Rayo Fishereano: flashes sobre Mark Fisher desde terraza platense

Rayo Fishereano: flashes sobre Mark Fisher desde terraza platense

TIEMPO DE LECTURA: 5 min.

El pasado miércoles 6 de marzo se presentó en nuestra ciudad “Deseo Postcapitalista”, último título del filósofo británico Mark Fisher, publicado por Caja Negra.

A oscuras. De otra forma no sería Malisia.

La librería deja que la luz se encuentre al final del pasillo para que Los fantasmas del futuro presenten el último libro de Mark Fisher. Controversia análoga: un libro nos reúne para ser participes de una destrucción intelectual.

Perderse en un libro de Fisher es más fácil que perderse en una diagonal.

Estamos leyendo a un suicida. La ruptura no se piensa, la ruptura se realiza, se hace, se lleva a cabo. Bolaño escribió que “para irse siempre hay que hacerse el otro”.

Los fantasmas del futuro se hacen carne en el escritor docente Juan Matio, el becario del Conicet Emiliano Exposto y el sociólogo Santiago Estable, sentados uno al lado del otro detrás del compendio Fisheriano.

El público se maneja como en casa, toma una silla y ocupa el espacio. ¿Hay más sillas? Siendo que la terraza está habilitada para el micrositting no se detienen, el piso es un buen lugar.

El debate es denso, acalorado y nos recuerda ser constructo de la logia fisheriana, donde los malos hábitos son resultado de nuestras prácticas imperceptibles: deseos.

La propuesta es simplemente un deseo. La respuesta es el deseo. Un deseo pos capitalista.

El pos: Aquello que no muere ni tampoco nace. Un transe.

El capital no tiene moral. Desde el público se dijo que tiene lógica. Disentimos. El capital no tiene ni moral ni lógica. Por eso está en disputa. Lo que rige nuestra existencia son unas pequeñas victorias de un bando sobre otro, marchas y contramarchas en un constante devenir. 

No existe refugio alguno. Ni moral ni lógica, el capital es un campo inmaterial puramente posible.

¿No estamos hartos de gurús? ¿No estamos hartos de buscar encontrar alguiénes que nos digan “es por acá”?

Hay tres posibilidades:

Una (no es posibilidad, es una certeza). Fisher no es la salida, su filosofía es inaplicable y ahí radica su voracidad: nos excita el problema, lo sentimos acá, si te das cuenta es una pequeña victoria.

Dos. Si estas harto quiere decir que te diste cuenta del problema. No porque haya existido Fisher o tales autores, sino porque algo te jode, algo te interpela o molesta o no te cierra de tu entorno. Es decir pasas por carne al problema. Lo sentís como propio, aunque no sea así.

Tres. Si no sentís hartazgo en buscar a ese quien te muestre salida o algo así, es que tan convencido de realizar una ruptura no estás. Entonces: ¿Y si lo que verdaderamente querés no es romper con el capitalismo sino cambiar las reglas de este (a tu favor) para poder triunfar en su juego?

Un camión de basura provocó ruido atroz sobre diagonal 78. Algo intentó aturdirnos otra vez. Logró con su existencia hacer no escucharnos.

Cometida su finalidad, todo siguió.

A los expositores les pasaron dos coca-colas. Comunismo ácido. Malestar estomacal. No es tanto en nombre de las drogas sino en pos del efecto de éstas. El efecto. Se te mete por todos lados ¿Se te mete? No. Nos metemos en sus efectos. Los límites se hacen pliegues. Pliegues que habitamos. Los límites hechos pliegues se empañan y ya no hay lados del espejo. Como las manos son tacto, el capital es una realidad. Y ahora un pos deseo también.

¿Fisher fue enemigo del sistema o trabajó como enemigo de éste?

Hoy no hay mas trabajadores. Hay personas que trabajan. Pero no viven del trabajo. El trabajo vive de ellos. Hacen que el trabajo respire por y en ellos. Trabajo y deseo, faltó un dialecto Lacaniano que tome partido por la plusvalía del goce.

Damos mucha vuelta sobre el deseo y lo ácido porque sabemos que la realidad, lo palpable, lo que puede desbordar, ya fue desbordado o palpado o realizado. Tanto desear, como visitar al efecto del paraíso químico, saberlo no nato, saberlo como margen y así darle rosca endiosándolo, es un consuelo.

Los consuelos son prácticos.

Un consuelo traducido en práctica es tradición.

Quizá por esto, mientras se daban dimes y diretes entre el público y los expositores, alguien en silencio y pucho en mano (Agus) se agachó al altar del Gauchito para encender una vela al más santo de los paganos.


Gerónimo Rivera Cano

No sé mucho de mi persona. Huyo del “conócete a ti mismo”. Solo tengo por ofrecer un par de sienes ardientes: mi capital intelectual se basa en ser graduado en Ciencias Jurídicas, reseñar cosas, hacer notas de opinión, análisis y crónicas. Como sujeto narrante soy buen lector. Me prostituyo en las palabras. Formo parte del multimedio Trinchera, integro el equipo de CAPTO. Trabajo en un estudio jurídico y notarial. Nací y me crié en la ciudad de La Plata. No me gusta el helado. Maradoniano, sí, aunque se poco de futbol. Siempre de acá, el lado en donde reina el amor y la igualdad.

C.C. KONEX FESTI LAPTRA RETURNS 

C.C. KONEX FESTI LAPTRA RETURNS 

TIEMPO DE LECTURA: 5 min.

Abasto. Ciudad de Buenos Aires. El Centro Cultural Konex es la sede donde se comulgan variadas expresiones artísticas, intelectuales y culturales. Cuenta con varios espacios tanto al aire libre como bajo techo. La calle Sarmiento suele coparse por transeúntes y borrachos que respetan la circulación de los autos y de los carros tirados por sangre humana. 

17 de febrero. Febrero, si, febrero. Parece que estamos en diciembre pero no, estamos en febrero. La noche porteña siempre con su humedad. El verano amaga con dejarnos. Y la crisis, más que una amenaza parece ser una tendencia ineludible. Como los encuentros. Esa otra tendencia también ineludible. 

Organizar reencuentros es apostar a que no se den fortuitamente, que estén planeados es placentero para los amantes de las vicisitudes. Ahí rondan, lata en mano y modesta sonrisa, charlando, apoyados en las paredes lindantes del Centro Cultural, aguardan celu en mano por entrar.

2024. Desde el 2007 que este hito festivo no se producía: FESTI LAPTRA. El gran cambio es la entrada: no hay tickets, hay QRs. 

Flashando un Star Wars Indie, las chicas de la entrada usan sus pistolas para escanear todo píxel exhibido. 

Hay molinete. El salto se da adentro. A la izquierda la boletería sigue abierta, vaya a saber por qué, pues el patio está colmado; la casa está llena y en orden. 

Como apuntar y disparar el láser sobre el código de barra, siempre fue así para lo independiente. Difícil. Hoy lo es más. En un contexto herrumbroso cayendo sobre la espalda de una sociedad castigada, encontrarse da lugar a esa felicidad. Hace crecer la algarabía. 

Pero la fiesta no es ocio del bobo. Al contrario, esta fiesta es rebeldía, es comprometerse con aquello que llamamos colectivo. 

Como los claveles de los 107 Faunos, lloviendo sobre el público, es un darse comprometido. 

Dos escenarios. Uno fuera cuyo sonido es impoluto y otro dentro cuyas visuales son inmejorables. El de adentro es un Pura Vida al cuadrado. El de afuera no tiene comparación. El vallado es poco. Tenue. Delante del escenario externo las clásicas vallas. Al costado tan solo una soga. 

El line up es un manifiesto: artistas paridos por un mismo tigre, de enorme talla. 

“(El festival) Está pensado para disfrutar a cada uno de los artistas. No sigue la lógica de los festivales ‘meinstrim’ que en vez de hacernos disfrutar de lo que vemos nos hace pensar en lo que nos estamos perdiendo”, aseguró un día antes a Radio Trinchera, Javier “Gato” Sisti, organizador y cantante de 107 Faunos. 

Así fue. Cada uno de los presentes gozó de la sonoridad excelentemente, siendo habitantes de la estética LAPTRA: relajada, perfumada en simpleza, con aroma a casa quinta fuera de la ciudad, un domingo de calle alquitranada. Shores de baño, bucitos y zapas deportivas. Claro que el lugar también estaba abierto a recibir personajes con borcegos y ser un woodstock de cemento para pies descalzos.

Javi Punga, pasando por Koyi, Tigre Uli, Las Ligas Menores, Media Hermana, 107 Faunos, Santi Motorizado, Bestia Bebé, Antolín y todos los nombres que han quedado grabados en la memoria y en los acordes de quienes aún siguen en la ruta. Brujos y brujas de este conjurado encuentro. Un bautismo para muchos dado el cruce generacional estrepitoso. En el público, las banderas hechas casacas iban desde bandas consagradas hasta emergentes.

Es propio del Indie ser una fábrica de recuerdos. Adentrarse en este universo es partir un prisma en mil. En este caso quedará como souvenir directo el momento en que Santi Barrionuevo se llama a silencio y es el público quien toma la voz cantante entonando el estribillo de “Mi próximo Movimiento”. 

¿Sentirá a esto logrado tal cual lo imaginó cuando escribió “Chica de oro”? 

Cerca de un stand de comida también había un stand donde se vendían productos de los artistas nombrados. Un tigre de peluche blanco con rayas negras y ojos celestes vigilaba rugiente desde un costado. Ni hacía halago de su ferocidad ni se proclamaba león en esta jungla; solo estaba allí, su sola presencia (como en el logo del movimiento) impartía respeto. 

El respeto que imparte la valentía del arrojo a serse independiente. A serse propio, autogestivo, arquitecto de identidad con lo propio, con lo que se tiene y con la política de la fiesta y la amistad -más allá de vinilos e influencias de grupos sin frontera- como bandera. 

La potencia de los mantras y lo desafinado. De corazones desafinados. Desentonados. Sin ecualizar. De eso se trata, se trató y tratará. 


Gerónimo Rivera Cano

No sé mucho de mi persona. Huyo del “conócete a ti mismo”. Solo tengo por ofrecer un par de sienes ardientes: mi capital intelectual se basa en ser graduado en Ciencias Jurídicas, reseñar cosas, hacer notas de opinión, análisis y crónicas. Como sujeto narrante soy buen lector. Me prostituyo en las palabras. Formo parte del multimedio Trinchera, integro el equipo de CAPTO. Trabajo en un estudio jurídico y notarial. Nací y me crié en la ciudad de La Plata. No me gusta el helado. Maradoniano, sí, aunque se poco de futbol. Siempre de acá, el lado en donde reina el amor y la igualdad.

No es ficción

No es ficción

TIEMPO DE LECTURA: 4 min.

*Por Mora Zapata

Por arriba, los dueños de un mundo consumido.

Se reparten territorio, cual fichitas del tablero.

El objetivo es siempre el mismo, destruir al jugador mas débil, de ser imposible al jugador de la izquierda. Con un plan táctico y estratégico cotidiano designan los colores al azar, cada uno con sus reservas infinitas para la guerra entre trabajadores.

Por abajo, Sudamérica.

Una patria distinta enfrenta otro día de contradicciones. 

Desde ese pedacito de tierra, que contiene glaciares y desiertos, mares, ríos, montañas de picos helados y calores intensos, nace el delirio místico de una Nación que se jacta de ser auténtica y patriota pero progresista, buena persona… una buena mina que se yo, lo que se dice compañera.

Ahí encontras lo que se te ocurra, siempre vanguardia. Primeros en mucho y últimos en darse cuenta… (de lo que tienen hasta que lo pierden).

En resumen, un lugar bárbaro. La tierra privilegiada siempre Argentina, la del suelo rico en minerales, el granero del mundo, la carne más tierna, los frutos del barro fértil en las memorias de los pueblos ancestrales, los destinos turísticos… ¡Envidiados por cualquier país de Europa! ¡Casi Suiza! Si no fuera por la gente… LA PO LÍ TI CA…

Pero por arriba, el peligro.

Un magnate millonario se compra un pajarito que tiene boca pero no oídos. Le pone una bolsa negra con una equis en la cabeza y obliga al mundo a mirarlo y a discutir sobre él.

El ex arquero de Chacarita Juniors en un ataque de revelación divina busca un reemplazo a la soledad. Decide dedicarse a la economía porque esta harto de zurrdos, zurdos de mierda, por ustedes estamos como estamos, porque o sea digamos es eso, les gusta mantener vagos.

 Al pajarito le encanta.

Aparentemente hay vagos que se dedican profesionalmente a encontrar formas para no tra-ba-jar.

¿Porque mierda no les gusta el consumo sin sentido y ver al otro como un producto?

¿Qué les dieron de chicos?

¿AMOR?

Algo así quiere decir el muñeco de turno pero sus labios no los maneja él. Los hilos de su marioneta andan lejos, desparramados entre continentes, pero la mano que mueve la boca anda bastante cerca.

Quería su segunda vuelta porque este otro también fue un nene despreciado por su padre, pero muy caprichoso y consentido siempre, y se acordó que su papá, le enseño a usar a la gente como escudo. Así que mueve las manitos y con ayuda de sus amigos, dueños de unos cuantos monigotes, apuestan por el economista. 

Esta vez con una onda bien relaxxx y roquera, que diga todo, que no se calle nada, que le ponga onda que eso recontra garpa en redes, la gente esta re cansada de los tipos mAinstRiM, hay que darles SHOW.

¿Será que con tanto pelo que tiene no se le ven bien las ideas?

Una generación nacida en democracia aprende sobre libertad en un espejo de colores que refleja realidades distorsionadas. Le pone like y dice que están basados, que tiran altos factos, que esta modernidad inútil no la ve, pero que así se gana guita de verdad, y eso es lo que todos queremos al final, ver-guita. 

Pasó que el reloj biológico quedó desorientado después de la siesta pandémica y el futuro anda repitiendo al pasado. El lazo social se fue deshilachando y tenes para elegir el hilito que más se adapte a tu realidad aspiracional. El daño irreversible ya está hecho, nada que resulte de un aislamiento mundial obligatorio puede salir bien.

Le entregó las riendas al propio pueblo, salió mal.

Malió sal y pimienta en forma de aceite sobre los ojos de los manifestantes.

Silenciando la voz de los que todavía defienden el camino colectivo se atravesó un ómnibus de mierda que va sin freno y con los papeles flojísimos.

Viene manejando una tiranía que decretó necesidad y urgencia de vender todo rapidito antes de que se lo coma la inflación.

Pero se termina el receso y el pueblo sube al colectivo. Lento pero seguro hace memoria y se acuerda de sus derechos. Apoya la sube y ve subir el costo pero no el salario. Sube también el instinto primario de supervivencia y justicia.

¿Cómo puede ser que siempre pierda?

Retroceden un paso los enemigos del progreso soberano. Cantan victoria por un rato aquellos eternos creyentes. Un congreso desencajado inhala profundo, exhalando esperanza por dentro y por fuera.

Queda otra página para dar vuelta el relato, hasta que la fuerza del mito popular caiga por su propio peso simbólico. Para que los protagonistas de esta historia verídica, anuncien los anhelos de sus destinos. El próximo capítulo será nuestro, cuando la verdad de la realidad organizada escriba su propia historia y haga justicia por mano propia, justicia social.

Un clan colectivo

Un clan colectivo

TIEMPO DE LECTURA: 2 min.

El primer fin de semana post ballotage nos encontramos en Casa Unclan para vivir una nueva edición del Festival Magnética.

El cemento caliente fríe las plataformas de goma haciéndolas lisas.

En la ciudad cada fin de semana es un éxodo. Más aún cuando se acercan aquellos días que son delirios en desolación: estudiantes zarpan para sus ciudades natales y comienza a quedar un vacío en nuestras calles. El olor a tilo se expande por los aires platenses y condimenta el domingo en Magnética.

En Casa Unclan no se vive lo solitario. Entre ropa que se va acortando por el abrazo del verano, se llevó a cabo una feria de ropa autogestiva, exposiciones de VHS e ilustraciones, una consola abierta para quien se anime a tocar; jam de dibujo y flash tattoo. Las propuestas interactivas permitieron un juego entre hacer y ser la iniciativa artística, creando en conjunto dibujos y piezas musicales, haciendo que el ambiente construido sea de y para todes. Acortando distancias entre ser mero espectador y parte de la obra.

El Festival fue un mimo para aquelles a quienes les duele que avancen gobiernos que nos quieren distanciados. Magnética significó el abrazo colectivo y sintetizó todo el trabajo que hay detrás de cada producción en escena. “La idea es poder juntarnos a hacer un poco de arte y dar un soporte a la cultura under de la ciudad en un contexto social tan complejo”, comentaba a C.A.P.T.O uno de los miembros de la organización. 

El mensaje que se busca transmitir es como una patada irreverente. Ecléctico pero clarísimo: las estampas de las remeras puestas por los organizadores llevan como bandera el logo de FLEMA y otra la cara de Fede Moura. En contexto del desasosiego poselectoral, la respuesta nace en clanes culturales como estos. Retrovisiones estéticas que nos recuerdan que en tiempos difíciles siempre hay un oasis, un refugio o una trinchera donde poder darse un parate. Fue domingo, y lejos de la melancolía característica, el festival llevo arte, resistencia y al mismo tiempo, la distención tan necesaria para poder seguir.

“Llegué de la fiesta, dejé la mochi, cacé los auris, comí algo y vine para acá… Ahora quiero escabiar algo ¿Hay amargo obrero?” 

Se fue colmando el espacio y el calor húmedo del ambiente fue un segundo cóctel que no se puede rebajar con hielo. Por eso el ruido de una licuadora y los colores vivos de un par de frutas se mezclaron en los silencios que a veces bacheban la música de fondo. En el escenario se disponían dos camillas y una hilera de chicxs que buscaban encontrar su próximo tatuaje. 

Lo que va floreciendo entrada la noche fue, es y está siendo la nueva resistencia, donde priman entender el trabajo cooperativo, autogestivo y artístico. Compartiendo brebajes, arte y comunión en los rituales festivos que mantendrán la alegría en momentos que se pintan oscuros.

La banda sonora de nuestras vidas

La banda sonora de nuestras vidas

TIEMPO DE LECTURA: 4 min.

Desembarco de Superterror en La Plata. Luego de haber alunizado, vuelven a la tierra que los vio crecer. 

Microestadio Atenas. 16 de diciembre. Reciben al público luces blancas que apuntan directo al campo. Luces que arrasan con todo. Una pantalla a oscuras. La percusión elevada (bata y demás por sobre la altura del escenario), detrás de la primera línea. Guitarras y bajo. Apenas un ventilador para la banda sobre el costado derecho. Es temprano pero ya el encuentro generacional va sucediendo. 

***

-¿Quién toca hoy? 

-El Mató A Un Policía Motorizado… Una banda que…

-Uy! Pero querida, justo vos me tenés que decir el nombre que sos seguridad…

-No soy policía, solo incauto porros… 

Postales de rambla. Avenida 13 y 58. Charla entre vecina y chica de seguridad privada. 

***

Un manto de terror se confunde con el manto de transpiración. Entre luces de patrulleros y ambulancias no es calor lo que mata sino la humedad. Pero hay cosas que trascienden. La magia de la música; la violencia de la música. Una violencia cuidada.

21:21 horas. Llega el sonidista de la banda pidiendo permiso entre la multitud. Saluda cordial. Sube a su atril dispuesto al fondo y al medio del campo. Detrás, en el mismo sitio aunque más elevado, está el encargado de iluminación. 

¿Serán los brujos de este hechizo? 

“Hace mucho calor, si alguien se siente mal… Paramos”, dice una voz grave por altoparlante. 

El sudor es el abrazo de esta ciudad. Una bendición. La canción mántrica transporta a les presentes a corear y levantar los brazos al compás del buffer que repiquetea fiero. La banda invoca El Magnetismo y arranca la magia. 

Suena Mas O Menos Bien. El sueño de una banda de rock, con su aroma, con su speed. Haciéndolo todo porque sí. Sin un fin. 

Todo esto se va a perder. Lo saben y por eso están acá, todos chivados. Al borde de la deshidratación. Aceitades en humedad yendo y viniendo del borde del escenario hasta el puesto de hidratación. 

No les importa nada. O eso parece. Este público quiere creer que agotar sus energías aquí es una buena forma de ritualizar el final del almanaque.

“Hace mucho me gusta escucharlos y verlos en vivo, no sé de su historia. Me gusta seguirlos aunque hoy estoy cada vez mas atrás. No puedo mas del calor. Me quedé un par de días mas en La Plata, aproveché… Mañana me voy.” 

Yoni B. La superficie de este tema está hecha para rodar por las calles en noches adrenalínicas.

Entre el sonido y la energía de la masa presente, no sabe uno con qué quedarse. Sinergia delirante. 

Colores rojo, azul y las pálidas estroboscópicas. 

Muchos amigos te esperan. Allá, acá… 

“La ternura de las letras de Santi, pero también su música. Soy muy fanática desde que tocaban en Pura para poquísimas almas. Es impresionante”.

22:22 horas. Mundo Extraño y en la pantalla un circulo negro con reborde blanco. Especie de eclipse. Liquidados siguen yendo y viniendo hasta el fin. Así, empapados, siendo lo peor son la mejor versión de sí. 

Un meddley. Fotos, canticos populares. Flores que se hacen neblina. Cigarrillos modificadores. Hidratación etílica. Condimentos de recital. 

“¡Gírenle botella de agua al iluminadoooooooooooor!”.

Sostenido al pie del micrófono, con brasas de fuego detrás y luces rojas, vuelve Santi dándose a un público voraz, hambriento. 

Incautador de emociones, no teme ser devorado: “¿Quieren un poco más o con esta ya terminamos?”.

“La primera vez que los escuché en vivo no fue acá, no me acuerdo en qué lugar fue… Era la época de los CDs todavía. Se conseguían en pocos lugares, nichos. Una banda nicho”.

Con una organización hermética, temprano los horarios parecían secreto a voces. Con la identidad trashera y simple que hace recordar pasadas bandas alquitranadas… Los nuevos creadores de rocanrol tienen eso, envuelven no solo con su descuidada puesta en escena, ni con sus 22 temas en lista (tocados sin respetar el orden). Hay algo más: su urticaria. 

Contienen discurso y mensaje que pega igual siendo luz pálida en el silencio de una procesión, o bombos secos y perpetuos punteos sonando buena parte de la noche, o portadas diseñadas al mínimo detalle con las mismas manos que arman y escriben los versos… 

Era de locos pensar que la cola de humanidad que se extendía por calle 13 hasta 57 era para la heladería. De locos, no imposible. Es de locos querer que cada tarde-noche sea como esta. Muchos eventos y el clima perfecto. La Plata te queremos siempre así, efervescente, ecléctica, delirante, desbordada. Es decir: descuajeringada y al sonido de un under desarrollado. 

Al sonido arrollador de El Mató A Un Policía Motorizado. 

BIENVENIDO SINDICATO DE LA LOCURA

BIENVENIDO SINDICATO DE LA LOCURA

TIEMPO DE LECTURA: 6 min.

El Teatro Bar abrió sus puertas previo a las elecciones presidenciales. El Tio Valen y Ramiro Sagasti, junto a más de cuatro artistas invitados, deleitaron a su público con diferentes géneros: rap, candombe, cumbia y rock. La insignia de la noche fue “que me digan que estoy loco…”, qué invitó a reflexionar sobre el uso que se le confiere a la locura. 

En las calles de La Plata ronda la expectación. Al otro día serán las elecciones presidenciales y la avanzada de la derecha puso en jaque a gran parte de la sociedad. ¿Estaremos volviéndonos más locos?

Sin embargo, había una borra de café que disfrutar el sábado 21 de octubre.

A eso de las 20:30 HS en el mítico Teatro Bar, un grupo de personas comienza a formar fila y a bajar las escaleras que conducen a la olla del semi coliseo. Esta noche toca El Tío Valen y su Sindicato de la Locura junto con Ramiro Sagasti.

En este contexto, con las horas que asedian la llegada de la medianoche de veda electoral, la ciudad respira un encuentro popular. Equipo CAPTO es recibido por una mano en alza desde la ventana. Un rostro que atesora la dulzura de un niño nos revela la humanidad de ese hombre, que con agitados movimientos se ocupa de nuestra comodidad y no deja de dar vistazos a su equipo para mostrar su servicialidad. Este anfitrión es Valen Macchi, el coordinador febril del evento.  

Persé del show que se brindará esta noche es importante destacar el nombre de la banda principal: El Sindicato De La locura. Conspirando el análisis, se podría reparar en la voluntad de estos proletarios de la expresión en pos de colectivizar y aglutinar a su público para oír su mensaje. Incluso las mesas guardan un mensaje escrito: “que me digan que estoy loco”. 

Hoy también llaman loco a la figura que se asemeja a un fantasma y porta una motosierra, que protagoniza el espectáculo periodístico de la época. Su estética política apela a este ademán de la personalidad -locura- para contorsionar una imagen que lo consagre en fortaleza. Locura (como si se tratara de una evocación barbárica) de ideales de cotillón que condicionan el ambiente para argumentar su metáfora de destrucción. Locura por creer que desafía un status quo al cual bien representa.

En contraposición a la contradicción codiciosa, puesta en alza en pos de la destrucción de los medios así como también de las luchas populares y colectivas, el arte sugiere ir al encuentro de otra forma de locura: aquella que se enaltece al construir y poner en valor la existencia de un proyecto común.

Dentro del Teatro, las pizzas horneadas ya tienen la temperatura apta para ser llevadas a las mesas y 21:30 HS es la hora pautada para el inicio del show.

El cantante de Pérez sale a escena bajo el manto iridiscente de las luces: en el escenario está el sólo, con su guitarra acústica y el micrófono. Se entibian las sillas mientras Ramiro rasguea su sexteto de cuerdas y arranca así su repertorio. 

La melodía viaja entre los comensales al estilo cinematográfico cena-bar.

El público oye y tararea al pasar las canciones que parecen tornar a su fuente matriz; fugarse por lo menos un par de horas del formato banda y reencontrarse allí siendo materia maleable del ingenio.

Entre tanto, se da luz sobre una decoración cosmológica. Ojos que miran al público, estrellas de cartulina dispersas por el entorno van acompañando al cierre de este set acústico donde agradeció al espacio y al Tío Valen en especial.

Se cierran los telones del Teatro y desde el costado del escenario una figura vestida con un mameluco, de metro y tanto de alto, comienza a bajar caricaturescamente las escaleras del pasillo que conecta el escenario con los camerinos. Primero baja el capitán Valen Macchi, luego le sigue su sindicato.

Las anclas y velas de este gran barco artístico se ponen en acción. 

Calibran desde el segundo piso las luces y se escucha un grito proveniente del público. Poco a poco, las mesas comienzan a quedar vacías, mientras la gente empieza a bailar frente al escenario.

Lo único que titila son las luces verdes de las cámaras que están grabando el show para la posteridad. Todo es oscuridad. 

Alrededor de las 22 HS el telón del teatro está abierto y una fila de luces led ilumina el escenario de nuevo. Dispuestas de manera vertical, enfrentadas a los ojos del público, invocan las sombras de los artistas frente a las narices de los espectadores. 

El sindicado de la locura tuerce los sentidos y menea las chapitas que cuelgan de sus outfits. No se toma dimensión de las jerarquías, no existe arriba y abajo: el coliseo del teatro bar parece una meseta. La interacción entre el artista y su público es nítida. La danza se da en escena y también entre las mesas. 

La lista de invitados por los músicos es grandísima, oscilante entre lo acústico, lo meloso, lo combativo; del rock al rap, de la playa al bosque y del mar al río. 

Incluso en un momento El Tío escoge contar una breve historia e invitar a Fede Macchi para que lo acompañe con una acordeón en una canción que, asegura, hacía mucho no tocaba en vivo. El público en conjunto se sienta en el piso a su alrededor, luego de que Valen Macchi baje del escenario con un micrófono en la mano y un globo entre las piernas que luego echa a volar. Se encienden una por una las linternas de los celulares haciendo bajar el cielo a la tierra, produciendo un sin fin de estrellas digitales que alimentan la escena.

La performance del sindicato es una caja de sorpresas. Llega el momento de otro ritual. El charco se hace presente. La cultura rioplatense suena al compás de tambores candomberos. Luego llega la cumbia de mano de otra invitada de lujo, Carmen Sanchez Viamonte. Mientras alguien es visto entre el público pogueando y cantando, de la nada se produce un cortocircuito… No se entiende bien hasta que se oye desde arriba alguien que llama a los gritos “¡Oid mortales!” -¿Se viene el himno? ¿Hora de ponernos patriotas a todo trapo? ¿Nos convertimos en calabaza?- Que me digan que estoy loco, pero un rostro iluminado por una tablet recitó un poema más allá de las estrellas. 

Si la abrupta pausa del show fue una sorpresa, este acto surrealista fue la frutilla del postre. Finalmente, una vez que el teatro cerró y todos creyeron que el show había terminado, los tambores ocuparon la vereda por deseo de alargar el encuentro. Por fuera de la pauta, cumpliendo con la mística, un grupo de personas bailaba alrededor de las pibas candomberas.

Festival Multiverso: un encuentro de múltiples voces

Festival Multiverso: un encuentro de múltiples voces

TIEMPO DE LECTURA: 4 min.

Comunidad Ferroviaria llevó a cabo la segunda edición de su Festival Multiverso. Un evento construido sobre las bases del trabajo colectivo, donde se hizo posible la interdisciplina entre múltiples universos de significados.

El Multiverso de la Comunidad Ferroviaria propuso poner el cielo en jaque. Imantó los astros a los ladrillos de sus galpones y así realizó la colectivización terrenal del firmamento superando lo que podían prometer sus tickets.

Fue el 23 de septiembre la fecha elegida para que los galpones se vistan de fiesta, y hagan lucir su sonoridad para dar lugar a la segunda edición de este festival.

Si conoce el lugar un día cualquiera será recibido primero por la guardia perruna y cada vez que se adentre más, se cruzará con la huerta, mientras probablemente el silencio tolosano desaparezca para dar lugar al ruido de las máquinas de los polos productivos de la Comunidad. 

Allí convergen diferentes actividades como la herrería Evita Capitana II, la carpintería Raíz Obrera, la textil Estrella Azul Dos y el multimedio Trinchera.La Comu” es el ejemplo del trabajo cooperativo enmarcado en una Economía Popular como bandera de resistencia ante los modelos neoliberales que no fomentan el crecimiento de las industrias nacionales y promueven la desocupación laboral. 

“La Comunidad es todo lo que esos proyectos rechazan: trabajo cooperativo, libertad de expresarse y dejar expresar, es militancia comprometida y es cultura independiente y disidente. Ya deja de ser solo una cuestión partidaria, es una cuestión humana y social”, aseguró a C.A.P.T.O Ciro Pujol, uno de los organizadores del evento. De hecho, esta postura no pasó desapercibida en cada uno de los shows. En un contexto donde se disputan dos modelos de país altamente diferenciados, los artistas que participaron se posicionaron en defensa de la democracia y los derechos adquiridos. 

De las entrañas de Comunidad Ferroviaria surgió El Multiverso, un festival que convocó un feriazo donde se expusieron los resultados del trabajo comunitario de cada día al mismo tiempo que múltiples expresiones artísticas realizan sus performances. De esta manera, el territorio se dispone con el objetivo de visibilizar cómo conviven la cultura, el arte y el ocio.

Una vez que atravesamos el portal de entrada, se disponía el patio de juegos que funcionaba como un espacio de reunión donde la gente se entretenía entre una mesa de pool, metegol y tejo, mientras otros pedían cerveza y comida en un sinfín de puestos. Por supuesto, no faltaron los exquisitos sanguches de bondiola hechos por los trabajadores de la comunidad.

El line-up estaba organizado en dos escenarios: 

  • Escenario solista: junto al histórico y mítico árbol que crece dentro del galpón, se presentaron Lichi, Burro, Orión XL., encarnando el Indie, el rock acústico y el hip-hop combativo.
  • Escenario de bandas: en el segundo galpón La piba berreta, Mora y los metegoles, Monstruo!, Carmen Sanchez Viamonte y Monoblock dieron lugar al espacio de goce fervientemente corpóreo a través de esta propuesta diversa de expresiones artísticas.

También hubo una instalación inmersiva montada al mejor estilo tecno-modernista en manos de Intra Producciones, donde imágenes en loop contaban la historia y el proceso de recuperación de este territorio, al mismo tiempo que una gran pantalla reproducía de forma virtual toda figura captada en el espacio.  

Aún más larga que la fila para el baño era la que se formó a eso de las 23hs en el puesto de ingreso a los galpones, donde los llegados aguardaban expectantes y ansiosos. Desde aquel sitio ya se avizoraba la puesta en escena: las luces verdes y violetas engalanaron las estructuras de hierro oxidadas y los muros de ladrillos a la vista, conformando un ambiente lleno de mística, y a través de los huesos del tinglado sin chapas se difundieron las voces del multiverso en la noche tolosana.

Un riel encarnado en la carpeta de hormigón guiaba el camino hacia el escenario grande. En ese galpón durante la semana se hacen premoldeados de cemento y esa noche ese espacio se estableció como medio donde cuerpos caníbales del ritmo vibraban al compás de ondas folks, pogueando a todo trapo, finalizando su noche con la caja torácica percutida por un electro candombe. 

El Multiverso es de los eventos propios de la Comunidad Ferroviaria donde se trata de generar un convivio concreto entre el trabajo cooperativo y el ocio, entendiendo que todo evento que se realiza en la Comunidad es fruto del trabajo colectivo.

UN MAPA PARA ORIENTARSE:

Conversatorio: Imaginaciones sobre el fin del mundo

Conversatorio: Imaginaciones sobre el fin del mundo

TIEMPO DE LECTURA: 4 min.

¿Qué sucede con la literatura cuando el presente solo nos deja pensar en un futuro sin sistema, sin, redundantemente, futuro? Para Juan Mattio y Marcelo Acevedo, no tenemos que pretender tanto del arte y no buscar respuestas entrelíneas. O algo así nos adelantaron el pasado martes 12 de septiembre en el conversatorio “Imaginaciones sobre el fin del mundo”.

La semana pasada, en la Comunidad Ferroviaria se plasmaron reminiscencias de lo post-punk y la literatura “extraña”. La danza esta vez no fue física, fue mental. Con C.A.P.T.O fuimos parte del conversatorio “Imaginaciones sobre el fin del mundo”, impulsado por el programa literario de Trinchera, Plástico Cruel. Sus miembros, Juan Machado y Luciano Montoya, en conjunto con Juan Mattio y Marcelo Acevedo nos invitaron a pensar sobre la idea de Frederic Jameson de que “es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”.

Juan Mattio y Marcelo Acevedo son co-directores de la colección Arqueologías del futuro, perteneciente a la editorial Indómita Luz de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP). Nos proponen una lectura desde la perspectiva y autoría latinoamericana sobre las nuevas distopías y la “nueva ficción extraña”. Una ficción categorizada por Mattio como un “frankestein” que se inspira desde lo “pulp” y que toma objetos de lo fantástico, el cyberpunk, el policial negro, el terror y también del realismo, entre muchos otros.

Es difícil categorizarlo, pero sí se puede pensar que funciona como aliciente para imaginar
un post apocalipsis saliendo de la norma. En “Osobuco”, un cuento parte de la colección codirigida por Acevedo y Mattio, Ever Roman nos plantea la idea de que la literatura futurista y las telenovelas románticas crean un mundo “claustrofóbico e intolerable”, y si bien la resolución de los problemas en ambas es muy distinto, nos deja para pensar en cómo imaginamos una salida a ese futuro distópico. La respuesta no nos la dará la literatura, pero sí podemos crear espacios de encuentro, como el conversatorio, donde reflexionar hacia qué caminos vamos como comunidad. Esa tarde se juntaron diversos imaginarios a pensar, a idear el fin del mundo. Pero no por mero morbo, porque sí, nos gusta lo catastrófico y pensar en “¿cómo sería si?”. Pero además, nos rodea constantemente la posibilidad de que suceda: el hambre, la derecha, el cambio climático. Todo va allanando el camino para pensar que es más probable que haya una invasión zombi a que hagamos la revolución.

Pero el fin de esta literatura no es dar respuestas solemnes a un mundo en crisis, sino reflejar una realidad desde cierta distancia para analizarla, sin pretensiones, condimentadas por lo fatídico y el lobo del hombre en supervivencia. Con el fin de reconocernos personas y entender que el todos contra todos no nos llevará a grandes salidas, sino a consumar el objetivo de quienes nos quieren sometidos. El nuevo extraño nos dice que si llega ese día donde todo se acabe, donde los dioses se mueran, no tendremos las respuestas certeras, pero de seguro que lo hemos imaginado todo.

La imaginación es una perspectiva que sirve para equiparar teoría con práctica; un estado meditabundo antes de caminar. La utopía es, literalmente, un no-lugar. La distopía en cambio, es un puerto más próximo a una resolución post punk, cyberpunk de lo-que-pueda-ser.

Mientras tanto, el capitalismo rebalsa y renace, pero también se autofagocita. “Es que pensamos que el capitalismo es la forma de relación humana ¿A qué le tememos más? ¿A la falta de Estado o a la falta de mercado?”, se preguntaba Juan Mattio en su intervención. Y estar tan aferrados al capital nos hace imaginar más fácilmente una salida individual que colectiva.

Pero por más que pregone lo individual, nos signa como sociedad una sensibilidad o susceptibilidad de época, donde todo lo peor, y lo mejor, podría ser; pero no es. Aún más cuando hay falsos profetas que intentan desensibilizar y la insensatez marca el pulso de lo epocal. La literatura nos respalda y nos solventa la poesía. Viró el estado gendarme de la palabra hacia el estado benefactor de poesía, y somos necios si no lo aprovechamos. Poesía no en el mero sentido de verso, sino en el sentido de ver lo romántico en lo cotidiano, para imaginarnos que la destrucción también puede tener una salida que guarde cierta ternura y amor hacia el otro.

El nuevo extraño, la literatura, la poesía aparecen como espacios para reflejar esa sensibilidad que nos encuentra enmarañados en sentimientos funestos y esperanzadores, si es que acaso puede ser posible semejante híbrido. Es allí cuando el conversatorio deviene en comunión, el compartir nos lleva a respuestas colectivas en momentos donde se busca inculcar el todos contra todos. Cabe destacar que el conversatorio se hizo en Comunidad Ferroviaria, un lugar donde lo colectivo se materializa para buscar salidas cooperativas y comunitarias a la desigualdad y que el mismo cerro con lecturas de poesía y baile. Es ahí, justo en ese sitio al borde de la capital provincial donde reverdece aquello que, entre lecturas compartidas, ritmo de zamba, chacarera, gato y palmas, se corrieron los bancos, se armó un círculo y el baile se cuela. Somos vulgares y románticos, pero no idiotas como creen, un abrazo, un baile compartido no detendrá al derrumbe, pero cuánto nos ayuda.

Ciclo fervor, cuando la resistencia se pinta de baile

Ciclo fervor, cuando la resistencia se pinta de baile

TIEMPO DE LECTURA: 4 min.

La Comunidad Ferroviaria inauguró septiembre con la segunda edición de su Ciclo Fervor: una apuesta cultural que abre la Comunidad al público, ahora con una producción propia. Otra vez la invitada fue Sara Hebe, acompañada por Paz, Fluir beats y La Puta Ama DJ. 

Ciclo Fervor es la segunda fecha propia de la Comunidad Ferroviaria, junto al Multiverso. No es una puesta como cualquier otra, su organización es fruto integral del trabajo cooperativo. Todos los días dentro de la Comunidad funcionan distintos polos productivos que hacen posible los eventos, sin ir muy lejos el escenario donde se dan los shows es el trabajo de la herrería y carpintería en conjunto, así como también la barra y el techo que salvó la fecha de la lluvia que amenazó con embarrar los borcegos del público. 

En diálogo con Lucas, uno de sus organizadores, nos comentaba que “en los eventos a la Comunidad se la ve en todo lo estructural, es decir, desde el escenario hasta las telas, que hoy son los telones y son producto del área textil. Esta nota de Trinchera, también es parte de la comunidad. Lo cultural es el producto final”. Desde temprano quienes son parte del trabajo semanal, se encargaron de las compras para la cantina hasta de asegurar que el fuego de la cena esté encendido bien temprano, avivándose antes de recibir al público fervoroso. 

El cielo gris y la lluvia cayendo sobre el barro tolosano no fueron motivo de amenaza de suspensión. Sin temor ni vergüenza, encapuchado va llegando el público a los galpones de la Comunidad Ferroviaria. El público se va dispersando entre el living de madera que invitaba al convivio previo al show. La gente aprovechaba a cenar y a pegar sus cuerpos al calor de los tachos con fuego y los “honguitos” calefactores. 

Borcegos y cadenas; cuero y remerones pero también glitter, colores vivos y tapados animal print. El glamour verdadero es un terreno que se cultiva y se siembra con respeto, y el público del Fervor representa todo eso, les artistas generan una calidez y libertad para que todes sean. 

La noche la abrió Paz cerca de las 22 horas. Fue un show impecable donde se presentó su nuevo álbum MDB: Marica de Barrio. Paz, junto a Coloco y Palisandro, realizaron una puesta interesante e inesperada. Donde la música de raíz y la danza tradicional argentina transversalizaron lo cuir. Sus polleras, botas caña alta y el baile con boleadoras que coronó su performance, fueron lo culmine del estilo. Lograron conjugar dos géneros signados por su binarismo: lo gaucho y el rap. Y un rap marica de barrio para la resistencia. El trío lo dio todo, no falto ni el agite, ni el baile, ni la perfo. Fue la previa perfecta para dejarle el escenario a Sara. 

Sara volvió a darle revancha al primer Ciclo Fervor, siendo una presentación muy difícil de catalogar: la versatilidad de Sara y su banda es simplemente alucinante. La “polenta” de Sara en el escenario es innegable, pero es la síntesis de todo el fervor del ciclo. Decididamente Sara Hebe y su banda son el refute a aquellos que prefieren quedarse en su casa escuchando por youtube.

La esencia de la puesta en escena hace vibrar las paredes de ladrillo, y no solo porque lo hard pinte toda la discografía sino que el compromiso con el que Sara afronta los shows es genuino, no son solo las letras, es un todo que se complota para terminar cantando “Como a los nazis les va a pasar”, pidiendo a su público que vaya a votar, y no a la derecha. A los gritos pidió que le refresquen el nombre del compañero asesinado por la policía: Facundo Molares ¡Presente!, Santiago Maldonado ¡Presente! Hizo presentes a los ahora mártires. Mientras eso sucedía, el pequeño altar a la derecha del escenario observaba todo, la vela roja iluminaba la figura espectral del santo popular por excelencia.

Sara se arrojaba a su público, de manera poética la duración del espectáculo duró lo que la luz contorneaba al altar. Nos parece que ya es costumbre: el sábado pasado fue un príncipe, este fue una reina quien se arrojó al público. Sostenida por palmas desconocidas no deja de cantar. Ya es una marca registrada de la fiesta en la comunidad: artistas que se entregan a su gente. Acá la predilección popular rige cada actuar. 

Llegaba el fin del evento, una base de Led Zeppelin sonó con una de sus canciones, seguida de “Hit the road Jack”, y los gritos de Sara “Viva el Atlanticazo, voten”.

En una poesía inmensa Marta Dillon aseguraba que “las mejores escenas eran las salvajes”, la escena punk no murió; resiste entre el trap, el perreo, el rap y el cachengue. Cabeceando y canalizando broncas en la pista. Una Paz comprometida; la Puentera que canaliza en sus rimas a la bronca colectiva; una Puta Ama que nos hace frenéticos. La tríada sureña que hicieron Paz, Sara y La Puta Ama dejó al público más que satisfecho, 

“Siempre buscamos abrir el paraguas de la cultura que transita en el espacio… que les artistas se sientan comodes, felices y como el público, quieran volver…”, concluye entre risas uno de los organizadores del evento. Y como dándole la razón Sara Hebe dejó un saludo a su público: “Vuelvan a la Comunidad Ferroviaria”. 

Un puño cerrado, un vaso cervecero bien arriba, la risa, el pogo, los pies satisfechos. La suma de una misma conclusión: la resistencia es festiva.

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