La colonialidad de género: Un breve acercamiento a los feminismos latinoamericanos

La colonialidad de género: Un breve acercamiento a los feminismos latinoamericanos

TIEMPO DE LECTURA: 5 min.

Por. M. Viviana Yopasa Ramírez*

La categoría género permite reconocer las dinámicas, conflictos, luchas y terrenos ganados por organizaciones, colectivos académicos y movimientos sociales, con relación a los derechos de las mujeres, sus proclamas, accionar social y su posicionamiento como agentes políticas. Sin embargo, es importante aclarar que la categoría género no es un sinónimo de estudios de mujer o teorías feministas, hace referencia principalmente a lo que se ha construido como masculino y femenino y la distribución de sus roles en la sociedad, buscando la deconstrucción del sujeto moderno: racional y universal.

En América Latina, la categoría género tuvo impacto en las feministas entre finales de los años 80 y 90, planteando al patriarcado como uno de los patrones de poder existentes en las sociedades latinoamericanas pero donde también se tejen relaciones de subordinación por medio de los dispositivos de control y jerarquización como raza, grupo étnico, clase social, debatiendo con ello al feminismo hegemónico blanco surgido en Europa y EEUU, que dejaba de lado las variables de clase, etnia y su relación con la sexualidad. Como lo plantea María lugones:

La lucha de las feministas blancas y de la «segunda liberación de la mujer» de los años 70 en adelante pasó a ser una lucha contra las posiciones, los roles, los estereotipos, los rasgos, y los deseos impuestos con la subordinación de las mujeres burguesas blancas. No se ocuparon de la opresión de género de nadie más. Concibieron a «la mujer» como un ser corpóreo y evidentemente blanco pero sin conciencia explícita de la modificación racial. Es decir, no se entendieron así mismas en términos interseccionales, en la intersección de raza, género, y otras potentes marcas de sujeción o dominación. Como no percibieron estas profundas diferencias, no encontraron ninguna necesidad de crear coaliciones. Asumieron que había una hermandad, una sororidad, un vínculo ya existente debido a la sujeción de género.

Lugones 2008: 93

Uno de los debates que centró la discusión frente al feminismo hegemónico, fue el hecho generado desde los estudios sobre la mujer hacia los años 70, con relación al desarrollo de la “categoría mujer”, definiéndola en una categoría estática, esencialista y universal. Haciendo referencia a la mujer principalmente desde su anatomía y su relación con lo femenino, como una identidad homogénea. Sin tomar en cuenta los contextos sociales, históricos y culturales en los que están inmersos las mujeres en diferentes partes del mundo. A partir de esta categorización, las mujeres en Latinoamérica que no entraban dentro de las características homogenizantes en la definición de la mujer, manifestaron la necesidad de reconocer que las mujeres son diferentes y por ende las formas en que son subordinadas también.

En este escenario, las activistas y académicas latinoamericanas han planteado frente al feminismo hegemónico la perspectiva de la Colonialidad del Género, buscando visibilizar la relación directa entre raza, clase, género y sexualidad “con el objetivo de entender la preocupante indiferencia que los hombres muestran hacia las violencias que sistemáticamente se infringen sobre las mujeres de color, es decir, mujeres no blancas víctimas de la colonialidad del poder”[1] (Lugones 2008, 94).  En este sentido, la perspectiva de la colonialidad del género busca dar cuenta de la construcción de la autoridad colectiva, de todos los aspectos de la relación entre capital y trabajo y de la construcción del conocimiento principalmente  racializado y  geopolíticamente legitimado en occidente.  Revelando  las maneras en que las mujeres colonizadas no–blancas fueron subordinadas y desprovistas de poder.

Desde la configuración de la modernidad/colonialidad, se asignaron roles con base en la racialización; por ejemplo, el rol social de la prostitución fue otorgado a las mujeres negras, donde la representación sobre ellas se encaminó en lo sexual, la explotación y lo salvaje, estereotipos creados a partir de la colonización y que subsisten en la actualidad:

“Históricamente, la caracterización de las mujeres Europeas blancas como sexualmente pasivas y física y mentalmente frágiles las colocó en oposición a las mujeres colonizadas, no-blancas, quienes, en cambio, fueron caracterizadas a lo largo de una gama de perversión y agresión sexuales y también lo suficientemente fuertes como para acarrear cualquier tipo de trabajo”.

Lugones, 2008: 95-96
https://www.eldesconcierto.cl/2017/03/08/presente-feminista-las-mujeres-mapuche-del-debate-una-lucha-multiples-violencias/

Breny Mendoza propone reflexionar desde una interseccionalidad entre raza, género y clase, planteando que la matriz de dominación se configuró desde el racismo, el sexismo y el clasismo, afectando en diferentes formas a las mujeres de la región: “las mujeres no solo fueron racializadas, sino que al mismo tiempo fueron reinventadas como mujeres de acuerdo a códigos y principios discriminatorios de género occidentales” ( 2010: 23) donde el hombre colonizado también adoptó estos mecanismos de subordinación creados y expandidos por el hombre-blanco–heterosexual.

A lo largo de la historia, estos factores de subordinación y reinvención han generado la otrificación de la mujer negra e indígena y su representación como “algo”  exótico e inferior, sin conocimiento, construyendo estereotipos raciales y sociales sobre sus cuerpos y sus vidas, esencializarndo, naturalizando y fijando  la diferencia con el objetivo de legitimar la subalternización  que ha reducido  a la mujer afro e indígena  a rasgos esenciales, ligados, a lo natural, lo salvaje y lo inhumano y  reduciéndolas a roles y labores específicas. 

De ahí la urgencia de proponer  la construcción de  escenarios de reflexión que impliquen la comprensión de la realidad de estas mujeres  sus  diferencias sociales, históricas y culturales, las formas en cómo han resistido y re-existido a las violencias ejercidas históricamente sobre ellas.


[1] Categoría desarrollada por el sociólogo peruano Aníbal Quijano. La noción colonialidad del poder cuestiona la construcción eurocéntrica de la sociedad liberal europea como la norma universal y sus formas de conocimiento como las únicas válidas, introduciendo la importancia de la dimensión racial para la dominación y la construcción de subjetividades.


* Lic. En educación y Ciencias Sociales, Estudiante de Maestría en Sociología de la cultura y análisis cultural en Instituto de Altos Estudios Sociales (IDAES), UNSAM. Columnista del programa La Marea, (FM 90.5 Radio Futura), redactora de Revista Trinchera y colaboradora Agencia Timón.

Referencias

Lugones María, 2008.  “Colonialidad y Género”, en Revista Tabula Rasa. Núm. 9, Bogotá, Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca, p.73-101.

Mendoza Breny, 2010 “La epistemología del sur, la colonialidad de género y el feminismo latinoamericano”, en Yuderkys Espinosa Miñoso. Coord., Aproximaciones críticas  a las prácticas teórico –políticas del feminismo latinoamericano, vol. I, Buenos Aires, En la frontera, p. 19-36, 2010.

“No cambien el clima, cambien el sistema”

“No cambien el clima, cambien el sistema”

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por Nicolás Sampedro*

En la última semana se han visto movilizaciones en distintas partes del mundo. Movilizaciones donde se repudiaban las políticas del presidente brasileño, Jair Bolsonaro, respecto de la Amazonía.

Sucede que un porcentaje muy elevado de lo que es conocido como el “pulmón del mundo” se está incendiando hace más de 20 días y recién en esta última semana el mandatario brasileño parece haberse enterado.

A decir verdad, esta afirmación sería incorrecta, porque a principios de agosto, Bolsonaro despidió al director del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales, Ricardo Galvão, luego de que éste hiciera público un informe del instituto donde se pone de manifiesto el avance de la deforestación de la selva amazónica.

La actitud del mandatario no debería asombrarnos, dado que, al igual que su jefe del norte, no cree en el Cambio Climático; no cree que las consecuencias del sistema de producción y consumo del capitalismo estén generando la destrucción del platera, la extinción de especies animales y vegetales.

Si bien los incendios en la Amazonía no son nuevos ni propiedad del gobierno del Mesías, sólo en el mes de julio, se deforestaron 2.254 kilómetros cuadrados[1], casi la misma superficie de un país como Luxemburgo[2].

Quienes se relamen ante esta situación son las empresas del agronegocio y las mineras, deseosas de explotar los territorios de la selva amazónica para hacer cuantiosos negocios a costa del sufrimiento ajeno. Bolsonaro tiene la descabellada idea de legislar para que parte del Amazonas pueda ser explotado para este tipo de producción primaria.

De allí su desconocimiento de los derechos de las comunidades originarias y campesinas que habitan ese territorio. Más de “34 millones de personas, incluidas 385 comunidades indígenas[3] que permanentemente denuncian que están devastando sus territorios y que -literalmente- los están pasando por encima[4].

En varios países del mundo se han dado muestras de preocupación por lo que acontece en Sudamérica. No sólo con declaraciones oficiales como las de Alemania, Noruega, Francia, o la propia Organización de Naciones Unidas, sino fundamentalmente los pueblos, que mediante las redes sociales y con movilizaciones en las sedes diplomáticas de Brasil pusieron en la agenda mediática la tragedia que se está viviendo[5].

La pregunta que surge ante este hecho movilizador es: ¿Cuán hipócrita es el ser humano? Más allá de que seguramente gran parte de estas iniciativas tienen un alto grado de conciencia por las implicancias que tendría para el planeta ¿Cuántos y cuántas se cuestionan la causa principal del deterioro climático? ¿Qué acciones globales hay para cambiar las lógicas de producción y de consumo del sistema capitalista que en definitiva es lo que está poniendo en serio peligro la supervivencia del planeta?

Hace 27 años el estadista y líder revolucionario Fidel Castro Ruz ponía de manifiesto la problemática y enfatizaba en la necesidad de tomar medidas urgentes si queríamos salvar a la especie humana de la extinción.

Fidel señalaba que “si se quiere salvar a la humanidad de esa autodestrucción hay que distribuir mejor las riquezas y las tecnologías disponibles en el planeta. Menos lujo y menos despilfarro en unos pocos países para que haya menos pobreza y menos hambre en gran parte de la Tierra.

No más transferencias al Tercer Mundo de estilos de vida y hábitos de consumo que arruinan el medio ambiente. Hágase más racional la vida humana. Aplíquese un orden económico internacional justo. Utilícese toda la ciencia necesaria para el desarrollo sostenible sin contaminación. Páguese la deuda ecológica y no la deuda externa. Desaparezca el hambre y no el hombre”[6].

Los debates sobre la problemática ambiental han sido históricamente ninguneados incluso por sectores a los que se podría llamar compañeres. Salvo un puñado de organizaciones sociales, intelectuales y líderes políticos, los poderes fácticos del planeta han logrado, con la complicidad de los medios de comunicación, minimizar o desviar la discusión sobre este problema.

Si el ser humano sigue en su antropocentrismo y no hace lugar a los planteos de las comunidades originarias y campesinas, a los reiterados pedidos de mandatarios como Evo Morales para garantizar mundialmente los derechos de la Pachamama; si los acuerdo supranacionales como el de París, quedan sólo en la letra muerta de un papel, las consecuencias serán irreversibles y el sufrimiento no sólo será para la gran mayoría de la humanidad, sino para todas las especies que habitan este mundo.

En la XV Conferencia sobre el Cambio Climático de la ONU de 2009 en Copenhage (Dinamarca), otro de los grandes estadistas y revolucionarios que nos regaló este momento histórico, Hugo Chávez, comentaba algunas de las frases pintadas en las paredes o en pancartas que le habían llamado la atención mientras se dirigía a la sede donde se llevaría a cabo ese evento.

Si el clima fuera un banco ya lo habrían salvado“, replicaba el comandante con gran tino haciendo alusión a lo que sucedía en ese momento, luego de la crisis financiera de 2008, en el que grandes bancos fueron “rescatados” por gobierno como el de Barack Obama.

El capitalismo humano no existe. El capitalismo es la explotación del hombre (y el medio ambiente) por el hombre. Si no tiramos abajo este sistema patriarcal, racista, antropocéntrico e injusto la supervivencia de la especie humana estará condenada al fracaso. Las pintadas en calles de Copenhage citadas por Chávez, resurgen como el ave fénix y deberían convertirse en un grito a una sola voz: si quieren salvar a la humanidad, “No cambien el clima, cambien el sistema”.


* Periodista especializado en temas internacionales, conductor del programa Marcha de Gigantes (AM 1390 Radio UNLP), productor del programa Columna Vertebral (Radio Estación Sur - FM 91.7), columnista del programa La Marea (Radio Futura – FM 90.5) editor de Revista Trinchera y colaborador de Agencia Timón.

Bibliografía:
[1] https://www.telesurtv.net/news/brasil-alerta-deforestacion-bosque-amazonia-bolsonaro-20190807-0039.html
[2] https://es.wikipedia.org/wiki/Luxemburgo
[3] https://www.telesurtv.net/news/bolsonaro-brasil-amazonia-peligro-20190820-0003.html
[4] https://www.cronista.com/internacionales/La-deforestacion-del-Amazonas-llego-a-4000-km2-el-ultimo-mes-20190804-0026.html
[5] https://www.telesurtv.net/news/protestas-mundo-defensa-incendios-amazonia-20190823-0016.html
[6] https://www.youtube.com/watch?v=LXY8epxirRg

Consecuencias de la crisis: la precarización laboral disfrazada de economía colaborativa

Consecuencias de la crisis: la precarización laboral disfrazada de economía colaborativa

TIEMPO DE LECTURA: 6 min.

Por Jonatan “Chino” Pérez*

El mundo avanza y con él la tecnología, la cual viene acompañada de nuevas formas de comunicarnos, relacionarnos e incluso trabajar. En el siguiente artículo ahondaremos en esto último, con el objetivo de ver cómo estos avances de la tecnología traen a nuestro país nuevas reformas laborales bajo el concepto de “flexibilidad laboral” como algo bueno, cuando en realidad lisa y llanamente se llama precarización.

En estas nuevas formas de trabajo, el usuario funciona como repartidor. Son denominados usuarios ya que no son trabajadores contratados, sino que tienen un perfil en la aplicación.

Estas apps pueden ser de transporte como Uber, o de delivery como Rappi, Glovo, o PedidosYa!. Estas últimas trabajan con distintas cadenas de comida, supermercados, farmacias y demás, y las mismas asignan pedidos a sus usuarios para que éstos entreguen en un lugar y un período de tiempo determinado, que por lo general ronda entre 30 min y 1 hora, cobrando así por cada entrega realizada.

Si el usuario no cumple con ese periodo de tiempo puede ser “bloqueado” por la app.  Este bloqueo lo que hace es que este no pueda tomar pedidos por un cierto periodo de tiempo. Además, debe estar registrado como monotributista para poder utilizar la aplicación, y no sólo debe pagar para ello, sino que también debe alquilar el equipamiento a utilizar: como indispensables, una mochila para llevar los pedidos y un cargador portátil; como secundarios una campera y gorra con el nombre de la empresa. Esto marca que el vínculo entre el “usuario” y la empresa es “comercial” y no “laboral”.

Portal: La Tinta

Los sueldos de les trabajadores son resultado de la cantidad de pedidos entregados, a raíz de las comisiones que pagan las empresas, sumado a las propinas que puedan recibir. Mientras tanto los dueños de estas apps facturan millones por mes, en gran parte por publicidad.

Un claro ejemplo de esto es “Rappi”, empresa que gana menos de un dólar por comisión por entrega, que es lo que cobra el repartidor sin importar la distancia a la cual deba llevar dicho pedido. Si tenemos en cuenta que un repartidor llega a hacer dos pedidos por hora, trabajando 8 hs de lunes a sábado tendría salario mensual que apenas superaría los 15 mil pesos.

Para dimensionar las ganancias estrambóticas que tienen estas empresas de economías de plataforma, “Rappi” no sólo espera que su valor se incremente de los mil millones de dólares (que valía a fines del año pasado) a 6 mil millones para fines de 2019. En nuestro país, en 2018 facturó unos 30 millones de dólares y éste espera facturar alrededor de 150 millones en moneda norteamericana, quintuplicando sus ganancias.

Este ejemplo deja en claro que lo que estas empresas esconden detrás del término de “economía colaborativa”, es la precarización laboral. Bajo los términos y condiciones, a grandes rasgos se indica que el uso de este tipo de apps es de manera voluntaria y ofrecen que los usuarios se beneficien de su “economía colaborativa”dado que tienen la opción de aceptar o rechazar los pedidos.

Esto no sólo indica que hay una relación de dependencia encubierta entre las empresas y sus trabajadoras y trabajadores, sino que al mismo tiempo hay una vulneración de derechos muy grande: les trabajadores no tiene un salario fijo porque cobran por entregas realizadas, pagan por sus uniformes laborales, no tienen seguro ante accidentes y deben utilizar movilidad propia. No hay que olvidar que esta forma de explotación va acompañada de la insistente reforma laboral que el macrismo insiste en realizar desde hace mucho tiempo. Reforma que pretende allanar el camino para que este tipo de empresas consoliden esta forma de precarización de sus trabajadores.

Los casos de robos y accidentes de les trabajadores han sido claves para entender cómo se manejan estas empresas. Casos en los cuales han demostrado preocupación por los bienes materiales a entregar y una total indiferencia ante la situación de “les usuarixs”.

Por otro lado, el hecho de que las aplicaciones tengan acceso en tiempo real en todo momento a la ubicación de les trabajadores, los vuelve más vulnerables ante los casos de inseguridad. En el mismo sentido cabe señalar que siempre cuentan con dinero en efectivo, celulares y movilidad que por lo general es bicicleta o moto. Estos escenarios no sólo implicarían la pérdida de sus pertenencias, sino que además si les roban los elementos que alquilan deben reponerlos con dinero de su bolsillo, al igual que el dinero sustraído (en el lenguaje de la administración de un comercio, “la caja” con la que trabajan). Lo peor de esto es que en muchos casos están expuestxs a sufrir heridas de gravedad o (ante la falta de respaldo de las empresas), optan por la justicia por mano propia.

Estas situaciones han llevado a que les trabajadores se organicen y formen su propio sindicato: la Asociación de Personal de Plataformas (o APP). La misma fue registrada a fines del año 2018 en la Secretaría de Trabajo y tiene como principal objetivo acompañar a les trabajadores en sus reclamos y luchas contra la precarización y la explotación.

Revertir el hecho de que las tarifas o las comisiones sean decididas por las empresas, o que los impuestos los paguen les mismes trabajadores, son sólo algunas de las reivindicaciones que lleva adelante el sindicato. A principios del mes de agosto y ante los incumplimientos de resoluciones judiciales, las empresas Rappi, Glovo y PedidosYa! fueron suspendidas por el juzgado civil y comercial N° 4 de CABA. La medida tuvo un sabor agridulce ya que les úniques perjudicades fueron les trabajadores, de hecho desde el sindicato sostuvieron que la solución no era la prohibición, sino la regulación y que se garanticen condiciones laborales dignas.

No es la primera vez que el poder judicial debe intervenir ante estas economías de plataforma: en abril de este año las aplicaciones habían sido puestas en “stand by” por el gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires hasta que acreditaran haber dado cumplimiento a los requisitos comprendidos en el Código de Tránsito y Transporte Local. Entre otras cosas, lo que exigía el gobierno era que se regulen las siguientes normativas para les ciclistas y motociclistas:
– que todos circulen con casco;
– que todos posean seguro de vida y accidentes y libreta sanitaria;
– que la caja portaobjeto esté anclada a la moto o bicicleta y no en la espalda del conductor;
– y que los vehículos rodados cuenten con adecuada señalización mínima (luminosa y refractaria)

Esta decisión se basó en un relevamiento de la Policía de la Ciudad sobre 400 ciclistas, que dio cuenta de los siguientes resultados:
– casi el 80% circula con el portaobjetos como mochila;
– siete de cada diez no poseían seguro;
– y dos tercios de los repartidores no usaban casco.

Por su parte, el Ministerio de Salud porteño advirtió que hay casi une trabajador accidentado por día (25 por mes) que deben ser atendidos en los hospitales.

Lamentablemente la gran crisis que atraviesa nuestro país hace que se esté ante una gran disyuntiva: por un lado no utilizar este tipo de aplicaciones, a sabiendas de la precarización que viven les trabajadores; por el otro reconocer que este tipo de aplicaciones muchas veces es la única forma de conseguir un sustento de vida para muchos compañeres, amigues o conocides ante la falta de empleo. Cabe preguntarse entonces qué debemos hacer como ciudadanos: ¿Rechazar el uso de estas plataformas o utilizarlas sabiendo que es el único ingreso económico que tiene les usuarios para subsistir y sabiendo el costo que esto conlleva?

Está más que claro que las decisiones personales que tome cada consumidor y/o consumidora de estas plataformas no soluciona el problema de les trabajadores que encuentran un sustento de vida en esta forma de trabajo. Lo que sí puede marcar la diferencia será la solidaridad y acompañamiento del pueblo con estes trabajadores y sus sindicatos, y la presión que se pueda hacer para que el Estado garantice que estas empresas internacionales garanticen condiciones laborales dignas y todos los derechos que corresponderían.


* Estudiante de Periodismo Deportivo en la FPyCS de la UNLP. Columnista en "No Se Mancha" y "Columna Vertebral" (ambos en Radio Estación Sur - FM 91,7), redactor en Revista Trinchera y colaborador de Agencia Timón.
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