Fábrica de cuerpos

Los términos que se manejan dentro de la sexualidad y el género pueden parecernos confusos por su complejidad y carácter abstracto. Esto puede generar la indiferencia de quien se siente ajenx a su contenido. Estas expresiones despiertan la incomodidad de quien ve como una exageración la cantidad de palabras que se han venido creando, resignificando y desempolvando para satisfacer las necesidades de visibilización de una comunidad, o la representación de quien no se siente a gusto con lo que ya existe.

Pero bueno, qué más podíamos esperar de palabras que se hicieron para nombrar los procesos intangibles que nos construyen como personas, procesos que tienen lugar en nuestra mente y al interior de nuestro cuerpo. Además, ¿no son esas las cosas más difíciles de comprender y asimilar: las que no podemos ver, las que se escapan de la percepción física de nuestros sentidos y pierden forma dentro de nuestros esquemas lingüísticos?

Sin embargo, al igual que el resto de conceptos no-físicos que debemos aprender dentro de las múltiples disciplinas que nos atañen a diario, para comprender fenómenos que se escapan del plano material, debemos empezar a familiarizarnos con las expresiones que describen la dimensión social, sexual, afectiva, biológica e identitaria de los seres humanos.

A diferencia de lo que muchxs creen, la cuestión del género no es algo que involucra sólo a personas homosexuales, mujeres y a la comunidad trans. Todxs tenemos una identidad, una orientación sexual y un cuerpo, que de la misma manera que una huella, es propio e irrepetible. Conocer más sobre estos aspectos es conocer más sobre quiénes somos: nos ayuda a comprender las diferencias que pueden tener lxs que nos rodean, y ver cómo estas brechas se encogen. No hay que pertenecer a la comunidad LGBTI+ para ser conscientes de que el azar biológico es el que determina nuestra forma, y que de la significación social de esa forma depende el cumplimiento de los derechos que la población con características predominantes tiene.

Inter… ¿qué?

Entre la lista de términos incomprendidos y tergiversados se encuentra el de intersexulidad. Aunque lo hemos visto siempre dentro de las siglas LGBTI, muy poco se habla o se conoce sobre las personas intersexuales.

Los cuerpos de los hombres y las mujeres tienen diferencias mucho más microscópicas que las que evidenciamos a simple vista. Lo más común es que las personas nazcan con una serie de características que coinciden con el modelo biológico de hembra o macho, pero todxs sabemos que la naturaleza es poco normativa.

Un cuerpo intersexual es una variación corporal atípica en la que los cromosomas, niveles hormonales, órganos reproductivos y/o genitales no encajan en los patrones sexuales que constituyen el sistema binario hombre/mujer. Realmente todxs empezamos nuestro desarrollo embrional en una forma intersexual, con la misma estructura genital, de la cual se espera una diferenciación sexual que no siempre llega.

No hay una sola anatomía intersexual

Existen alrededor de 40 tipos de intersexualidad distintos. Las personas intersex pueden nacer con genitales que parecen estar en un estado intermedio entre los típicos genitales masculinos y femeninos, pero también pueden nacer con órganos sexuales externos que no coincidan con los internos. Como es el caso de un hombre de 44 años, que cuando va al médico por dolor de estómago y sangre en la orina, descubre que sus órganos internos constaban de útero y ovarios y esa sangre era su menstruación (1). O como el de la atleta sudafricana Caster Semenya, quien fue víctima de cuestionamientos sobre su sexo, al obtener la mejor marca de los 800 metros femeninos en el Campeonato Mundial de Atletismo en Berlín del 2009. Por ello fue sometida a un examen de verificación de sexo que reveló que Semenya tenía niveles de testosterona tres veces más altos que los de sus adversarias, no tenía ovarios ni utero y tenía testículos internos (2).

La cosa es un poco más compleja cuando estas variaciones sólo se evidencian en el plano genético, hormonal o cromosómico.

Al igual que la mayoría de los mamíferos, la determinación de nuestro sexo se da a través del sistema XY.  En el momento de la concepción, un espermatozoide con carga Y o X se encuentra con el cromosoma X del óvulo, lo más común es que si la combinación resultante es XY o XX, será hombre o mujer respectivamente. Sin embargo, puede que una persona presente pares de cromosomas sexuales masculinos (XY) pero que a la vez carezca de receptores de información hormonal (resistencia a los andróginos), haciendo imposible el desarrollo que se espera de un cuerpo de varón. En otras palabras, una persona de apariencia XX, pero genéticamente masculina.

Este sería el caso de María José Martínez, una vallista española que participó en los juegos universitarios en Japón en 1985. Aunque tenía senos, ovarios, vagina y hubiera vivido toda su vida como una mujer, María fue expulsada de la competencia por no pasar la verificación de género, debido a que los resultados mostraron que sus cromosomas eran los correspondientes al sexo masculino

Además de sugerirle que fingiera una lesión para no hacer público el “bochornoso incidente”, el equipo olímpico le retiró todos sus títulos y le quitó su beca de deportes. María José tuvo que luchar por demostrar que era una mujer. Tres años después,  con la ayuda de diferentes especialistas y presentar varios exámenes que comprobaran su “femineidad”, finalmente pudo demostrar que su cuerpo no asimilaba la testosterona que producía.

Las personas intersex tienen diferentes orientaciones sexuales e identidades de género, y ninguna de estas cualidades depende de la otra. Recordemos que la identidad de género es el concepto que una persona tiene sobre sí mismx como ser sexual (se relaciona con cómo vivimos y sentimos nuestro cuerpo desde la experiencia personal y cómo lo llevamos al ámbito público (3)) y la orientación sexual es la atracción afectiva, romántica, sexual o psicológica de un/a individux hacia otrx.

Adicción a la corrección

Se preguntarán entonces por qué un término que parece ser sacado de un diccionario médico, tiene su inicial dentro de las siglas que representan a un colectivo de diversidad sexual. Pues bien, aunque se aleje de la definición de las categorías ya nombradas por no tener relación con la estructura cerebral, algo que tiene en común con ellas es que al no ajustarse al modelo “perfecto” y normativo, pasa a ser una anomalía.

Aunque en la mayoría de los casos las variaciones en las características sexuales de estas personas no representen un peligro para su salud, con el propósito de no perder la costumbre de temerle y castigar a lo diferente, se ha cargado esta palabra con el adjetivo de enfermedad o de “condición médica tratable” para justificar cirugías, medicamentos y tratamientos innecesarios para bebés y niñxs intersexuales. Así como se trata hoy en día con medicamentos, terapias, cárcel y hasta exorcismos a personas no heterosexuales y/o cisgénero. Con la diferencia de que en este caso se aplica a niñxs que no tienen siquiera conciencia de las modificaciones permanentes que se hacen en su cuerpo.

Tanto la comunidad médica como la sociedad, tratan a la intersexualidad como algo monstruoso, un error de la naturaleza. Este acuerdo entre medicxs y familiares aprueba diferentes métodos para la “corrección” de estos cuerpos, dentro de los que están la clitoroplastía (mutilación genital), o la vaginoplastia, donde se utilizan tejidos de otros órganos como el colon o el intestino para construir una vagina.

Esta tortura de bebés no termina en una cirugía al momento de nacer (que puede acarrear consecuencias como la pérdida de sensibilidad e infecciones), también viene acompañada de la necesidad de la dilatación vaginal rutinaria hasta la madurez sexual (4), en la que se usan prótesis cilíndricas para moldear la vagina de lxs niñxs.

¿Cómo deciden si seré hombre o mujer?

A lxs niñxs que tienen varianza genital visible, se les asigna un sexo dicotómico de manera arbitraria, según el criterio del médico a cargo. Marina Elichiry comparte con Página 12 su testimonio acerca de la lógica médica que se utiliza al tratar estos casos (5). “Es más fácil hacer una mujer”, dice el docente de la materia de Medicina Legal de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA), “porque la técnica para hacer una vulva y una vagina es mucho más simple que hacer o alargar un pene”.

¿Que pensarían de esto las personas que no soportan la existencia de una persona que viva con genitales diferentes a los del común? Quienes están a favor de estas prácticas deben entonces afirmar que la concepción del sexo es psicológica. ¿Realmente preferirían que el ojo subjetivo y desinteresado de un/a médicx (que se inclinaría por la facilidad de una práctica quirúrgica antes de considerar el componente mental que pueda complementar dicho cuerpo) escogiera el sexo con el que vivirán?

Detrás de esa facilidad en el procedimiento, se esconde también la frágil masculinidad que empuja a un médico a inclinarse por la feminización genital. Conciben como un acto cruel y vergonzoso  designar como hombre a quien nace con un pene “inadecuado”. En cambio, las mujeres son percibidas como un género-flexible; es más aceptado que ellas tengan características masculinas. Bajo estos parámetros es que  la mayoría de personas categorizadas como intersexuales por lxs médicxs, son asignadxs como mujeres al nacer, removiendo su falo quirúrgicamente.

Esta excusa de modificar el cuerpo de un/a recién nacidx con el fin de moldearlo con el ideario social suena un tanto familiar y perversa si hacemos un repaso por historia de la humanidad. Dicen que se busca evitar el sufrimiento social que conlleva vivir con un sexo ambiguo, ¿Habrá entonces que investigar arduamente como cambiar el color de piel de quien nace en una sociedad racista?¿O hay que volver hombres a todxs lxs bebés si son concebidos dentro de un sistema machista y patriarcal?

La comunidad intersex lucha día a día por la abolición de este tipo de prácticas. ¿Quien más podría afirmar cómo proteger la salud, la integridad y la calidad de vida de estas personas si no son ellxs? Salen a la calle demandando la prohibición de todas las medidas traumáticas a las que tuvieron que someterse sin que nadie les preguntara. Denuncian haber sido engañadxs durante años, porque no son pocos los testimonios en los que los padres y madres les ocultan esta condición hasta que sale a la luz en un consultorio médico.

¿Cuál es la prisa por meternos en esas carcasas rigidas y oxidadas cuando claramente la naturaleza las desborda? En vez de deformar nuestros cuerpos intentando rellenar ese molde, podríamos moldear y capacitar el pensamiento colectivo para enriquecer nuestro entorno, haciéndolo más diverso y ameno. Abrazar la diversidad es un método más pacífico y racional para resolver el sufrimiento y disminuir la violencia ejercida por quienes atacan a lo desconocido.


Referencias:
(1) https://www.medicaldaily.com/44-year-old-man-blood-urine-discovers-hes-female-period-pain-what-intersex-295296
(2) https://gk.city/2018/07/16/sexo-cromosomas-xx-xy-genetica-genero/
(3) https://www.gob.mx/segob/articulos/que-es-la-identidad-de-genero
(4) https://www.medigraphic.com/pdfs/evidencia/eo-2014/eo142f.pdf
(5) https://www.pagina12.com.ar/229141-mutilacion-y-tortura-de-ninxs-y-bebes-en-la-argentina

Alejandra Vivas
Alejandra Vivas

Ecléctico empedernida. Le causan repulsión las cajas, los límites, lo estático, lo predecible y determinado. Por eso nunca puede describirse, porque le repugnan las palabras que le obligan a cumplir con un papel que aunque hoy le defina, mañana tal vez no quiera interpretar.

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