Abasto. Ciudad de Buenos Aires. El Centro Cultural Konex es la sede donde se comulgan variadas expresiones artísticas, intelectuales y culturales. Cuenta con varios espacios tanto al aire libre como bajo techo. La calle Sarmiento suele coparse por transeúntes y borrachos que respetan la circulación de los autos y de los carros tirados por sangre humana.
17 de febrero. Febrero, si, febrero. Parece que estamos en diciembre pero no, estamos en febrero. La noche porteña siempre con su humedad. El verano amaga con dejarnos. Y la crisis, más que una amenaza parece ser una tendencia ineludible. Como los encuentros. Esa otra tendencia también ineludible.
Organizar reencuentros es apostar a que no se den fortuitamente, que estén planeados es placentero para los amantes de las vicisitudes. Ahí rondan, lata en mano y modesta sonrisa, charlando, apoyados en las paredes lindantes del Centro Cultural, aguardan celu en mano por entrar.
2024. Desde el 2007 que este hito festivo no se producía: FESTI LAPTRA. El gran cambio es la entrada: no hay tickets, hay QRs.
Flashando un Star Wars Indie, las chicas de la entrada usan sus pistolas para escanear todo píxel exhibido.
Hay molinete. El salto se da adentro. A la izquierda la boletería sigue abierta, vaya a saber por qué, pues el patio está colmado; la casa está llena y en orden.
Como apuntar y disparar el láser sobre el código de barra, siempre fue así para lo independiente. Difícil. Hoy lo es más. En un contexto herrumbroso cayendo sobre la espalda de una sociedad castigada, encontrarse da lugar a esa felicidad. Hace crecer la algarabía.
Pero la fiesta no es ocio del bobo. Al contrario, esta fiesta es rebeldía, es comprometerse con aquello que llamamos colectivo.
Como los claveles de los 107 Faunos, lloviendo sobre el público, es un darse comprometido.
Dos escenarios. Uno fuera cuyo sonido es impoluto y otro dentro cuyas visuales son inmejorables. El de adentro es un Pura Vida al cuadrado. El de afuera no tiene comparación. El vallado es poco. Tenue. Delante del escenario externo las clásicas vallas. Al costado tan solo una soga.
El line up es un manifiesto: artistas paridos por un mismo tigre, de enorme talla.
“(El festival) Está pensado para disfrutar a cada uno de los artistas. No sigue la lógica de los festivales ‘meinstrim’ que en vez de hacernos disfrutar de lo que vemos nos hace pensar en lo que nos estamos perdiendo”, aseguró un día antes a Radio Trinchera, Javier “Gato” Sisti, organizador y cantante de 107 Faunos.
Así fue. Cada uno de los presentes gozó de la sonoridad excelentemente, siendo habitantes de la estética LAPTRA: relajada, perfumada en simpleza, con aroma a casa quinta fuera de la ciudad, un domingo de calle alquitranada. Shores de baño, bucitos y zapas deportivas. Claro que el lugar también estaba abierto a recibir personajes con borcegos y ser un woodstock de cemento para pies descalzos.
Javi Punga, pasando por Koyi, Tigre Uli, Las Ligas Menores, Media Hermana, 107 Faunos, Santi Motorizado, Bestia Bebé, Antolín y todos los nombres que han quedado grabados en la memoria y en los acordes de quienes aún siguen en la ruta. Brujos y brujas de este conjurado encuentro. Un bautismo para muchos dado el cruce generacional estrepitoso. En el público, las banderas hechas casacas iban desde bandas consagradas hasta emergentes.
Es propio del Indie ser una fábrica de recuerdos. Adentrarse en este universo es partir un prisma en mil. En este caso quedará como souvenir directo el momento en que Santi Barrionuevo se llama a silencio y es el público quien toma la voz cantante entonando el estribillo de “Mi próximo Movimiento”.
¿Sentirá a esto logrado tal cual lo imaginó cuando escribió “Chica de oro”?
Cerca de un stand de comida también había un stand donde se vendían productos de los artistas nombrados. Un tigre de peluche blanco con rayas negras y ojos celestes vigilaba rugiente desde un costado. Ni hacía halago de su ferocidad ni se proclamaba león en esta jungla; solo estaba allí, su sola presencia (como en el logo del movimiento) impartía respeto.
El respeto que imparte la valentía del arrojo a serse independiente. A serse propio, autogestivo, arquitecto de identidad con lo propio, con lo que se tiene y con la política de la fiesta y la amistad -más allá de vinilos e influencias de grupos sin frontera- como bandera.
La potencia de los mantras y lo desafinado. De corazones desafinados. Desentonados. Sin ecualizar. De eso se trata, se trató y tratará.

Gerónimo Rivera Cano
No sé mucho de mi persona. Huyo del “conócete a ti mismo”. Solo tengo por ofrecer un par de sienes ardientes: mi capital intelectual se basa en ser graduado en Ciencias Jurídicas, reseñar cosas, hacer notas de opinión, análisis y crónicas. Como sujeto narrante soy buen lector. Me prostituyo en las palabras. Formo parte del multimedio Trinchera, integro el equipo de CAPTO. Trabajo en un estudio jurídico y notarial. Nací y me crié en la ciudad de La Plata. No me gusta el helado. Maradoniano, sí, aunque se poco de futbol. Siempre de acá, el lado en donde reina el amor y la igualdad.












