Comunidad Ferroviaria: El lugar donde se amasan los sueños (Parte 3)

Por un cristal roto se cuela el sonido del Tren Roca que viene meciéndose en sus vías. Rápidamente se mezcla con el ruido de las máquinas de coser que trabajan en la Cooperativa Estrella Azul dos, construida en Comunidad Ferroviaria: el lugar dónde se amasan los sueños.

Desde mitad de los años ochenta, la epidemia de VIH golpeó al pueblo argentino, matando y marginando a les que batallaban contra ella. A comienzos de los años 2000, en La Plata, se juntaron un grupo de militantes y personas con VIH para crear A.D.D.H.H.E.S  (Autoconvocadxs en Defensa de las personas viviendo con VIH-SIDA), buscando visibilizar las problemáticas de un sector de la sociedad discriminado y despojado de sus derechos. En el 2008, obligades por la necesidad de trabajo, apuntaron a recuperar los viejos galpones del ferrocarril de Tolosa, que desde la década del sesenta se encontraban abandonados.

Gastón Melio, referente de ADDHHES, cuenta que por aquellos años la naturaleza se había apoderado de las tejas de Marsella, las enredaderas habían trepado las cabreadas y los ladrillos de adobe, hechos en Los Hornos Hoffman, ubicados en el actual Wall Mart de Camino Centenario, corrían peligro de derrumbe si no se trabajaba rápido en ellos; había también árboles que habían superado las chimeneas y tumbado parte del techo. Pusieron manos a la obra, primero estuvieron semanas desmalezando los tres galpones que estaban abandonados, luego taparon fosas, ya que el central, el que da la espalda a la vía, servía de taller mecánico, y después se planificó construir un suelo de concreto y techo, porque la mayoría de las tejas se habían volado.

Conseguida una infraestructura digna, ADDHHES trabajó en conjunto con el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner para convertir ese territorio húmedo y abandonado, en el nuevo lugar de trabajo de las personas con VIH-SIDA. Allí se puso la Textil Estrella Azul, que desde ese momento hasta hoy, a pesar del endeudamiento y las políticas neoliberales de Mauricio Macri, nunca apagó sus máquinas.

***

Milagros le da un sorbo al mate y vuelve a poner la vista en su mesa de trabajo, encorva mínimamente la espalda, gira su cuello hasta hacerlo sonar y apunta nuevamente sus ojos a la overlock de dos hilos. Se encuentra en un cuarto con unas veinte personas y la misma cantidad de máquinas de coser, suena una cumbia colombiana, pero el “Tic, tic, tic, tic” es el que marca el ritmo. En el aire hay olor a aceite quemado. Menos los pulgares, apoya todos los dedos sobre la tela celeste, las uñas rojas le resaltan; con el pie derecho aprieta el pedal de la máquina y comienza a coser. El “Tic, tic, tic, tic” se pierde con el sonido en el aire y se mezcla con el “Chuc, chuc, chuc, chuc” que comienza a llegar del norte, a la estación de Tolosa. El nuevo ruido que invade el área de trabajo, y también la hace vibrar, es el Tren Roca de las 11:45, que viene llegando a horario desde Retiro. Un alto parlante adelanta su llegada, en quince minutos cortarán para almorzar.

Desde la máquina de al lado, a medio metro de distancia, Zule le pregunta – ¿Cómo viene eso?

-Te digo que hoy voy a soñar con estos puños elásticos- contesta Milagros.

A las siete de la mañana arrancaron a coser. Apoyadas contra las paredes, hay pilas interminables de camisolines médicos. Desde junio del año pasado, en la textil de Comunidad Ferroviaria se trabaja en licitaciones que concedió el Ministerio de Salud para hacer uniformes médicos, destinados al personal que viene trabajando desde marzo del 2020 en los hospitales de la Argentina por la pandemia causada por el Covid-19.

-Te digo que estoy igual, hoy sueño con las pantuflitas y con la voz del megáfono- contesta Zule.

La licitación consta de un camisolín de cuerpo entero, pantuflas y una gorra.

Milagros toma otro mate y vuelve a girar su cuello, esta vez le tronan los huesos de la cervical, suspira y vuelve a ponerse a coser. La música que sonaba pegó un giro y ahora desde el pequeño parlantito suena el último disco del Indio Solari, el “Tic, tic, tic, tic” de las máquinas se esconde y parece marcarle el ritmo a la batería.

***

Franco Carignano se toma unos segundos para responder la pregunta, en el reflejo de sus anteojos se ve un vagón oxidado.

– Acá trabajamos para poner a la Argentina de pie. Y es muy fuerte para nosotros hacerlo acá, porque en este lugar se vivieron los años más felices de nuestro pueblo, en este predio estaba la síntesis de lo que siempre quisimos. Imaginate a tres mil quinientas personas trabajando, no te digo en los tres galpones en los que hoy estamos con la Corriente Nuestra Patria, te hablo de todo el predio, todas las naves estas. Y la derecha alineada como siempre a los intereses internacionales, le cerró las puertas a esto, como prohibieron hablar del General, cortaron las locomotoras a la mitad ¡Coches hechos, todos con nuestras manos, agarraron un soplete y lo cortaron a la mitad! Y como no sabe hacer de otra manera nuestro pueblo, resistió, y aunque fue saqueado y vendido por migajas por todas las generaciones venideras, no pudieron tirar abajo este lugar.

Franco se saca sus anteojos y limpia los cristales empañados, por su mejilla desciende una lágrima.

– Hoy, entendiendo todo eso, acá nos ponemos a laburar, y sí, no somos más de setenta, pero le resolvemos el sueldo a compañeres desocupades de la CTD Aníbal Verón (Coordinadora de Trabajadores Desocupados), y fijate qué loco que los que resignifican estos galpones, estas paredes con trabajo, son desocupades, y algunes hasta con tradición ferroviaria en sus familias. Estos galpones son la síntesis de una nación que ya no existe más, porque fue saqueada, fusilada y regalada. Pero ahora, cada vez que de acá sale una caja de sorrentinos, una remera o una bicicleta de madera, un país más justo se anima y se esperanza a renacer.

***

Un sol anaranjado y cálido se esconde tras las chimeneas que hace décadas dejaron de ahumar en Tolosa. Mezclado con la lejanía de un tren de carga que parte hacía el Puerto de Ensenada, se escucha una cuerda de tambores. Artigas, el perro de Edu, deja tres ladridos en el aire y da la impresión de que las paredes de la Comunidad Ferroviaria mueven la cadera.

 El candombe es la música de les negres, de les pobres, les humildes y despojades de todo.

Hoy, en La Plata, son esas mismas personas las que se organizan bajo lo que quedó de las tejas anaranjadas traídas de Marsella, para volver a poner sobre los rieles este tren, que es la Argentina.

Instagram: @comunidadferroviaria

Felipe Bertola
Felipe Bertola

Cuando estaba en la panza, mi vieja me cantaba «Significado de Patria» para tranquilizarme. En la comunicación y organización popular encontré la clave para poder «ser la revancha de todxs aquellxs». Como todo buen platense, sé lo que es ganar una Copa Libertadores.

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