Disculpe, ¿fuego tiene?

El Gobierno nacional acordó la reestructuración de la deuda externa. ¿Por qué es una buena noticia el acuerdo con los acreedores? ¿Alcanza?

A las tres de la mañana del 4 de agosto, el Ministerio de Economía de la Nación informaba a través de su cuenta de Twitter que Argentina y tres grupos de acreedores habían alcanzado un acuerdo de reestructuración de la deuda.

El acuerdo al que arribó el equipo económico con los principales bonistas permite ahorrar cerca de 40 mil millones de dólares en los próximos años. En términos criollos, el Gobierno nacional no se verá obligado al ajuste al que lo sometían los próximos vencimientos, sino que podrá destinar esos fondos a la recuperación económica y a cumplir con la promesa de “poner a la Argentina de pie”, después de cuatro años de miseria planificada.

En este sentido, la negociación se encaró desde tres pilares: la sostenibilidad de la deuda, es decir que argentina pueda pagarla; la compatibilidad con los objetivos de la política económica (que la reestructuración permita volcar recursos para el crecimiento de la economía); y por último, pero no menos importante, que los acreedores asuman la responsabilidad de haber prestado plata a alto riesgo y con altas tasas de interés. Demás está decir que los bonistas aceptaron el acuerdo porque no se están perdiendo de nada.

Las buenas noticias

Martín Guzmán, sentenció que no hay espacio para políticas de ajuste fiscal ni monetario en una economía en recesión. En ese sentido, el acuerdo es un primer paso para empezar a salir de la trampa: despeja el horizonte de vencimientos de los bonos por cinco años -aunque falta el nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional- y rechaza la lógica de ajuste que pretendían imponer.

Como analiza el Centro de Economía Política Argentina[1] (CEPA), el acuerdo establece que si entre 2020 y 2024 vencían US$ 63 mil millones, vamos a pagar solo US$ 7.556 millones, lo que implica un alivio financiero de US$ 30.300 millones en los vencimientos de títulos bajo ley extranjera producto de la reducción de la tasa de interés: de 7% que pagaba Mauricio Macri, ahora se pagará 3,1% promedio.

Además, descomprime la demanda de dólares, algo importantísimo en una economía atravesada por la recurrente restricción interna, al mismo tiempo que se liberan recursos fiscales para atender la pandemia y retomar la senda de crecimiento económico. Recordemos que en el Presupuesto 2019, los intereses de deuda alcanzaban el 21% del total de gastos.

Vale recordar que los bonistas arrancaron ofreciendo un acuerdo por US$ 92 de valor Presente Neto por cada US$ 100 de valor original de cada título a fin de 2019. En febrero los acreedores ya ofrecían U$S 75. En la primera oferta del Gobierno argentino, en abril de 2020, se propuso pagar U$S 40 y los bonistas allí contraofertaron US$ 65. Finalmente el acuerdo se cierra entre US$ 54 y US$ 55: los acreedores redujeron su oferta en un 70%, mientras que Argentina la mejoró en un 30%.

Para poder tomar dimensión de este último punto, cabe señalar que Ecuador está reestructurando su deuda a la par de la Argentina, por un monto sensiblemente menor, con una oferta cercana a US$ 59 de Valor Presente. Es decir, nuestro país logra un acuerdo con una menor oferta a la del ejemplo que BlackRock quiso que se imitara. Sí, el Ecuador de Lenín Moreno era el ejemplo a seguir.

En una nota reciente[2], Julia Strada asegura que la deuda también disciplina políticamente. A la ya conocida extorsión del FMI de “si no hay ajuste, no te sigo desembolsando”, se suma que todas las valoraciones sobre la República Bolivariana de Venezuela, sobre el Memorándum con La República Islámica de Irán, el golpe al Estado Plurinacional de Bolivia o los acuerdos comerciales con la República Popular China, también se ponen arriba de la mesa de negociación, donde nos jugamos el apoyo de Estados Unidos para la reestructuración.

Durante el último tramo de la negociación, fue el ministro de Economía el que puso el pie en el acelerador: si los fondos acreedores no aceptaban la propuesta, Argentina se tomaba el buque y la negociación quedaba en stand by hasta 2021. Plantarse así ante Blackrock, Fidelity y varios más, daba cuenta de que el Gobierno nacional iba en serio.

“Yo no sé si ustedes tienen claro con quiénes se están metiendo. Nosotros tenemos espalda y podemos sentarnos a esperar a negociar con otro gobierno que entienda a los mercados como los entendía el gobierno anterior”[3], le había dicho en tono amenazante el director ejecutivo de Mercados Emergentes de Blackrock, Gerardo Rodríguez, a Guzmán durante una reunión por la plataforma Zoom, en abril. Así de cancheros estaban los bonistas y les salió el tiro por la culata.

El acuerdo es una victoria política para el gobierno de les Fernández: el no acuerdo hubiera supuesto demandas judiciales, problemas políticos con el poder mundial y ni hablar del accionar propagandístico de los lobbistas locales en los medios de comunicación, asociados obviamente a una oposición con peso en el Congreso y capacidad de movilización, como se ha demostrado en los días patrios elegidos para reivindicar una política reaccionaria y en defensa de la propiedad privada de los medios de producción. En ese sentido, no acordar con los acreedores generaría mayor confrontación con el poder económico.

Cuestiones no menores

En la nota mencionada anteriormente, Julia Strada asegura que la deuda es un negocio continuo y la clave es que dure, no que se cancele, porque desendeudarse es una afrenta al sistema: “corta con la exacción de intereses y termina con la influencia política”.

En términos económicos y sociales, el acuerdo genera previsibilidad a los sectores dominantes del orden capitalista: “Por eso festeja el FMI, el sistema financiero internacional y los medios hegemónicos de comunicación”, dice Julio Gambina. También hay que destacar que hay acuerdo con la oposición, que avaló la Ley de Sostenibilidad votada a comienzos de este año, sabiendo que también son responsables de que estemos negociando cómo salir de este bolonqui. Además, el acuerdo da un marco de previsibilidad a los negocios: las empresas privadas que están endeudadas ahora tienen expectativas de negociar préstamos para pagar los viejos préstamos, a menores tasas de interés.

Por otra parte, falta la discusión con el FMI, que pese a las sucesivas flores y los guiños que Kristalina Georgieva le ha tirado a Martín Guzmán, nunca puede ser muy favorable para el pueblo argentino. ¿Permitirá el Fondo una renegociación sin mandatos sobre el programa económico? ¿Desistirá de las reformas impositiva, laboral y previsional? Por lo menos, no parece fácil que eso suceda.

Mauricio Macri y Larry Fink

Una tercera reflexión interesante es que la reestructuración de la deuda le da un marco legalidad, cuando en mayo de este año el Banco Central de la República Argentina sacó un informe[4] que asegura que durante los últimos cuatro años se tomó deuda por 100 mil millones de dólares y se fugaron capitales por 86 mil millones de dólares (vía precios de transferencia o salidas disfrazadas de pago de servicios inexistentes, precios de transferencia entre empresas vinculadas, contrabando vía subfacturación de exportaciones y sobrefacturación de importaciones). La deuda tomada por el mejor equipo de los últimos 50 años no benefició al pueblo argentino. ¿Quiénes se beneficiaron con los préstamos? ¿Quiénes se la fugaron casi todita?

En este sentido, y como venimos señalando desde el 10 de diciembre, es necesario realizar una profunda auditoría de la deuda, con participación popular; y luego disputar un consenso social amplio para una política de reestructuración, no de la deuda, sino del modelo productivo y de desarrollo.

Que el acuerdo por la deuda no impida ver para atrás e investigar las maniobras cínicas y fraudulentas de un Gobierno que vino a llevársela toda, porque como sostenemos desde el genocidio de 30 mil compañeres, “la memoria apunta hasta matar a los pueblos que la callan y no la dejan andar libre como el viento”.


Referencias:
[1] https://mcusercontent.com/e9c6f62a4dc825f6a9dab4e88/files/7bc2ac7d-781b-4e95-989d-e95a47c0176d/2020.08.04_Las_claves_del_acuerdo_CEPA.pdf
[2] http://revistaanfibia.com/ensayo/deuda-externa-no-eterna/
[3] https://www.baenegocios.com/columnistas/Cruces-internos-y-amenazas-externas-por-la-oferta-a-bonistas-y-el-impuesto-Forbes-20200416-0136.html
[4] https://www.telam.com.ar/notas/202005/463956-deuda-fuga-de-capitales-banco-central.html#:~:text=La%20fuga%20de%20capitales%20entre,pedido%20del%20Poder%20Ejecutivo%20Nacional.

Miranda Cerdá Campano
Miranda Cerdá Campano

Nací en Chubut y milito porque no hay mejor manera de transformar el mundo. Soy hincha fanática de San Lorenzo y fundamentalista de la Vuelta a Boedo, lloro por todo y no sé cómo explicarle a la gente lo mucho que me gusta la palta. 

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