Castremos al imperialismo patriarcal

Por Ana Valenzuela* y Nicolás Sampedro**

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La semana pasada se recordó no sólo los seis años del paso a la inmortalidad del Comandante Eterno Hugo Chávez Frías, sino también el Día Internacional de las Mujer, el día de lucha donde millones de mujeres salimos a las calles en todo el mundo y gritamos fervorosamente, puños al aire y pies firmes… por la reivindicación de nuestros derechos.

Quizás, si observamos de manera aislada estos hechos parece no tener relación, pero dado que el 15 de noviembre de 2011, Chávez se reivindicaba como feminista y que sostenía que el proceso bolivariano, además de ser socialista debía ser feminista, ya que el sistema capitalista es históricamente de estructura machista.

En una primera aproximación quizás sería interesante mencionar los dichos de la antropóloga argentina, Rita Segato, quien sostiene que la opresión y la violencia hacia la mujer es comparable geopolíticamente con la prepotencia bélica, la invasión territorial y hasta las mismísimas guerras lanzadas desde las potencias coloniales occidentales (hoy EEUU, antes las naciones coloniales europeas) hacia los países de la periferias o hacia quienes se opongan a su plan de enriquecimiento y dominación.

Tal vez esto sirva para comprender la situación de violencia sistemática y multidireccional que vive la hermana República Bolivariana de Venezuela, desde la llegada de Hugo Chávez al gobierno allá por 1998.

Puede que ahora se pueda asociar el carácter autoritario, misógino y machista del presidente norteamericano Donald Trump, y la feroz embestida que realiza junto a Mike Pompeo, John Bolton y Elliott Abrams contra la revolución bolivariana, contra la heroica Cuba de Fidel, Camilo y el Che, y contra la Nicaragua Sandinista. La Troika del mal, según Bolton.

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Acaso esa analogía permita comprender por qué a los machirulos de la Casa Blanca, en Washington, les molesta tanto que el gobierno bolivariano se niegue a entregar su soberanía; que se resista a dejar de construir viviendas populares y que proyecte llegar a las 3 millones de casas entregadas en revolución; que pese a todas las dificultades, garantice la alimentación a más de 6 millones de familias a través de los  Comités Locales de Abastecimiento y Producción, o CLAP; que siga coordinando con Cuba en la formación gratuita de miles de médicos y médicas de todas partes del mundo, (no por nada la hija de una ex presidente de la Nación elige tratar su enfermedad allá); o que siga fomentando el desarrollo del Caribe a través de las políticas de Petrocaribe.

Quizás esta comparación nos sirva para asemejar la violencia que ejerce un machista sobre una mujer cuando le dice que no, a la que ejerce el imperio norteamericano contra el pueblo venezolano que está resuelto a ser libre y a no dejarse pisotear.

Quizás esto mismo, también sirva para comprender el accionar de gobiernos como el de Canadá, Colombia, Brasil, Chile, Paraguay, Ecuador o la propia Argentina. Dignos hijos sanos del patriarcado que (también parafraseando a Segato), cumplen con su mandato de masculinidad y callan, omiten, justifican, reproducen y obedecen, los designios del macho alfa.

La opresión y violencia patriarcal, colonialista y capitalista representada en los Estados Unidos de Trump, implementando desesperados esfuerzos por derrocar al gobierno de Nicolás Maduro y a la revolución bolivariana que con sus errores y aciertos, pretende garantizar una vida digna para la humanidad donde primen la equidad, la justicia social, la libertad…

Tal vez esa desesperación es como la del macho, que ve que día a día son más las personas que nos cuestionamos los mandatos patriarcales, cada vez más quienes repensamos sus prácticas y buscamos cambiarlas, sean extrapolable a quienes criticamos la opresión y el saqueo imperial, quienes rechazamos todo tipo de injerencia externa en los asuntos de una nación soberana, quienes rechazamos al capitalismo, al patriarcado y al colonialismo.

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Venezuela resiste a la embestida del machirulo promedio. Ese grandote que dos por tres mira para otro lado, que cree tener el control sobre todes les demás vecinos del vecindario. Ese grandote que cual paralelismo entre David y Goliat, hará más ruido al caer. Porque que se va a caer, se va a caer… y porque ¡La Revolución Bolivariana vivirá y vencerá!

*Periodista, conductora del programa La Marea (Radio Futura FM 90.5), redactora de Revista Trinchera y colaboradora de Agencia Timón

** Periodista especializado en temas internacionales, conductor del programa Marcha de Gigantes (AM 1390 Radio Universidad Nacional de La Plata), productor general del programa La Marea (FM 90.5 Radio Futura), redactor de Revista Trinchera y colaborador de Agencia Timón.

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