Alguien corre toda la vuelta

Alguien corre toda la vuelta

TIEMPO DE LECTURA: 12 min.

Juan Machado nació en Carhué, provincia de Buenos aires, en 1992. Escritor y conductor del programa Plastico Cruel. Publicó el libro de cuentos, microrelatos y poesías, No hay que jugar en la casa vieja y otros relatos (2020) Pájaros Punk (Malisia 2022). Comparte con Revista Trinchera el siguiente relato.

   Junto con la tarde, caía una cierta pesadumbre digna de velorios, de jornadas extensas, de veranos inagotables. Sobre el lomo de la casa se veía una niebla que empezaba tenue que después, con el correr de las horas, se trasformaba en insostenible, como una mentira incapaz. En mañanas de invierno uno atina a correr la niebla con la mano, dando manotazos en el aire también espeso y frio, como el que en la casa se respiraba esas inmensurables noches secas.

   Él llegaba junto con la niebla y se recibía de noche, con esa oscuridad blanca, con esas siluetas azules de hojas inquietas. Cuando abría la puerta, entraban ambos, él con paso disimulado envuelto en esa sabana gris que lo acompañaba siempre. Tirando la llave sobre la mesa ratona, que bien aprendió a esquivar, de camino al baño pasaba al lado de ella, que siempre de espaldas, cocinaba en la mesada fría e incómoda. A veces, dependiendo su humor, besaba alguna parte de la cara de la mujer sin importar cuál y otras veces solamente pasaba rumbo al baño y le regalaba una de las sonrisas más despreciables que se pueda imaginar, mezcla de perversión y burla, la perversión como burla siempre.

   Cada noche se repetía, a la vuelta del baño él caminaba de pies abiertos mientras ella ponía la mesa muda y desolada. Él le olía el cuello, con la punta de los dedos recorría los contornos de la espalda de la mujer, largaba unos vapores calientes de olor a boca usada sobre las orejas nacientes del cuello largo y blanco que empoderaba la espalda. Luego inhalaba a toda fuerza idiota los aromas sueltos de la mujer, volvía a crecer con sus manos por la cintura pero esta vez abarcando el ancho de la espalda escurriéndose por las axilas, hasta comprobar las texturas de sus pechos abiertos a la huida. Tomaba su mano haciéndola girar y la besaba derramante, clavando sus ojos secos en los de la mujer que no detenía la mirada ni un solo segundo en él y se iba con sus ojos bien lejos, a alguna realidad que la tenga sórdidamente radiante y dueña y mujer y amante.

   La casa no era muy grande, le decían la casa vieja porque quedaba atrás de la loma, justo antes del monte. Había sabido ser la casa de los patrones pero cuando hicieron el casco nuevo del otro lado del monte, esta quedó destinada a ser la casa de los peones. Un par de habitaciones usaron para despensas sin consultar al matrimonio, cosas de patrones, le quedaba una habitación para ellos, una cocina minúscula, un comedor amplio y el baño.

   Se sentaron a la mesa, tajeaba la cara del hombre una sonrisa torcida caída de otro cara, era dos veces una cara. ella se sentaba con ambas manos entre sus rodillas que se pegaban bajo el vestido, como sintiendo frio. Él la tocaba del hombro al codo con el revés de la mano áspera.Comamos mi amor. Decía casi cómplice. Explotaba en una carcajada filosa como cuchilla, hiriente como el desamor.Me acorde de una pavada, perdón amor, comamos. No paraba de reír.¿Sabes qué dice la mujer de Víctor? Eso me acordé ¿Sabes qué dice? Que se cansó de él, pobre tipo, labura todo el día solo para ella y la tipa está cansada porque él pasa por el bar después del trabajo. ¿Podes creerlo mi amor? La mujer no alcanzó a contestar mientras él prosiguió. Por suerte yo te tengo a vos que sos incapaz de hacerme una cosa así. Ni se me pasa por la cabeza que me lo hagas. De perfil sublime, ella se destinaba al plato de comida, se llevaba el primer bocado a la boca, humeaba la comida en el tenedor, un mechón de pelo negro dibujaba la cara de la mujer de boca abierta. Él plantó su palma derecha frente a la mujer, ella cerraba los ojos, como quien lamenta una herida.

Primero yo amorcito, quién trabajó todo el día hoy.

 Sin bajar la mano se llevaba el tenedor rebalsando a la boca, sin soplar aguantó el calor entre sus comisuras y escupió hediondo sobre la mesa.

¡Está caliente! ¿Lo haces a propósito? Decime nena ¿es a propósito? El hombre retiraba la silla hacia atrás marcando para siempre el aparador blanco, alzando los restos escupidos en la mesa. Tomá, tiralo, tomá, dale. La mujer ponía la mano para recibir lo que el hombre había escupido, clavaba la vista en la pared indiferente donde rebotaban todos los lamentos impávidos

 Pará, pará, no lo tires, comelo.

 Ella que caminaba hacia el tacho de basura frenó a medio camino. Él ya sentado en la mesa nuevamente la miraba mientras se rascaba la barba.

Dale amor, comelo. La mujer se llevó la mano cargada a la boca y tragó sin saborear aunque lo rancio y frio se le penetró en las encías.

 Muy bien, muy bien ¿Sabes por qué no te quemaste? Porque yo ya me quemé antes, como siempre, como en todo haciendo sacrificios por vos. Vení comamos. El hombre comenzaba a poner énfasis en ciertas palabras que se desprendían de su boca.

 Pobre Víctor para qué mierda trabaja todo el día, todo el reputísimo día para llegar y que la mina esta le haga una comida de mierda, para colmo dice que la toca y tiene olor a cebolla, pobre Víctor, si quería olor a cebolla se tendría que haber casado con una negra cualquiera. El hombre volvió a romper la noche en una carcajada impiadosa, ella inflaba el pecho con total disimulo, tomaba aire que se hacía entrecortado. Él recuperaba la postura y se dejaba caer sobre el plato que ya estaba casi vacío. 

 Llenito papi, qué pasa que no comes. Caminó hacia ella rosando la mesa.

Andá a bañarte, debes estar cansada. Ordenó mientras ella se apretaba las rodillas bajo el vestido y se tragaba entre suspiros esas lagrimas espesas que desgarran por dentro en un hecho irreversible.

Andá que yo tampoco me quise casar con una boliviana. Los ecos de su voz rebotaban en las paredes y caían sobre su pecho. La mujer sin soltarse el vestido, encorvada y temblorosa, pasó por delante de él. Cruzó el pie de la mujer y empujó su espalda dejándola caer de piernas abiertas. En el piso lo veía desprenderse el pantalón, vio las piernas finas y blancas con pelos negros del hombre que se apoyaba en sus rodillas frías. Le tapó la boca con su boca pastosa, justo en el momento en que lo áspero opacaba lo blando, se escucharon una seguidilla de golpes que venían desde el patio, hacia la vereda.

   Guardaron silencio, ambos con las miradas extraviadas, al silencio respondió la misma seguidilla de golpes, pero esta vez en dirección contraria.

Qué mierda. Compuso él. La mujer miraba extrañada al hombre que todavía duraba sobre sus rodillas. Él pareció estar dispuesto a retomar su acción sin dar demasiada importancia a los golpes, que ya habían desaparecido.

    No dejando llevar a cabo el desempeño cotidiano del hombre y el padecimiento de la mujer, volvió a repetirse el intenso golpeteo. Otra vez ambas en ambos sentidos.

   ¿Escuchaste? ella respondió que no en un movimiento de cuello dolorido y espalda fría. ¿No escuchaste el tropel? Repitió el gesto la mujer y él sostuvo con una mano en el pecho el intento de ella por levantarse. El silencio fue sepulcral y el sonido volvió a repetirse.

 El tropel, alguien corre afuera. Va y vuelve. ¿No escuchás? Ni para eso servís, Alma. Se apoyó con ambas manos sobre ella y se paró. Abrió la puerta del patio, puro macho, en el remanso terco de la noche húmeda halló una pura oscuridad pasmosa, lo helado se le acunó en el pecho de camisa abierta. Volvió una mano adentro, para prender la luz, el foco explotó en una llovizna de vidrio, el hombre insultó, volviendo sus pasos hacia atrás y cerrando la puerta.

¿Cómo puede ser que no escuches? Mientras se sacudía los vidrios ella encogió los hombros parada frente a él. El hombre se detuvo en la ventana un buen rato, con las manos cerradas y la espalda ancha, sin omitir ningún tipo de agravio, cosa que a la mujer le resultó extraño, ella se lucía sentada en la mesa ahora, el ejercía el oficio de la preocupación con total apremio. Luego giró dejando caer la cortina, retornó a la mesa, sin posar sus ojos en ella, tenía la mirada algo ida.

   Con la mano golpeó la mesa haciendo saltar todo.

 No me digas que no escuchaste, no me quieras volver loco. Acarició como siempre con el revés de la mano la mejilla de la mujer.

Me hacés enojar amor, mirá como me hacés poner. Desde algún rincón le brota un llanto sin edad, mientras se seguía apretando las rodillas ya marcadas. Él le usurpaba la piel, como a un animal muerto. Cargaba la mano con una furia precoz, cuando el golpeteo volvió a nacer, desde el fondo del terreno, pasando por la puerta que antes el hombre había abierto y creciendo en dirección a la vereda. Repitiéndose en esta oportunidad cuatro veces las idas y las vueltas. Se congeló con el puño alto y ella vio, entre los dedos de su mano, como al hombre se le extraviaban los ojos.

Otra vez. Susurró como contando un secreto, mientras dejaba caer su puño que ya no tenía nada de fuerte. Ella vio en sus manos que sostenían sus rodillas cuajadas, el color de sus sueños muertos. La desidia de la sombra que la había abandonado hace demasiado tiempo. Él ya se había pegado al vidrio de la ventana, que cabeceaba incrédulo, penoso, buscando el motivo. Buscando respuestas en el piso el hombre caminó y pasó casi sobre ella. 

Alguien corre afuera. 

Frente a la mujer se agachó. ¿Seguro es un amante tuyo no? Se te terminó el amante. Fue hacia la habitación y volvió con la escopeta entre las manos y la cargó frente a ella. Los postigos abiertos resonaban en un ruido a chapa que al hombre alteraba aún más. Abrió la puerta de par en par y una garúa liviana mojaba la vereda corta, empuñando el arma se paró en medio del pasillo que llevaba del patio a la vereda.

 ¡A ver, corre ahora hijo de puta, dale!

 El viento zarandeaba las solapas de la camisa, parado en medio de la oscuridad abría los ojos más que antes. Lo sorprendió un soplido en los pocos pelos de la nuca, sin pensarlo el hombre cuerpeó y dando la vuelta largó un fogonazo que iluminó el pasillo vacío. Buscó entre la humareda algún resabio de un cuerpo acribillado pero nada vio, ningún bulto, ningún quejido, nada. La oscuridad se parece a la nada. Se hacía larga la noche hacia el patio, el molino todavía abierto se quejaba en lo alto, los álamos del monte resonaban sus gajos no muy lejos y en la noche deshojada el eco del fogonazo se durmió en un intento inútil.

   El hombre entró sosteniéndose de los marcos y con el pulso insostenible cerró la puerta y apoyó la espalda abrazando el arma. Del otro lado de la mesa ella lo miraba fijamente, encontraron sus miradas en el medio del comedor, los ojos que se fueron al piso. Qué me mirás, me la estás haciendo bien, pero no me asustás, eh ¿sabés lo que te falta para asustarme a mí? Posó la culata de la escopeta en su hombro y apuntó tuerto hacia la cabeza de la mujer que llenó de intensidad esa mirada al piso sosteniendo su cuerpo rígido, inquebrantable. Caminó hacia ella pasos largos y retumbantes, apoyó el caño todavía tibio en la sien de la mujer, ella sintió un leve olor a pólvora que volvió su suave piel en una lija gruesa e hiriente.

 Pedime perdón. Dijo el hombre con el pulso inquieto.

 Pedime perdón, arrodíllate y pedime perdón por lo que me estás haciendo.

 Un llanto voraz se le adivinaba subiendo por la garganta al hombre y mientras ella caía de rodillas, él prefería guardar silencio. Ella nunca lo había visto llorar. La mujer se apretó las manos como rezando pero no cerró los ojos, él seguía apuntándole, apoyado en su nuca. pudo contar los temblores de su espalda desabrigada. La mujer estaba flaca y la columna parecía cortarle la espalda al medio con un filo de hacha.

   Un golpe seco se escuchó, un golpe seco en la pared, el hombre levantó la cabeza y recorrió los espacios de la casa con una mirada rabiosa. Un tropel más corto por el pasillo del patio y el hombre bajó el arma, el mismo tropel en dirección contraria, otro golpe en la misma pared y después silencio. Ella seguía de rodillas, con las manos abrazadas al punto de quitarles el color, con los ojos abiertos y con lágrimas gordas rodando por sus mejillas. El hombre caminó hacia la puerta con paso inseguro y cuando manoteó el picaporte, un golpe vino de la misma pared. Soltó el picaporte, aguardó respuesta y la respuesta llegó. Otro golpe en la misma pared, caminó al centro del comedor donde la mujer seguía de rodillas, y vino el tropel por el pasillo, eran varios tropeles que rodeaban la casa, la rodeaban, la cercaban.

 Alguien corre toda la vuelta. Dijo el hombre. De las paredes vacías empezaron a brotar unos golpes leves pero continuos, en todas las paredes, en el comedor, en el baño, en la cocina, en la habitación, los golpes se caían de las paredes, zamarreaban los postigos de las ventanas y manoteaban los picaportes, se desprendían como gajos secos los revoques flojos de la casa vieja. Afuera los tropeles no paraban, corridas alrededor de la casa, interminables.

 ¿Escuchás ahora, escuchás? Respóndeme hija de puta. El hombre se agachó y tomó con su mano el mentón de la mujer.

 No sé si es pájaro o jaula. Dijo ella y volvió de un tirón los ojos al piso sin dejar de repetir…

 No sé si es pájaro o jaula, no sé si es pájaro o jaula, una y otra vez. Los golpes incasables aflojaron los cuadros que empezaron a desprenderse de los clavos, fotos viejas de gente muerta en cuadros opacos reventando en astillas en el suelo. En las alacenas las ollas caían al piso y rodaban, el vino del hombre se escapaba del vaso y todo era temblor, como si por arriba de la casa pasara un tren carguero de madrugada. Todos los golpes en las padres parecían hacerse un solo golpe, siempre continúo, afuera los tropeles alrededor de la casa parecían hacer zanjas, se perseguían rodeando la casa, se perseguían o se perseguía o se buscaba o se burlaba o se perdía o se encontraba o se olía el aroma espeso de los amores puros gastados en espejos negros.

En un espejo negro, uno no puede repetirse.

   El hombre recorrió la casa impávida tambaleándose sobre los muebles, mientras la mujer no paraba de repetir.

 No sé si es pájaro o jaula, no sé si es pájaro o jaula. Una y otra vez. No sé si es pájaro o jaula. Todo era una sola vibración. Adoptó una posición fetal de espaldas a la puerta y frente a la mujer arrodillada. Los golpes en las paredes y los tropeles habían crecido en maneras incalculables. 

El hombre llevó el caño a su boca y se borró la cara en un zumbido prodigioso.

 De repente en la casa todo fue silencio.

 El cuerpo del hombre con la cabeza abierta en flor se recostaba contra la puerta salpicada, los brazos vencidos a ambos lados, la escopeta caída sobre el hombro izquierdo, la bragueta abierta.

   La mujer miró lo que quedaba del hombre, abrió los brazos todavía arrodillada

 Es pájaro. Dijo. Es pájaro.

 Y una carcajada blanca invadió el silencio de la noche. Se puso de pie emprolijándose el vestido, se corrió los pelos de la cara con los dedos abiertos al límite. Ante los restos del hombre dejó quieta una sonrisa muda en el ancho de la cara. Recorrió el baño, la habitación, la cocina, el comedor, rozó las paredes y respiró erguida el silencio total de la casa. Probó los ecos con un silbido bajo, arrastró de los pies al hombre hasta liberar la puerta, abrió, aire puro, respiró. La casa recibió el aire y se desperezó. Cantaban los gallos, antes de que el día alcance los últimos vestigios de la noche. caminó hacia el monte arrastrando al hombre de los pies, abierta la cabeza perdía sesos que comerían los chimangos en los pastos mojados apenas asome el día por detrás de la casa. Se hundió en el monte que se aclaraba en un sol todavía tímido. Oscura y parpadeante dejó al hombre caer, boca arriba, en un matorral. Agazapada clavó los dientes en la carne fresca y esperó a que se habite la casa vieja.

Juan Machado

Nació en Carhué, provincia de Buenos aires, en 1992. Actualmente reside en La Plata. Escritor, también se desempeña como conductor de radio. Dicta talleres y encuentros literarios. Publicó el libro de cuentos, microrelatos y poesías, No hay que jugar en la casa vieja y otros relatos (2020) Pájaros Punk (Malisia 2022)

Lo salvaje en lo humano

Lo salvaje en lo humano

TIEMPO DE LECTURA: 3 min.

Amor animal, de Barbara Alí, es un poemario que deviene en búsqueda. El yo poético se debate entre Ese animal que estoy siendo y Ese animal que quiero ser, presente y deseo de. Acaso la completitud no sea un atributo del reino animal.

El deseo aparece articulando cada uno de los poemas ¿Qué es el deseo sino pregunta? ¿Qué es la poesía sino pregunta? La voz de Bárbara quiere reencontrarse, renacer. Y qué mejor piedra angular que cuestionarse lo cotidiano, “observo los árboles / recuerdo todo el tiempo que olvido / mi pequeño lugar”. Así comienza la primera parte, y este yo contemplativo tiene una certeza: “debería aprender / todo de nuevo”. Algo se rompió, se hizo carne, una ausencia. Ese es el impulso primigenio de la certeza. La percepción del mundo quedó trunca, falta un cristal en el lente. Tiene que reconfigurarse; “hoy nombro despacio / a oscuras tanteo / con la esperanza / de que el mundo aparezca / de nuevo / frente a mis manos”.

Pero es imposible construir la percepción del mundo sin el cuerpo que lo habita. ¿De quiénes son esas manos? “¿Qué sabe el cuerpo que olvidé?” Se piensa lobo, serpiente. Toma atributos del gato, de la araña. Pareciera que lo animal la aleja de aquel cuerpo que supo ser, cuerpo insuficiente para contener la realidad y, a su vez, realidad insuficiente. Es ahí, en la imaginación de aquello inasible, donde se busca desbordarla.

“Le saco punta al lápiz / como afilando las uñas / para dar el zarpazo”, entre lo humano demasiado humano y lo salvaje de lo animal la palabra aparece como una red de contención, como aquello que nos ata. Pero ¿a qué? La dicotomía entre estar unida a alguna extraña forma de civilización y querer sacarse la piel como un vestido que se pasea sutil en cada verso. Aunque a lo largo de la lectura encontramos nexos donde la tensión pareciera resolverse, donde la soga que une ambos objetivos está más firme que nunca, hecha del deseo mismo: “Con la paciencia de la araña / intento tejer / una red de palabras / que me sostengan / en el aire”.

La búsqueda de otro cuerpo, de otra voz, se vuelve necesidad imperiosa en el quiebre del poemario. Quiere las alas, quiere el olfato, quiere el instinto. Quiere transmutar la palabra: “Dicen que cierre los ojos / que empiece de una vez a hablar en otra lengua”. Esa red de contención que era la palabra, la escritura, comienza a disolverse en el ideal de comunicarse, de volver a entenderse: “si pudiera gruñir o maullar / estaría más cerca de lo que / quiero decirte”.

Lo importante, al final, es no perder el deseo, nunca dar en el blanco de la cacería.

Luciano Montoya

Nació en Mar del Plata, en 1997. Actualmente reside en La Plata. Estudia la licenciatura y el profesorado en Música Popular en la UNLP. Conductor del programa de radio Plástico Cruel.

Entrevista a Bárbara Alí: “En la lectura hay un espacio de resistencia”

Entrevista a Bárbara Alí: “En la lectura hay un espacio de resistencia”

TIEMPO DE LECTURA: 2 min.

Bárbara Alí nació en Buenos Aires en 1984. Es Licenciada y Profesora en Letras. Publicó los libros La mancha de los días (Qué diría Victor Hugo 2016), Movimiento de ida (deacá 2020), Amor animal (Viajera editorial 2022) entre otros títulos y antologías. Se editará próximamente Memoria Fantasma, que fue publicado primero en España. 

Pasó por Radio Trinchera, en el marco del programa Plástico Cruel, para hacer un recorrido por algunos de sus libros. Hablando de poesía, influencias, métodos de escritura.

Contó cómo llegó a la literatura, sus primeros amores literarios, su deslumbramiento con Alejandra Pizarnik. Sus inicios en talleres. 

Se le preguntó por qué escribir: “Porque escribir nos salva. Te digo esto y a su vez me gusta mucho decir que la escritura no sirve para nada, que la literatura no sirve para nada. Escribir porque la lectura de un poema nos permite conectarnos con el mundo de una manera distinta. Nos permite asombrarnos, recuperar, de alguna forma, la mirada de la infancia”. 

Dice Bárbara Alí acerca de la escritura y la lectura: “No creo en la escritura como un arteterapia, pero sí siento que en las lecturas hay un espacio de resistencia, un uso soberano del lenguaje que no se da en ninguna otra disciplina”. 

En las raíces de la obra de Bárbara Alí están las preguntas o las respuestas. La escritura como el espacio para permitirse dudar; “Se trabaja con el lenguaje, que de alguna manera, es trabajar con la raíz de las cosas. Volver todo el tiempo al origen, que no se recupera pero que se vuelve a inventar cada vez que se escribe. Deshacernos de las certezas que tanto más nos hace”. 

El compromiso en la poesía es con la lengua, dice Bárbara Ali, se escribe desde ahí. Es escarbar en el lenguaje a ciegas.

Invitamos a escuchar la entrevista completa y a suscribirte a nuestro canal de YouTube:

Juan Machado

Nació en Carhué, provincia de Buenos aires, en 1992. Actualmente reside en La Plata. Escritor, también se desempeña como conductor de radio. Dicta talleres y encuentros literarios. Publicó el libro de cuentos, microrelatos y poesías, No hay que jugar en la casa vieja y otros relatos (2020) Pájaros Punk (Malisia 2022)

La uruguaya

La uruguaya

TIEMPO DE LECTURA: 5 min.

Cristina Peri Rossi es considerada una de las voces más importantes de la literatura latinoamericana del siglo XX. Ganadora del Premio Cervantes en 2021, irrumpe en el escenario intelectual con temáticas sobre la sexualidad, la soltería, la militancia y el exilio, no abandona técnicas literarias diversas e influencias clásicas. Lo que la hace una autora que merece que naveguemos en su diversidad. 

El boom latinoamericano, movimiento que surge entre 1960 y 1970 en nuestro territorio, siempre que pensamos en el canon literario latinoamericano, predominan los nombres masculinos. La influencia femenina en esta corriente pareciera encontrarse ausente, la única definida formalmente como participante es la escritora uruguaya Cristina Peri Rossi

Hija de inmigrantes italianos, nacida en 1941. Es traductora, docente, periodista y militante política. Escritora en el diario Marcha donde mostró su simpatía por la coalición de izquierda del Frente Amplio, de donde saldrían personajes como Pepe Mujica o Tabaré Vázquez. La Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas la eligió en el año 2008 como la escritora que más ha contribuido a la lucha por la paz y la justicia en la cultura latinoamericana. Sus primeras obras fueron Viviendo (1963), Los museos abandonados (1969) y su primera novela, El libro de mis primos (1969). Sus obras fueron prohibidas durante la dictadura cívico-militar en su país hasta el regreso de la democracia en 1985. En ese año úblicaría su primer poemario Evohé donde lo lésbico y lo erótico quiebran el escenario literario una vez más junto a diecinueve libros que siguen el mismo hilo argumental hasta el año 2006. Su última novela, La insumisa (2020), trae un relato autobiográfico de su vida como escritora y militante. 

Lo personal es político (y literario)

Peri Rossi entiende a las palabras como un arma política. La crítica ha llegado a definirla como la voz literaria de la izquierda radical. Escoge temas que por razones diversas rompen con lo establecido o al menos con lo que se esperaría de una mujer que escribe en esa época. Pero la exposición y el compromiso político pueden costarnos hasta nuestro propio hogar.  Su exilio en Barcelona, donde actualmente reside, abre una nueva etapa en su literatura durante la dictadura en Uruguay que abarca desde el año 1973 a 1985.. El desarraigo, el abandono y la expulsión cobran vida en sus escritos: 

“(…) Y sin embargo

la quise

con un amor desesperado

la ciudad de los imposibles

de los barcos encallados

de las prostitutas que no cobran

de los mendigos que recitan a Baudelaire(…)” 

Aunque si pensamos en exilio político en la literatura de Peri Rossi, nos lleva directamente a La nave de los Locos (1984) la cual se considera la mejor novela post boom latinoamericano. Los exiliados, los locos que viajan en esta nave a tierras desconocidas abandonando sus patrias. Una odisea donde los personajes y los elementos representan a las dictaduras del Cono Sur: el mar, los desaparecidos, el orden, el caos. Cristina es una gran lectora, la influencias literaria deviene en una narrativa y lenguaje poético que muestra grandes autores de la literatura universal, diosas griegas y personajes de la cultura general. Confluyen ideas de la militancia política con recursos poéticos barrocos. Crea espacios donde puede convivir la dictadura latinoamericana y la tradición latina clásica. 

Personaje polémico no solo al momento de escribir sino por su manera de habitar el espacio intelectual. En las noticias más actuales, ha sido despedida de la Radio Catalunya de Barcelona por negarse a hablar en catalán. En una ocasión expresó la importancia del deseo como el motor de las cosas, diferenciando a los hombres quienes lo utilizaban para imponer su poder y en las mujeres donde se demuestra la más pura humanidad. Llama la atención en sus análisis el rol de la mujeres que escribe y el peso que recae sobre las espaldas de las femineidad que deciden dedicarse a la literatura: 

Cristina Peri Rossi. Machismo en la literatura

Su posición en relación a los varones siempre fue muy crítica aunque se rodeó de grandes escritores y militantes latinoamericanos y europeos. Su relación con Julio Cortazar ha alimentado la polémica literaria. Amantes, amigos, colegas compartieron un mundo en París, Barcelona y en el plano epistolar. Cortazar ayuda a Peri Rossi a escapar del régimen franquista y a alojarse junto a él en Francia. Cris y Julio Cortazar escrito por la autora es un relato sobre esta amistad donde predominó el intercambio literario pero también donde se demostraron un amor casi poético: “De manera que si yo quería seguir escribiendo esa novela iba a tener que reescribirla, cambiar muchas cosas, lo cual me daba un poco de rabia, todo sea dicho, pero más que rabia me parecía fascinante que vos en Montevideo y yo en París tuviéramos la misma idea, mezclar los géneros, prosa y poesía en una novela” una discusión constante donde Peri Rossi reclama que Julio la saque de la posición de musa, estática y perfecta a los ojos del artista. La posición política de Cristina nunca permitió una definición semejante, ella siempre fue una escritora. Existe en el devenir de la distancia y la cercanía que se construye en esta obra publicada en Montevideo, nos muestra desde adentro el vínculo de dos de las figuras más relevantes para la literatura latinoamericana

El erotismo, ineludible en la obra de Peri Rossi, no muestra un mundo de pasiones y desamores entre mujeres. Mujeres que protestan contra la dictadura en el espacio público y una habitación donde sus cuerpos chocan mientras un avión se estrella contra las Torres Gemelas en Poema para el 11-S: 

“El once de septiembre del año dos mil uno 

a las tres de la tarde, hora de España,

un avión se estrellaba en Nueva York, 

y yo gozaba haciendo el amor”

Mujeres que se comparan con personajes de las Brönte, con divas del espectáculo pero también con Venus y Atenea. Cristina ve en el erotismo una potencia, una furia donde puede escribirle a su amada que no le corresponde su pasión.

Si buscamos una palabra que pueda englobar a esta escritora, creo que sería voraz. En cada una de sus obras, sean poemas, cuentos, novelas o epístolas habla desde la urgencia. La palabra, lo que hay que decir, tiene carácter de urgencia. El deseo como un motor que mueve todo y la literatura siendo ese cauce para plasmar las palabras. Porque Peri Rossi no solo denuncia al poder político o se rebela contra la sexualidad establecida, habla de un dolor y una dicha mucho más profunda. Habla de la soledad y la angustia sin recaudos, la crudeza de sus palabras resuenan en quienes la leen. La plasticidad de esta autora logra que podamos entrar desde distintos frentes a su literatura, podamos disfrutarla desde géneros, geografías y temáticas diversas. 

Emilia Novo

Docente y comunicadora de la ciudad plateada, firme creyente de lo mágico del cotidiano. Para todos, todo.

Palestina sigue resistiendo

Palestina sigue resistiendo

TIEMPO DE LECTURA: 4 min.

Este sábado 7 de octubre el mundo se despertó con la noticia de que el HAMAS, junto a la Yihad Islámica Palestina, han atacado objetivos en el sur de Israel y que por primera vez desde 1948 los combatientes de la resistencia palestina se han infiltrado en territorio del Estado de Israel desde la Franja de Gaza. No faltaron los lacayos del imperialismo y del sionismo que brindaron su “solidaridad” hacia el Estado de Israel, mientras el premier sionista Benjamín Netanyahu expresó que “está en guerra”.

Los combatientes de HAMAS han emprendido la operación llamada “Tormenta de Al-Aqsa”, después de haber advertido al régimen sionista por sus crímenes. Ante la arremetida palestina, el ejército israelí ha declarado el “estado de alerta de guerra” y activado su sistema antimisiles “Cúpula de Hierro” (con ayuda de Estados Unidos) en un intento por enfrentar la lluvia de misiles de la Resistencia Palestina. HAMAS afirmó que 53 soldados y colonos israelíes han sido capturados por los combatientes palestinos tras infiltrarse por tierra, aire y mar en algunos asentamientos israelíes.

La prensa occidental y sionista presenta al Estado de Israel como la “víctima”. Pero la realidad es otra. En los últimos meses, el régimen sionista de Israel ha intensificado sus ataques contra pueblos y ciudades palestinas en todos los territorios ocupados, matando a decenas de palestinos y arrestando a muchos otros. Más de 200 palestinos han sido asesinados en lo que va de año 2023, y la mayoría de estas muertes se han registrado en Cisjordania. De igual forma, los colonos israelíes han aumentado los actos de profanación de las santidades palestinas, en particular la Mezquita Al-Aqsa, situada en Al-Quds (Jerusalén). Esto ocurre mientras el culto de los no musulmanes en el recinto de la Mezquita Al-Aqsa está prohibido, según un acuerdo entre el régimen israelí y el Gobierno jordano (el custodio oficial del lugar sagrado), tras la ocupación ilegal israelí del este de Al-Quds en 1967.

El mundo se puso en alerta. Estados Unidos y la Unión Europea se pusieron del lado de los sionistas. Siria, Irán, el Hizbollah, los grupos de los Hermanos Musulmanes, partidarios shiítas de Irak, Bahréin y Yemen, y diversos movimientos políticos revolucionarios del mundo apoyaron a la Resistencia Palestina. Arabia Saudí y Turquía pidieron un cese y que HAMAS e Israel se sienten a negociar.

Por su parte, el primer ministro israelí, Netanyahu, se encuentra en una difícil situación interna apoyado solo por su coalición de extrema derecha y ultraortodoxos, la más de derecha de la historia, pero enfrentando masivas movilizaciones en las principales ciudades de Israel contra su intento de modificar la justicia para sumar todo el poder detrás del Ejecutivo y coronar definitivamente un estado judío que expulse a la población árabe. Hace tan solo 10 días, al cumplirse 23 años de la intifada palestina, Israel bombardeó con drones, helicópteros y tanques distintos puestos de vigilancia y otras instalaciones palestinas en la Franja de Gaza al borde de la frontera.

Pero la Resistencia Palestina no se quedó atrás. Hubo lanzamiento de 150 cohetes hacia Tel Aviv en respuesta al bombardeo de la torre residencial es el mayor bombardeo en la historia de la Resistencia Palestina, superando el récord anterior de 130 cohetes en un solo bombardeo el 11 de mayo de 2021. En total, el movimiento palestino HAMAS ha anunciado el lanzamiento de más de 7000 cohetes contra los objetivos israelíes en los territorios ocupados. El canal catarí Al Jazeera, citando a un portavoz de HAMAS, ha anunciado del lanzamiento de más de 7000 cohetes desde la Franja de Gaza contra las posiciones del régimen israelí en los territorios ocupados.

El número de muertos por la gran operación militar palestina contra el régimen israelí ya supera los 250, según medios israelíes. El número de muertos por el ataque en múltiples frentes del HAMAS contra Israel se eleva a más de 250 y al menos 1500 heridos, muchas de ellos de gravedad, según recogen los medios israelíes. Se prevé que el número de muertos aumente. A su vez, el número de palestinos muertos en la Franja de Gaza, tras los ataques israelíes, ha llegado a 232, con más de 1700 heridos.

La respuesta de los sionistas será infernal. Los sionistas quieren borrar del mapa a los palestinos. Los imperialistas y sus seguidores se expresaron por Israel, pero nunca lo hacen cuando el sionismo asesina todos los días al pueblo palestino. Se viene una escalada militar tremenda contra el pueblo palestino, que no le queda otra que unirse y resistir. Los gobiernos filoyanquis del mundo que apoyan a Israel no condenan los permanentes asesinatos que comete el Estado dirigido por Netanyahu. Solo en 2023 fueron asesinados 204 palestinos, incluidos 37 menores. Bajo el régimen genocida de Netanyahu y la extrema derecha religiosa sionista, estos crímenes se han incrementado, no solo en los territorios ocupados de Gaza y Cisjordania, sino también contra los árabes que viven en el mismo Estado de Israel y son tratados como ciudadanos de segunda. Y es esta situación de opresión colonial que recrea una y otra vez la resistencia palestina desde hace más de siete décadas. Palestina arde y desde 1948 por la creación del sionismo, el perro guardián del imperialismo del Medio Oriente.

Mauricio Piñero

Cuentan las crónicas que nació como el hijo de nadie. Luchando por la Patria Grande, como Internacionalista y antiimperialista. Tripero de alma y cuerpo, siempre junto a la patriada barrial. La historia descolonizada es mi pasión como docente de la Escuela Pública y de los barrios. Las noticias sobre los pueblos que luchan como forma de viajar hacia una verdadera justicia social global.

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