El General Perón tiene quién lo escriba. Una vida que si no se la novela, no hay forma de biografiarla.
Dicen lxs que saben que los imaginarios sociales forman parte del mapa político simbólico de una sociedad y que por lo tanto terminan integrando dispositivos de poder. Un aporte ampliatorio a este concepto es que la literatura, tan viva, ratifica o cuestiona como nadie esos imaginarios sociales existentes. ¿Por ejemplo…? Argentina tiene una fuerte tradición de periodismo literario o periodismo narrativo que ha devenido en novelas de no ficción con peso específico propio. No, ésta no es la introducción a una columna sobre Operación Masacre; es la introducción a una columna que va a intentar –probablemente sin lograrlo- explicar por qué La Novela de Perón es lo mejor que escribió Tomás Eloy Martínez (1931-2010) sobre todo porque ancla de lleno en un imaginario social inquebrantable: el Peronismo. Periodista medular. Tomás Eloy Martínez fue crítico literario, jefe de redacción, periodista de investigación, dueño de revistas. En una comparación un poco obvia pero inevitable, al igual que le ocurrió a Rodolfo Walsh, el fenómeno peronista le produjo una fascinación narrativa que iba a terminar acorralando su curiosidad literaria. Interesante es aclarar que en ambos casos se trató de escritores “no peronistas”, por eso la relevancia inusitada de que sus grandes obras terminen siendo bibliografía sagrada para cualquier justicialista. A diferencia de lo hicieran el propio Walsh, Perlongher, Soriano y hasta José Pablo Feimman, Tomás Eloy Martínez esquiva circundar el recorte temático al fenómeno del movimiento, de sus militantes y seguidorxs. Se va detrás del patriarca, decide biografiar a Juan Domingo Perón e inmediatamente advierte que biografiarlo en el sentido más ortodoxo del género es imposible, por eso reinicia su estrategia narrativa y asienta todo el sentido literario en la palabra “novela”. Quizás porque entendió como nadie la miscelánea de texturas que era Perón y la apabullante maestría que tenía para saber ejecutar con la precisión de un violinista sus recursos, esta obra termina siendo una gran y habilidosa metáfora: Perón fue/es una novela, tan complejo que no había otra forma posible de entenderlo y menos de escribirlo. Mítico y tramposo, magnánimo y manipulador, encantador y déspota, brillante y sombrío. Lo real del líder es inasible en una calle de un solo sentido, si no se lo novela, no hay forma de biografiarlo. Y le va a llevar casi 20 años hacerlo, desde que logra una larga entrevista con el General en Puerta de Hierro en 1.966 hasta la publicación de La Novela de Perón por entregas en el semanario El Periodista, entre 1.984 y 1.985. La novela tiene tres autopistas narrativas que arman a Juan Domingo: los datos biográficos puros que configuran sus dimensiones psicológica e ideológica, la transversalidad descomunal de Eva en su vida e historia política y los hechos impactantes de Ezeiza como paradigma explicativo de lo que fue/es el Movimiento Peronista. La utilización de fuentes veraces , el cruce de documentos reales conseguidos en un arduo trabajo de investigación periodística que dicen y contradicen y la deliberada invención de personajes que sostienen la trama, van yendo del biografismo periodístico a la novelización con una fluidez extraordinaria. Y hablando de cosas extraordinarias, hay una reflexión absolutamente genial que desliza Martínez en alguno de los capítulos de este libro, la escribe casi como si no tuviera importancia y sin embargo es la manera perfecta y acabada de explicar lo que quiso contar: “¿Qué ve una mosca? ¿Ve cuatro mil verdades o una verdad partida en cuatro mil pedazos? Perón multiplicado, Perón partido, en los ojos de la mosca.
Amanda Corradini
Mujer de trincheras: Reparte su vida entre la trinchera de la Escuela Pública, la de su biblioteca y la que guarda algunas banderas que gusta agitar. Todo regado de mate dulce, Charly García y un vergonzoso apego por el humor infantil.
Relato de Juli Pani, participante de la convocatoria de cuentos “Hebe Uhart”.
Al lado de la casa donde vivía de piba había un terreno medio baldío con una casita a medio construir. El terreno estaba desocupado hacía años, desde que yo nací más o menos, y a veces con mis hermanos saltábamos la medianera para jugar a las escondidas. Ellos eran tres y yo la única mujer, como era la más grande siempre tenía que defenderlos cuando alguien se les plantaba y se creían que como soy piba me podían amedrentar. Los pibes del barrio se piensan que soy boluda, pero no saben que en casa los crié yo. Me la banco si es necesario. Entonces eso, íbamos a jugar a las escondidas en el terreno de al lado y yo tenía que controlar que no hagan pavadas, porque capaz se les ocurría tirar un piedrazo a una ventana y se podían cortar, y después la boluda que tenía que correr a la salita era yo, porque la vieja laburaba todo el día y el viejo estaba postrado en el catre de la pieza. A veces nos miraba y nos hacía chistes desde la ventana que da al patio. Nosotros lo queríamos un montón al viejo, nos dio todo lo que tenemos hasta que se quedó en cama, siempre mantuvo el sentido del humor y me hizo la mujer fuerte que soy hoy, él y los tres pendejos que me sacaban canas verdes. A mis hermanos también los quiero un montón, aunque el Luca se mudó de barrio y ya no lo veo tanto.
Bueno, decía. En el terreno habíamos ido una mañana de sábado a jugar a las escondidas, yo andaba cerca de los diecisiete y el Bruno, que me sigue en edad debía tener trece. El Luca y Marquito son mellizos, y por ese tiempo tenían nueve o diez. Eran unos pibes buenos, pero revoltosos, y yo tenía que estar atenta. Entonces mientras ellos se escondían y yo contaba, me limaba las uñas y me fijaba que no subieran las escaleras a medio hacer, hacía trampa digamos. Después de jugar un rato nos volvimos a casa y los mellis me pidieron si no podíamos jugar otra vez después de cenar. Yo les dije que a lo oscuro no, que se podían lastimar y que el domingo si querían volvíamos. Cuestión que después de la comida nos fuimos a la pieza a charlar con el viejo hasta que llegara mamá, que siempre volvía tarde porque no tenía para el colectivo y se venía a pata. Le guardamos un poco de guiso y le contamos a papá lo que habíamos hecho en el día. En eso estábamos muy tranquilos cuando escuchamos un ruido y pensamos que quizás era la vieja, que había llegado temprano. Pero después escuchamos otro ruido, y otro, y otro, y nos mirábamos entre nosotros a ver qué pensábamos que era. Los golpes eran como si golpearan piedras contra una madera o algo así. Ahí nos dimos cuenta que el Marco no estaba en la pieza y el Luca se puso como pálido. Lo llamamos a los gritos y nos empezamos a poner nerviosos. Los ruidos seguían y de repente sonaron como una lluvia de cascotes y escuchamos un grito que, te lo juro, nos partió el corazón para siempre.
Saltamos la medianera como indios y llegamos justo a tiempo para ver a Marquito enterrarse bajo una montaña de piedra, ladrillo y polvo. En ese momento me quedé paralizada, te juro. Sentía que no me andaban más los músculos. Que los pies me habían quedado pegados a la tierra seca. Que la que se había enterrado en la montaña de escombros era yo. Ahí el fuerte fue el Bruno que corrió a donde estaba Marco y lo intentó sacar de abajo de la montaña. Él gritó de nuevo y yo reaccioné porque había pensado que estaba muerto, lo vi ahí y dije se me murió el melli, ahora qué hago, se me murió el melli. Y no, Bruno lo tironeó y el Marco gritó y yo reaccioné y corrí a sacarlo de ahí abajo. Le dije al Luca que corriera a la casa de los Muñoz que tenían teléfono para llamar a una ambulancia o a la señora de Correa que es enfermera. Lo sacamos al pibe entre Bruno y yo y papá gritaba desde la ventana que qué pasó qué fue ese grito dónde está Marco.
Cuando lo sacamos de abajo de las piedras estaba todo lleno de sangre, no se había muerto de casualidad, pero había estado muy cerca. Con un hilito de voz que me hizo saltar las lágrimas me dijo que perdón, que había querido ir a jugar a la casa y que tiró un par de piedras a las ventanas, y que se ve que la casa ya estaba hecha mierda, porque se metió a tirar otro piedrazo y le dio a una madera que hizo que todo se venga abajo. Perdón me pidió. Todo ensangrentado abajo de unos cascotes. Yo lloraba desconsolada cuando llegó la vieja y casi se infarta. Con la vieja llegó la señora de Correa y le pagaron a otro vecino para que las alcance a la salita. Se llevaron al pibe y yo me quedé con el Bruno, el Luca y el viejo, todos medio pasmados sentados en la piecita.
El domingo amaneció nublado y me asomé por la medianera para ver cómo había quedado la casa. Desde donde estaba la puerta principal hasta el patiecito de adelante había un rastro de sangre que ya estaba seca. En el piso estaba la visera azul del Marco que no habíamos visto la noche anterior en el quilombo.
Cerca de las diez de la mañana llegó la vieja que había dormido en el Hospital San Martín, volvió caminando porque no tenía para el colectivo. Su camiseta blanca estaba manchada de sangre y tenía los ojos hinchados. Se acercó al terreno baldío y me vio parada con la visera del Marco en la mano. Me miró con un odio que dijo más que todas las palabras del mundo y me dijo que a Marquito se lo llevaron los ángeles. Que el Marquito se había muerto. Que el melli se había muerto a mi cuidado. Que toda la culpa era mía. Me caí de rodillas sobre el piso seco de tierra y cuando se largó a llover yo seguía ahí. Que todo era culpa mía. Mis lágrimas se mezclaban con la lluvia y ya no importaba nada. Que todo era culpa mía. Prefería estar muerta. Que todo era culpa mía. Se me murió el melli. Que todo era culpa mía. Se me murió el melli. Que todo era culpa mía.
Poema de Belen Correa, participante de la convocatoria de poemas “Daniel Omar Favero”.
Letras que reclaman justicia. Versos plantados en un papel dispuestos a seguir sembrando memoria. Poesías en honor a quienes creyeron en que un mundo mejor sería posible. Escritura que intenta abrazar a sus familiares quienes buscan incansablemente y reciben con tanto amor a quienes nos sumarnos a una lucha que ya es colectiva porque somos un pueblo que no olvida.
I
Tengo el pelo plateado
como los anillos que llevo en mis manos.
La columna se dobla
como el caño del mueble
que ya no tiene fuerza para
soportar el peso de toda la ropa
que venía colgando.
La piel se quiebra
como la corteza de un árbol.
Siento que el tiempo pasa
y no puedo evitar preguntarme
si la columna se dobla por el
paso de los años
o será que me está
invitando a estar más cerca
de tu cuerpo
que vaya a saber
(tus verdugos)
dónde lo han dejado.
II
Sembraron horror,
cosechamos lucha.
Destilaron odio
Y repartimos amor.
Intentaron obligarnos a obedecer
Y renacieron las desobedientes.
Quisieron detener el crecimiento,
pero el mundo ya estaba en movimiento
con mucha gente dispuesta
a recibir con los brazos abiertos
la recuperación de cada nieto.
III
Me despierto,
Abro la
ventana,
Enciendo la computadora.
Busco: Muchacha ojos de papel
Escucho y pienso:
Son tus ojos
Que están ahí
En el papel de la foto
Que todos conocen
La que cuelgo en mi pecho
Cerca del corazón
Cada vez que salgo
A reclamar por vos.
IV
Búscame en las poesías,
En las letras de la
resistencia,
En los versos que intentamos Disparar contra la injustica
En los pájaros que vuelan libres
O en los árboles que florecen en marzo
Recordame
Porque mientras luches contra el olvido
Yo seguiré estando.
El abogado de la familia Uscamayta Curi, Adrián Rodriguez Antinao, visitó el estudio de radio que lleva el nombre de Emilia para hacer un repaso de estos cinco días de juicio, a la espera de su reanudación el próximo lunes.
Finalizada la segunda semana del juicio a los responsables por la muerte de Emilia Uscamayta Curi, las jornadas del jueves 6 y viernes 7 fueron días de receso a raíz de no cumplirse las condiciones de salud de uno de los jueces, lo que también habría suspendido la jornada del martes 4. Por lo mismo, se determinó un descanso de cuatro días para continuar con las audiencias el próximo lunes 10, y tras cinco días en total de sesiones (miércoles 28, jueves 29, viernes 30, lunes 1 y miércoles 3), se pueden tener en cuenta algunas conclusiones generales y consideraciones.
Para ello, uno de los representantes legales de la familia Uscamayta Curi, el abogado Adrián Rodríguez Antinao, visitó el estudio “Emilia Uscamayta Curi” de Radio Trinchera en el programa “Doblan Las Campanas”. “Ya es una cuestión pública y notoria de que hubo un evento clandestino y masivo, y que hasta dio problemas con el tránsito, así que esperamos que se haga justicia porque es claro el direccionamiento respecto de los responsables”, declaró.
“Todas las partes que conforman al público, entre las cuales predominan estudiantes de periodismo y periodistas, coinciden en que la materialidad ilícita y la responsabilidad de los cuatro imputados está sobradamente acreditada en función de que se han ido ratificando todos los elementos de prueba de la investigación”, detalló Antinao y agregó: “Más allá de que hay un pacto de silencio entre los tarjeteros y de la gente que lucra por la noche, han brindado información que no podían ocultar y a partir de ahí se consolida todo lo que es el bloque acusatorio”.
“Se nota la memoria selectiva, pueden recordar si vieron una persona con un vaso en la mano, y no pueden recordar si la fiesta se suspendió, vendieron 200 entradas pero no recuerdan si había problemas en la realización; el juicio se realizó siete años después y lamentablemente da lugar a estas cosas, es parte del proceso, y en esa tardanza hay una corresponsabilidad de la justicia”, reflexionó el abogado.
Cuando los testigos cometían una omisión por no recordar un hecho, la fiscal Silvina Langone procedía a leer lo declarado en ocasiones anteriores con el fin de que puedan recordar lo dicho. Esto funcionó con algunos de los testigos, mientras que otros alegaron no lograron recordar y abrieron un vacío de memoria difícil de contrarrestar. “Si los jueces hacen una análisis cualitativo de las declaraciones deberían valorar que hay un patrón general de conducta de quienes estaban implicados en lucrar con la noche, que tienen casualmente este tipo de respuestas”, explicó Antinao.
“No van a tener éxito mediante esas técnicas porque ya están claros y explícitos los ilícitos que cometieron, hubo sobreventa de entradas y no podían clausurar porque la gente les iba a romper todo, porque los estafaron”, sentenció Antinao.
El presidente del Puerto La Plata (PLP), José María Lojo, confirmó la incorporación de nuevos destinos con llegadas de buques que cubrirán rutas estratégicas vinculadas al comercio argentino y a rutas marítimas internacionales. El martes 11 se hará un acto con presencia del gobernador y otras autoridades.
El presidente del Puerto La Plata (PLP), José María Lojo, confirmó, luego de mantener reuniones con los funcionarios de la naviera ZIM en Ushuaia, que se está concretando una conexión del PLP directa sin ninguna escala con el Puerto Kingston de Jamaica y posteriormente se buscará lo mismo con la costa oeste de Estados Unidos en Houston. De esta manera se “reducirá sustancialmente los costos del flete por los tiempos que demanda el barco, ya que representa la no necesidad de no hacer transbordo en otros puertos”, aseguró en una entrevista con Cynthia García en la AM 750.
En este sentido quien preside el PLP sostuvo que antes de esa posibilidad “había que salir con rumbo a Santos o a Río, o algún otro puerto de Brasil incluso a Montevideo en donde se haga el transbordo de ultramar y luego hacer una recorrida que llega en ciertas ocasiones a recorrer dos o tres puertos de Brasil o el Caribe para después llegar a un puerto concentrado de este último sector”, en el que se distribuye a muchos lugares, inclusive a Estados Unidos, y agregó: “De esta manera pasamos de un tren lechero a un tren rápido por ejemplificar”.
Esta posibilidad abre las puertas fundamentales para que los productores de la región cercana al puerto platense (Ensenada, La Plata y Berisso) y la región noroeste del territorio portuario tengan una salida y llegada directa a destino que a día de hoy no tenían. Al respecto, Lojo sostuvo que “en la actualidad estaban con muchos problemas porque los puertos de Buenos Aires se aglutinan y usan contenedores de diferentes empresas”.
Sin dudas la incorporación del barco para hacer esta ruta, o mejor dicho la naviera internacional ZIM, tendrá a disposición sus propias cajas metálicas para la terminal del PLP. “Las principales son 100 contenedores de carne que se procesan en el frigorífico de Gorina todo con mano de obra argentina, parte va a Estados Unidos y otra parte a China”, sostuvo el presidente de Puerto La Plata.
En este sentido, la exportación saldrá del PLP a su primera y única parada en Jamaica, ahí hará transbordo y pasará por el Canal de Panamá para ir a China. Lo fundamental es que todo pertenece a la propia empresa y abastece a todo el Caribe. “Eso le permite acceder a estas empresas argentinas a diferentes mercados y de manera directa, es algo tan positivo que ha sido valorado por la provincia de Buenos Aires y por el gobernador Axel Kicillof”, alegó Lojo al respecto.
Finalmente Lojo sostuvo que el martes 11, si se dan las condiciones climáticas, “estaremos despachando del Puerto La Plata a Kingston, que tardará poquito más de una semana, casi lo mismo que tarda en llegar a Ushuaia”. En este sentido se confirmó que se hará un acto con presencia del gobernador y otras autoridades. “Esto va a ser crucial porque mejorará la competitividad de nuestro producto”, concluyó Lojo.
“Es una deuda pendiente el poder reforzar algunas cuestiones portuarias aquí y generar una línea que conecte para el cabotaje porque hay muchísima carga terrestre que está siendo un transporte deficiente y costoso mediante camión y una parte importante la podríamos resolver mediante estas políticas”, resaltó.
Cabe destacar que el presidente de PLP también estuvo con la autoridad portuaria del Puerto de Ushuaia, Roberto Murcia, con quien mantuvo una productiva reunión de trabajo. En este sentido, las autoridades evaluaron las potencialidades de articulación entre ambos puertos y presenciaron la zarpada del buque Contship Key, con destino al PLP, donde cargará principalmente carne de Frigorina con destino a USA y China.
Se retomaron las audiencias en su quinto día. Con más silencios que respuestas el juicio por la muerte Emilia Uscamayta Curi sigue demostrando la complicidad empresarialy política local.
Tras un día sin audiencia por problemas de salud de uno de los jueces, este 5 de julio, pasadas las 11 de la mañana, comenzó la quinta jornada del juicio contra los responsables por la muerte de Emilia Uscamayta Curi, en la sala de Juicios Orales A del Tribunal Oral Criminal N°3 (TOC N°3) de La Plata. En la causa están imputados cuatro empresarios organizadores de la fiesta “La Frontera” por el delito de “homicidio simple con dolo eventual”: Carlos Federico Bellone, Raúl Ismael “El Peque” García, Santiago Piedrabuena y Gastón Haramboure.
Los jueces del TOC N°3, Ernesto Eduardo Domenech, Santiago Paolini y Andrés Vitali, dieron apertura a la sesión luego de una larga espera por la ausencia de “El Peque” García en la sala, por lo que el debate comenzó sin él (gracias a un permiso que solicitó su defensa). Alrededor de las 12 del mediodía, el empresario de la noche platense y amigo íntimo de Juntos por el Cambio, arribó a la sala.
En la jornada hubo distintos conflictos y perturbaciones que interrumpieron el curso habitual del juicio. Por un lado, las denuncias por falsos testimonios a dos testigos, Jonatan Medina y Agustin Saintout, que se suman a la denuncia realizada contra Marina Buffone por las mismas razones durante la segunda jornada del juicio.
Además, al final de la audiencia, los abogados de la defensa, en particular letrado Marcelo Peña, abogado de Haramboure, luego de interrumpir cada intento de los abogados de la familia en avanzar con preguntas sobre los testimonios, escaló en gritos hacia la Dra. fiscal Silvina Langone por supuestos “maltratos” con el último testigo. En este sentido, la fiscal respondió contraponiendo los tratos a los que se la somete constantemente desde la primera audiencia, e incluso hoy, cuando se le exigió bruscamente la lectura de documentos que había pedido la defensa, como si fuera “empleada” de ellos y tuviera que estar pendiente a sus órdenes.
Testigos
La primera testigo, pendiente de la jornada anterior, fue Andrea Lorena Sanchez Britez, que al momento del suceso ejercía como oficial de la policía de La Plata y estaba patrullando aquella noche en Melchor Romero, junto a Julián Fernández. “Recuerdo haber llamado al oficial de servicio (Ariel) Peña a las dos de la tarde, y nos dijeron que nos quedemos en 520, que pasaría el móvil de Control Urbano porque se iba a realizar una fiesta clandestina”, comenzó en su relato la oficial.
Finalmente, el móvil llegó al lugar y les “dijeron que iban a labrar un acta porque sobre 520 había vallas, le avisaron al personal que había dentro de la quinta y le entregaron una copia de que no se podía hacer la fiesta”, prosiguió la testigo, que aseguró que se retiraron las vallas y les ordenaron “quedarnos ahí hasta que llegó el relevo”, a eso de las 22 horas, cuando terminó su horario laboral.
Muy similares fueron las declaraciones del oficial policial de la UPPL La Plata, Julián Fernández, también pendiente de la sesión anterior, que patrullaba con Sanchez Britez la tarde del 31 de diciembre de 2015. Al relato de la agente policial, Fernández sumó que fue “Martínez Pass, mi jefe” quien lo llamó a las 14 horas “para que me quedara fijo en la quinta” y le “avise de todos los movimientos que se hagan”, ya que sabían de antemano que “estaban vendiendo entradas por Facebook”.
El testigo informó entonces a su superior que “los movimientos seguían y que la fiesta se iba a hacer igual”: mencionó que pudo ver cómo se colocaban pantallas dentro de la quinta. Esto luego de que Control Urbano labrara el acta porque “la fiesta se tenía que cancelar” y se retiraran “las vallas que había sobre la vía pública como para formar filas para el ingreso”. Fernández agregó que, previo a retirarse por el relevo, el Comisario de Melchor Romero, Juan Ramón Verón, se acercó a ellos diciendo que “estaba al tanto de la situación” y que “estaba a disposición por si lo necesitaban”. La noche continuó con el rumbo previsto por los organizadores del evento.
El tercer testigo fue José María Moccero, vendedor de entradas para la fiesta “La Frontera” y en ese entonces empleado municipal de la Dirección de Cooperativas. Declaró que las entradas se las había ofrecido Jonatan Medina (que testificó minutos después) y que era un evento “muy solicitado”, “las vendí todas”, dijo y confirmó la hipótesis de la masividad del evento: “Había mucha gente afuera y estaba colapsada la 520, un montón de autos y gente caminando”. El testigo aseguró que no entró a la fiesta y se fue del predio en un auto cerca de las 5 de la mañana porque se iba de viaje.
Los abogados de la familia Uscamayta Curi advirtieron contradicciones y omisiones en sus respuestas. A la hora de describir a Jonatan Medina, con quien rindió cuentas de las preventas, dijo no recordar dónde trabajaba, pero en 2016 había dicho que Medina “estuvo trabajando en el boliche 737” y que tenía entendido que “Santiago Piedrabuena es dueño del boliche porque alguna vez he ido”. “Si así lo dije en ese momento entonces puede haber sido así, yo no lo recordaba”, contestó Moccero. El abogado de Piedrabuena buscó de forma casi inquisidora que el testigo declarara no conocer a su defendido, mientras el imputado detrás de él se dormía sentado y parecía importarle poco lo que se hablase.
El cuarto testigo fue el nombrado Jonatan Medina, quien trabajaba para el boliche de Piedrabuena 737 y estuvo encargado de vender entradas para la fiesta “La Frontera”. Ingresó a la sala nervioso y con la frente brillosa de transpiración. En concordancia con las declaraciones de los anteriores relacionistas públicos, en sus palabras primó el “no me acuerdo” y la memoria selectiva para evitar nombrar a los responsables de la muerte de Emilia. Esto trajo nuevamente a la escena la sospecha de un pacto de silencio, apelando al olvido como estrategia, y generando fuertes cruces entre la Fiscal Silvina Langone y las defensas de los imputados, en los que tuvo que intervenir el presidente del Tribunal.
“¿Tenés algún problema de memoria?”, le consultó la representante del Ministerio Público Fiscal. Medina dijo no recordar quiénes eran los dueños de 737, ni quién le dio las preventas para repartir, ni tampoco a quién le rendía las comisiones.
Ante esto, se le intentó recordar algunos elementos importantes para la causa a través de sus propias declaraciones de 2016. En ese momento, él había dicho: “En diciembre de 2015 Lisandro Santos y Gastón Haramboure fueron los que me ofrecieron vender entradas. Pasó un tiempo y Gastón apareció con un paquete de entradas y empezó a repartir las preventas” (…) “Haramboure llevó todos los equipos, heladeras, sillones de 737 a la quinta para realizar el evento” (…) “Santiago Piedrabuena organizaba todo con Haramboure para la fiesta” (…) “A Gastón lo conozco de 737 porque me lo presentó un amigo, a Santiago lo conocía del pub, al Peque lo conozco porque trabajaba en turismo pero no personalmente y a Bellone lo conozco como dueño de la quinta” (…) “Quiero aclarar que Lisandro Santos me comentó de la venta de entradas y sobre Haramboure, no sé si Piedrabuena organizaba o no la fiesta” (…) “El Peque me dio la consumición y coordinaba todo, él decidía quién pasaba al VIP y Santiago estaba en la puerta”.
Al final, los conocía a todos, pero nada de esto tuvo lugar hoy en los recuerdos de Medina. El ambiente en la sala se puso cada vez más tenso. El juez Paolini llegó a preguntarle si al menos recordaba el artículo del Código Penal que le habían informado antes de testificar, en el que se le explicaba la posibilidad de imputación por falso testimonio.
Medina tenía un drone que utilizaba para realizar trabajos, entre ellos uno que le encomendaron los organizadores: “Hablé con el Peque García para ir a filmar a la quinta y me contrató Gastón Haramboure para hacer las grabaciones y luego Juan, no recuerdo el apellido, me pagó mil pesos”, especificó en su testimonio de 2016.
Queda en evidencia que la desmemoria de hoy no es más que el encubrimiento de responsabilidades. En síntesis, aportaron más a la causa las lecturas sobre las primeras declaraciones, siendo las actuales puras omisiones. Ante esto la fiscal y la defensoría del particular damnificado pidieron que el testigo quede a disposición del Tribunal en el lugar.
El quinto testigo fue Agustín Saintout, quien no rompió con la amnesia de los testigos. Fue parte de la venta de entradas a través de Nahuel Nuñez Monasterio, quien era Jefe de Públicas: “Yo las publicité (las entradas) con diferentes banners por WhatsApp y Facebook para venderlas, se las rendí y me quedé con una comisión, no conocía el lugar y no fui”, declaró y añadió que “a Santiago Piedrabuena si lo conozco y no recuerdo si estaba como organizador”.
Otra vez se advirtieron omisiones con respecto al primer testimonio dónde había dicho: “Por comentarios de Nahuel (…) se que lo organizan Piedrabuena y Haramboure, a quienes conozco de cuando trabajé en 737. Eran quienes organizaban eventos ahí y yo pasaba música.”
Luego pasó a la sala el sexto y último testigo, el oficial de la UPPL La Plata MaximilianoQuispe, el cual alegó: “No estoy seguro de haber visto movimientos, estuvimos poco tiempo. Cuando llegamos, el móvil que estaba en el lugar nos dijo que se había presentado alguien a decirle que ya se cubría el lugar. Informamos a nuestros superiores (oficiales Venzi y De Tezano) y nos dirigimos a recorrer la jurisdicción de Unión”.
Antes de finalizar la audiencia volvieron a convocar a Medina. Su testimonio, repleto de omisiones, generó la necesidad a Langone de preguntar: ¿Usted estuvo hablando con otras personas de este testimonio? El testigo contestó: “Solo de que me citaron”. Sin más preguntas, el presidente del Tribunal le pidió que se retire. Apenas se puso de pie, Ignacio Camillo Fernández pidió su imputación por falso testimonio, situación que provocó la interrupción del ya mencionado Peña que manifestó “me parece una falta de respeto para el ciudadano”.
Domenech alzó la voz y la sala de audiencias se quedó en silencio. Después de pedir orden entre las partes concluyó convocando a un cuarto intermedio para mañana a las diez de la mañana.
El silencio de los testigos
Al igual que en la primera jornada, se volvió a sentir un pacto de silencio. ”Cuando fueron a declarar omitieron información importante y recordaban aspectos insignificantes, es decir una memoria selectiva”, declaró el abogado de la familia de Emilia, Adrián Rodriguez Antinao.
Comenzó la semana de audiencias con una defensa que busca culpabilizar a Emilia de su propia muerte. Inacción estatal, complicidad policial y peritajes que no le son suficientes a los imputados.
Este 3 de julio, pasadas las 12 horas del mediodía, comenzó la cuarta jornada del juicio contra los responsables por la muerte de Emilia Uscamayta Curi, en la sala de Juicios Orales A del Tribunal Oral Criminal N°3 (TOC N°3) de La Plata (ubicado en calle 8 entre 56 y 57). En la causa están imputados cuatro empresarios organizadores de la fiesta “La Frontera” por el delito de “homicidio simple con dolo eventual”: Carlos Federico Bellone, Raúl Ismael “El Peque” García, Santiago Piedrabuena y Gastón Haramboure. Hoy, tras cuatro audiencias compartidas, los imputados se dejaron ver hablando entre sí ante el ojo atento del público presente en la sala. Por un momento, pareció romperse la división explícita que hay entre los bloques Bellone-García y Piedrabuena-Haramboure, que se notó en las jornadas anteriores.
La sala estuvo presidida por los jueces del TOC N°3, Ernesto Eduardo Domenech, Santiago Paolini y Andrés Vitali, quienes dieron apertura a la sesión a las 12:40 horas. Previo al ingreso de los testigos, el presidente del Tribunal mencionó la incorporación durante la jornada de dos veedores: la Prosecretaría de Derechos Humanos de la Universidad Nacional de La Plata y la Secretaría de Derechos Humanos y Género de la Facultad de Trabajo Social.
Estos últimos se suman a la lista conformada por la la Secretaría de Derechos Humanos de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social; la Subsecretaría de Derechos Humanos de la Provincia de Buenos Aires; el Ministerio de las Mujeres, Políticas de Géneros y Diversidad Sexual de PBA; la Federación Universitaria de La Plata; la Asociación Miguel Bru; las concejalas Cintia Mansilla y Ana Negrete; entre otros.
Testigos
El primer testigo fue Jonatan Emanuel Reyes, Director de Inspección Comercial de la Municipalidad de La Plata en aquel momento, quien comenzó su oratoria a las 12.43. “Encomendé a los inspectores para que se notifique al lugar que no tenían habilitación, porque estaba en falta”, explicó respecto a su accionar del día anterior a la fiesta. Esa noche se acercó hasta el lugar y afirmó que personas les “tiraban piedras”, por lo que “tuvimos que ingresar por el costado”.
Adentro ya estaban el Director de Nocturnidad ‘Gerardo’ (Gioglio) y el inspector ‘Néstor’ (Galarraga), que habían empezado a labrar las actas (de contravención)”. Luego de ello, el ex Director relató que se retiró porque esa noche “había más eventos” y le aseguraron que “iban a clausurar”, pero más tarde, le dijeron que “no habían podido clausurar” porque “no había policías suficientes para hacer el desalojo”. Dijo no recordar la cantidad de personas que había en la fiesta, pero sí la presencia de “micros escolares que llegaban con más gente”.
En su declaración de 2016, según advirtió rápidamente la Fiscal Langone, no había expresado lo mismo: en ese entonces declaró que “decidimos retirarnos con el fin de resguardar nuestra integridad” porque “no se pudo clausurar por la cantidad de personas, alrededor de 400, y porque nos arrojaban botellas”.
Consultado sobre las razones de esa falta de apoyo policial, mencionó a un actor fundamental como responsable: “eso dependía de la Secretaría de Seguridad, de Daniel Piqué”, quien además tenía a cargo la suspensión de eventos masivos, pero que “en ese momento no había procedimientos ni planificación previa de las clausuras entre la policía y la Municipalidad”. Luego, Reyes aseguró que la responsabilidad había quedado en manos del Director y del Subsecretario de Control Urbano, Roberto Di Grazzia, a quien se le notificó que la fiesta no podía realizarse.
El testigo declaró que se cruzó a Santiago Piedrabuena, a quien “conocía porque era dueño de boliches, hacía mucho tiempo atrás”. Estas palabras se contradicen con las afirmaciones de Néstor Galarraga (inspector de Nocturnidad de Control Urbano) en la audiencia del jueves pasado, cuando dijo que fue el mismo Reyes quien le comentó que “Piedrabuena era quien organizaba la fiesta” y quien tomó la decisión de que esta continúe a pesar de la inhabilitación.
Otra contradicción más fue marcada por la representante del Ministerio Público Fiscal. Reyes había dicho en su declaración anterior que, al llegar al lugar, “nos entrevistamos con el señor Bellone, propietario de la casa quinta y no contaba con las medidas de seguridad”. Ahora negó tener ese dato y lo adjudicó a que estaba “hablando de manera grupal”: “el que se entrevistó fue el Inspector de Nocturnidad. No hablé personalmente con Bellone”.
Frente a las últimas palabras del testigo, y aún con muchas dudas sobre los cambios en su relato, la fiscal solicitó que el testigo quedara a disposición de la causa, en caso de tener que declarar nuevamente.
El segundo testigo fue Matías Venzi, unoficial policial recién llegado a la Unidad de Policía de Prevención Local (UPPL) de La Plata, que estaba patrullando aquella noche junto a Mara De Tezano. Detalló que les habían dado directivas “para que mandemos un móvil (a la quinta) con dos compañeros (Quispe y Jimenez)”. Al rato, les pidieron que volvieran a la base y los mandaron a patrullar nuevamente, sin regresar al predio de la fiesta. “Nosotros seguíamos las órdenes”, respondió ante el cuestionamiento de uno de los jueces del Tribunal. ¿De dónde venían esas directivas? “El que las daba era el oficial Peña. Y Peña, creo, recibía directivas de Martinez Pass”.
Martínez Pass es Sebastián Martínez Pass, ex Jefe de la Policía Local de La Plata, que estuvo sindicado en la causa como presunto responsable en el accionar municipal vinculado con el levantamiento de la custodia policial de la quinta, pero que no fue imputado por el Poder Judicial. Y Peña es Ariel Peña, el Segundo Jefe de la Policía, que fue dado de baja en mayo de 2016 porque fue procesado por pedir coimas a comerciantes platenses a cambio de “más seguridad”.
En tercer lugar, testificó la perito de la causa, Claudia García, quien confirmó lo que había informado en la pericia de 2016: Emilia murió por “un cuadro de asfixia a nivel pulmonar pero no puede decirse cuál es la naturaleza que lo produjo”. Además, “no había ninguna alteración morfológica significativa en el hígado”, es decir, no se encontró ninguna patología que se pueda destacar, como tampoco un cuadro de intoxicación aguda (de alcohol).
La estrategia de la defensa de los imputados queda cada vez más clara: culpar a la víctima y desligar de responsabilidades a los organizadores de la fiesta. En este sentido, realizaron insistentes preguntas a la perito sobre el estado de Emilia. Sin embargo, García volvió a sostener que no se encontraban signos que pudiesen determinar que la ingesta de alcohol fuera determinante en el desenlace de su muerte.
En la misma línea resultó la indagatoria al cuarto testigo, el médico Alejandro Nemes, que realizó la autopsia del cuerpo de Emilia y el informe posterior, en el que se determinó que “la muerte se produjo por insuficiencia respiratoria por asfixia por sumersión”. Los abogados de los imputados continuaron con su estrategia de revictimización, buscando explicaciones sobre la ingesta de alcohol, que no recibieron ninguna respuesta conducente por parte del testigo. En este sentido, los abogados de la familia de Emilia declararon luego del testimonio del médico: “No se puede determinar con exactitud la graduación alcohólica” porque “tiene alteraciones que pueden ser fluctuantes, pueden ser mayores o menores pero no se sabe por el paso de tiempo”, ya que la autopsia se realizó 24 horas después de la muerte.
Nemes detalló: “Hubo entre 3 a 10 minutos, pero se estima que el tiempo fue más corto que largo. Es indistinto el alcohol en sangre con respecto al tiempo de sobrevida, y si sobrevivía o no, estaba dentro de las posibilidades”.
Por último, el quinto en declarar fue Matías Jimenez, quien era oficial policial y chofer en la UPPL La Plata. “Venzi nos dio la directiva y fuimos con Quispe tipo 21hs” a la casa quinta. “Ya había un móvil en el lugar y nos dijeron que no se iba a hacer la fiesta”, afirmó el joven, y sumó que “a la media hora o una hora después, la oficial de servicio, De Tezano, nos dijo que levantemos y vayamos a recorrer. Que había hablado con el jefe de turno y el jefe de la Policía (Martínez Pass)”. También declaró que “no hubo ninguna repercusión policial tras conocerse la situación de Emilia”.
Cabe señalar que al final de la jornada, la fiscal pidió desestimar el testimonio de De Tezano y los abogados de ambas partes estuvieron de acuerdo. Además, tanto la fiscal como los abogados de la familia pidieron que se amplíe la declaración de Zamudio (delegado municipal de Melchor Romero) y que se realice un careo con el testimonio de Ogawa, para analizar las confusas declaraciones respecto a las reuniones previas a la fiesta y la inexplicable cita a declarar en la Torre 1. La defensa de los imputados se opuso y se quedó a la espera de la decisión del Tribunal. La próxima jornada comenzará este martes a las 8 y 30 de la mañana.
Invertir las culpas
Los primeros dos testigos no hicieron más que remarcar el pacto de inacción con respecto a la suspensión de la fiesta: Reyes no sabía explicar la falta de apoyo policial para efectuar la clausura del lugar. La responsabilidad de Daniel Piqué y la complicidad municipal con los organizadores de la fiesta volvió a quedar en evidencia.
La jornada estuvo marcada por la revictimización que busca generar la defensa de los imputados, apuntando los cañones sobre la supuesta ingesta de alcohol que habría tenido Emilia y desligando a sus defendidos de la ilegalidad del evento, en el que no había habilitación, ni guardavidas, ni ambulancia, ni médicos, ni ninguna garantía de seguridad para los jóvenes que asistieron a la fiesta.
Nació en San Francisco, Córdoba, en 1978. Es licenciado en Letras. Publicó los libros de cuentos El asesino de chanchos, El loro que podía adivinar el futuro, La casa de los eucaliptus. Las novelas La maestra rural, La masacre de Kruger y Los abetos. Conversó con Radio Trinchera en el marco del programa Plástico Cruel e hizo un repaso por su obra y la escritura.
Contanos un poco tu ruta lectora, ¿Cómo llegas a la literatura y como fue la ruta a lo largo de los años?
Vengo de una familia que no era muy lectora, no había muchos libros en casa. Había libros como la revista selecciones o los cinco minutos de Dios, esa clase de libros. Supongo que empecé gracias a algunas tías que me regalaron libros, vieron que me interesaba el tema. Empecé leyendo La biblia de los niños, me partió la cabeza, me permitió entender de qué trataba la biblia. También esas ediciones abreviadas de Billiken, me acuerdo que leí Robinson Crusoe, y así. Después en bibliotecas, manoteando de todos lados, empecé a leer lo que leen los chicos, a Poe, Bradbury, esa clase de cosas con las que se comienza, y después de ahí a Cortazar, una época de lectura de poetas romanticones onda Benedetti o Neruda. Igual Neruda tiene una parte que se sostiene, ¿No?
A medida que uno se cansa de eso va leyendo cosas que tienen por ahí más complejidad, una dificultad más grande. Al principio la literatura sirve casi como experiencia vital, después se vuelve un interés para ver hasta dónde puede llegar, entonces uno empieza a leer cosas más raras, más experimentales. Pero Bradbury, Quiroga, Cortazar son escritores a los que vuelvo y que todavía me dicen algo hoy, porque funcionan en varios niveles.
El reencuentro con una lectura inicial. Todas las generaciones hemos visto a Quiroga, La gallina degollada, el almohadón de plumas, en el primario. Reencontrarse con eso junto a la distancia, el trayecto y la experiencia de vida cambia el enfoque en la lectura.
Cambia porque además cuando sos escritor lees de otra forma, vas a buscar otras cosas, y lo empezas a leer con una mirada más técnica. Cuando ya lo leiste y lo estas releyendo empezas a buscar como hacía los trucos, y por lo menos en el caso de estos tres que te nombré es maravilloso porque son muy astutos para hacer sus truquitos, para darte una experiencia de lectura que es perturbadora y que te sacude la primera vez que lo lees, y a medida que lo relees aún conserva cierto grado de profundidad y sigue siendo divertido.
¿Qué lugar ocupa la poesía en tu literatura? El título de tu último libro es Pequeños robos a la luz de la luna, junto a la cita a Nicanor Parra.
Para mí es donde está el sentido. Pongo bastante ese epígrafe de poesía porque es la más alta expresión literaria. La novela vendría a ser un reggaeton al lado de la música de cámara que es la poesía. Hace mucho que no escribo, pero tengo un libro de poemas. Me gusta mucho y me gusta leerla. Es la guardiana del sentido, por más que el sentido no tenga palabras para ser expresado, es más bien ese momento donde te quedas callado y tenes una intuición. Por eso me encantaría que funcionen mis libros con esa tónica, en otro registro, pero me encantaría que generen esa clase de emoción o de percepción.
¿Cómo te llevas con los géneros? ¿Te consideras un autor de género?
Me llevo muy bien, me encantan, me divierte y me parece que como escritor lo que te dan en la práctica es una cajita de límites que te permiten moverte dentro de un ámbito controlado y a la vez encontrar cosas que pueden ser sorprendentes. Cada vez que abordas un género tenes que pensarlo desde tu poética. Eso como escritor.
No sé si soy un escritor puramente de terror. En Gente que habla dormida hay cuentos realistas, cuentos fantásticos. Me gustaría que tengan todos una marca propia, por más que algunos recurran a lo sobrenatural y otros no. Borges y Cortazar, salvando las distancias, también mezclan géneros. Nadie dice que Borges es un escritor fantástico, dicen escritor a secas. En fin, yo escribo lo que se me va ocurriendo, si está dentro del género bien, y sino también, no es algo que me impida escribir. Si escribo un cuento realista tiene aspectos más deformes, extrañoides, y un cuento fantástico lo pienso desde el realismo. No me preocupa a la hora de escribir, es simplemente lo que se me ocurre y lo que se encamina.
¿Cuál es la importancia de los talleres a la hora de construir escritores?
Soy de la idea de que al menos una parte de la literatura se puede enseñar, que no es un bólido que se te cae en la cabeza y de pronto empezas a escribir. Es algo que tiene que ver con la artesanía y de entender ciertas cuestiones de representación. Después puede salir para cualquier parte lo que vaya a escribir cada uno. Pero esa parte se puede enseñar, puede enseñarse a leer. Cómo leer algunas cuestiones de la literatura universal entre comillas, y cómo leer a sus compañeros, qué se puede mejorar en un cuento, donde falla, cómo cambiar las partes de lugar, si el cuento ya está contado o todavía le falta. Aprender a ver un texto en términos mecánicos es lo que puedo llegar a enseñar. Algunos escriben un cuento por semana y todo el tiempo me están bombardeando felizmente con lo que hacen, tienen la leche, yo lo llamo así, ese entusiasmo, esas ganas de escribir y de darlo todo. Esa pasión que no puedo enseñar, no viene en una materia. Pero si logro lo otro estoy hecho.
Igual, a la hora de escribir, lo ideal es no pensar. Si estás pensando en procedimientos técnicos la cagas. Es casi pulsional, tiene que ver con el cuerpo más que con la cabeza escribir.
Te escuchamos decir que Bolaños a nuestra generación es lo que fue Borges a la de Piglia, ¿Cómo se ordena Bolaños en tu literatura?
Bolaños es el puente entre el boom de las grandes lecturas adolescentes, Garcia Marquez, Varga Llosa, Rulfo, bueno, Rulfo es un poco anterior, como el padre, pero es un puente entre ellos y la literatura más contemporánea. Tiene un pie en el boom y otro en el futuro. Muy interesante pensar que se puede hacer, o las líneas que abre él a futuro. Me parece que el tipo logra algo que es alucinante, escribir con una prosa rítmica que viene de la poesía y a la vez no ser un escritor lento, ni experimental, ni expulsivo. Es muy seductor con su prosa, suenan muy bien sus libros, y al mismo tiempo llega a lugares, con nociones de intereses narrativos y de drama muy buenas,
Gente que habla dormida, tu último libro editado, contiene Pequeños robos a la luz de la luna, inédito, y unas reediciones de El lobo que podía adivinar el futuro y del Asesino de chanchos. Hay una brevedad y síntesis en ciertos cuentos que no estaba, por ejemplo, en La casa de los Eucaliptos, ¿Cómo llegaste al cuento corto y efectivo?
No sé si son cuentos. A lo mejor yo me bocharía a mi mismo en mi taller. El cuento corto tiene una gran tradición, pero siempre me jodió su ingenio, la idea del final sorprendente, de la vuelta ingeniosa, lo siento como un formato demasiado cerrado. En realidad, son cuentos muy viejos, pero nunca había encontrado un libro. El hombre de la máscara, La avispa, una serie de cuentos cortos que escribí cuando todavía vivía en Córdoba, hace diez años, y nunca pude colocarlos en un lugar que me pareciera satisfactorio, y como tenía cuentos bastante largos el contraste podía darle una sensación de ritmo interesante al libro. Tienen algo de poético también, más desarrollo del lenguaje que de la trama.
No creo que sea arbitraria la decisión de ponerlos al principio. Después te encontrás La mosca y la fruta, Días de visita, Perras en pantalones de vestir, que son cuentos, no monólogos como dijiste.
Son cuentos que no me bocharía esos. Si, un poco la inspiración fue un libro de Lidia Davis, No puedo ni quiero, que hace ese juego de cuento corto, corto, mediano, largo, tiene diferentes respiraciones el libro, y me pareció que era posible. Le dediqué mucho tiempo a editar el orden. Después los lectores leen lo que se les ocurre, lo arrancan de cualquier parte. Pero mi idea para alguien que lo lea de principio a fin era generar cierta música, como tienen los discos. Me gusta mucho pensar cómo editar un libro de cuentos, me divierte.
Es una manera de atrapar la atención del lector.
Si, pensar cómo va a percibir ese viaje.
Yo los linkeaba con cuentos super efectivos como los cuentos cortos de Virgina O’Campo. Metiéndonos en La casa de los eucaliptus, donde hay un terror más fantástico, más de la tradición rioplatense, pero también hay un terror cómico, como en Tío Gabriel, que tiene un tono de comedia e infantil, a lo Juan Darien de Quiroga.
Es en parte una decisión racional de decir voy a meter otro tono. Lo que más me embola de Lovecraft es el tono cargado de “está pasando algo terrible, escúchenme”. Me parece que en la actualidad hay que jugar con otros colores de la paleta para no ir siempre a lo mismo. Abordar esas cuestiones espantosas con otra clase de todo creo que es interesante. Siempre digo que la distancia entre tono y tema suele ser lo que funciona en un cuento.
Hablamos de cómo tomar una figura clásica del terror y ejecutarla en estos tiempos modernos, tecnológicos. Hay que ver como convive eso y el tono te sirve como guía.
Es jodido. En un mundo de celulares -yo en general suelo poner lo que escribo bastante atrás en el tiempo para no encontrarme con eso- tiende a anular toda posibilidad de terror. En las pelis lo que primero que sucede es que se quedan sin señal, como diciendo “bueno, dejamos atrás el celular y vamos para adelante porque es una posibilidad de cortar con la tensión”, si de pronto aparece un celular hay comunicación y formas de pedir ayuda. Pero he leído últimamente cosas que lo usan bastante las redes, el celular, y queda bien, queda armónico. Hay un libro que sacó Caja Negra, Espacio negativo, sobre adolescentes en un pueblo que viven drogados y hay una epidemia de suicidios y todo una cuestión medio mística atrás que está alucinante, y que aparecen las redes de un modo muy natural.
Yendo a La masacre de Krueger. Se construye un terror muy cercano, como la escena de la panadería. ¿La construcción de ese terror era lo que más te interesaba?
Si, es un libro que escribí motivado por leer diarios en 2010 con grandes anuncios sobre la inseguridad, sobre la idea de la inseguridad, de que la gente de alguna forma estaba perdiendo el control y de que cualquier cosa podría pasar. Eso me dictó el espíritu del libro, del enemigo interno, de que uno no estaba seguro en su casa, de que cualquiera vecino era capaz de ponerse a romper la puerta con un hacha. Quería poner eso en el libro, que es la vieja idea de lo siniestro en Freud, lo familiar que se vuelve extraño. Me parece que es lo más interesante.
Este pueblucho que nace feliz y se va transformando. Junto a Los Abetos son novelas corales, la estructura, las distintas voces que van apareciendo, la manera de narrarlo mediante testimonios, diarios, personajes que lo ven desde afuera. Ese tono ¿Lo tenés desde el principio o te va apareciendo a la hora de la escritura?
Me va apareciendo casi como una especie de imposibilidad. Cuando intento contar esa historia desde cerca no me la creo demasiado, no creo en lo que pasa. Me sirve la distancia para contar destellos de la historia y que se vaya armando en la cabeza del lector, algo que hacía Stevenson en Dr. Jekyll, lo hizo él, está escrito con testimonios, cartas, siempre hay un centro oscuro. Eso le queda muy bien al terror.
Además, la posibilidad de no contar todo. Cómo el conseje y la eternidad, lleno de espacios negros que te permite esta forma de relato.
Amo esa novela. Me parece que es una novela sobre un asesino serial, gris, una cosa muy terrible, con grandes momentos de poesía, y que al mismo tiempo genera eso raro que es empatizar con alguien enigmático, frío, con un loco de miércoles que se acuesta debajo de la cama.
En la escena de la masacre estas viendo una peli. El hecho de describir la masacre mediante imágenes, ¿Es influencia del cine?
No, en realidad es influencia de la literatura norteamericana que está muy influencia por el cine, una influencia indirecta. Ahí, en Faulkner y todo lo que vino después, trabajan por imágenes, siguiendo a los personajes desde el exterior, mirándolos. Es algo que a mi me gusta, me seduce, me parece que es lo que puedo hacer, tratar de desaparecer detrás de lo que estoy viendo, y tengo el tercer ojo bastante desarrollado. Escribir es transcribir lo que veo.
Las figuras clásicas que usas nunca son el centro del relato. Por ejemplo, en el cuento La casa de los eucaliptus usas a la bestia, pero el mal no es la bestia, es solo una influencia. ¿Eso es la reescritura de un género clásico? ¿Darlo vuelta?
No me había dado cuenta. Gracias por decirmelo, lo voy a usar en próximas entrevistas.
Para mí el fantástico es la manera en la que materializamos todo lo que es realista. Siempre que algo mueve a los personajes a comportarse de formas terribles, es una especie de símbolo de su propia locura, una especie de fantástico ateo. Es la forma que a mi me interesa, no que sea pura imaginación, sino que tenga una pata en lo real, en los problemas reales, en aquello que nos atemoriza todos los días. Tampoco es algo que maneje muy consciente, en La casa de los eucaliptus me gustaba la imagen, después tendrá que ver con el femicidio, pero el tema no lo manejo, me gusta seguir esa viborita y ver dónde me lleva, no escribo con temas. Pero hay una relación entre lo que nos puede llegar a pasar en la realidad y el monstruo, que es básicamente de haber leído a Stephen King, lo que hace con Torrance en El resplandor, un tipo borracho, sin poder escribir, encerrado con su familia en una montaña, empieza a materializar con su mente sus propios fantasmas.
Hay mucho de la cotidianeidad de los traumas. En Días de visita lo fantástico, el terror, está en las sombras que bajan del monte, pero al final vos te llevas a este personaje de un pueblo del que parece que no se puede salir, la relación de padre e hijo, de inmigrantes, y el fantástico aparece ahí para darle este contexto a los pequeños sufrimientos de las personas.
Completamente. Es un cuento sobre la paternidad o sobre la tradición. Me gusta mucho La lotería de Shirley Jackson, un cuento sobre la tradición, sobre cómo metabolizamos lo que estamos obligados a hacer con el pasado. Las sombras son la excusa para hablar de eso.
¿Qué se viene?
Si, acabo de terminar una novela nueva. Pero los guardia-cárceles mentales que tengo me impiden hablar de eso, me impiden describirla, porque además siempre me parece una cagada cuando la describo en voz alta. Pero en algún momento saldrá.
En el siguiente link podrán escuchar la entrevista completa y en nuestro canal de YouTube, Trinchera tv, encontrarán todo nuestro contenido.
Luciano Montoya
Nació en Mar del Plata, en 1997. Actualmente reside en La Plata. Estudia la licenciatura y el profesorado en Música Popular en la UNLP. Conductor del programa de radio Plástico Cruel.
Nació en Carhué, provincia de Buenos aires, en 1992. Actualmente reside en La Plata. Escritor, también se desempeña como conductor de radio. Dicta talleres y encuentros literarios. Publicó el libro de cuentos, microrelatos y poesías, No hay que jugar en la casa vieja y otros relatos (2020) Pájaros Punk (Malisia 2022)
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