Pueblos fumigados: sin voz y ahogados en veneno

La engañosa disyuntiva entre salud y economía llevó al enfrentamiento del pueblo contra las codiciosas mentes empresariales. La provincia santiagueña pide que la defensa de la salud no se dé solo con el COVID-19, sino también cuando hablamos de su peor enemigo: los agrotóxicos.

Por Agustina Flores*

La engañosa disyuntiva entre salud y economía llevó al enfrentamiento del pueblo contra las codiciosas mentes empresariales. La provincia santiagueña pide que la defensa de la salud no se dé solo con el COVID-19, sino también cuando hablamos de su peor enemigo: los agrotóxicos.


El aislamiento social, preventivo y obligatorio llevó, una vez más, a que sectores empresariales tomaran provecho de la situación apoyándose en el silencio de una sociedad resguardada bajo techo. Avionetas y maquinas terrestres con agroquímicos pasan sobre las casas de los vecinos sin voz.

Si bien, entre las actividades exceptuadas de la cuarentena, se encuentra la producción agropecuaria, no se trabajó en fino sobre la diversidad que existe dentro del sector. “Como si fuera lo mismo sostener la producción de alimentos que la de commodities de exportación o agrocombustibles” relata el comunicado “¿De la pandemia del agronegocio quien nos cuida?” firmado por más de cien organizaciones sociales, ambientales y rurales, denunciando el esparcimiento de agrotóxicos sobre el pueblo con total impunidad.

Se han denunciado “incidentes” con fumigaciones, no solo en Santiago del Estero, sino también en Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Chaco, donde se manejan con total libertad. Las restricciones impuestas en ordenanzas y leyes de las jurisdicciones parecen hacer caso omiso a estas prácticas: se mira para otro lado con tal de ganar un par de billetes.

Es necesario comprender que no son hechos recientes, es la realidad que se vive en estas regiones desde hace tiempo. Cada año se liberan 500 millones de litros/kilos de agrotóxicos sin control alguno, constituyendo prácticas ilegales, ya que la Ley General del Ambiente Nº 25.675 es violada rotundamente.

A su vez, a nivel provincial, se presentó un comunicado por parte de la Mesa Provincial de Agrotóxicos y Salud de Santiago del Estero. El mismo denuncia dichas acciones según la Ley Provincial de Agroquímicos N° 6.321, que establece normas generales y metodologías de aplicación para la defensa, conservación y mejoramiento del ambiente y los recursos naturales. Además de apelar al artículo 41 de la Constitución Nacional que dicta: “todos los habitantes tenemos el derecho a un ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano y para que las actividades productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer los de las generaciones futuras”. De esta forma, se exige el cese de fumigaciones y pulverizaciones conforme a la aplicación del principio mencionado.

Se denuncia reiteradamente la ilegalidad a través de los comunicados de las organizaciones y de los pueblos. No se rompe solo una ley provincial, sino también una nacional y un artículo de nuestra ley suprema, la Constitución Nacional, mostrando la impunidad que logran con su acumulación de poder.

No hay marcha atrás

Las consecuencias de estas fumigaciones desmedidas tienen precedentes desde hace años: fueron y son descriptas en investigaciones hechas por laboratorios alrededor del mundo, en las cuales siempre se confirmó que conllevan grandes peligros. Pero al parecer, un par de monedas gana contra cualquier daño irreversible hacia las comunidades.

En Argentina existen numerosas pruebas de los efectos de los agrotóxicos. Se ha sistematizado información de relevamientos sanitarios en ciudades y dan cuenta de las enfermedades que se repiten en los pueblos fumigados: abortos espontáneos, malformaciones congénitas, enfermedades oncológicas, problemas respiratorios y pulmonares.

Hoy, en épocas de pandemia, es sumamente peligroso continuar con estas prácticas cuyas consecuencias convierten a las personas en factores de riesgo. Se ha demostrado que los agrotóxicos generan inmunosupresión: se debilita el sistema inmunológico reduciendo los linfocitos y alterando los niveles de anticuerpos. En otras palabras, facilitan el acceso de los virus, bacterias y gérmenes al cuerpo humano, comprometiendo la capacidad del organismo humano para hacer frente al coronavirus.

Mentes empresariales

Las respuestas de las empresas vinculadas al agronegocio son desconocidas, al igual que la de los gobiernos que la permiten. A contracara de ello, se muestran con una imagen “solidaria” preocupados por la salud de la sociedad a la que asesinan.

La Mesa de Enlace y Aapresid comenzaron una campaña publicitaria donde se muestran preocupados por la salud del país: ofrecen máquinas fumigadoras para combatir el dengue, se publicita la donación de maíz transgénico a comedores comunitarios y regalan silos-bolsa (plásticos donde acopian los granos) para fabricar ropa de protección para hospitales y clínicas. Lo que está en la parte oculta del iceberg es que los procedimientos para combatir el dengue no son del todo efectivos y encima afectan a la biodiversidad y contaminan el ambiente. Las silos-bolsas que ofrecen están empapadas de biocidas, por lo que deben ser tratados como residuos peligrosos, conforme a la Ley Nacional N° 24.051.

El disfraz lleno de solidaridad y ayuda comunitaria se fue destruyendo por si solo cuando se los encontró realizando cuatro días de paro agropecuario, reteniendo granos y carne, contra el aumento del 3% en los derechos de exportación para grandes productores de soja. Se generó controversia en el mundo rural y en parte de nuestra población.

Brindan apoyo y ayuda hasta que les toca poner un poco de sus millones para la necesidad del pueblo. Allí se devela lo que realmente los atraviesa: puras acciones mercantilistas para su propio beneficio. Los medios de comunicación cumplen un rol fundamental en la perpetuación de la imagen “positiva” de estos. La agenda mediática, ya ocupada casi totalmente por el coronavirus, es copada por la creación de sentidos individualistas y capitalistas, que solo llevan a que se generen cacerolazos por noticias falsas o acciones en conjunto por redes sociales, desprestigiando a órganos políticos y defendiendo a empresas multinacionales que se ríen en sus caras. Nuestro virus más peligroso, interdependiente del resto de las emergencias, es el de la infodemia: sobreabundancia de información falsa, con rápida propagación entre las personas y medios. La misma solo lleva a la confrontación entre pares, cuando el real enemigo esta afuera sacando ventaja, realizando fumigaciones casi desconocidas por no tener ni un solo minuto al aire en la televisión.

Surgimiento de pandemias y modelo del agronegocio

Existe una paradoja terrible que plantea evidencias a nivel mundial que vinculan al modelo del agronegocio con el surgimiento de las pandemias. “El aumento de la aparición de virus está estrechamente relacionado con la producción de alimentos y la rentabilidad de las corporaciones multinacionales. Cualquiera que pretenda comprender por qué los virus se están volviendo más peligrosos debe investigar el modelo industrial de la agricultura y, más específicamente, la producción ganadera. En la actualidad, pocos gobiernos y pocos científicos están preparados para hacerlo.” afirmaba Rob Wallace, investigador norteamericano.

Cuando surgen estos virus, los gobiernos, los medios de comunicación y la mayoría de los establecimientos médicos, se enfocan en cada emergencia por separado por la urgencia que requiere su tratamiento. Sin embargo, la respuesta descansa en el cuadro más amplio y conjunto, se descartan las causas estructurales que conducen una y otra vez a estas catástrofes, caso contrario quedaría develado que ellos mismos, o sus “amigos de negocios”, se encuentran detrás del entramado.

Los modelos de consumo que mueven los hilos conductores de la sociedad no paran de exigirle más y más a nuestra tierra. No hay otra opción de supervivencia más que cambiar nuestros hábitos y no olvidar el pasado. Hace falta aprender de otras grandes pandemias que la humanidad ha sufrido, como la Peste Negra, desencadenada por la acumulación de los señores feudales a contramano de las necesidades alimentarias de la población.

La crisis actual es una oportunidad de cambio. Mientras los grupos del agronegocio la usan para aparentar y sacar buena imagen frente a una sociedad a la que envenenan, organizaciones ambientalistas les piden a los gobernantes que defiendan su salud. El pueblo exige más que nunca el cese de las fumigaciones que atentan contra sus hogares, huertas y escuelas, envenenando al primero que se cruce sin ningún cargo de responsabilidad. Si de verdad fueran solidarios con la salud de las comunidades, dejarían las fumigaciones y cambiarían a la agroecología.

En una emergencia sanitaria como la actual, es incompatible que se sigan perpetuando prácticas amenazadoras a los sistemas inmunológicos con tal de que una minoría se llene los bolsillos.


* Hija de los vientos patagónicos. Compañera (in)esperada de la militancia para la liberación. Entusiasta del puño y la letra. Lo personal es político, el periodismo también.

Fuentes:
http://www.naturalezadederechos.org/525.pdf
“Transformaciones en los modos de enfermar y morir en la región agroindustrial de Argentina”, del Instituto de Salud Socioambiental de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Rosario.
https://drive.google.com/file/d/1mxqdtOOAbjeTNbXRKSRhgWS7AYFPzMw3/view
http://reduas.com.ar/generacion-de-derivas-de-plaguicidas/
http://www.biodiversidadla.org/Documentos/La-responsabilidad-de-la-agroindustria-en-el-Covid-19-y-otras-enfermedades-virales

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