¿Cómo llegamos hasta acá?

Para analizar la situación actual del fútbol argentino, con las disputas de poder que eso implica, es necesario reconstruir el camino de la historia. Para eso, un breve repaso sobre la discusión de las Sociedades Anónimas Deportivas, el macrismo, la Superliga, la reestructuración de AFA -con sus internas- y el rol que el Estado debería ocupar.

Por Maia Cubric*

Para analizar la situación actual del fútbol argentino, con las disputas de poder que eso implica, es necesario reconstruir el camino de la historia. Para eso, un breve repaso sobre la discusión de las Sociedades Anónimas Deportivas, el macrismo, la Superliga, la reestructuración de AFA -con sus internas- y el rol que el Estado debería ocupar.

Como punto de partida es preciso remarcar que el deporte y la política están estrechamente relacionados. Así, los intereses que se juegan en la cancha son reflejos claros de los modelos que hay detrás. La discusión de las Sociedades Anónimas Deportivas es, entonces, concretamente política.

Sociedades Anónimas Deportivas

Los clubes de fútbol históricamente pertenecieron a sus socies, lo que está amparado por el estatuto del órgano mayor, la casa madre del fútbol argentino: la Asociación de Fútbol Argentino (AFA).

Sin embargo, en contraposición existen quienes hace años plantean que los clubes deben ser transformados en Sociedades Anónimas Deportivas (SADs). Dicho cambio implicaría que los clubes pasen de estar en manos del pueblo a sectores empresariales, quitándole a les socies la voz en la toma de decisiones. Es claro que las empresas nunca apuntan a un objetivo social, en este caso deportivo, y que por el contrario, solo pretenden sacar el mayor provecho económico. Por eso no es casual que las SADs se hayan propuesto mientras se desarrollaban modelos neoliberales y privatizadores en el país.

Repasando la historia argentina, hubo varios intentos por impulsar las SADs desde el gobierno de Carlos Menem en adelante. Así, en 1996 se impulsó un proyecto llamado Ley del Deporte que promovía el modelo español de Sociedades Anónimas. En 1997, Mauricio Macri, en ese entonces Presidente de Boca Juniors, propuso a la AFA votar para convertir los clubes en SADs y cambiar el estatuto de dicho organismo. Esa votación se llevó a cabo y la propuesta solo obtuvo un voto a favor: el de Macri, lógicamente.

En 1998, el senador Augusto Alasino propuso la Ley del Deporte que promulgaba la participación de las sociedades Anónimas en los torneos oficiales. En 1999 Fernando Galmarini presentó en el Congreso la Ley del Fútbol que expresaba que “los clubes que intervengan en competencias de carácter profesional podrán adoptar la forma jurídica de sociedad civil o comercial”. El 10 de marzo de 1999, ese proyecto de ley ingresó al senado bajo el título de Sociedades Anónimas Deportivas.

Estas iniciativas fueron rechazadas por la mayoría de los clubes, sus autoridades y sus hinchas que, bajo el lema «El club es de los socios«, resistieron a la privatización y mercantilización de los mismos.

En 2015, con la llegada de Mauricio Macri a la Presidencia de la Nación, la idea de las SADs comenzó a reconstruirse. El 17 de marzo de 2016 Macri, alegando que cada club debería decidir si aceptaba el cambio o no, declaró: «En un mundo en el que todos apuntamos cada vez más a elegir en libertad, que los socios de cada club lo elijan. ¿Por qué se lo va a prohibir?». Según Macri el ingreso de capitales privados a los clubes podía favorecer un proceso de transparencia en la administración.

Ese mismo año el sociólogo David Goldblatt público el ‘Manifiesto para un fútbol mejor’: “El fútbol es un lugar raro y precioso. Parte de nuestra cultura común, una herencia fabulosa de más de 100 años de juego, un repositorio de identidades poderosas y solidaridades, un complejo juego de rituales colectivos y conversaciones públicas en un mundo profundamente individualista, atomizado y dividido, un lugar en el que nos mezclamos socialmente, que trata de nosotros, no de yo. Por supuesto que alguien tiene que pagar el show. Pero no a través del celebratorio relato neoliberal (…) La idea de que los clubes puedan ser privados o tener a empresas como dueñas es un gran error; es un error moral y es un error político. Porque, ¿dónde está el club de fútbol? ¿En el estadio? El club siempre va a ser parte de una memoria colectiva, es un capital cultural colectivo».

Superliga, proyecto neoliberal

En 2016 se propuso crear un nuevo orden en el fútbol argentino. En febrero de 2017 la Asamblea de la AFA aprobó la creación de una nueva liga, que era la condición impuesta por el presidente Mauricio Macri para liberar $530 millones en concepto de indemnización por el Fútbol Para Todos.

La creación de este torneo, entonces, estuvo estrechamente relacionada con el contexto político y los intereses que había detrás.

Se trató de una liga con autonomía por encima del órgano rector del fútbol nacional, por lo que el proceso fue caracterizado como doble comando y asumido como un primer paso hacia las SADs.

En 2017 y 2018 no hubo grandes problemas con este torneo. Sin embargo, en 2019, de la mano con la situación crítica de la economía argentina, la Superliga estuvo en el centro de la escena deportiva. Fue clave pensar, entonces, una forma reorganización porque el posible fin de la era Macri implicaría consigo el fin de la Superliga.

De esta forma el 10 de marzo de 2020, luego de discusiones que preveían la disolución de ese torneo, el presidente de la Superliga Mariano Elizondo y el vicepresidente primero Jorge Brito renunciaron cediendo el lugar a Marcelo Tinelli.

Reestructuración de la AFA

En el contexto en el cual cambió el sello político de la Casa Rosada, el fútbol comenzó su reestructuración. Claudio Tapia, que es Presidente de la AFA desde 2017, conformó una lista única para ponerle punto final a la Superliga macrista, dándole espacio a la Liga Profesional que tendría a Marcelo Tinelli como presidente. El fútbol de primera división, entonces, regresaría a la órbita de la AFA, terminando con el doble comando.

Este proceso implicó llegar a consensos y uno de los cambios significativos radicó en las seis vicepresidencias. Así, junto a D’Onofrio estarán: Jorge Amor Ameal (Boca), Hugo Moyano (Independiente), Marcelo Tinelli (San Lorenzo), Marcelo Achile (Defensores de Belgrano) y Guillermo Raed (Mitre de Santiago del Estero).

AFA vs agremiados

En medio de esta organización interna, la pandemia mundial desató otras problemáticas en el ámbito del fútbol argentino. La discusión principal, además de cuándo se reiniciarían las actividades, gira en torno a la disminución de los salarios de los futbolistas. Sergio Marchi, Secretario de Futbolistas Argentinos Agremiados, se opuso al plan económico que planteó la AFA como así también a la eliminación de descensos, por las consecuencias que eso podría generar. Del otro lado, la AFA había propuesto realizar una quita del 30% a los sueldos que superen los $500.00, algo que sucede en 200 contratos de Primera División. Dicha medida se llevaría a cabo hasta que los planteles vuelvan a las prácticas.

El descontento de varios sectores frente a esta medida fue y es claro. Roberto Sagra, presidente de San Martín de Tucumán, criticó al organismo mayor del fútbol argentino por dar como finalizada la temporada. A su vez amenazó con recurrir al ámbito jurídico para denunciar que su club recibía un trato desigual ya que ascendió legítimamente, pero no sería reconocido.

De la práctica femenina ni hablar, ¿no?

En lo que respecta a las mujeres y diversidades en el plano del fútbol, las instituciones y los medios masivos de comunicación parecen no darle importancia. Mientras mucho se habla de las problemáticas que acechan al fútbol masculino, se invisibiliza el problema estrutural en la disciplina cuando se trata de mujeres y/o diversidades, que es el profesionalismo.

Pese al avance en el reconocimiento hacía la práctica femenina, posterior al Mundial Francia 2019 y de la mano con las luchas feministas que reivindican la igualdad, el fútbol para las mujeres y las diversidades nunca llegó a ser profesional. Dichos avances y proyectos podrían considerarse parte de una creciente semi-profesionalización que sigue manifestando desigualdades y más en este contexto de pandemia y crisis global.

El Estado tiene la pelota

El fútbol claramente tiene una relación directa con la política y por ende es necesario preguntarse ¿qué deporte se busca construir?. La asunción del gobierno del Frente de Todes en diciembre del año pasado y el cambio de modelo político influyó directamente en el deporte. «Para el gobierno de Alberto Fernández el deporte vuelve a ser una prioridad y creo que el hecho de convertirlo en ministerio habla de esa intención«, expresó el titular de la cartera de Deporte y Turismo, Matías Lammens. Esta cosmovisión en la que el deporte es visto como un derecho no es menor y es una posibilidad para reconstruir ciertos valores del mismo que lo ubican como una herramienta de transformación e inclusión social. Así, Lammens explicó: «Hay más de 3 mil clubes de la AFA que conforman, junto con los clubes de barrio, una extraordinaria red de contención y promoción social para nuestros chicos y chicas. Los clubes son mucho más que 90 minutos de fútbol». De esta forma, el Ministro destacaba el rol social y cultural de la práctica deportiva, el sentido de pertenencia, eje del fútbol y la construcción colectiva, y que las políticas de estado respecto a las práctica deportivas son tan importantes como en los demás ámbitos.

El deporte puede ser un espacio que excluya y desde el cual se prime la ganancia económica y mercantilistas, privatizando su componente social. Pero también puede ser considerado un derecho humano, una herramienta para la integración y la contención, un nexo entre los barrios y el Estado, como Matías Lammens expresó.

En este contexto donde están en tela de juicio las formas de construcción basadas en la acumulación de capital, no es menor que el Ministro se haya pronunciado al servicio de los clubes para poder enfrentar los efectos económicos que puedan suscitar: «El deporte es parte de nuestro acervo cultural. Vamos a trabajar en todo lo que haga falta desde el Estado para asistir a los clubes y ayudarlos a salir de esta crisis».

Porque el rol de Estado no puede ser el de privatizar los derechos de la población, sino que debe ser el de garantizar el mayor acceso; el de crear y difundir métodos que promulguen la participación y que deriven en la inclusión e integración social.

Los clubes y el fútbol, son del pueblo y no se venden.


* Periodista, conductora del programa La Marea (Radio Futura - FM 90.5), columnista del programa No Se Mancha (Radio Estación Sur – FM 91.7), colaboradora de Revista Trinchera y de Agencia Timón.

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