales y casi todas las Bolsas de Cereales del país, tiene el mismo malestar que la Mesa de Enlace pero con la intención de reunirse con el gobierno para negociar una alternativa posible.
Hasta el momento, el gobierno se mantiene firme en su decisión y sostiene que hasta que no bajen los precios en el mercado interno no va a retroceder en el cierre de las exportaciones de carne.
Esta situación se da en un contexto en el que, según el INDEC, la inflación del último año es del 46,3% y la carne aumentó, en el mismo período, un 67%. Este aumento desmedido, sumado a la crisis económica heredada y además profundizada por la pandemia, llevó a que en la Argentina el consumo de carne cayera al nivel más bajo de los últimos 100 años. En promedio, cada habitante come 45,2 kilos de carne por año, cifra que en 2015 llegó a 58 kilos y en 2009 a 69 kilos.
Juan Martín Palermo
Nací en Mendoza hace algunos años y ahora vivo en la ciudad de las diagonales. Pienso que las tareas fundamentales del periodismo son denunciar las injusticias, ir en contra de la opresión y luchar por la justicia social y la liberación de los pueblos. Me gusta viajar, tomar vino en la montaña y soy hincha de Boca.
En principio, es necesario aclarar y visibilizar de manera concreta por qué Colombia no será sede de la Copa América (organización que compartía con la Argentina). El pueblo hermano de Colombia despertó; las calles se colmaron de colombianes que hace semanas exigen el fin del modelo neoliberal, de la guerra y del espantoso Gobierno de Iván Duque. Aunque la administración de turno quiso hacerle creer a la CONMEBOL que todo estaba bajo control para organizar el torneo, las imágenes que llegan desde el país dejan expuesta la violencia que Iván Duque y sus lacayos despliegan sobre el pueblo: por las manifestaciones, ya hay más de 50 muertes, 578 personas heridas, 524 desaparecidas e incluso mas de 20 mujeres que denunciaron violencia sexual.
El conflicto social, que estalló con la reforma tributaria que quiso impulsar Duque, pero que tiene que ver con una discusión muchísimo más profunda que se debían les colombianes, no cesa. Por ese motivo, la dirigencia de la Federación Colombiana de Fútbol (FCF) se reunió el jueves pasado con sus pares de la Conmebol y se acordó la baja del país cafetero de la organización de la Copa América 2021, que se llevará a cabo del 13 de junio al 10 de julio.
Claramente los partidos de prueba -At. Nacional vs Nacional de Montevideo e Ind. de Santa Fe vs River Plate- en las ciudades de Pereira y Barranquilla, para ver si se podía o no jugar, fracasaron y varias veces tuvieron que ser detenidos. Luego de esto la CONMEBOL y FCF sacaron un comunicado en el que se confirmó que por el Covid-19 y la situación actual, es imposible garantizar la seguridad y la localía de los equipos colombianos. De hecho, en la última fecha de Copa Libertadores y Copa Sudamericana, los partidos entre Santa Fe y Junior y entre La Equidad y Gremio se disputarán en Ecuador.
Juan Pablo Sorin fue uno de los que denunció el experimento que la Conmebol intentó hacer en Colombia: «Vergüenza que se hayan jugado Junior vs River y Atlético Nacional vs Nacional (de Uruguay) ayer en Colombia: conflicto social, represión policial, cantidad de muertos y desaparecidos que suben día a día, lamentablemente. Fuerza Colombia. El show no puede continuar a cualquier precio».
Sin embargo, el Gobierno del presidente Iván Duque trató de seguir utilizando el fútbol como manto y presentó una propuesta para que la Copa América se aplace a diciembre y que “haya público”. No obstante, el encargo no tuvo una buena respuesta y fue denegada a las pocas horas en un comunicado de CONMEBOL, en el que se aseguró que en los próximos días se daría a conocer la relocalización de los partidos que se iban a disputar en Colombia.
Sin dudas este hecho marca un revés para el gobierno colombiano y puertas adentro se habla de la inminente renuncia de Ernesto Lucena -Ministro de Deporte-, que fue el principal precursor para que parte del certamen continental se disputara allí como sea.
Otro de los actores del fútbol que manifestó su postura fue el actual jugador del Manchester United, Edinson Cavani: «La Copa América no debería jugarse en Colombia. La Conmebol está pensando únicamente en dinero y haciéndole un favor al Gobierno encubriendo con fútbol toda la ineptitud que ha causado durante los últimos años». El mensaje se viralizó rápidamente luego de que el delantero uruguayo sentenciara que si se jugaba en Colombia, él no participaría.
Aunque la Conmebol suspendió la Copa América en Colombia, el discurso sigue siendo muy contradictoria: pese a los últimos sucesos, el viernes pasado, junto a FIFA, anunció que el partido entre Argentina y Colombia, correspondiente a la fecha 8 de las Eliminatorias Sudamericanas para al Mundial de Qatar 2022, por el momento, se disputará en el estadio Metropolitano de Barranquilla el 8 de junio.
¿Cómo recibe la Copa Argentina?
A principio de la semana pasada, el presidente Alberto Fernández ya había anunciado que la Argentina podía transformarse en sede única de la Copa América y expresó: «Hay que ponerse muy estricto con los protocolos porque el fútbol es un juego de equipo y eliminar las concentraciones me pareció una buena idea. Si la Conmebol me pregunta si Argentina puede hacerse cargo, estoy dispuesto a estudiarlo porque uno de los problemas más serios que tenemos son las cepas que vienen de países extranjeros».
Argentina viene de una semana en la que los casos y muertes han llegado a cifras récord y la situación hospitalaria es sumamente compleja. Con la confirmación de que el país será única sede, el Presidente argentino dijo que “con las restricciones del caso, estamos preparados”, y agregó: «Será una Copa para la TV, eso hay que dejarlo claro (…) nosotros podemos analizar organizar toda la Copa América en la medida que todos estrictamente cumplan las condiciones de controles y protocolos».
Por otro lado, la asociaciones y confederaciones regionales fueron criticadas por una de las voces más reconocidas y legitimadas del fútbol argentino, Fernando Signorini, preparador de futbolistas de la selección durante más de 30 años, que disparó en su cuenta de Twitter: «¿Fútbol en Colombia en medio de la brutal represión? ¿Competencia con equipos en pleno brote de COVID? Business are business (negocios son negocios), hasta que no muera un futbolista por COVID en vivo para la TV no van a parar este circo romano».
Cabe destacar que tras los exorbitantes números de contagios registrados en la Argentina, la AFA y la Liga de Fútbol Profesional decidieron frenar las semifinales que se iban a disputar este último fin de semana, poniéndose a disposición del gobierno. Por la situación, el jefe de Gabinete Santiago Cafiero explicó: «En este caso quedan por delante dos partidos, ambos en la provincia de San Juan. Venimos conversando para encontrar, de modo consensuado, una solución», dejando abierta la fecha de reanudación.
Pese al parate del fútbol local, y sin pudor alguno, la Conmebol ya se empezó a moverse y estudiar qué otros estadios pueden funcionar de localía para la Copa América -además de los ya confirmados Monumental en Buenos Aires, Mario Alberto Kempes en Córdoba, Malvinas Argentinas en Mendoza y Único de Santiago del Estero- : la Bombonera, el Libertadores de América, el Cilindro de Avellaneda y el Único de La Plata.
Lo que queda claro en este análisis es que la política y el fútbol en Colombia están jugando un mismo partido y no hay que dejar que la pelota tape la realidad de una sociedad golpeada y atacada por la derecha neoliberal de Iván Duque, que quiso hacerlo utilizando la Copa América y las competiciones internacionales.
CONMEBOL sigue con la idea de realizar la Copa América y continuar con los torneos internacionales porque los millones de dólares que se mueven parecen ser más importantes que las miles de vidas que se están perdiendo en Nuestra América. Sin ir más lejos, para seguir con su plan, pudo hacerse con 50 mil dosis de la vacuna Sinovac para inmunizar a las delegaciones, cuando sabemos que las vacunas son un bien escaso, que hay países que aún no pueden acceder, y otros que aún no terminaron de inmunizar a su población de riesgo. ¿Hasta cuándo la pelota va a seguir rodando a cualquier costo?
Eduard Paz
Proveniente del sur, me instaléenla ciudad de las diagonales.Fiel pensante que la política y el deportevande la mano. Siempre me vas a tener alservicio de la comunicacióndel puebloy su deporte.
Al fin logro tomar el bondi que me lleva a Plaza de Mayo. Me retrasé porque justo antes de salir, cuando le mostré el cartel que había hecho para la manifestación a mi compañera de casa, me hizo ver que había escrito mal el nombre de Tehuel: me faltó la “u”. Así que tuve que improvisar una manera de corregirlo sin arruinar el resto del letrero.
Ocupo el asiento que da a la ventana en la mitad del bondi, abrazo mi cartel con el brazo izquierdo porque temo olvidarlo al bajar. Con la mano derecha veo mi teléfono; son las 4 de la tarde del 12 de abril, ha pasado un mes desde la desaparición de Tehuel. Me quedo viendo fijo por la ventana el paisaje que rodea la autopista Dr. Ricardo Balbín. Pienso en que como yo, cientos de personas se movilizan en al menos otras 15 ciudades para exigir su aparición con vida.
Me bajo en una parada que queda a un par de calles de la plaza. Aunque estoy acostumbrado a salir solo, mis piernas tiemblan al pasar por al lado de Gendarmería. A lo lejos, en frente de la Casa Rosada, veo a un grupo de no más de 10 personas y una bandera de colores. Me dirijo hacia su encuentro con paso seguro y decidido. Casi estoy por ponerme al lado cuando me doy cuenta de que es una bandera whipala y una manifestación en la que no planeaba estar. Freno en seco y doy un giro para registrar el resto de la plaza, veo que al otro extremo hay banderas y un grupo un poco más grande de personas. Tomo un nuevo rumbo, deseando que como los nuestros, los reclamos de esas personas que se toman de la mano en forma de huelga, sean escuchados.
Cuando llego, veo que más de la mitad de personas presentes pertenecen a organizaciones de grandes banderas, el resto son periodistas. No sé de qué lado ponerme porque no soy ninguno de los dos, o bueno, sí, pero hoy no lo soy. Hoy sólo soy un chico muy enojado con un cartel.
Al final encuentro un espacio en el que me paro como una estatua y abro de par en par mi cartulina blanca. Entre el ruido de los tambores, las conversaciones de las personas que llegan al encuentro, los cantos y los disparos de algunas cámaras, me pregunto en dónde están todes. Si somos una comunidad con un nombre que refiere a infinitas siglas. ¿Dónde están todas las organizaciones y personas que dicen luchar por reivindicar nuestros derechos? ¿Sólo en instagram? Veo algunas caras conocidas como las de Lucas Fauno y Quimey Ramos, pero si el resultado de este tipo de reclamos depende de la magnitud de personas que estén detrás de él, ¿no deberían todas esas organizaciones e influencers feministas/transfeministas estar presentes en las calles?
Varias personas me piden sacarme una foto con el cartel, algunas piden permiso y otras aprovechan para tomarlas mientras poso para alguien más. Tengo miedo de que alguna de esas personas sea parte de un medio nefasto; de esos que solo buscan vender una primicia. Medios que no se molestan en buscar cómo cubrir de manera correcta la desaparición de una persona trans y no hacen más que profundizar los discursos y estereotipos que hay hacia nosotres. Nombran a Tehuel en femenino cuando se sabe que es un varón, le hacen preguntas a su familia sobre su vida sexo-afectiva y no paran de hacer suposiciones que lo culpan por su propia desaparición.
Por suerte, una de esas personas se presenta; me dice que representa a Agencias Presentes. Bajo la guardia porque me siento seguro. Me aparto de la multitud para responder las preguntas que quiere hacerme, lo hago de manera torpe y confusa a causa de los nervios. Sé que confío en este medio cuando se va y no tengo miedo de que vaya a utilizar alguna de las estupideces que dije para decorar un titular escandaloso y amarillista.
En medio de los acalorados discursos de quienes participan del micrófono abierto, recito un poema que mi amiga Mai escribió para Tehuel. Cuando termina este espacio se me acerca alguien que pertenece a una de las organizaciones, me pide mi número de teléfono con la excusa de estar en contacto por la causa, pero su mirada y tono me dicen que le interesa algo más que mi participación. Me pregunto a quién le parece que la protesta por un desaparecido es un buen espacio para chamuyar.
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Las personas que quedamos después de este espacio nos movimos unos metros hacia la bifurcación de la Av. Rivadavia y Bolívar; bloqueando primero Bolivar y minutos después las dos calles. En medio de los gritos, las bocinas y las amenazas por detener un gran flujo vehicular, me desconecto de la escena. Pienso en qué estará pasando en la convocatoria en Mar del Plata, en San Vicente, en La Plata, en todas esas ciudades que hoy reclaman por él. Su búsqueda es masiva, su cara y su nombre están inundando las redes. Mientras pienso en todas esas movilizaciones, en todos los titulares, en todas las publicaciones, paradójicamente me llena un vacío cuando pienso en la posibilidad de que él no sepa todo lo que su ausencia está causando.
Empiezo a pensar en él. Me pregunto qué pensaba durante esos 16 km de trayecto entre su casa en San Vicente y la calle Mansilla 1203. Me pregunto si como yo, estaría emocionado por la oportunidad de tener un trabajo un poco menos informal, que podría abrirle puertas a otro parecido. Me pregunto si en algún momento sospechó que Luis Alberto Ramos no era una buena persona, e iba con un dilema sobre si arriesgarse a comprobarlo o perder una posible salida laboral. Me pregunto si le contó a su pareja con quién, por qué y dónde estaría porque era costumbre suya mantenerla al tanto, o porque quería que supiera donde estaba por la desconfianza que le suscitaba ese encuentro, o porque fue una afortunada coincidencia que permitió tener datos concretos sobre dónde ir a buscarlo cuando las autoridades tuvieron que prestar atención a su caso.
Me pregunto muchas cosas sobre quién es Tehuel De La Torre y quiero escuchar las respuestas de su boca. Quiero levantarme mañana y ver que las redes sociales y los medios de comunicación gritan su aparición, que en todas las pantallas hayan fotos y videos donde se reencuentra con su familia, y no hablo solo de su familia de sangre, hablo de todes nosotres, todes les que sabemos que el motivo de su desaparición tiene todo que ver con su identidad de género. A lo largo de esta semana he leído mucho la frase “busquenlo cómo si fuera cis”, pero si Tehuel fuera un hombre cisgénero, probablemente nunca hubiera desaparecido.
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La policía cierra la calle desde más atrás y dejan de pasar autos, así que nuestro bloqueo pierde el sentido. Algunes proponen seguir manifestándonos en el obelisco, pero veo la hora y decido irme en dirección contraria a la del grupo para tomar el bondi. Envuelvo mi cartel y camino hacia la parada mucho más tenso de lo que llegué. Hay muchas más patrullas y policías. Cuando paso por su lado soy más consciente que nunca de lo oscuro que está, de lo llamativo que es mi saco, de lo solo que estoy y de que no puedo verme más trans.
La desaparición de Tehuel evidencia un fallo en la inserción laboral de las personas trans; evidencia la incompetencia mediática y la falta de capacitación periodística para cubrir su caso. Evidencia que la facilidad para ejercer violencia sobre alguien es directamente proporcional a la cantidad de grupos vulnerados que ese alguien representa: ser de clase baja y ser trans se convierte en algo tan peligroso. Vuelvo a pensar en la masividad de su caso y deja de sorprenderme que haya tanta atención hacia un chico trans, porque entiendo que no es que él importe más que el resto de los chicos que han sido víctimas de esta violencia cisheteropatriarcal. Tehuel es el rostro de la violencia hacia las transmasculinidades que pasa desapercibida por la sociedad; Tehuel es Lucho Avila, Tehuel es Mateo López, Tehuel somos todxs.
Kevin Alejandro Vivas Ayala
Ecléctico. Le causan repulsión las cajas, los límites, lo estático, lo predecible y determinado. Por eso nunca puede describirse, porque le repugnan las palabras que le obligan a cumplir con un papel que aunque hoy le defina, mañana tal vez no quiera interpretar.
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