¿Que me opere qué? ¡A mí déjenme jugar!

El deporte debería ser un espacio accesible para todas las personas que quieran competir, pero desafortunadamente, nuestra cultura transfóbica y las rígidas y excluyentes políticas que regulan este acceso, hacen que el número de atletas trans en competencias deportivas se vea drásticamente reducido.

Las competencias deportivas son terrenos que pocas personas trans se atreven a pisar. Entrar a estos espacios es sumamente intimidante para quien no puede desenvolverse de manera natural dentro de ellos, debido a los discursos heterocisnormativos que se reproducen a todo lo largo y ancho de las competencias internacionales y las ligas deportivas.

El Comité Olímpico Internacional (COI) es el encargado de administrar y supervisar todo lo que concierne a los Juegos Olímpicos. En 2003 se empezó a hablar de las personas trans en el deporte cuando un comité convocado por la Comisión Médica del COI se reunió para crear el llamado “Consenso de Estocolmo sobre Reasignación de Sexo en los Deportes”, en el que se permitía la inclusión de las personas trans (binarias) dentro de los juegos olímpicos, con la condición de haber pasado por el tratamiento de hormonización, las intervenciones quirúrgicas (tanto en sus órganos sexuales internos como externos), y tener un documento que avale su género. Debían haber vivido mínimo dos años con estos cambios realizados para poder participar.

Fue un avance. En épocas pasadas se hacían pruebas de sexo donde se expulsaban incluso a quienes tenían cromosomas sexuales distintos a los que se esperaban por la forma de su cuerpo. Entendiendo que estos no proporcionaban ninguna virtud deportiva, decidieron hacer de árbitros oficiales del género; agrupando cuerpos bajo los supuestos estándares que se deben cumplir para ser un “hombre” o una “mujer” que se encuentre al mismo “nivel” de sus compañeres y contrincantes.

Las decisiones del COI representan un modelo a seguir para diferentes asociaciones deportivas, como la Federación Internacional de Fútbol Asociación(FIFA), que en su reglamento para la Verificación de la Identidad Sexual (2011), solicita la correcta identificación sexual de todes les jugadores antes de su nombramiento como selección nacional. Pide investigar activamente por parte del equipo técnico cualquier desviación perceptible en las características sexuales de les deportistas; cómo los pechos, el tamaño de las caderas, el vello corporal, la musculatura, etcétera.

Mujerómetro

Es imposible desarrollar mecanismos adecuados para medir una categorización binaria del sexo, no existe tecnología científica que clarifique los límites entre los cuerpos femeninos y masculinos. Básicamente porque estas pruebas y examenes creadas por el COI, clasifican bajo un conjunto de caracteristicas que se han atribuido de forma artificial al concepto de hombres y mujeres.

Los cuerpos masculinos y femeninos no son naturales, son sociales, culturales y por todo esto, mutables. Estos exámenes se basan en resultados que pueden variar drásticamente, incluso en un grupo de personas que se consideran dentro de un mismo género. Lo que si demostraron los resultados de estas pruebas fue las diferencias tan sútiles que había entre los generos masculino y femenino.

“Ventaja”

El rechazo a la participación de las personas trans dentro del deporte se excusa en el miedo a una supuesta superioridad deportiva. Este argumento apunta directamente a las transfeminidades; se cree que la inclusión de atletas que tienen niveles inusualmente altos de andrógenos o de testosterona en competencias femeninas representa una ventaja competitiva injusta.

El COI declaraba que su objetivo no era «diferenciar entre los sexos sino de prevenir que impostores masculinos participaran en las competencias femeninas»(1). Sin embargo, es más bien poco lo que se hablaba acerca de las desventajas a las que una transición hormonal puede conllevar. Como si el proceso de ajustarse a una nueva forma anatómica fuera un paseo en el parque, que no implicara complicaciones médicas derivadas de las cirugías o el proceso de hormonización.

Michelle Dumaresq, competidora profesional canadiense de ciclismo de montaña y mujer trans, eexplicaba que sus piernas largas (que fueron tomadas como ventaja) le dificultaron las cosas: “ después del tratamiento hormonal y la operación, ya no tenía la masa muscular suficiente para sostener a mis huesos” . Esto sumado al desgaste de tratar con la transfobia y la discriminación constante de estos espacios es una clara desventaja en la competencia deportiva para la comunidad trans.

Tampoco se tiene en cuenta la gran variedad de condiciones que se presentan dentro de personas del mismo género. Hay hombres cisgénero que no producen testosterona, o que producen menos o igual cantidad que una mujer cis. ¿Son menos hombres por ello? ¿Deberían competir en la categoría femenina?¿ Las mujeres que produzcan un porcentaje de testosterona mayor a la del promedio de sus pares serían hombres para el COI?

La ventaja deportiva se ve reflejada en la genética de los cuerpos, así como para cualquier actividad en la que el talento tenga relevancia, hay quienes nacen con una predisposición positiva para el desarrollo de ciertas actividades y eso no lo deciden las hormonas, ni los órganos sexuales, ni un DNI. Lo decide el azar biológico, la preparación y la vocación por ese lugar a ocupar.

Entendiendo que tener genitales diferentes a los que las personas con quien se compite no proporcionaba ninguna virtud deportiva, en el 2016 el COI cambió sus directrices; los requisitos para poder hacer parte de las competencias son ahora más flexibles.

Ya no se requieren cirugías, pero se exige que quienes quieran competir con mujeres cis tengan un nivel de testosterona inferior a 10 nanogramos por mililitro de sangre en los 12 meses previos a la competencia, y que le deportista que declare que su identidad de género es mujer, no podrá cambiar de género a lo que concierne al deporte, durante al menos, cuatro años. Esta decisión marcó historia en el mundo de los deportes, dándole la bienvenida a una nueva generación de atletas.

¿Y qué pasa en casa?

En Argentina, la Ley Nacional de Identidad de Género, sancionada en 2012, establece que toda acción u omisión que impida que una persona pueda inscribirse, registrarse, participar o competir en una actividad deportiva de una liga, federación o confederación, de carácter amateur o profesional, por su género autopercibido, será considerada una acción discriminatoria.

Sin embargo esto parece quedarse en el papel, son tantos los obstaculos que se le presentan a las personas trans a la hora de competir en un espacio más oficial, que se han conformado nuevos espacios que tengan una perpesctiva de género que les permita disfrutar de esta experiencia de manera libre.

Dos ejemplos de ello son Fútbol Militante (Argentina) y Disforia FC (Chile); equipos conformados por lesbianas, travestis, trans y no binaries que buscan romper con las reglas del deporte pensadas solo para algunos tipos de cuerpo, de rodearse de personas que comprendan y respeten su identidad y expresión de género, y sobre todo, crear redes para militar este amor por la redonda y porque todes puedan patearla sin sentir miedo.

“A mí siempre me gustó jugar al fútbol, pero al momento de transicionar dejé de hacerlo porque no me sentía cómodo. Si iba con los de varones debía lidiar con un ambiente machista y muchas veces violento. Si iba con las mujeres no podía jugar en los campeonatos porque los otros equipos no avalaban la situación. Tenía que exponerme a contar mi historia o irme”

-Christopher, uno de los fundadores de Disforia FC.

Otras figuras

Aunque hasta el momento no ha habido ningune atleta trans en los Juegos Olímpicos, existen deportistas de alto rendimiento que compiten en las categorías donde les dicen que sus cuerpos deben ir, que se consideran abiertamente trans. Une de elles es Quinn, une futbolista profesional que juega en el equipo femenino de la selección nacional canadiense, siendo una persona no binaria.

La representación de estas identidades dentro del deporte es una herramienta para que les atletas que se salen de la norma puedan ver que hay personas luchando por su reconocimiento, o para entender que esta lógica deviene de nuestra cultura occidental y no de una verdad universal.

Este año, Taika Waitit estrenó “Next Goal Wins”, una película que se basa en un documental del mismo nombre que cuenta la historia de cómo el equipo de Samoa Americana (un territorio no incorporado de los Estados Unidos), se recupera tras la derrota más grande en el fútbol internacional, en un partido del 2001 donde fue derrotado 31-0. En su reparto hay una persona no binaria (Kaimana) que interpreta el papel de Jaiyah Saelua, la primera persona fa’fafafine (tercer genero en la cultura Samoa) o no binaria en competir en la FIFA World Cup.

No hay tal brecha

La política del COI es una forma de disciplinamiento diseñada para manejar las designaciones binarias de sexo; forja un molde definitivo en el sexo de los cuerpos examinados rechazando la maleabilidad de estos. Les atletas trans e intersex son el grupo más discriminado y descalificado dentro del deporte por no seguir estos modelos estáticos que no admiten variaciones.

Estas políticas “incluyentes” (que buscan neutralizar la supuesta ventaja masculina dentro de las competencias femeninas) sirven para reproducir la vieja y occidental categorización binaria del sexo. Sólo queda preguntarse por qué se buscan perpetuar las creencias dominantes sobre las capacidades atléticas dentro de competencias femeninas. ¿Podría ser para justificar que las diferencias salariales dependen de los logros alcanzados? Quién sabe.

Así como en algún momento se subestimaba la capacidad intelectual de las mujeres y no se les permitía compartir espacios académicos con varones bajo el argumento de que su cerebro era diferente. Así cómo el color de piel y el cuerpo de las personas afro era un motivo para decir que debían ser esclavizadas; implementar estos mandatos como “verdaderos” repercute en estas identidades también por fuera de la cancha, donde la feminidad es equivalente a debilidad, a sumisión y a pasividad. Es hora de una revolución corporal que demuestre que esta brecha tampoco existe.


Bibliografía:

  • Cuerpos transexuales en las Olimpiadas: las políticas del Comité Internacional Olímpico en relación con l@s atletas transexuales en los Juegos de Verano, Atenas 2004 – Sheila L. Cavanagh y Heather Sykes
Alejandra Vivas
Alejandra Vivas

Ecléctico empedernida. Le causan repulsión las cajas, los límites, lo estático, lo predecible y determinado. Por eso nunca puede describirse, porque le repugnan las palabras que le obligan a cumplir con un papel que aunque hoy le defina, mañana tal vez no quiera interpretar.

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