Las banderas de la diversidad: la política, el Estado y los medios

Las luchas de los colectivos de la diversidad sexual, con sus triunfos y sus caídas, marcan un hilo conductor a través de la historia argentina, que funciona como espejo de las políticas estatales y del rol de los medios de comunicación.

En Argentina, y en América Latina, la historia de la diversidad sexual y de género es la historia de las luchas, las demandas y las conquistas del colectivo LGBT+ y de los movimientos por los derechos humanos. La violencia y la represión a la que se ha enfrentado (y enfrenta) esta comunidad puede reconocerse de manera sistemática y estructural, a excepción -parcial- de momentos de reivindicación y políticas públicas de contención, que partieron de un Estado presente y garante de derechos.

También, puede identificarse un claro recorrido de exclusión e invisibilización en los medios de comunicación hegemónicos hacia estas identidades y sus problemáticas sociales, económicas y culturales. Estos medios modelan y fomentan un sentido común cisheteropatriarcal que empieza a ser disputado con la gestación de medios de comunicación alternativos o contrahegemónicos, que presentan los mismos hechos atravesados por la perspectiva de género o que se rigen por una nueva agenda en la que los acontecimientos y reclamos de estos colectivos históricamente vulnerados, negados y silenciados son la mayor prioridad.

30.400 compañerxs

La dictadura cívico-militar-eclesiástica que se desarrolló en nuestro país entre 1976 y 1983 tuvo un claro objetivo de reestructuración económica y social, que se llevó a cabo mediante el aniquilamiento físico y simbólico de un “otro”. El sociólogo Daniel Feierstein propone pensar esto en términos de una “práctica social genocida”, que se desplegó para la destrucción y reorganización de relaciones sociales. Con la instalación de una cultura del terror, se perpetraron miles de torturas, desapariciones y asesinatos de supuestos sospechosos, delincuentes, subhumanos, peligrosos que, según este discurso, debían ser eliminados para el bien de la sociedad. En este sentido, los militantes y dirigentes políticos, y todo aquellos que se entendieran por oposición, se convirtieron en el target de los Grupos de Tareas del poder de facto.

Y es aquí donde resulta importante agregar un factor, que no ha sido tomado tan en cuenta en las últimas décadas, y es el de la identidad, la expresión de género y la orientación sexual. La comunidad LGBT+, como toda minoría en tiempos de dictaduras, fue perseguida y torturada por formar parte de ese “otro” que fue negado y aniquilado. En ese entonces, todas las identidades eran nombradas con la categoría “homosexualidad”: travestis, trans, lesbianas, bisexuales y gays eran señaladxs y perseguidxs. En su mayoría no eran desaparecidxs por esa condición, pero el tratamiento recibido, afirmaba en 1985 el rabino Marshall Meyer (integrante de la CONADEP) a Carlos Jáuregui, había sido especialmente sádico y violento: violaciones “correctivas”, violencia psicológica, persecuciones, torturas deshumanizantes.

Estos delitos de lesa humanidad sufridos por el colectivo fueron invisibilizados en el primer registro de la CONADEP, pero se sabe que fueron, al menos, 400 compañerxs trans, travestis, gays, lesbianas y bisexuales, y que no tuvieron lugar en el documento por la presión del sector católico dentro de la misma comisión. Con el pasar de los años, la consolidación de los organismos de Derechos Humanos y la visibilización de las demandas del colectivo LGBT+ permitieron hacer públicas estas desapariciones y al día de hoy pueden encontrarse columnas en las históricas marchas del 24 de marzo que reclaman Memoria, Verdad y Justicia por los 30.400 detenidxs desaparecidxs durante el régimen dictatorial.

Fuente: Agencia Presentes

En este panorama, la complicidad, o incluso coautoría, de los medios de comunicación hegemónicos en el exterminio no resulta sorprendente. A través de la mentira, el ocultamiento y la manipulación de la información, la prensa alentó y promovió esta cultura del terror, deshumanizando y estigmatizando a estos “otros”, que eran las víctimas de un régimen criminal. La comunidad LGBT+ no existía en los medios masivos. La dictadura se autopresentaba como el modelo defensor de la familia tradicional cristiana y heterosexual, y sus cómplices mediáticos trabajaban en ese mismo sentido.

Democracia para algunxs

Con el fin de un período de violencia y horror, Argentina despertó en una primavera democrática. Con la ilusión de un pueblo que había sufrido la dictadura más cruel de su historia, la democracia de los ‘80 fue entendida a modo de “utopía”, según afirma Eduardo Rinesi en su escrito “De la democracia a la democratización” (2013). Era la esperanza de un futuro mejor, pero que se construía en base a las libertades individuales, se reducía a la ruptura de las cadenas puestas por la represión de la etapa anterior. La vuelta de esta democracia liberal y “de transición” no supuso menor represión y exclusión para varios colectivos sociales, entre ellos la comunidad LGBT+, que continuó siendo atacada y estigmatizada por los aparatos represivos del Estado. No era una democracia para todxs.

Conquistas y reconocimiento

Las históricas batallas por el reconocimiento y la inclusión de las diversidades sexuales, por el derecho a vivir de manera digna y expresar libremente su identidad de género autopercibida o su orientación sexual, encontraron un lugar de articulación y contención dentro del Estado a partir del establecimiento de gobiernos nacionales y populares que bogaron por la pluralidad, la igualdad y la diversidad.

La democracia comienza a ser entendida como un proceso de “democratización”, en la misma línea del autor antes citado. El Estado como condición y garante de la ampliación y universalización de derechos y libertades colectivas (ya no individuales). Porque no hay que olvidar que, como asegura Rinesi, “hay derechos porque hay Estado”. Pero no cualquier tipo de Estado: es necesario para la expansión y el cumplimiento pleno de los derechos de todas las personas, un aparato estatal que contenga y de voz a las demandas y reclamos de los colectivos más vulnerados y excluidos.

Esto en América Latina lo han hecho los gobiernos nacionales y populares. Con políticas públicas concretas, los colectivos de la diversidad sexual comenzaron (porque sería necio, o perverso, negar que su situación de vulnerabilidad y exclusión es una cuestión resuelta) a dar disputas en el mismo terreno de la política y las instituciones estatales, dando grandes pasos para las transformaciones estructurales necesarias para que el desarrollo de sus vidas sea en condiciones de igualdad con otros sectores de la población. La Ley de Matrimonio Igualitario (2010) y la Ley de Identidad de Género (2012), sancionadas durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, significaron un punto de inflexión y el inicio de un nuevo paradigma en materia de derechos humanos en la Argentina y en la región.

El reconocimiento de la diversidad, con el horizonte puesto en la igualdad de oportunidades, se convirtió en política pública, otorgando derechos y libertades que para otros resultaban naturales, pero que habían sido negados históricamente a esta comunidad. Se establecieron políticas de reparación de derechos. A partir de esto, lxs trans pudieron tener un documento con una identidad de género que refleje su persona real, las parejas homosexuales pudieron casarse (con reconocimiento legal), adoptar y formar familias, entre tantas otras cuestiones. La discriminación se volvió intolerable en aspectos jurídicos e institucionales, y la inclusión, una parte inexorable del cumplimiento pleno de los derechos humanos, y de la construcción de una democracia plena y participativa.

Estas políticas también se vieron reflejadas en los medios de comunicación. La Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, impulsada también por este gobierno y promulgada en 2009 (y modificada en 2016 por la gestión de Mauricio Macri), planteó un panorama en el que, no sólo ya no se permitiría la concentración monopólica de los medios hegemónicos, sino que tampoco la discriminación naturalizada en estos espacios.

Se postuló a la democratización de la comunicación como eje principal, y el fomento de la diversidad y la pluralidad de voces como estandarte; entendiendo siempre a la comunicación como un derecho humano fundamental. Esto ponía fin a una Ley de Radiodifusión que continuaba vigente desde la última dictadura y que se regía en el marco de “la preservación de la moral cristiana”. En total oposición, la nueva Ley de Medios anunciaba entre sus objetivos: “Promover la protección y salvaguarda de la igualdad entre hombres y mujeres, y el tratamiento plural, igualitario y no estereotipado, evitando toda discriminación por género u orientación sexual”.

También resulta importante destacar, en el mismo marco de la continuación de una experiencia popular y anti neoliberal en nuestro territorio, la creación del Ministerio Nacional de las Mujeres, Género y Diversidad en el reciente 2019, con el inicio del gobierno de Alberto Fernández. Una decisión política necesaria en un contexto donde los feminismos y los movimientos por la diversidad sexual tomaron las calles y se las rebuscaron para formar parte activa del Estado.

Hay un movimiento social y político en constante expansión que no puede ser silenciado y que se cuela por las estructuras patriarcales más conservadoras. Un Ministerio que se propone trabajar en primera instancia “para construir una sociedad más justa con todos, todas y todes” no es un concepto al pasar: es asumir un compromiso político, que siempre han tenido estos gobiernos progresistas, pero que se ve cada vez más consolidado al calor de las luchas populares, en este caso, por la emancipación sexual, y en su articulación con el movimiento de liberación de las mujeres.

Alternativxs

Los medios de comunicación hegemónicos son empresas y, como tales, su foco está puesto en las ganancias y el beneficio de sus intereses; que no sólo son económicos sino también sociales y políticos: responden al bloque de poder dominante. No es extraña, ni casual, la reproducción y difusión de mensajes LGBT fóbicos a través de programas de televisión, radios y portales digitales. Es que estos medios masivos siguen construyendo y modelando sentidos comunes que sólo legitiman a las identidades cisheteronormativas y refuerzan una cultura patriarcal. Así, excluyen y estigmatizan a otras sexualidades, cuerpos y experiencias, que son demonizadas y estereotipadas, o directamente invisibilizadas de las agendas mediáticas.

La Agencia de noticias “NOVA” representa un ejemplo claro de esto. En su modus operandi se identifica la homofobia, la transfobia, la misoginia; la promoción del odio en todas sus escalas. Una de sus notas más nefastas fue publicada hace poco tiempo y se titula: “Repudio al actor travesti Flor de la V por exponer la sexualidad de famosos. Todo en la nota atenta contra los derechos del colectivo travesi-trans, principalmente el no reconocimiento de la identidad de la actriz Florencia de la V, contemplado por la Ley de Identidad de Género.

Asimismo, la avanzada de los colectivos de lucha y reivindicación de las diversidades sexuales, hermanados con los feminismos, se volvieron una realidad concreta y visible para todxs, que los medios masivos no pudieron omitir (ya sea por presión, por beneficios económicos, por convicción, etc).

La sociedad también moldea y condiciona, aunque en una medida muchísimo menor por su poder real y capacidad de respuesta a los medios hegemónicos. Muchos de estos sumaron editorxs de género a sus filas, secciones exclusivas sobre las problemáticas y reclamos de esta comunidad, perspectiva de género en algunxs de sus periodistas, pero la cuestión estructural de la concepción estereotipadas de estas identidades y su exclusión es una constante.

Los gays suelen ser mostrados como varones, jóvenes, blancos, porteños, de clase media/alta, con un aspecto que no se aleje de la imagen de “macho”, mientras las mujeres trans (que pueden contarse con los dedos de la mano) son flacas, altas, con piernas esbeltas, cabello largo y siempre arreglado. Otras identidades son totalmente negadas. Se construye un imaginario alrededor de estos cuerpos y personalidades que deja afuera a lo diferente, a lo que no encaja en el establishment: una inclusión de cartón. ¿Es un avance? Sí. ¿Debemos conformarnos? No.

En este escenario, crece la necesidad de ser representadxs, de mostrarse y hacerse oír, de ganar lugar en la batalla cultural e ideológica, de disputarle los sentidos en torno a las sexualidades y corporalidades a los grandes monopolios mediáticos: nacen nuevos medios de comunicación alternativos.

Surgen agencias de noticias como Sudaka TLGBI o Agencia Presentes, que desde una perspectiva de género, diversidad sexual y derechos humanos, y con un enfoque interseccional y latinoamericanista, conformaron espacios con comunicadorxs conscientes y activistas que pudieran dar cuenta de sus realidades y problemáticas, que pudieran denunciar y visibilizar violencias y carencias de estos colectivos, desde la voz de quienes lo viven. Disputan, aún en condiciones desiguales, la hegemonía cultural, la capacidad de nombrar al mundo, a nuestros cuerpos y sexualidades, que históricamente ha estado en mano de los grupos de poder concentrado. La misma SUDAKA TLGBI se presenta como tal: “…Desde este espacio de trinchera, resistencia y militancia, apostamos a una comunicación popular, democrática y transfeminista. Y también, buscamos disputarle la configuración de sentido sobre nuestras orientaciones e identidades, al discurso hegemónico, patriarcal y heteronormativo, que instalan los grandes medios de comunicación.”

Neoliberalismo y diversidad ficticia

Pero… ¿qué ocurre con estas luchas y reivindicaciones frente a una nueva oleada neoliberal? América Latina, y el mundo, están atravesando nuevamente el avance feroz de gobiernos ultraderechistas y reaccionarios que ponen a sus Estados al servicio de sus intereses, de la timba financiera y de los capitales extranjeros y transnacionales. Argentina, tras cuatro años de ajuste y destrucción económica y política, retomó el camino de los gobiernos populares, pero ha quedado sola en la región.

La reactualización de las prácticas neoliberales trae aparejados los mismos problemas estructurales para lxs que menos tienen y los sectores más vulnerables. En el plano de lo social, los derechos vuelven a concebirse en términos de libertades (bajo la ética del mercado), y lo colectivo desaparece frente a la individualidad y la meritocracia. Se mercantilizan las vidas, las relaciones sociales y los cuerpos. El Estado hace humo en donde más se lo necesita.

En Argentina, tuvimos un gobierno que, a través de su Secretaría de Derechos Humanos, publicó en las redes sociales una imagen que expresaba “La heterosexualidad es parte de la diversidad sexual”.

Puede parecer un anuncio inofensivo, hasta bienintencionado para algunxs, pero en verdad indicaba una manera de ver/entender (o mejor dicho, de no querer ver/entender) las problemáticas y discusiones en torno a los colectivos realmente invisibilizados y discriminados. Hay gobiernos de derecha, como el macrismo, que intentan, para atraer a ciertos sectores, seguir o implementar algunas políticas sociales de “reconocimiento” y respeto (ficticio) hacia las diversidades sexuales, pero -como explica Nancy Fraser en su libro ¡Contrahegemonía ya!, haciendo referencia al neoliberalismo progresista estadounidense- esto no apunta a abolir las jerarquías sociales, que empujan a ciertas identidades a la extrema pobreza y marginación, sino tan sólo a diversificarlas mediante la consolidación de un sentido común que instala que los “talentosos” y quienes se lo merecen pueden llegar a la cima. Igualdad se convierte en sinónimo de meritocracia.

Pero es que el reconocimiento no alcanza sin redistribución justa y equitativa de los ingresos y bienes. La igualdad debe ser colectiva e inclusiva. La ética del mercado debe ser desplazada por la ética de la responsabilidad con lxs otrxs. ¿De qué sirve una publicación de la bandera del orgullo si las mujeres trans son empujadas, por el desamparo del Estado, a una esquina para poder comer, con una expectativa de vida de entre 35 y 40 años? ¿De qué sirve alardear la inclusión de un funcionario homosexual como Peter Robledo para mostrarse “diversos” cuando sólo hay lugar para quienes cumplen con el estereotipo de varón gay, exitoso y merecedor de su lugar?

Y el rol de los medios de comunicación en este escenario es fundamental. Son ellos quienes legitiman y modelan los sentidos que hacen tolerable al modelo neoliberal y a las injusticias. Muchas personas pertenecientes a las clases medias y altas, y a su vez parte de la comunidad LGBT+, se enfilan rápidamente tras gobiernos que les aseguran que el camino de la meritocracia es el correcto, que nada tiene que ver la discriminación que sufren con “la política”. La interseccionalidad queda a un lado y se despolitiza la lucha por la diversidad. Aún así se resiste, se marcha y se reclama desde estos colectivos diversxs en busca de transformaciones estructurales que den condiciones de vida dignas para todxs. Y todxs es todxs.

No todo es lo mismo

Entonces, no todo es lo mismo. Ni todos son lo mismo. El respeto y reconocimiento de la diversidad sexual, y de las batallas y reivindicaciones de la comunidad LGBT+ en particular, debe entenderse desde una perspectiva integral y colectiva, de derechos humanos y cumplimiento de las condiciones básicas de vida. Se necesita de un Estado que articule y resuelva estas demandas mediante la ampliación de derechos, y la creación y consolidación de una estructura que contenga y garantice la inclusión y la igualdad.

Los medios de comunicación masivos tienen un papel protagónico en la construcción y reproducción de un sentido común que represente y tenga en cuenta (y no niegue, discrimine y criminalice) a estas identidades, sus reclamos y conquistas. La comunicación alternativa está dando la batalla cultural, con la voz de quienes protagonizan estas luchas, y es en esta disputa por la hegemonía (y por la prolongación de gobiernos nacionales y populares en el Estado) donde se define la representatividad política, social y mediática de estas identidades diversas.


Fuentes:
https://agenciapresentes.org/2020/03/23/memoria-lgbt-por-que-se-habla-de-30-400-desaparecidxs
https://agenciapresentes.org/2019/03/24/memorias-lgbt-en-dictadura-en-la-clandestinidad/
http://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/155000-159999/158649/norma.htm
http://sudakatlgbi.com.ar/como-se-representa-la-diversidad-sexual-en-los-medios-masivos-de-comu nicacion/
http://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/15000-19999/17694/texact.htm
https://pulsonoticias.com.ar/37194/maricas-en-dictadura-los-desaparecidos-que-nadie-nos-conto/
RINESI, Eduardo (2013). “De la democracia a la democratización: notas para una agenda de discusión filosófico-política sobre los cambios en la Argentina actual. A tres décadas de 1983”. Revista Debates y Combates, No 5, Año 3. Buenos Aires: Fundación Casa del Pueblo.
RINESI, Eduardo (2013). “De la democracia a la democratización: notas para una agenda de discusión filosófico-política sobre los cambios en la Argentina actual. A tres décadas de 1983”. Revista Debates y Combates, No 5, Año 3. Buenos Aires: Fundación Casa del Pueblo.
Fraser Nancy (2019) “¡Contrahegemonía ya!: Por un populismo progresista que enfrente al neoliberalismo.” Lo viejo está muriendo y lo nuevo no puede nacer. (Selección) Siglo XXI Editores

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Delfina Venece
Delfina Venece

Nací en el interior de Buenos Aires: los porteños nos confunden con Parque Chacabuco. De crianza gorila, devenida en pseudo-troska por contraste, hoy peronista por convicción. Mi canción favorita a los 10 años era Los Salieris de Charly, de León Gieco.

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