Hasan Rohani, presidente de Irán: “Rendirnos no es consistente con nuestra cultura y nuestra religión”

Portaviones USS Abraham Lincoln (CVN 72)

Por Luciano Montefinale *

Luego de la incursión –planificada y notificada hacía tiempo– del portaviones USS Abraham Lincoln en las aguas del Golfo Pérsico y –sobre todo– de las declaraciones “incendiarias” del asesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos, John Bolton, es posible agregar un nuevo hito en las agresiones de la administración Trump contra todo país no alineado/sometido. En este caso fue la República Islámica de Irán, que recibió “un mensaje claro” de que “EE.UU. no busca una guerra” pero “está completamente preparado para responder a cualquier ataque contra los intereses estadounidenses o de sus aliados”.

Ilan Goldenber, ex-funcionario del Departamento de Defensa de EE.UU, llama «incendiarias» (inflammatory) las declaraciones de Bolton

Con “cualquier ataque”, el comunicado de Bolton, hace referencia a la decisión del país persa de no continuar con algunas de las restricciones a su programa nuclear acordadas en el pacto internacional alcanzado en el 2015. Hace un año el gobierno estadounidense se retiró del acuerdo y, a partir de ahí, algunos de los países firmantes que quedaron no cumplieron lo pactado, dejando a Irán más vulnerable a las sanciones impuestas.

Esta situación motivó los anuncios de la semana pasada de Rohani con el que los norteamericanos, israelíes y saudíes –principalmente– no están de acuerdo y, a partir de los cuales, creen poseer el deber de policía mundial y aplican el manual del injerencismo de las últimas décadas: montajes de falsas banderas, bloqueo comercial, económico, operaciones de prensa internacionales, amenaza de intervención militar –cuando no intervención directa–, financiamiento de grupos desestabilizadores, el juicio de la autodenominada comunidad internacional, etc.


Escarbando a penas con la uña, asoman otros elementos por los cuales se hace imposible reducir estas agresiones a las actividades nucleares de Irán.


El papel de Teherán en el armado –junto a Siria, Irak, Rusia y la Resistencia Islámica de El Líbano– del Eje de la Resistencia con un claro posicionamiento anti-sionista y anti-imperialista, más el despliegue de la Guardia Revolucionaria Islámica (GRI) en territorios sirio –a pedido de Damasco– y la administración desligada de intereses norteamericanos de la cuarta reserva –por debajo de Venezuela, Arabia Saudí y Canadá– de petróleo en el mundo, permiten evidenciar que la escalada de las agresiones para parte de los Estados Unidos y sus aliados no son precisamente por salvaguardar a la humanidad de un irresponsable gobierno con despliegue nuclear.

En las últimas horas la tensión fue en aumento a raíz del sabotaje que sufrieron dos buques petroleros saudíes que se dirigían al puerto de Ras Tanura, para ser cargados con crudo y enviados a compradores en EE.UU., según indicó el Ministro de Energía del reino de la familia saúd, Khalid al-Falih. Si bien por parte de la monarquía no dieron mayores detalles y mantuvieron cierto hermetismo, desde la Casa Blanca apuntaron sus cañones hacia los persas, quienes no tardaron en advertir, mediante el vocero del Ministerio de Relaciones Exteriores, Abbas Mousavi, sobre “los complots de malhechores para perturbar la seguridad regional” y pedir “vigilancia de los estados regionales ante cualquier aventura de elementos extranjeros”.


Estos últimos sucesos produjeron un viraje en la gira que el Secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, tenía planeada en la Federación de Rusia, desviándolo el lunes a Bruselas, para debatir con miembros de la Unión Europea la situación en Irán, para luego sí seguir rumbo a Sochi, donde mantendrá una reunión con el presidente ruso, Vladímir Putin, y su canciller, Serguéi Lavrov, por la situación en Venezuela.


Es preciso recordar que Donald Trump, en la campaña de 2016 que lo depositó como presidente, tuvo un mensaje claro a favor de retirar sus tropas de Oriente Medio. Esto no sólo puede verse incumplido, sino, también, empeorado, ya que, las tensiones han aumentado desde que el magnate yanqui retiró a EE.UU del acuerdo conocido como el Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA), restauró las sanciones que han empujado a la economía de Irán a una crisis e incluyó a la GRI en su lista de organizaciones “terroristas”.

Por su parte, las autoridades iraníes salieron a contestar cada uno de los ataques, siendo el presidente Rohani quien afirmó que se enfrentan a “una guerra sin precedentes en la historia de la república islámica” y agregó, durante un encuentro para romper el ayuno durante el mes de Ramadán, que “no deberíamos aceptar la sumisión y deberíamos intentar encontrar una solución”. En tanto el jefe de la división aeroespacial de la GRI, Amirali Hajizadeh, señaló que la presencia militar estadounidense en la región no es una “amenaza”, sino una “oportunidad”, ya que, “si hacen un movimiento, les golpearemos en la cabeza”. En el mismo sentido, el comandante de la Guardia, Hossein Salami, aseveró que Washington ha iniciado una guerra psicológica y destacó la vulnerabilidad de los portaaviones estadounidenses, por lo cual, no cree que se arriesguen a tomar medidas militares.

A plena luz del día, como nos tiene acostumbrados, la administración de Trump avanza sobre la soberanía de los pueblos, ya sea en el Caribe u Oriente Medio, con calcados mecanismos y un denominador común: petróleo.

*Periodista. Productor general y columnista de la sección 'Asia' del programa Marcha de Gigantes (AM 1390 Radio Universidad Nacional de La Plata), editor de Revista Trinchera y colaborador de Agencia Timón. 

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