En diferentes artículos anteriores se analizó la bestialidad imperial y las atrocidades cometidas por el imperio norteamericano para perpetrarse como el amo y señor del planeta. Sea en la región del mundo que sea los norteamericanos desplegaron su política exterior, que tiene un solo objetivo: ser los gendarmes y que todo salga como ellos pretenden. Pero el paso de las décadas y errores de diversa índole -producto de su insaciabilidad y voracidad- los han hecho perder no solo legitimidad, sino -concretamente- fuerza.
Sin lugar a dudas Nuestra América es considerada por los norteamericanos (sin importar el partido) como su reserva estratégica para perdurar como hegemón. Pero la reciente etapa de gobiernos progresistas y revolucionarios iniciada con la llegada en 1999 de Hugo Chávez, la hasta entonces “controlada” región nuestroamericana, comenzó a rebelarse.
La experiencia vivida en esos años llevó a muchos pueblos de la región a comprender no solo que se podía vivir de otra manera, sino que había formas de enfrentar al imperio, al tiempo que aparecían otros actores en el ajedrez global, fundamentalmente Rusia y China.
Ilustración: Entornointeligente.com
Algunos números
En estos días el investigador del CONICET y profesor de la Universidad Nacional de Quilmes, Bernabé Malacalza[1], publicaba un comparativo de las donaciones realizadas por EEUU y por China en Nuestra América. Mientras el primero lo ha hecho en 83 millones de dólares (lo cual equivale al 9% del total y es menos de la suma de lo que recibieron el Congo y Nigeria), el país asiático lleva donados 665 millones de dólares, una cifra ocho veces mayor.
La prioridad para los norteamericanos siguen siendo países selectos: Colombia y Venezuela (a su empleado Guaido) para desestabilizar al chavismo, a Haití (para que no cambie de signo político), y a los países del famoso Triángulo Norte (Guatemala, El salvador y Honduras) donde lo importante para el imperio es frenar la migración hacia sus fronteras, y seguir fomentando la supuesta “lucha contra el narcotráfico”. La pieza clave para esto último parece ser el México de López Obrador quien se comprometió a fomentar el trabajo de calidad en su país, también como una forma de contener la migración centroamericana.
La visita de AMLO a los EEUU del magnate de peluquín no hace más que reforzar esta teoría. La reciente ratificación del T-MEC, entre muchas otras cosas, permitirá a México relanzar su industria manufacturera, generar puestos de trabajo genuinos y sacar a gran parte de su pueblo de la precarización a la que llevaron décadas de políticas neoliberales, la desregulación, la privatización y fomento a la maquila. Datos no menores son las crecientes inversiones chinas en el país Azteca, que pone los pelos de punta al imperio.
El dragón avanza y ocupa casilleros a su paso
A los 665 millones de dólares donados por China en insumos y equipamiento médico para enfrentar la pandemia, hay que sumarle los créditos otorgados por el China Development Bank y el China Eximbank, y los acuerdos previamente realizados por el gigante asiático con diferentes países del continente, fundamentalmente en materia de extracción petrolera y minera y granos.
Lugar que deja vacío el imperio norteamericano, lo ocupa sin dudarlo el gigante asiático, y donde sigue invirtiendo EEUU, ahora también lo hace China. Mientras EEUU mantiene un política selectiva a la hora de otorgar préstamos o dar donaciones, los chinos abren la billetera y reparten billetes verdes. Esto se suma a la disputa abierta entre las dos potencias en la carrera por la instalación de la tecnología 5G, en la cual la asiática pareciera estar en franca ventaja ante la anglosajona.
Muy pocos son los países de la región que no reciben ayuda financiera de China, o que aún no hayan firmado algún acuerdo político o comercial. Además de los vínculos históricos con la Cuba de Fidel, y de la alianza política estratégica con Venezuela, uno de los puntos predilectos del mandarín Xi y empresarios chinos es Panamá.
Desde que en 2017 los panameños quitaran su apoyo a Taiwan y reconocieran que China es una sola, las inversiones y la atención asiática en el país latinoamericano crecieron exponencialmente. Tal es el punto que según la oficina del portavoz del Ministerio de Exteriores chino, el país asiático se ha convertido en el segundo socio más importante del Canal de Panamá. En 2019 el intercambio comercial entre ambas naciones “alcanzó 8.387 millones de dólares, lo que es un 19,4% más que en el año anterior“[2], en tanto las exportaciones panameñas a China crecieron un 444,5% sólo el año pasado.
Diferencias ante la crisis económica global
Producto de la pandemia, la recesión global será inevitable. Mal que le pese a los liberales o a quienes pretenden insistir con abrir la cuarentena para “recuperar” la economía, los números dan cuenta de que sólo sería una locura y una irresponsabilidad sanitaria.
Nuevamente, mientras las políticas de EEUU sirven para salvar a bancos, entidades financieras y el sistema especulativo privado (poco y nada para el pueblo), las políticas de China están focalizadas a rescatar empresas productivas, salvaguardar los puestos de trabajo y fortalecer los mecanismos de control para que el dinero destinado sirva para paliar la situación.
La pandemia, lejos de aminorar la conflictividad entre los EEUU y China, parece haberla potenciado. La carrera presidencial en vísperas de una nueva elección en gringolandia, han hecho que las declaraciones anti-china se hayan vuelto moneda corriente. Para Trump todo es culpa de China y del Partido Comunista Chino y sus aliados en el continente: Venezuela, Cuba y Nicaragua, lo que despectivamente llama “la troica del mal”.
Pero como afirma el general retirado del ejército chino Liu Mingfu: “Estados Unidos no tiene miedo de una China socialista, tiene miedo de una China fuerte. Estados Unidos preferiría una China socialista pobre que una China capitalista poderosa”. Bloquear a Venezuela, Cuba y Nicaragua, hacerles la guerra desde todos los planos, no solo es un intento por alinear a todo el continente en su lógica exterior, sino un desesperado intento por debilitar a China en la región. Cosa que por el momento y en perspectiva a futuro, parece no estar saliéndole del todo bien.
Nicolás Sampedro
Prefiero escuchar antes que hablar. Ser esquemático y metódico en el trabajo me ha dado algún resultado. Intento encontrar y compartir ideas y conceptos que hagan pensar. Me irritan las injusticias, perder el tiempo y fallarle en algo a les demás.
Desde hace algunas semanas, en artículos anteriores, se viene reflexionando acerca de la necesidad de empezar a dar los debates para el tiempo post pandemia, que vaya une a saber cuándo será. Lo que es concreto es que nada volverá a la “normalidad”[1]. Ese concepto abstracto en el que muches comunicadores recaen para pasar la página y hacer como que nada ocurrió. Que les pobres vuelvan a ser pobres y que los ricos continúen con el saqueo a destajo de los bienes y el trabajo del pueblo.
En esta oportunidad -y posiblemente los análisis posteriores seguirán desgranando discusiones en la misma línea- se abordará un tema que está íntimamente relacionado con los grandes ganadores del momento actual: las corporaciones tecnológicas.
Se ha mencionado en varias oportunidades el uso que estas multinacionales hacen de los datos que voluntariamente les consumidores otorgan cada vez que usan alguna de sus plataformas o aplicaciones, o cuando se compra algo por internet.
El gran negocio de la venta de datos, que pese a que en la mayoría de estas compañías en sus políticas contractuales, dicen hacer un uso responsable y no distribuirlos -o peor, venderlos-, en la práctica se sabe que no es así. No sólo se venden a grandes corporaciones para armar perfiles de consumo, sino que en muchos casos son utilizados por los estados para hacer seguimiento y espionaje de sus poblaciones y perseguir a les que representan un peligro.
Escándalos de esta índole ha habido varios. Quizás el más conocido ha sido el de Cambridge Analytica y Facebook en 2018 (este último vinculado con la CIA según varies analistas). Pero ¿Cuántos casos como este deben haber pasado (o están pasando) y no salieron a la luz? ¿Quién puede asegurar que Facebook (dueña de WhatsApp, Instagram y otras plataformas) no está incurriendo en las mismas prácticas que hace unos años?
Cabe resaltar que esta situación se dio en la antesala de lo que actualmente se conoce como la Guerra Comercial entre los EEUU y China[2]. Tal situación no es la mera disputa económica entre ambas potencias: tiene que ver con la Nueva Ruta de la Seda del gigante asiático y con la carrera a contrareloj para ver quién se hace con las redes de 5G (también llamada Internet de las Cosas) a escala global, al tiempo que saca ventaja al resto en la producción de Inteligencia Artificial, hecho que sin duda revolucionará las condiciones de producción a escala planetaria.
En este punto habría que volver a mencionar el escándalo que se produjo en 2018 cuando los EEUU detuvieron a la hija del fundador de Huawei y vicepresidenta de la empresa, Meng Wanzhou[3], hecho que lejos de ser algo aislado, está íntimamente relacionado con esta guerra que involucra directamente a las dos potencias mundiales e indirectamente a todos los países del globo. A quienes no crean que este enfrentamiento afecta a la Argentina, les invitamos a que entren en las tiendas web de las tres compañías más populares de venta de telefonía móvil y busquen algún teléfono de la marca china.
Más allá de este conflicto, que sirve de ejemplo, lo que interesa resaltar en este punto es que se está ante la posibilidad de frenar la pelota y pensar una política soberana al respecto. No sólo para proteger los datos de les ciudadanes, sino para ver cómo afecta en términos económicos, geopolíticos y sociales tener o no a un Estado presente y con un rol activo en esta materia.
Como resalta la Investigadora del Grupo ETC, Silvia Ribeiro, “la primacía de mercado y ganancias de las ocho mayores plataformas (GAFAM y BAT) es abrumadora. Según el informe 2019 sobre economía digital de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), 70 plataformas digitales tienen el 90 por ciento del mercado mundial, pero las siete más grandes tienen dos tercios del mercado. Esas mega plataformas han aumentado significativamente sus ganancias en 2020, al igual que sus fundadores, Jeff Bezos (Amazon), Bill Gates (Microsoft) y Mark Zuckerberg (Facebook)”[4].
El presidente argentino Alberto Fernández ha manifestado en reiteradas oportunidades la necesidad de desarrollar al país en el ámbito de la Ciencia y la Tecnología. Haber retomado el Plan Conectar Igualdad u otros que el macrismo echó por tierra, es un buen primer paso, pero evidentemente no alcanza.
Sin ánimos de quejarse por quejarse, y comprendiendo la complejidad del momento, además de marcar las insuficiencias, se deben proponer políticas y/o proyectos concretos que puedan ser implementados para avanzar en esa política -hoy estratégica- de la que habla Fernández.
Por qué no pensar en la regulación de datos a nivel nacional, en generar o elevar considerablemente los impuestos a las grandes ganancias que general estas multinacionales[5]; en avanzar a paso firme en una legislación laboral que defienda los derechos de quienes trabajan para ellas en nuestro país; en la creación de empresas estatales (o mixtas) de producción de telefonía celular, de computadoras y de tablets; en brindar los servicios de internet y de telefonía celular desde el Estado Nacional; y un largo etcétera.
Todas estas políticas no sólo podrían engrosar la recaudación del Estado de manera directa, sino que generarían fuentes de trabajo, protección de los trabajos ya existentes, reducción de los costos que todos los meses tienen les ciudadanes, generar competitividad en esos mercados y evitar los precios abusivos de parte de las empresas privadas del sector. Las ganancias pueden ser muchas.
Sin dudas estas líneas no dejan de ser un borrador de un borrador de un borrador de una discusión seria respecto de una política soberana en la materia, pero por algo se debe empezar. Bienvenido el debate y las propuestas que se puedan materializar. Ellos (los dueños de las multinacionales) tienen los fierros, pero algo se puede hacer…
* De pocas palabras, escucha más de lo que habla. Esquemático y metódico en el trabajo. Ni comunicador, ni periodista, ni intelectual, es una cosa amorfa en constante transformación que intenta encontrar y compartir ideas y conceptos que hagan pensar. Lo irritan las injusticias, perder el tiempo y fallar en algo a alguien.
La embestida de Trump contra la República Popular China, ya sea con la suba de aranceles a productos importados chinos -especialmente el acero y el aluminio- o los embates contra la corporación de telecomunicaciones Huawei, han generado preocupación en terceros actores, dada las implicancias y repercusiones que podría tener sobre el globo.
La reciente incorporación de la corporación asiática y de 70 empresas afiliadas en la “lista de entidades” o “lista negra” (luego pospuesta por 90 días por el propio Trump), generó que los principales fabricantes de chips norteamericanas como Intel Corp., Qualcomm Inc., Xilinx Inc y Broadcom Inc. se alinearan de inmediato, comunicando a sus empleados que “no habrá suministros a Huawei hasta nuevo aviso”.
Esta decisión de la administración norteamericana no sólo generó la inmediata reacción de la diplomacia china que salió al cruce, sino la decisión de hacer público -de Huawei- de los avances en el reemplazo de Android por Hongmeng, el sistema operativo propio de la compañía.
Pocos días después el mandatario chino junto a empresarios y funcionarios de alto rango, visitó empresas dedicadas a la comercialización de las tierras raras, materiales estratégicos para la producción de tecnología, de la cual depende en un 80% la industria norteamericana. El as en la manga que señalan Negrete, Ugarteche y otros analistas en un artículo publicado recientemente.
Por su parte, los ciudadanos chinos abandonaron en masa el uso de teléfonos inteligentes de la empresa Apple. La campaña “Apoya a Huawei” se difundió rápidamente a través de las redes sociales. Esto generó una caída en las acciones de la compañía norteamericana que vende más del 50% de sus productos en el mercado chino. La decisión administrativa de Trump generó que los días posteriores a la publicación de la medida, las acciones de la empresa yanqui cayeran un 0,44% y un 0,57% en Wall Street, y se estimaba que siguieran en caída.
Hay que recordar que las acusaciones de EEUU contra compañías chinas no son nuevas. Durante la administración de George W. Bush la empresa Cisco acusó a Huawei de copiar su código fuente (2003). En tanto durante la de Barack Obama fue acusada de ciberespionaje (2007), cuando la empresa china intentó comprar la empresa Bain Capital, y en 2012 la norteamericana T-Mobile les achacó “los intentos de robar la tecnología del robot Tappy”.
A pocos días de conocerse la medida de Trump, el abogado, economista y politólogo cubano, Manuel Yepe Menéndez, publicó una interesante nota analizando los motivos de esta disputa. En la misma, citando al economista francés Philippe Waechter, sostiene que una de las motivaciones norteamericanas para tomar esta decisión está relacionada con el déficit comercial que tienen los EEUU respecto de China.
Empresa alemana de telecomunicaciones
Durante los últimos 20 años, la economía china tuvo una gran repuntada a base (entre otras cosas) del mercado norteamericano. Si bien sus economías eran complementarias, los estadounidenses no sólo quedaron en desventaja por la gran cantidad de productos que compran al gigante asiático, sino porque además los chinos compraron una gran cantidad de bonos del tesoro. Si bien esto sirvió para que EEUU pudiera seguir emitiendo billetes e inundando el mercado mundial de dólares, esa ecuación comenzó a mermar paulatinamente hasta llegar a valores similares a los de 2006.
Ese mecanismo de crecimiento (sumado a su gran mercado interno), posibilitó a China invertir grandes cantidades de dinero, no sólo para al día en materia tecnológica, sino para convertirse en uno de los principales productores y desarrolladores en el sector. Según el subdirector del departamento de comercialización de investigación e innovación regional del Ministerio de Ciencia y Tecnología, Yang Xianwu: “un total de 136.000 empresas chinas de alta tecnología invirtieron 900 millones de yuanes en investigación y desarrollo en 2017“. Tanto es así que los asiáticos se pusieron al frente en la competencia global por el desarrollo de la Inteligencia Artificial y el 5G.
La importancia de esta situación se vuelve aún más contundente cuando se leen las declaraciones del ex estratega electoral de Trump, Steve Bannon. Consultado sobre el tema Huawei lanzó declaraciones de alto calibre como que el asesinato de la compañía asiática “es 10 veces más importante que conseguir un arreglo comercial” con Pekín, o que tienen “planes para excluir a todas (sic) las empresas chinas de los mercados de capitales de EEUU”.
Europa no se decide
Las presiones a otros países del planeta de parte de los norteamericanos nunca se hicieron esperar. Ya entre 2009 y 2011 la británica Vodafone denunció a Huawei por fallos de seguridad (‘backdoors’ en los routers según los expertos) en el material que ésta había enviado a su filial en Italia. Motivo por el cual Vodafone y British Telecom quitaron el material de la asiática de su red.
Antes de su renuncia, la propia Teresa May se sumó a este conflicto ofreciendo una participación limitada en su infraestructura de 5G a Huawei, luego de intensas discusiones con su gabinete y con el Consejo de Seguridad Nacional. Una discrepancia -filtrada a la prensa- de su ministro de Defensa, Gavin Williamson, que generó su renuncia.
En Alemania, el embajador gringo directamente amenazó con reducir la cooperación en materia de inteligencia si Merkel no rechazaba abiertamente a la empresa de telecomunicaciones china. Por su parte el presidente de la agencia de regulación de telecomunicaciones, Jochem Homann, declaró que “nadie será específicamente apartado“, argumentando que Huawei posee gran cantidad de patentes en el sector y que si era excluido se retrasaría el lanzamiento de la 5G.
Por su parte España y Francia, han optado por bajar las tenciones en el debate, poniendo en suspenso sus decisiones, en tanto el actual Secretario General de la OTAN, Jens Stoltenberg, sostuvo que al organismo le importa que las decisiones respecto del 5G “sean tomadas de manera que garantice su seguridad. No se puede evitar esta reflexión”.
La estrategia del “sur-sur” aumentó significativamente la presencia del gigante asiático en la región, siendo Venezuela el mayor socio. El suelo bolivariano, además de tener China como uno de sus mayores proveedores de armamento, se llevó el 53% del total del dinero chino que llegó al continente.
Como si esto fuera poco, la política hostil de Washington hacia los vecinos del sur, el proteccionismo[3][4] de la Casa Blanca y los desplantes al multilateralismo abrieron las puertas para que China aproveche la oportunidad y profundice las relaciones con la región[5][6].
Centroamérica en el ojo de China
Lo que históricamente fue el “Mare Nostrum” o la “frontera sur” para la estrategia imperial norteamericana, con la llegada de Trump se vio lesionado por el tono descalificador del mandatario gringo.
Si bien las relaciones entre China y Centroamérica no son tan relevantes económicamente hablando, si son estratégicas para el gigante asiático. Fundamentalmente luego de que Panamá firmara (en 2017) casi una veintena de convenios entre los que se encontraba un memorándum de entendimiento que incluía al país caribeño en el proyecto de la Franja y la Ruta. Iniciativa a la que se sumó Costa Rica en abril de este año.
El nerviosismo norteamericano no se hizo esperar. Recientemente el encargado del Hemisferio Occidental del Consejo de Seguridad de los EEUU, Mauricio Claver-Carone, visitó al presidente saliente al país caribeño (Juan Carlos Varela) y reiterara la advertencia de su administración, recomendando tener “mucho cuidado con los turistas chinos”.
Está más que claro que China pretende jugar fuerte en la región y rápidamente está consiguiendo meter la cuña: Costa Rica, Panamá, El Salvador ya desconocen a Taiwán y sus vínculos con el gobierno de Xi Jimping crece rápidamente.
El presidente electo Laurentino Cortizo recibiendo al vicecanciller chino, Qin Gang.
Implicancias para la región
El conflicto entre EEUU y China por Huawei podría generar algunas consecuencias en Nuestra América.
Si bien en Argentina su participación en el mercado de las telecomunicaciones es casi irrisorio (6,34%), otros países del continente podrían verse seriamente afectados. Los caso de Costa Rica (27,9%) y Perú (24,6%) serían los más significativos, aunque en varios países la cuota de participación oscila entre el 10 y el 25%.
Informe del canal ruso en español sobre la cuota de mercado de Huawei en Nuestra América.
Quizás el revés más importante es el que pueda generar Brasil. Pese a las intenciones de alineamiento directo que pueda pretender el presidente Jair Bolsonaro, la reciente visita a China de su vice, Hamilton Mourão, dejó en claro que no hay una definición unánime hacia el interior del gigante carioca.
Todo indica que la actitud de Trump y su administración intentan frenar la economía del gigante asiático que año a año le va quitando protagonismo en la economía global. Parecen toda una suerte de intentos desesperados por mantener su lugar hegemónico, que desde hace años viene en declive.
* Periodista especializado en temas internacionales, conductor del programa Marcha de Gigantes (AM 1390 Radio Universidad Nacional de La Plata), productor general del programa La Marea (FM 90.5 Radio Futura), redactor de Revista Trinchera y colaborador de Agencia Timón.
No son novedades los roces comerciales entre Estados Unidos y China. En 2018 todas las economías dependientes veían con incertidumbre un conflicto arancelario que parecía empeorar diariamente. A fines de año un atisbo de optimismo y acercamiento pregonó una pronta resolución y parecía que los acuerdos bilaterales habían llegado a buen puerto, pero sólo empeoraron.
En mayo de 2019 resurgieron las imposiciones de la mano de Trump, una sorpresiva decisión determinó un aumento de los aranceles a China por el valor de US$200.000 millones y en consecuencia los impuestos a más de cinco mil productos chinos subieron del 10% al 25%. Como si fuera poco, Trump amenazó con más aranceles a otros productos chinos por el valor de US$ 325.000 millones como medida de defensa ante las posibles represalias chinas, posteriormente consumadas.
Una de las las razones norteamericanas para desatar tal guerra comercial es sencilla y puede resumirse en pocas palabras: Superávit comercial de China que se traduce en déficit comercial de EEUU.
El despliegue geopolítico chino con balanza positiva en bienes y servicios incomoda a Trump, quién posee grandes avances en su economía interna pero pierde cada vez más protagonismo en el terreno global. Los objetivos inmediatos de garantizarse rutas marítimas en preocupantes disputas con sus competidores; obstaculizar el crecimiento de la economía china; evitar que el dólar sea suplantado como divisa primaria en materia de endeudamiento e intercambio a nivel global; poner trabas al desarrollo tecnológico chino con el que Trump conspira sobre teorías de espionaje en productos exportados y vaticinan una guerra futura por las nuevas transferencias de datos del 5G.
A pesar de la tensión ya hubo acercamientos para negociar. De todos modos, difícilmente eviten las represalias arancelarias de China el 1 de junio por US$ 60.000 millones. Uno de los objetivos de EEUU -en la renegociación- es que China consuma muchos más bienes norteamericanos para poder apalear el déficit fiscal de US$ 419.000 millones que lo separan de Pekín. La sorpresa para China fue desalentadora: cuando parecían prosperar los acuerdos comerciales, las imposiciones aduaneras se hicieron presentes.
Washington acusa a Pekín de robar la propiedad intelectual de muchos productos estadounidenses y buscará una serie de reformas en las políticas económicas chinas porque aseguran que están sujetas a un sistema de subsidios que favorecen al Estado.
Por su parte, con los bienes que ingresarían al Tesoro de Estados Unidos (por la suba de aranceles) prometen incentivar un proyecto de ayuda humanitaria enviando recursos agrícolas a los países en crisis. Los mismos que ellos desestabilizan por debajo de la mesa.
Las consecuencias de un conflicto económico de este nivel se traducen en incertidumbre entre empresas y consumidores; descreimiento de los inversores; pérdidas en los mercados fiscales más importantes; desestabilización de economías dependientes tercermundistas y redistribución de bienes.
Trump necesita consolidación con urgencia. Sus políticas exteriores le responden con revés tras revés. Percibe los acercamientos y negociaciones entre sus competidores que sitúan a China en el primer eslabón. La participación de divisas alternativas como el Bitcoin se refleja en refugios para los inversores cuando hay incertidumbre en la economía global. Poner en duda la participación del dólar como moneda protagónica son motivos de sobra para que Estados Unidos intente socavar a su principal competidor. Desde trabas macroeconómicas en materia de importación, hasta atrasar la emisión del capítulo final de ‘Game Of Thrones’ en China, cada detalle es significativo y ninguno coincidencia.
La empresa de telecomunicaciones china es la punta de lanza
No hay pronósticos cercanos a una resolución, mientras EEUU bloquea a Huawei, las empresas estadounidenses en China consideran seriamente marcharse del gigante asiático ya que el 75% de ellas se ven seriamente afectadas por la competitividad y la guerra económica. EEUU busca consenso con sus aliados para no incentivar el crecimiento chino y bloquear negociaciones. Sin embargo, un reemplazo de China es difícil ya que se ha situado como un factor esencial en la cadena de suministros global.
* Periodista especializado en temas internacionales, columnista del programa Marcha de Gigantes (AM 1390 Radio Universidad Nacional de La Plata), redactor de Revista Trinchera y colaborador de Agencia Timón.
Análisis de CFK sobre la situación política actual y lanzamiento de su candidatura
Las palabras de Cristina Fernández de Kirchner no sólo dan cuenta de su agudeza y minuciosidad en la lectura política de lo que pasa en el mundo y la región, sino que dieron cuenta de la brillante jugada de ajedrez que realizó. En poco más de doce minutos ordenó a la tropa hacia adentro y se deja sin argumento a quienes la denostan.
De todas formas, el objetivo de estas líneas no es analizar el discurso de CFK, sino arrojar algunas observaciones al respecto de ese mundo que cambió y que para Nuestra América significó un retroceso significativo en materia de derechos y de bienestar para el pueblo.
La semana pasada el compañero Emilio Ibáñez analizaba una nueva embestida de los EEUU hacia los productos importados desde China. La suba de aranceles a un segmento de productos que implicaba es una nueva avanzada gringa en la guerra comercial con el gigante asiático.
Donald Trump sobre los aranceles a importaciones chinas
En un artículo publicado hace algún tiempo por el New York Times, titulado “La ocasión para un nuevo orden mundial”, Henry Kissinger abogaba por la implementación del G-2 (EEUU y China) como árbitros del mundo. El longevo estratega del imperio señala en ese artículo no sólo que no se debía señalar al gigante asiático como “enemigo”, sino que desaconsejaba el proteccionismo y pedía que las relaciones entre ambos países se eleven a un nuevo nivel sobre la base del concepto de destino común.
Pero las intenciones del pentágono no son las mismas. Según lo señala el analista Germán Garraiz López, su decisión es la de confrontar con la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS) que tiene a China y Rusia como 2 de sus grandes actores y que junto con el ALBA e Irán son el núcleo duro de la resistencia a la hegemonía mundial de EEUU y Gran Bretaña.
Hace algunos meses el economista y miembro del Observatorio Económico Latinoamericano, Armando Negrete, resaltaba que la economía estadounidense viene arrastrando desde los años sesenta una tendencia a la baja. La última vez que creció más del 6% fue en 1984 y ni siquiera duró todo el año.
La llegada del neoliberalismo y el descalabro económico que generó la desregulación de los mercados, la apertura comercial y el desarrollo de las finanzas internacionales, permitieron a las transnacionales expandir su red global de encadenamiento productivo, hecho que les permitió mudar sus filiales a otras latitudes. China junto a otros países de Asia fueron los captores de esas industrias, lo que le permitió crecer a un promedio 8,6% anual desde 1980 hasta 2017.
Está claro que la globalización como sistema está en franco retroceso. Ya son muchos los analistas que prácticamente la dan por muerta. Sobre todo con la llegada de Trump, que junto con el mandarín Xi y su homólogo el Zar Vladi Putin están planteando otro tipo de vínculos a escala planetaria.
Murieron los Tratados Comerciales Transnacionales (TTIP, TTP y NAFTA) en detrimento de economías proteccionistas. De ahí también se explica la suba de aranceles -fundamentalmente al acero (25%) y el aluminio (10%) chino- por parte de los EEUU.
El presidente norteamericano Donald Trump, plantea su “America Fisrt”
La llegada del magnate Donald Trump al Despacho Oval y su “America First” significó un cambio radical en la forma de manejar este enfrentamiento. Lo que -hasta la presidencia de Obama- había sido manejado mediante la diplomacia y algunos canales institucionales, se volvió unilateral. Su administración optó por el hostigamiento al gigante asiático -militar y económicamente-, intentando frenar y/o limitar el crecimiento chino y bloquear su comercio.
El caso más significativo de esta guerra sucedió en paralelo al acuerdo por 90 días entre Trump y Xi Jinping durante la cumbre del G20 en Argentina, y fue el encarcelamiento (el 1 de diciembre de 2018) de Sabrina Meng, la CFO de la empresa de telecomunicaciones Huawei e hija de su fundador Ren Zhengfei.
Durante la Guerra Fría, la carrera era por el desarrollo de armamento nuclear y tuvo como actores a los EEUU y a la URSS. Hoy esa carrera es por el desarrollo y control del 5G y la producción de Inteligencia Artificial, en la cual China está aventajando a los norteamericanos, cosa que estos últimos no aceptan de brazos cruzados.
Pero… ¿Qué es lo que mueve al mundo hoy? ¿Qué es lo que garantiza poder o no avanzar en esa carrera por el 5G y la inteligencia artificial? Nuevamente se retoma al compañero Jorge Beinstein para esclarecer esta interrogante: El petróleo.
EEUU está intentando quitar a China sus bases de aprovisionamiento del oro negro. La guerra en Libia, Irak y Siria, según algunos analistas, responde a ésta lógica. Téngase en cuenta que los 3 países enviaban petróleo a las tierras de Xi.
La derrota militar en Siria, si bien significó una derrota para los norteamericanos, los llevó a mover sus mercenarios a otras latitudes. Recientemente el analista francés Thierry Meyssan publicaba un artículo señalando dos lugares estratégicos donde aparecía nuevamente el Daesh: La república Democrática del Congo y Sir Lanka.
A esto debe sumarse el acuerdo chino-venezolano en la Faja Petrolífera del Orinoco, donde los chinos empezaron a jugar fuerte y que produce 200 mil barriles de petróleo diarios. De ahí los nervios de la CIA y las agresiones permanentes al gobierno de la República Bolivariana de Venezuela que conduce Nicolás Maduro.
El escenario de la guerra comercial entre EEUU y China, pero que también tienen enredados a los rusos y europeos, es un callejón sin salida para los norteamericanos que a su vez intentan garantizar su reserva estratégica, que es Nuestra América.
Habrá que ver qué sucede en el Panamá de Nito Cortizo, hasta el momento único país latinoamericano que tiene firmado acuerdos de cooperación con China en el marco de la Ruta de la Seda y donde está el canal interoceánico más importante del continente. De igual modo habrá que ver cómo se resuelve el descontento social en Colombia, Brasil, Perú y Chile; cómo se resuelve el conflicto en Venezuela (la reserva de hidrocarburos más importante del mundo); cómo se resuelven las elecciones en Guatemala, Uruguay y Bolivia (que si bien no son grandes jugadores pueden ser una diferencia sustancial en lo diplomático); y fundamentalmente cómo se resuelven las elecciones en Argentina, país clave en la región tanto por su historia como por lo que podría implicar en las relaciones con chinos y rusos.
Cristina fue muy clara, la disputa de poder mundial “es económica, tecnológica, militar y política”. Su decisión dejó atónito a más de uno y cual si fuese Kasparov puso en jaque al Rey.
** Periodista especializado en temas internacionales, conductor del programa Marcha de Gigantes (AM 1390 Radio Universidad Nacional de La Plata), productor general del programa La Marea (FM 90.5 Radio Futura), redactor de Revista Trinchera y colaborador de Agencia Timón.
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