Flor Canosa nació en Buenos Aires, 1978. Es escritora, docente universitaria, guionista y montajista de cine. Dirige junto a Marcelo Acevedo y Juan Mattio la colección sobre la nueva ficción extraña, Arqueologías del futuro, editorial Indómita Luz.
Conversó con Trinchera en el marco del programa Plástico Cruel sobre cyberpunk, ciencia ficción, su novela La segunda lengua materna, y futuros proyectos.
¿Cómo llegas al cyberpunk y cómo convivís con el género?
Llegué al género antes de escribirlo, por lecturas de cuando era más chica. Lecturas que no podía meter dentro de ningún género en particular. Eran inquietudes, cosas que me gustaban y encontraba en la biblioteca familiar y que no sabía bien que onda con todo eso, pero en el fondo era lo que me gustaba leer y explorar, y más tarde descubrí que también era lo que me gustaba escribir. Fue una llegada bastante desprolija pero tiene ese encanto de los primeros amores de la infancia, de la educación sentimental literaria.
Siendo guionista, ¿Influye en tu literatura el cine, específicamente la ciencia ficción?
Si. La ciencia ficción es de mis géneros favoritos. Ahora no me voy a poner a hacer una lista de películas. Pero si me pusiera a pensar cuáles fueron las que más me marcaron seguro que están Blade Runner, ese tipo de películas que vi de chica y me volaron la cabeza. Todo Cronenberg. Creo que ahí está la semilla de todo. El cine es muy pregnante para muchos autores como Juan (Mattio), como Kike (Ferrari), como yo. No esquivamos las referencias cinematográficas. Por más que tengamos un costado intelectual no creemos que tener esas influencias sea en detrimento de ese costado, sino todo lo contrario, enriquece muchísimo nuestra escritura.
En los últimos años se está revisando la cuestión de separar la intelectualidad de ciertos consumos que, a priori, parecen más de descarte, o menores. Pueden influir, y uno los puede apropiar y seguir en el mismo camino mediante la literatura.
Por supuesto. Todos somos hijos de todo aquello que mamamos desde la cultura popular y desde la cultura más intelectual, y está buenísimo poder hacer un mash up de toda esa formación. Yo soy una gran defensora de las películas de superhéroes y de todo lo que muchos consideran cine basura. A mi me encanta. Y, por otro lado, también puedo mirar Tarkovsky, o puedo ir a la Lugones a ver cine culto. Soy un poco todo eso junto.
¿Sentís que en algún momento hubo un ninguneo a la literatura de ciencia ficción? ¿De pensarlas como literaturas iniciáticas? En las escuelas te daban Frankenstein, Ray Bradbury, para después pasar a la “literatura seria”, algo que también pasa con Horacio Quiroga. Me parece que todo este trabajo que ustedes están haciendo es paralelo a lo que está pasando con Lovecraft, con sus relecturas y reinterpretaciones. Reivindicar el género, y que está versión nueva sea mucho más política que la anterior.
Si, creo que sí. Tanto el laburo que hacemos con Arqueologías del futuro dialoga con el trabajo que están haciendo otras editoriales como Caja negra, sin ir más lejos, Vestigio, una editorial colombiana, o Dum Dum, boliviana. Hay muchas editoriales en el mundo que están buscando estos materiales de la nueva ciencia ficción, o del new weird, o del weird, que ya tienen la impronta de una generación que está muy atravesada tanto por las lecturas de este supuesto género menor, que vendría a ver la ciencia ficción, como de otros géneros, y con las realidades locales, políticas, de sus regiones o países. Me parece que estamos logrando hacer una síntesis interesante. y que hay muchas editoriales que están mapeando ese conglomerado de nuevas voces que ya tienen una búsqueda más profunda en relación a la ciencia ficción y que pueden utilizar este otrora género menor de una manera nueva y revalorizándolo.
Es verdad que la ciencia ficción siempre fue una literatura iniciática. Quizás porque está un poco mal vista la fantasía. Como si todo lo que es no-mimético fuera algo que no puede tener profundidad, que va navegando por la superficie de las ideas y que no tiene nada para contar. A mi me parece todo lo contrario. Justamente cuando más te alejas de la realidad es la mejor forma de poder contarla.
Verla desde afuera con un prisma distinto
Claro, una forma crítica donde no tenes necesidad de estar anclándote en tus experiencias personales o en experiencias comunitarias realistas para poder dar una mirada más abarcativa, crítica y política acerca de la realidad.
Siguiendo un poco la colección. ¿Cómo llegas vos? ¿Cómo es el trabajo de editora?
Yo me sumé a la colección cuando ya estábamos en las últimas instancias de mi libro. Queríamos separar un poco la autora de la editora. Ahí Juan y Marcelo (Acevedo), que son los otros dos editores, me convocaron porque sentían que hablábamos el mismo idioma, que teníamos las mismas inquietudes, y que siempre sumar gente a proyectos tan a pulmón es bastante crucial e interesante. Así que para mí fue un gran honor porque son dos personas a las que admiro muchísimo. Me llamaron a jugar con ellos y me pareció hermoso. Y también yo sentía que podía dar una mirada desde otro lado, incluso por una cuestión de género. Aportar algo desde mi ser femenino, mi ser mujer, desde el feminismo, y desde otras lecturas que puedo llegar a tener yo sobre la realidad. Es un poco una mezcla de todo, lo lúdico y lo ideológico.
Metiéndonos un poco en La segunda lengua materna ¿Cómo te aparece la historia?
Yo la empecé a escribir alrededor del 2016, cuando también estaba con otros textos. Soy muy poco lineal en ese sentido. Trabajo muchos textos a la vez y eso me va dando aire para no obsesionarme demasiado con ninguno e ir trabajando en capas.
La historia salió de una forma bastante rara. Había leído una nota en uno de estos medios irónicos, que levantan fakes, que dan noticias científicas que abiertamente son falopa, que no hay forma de que sean ciertas. Una teoría científica llamada telegonía, que es la posibilidad de tener un hijo con información genética de dos padres. Y es algo que en un solo embrión es imposible científicamente. Pero me pareció muy divertido empezar por ahí. Bueno, “divertido”. Quienes leyeron la novela saben que de divertido tiene poco. Pero me pareció que había algo ahí que podía explorar, y el tema de la maternidad nunca lo había explorado en mi literatura. Yo soy madre de un pibe de 15 años. Quiero creer que no soy esa madre de la novela. Mi hijo todavía no la leyó, y creo que se la voy a dar dentro de unos años con las debidas explicaciones y disculpas.
Después, a esa teoría de la telegonía se le fueron sumando un montón de cosas. Otra de las ideas que apareció al principio fue la de este músico obsesionado con Bach, que tiene esta forma extraña de hacer recitales. Y así fueron surgiendo ideas; la protagonista que es la inventora del implante y que hace una especie de test de Turing a la inversa. Se fueron sumando y me parecía interesante ir explorando distintas teorías científicas a lo largo de cada capítulo y que esas teorías se fueran entrelazando con la historia.
¿Cuándo te apareció el tono? ¿Estuvo desde el principio o lo fuiste encontrando a medida que escribías? La novela tiene una estructura no convencional, con muchas notas al pie que hacen que el lector no salga nunca del libro.
Hay varias instancias. El tono surgió casi instantáneamente. Fue una novela escrita bastante lineal, fuí capítulo tras capítulo, por más que después volvía y ajustaba. Y las notas al píe fue lo último que apareció, y fue un laburo en conjunto con Juan Mattio. Cuando terminamos de hacer una primera edición del libro nos dimos cuenta que habían quedado dos o tres notas al pie, y me parecía que no eran nada relevante. Le pregunté a Juan si le parecía que las volará y las incorporaba al texto, o bien llenara todo de notas al pie. Juan me dijo “no me podes preguntar eso a mí”. Quienes han leído Materiales para una pesadilla entenderán. Por supuesto que estuvo de acuerdo con llenar todo el texto de notas al pie y generar esta idea, que fue como el último descubrimiento y fue epifánico. Porque claro, si ella es una mujer con implante, y ese implante le trae información constante a la cabeza, porque no hacer eso mismo con el libro. Porque no tener todos esos hipervínculos en el mismo libro, y que la lectura se vaya interrumpiendo con estas notas al pie, que sería más o menos lo que uno haría cuando hay una información que no conoce, salir a buscarla. En este caso es muy acertado lo que vos decís que no hay que hacer eso, sino que está todo ahí, que es como buscar en wikipedia pero en el mismo libro.
Al mismo tiempo genera una incomodidad, porque es una sensación de lectura interrumpida. De que en el fondo no está fluyendo porque todo el tiempo nos encontramos con el obstáculo de recurrir a ese pie de página por más que sea sobre conceptos o palabras que conocemos, es casi imposible no buscarlas abajo. Nos resultó divertido, de esta manera nos divertimos los ñoños.
Aparte fuiste a preguntarle a Juan, sabiendo que te iba a decir que sí.
Si, medio tramposo de mi parte. Antes de que empezáramos a laburar en mi libro yo leí por casualidad Materiales para una pesadilla. Todavía no estábamos tan cerca con Juan. Cuando lo terminó de leer le escribo y le digo “che, salvando las distancias temáticas abismales entre nuestros libros, hay una cuestión de diálogo”. La cuestión de lo alemán, lo cyberpunk, las realidades virtuales. Sentí que había algo que los hermanaba a los libros. Por más que el de Juan sea una cosa sobrenatural.
Es una novela que habla sobre la tecnología, la maternidad. Tiene mucho que ver el lenguaje en esta tensión constante entre lo que es humano y lo que es tecnológico. Cómo nace ese híbrido. En tu manera de abarcar al género, ¿Cómo no caer en ficciones donde el tópico es que la tecnología es mala e inevitablemente lleva a una catástrofe?
Yo no sé si lo que escribo en mis textos refleja al 100% cuál es mi pensamiento con respecto a la tecnología. Lo que requiere la narración, la historia, o la personalidad de los personajes es bastante distinto a lo que pienso como persona. De todas formas, soy tecnófila, me encanta la tecnología. Al mismo tiempo también le tengo miedo. Hay una reflexión sobre las IA que me resulta aterradora.
Pienso que tenemos que apoyarnos en la tecnología para avanzar y alcanzar muchas cosas a nivel médico, educativo. Somos seres tecnológicos, estamos llenos de tecnología en el cuerpo. Desde hacernos un trasplante o reemplazarnos una muela. Pero me aterra de una forma que todavía no concibo racionalizar.
Mis dos novelas más de ciencia ficción, La segunda lengua materna y Pulpa, tratan justamente del problema del hombre y su uso de la tecnología. De todas formas, el que crea la IA es el humano. Ahí es donde tenemos que poner el ojo. ¿Para qué se usa la tecnología? ¿Hasta dónde dejamos que avance? Siendo algo que no puede avanzar por sí mismo, que necesita de nuestras directivas.
La ciencia no tiene moral, pero ¿Qué pasa con la moralidad de Hana?
Su falta de moralidad. O, digamos, la adaptabilidad de la moral, porque la podemos adaptar muy fácilmente a lo que nos parece que necesitamos. Es ahí en donde se juega esta cuestión de qué es la moral y hasta dónde podemos afectar al resto. Hana empieza de una forma muy humana y ahí es donde están sus mayores defectos. Cuando la tecnología atraviesan a la humanidad y nos da esas herramientas, agarrate. Es eso, difundir un video privado pero a la décima potencia.
En la entrevista con Juan Mattio hablamos de Osobuco de Ever Roman, con ese ensayo que compara el cyberpunk con el melodrama rosa. Vos desglosas tu novela y te queda un triángulo amoroso. Y la decisión que toma el personaje es meterse con la materialización del triángulo, su hijo, al que le roba el lenguaje para estar siempre presente, la omnipotencia tecnológica.
Si, me parecía que entre todos los lugares en donde estaba investigando que uno pudiera colocar un implante y qué es lo que podía afectar el implante, ahí surgió el tema del implante y era perfecto. Era convertir al pibe en una especie de cajita cerrada donde nada entra y nada sale. Una persona que está atrapada un no-lugar con su madre. Es una pesadilla. Tener a tu vieja adentro es uno de los peores temores de la humanidad.
La novela habla más que nada sobre vínculos. El cyberpunk tiene mucho de eso, es lo que dice Ever. Se le puede despojar de sus atributos tecnológicos y lo que queda es una historia de vínculos.
En la novela hay muchas segundas lenguas maternas, ¿Cuál es para vos?
A mi lo que me pareció interesante de la segunda lengua materna es que es un oxímoron, no es posible. Lengua materna tenemos una sola. Entonces la invasión de la madre dentro del lenguaje del hijo es la segunda lengua materna. El hijo no puede hablar ni la primera. Entonces la segunda lengua sería el monstruo, Hana contaminando el lenguaje.
¿Esperabas el recorrido que está teniendo? Finalista de la Semana Negra de Girón.
No, para nada. Es una novela que me aterrorizaba cuando estaba por salir. Cuando Juan y Marcelo eligieron publicarla y la empezamos a laburar, relaje, no debe estar tan mal. Si estos dos la quieren laburar de esta manera y opinan estas cosas, evidentemente era yo la que tenía una visión distorsionada. Le tenía miedo porque es una novela compleja, porque es muy científica, porque se alejaba un poco de lo que había publicado antes. Y lo del finalista al premio Celsius es una sensación muy emocionante, muy lindo. Aparte soy la única mujer y latinoamericana que está nominada este año, los otros tres finalistas son hombres españoles, así que es un montón. Y me confirmaron hace unos días que la van a publicar en España.
Que te publiquen allá es un gran impulso para vos, pero también para la colección, para Indomita. Es un gran acierto esta novela.
Si, la verdad que sí. Esperamos que el resto de los títulos también puedan tener ese camino. Estamos haciendo alianzas con otras editoriales en latinoamérica, porque la idea es que todos los libros de la colección arqueológicas puedan tener un camino similar a este o mayor, porque estamos publicando realmente lo que nos gusta leer y lo que creemos que todo el mundo tiene que leer.
¿Qué se viene?
Hay unos proyectos en carpeta. Hay otra novela más splatterpunk que está en un par de editoriales en España para ver si sale. Y tengo alguna novelita pulp, cortita, que está en manos de un editor. Y después una novela más larga que está en camino, que va más para el terror.
¿Cómo te llevas con los géneros?
Me gusta manejarme por muchos. Ahora estoy más volcada para el lado de la ciencia ficción y el new weird, que es como abarcativo de todos los géneros que a mi me gustan porque justamente en el cruce y la hibridez y la posibilidad de combinar géneros es donde siento que navego mejor. Después, en cuanto al cine, está a punto de filmarse mi primera novela (Lolas), una novela más pop, una comedia romántica, publicada en El cuervo, una editorial boliviana.
¿Estás trabajando como guionista ahí? ¿Cómo es trabajar sobre tu propia novela para llevarla al cine?
Lolas originalmente iba a ser un guión que nunca empecé a escribir, decidí directamente hacerla novela. A priori, yo no hubiese querido adaptarla yo porque no tenía la distancia suficiente, pero desde que la escribí hasta ahora pasaron más de 10 años, así que ya me sentí con distancia suficiente para hacer la adaptación, entonces el guión lo hice yo.
¿Cómo es reencontrarte con un texto tuyo de hace 10 años y tener que reescribirlo?
En este caso fue difícil porque Lolas es una novela que no tiene un solo diálogo. Me tendí una trampa, más boluda no podía ser. Me costó mucho adaptarlo en ese sentido, porque tuve que armar todo los diálogos desde cero y volcar a la acción muchos pensamientos de la protagonista. Pero en estos diez años no solo aprendí mucho como narradora, sino como guionista y como adaptadora por otros trabajos que tuve, así que me lo tomé como un desafío y el resultado me gustó muchísimo.
En el siguiente link podrán escuchar la entrevista completa y en nuestro canal de YouTube, Trinchera tv, encontrarán todo nuestro contenido.

Juan Machado
Nació en Carhué, provincia de Buenos aires, en 1992. Actualmente reside en La Plata. Escritor, también se desempeña como conductor de radio. Dicta talleres y encuentros literarios. Publicó el libro de cuentos, microrelatos y poesías, No hay que jugar en la casa vieja y otros relatos (2020) Pájaros Punk (Malisia 2022)

Luciano Montoya
Nació en Mar del Plata, en 1997. Actualmente reside en La Plata. Estudia la licenciatura y el profesorado en Música Popular en la UNLP. Conductor del programa de radio Plástico Cruel.

