El país toma nueva deuda internacional, la cual, a pesar de ser ínfimamente menor, trae a la sala los fantasmas del multimillonario e ilegal endeudamiento con el FMI en 2018. ¿Un verdadero impulso económico u otro adoquín que hunda aún más a la Argentina?
El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) aprobó un crédito de USD 700 millones a Argentina, tras la visita del ministro de Economía, Sergio Massa, a las asambleas del Fondo Monetario Internacional (FMI), y el Banco Mundial, en Washington.
Estas entidades son confluentes entre sí y el préstamo otorgado al país fue posible, únicamente, debido a que se cumplieron las distintas metas impuestas por el FMI en vistas a la segunda revisión trimestral del acuerdo pactado este año.
Para entender este nuevo préstamo como una decisión que no empantane aún más al país, es importante recalcar que la metodología del mismo, consiste en tener desde su aprobación un destino fijado hacia proyectos de infraestructura, que supone una rentabilidad a la hora de pagarlo, y lo convierte en una inversión.
Esta lógica fue expuesta y desarrollada por la economista y docente universitaria, Clara Razu, quien en conversación con Revista Trinchera sñaló: “Todo lo que presta el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), son prestamos con destino de inversión fija en infraestructura, lo cual implica que tienen que destinarse a proyectos determinados que el mismo BID aprueba; con determinadas condiciones, a largo plazo y con bajas tasa de interés, lo cual los haces ventajosos en el sentido que cuando llega el momento de pagar, ya existe una ampliación de la infraestructura que da lugar a un crecimiento del valor del Producto Bruto Interno (PBI)”.
En términos cortoplacistas, todo ingreso de capital se contabiliza aumentando las reservas. En este caso Massa aseguró no se destinaría en su totalidad a reservas, ya que el monto está destinado a dividirse también para lo pactado en infraestructura, así como algunos programas a definir.
“Para que el BID te preste tenes que tener la pre-aprobación del Fondo. El BID nos presta ese dinero porque cumplimos con lo pactado con el Fondo Monetario Internacional, que sería su entidad hermana”, aclaró Razu.
Para la economista, sin dudas es una buena vía de desarrollo: “Me parece una decisión certera, porque los préstamos del BID son mucho más baratos y beneficiosos que prestamos de los privados. Si necesitas ampliar tu infraestructura en calles, puentes y ferrocarriles por ejemplo, esta es la manera más barata, en comparación con la contratación de un privado”.
En términos presupuestarios, durante el 2022 ingresarán 3 mil millones de dólares, de los cuales sólo 1.200 millones estarán destinados al fortalecimiento de reservas. Para el año siguiente, restarían casi 2 mil millones de dólares más, además de otros USD 1.933 millones de programas a firmar que completarían lo acordado. Se estipula además unos USD 1.800 millones que se sumarán en 2023.
Además, Razu resaltó que anteriormente fue testigo de algunos proyectos realizados a través del BID en el país: “En cierto momento, durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, se armaban con los préstamos del BID los llamados TDR, donde quienes trabajábamos con ellos, recibíamos un pago como fuente de laburo (mucho más barato que en otras consultoras), y era muy interesante”.
“Yo participé de esos proyectos en un programa de explotación forestal en el norte para agregar valor agregado con la gente del PROSAP que era el Programa del Ministerio de Agricultura en su momento, y también de la ampliación de infraestructura en todo lo que es el parque industrial de Zárate, para el mejoramiento de la industria del calzado. Son proyectos muy fructíferos”, relató la economista.
A raíz de lo vivido, y en relación con el contexto socio económico actual, Razu afirmó: “No todos los endeudamientos son malos; un endeudamiento que implica una inversión y tiene un destino real y productivo es bueno porque te amplia el margen en infraestructura para producir, y por lo tanto el rendimiento que vas a tener después para pagarlo”.

