René Otaduy: “El gobierno no ha llegado a plantear un plan serio que merezca tal nombre para luchar contra la pandemia”

Revista Trinchera dialogó con el militante de las organizaciones Izquierda Castellana y Marchas de la Dignidad, René Otaduy, quien analizó la compleja situación que vive España ante la pandemia del COVID-19 y cómo está se la está enfrentando.

Revista Trinchera dialogó con el militante de Izquierda Castellana y de varios movimientos sociales, René Otaduy, quien analizó la compleja situación que vive España ante la pandemia del COVID-19 y cómo está se la está enfrentando.


¿Cuál era la situación general del país previa a la aparición de la pandemia?

Desde la década de los ’80 del pasado siglo arrastramos una crisis estructural del capitalismo aún sin resolver, en la que el modelo neoliberal ha sido asumido como receta desde el imperialismo anglo-americano y el capitalismo occidental en general. Dicho modelo fue implantado a lo largo y ancho de Latinoamérica, y en Europa comenzó a aplicarse de la mano de Margaret Tatcher en el Reino Unido, y de la mano de Felipe González y del PSOE en el estado español. La entrada de nuestro país al proyecto de la Unión Europea supuso el que pasáramos a jugar un papel subordinado a los intereses del eje franco-alemán, con el desmantelamiento en buena medida del sector industrial autóctono, la reducción del sector agrario y ganadero a su mínima expresión, siendo convertido nuestro territorio en un paraíso para los servicios (de ocio y turismo), en una gran zona residencial para los países ricos de Europa, y en un paraíso también para la prostitución, el narcotráfico, el crimen organizado, la corrupción y el capitalismo especulativo.

En ese contexto se desarrolla la crisis coyuntural del 2008, año en el que quebró el modelo especulativo basado en el mercado hipotecario de las viviendas, crisis en la que fueron trasvasadas  ingentes cantidades de dinero público para rescatar al sector privado, y en la que se arrastró a las sociedades del sur de Europa a una situación de endeudamiento creciente con respecto de la UE, y de profundización en el proceso de pérdida de soberanía y de implantación del modelo neoliberal.

La situación previa general del país era por lo tanto la de una sociedad duramente golpeada por años de privatizaciones, de precarización de las condiciones socio-laborales, y de empobrecimiento de amplios sectores de la población.

Pero la crisis que veníamos arrastrando y padeciendo no era sólo de carácter económico y social, sino también de tipo político. Ya que todos estos procesos han venido acompañados de un cuestionamiento social creciente de las principales estructuras del Régimen político surgido de la denominada transición: la monarquía, la clase política, el poder judicial, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del estado, los medios de comunicación, así como el propio encaje territorial. El proceso democrático y republicano independentista catalán vino a acelerar esta crisis política, dejando en evidencia ante sectores cada vez más amplios, que el estado español es en esencia un estado post-franquista, impregnado de prácticas antidemocráticas hasta la médula.

Aquella última crisis de 2008 por lo tanto no fue resuelta, sino simplemente maquillada, y la actual crisis socio-sanitaria ha venido a agudizarla.

¿Cómo caracterizarías la actitud del gobierno nacional para enfrentar al COVID-19 y a qué le atribuís dicha actitud?

La línea dominante en el estado español sobre la epidemia hasta bien iniciado el mes de marzo ha sido la de minimizar el problema, planteando que venía a ser algo así como una gripe estacional. Y de ahí se ha pasado al otro extremo, induciendo un auténtico estado de pánico en la población.

El gobierno no ha llegado a plantear un plan serio que merezca tal nombre para luchar contra la pandemia, sino una serie de medidas parciales, algunas muy mal planteadas, enmarcadas eso sí en un plan global de control social. Desde el inicio del Estado de Alarma hasta el 3 de mayo van 806.595 multas y 7.189 detenciones, muchas de ellas con malos tratos y agresiones policiales incluidas, todo ello bajo la cobertura de la Ley Mordaza, una ley que teóricamente el Gobierno iba a derogar, y que ha acabado utilizándola más incluso que los gobiernos del PP.

En cuanto a los recursos financieros necesarios para hacer frente a la crisis, podrían haberse obtenido de una moratoria de la deuda ilegítima contraída en 2008, pero no ha sido así. De los 117.000 millones de euros aportados por el Estado, 100.000 han ido destinados a satisfacer las necesidades de las empresas y la banca, y solo 17.000 se han destinado en forma de ayudas a trabajadoras/es, entre ellos las y los autónomos. Comparando las medidas adoptadas en otros países del entorno, como Italia, Francia, Alemania o Reino Unido, las medidas más favorables al capital han sido las adoptadas por el estado español.

¿Qué efectividad consideras que tienen las medidas adoptadas?

Hay que tener en cuenta que la crisis de 2008 fue una gran oportunidad para los impulsores de las privatizaciones y la mercantilización de la sanidad. Los tremendos recortes presupuestarios y de personal deterioraron la capacidad y la calidad del sistema sanitario. No es por lo tanto casualidad que sea en Madrid, donde el proceso de privatizaciones alcanzó su máxima expresión, en donde la epidemia haya tenido una mayor incidencia.

En el plano socio sanitario, los resultados están a la vista. A pesar del plan de control social, y a pesar de haberse adoptado una de las cuarentenas más drásticas y menos ajustadas a las necesidades especiales de sectores amplios de la población, en España, al igual que en Italia, el virus ha evolucionado de forma natural, siendo el nuestro el segundo país del mundo en morbimortalidad. Según datos oficiales disponibles a finales de abril, somos también el país del mundo con más personal sanitario contagiado, debido a la ausencia de medidas de prevención en los centros hospitalarios. Las cifras de fallecimientos en las residencias de ancianos han sido terribles, el retorno de las actividades económicas no esenciales fue prematuro, y actualmente nos enfrentamos a la desescalada de las medidas de confinamiento, entre ellas el retorno de las y los alumnos a los centros educativos, en unas aulas por lo general masificadas en lo que respecta al sistema público, sin tener un estudio preciso de cuánta población hay realmente infectada y cuánta está ya inmunizada.  

¿Cuáles crees que serían las medidas más urgentes que se deberían haber adoptado el gobierno en este contexto, entendiendo las particularidades del país?

Echando la vista atrás, sin duda, haber apostado por la prevención, reforzando las medidas de seguridad en centros hospitalarios, aislando y estudiando los primeros casos, actuando a tiempo, reforzando el sistema de salud pública, haciendo acopio del material necesario para afrontar una crisis de este estilo, y desarrollando un plan general ajustado a las particularidades socio-económicas del país, teniendo en cuenta las debilidades de las que partimos (largos años de privatizaciones y ataques al sistema público de salud), así como de las fortalezas, que residían principalmente en el sistema de atención primaria, sistema de cercanía que ha quedado demostrado haber jugado un papel esencial en casos como el de Cuba, y que en el caso de Madrid durante la crisis del Covid-19 ha quedado desmantelado, trasvasando el personal de cabecera a la cubrir el hospital de campaña del IFEMA.

La transparencia en la información ha brillado por su ausencia. La autocrítica también, así como la humildad como para aprender de las experiencias exitosas de países como China, Cuba (país del que se ha rechazado la ayuda ofrecida) o Vietnam, y en el caso de nuestra región europea, de experiencias como la de Portugal o países del norte de Europa, que han desarrollado medidas exitosas muy diferentes.

¿Cuál ha sido la actitud de la oposición en esta situación? ¿Actuaron con prudencia y colaborando a mejorar o aprovecharon para golpear al gobierno?

Las medidas económicas adoptadas en marzo, así como el establecimiento del estado de alarma, fueron apoyadas en lo esencial por el bloque de la oposición, incluida la extrema derecha. A medida que ha ido evolucionando la crisis, desde diferentes ámbitos se han levantado voces planteando que era necesario esperar para hacer críticas a la gestión de las administraciones, en especial al gobierno socio-liberal, y exigir responsabilidades cuando la crisis pasara. Un planteamiento que nos parece erróneo, porque el problema se va a alargar de forma considerable (el modelo de curva epidemiológica en el estado español no es en forma de pico, sino de meseta), nos vamos a encontrar durante un tiempo prolongado con casos nuevos, con rebrotes, y plantear la corrección de las medidas equivocadas es absolutamente necesario, así como la construcción de una oposición de izquierdas, ya que si ese espacio no se ocupa desde una óptica progresista, será desempeñado exclusivamente por los sectores más reaccionarios de la sociedad.

¿Cómo repercutió este nuevo escenario en la economía nacional y cuál es la actitud de los empresarios?

Nuestro modelo económico está fuertemente tercerizado, y es dependiente del turismo, presenta unos niveles muy elevados de endeudamiento, y los diferentes presupuestos generales del estado de los diferentes gobiernos son monitorizados desde Bruselas y Berlín, con unas cifras de paro muy elevadas, y con numerosas familias en situación de precariedad y pobreza. La economía se encontraba en una situación muy debilitada. La crisis del coronavirus ha supuesto un golpe muy duro para la población asalariada, las pequeñas y medianas empresas, así como al sector autónomo y de falsos autónomos.

La CEOE (Confederación Española de Organizaciones Empresariales) ha valorado positivamente las medidas económicas, y tal y como ha planteado el Sindicato de Inquilinas, las medidas sobre la vivienda en alquiler, han venido en lo esencial a salvar los intereses de los grandes propietarios de vivienda, así como de los fondos buitre, endeudando a las familias.

A esta crisis sanitaria le acompaña una crisis social y económica profunda, que está empezando a arrojar cifras preocupantes: 4 millones de trabajadores/as acogidos a un Expediente de Regulación Temporal de Empleo, tasa de paro cercana al 20%, desplome del PIB, una tasa de endeudamiento público en torno al 115% del PIB, así como voces que comienzan a amenazar con la necesidad de ajustes y “rescates” para corregir el déficit.

¿Qué rol están jugando las FFAA en esta particular situación?

El estado de alarma decretado y prorrogado en sucesivas ocasiones es en realidad un estado de excepción encubierto, en el que las libertades y derechos democráticos han sido suspendidos, tal y como vienen denunciando diferentes organismos. Desde el Gobierno, se ha venido trasladando la visión de la pandemia y de la lucha contra el Covid-19 como una guerra. Y no estamos en guerra, a las crisis sanitarias hay que hacerlas frente adoptando medidas sanitarias. Hay ciertas tareas que deben ser desempleadas por la UME (Unidad Militar de Emergencias), pero la militarización absoluta de la respuesta, con los mandos del ejército en las ruedas de prensa de las televisiones públicas, es el reflejo de la ausencia de un plan global sanitario efectivo y coherente, así como es el reflejo también de una concepción de la salud pública que tiene más que ver con la época del franquismo, en la que las competencias sanitarias estaban incorporadas en el Ministerio de la Gobernación, que tenía la responsabilidad sobre las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

¿Y en el día a día del pueblo, cuál es la percepción en las calles tanto de las medidas como de la situación cotidiana?

Ante una emergencia sanitaria de estas características, son necesarias la disciplina social y la solidaridad, así como la ejemplaridad desde las diferentes instituciones, y aunque el confinamiento llegó tarde y sin atender las necesidades especiales de sectores importantes de la población, la percepción que tenemos es que la respuesta por lo general y salvo casos puntuales ha sido correcta.

Recién comenzada la cuarentena, la monarquía trató de aprovechar la situación para tapar las corruptelas de la institución, y se produjo una masiva cacerolada republicana de rechazo durante el discurso de Felipe VI, reclamando la donación a la sanidad pública de los 100 millones de euros recibidos de las comisiones de los negocios de su padre con Arabia Saudí.

Las redes de solidaridad en los barrios han ido extendiéndose, articulando toda clase de medidas de apoyo mutuo, de recogida de alimentos, así como de reparto de material médico en los centros hospitalarios. Actualmente hay cerca de 20.000 personas en huelga de alquiler, y en los barrios de Madrid más afectados por el virus, se han venido produciendo diferentes tipos de protestas.

Las medidas económicas adoptadas por el gobierno se perciben como insuficientes, y se tiene en el recuerdo la actuación de los poderes públicos en 2008, que al igual que ahora, vinieron a salvar los intereses de las grandes empresas y la banca. Existe también una percepción creciente sobre los diferentes modelos sociales, políticos y económicos que hay actualmente en el mundo, así como de las diferentes formas que ha habido de enfrentar la pandemia. Expresión de ello son las muestras de agradecimiento espontáneo que se han venido produciendo ante las ayudas de China, o ante el personal médico de las Brigadas Cubanas rumbo a Andorra en el aeropuerto de Barajas. La percepción acerca de la gravedad de la crisis económica ante la que nos estamos enfrentando es también creciente, al igual que la pérdida de legitimidad de la UE. Más allá de la crisis sanitaria, y de su gravedad, las contradicciones se agudizan tanto a nivel internacional con en el seno del estado español, abriéndose todo un abanico de oportunidades que no podemos desaprovechar.

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