El racismo como pilar del sistema mundo Modernidad

El racismo como pilar del sistema mundo Modernidad

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“El colonialismo y el imperialismo no saldaron sus cuentas con nosotros cuando retiraron de nuestros territorios sus banderas y sus fuerzas policíacas. Durante siglos, los capitalistas se han comportado en el mundo subdesarrollado como verdaderos criminales de guerra. Las deportaciones, las matanzas, el trabajo forzado, la esclavitud han sido los principales medios utilizados por el capitalismo para aumentar sus reservas en oro y en diamantes, sus riquezas y para establecer su poder”.

Frantz Fanon

Podemos analizar que actualmente existe la necesidad de recuperar las utopías. Esos proyectos colectivos que nos hacen avanzar hacia la conquista de mejores condiciones de vida, en cumplir con sueños colectivos que nos hermanan y fortalecen como humanidad. Pues bueno, la lucha es parte de esos sueños.

En esta semana que concluye se convirtió en noticia el derrocamiento del presidente Mohamed Bazoum a manos de la -hasta entonces- Guardia Presidencial. El grupo rebelde anunció el pasado 26 de julio el derrocamiento del ahora ex mandatario y dos días después su jefe de seguridad, Omar Tchiani, se proclamó presidente de un “Consejo Nacional para la Salvaguardia de la Patria”.

Este hecho provocó que Occidente pusiera el grito en el cielo y acto seguido, la maquinaria de prensa, comenzara el operativo de deslegitimación. Han dicho de todo menos “lindos” a los rebeldes. Lo que pocos han puesto sobre la palestra fueron las grandes movilizaciones de apoyo a tal decisión.

“Una lucha que moviliza todas las capas del pueblo, que expresa las intenciones y las impaciencias del pueblo, que no teme apoyarse casi exclusivamente en ese pueblo, es necesariamente victoriosa”

Frantz Fanon

El problema es que Níger, al igual que otros países africanos han sido históricamente saqueados por las potencias occidentales, sobre todo EEUU y Francia. Según datos de la Organización Mundial del Comercio, Nigel es un gran exportador de oro, uranio, torio y sus derivados, y aceites de petróleo (excepto los aceites crudos). Minerales e hidrocarburos que en su mayoría terminan en manos del gobierno o grandes multinacionales francesas.

Pese a este permanente saqueo, la falta de infraestructura del país provoca que la exportación de minerales e hidrocarburos sea deficitaria frente a las importaciones que debe afrontar el país. Producto de ello, la economía nigerina está basada en la agricultura de subsistencia: más del 90% de los empleos se encuentran en el sector rural, el cual constituye el 40% de la riqueza nacional. Gracias a esta expoliación, Níger es uno de los países más empobrecidos del planeta tierra, ocupando el puesto 167 de 169 según la clasificación del PNUD.

Ejemplo similar del saqueo colonial francés se da en Mali, un país con más de 860 minas de oro que produce unas 50 toneladas de este metal preciado y que sin embargo tiene 0 (cero) reservas en sus arcas. Todo ese oro termina en las bóvedas de los bancos franceses, país que ocupa el cuarto lugar mundial en reservas con un total de 2.436 toneladas.

No soy prisionero de la Historia. No tengo que buscar en ella el sentido de mi destino. Tengo que recordarme en todo momento que el verdadero salto consiste en introducir la invención en la existencia

Frantz Fanon

Sin embargo entre las explicaciones de por qué se dio el levantamiento y por qué tiene el apoyo popular no han sido expuestas. La colega Carmen Parejo Rondón lo explica muy claramente en un artículo publicado recientemente. Las explicaciones más conservadoras hablan de la barbarie africana, las más ilustradas que Vladimir Putin y Xi Jimping están detrás del golpe, dando a entender que los nigerinos son simples marionetas.

Lo realmente preocupante es que poco y nadie se detuvo en pensar desde África. Han sido lamentablemente escasos los analistas que se pusieron en los zapatos de esa nigerinas y nigerinos cansados de exportar millones y millones de dólares en minerales estratégicos para vivir en las condiciones que hace cientos de años, sin luz, sin cloacas, sin cientos de esos “lujos” que viven aquellos ciudadanos de las metrópolis a donde termina su oro, su uranio, su torio.

Y eso no es otra cosa que la muestra cabal de aquello que observaron con claridad meridiana analistas e investigadores de la corriente decolonial como Enrique Dussel o Ramón Grosfogel. El racismo es uno de los pilares de este sistema mundo llamado modernidad. No es sólo el capitalismo, esa es la vertiente económica. Junto con estos el patriarcado y el dualismo cartesiano completan el cuarteto de ejes rectores.

“El mundo colonizado es un mundo cortado en dos. La línea divisoria, la frontera está indicada por los cuarteles y las delegaciones de policía”

Frantz Fanon

Está claro que en medio de la tormenta las nigerinas y nigerinos opten por aliarse con quienes hoy le disputan la hegemonía a sus históricos verdugos, pero creer que son simples marionetas del poder no es otra cosa que reproducir el racismo que atraviesa a cada ser de este mundo. No porque todes seamos conscientes de tal hecho, sino porque es parte del sistema en el que vivimos.

Y esta forma de valorar, de analizar o de prejuzgar no es exclusiva o excluyente de lo que pasa en Níger. Se puede observar en cada uno de los hechos en los cuales los pueblos enfrentamos al poder constituido, dominante. Porque en occidente los chinos, al igual que otras culturas orientales, son representados siempre en el lugar de mafiosos (mafia china/ninjas/ladrones), o desde su milenaria (pero estanca) cultura; porque los rusos siempre están puestos en el lugar de mafiosos, de terroristas o de rivales a vencer como en Rocky. Ni hablar el lugar que dejan a los árabes o a los latinos.

Como decía el gran revolucionario Frantz Fanon: “Lógicamente no es posible someter a la servidumbre a los hombres sin inferiorizarlos parte por parte. Y el racismo no es más que la explicación emocional, afectiva, algunas veces intelectual, de esta inferiorización”.

Quizás, tan solo quizás, para comprender lo que sucede en otras partes del mundo el primer paso sea reconocer que estamos atravesados por ese racismo y que para revertirlo hay que asumirlo e intentar no reproducirlo. Quizás así empecemos a ser más solidarios con los pueblos que luchan por su libertad, por sus sueños, por sus utopías; que luchan por romper las cadenas que los oprimen, pese a que sus esclavizadores y saqueadores les disguste.

Parafraseando a Fanon, se podría afirmar que “la independencia no es una palabra que deba exorcizarse, sino una condición indispensable para la existencia de hombres y mujeres realmente liberados, es decir, dueños de todos los medios materiales que hacen posible la transformación radical de la sociedad”.

Nicolás Sampedro

Prefiero escuchar antes que hablar. Ser esquemático y metódico en el trabajo me ha dado algún resultado. Intento encontrar y compartir ideas y conceptos que hagan pensar. Me irritan las injusticias, perder el tiempo y fallarle en algo a les demás.

Si no es construcción popular, nunca será

Si no es construcción popular, nunca será

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Los sectores populares encarnados en las organizaciones libres del pueblo vienen desde hace años generando distintos debates respecto de un proceso de liberación. En mayor o menor medida cada espacio lo hace. Es hora de que esas discusiones se conviertan en un verdadero proceso político popular más allá de los nombres.

El canto popular que ha coreado en miles de oportunidades (y que sigue coreando) sostiene que “si la tocan a Cristina, qué quilombo se va a armar”. Bueno, la intentaron asesinar y de milagro no salieron las balas; y la persiguieron política, mediática y judicialmente al punto de cuasi-proscribirla de facto y acá estamos, con caciques con pluma de gallina peleándose para ver quién le pone el cascabel al gato y se corona como “el candidato”.

Cabe recordar que la proscripción política y los golpes institucionales no son una novedad: Lo hicieron con Mel Zelaya en Honduras cuando comenzó a tocar intereses de empresarios y multinacionales; lo intentaron hacer con Evo y Correa con insurrecciones policiales; lo concretaron con Lugo y Dilma con golpes parlamentarios; y también lo hicieron con Lula, lo persiguieron jurídica y mediáticamente, lo encarcelaron y evitaron que diera continuidad al proceso político que llevaba adelante.

Recientemente hicieron lo propio para con el presidente peruano Pedro Castillo. Y pocos levantaron su voz para denunciar el golpe. Un Castillo arrinconado luego de cometer cientos de errores políticos, con un aparato estatal institucional adverso y sin haber cumplido gran parte de las promesas hechas en campaña. Pero el pueblo peruano se movilizó fuertemente reclamando que les devolvieran la democracia. El saldo fueron decenas de asesinados bajo la presidencia de facto de Dina Boluarte, y cientos de torturados y heridos producto de la represión y persecución política.

Ahora comienzan a hacerlo contra Gustavo Petro en nuestra querida, sufrida pero aguerrida Colombia. El referente del Pacto Histórico había presentado en febrero distintas iniciativas para reformar y mejorar el sistema sanitario, el previsional y el laboral. Ni lerda ni perezosa, la derecha rancia se opuso desde un primer momento, pese al llamado a debatir y consensuar esas medidas a todos los sectores. Claramente, lo que hoy acontece, es resultado de esa defensa de privilegios e intereses de los sectores concentrados de la economía, de los partidos tradicionales, de la oligarquía terrateniente colombiana, y de sectores enquistados sobre todo en el poder judicial, siempre en complicidad con el narco y los medios concentrados de comunicación.

Pero a diferencia de otros mandatarios, Petro llamó a las cosas por su nombre, denunció el golpe de Estado en curso y convocó a la movilización y participación popular para frenarlo. En lugar de retrancar y subsumirse ante las jugadas del poder, redobló la apuesta, cambió en varias oportunidades el gabinete y recostó sobre su pueblo. Lógicamente decenas de mandatarios, ex mandatarios y referentes de distintas partes del mundo se pronunciaron solidariamente con Petro y Francia Márquez.

Es preciso señalar que esta avanzada golpista también se da en tiempos donde se retomaron los diálogos de paz entre el Estado y el Ejército de Liberación Nacional, una de las guerrillas más grandes existente en Colombia (por no decir la más grande) luego de la desmovilización de las FARC-EP.

A estas alturas debería estar más que claro que las derechas -en sus distintas vertientes- no sólo están envalentonadas y operando las 24 HS del día para hacernos la vida imposible, sino que ahora hasta lo reconocen públicamente. Lo peor del caso es que ante la falta de respuestas concretas de las fuerzas progresistas, de izquierda o como se las quiera llamar, ese tipo de discursos tiene penetración sobre los sectores populares de nuestro pueblo cansados de promesas vacías de cambio y/o mejora.

El fenómeno del crecimiento de las derechas no es ni exclusivo ni excluyente de la Argentina. Es un fenómeno que se está dando en Nuestra América, en Europa y en otras partes del mundo, en mayor o menor medida. Por lo tanto surge la siguiente pregunta ¿Por qué crece la derecha mundial? Y aunque seguramente existirán cientos de posibles respuestas, la más concreta y certera seguramente sea porque los gobierno populares, los progresismos o las izquierdas no están resolviendo los problemas concretos de sus pueblos o porque la forma de resolverlo no fue por crecimiento, sino por engorde (a buen entendedor pocas palabras).

Los errores del pasado se pagan caros en el presente. Es una afirmación que encierra cientos de discusiones no resueltas y en permanente tensión. ¿Se fomentó la formación política de nuestro pueblo? ¿Se hizo pedagogía de la liberación? ¿Se llamó a las cosas por su nombre? ¿Se denunció oportunamente los intentos desestabilizadores de la derecha? ¿Se defendió a procesos hermanos en el momento que había que defenderlos? Cada quien indague, investigue, analice y saque sus conclusiones.

Lo importante a construir no es un nombre que gane una elección sino un proyecto que enamore a nuestros pueblos, que ofrezca un futuro posible y vivible. Estamos en un momento histórico de cambio civilizatorio de paradigmas y ante este escenario, la izquierda, el progresismo, o el campo nacional y popular, parece haberse quedado sin un proyecto que enamore más allá de la figura de su líder. Con las disputas internas de poder, con la lucha por el “carguito”, o con discursos vacíos de propuestas y de contenidos, nos están llevando a un escenario muy complejo y que de continuar así, será de gran sufrimiento para nuestro pueblo.

Sin una construcción fraterna, solidaria, empática y verdaderamente colectiva y popular, no hay salida posible a la encerrona que nos plantea el momento histórico.

Nicolás Sampedro

Prefiero escuchar antes que hablar. Ser esquemático y metódico en el trabajo me ha dado algún resultado. Intento encontrar y compartir ideas y conceptos que hagan pensar. Me irritan las injusticias, perder el tiempo y fallarle en algo a les demás.

La Segunda Independencia será popular o no será

La Segunda Independencia será popular o no será

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El devenir histórico argentino nos ha traído hasta aquí bajo la misma disyuntiva: Patria o Saqueo. Los sectores populares que a principios de 1800 daban la vida en el proceso independentista, hoy siguen pujando por su reconocimiento y la posibilidad de participar de las decisiones del país.

Hace poco más de dos siglos se plasmaba por escrito la voluntad de nuestro pueblo de convertirnos en una república independiente y soberana que dejara de depender de los designios coloniales de la corona española. Aquel 9 de julio no sería ni el principio ni el final del proceso de lucha que tuvo como protagonistas a indios, zambos, mulatos, mestizos y criollos, sería sólo una declaración formal de independencia. Ni más, ni menos.

¿Rompimos nuestras cadenas coloniales? ¿Realmente nos independizamos o seguimos siendo dependientes hasta la actualidad? El dicho popular dice que “cada maestrito con su librito” y no es un detalle menor. Algunes creen (o quieren creer) que ese momento fue traumático y que seguramente les revolucionaries de aquel entonces debían sentir angustia por independizarse de España. Otres sostendrán que los lazos de dependencia nunca se rompieron, sino que sólo fueron cambiando de manos, por eso el clamor o la consigna de avanzar hacia una segunda independencia.

Lo que queda claro es que posteriormente a aquel martes de 1816, siguió una lucha intestina entre dos proyectos de país: el de la oligarquía criolla, que pretendía librarse de España para poder seguir haciendo cuantiosos negocios (ahora con Gran Bretaña), pero ser ellos quienes obtengan el total de la rentabilidad; y el de la liberación de nuestro pueblo, de todo nuestro pueblo y no sólo de una partecita.

Esa disputa de proyectos de país no quedó solamente allí y en las luchas intestinas que se dieron durante los años posteriores a la independencia; sigue presente hoy y atravesó la totalidad de nuestra historia, desde las luchas entre unitarios y federales, hasta la actualidad, pasando por la década infame, los golpes a Irigoyen, Perón, o la última dictadura cívico-eclesiástico-militar.

Esos proyectos, a pesar de significar disputas internas, siempre estuvieron influenciadas por el contexto internacional, por los polos de poder globales de cada época y por los procesos culturales a los cuales fuimos sometidos. Serían los británicos en un primer momento y los yanquis después, pero eurocéntricos siempre.

La dependencia continuó y continúa. Hoy son las multinacionales, los complejos financieros, los bancos, los organismos multilaterales de crédito y un sinfín de etcéteras. Y nuestra realidad no es muy diferente a la de todos los países periféricos que dependen de los grandes centros de poder global. De allí la necesidad histórica de supervivencia que significa para Nuestra América lograr consolidar un proceso de unidad para plantarnos ante otros poderes. En soledad nadie se salva. La salida fue, es y seguirá siendo colectiva.

Claramente este debate sigue presente en la vida política nacional entre aquelles que entienden al país como una empresa, como un negocio donde todo es evaluado según su rentabilidad económica o financiera; y quienes creemos que es otra cosa, que nuestro territorio, nuestras costumbres, nuestros bienes estratégicos fueron, son y deben ser para mejorar las condiciones de vida del conjunto de nuestro pueblo, respetando la gran diversidad que nos atraviesa.

Ahora bien… Dentro del proyecto nacional y popular históricamente se dieron discusiones y debates acalorados de por dónde había que avanzar, de qué maneras y bajo qué premisas. El debate de ideas siempre es bienvenido, en tanto y en cuanto ayude a construir caminos posibles en ese gran proyecto de liberar definitivamente nuestra patria de los lazos de dependencia que aún campan a sus anchas. Lo que no se puede permitir es que producto de esas miradas disímiles nos dividamos y nuestro pueblo nos dé la espalda. Y en esto que cada quien se ponga el sayo que le quepa.

Dicho esto, recordar que Irigoyen puso sobre la mesa la ampliación de derechos para los sectores profesionales, que los derechos para les trabajadores los puso Perón, y que Néstor y Cristina encabezaron el proceso para sacar al país de la ultratumba en la que nos habían dejado las políticas neoliberales. Pero la derecha aprendió, se calificó y tecnificó y durante los cuatro años de macrismo nos dejó a un paso del abismo nuevamente.

Y lo que en todos los casos logró que saliéramos adelante, sin importar los nombres propios, fueron las luchas de nuestro pueblo. Porque sin la militancia nada de todo esto habría pasado. Sin la lucha de millones de hombres, mujeres y diversidades ninguna transformación habría sido posible.

La pregunta sería entonces: ¿Si la Argentina actual es un país con casi un 40% de pobres cuál sería el sujeto o la sujeta política a empoderar? ¿Qué sector representaría esa salida por arriba con cambios de fondo que evidentemente se vuelven más que urgentes para poder revertir de una vez y para siempre la injusticia que reina sobre nuestra patria?

Les dejamos a ustedes la respuesta. Lo que sí recordamos es lo que le escribía el Libertador José de San Martín a Juan Manuel de Rosas en julio de 1839: “Lo que no puedo concebir es que haya americanos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar su patria y reducirla a una condición peor que la que sufríamos en tiempo de dominación española; una tal felonía ni el sepulcro puede hacer desaparecer”.

Nicolás Sampedro
Nicolás Sampedro

Prefiero escuchar antes que hablar. Ser esquemático y metódico en el trabajo me ha dado algún resultado. Intento encontrar y compartir ideas y conceptos que hagan pensar. Me irritan las injusticias, perder el tiempo y fallarle en algo a les demás.

La Revolución de Granada

La Revolución de Granada

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Veinte años luego de la Revolución Cubana, diez años antes de que la Unidad Popular lograra el triunfo electoral en Chile y casi un mes antes del triunfo sandinista en Nicaragua, el Caribe oriental tuvo también un proceso revolucionario que obtuvo su dramático protagonismo en tiempos de la guerra fría. El 13 de marzo de 1979 en la pequeña isla de Granada una revolución popular de tendencias nacionalistas radicales llegó al poder bajo el liderazgo de Maurice Bishop para tratar de dejar atrás la herencia del colonialismo británico y la tiranía del excéntrico tirano local Eric Gairy.

Pequeño país insular del Caribe y con un poco más de 100 000 habitantes, fue primero colonia francesa (1650-1783) y finalmente los británicos se apoderaron de Granada para convertirla en una “Colonia de la Corona” en 1877. Más del 80 % de la población granadina es descendiente de los esclavos africanos traídos por los colonizadores europeos para trabajar en los cultivos de las ricas especias como la nuez moscada. Los británicos accedieron otorgarle la independencia a Granada el 7 de febrero de 1974 bajo auspicio de la Commonwealth y confiaron el poder a Eric Gairy, maestro de escuela y uno de los referentes del supuestamente progresista Partido Laborista Unido de Granada.

Gairy era el hombre de Londres indicado para detener el avance de las fuerzas políticas independentistas más radicales dentro del seno de su partido. En 1958 logró entrar en la escena política local de Granada como “ministro principal de la colonia” y en 1967 cosechó un triunfo electoral para convertirse en Primer Ministro. Patrocinado por los británicos y luego avalado por Washington, Gairy se convertiría en un buen anticomunista y en el garante de las clases adineradas de Granada que hacían jugosos negocios con Occidente. Pero Gairy también se convertiría en un odioso tirano y con fama de “loco”. Mientras emprendía una represión terrible contra las fuerzas opositoras, Gairy quería convencer a las Naciones Unidas de que se considere de interés mundial el estudio de los OVNIS.

La resistencia al régimen de Gairy se hizo fuerte cuando las fuerzas políticas progresistas y radicales se unieron en 1973. El Movimiento para las Asambleas del Pueblo, bajo liderazgo de Maurice Bishop, y la fuerza política denominada “Jewel” (en castellano, Joya, y cuyas siglas vienen de Joint Endeavour for Welfare, Education and Liberation, que significan Voluntad Unida para el Bienestar, la Educación y la Liberación), del dirigente Unison Whiteman, se unieron en la coalición que bautizaron como el Movimiento de la Nueva Joya. Este nuevo movimiento pronto unificó a fuerzas políticas más radicales como los comunistas locales al mando de Bernard Coard. También el movimiento obrero granadino se sumó a esa coalición y llevó adelante duras batallas contras el gobierno de Gairy.

Finalmente Gairy y su dictadura neocolonial cayeron el 13 de marzo de 1979. Sin derramamiento de sangre, y aprovechando que Gairy se encontraba fuera del país, el Movimiento de la Nueva Joya tomó el poder en Saints George, la capital de Granada, y Bishop se convertiría en Primer Ministro de la isla. Comenzaba la revolución granadina, pero también la preocupación de Washington por la instalación de un nuevo régimen que no dudaba en acercarse a Cuba. En esos tiempos gobernaba el demócrata James Carter en la Casa Blanca, quien había apoyado siempre a Gairy contras los “terroristas marxistas” de la Nueva Joya.

La Revolución de Granada del 13 de marzo de 1979, un pequeño país insular del Caribe Oriental, causó gran impacto internacional en plena Guerra Fría. Fue destruida por una invasión yanqui en 1983 para evitar que se “sovietizara”.

La revolución estaba dispuesta a desmantelar el obsoleto estado neocolonial y a tener más soberanía ante Estados Unidos y Gran Bretaña (aún Granada pertenecía a la Commonwealth). Se abolieron la antigua Constitución y órganos comprometidos con el anterior régimen y se crearon la Asamblea Popular de Consulta, con amplia representación y participación de todas las capas sociales de la nación, salvo quienes venían apoyando a Gairy y en general la burguesía local ligada a Londres y Washington. Se declaró un “Estado obrero campesino” y pronto el nuevo poder se acercó a Cuba, al Movimiento de los Países No Alineados y a la Unión Soviética y el bloque comunista de Europa del Este. Por otra parte, en un esfuerzo por diversificar la economía, dependiente de la exportación de la nuez moscada, Bishop y sus consejeros trataron de fortalecer la infraestructura del país –mediante el mejoramiento de las carreteras y las técnicas de cultivo- y también explorar nuevos métodos de mercado y embalaje. Se cuadriplicaron las inversiones del sector público y hacia 1982 creció el empleo y la producción se elevó un 5,5 %.

Washington acusaba al gobierno de Bishop de militarizar el país con la fundación delas milicias obreras, que, con ayuda cubana, se estaban formando para evitar el regreso de Gairy y su gente. En 1981 llega a la Casa Blanca el republicano Ronald Reagan con un programa fuertemente anticomunista y no dudó en hacerle la “guerra sucia” a la revolución granadina (como así también a los revolucionarios sandinistas de Nicaragua). La disputa provino por la construcción de un aeropuerto internacional para promover el turismo con el aporte de obreros cubanos, lo que motivó la protesta de Washington. La administración Reagan pronto acusó al gobierno revolucionario granadino de construir un aeropuerto para que lo utilizaran los soviéticos, lo que representaba una seria amenaza militar para Estados Unidos en el Caribe. Washington intentó disuadir a sus aliados de Europa Occidental para sancionar a Granada, pero la acusación no se hizo eco y la construcción del aeropuerto empezó a realizarse con inversión británica. Se contrató para la construcción de las instalaciones a la empresa británica Plessey Airports. A su vez comenzaron a llegar instructores militares cubanos y soviéticos y gran cantidad de armas que convirtieron a Granada en el ejército más fuerte del Caribe oriental.

 La alianza de Granada con Cuba generó una visceral oposición de Washington y consiguientes sanciones económicas. Para evitar un aislamiento internacional el grupo de Bishop decidió establecer un acuerdo con Estados Unidos.  De hecho el líder de la revolución mantuvo una entrevista personal con Reagan, que generó malestar entre los comunistas dirigidos por Bernard y Phyllis Coard, quienes acusaban de traición a Bishop. Apoyado por la Unión Soviética, Bernard Coard, viceprimer ministro de Granada, y su facción arrebataron el poder a Bishop el 19 de octubre de 1983. Sobrevino el caos y las fuerzas de Coard posteriormente encarcelan a Bishop quien es liberado por la gente. Días posteriores Bishop y varios de sus colaboradores y seguidores son fusilados en extrañas circunstancias en un patio interior de Fort Rupert.

Se formó entonces un Consejo Militar para gobernar el país, y con el objetivo de reducir la violencia se decretó un toque de queda de cuatro días, durante el cual, si alguien era visto por las calles, sería inmediatamente ejecutado. El Gobernador General de Granada, Paul Scoon, fue sometido a arresto domiciliario.

Toda esta situación de divisiones internas entre los revolucionarios granadinos fue aprovechada por Estados Unidos para intervenir militarmente sobre la isla. La Organización de Estados del Caribe Oriental (OECS) pidió ayuda a Estados Unidos, Barbados y Jamaica para derrocar al régimen de Coard. El Pentágono veía al nuevo dirigente granadino como un prosoviético de línea dura y la inestabilidad política general en un país cerca de sus propias fronteras como una seria amenaza. También la presencia de estudiantes de medicina estadounidense en la Universidad de Saint George de Granada, y el cuidado de su integridad física, fueron las razones para la acción militar. Finalmente esta se produjo el 25 de octubre de 1983. Se desplegó una fuerza de 300 hombres integrada por Antigua y Barbuda, Barbados, Dominica, Jamaica, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, mientras que Estados Unidos envió 7355 hombres. Hacia principios de diciembre de 1983 la revolución granadina fue derrotada por la invasión estadounidense denominada “Operación Furia Urgente”.

La Revolución Sandinista de julio de 1979 apoyó a Granada revolucionaria y Daniel Ortega fue un gran amigo del líder caribeño Bishop.

Estados Unidos ejerció su poder  de policía en Granada hasta junio de 1985. En diciembre de 1984 se permitió llevar a cabo elecciones y la victoria recayó ese año en un elemento moderado, conocido como el Partido Nacional. Luego de la invasión estadounidense el país ingresaría en una transición lenta pero penosa hacia la economía de mercado durante la segunda mitad del decenio de 1980 y a principios del decenio de 1990. Los ingresos de exportación descendieron a causa de las plagas en las cosechas y la caída en los precios mundiales de la nuez moscada. El desempleo aumentaría un 40 %, y el número de personas por debajo de la línea de la pobreza incluso se duplicó. Granada empezaba a vivir bajo el limbo neoliberal.

En la actualidad Granada trata de acercarse a proyectos integradores y simétricos como PETROCARIBE y el ALBA, aunque falta mucho para trabajar en ese sentido. Aún las fuerzas políticas pro estadounidenses y pro británicas en Granada siguen moldeando el modelo neoliberal en la isla. Lo cierto es que allí, en la isla del viento del Caribe oriental, hubo una revolución social de dimensiones populares que impactaron en la región. Quizá no sea tan “famosa” como la Revolución Cubana, el proceso chileno o la Revolución Sandinista de Nicaragua, pero si fue una revolución nacional, popular y antiimperialista que retó al capitalismo en tiempos tensos de guerra fría. Lamentablemente su final se produjo a través de una cobarde invasión norteamericana  en nombre de la “paz”, la “democracia” y la “libertad”.

Ningún esfuerzo será estéril en esta lucha

Ningún esfuerzo será estéril en esta lucha

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En muchas ocasiones se han analizado los movimientos de fichas en el tablero mundial. En infinidad de oportunidades se han escuchado relatos de uno y otro lado, justificando o denigrando lo acontecido. Lo concreto es que siempre quienes terminan padeciendo las consecuencias de la guerra son los pueblos donde ocurre.

Sobre el 11S

De más está analizar la ya voluptuosa cantidad de obras periodísticas, investigaciones y ensayos respecto de los acontecimientos de aquel 11 de septiembre de 2001. Un manto de sospecha nace con cada irregularidad o falta de veracidad en los relatos oficiales que explicaron aquella jornada.

¿Se sabía de antemano que podía pasar y no hicieron nada adrede? Si no sabían, ¿cómo una superpotencia militar como Estados Unidos no podía derribar esos aviones supuestamente secuestrados antes de que impactaran? ¿Cómo en menos de 24 horas ya sabían quiénes habían sido los perpetradores? ¿Cómo se explica la forma en la que se derrumbaron las dos torres del World Trade Center de New York? Y la lista continúa.

Sobre la “Guerra contra el Terrorismo”

Desde aquella jornada hasta la actualidad, lo único que sucedió es que EE. UU. y las potencias occidentales rejuntadas en la OTAN han hecho desastres. Primero en Afganistán, después en Irak y luego en Libia, Siria, Yemen, etc, etc, etc.

Una intervención que cambiaría el paradigma: ahora el enemigo no era algo tangible, alguien a quien se le conocía el rostro. Circunstancialmente podía tener un nombre u otro, una fisonomía u otra, pero cuando ese “terrorista” era abatido, aparecía otro que lo reemplazaba. Algunos señalamos desde aquel entonces que la guerra del imperio norteamericano y las potencias occidentales se había convertido en una guerra a perpetuidad contra los pueblos del mundo. Ya no importaba quién era o de dónde venía, si se oponía a los planes trazados por el imperio, era suficiente para ser automáticamente caracterizado por la prensa hegemónica como “terrorista”.

Según un informe del proyecto Cost of War de la Universidad de Brown, la “Guerra global contra el terrorismo” costó más de 8 billones de dólares (trillones según los norteamericanos). La espeluznante cifra que lleva un 8 y 18 ceros detrás (casi 18 veces el PBI anual argentino medido en dólares). Como si fuera poco, costó la vida de más de 900 mil personas, muchas de ellas civiles.

Las cifras son espeluznantes, pero más atroz es el cinismo y el negocio de la elite norteamericana y occidental que hizo cuantiosos negocios con estas guerras. Todo ese dinero fue a parar a las arcas de grandes corporaciones del Complejo Industria Militar (CIM) como lo señaló recientemente el sociólogo puertorriqueño Ramón Grosfoguel: “Más del 50% del presupuesto federal de los EEUU va al departamento de Defensa que luego subcontrata a estas compañías. EEUU es una economía de guerra. ¿Cómo haces para tener ganancias en el Complejo Industrial Americano? Si no hay guerra, te la inventas”.

Según el sociólogo y docente en la Universidad de Berkeley, estas corporaciones encontraron en el fisco norteamericano (y de la OTAN) “la gallina de los huevos de oro”. El estado imperial tiene una deuda de cerca de 30 trillones de dólares y una gran porción de ello es producto de su política de guerra a perpetuidad.

La retirada de Afganistán

Lo anterior da cuenta de que lo que está de fondo es perpetrar las guerras, porque lo importante para el CIM norteamericano y su lobby dentro del gobierno americano es seguir generando rentabilidad para sus empresas. Ahora quizás no con el ejército estadounidense en territorio afgano o iraquí, pero sí vendiéndoles armamento a unos y otros grupos. El negocio continúa.

Más allá de que algunes analistas lo hayan planteado como una derrota política del imperio norteamericano y de sus lacayos europeos, ¿realmente perdieron o se retiraron para que el trabajo sucio lo hagan otros mientras siguen sumando dólares a sus abultadas arcas? Tampoco puede desconocerse el dolor de cabeza que podrían significar los Talibanes para potencias emergentes como China e Irán (países fronterizos a Afganistán), o Rusia, país que militarmente resurgió como actor a escala global. De hecho, así lo afirmó el propio presidente norteamericano Joe Biden.

Aquí toman mayor relevancia los análisis del director del portal RedVoltaire, Thierry Meyssan, quien asegura que lo que está sucediendo es parte central de la estrategia trazada por Rumsfeld-Cebrowski según la cual EEUU no debe enfrentarse a potencias como Rusia y China, sino que por el contrario debe convertirlas en “clientes”. “‎Hay que ayudarlas a explotar los recursos de Afganistán, Irak, Libia, Siria y de muchos países más… ‎pero sólo bajo la protección del ejército de Estados Unidos”. Para el analista, el objetivo de Washington es “dominar al mundo desde las sombras y obtener el máximo de capitales”.

La repartija de Medio Oriente

Siguiendo con la línea argumental de Meyssan, las potencias globales se están distribuyendo Medio Oriente en una especie de pacto de Yalta II, donde Francia empieza a jugar un papel nuevamente de ocupante ilegal e ilegítimo en el Líbano, Irak pasa a convertirse en la figurita mediadora en la región (entre Arabia Saudí e Irán), y los EEUU y Rusia reparten fichas.

El problema es que mientras tanto las guerras continúan, el saqueo de esos países sigue intacto (o cambia de manos o de formas), y el sufrimiento y padecimiento de esos pueblos se sigue perpetrando. Hasta que el deseo de libertad de esos pueblos se termine imponiendo.

Cómo repercute el escenario descripto en Nuestra América

Se ha advertido en varias oportunidades que EEUU, para seguir siendo una potencia a nivel global, necesita del control de Nuestra América. Sin el control de lo que consideran su “patio trasero” le sería prácticamente imposible. Y precisamente la retirada de Medio Oriente puede significar una señal de que vuelven a enfocar sus cañones (pero potenciados) sobre nuestro continente.

Como dirían les chilenes, “arto” problema tendrán, porque en Nuestra América no solo los pueblos están demostrando niveles de cansancio espeluznantes sobre las políticas neoliberales, sino porque China y Rusia (fundamentalmente la primera) también comienzan pisar fuerte en estas tierras.

El objetivo sigue siendo el mismo en todos los casos: llevarse los bienes estratégicos de nuestros pueblos al menor costo posible para tener mayores niveles de rentabilidad en sus empresas y poder sostener los niveles de consumo y producción del norte global. Sea en África, en Medio Oriente, en Asia o en Nuestra América el objetivo es el saqueo y la rapiña.

La unidad continental es la única esperanza

Es por ello que el momento histórico que vivimos es crucial. La propuesta de Andrés Manuel López Obrador de sustituir a la OEA con la CELAC o algún otro órgano institucional regional no es ni más ni menos que soltarle la mano a un imperio que históricamente miró por encima del hombro al resto del continente, que saqueó a más no poder a cada país, que fomentó intervenciones militares y que presiona permanentemente mediante distintos mecanismos (como podrían ser las deudas externas).

Lo advirtió el ex vicepresidente boliviano Álvaro García Linera en un reciente artículo publicado: “Vivimos la articulación imprevista de cuatro crisis que se retroalimentan mutuamente: una crisis médica, una crisis económica, una crisis ambiental, y una crisis política. Una coyuntura de enorme perplejidad y angustia”.

Existen enormes desafíos para los pueblos y las fuerzas progresistas y/o revolucionarias del continente: hay que democratizar la política y la economía, luchar contra la explotación, desracializar y descolonizar las relaciones sociales y los vínculos entre los pueblos, despatriarcalizar nuestras sociedades, comprender que somos interdependientes del ambiente donde vivimos, y comprender que solo en unidad y con una mirada internacionalista, solidaria y colectiva podremos salir adelante.

Como diría ese gran compañero llamado John William Cooke: “Cuando culmine el proceso revolucionario argentino (podríamos agregarle “nuestroamericano”), se iluminará el aporte de cada episodio y ningún esfuerzo será en vano, ningún sacrificio estéril, y el éxito final redimirá todas las frustraciones”.

Nicolás Sampedro
Nicolás Sampedro

Prefiero escuchar antes que hablar. Ser esquemático y metódico en el trabajo me ha dado algún resultado. Intento encontrar y compartir ideas y conceptos que hagan pensar. Me irritan las injusticias, perder el tiempo y fallarle en algo a les demás.

Renace el ser

Renace el ser

TIEMPO DE LECTURA: 4 min.

La cronología huele rancia cuando la existencia es el túnel sin final ya conocido… los ganadores son los mismos, los perdedores también.

En el siglo XX la dictadura silencia, la democracia miente y la ciencia es arma cardinal del genocidio.

La razón permuta el alma a la lógica calculatoria y la estadística celebra el recuento: los muertos del poder se cuentan de a millones.

El orden mundial está delimitado por el derecho de unos pocos, dueños de todo. El norte traza los límites del mapa y señala: la barbarie de este lado, la civilización del otro.

América latina, es el patio trasero de la memoria cultural que recurre a un olvido histórico.

En esta región, el progreso es inverso, las maquinas tienen más derechos que las gentes, las ideas se importan, y la población negra e indígena, no alcanzan el estatus de ciudadanía, víctimas del costo humano y ecológico de la modernización que nunca llega.

La era industrial marca la época: la libertad consiste en el derecho de las empresas a expropiar tierras y hacer de la naturaleza un eterno basural. Sea por guerras o trabajo, el sistema disciplina los cuerpos que luego la industria escupe como bolsa de huesos.

El contexto es casi el de siempre, casi.

A pesar del pesimismo temporal, la época, en exceptuadas ocasiones logra ser conmovida, escapando a la propiedad privada de aquellos que la escriben falseándola.

En estos casos dicen que una vez relatada la épica, la lucha del guerrero metamorfosea, implosiona, y sigue combatiendo, desde la poesía.

La crónica nos sitúa en abril de 1965 cuando irrumpe en la escena el desaparecido público.

Fidel lee las palabras imposibles, puño y letra de su camarada, que ahora son de Cuba y del mundo.

La CIA se empeña en buscar por agua, tierra, y aire lo que ya no existe y difama las mentiras que tanto le gustan a la opinión pública.

Si por años los cubanos fueron invisibilizados ¿por qué no camuflarse en la alegoría de ser como ellxs?

Pareciera ser que desaparecer para luchar es posible en la Cuba comunista.

Sin embargo, luchar y desaparecer forma parte del plan Cóndor perpetrado por la dictadura Argentina.

El recuerdo triunfal de la Habana quedó atrás cuando el Congo belga es el reflejo de nuestra América pero multiplicado quien sabe cuántas veces.

El circo del hambre y las promesas del colonialismo voraz, fueron motivo suficiente para deponer el sillón de ministro y mezclarse en la selva abrazandoa las culturas que occidente negaba.

Y así partió, evolucionando el pensamiento, ensanchando la razón, subvirtiendo su cultura, despegándose de sí.

El final del comienzo lo aproximaban a las últimas de sus hazañas:

Con lentes, sombrero, y una prótesis bucal Ramón Benítez retorna a Cuba. Soledad y coraje en iguales proporciones para enmascarar el rostro en Praga, para sembrar luego, la semilla, última y eterna, en Bolivia.

¿Cómo encarar la formación del ser culturalmente nuevo despojado aunque consciente de tanta carga histórica?

¿Cómo nombrar al dolor, ganar y escoger el bando de los vencidos, ser siempre otrxs?

¿Dónde cabe el ser utópico en un mundo distópico?

Dios es católico, imperialista y el mito dice que solo atiende en el Vaticano.

Guevara es argentino y cubano, memoria insurgente, idioma pujante escogido por los pueblos sometidos y de pie del mundo.

¿En qué dimensiones del infinito cabe el ser que fue, que todavía es?

¿Cómo no admitir versos, metáforas, retórica cuando la historia es sacudida y condensada alrededor de un animal político?

¿Qué rostro le cabe a la nostalgia de una mirada histórica?

Una mañana de Córdoba Ernestito fue Guevara, una mañana de Cuba Ernesto fue el Che.

¿En este largo viaje es posible desmitificar la multiplicidad del ser? ¿Cuántos seres al día somos?

En el presente de la desigualdad ¿Cuánto cuestan los ojos latinxs que se roba la represión? ¿Cuánto cotiza respirar la calle viva? ¿Cuántas vidas vale la república?

¿Desaparece el desaparecido?

La juventud, revolución del nuevo siglo sentencia:

Trastocar la historia puede ser posible, abrazar a Colombia y sentir al Che, también.

Ser el Che, la pausa en el tiempo.

Juan Francisco Blascone
Juan Francisco Blascone

Soy un momento, las palabras que leo y las que escribo, me aferro a la creencia de que las ideas puedan hacerse carne en la cuestión social. Pienso que la realidad es un circo, desconfío del sentido común y mantengo una relación compleja con el ser y el tiempo. Creo en las utopías, por eso demando la conjunción del arte, la lucha, y la ciencia. Admiro la osadía de Estela, y la sensibilidad del Che.

Asirnos a Martí: motivación permanente y necesidad revolucionaria

Asirnos a Martí: motivación permanente y necesidad revolucionaria

TIEMPO DE LECTURA: 10 min.

Hemos arribado al aniversario 126 de la siembra eterna de José Martí. Era el 19 de mayo de 1895 cuando el Apóstol de la independencia cubana salió a la carga para, desde la manigua redentora, enfrentar al enemigo colonialista. Hacía parte de su deber su presencia en la gesta, en los campos de batalla. El propio Martí lo había expresado: “Yo evoqué la guerra: mi responsabilidad comienza con ella, en vez de acabar. Para mí la patria, no será nunca triunfo, sino agonía y deber[1]. Alude así a su responsabilidad con los derroteros de la guerra necesaria que él había organizado; y era cuestión de honor su “deposición absoluta y continúa” a los designios de la patria. Así lo deja consignado Martí:

Yo alzaré el mundo. Pero mi único deseo sería pegarme allí, al último tronco, al último peleador: morir, callado. Para mí, ya es hora[2]. Su altura ética trasciende, se eleva sobre lo común de la naturaleza humana. No precisaba de reconocimientos ni nombramientos, no padecía de egoísmo personal, no pensaba en sí, porque quien lo hacía, según el propio Martí, no amaba a su patria. Y ese es el hombre que cae heroicamente en combate aquel 19 de mayo, con tanto por hacer, porque como Bolívar tenía y sigue teniendo mucho que hacer todavía.

Y aunque desapareciera, su pensamiento no lo haría; Martí tenía un deber. No solo alcanzar la independencia de Cuba, que ya expresaba su necesidad incluso para acelerar el equilibrio del mundo desde un pensamiento revolucionario y antillanista: “Pero aún puedo servir a este único corazón de nuestras repúblicas. Las Antillas libres salvarán la independencia de nuestra América, y el honor ya dudoso y lastimado de la América inglesa, y acaso acelerarán y fijarán el equilibrio del mundo[3]. Con qué claridad le dice Martí a su amigo Federico Henríquez y Carvajal estas ideas. Pero si vamos a las honduras del pensamiento martiano nos damos cuenta que su pupila cae sobre la otra América, la que no es nuestra.

Martí y Fidel, un solo legado revolucionario.

Su visión de los Estados Unidos es de una profundidad que impresiona. Supo desentrañar las pretensiones imperiales para con nuestros pueblos. La advertencia martiana adquiere hoy una vigencia notoria por cuanto el peligro que representaban en tiempos de Martí los apetitos estadunidenses se mantiene, incluso, con más fuerza. Es una amenaza la política agresora del Norte revuelto y brutal que nos desdeña. El pensamiento emancipador de Martí es de un carácter resueltamente antimperialista; de ahí su continúa alerta a los pueblos de nuestra América. En el año del aniversario 130 del medular ensayo martiano Nuestra América, creo conveniente revisitarlo por su actualidad y universalidad. Comparto algunas ideas que ya había expresado en un texto anterior[4]:

Nuestra América clama hoy por ese viejo y necesario anhelo de los padres de la independencia, de los próceres y pensadores de la libertad, líderes de la revolución nuestroamericana: la segunda independencia. Es un ideal vivo, base del pensamiento crítico que forma o nutre el marco teórico de la lucha revolucionaria, integracionista, de liberación de los pueblos. La primera independencia quedó inconclusa y aspectos de vital importancia como la integración, la justicia e igualdad social e identidad común (desde la salvación de la memoria que impide olvidar la historia); introducen los fundamentos de la actual lucha.

Ello, con la asunción del poder político, en auge progresista de gobiernos de izquierda, esperanzadora y continuadora del ideal bolivariano y martiano; se complementa con la urgencia de alcanzar una liberación cultural frente a las venenosas garras del imperialismo. He ahí el fundamento, la primera independencia buscaba liberarnos del dominio colonial español; la segunda, en cambio aboga por vencer un colonialismo diferente, caracterizado por las grandes empresas transnacionales, el monopolio que sigue sentado como un gigante implacable, el sistema financiero internacional, el neoliberalismo y la globalización neoliberal.

La radicalidad del pensamiento martiano y su carácter revolucionario van de la mano, se conectan necesariamente en la trágica historia de las naciones latinoamericanas y con un método auténtico nos devela el misterio de aquellas, lo explica, lo corporifica adaptándolo a su tiempo y nos brinda las herramientas para entenderlo nosotros. El ensayo Nuestra América, que ha cumplido 130 años de su publicación, contiene ideas que son medulares para la lucha que llevamos a cabo por la unidad latinoamericana, nos da pautas esenciales para un programa rector de la batalla política, ideológica y cultural de América Latina y el Caribe.

  • Despertar de la América como estrategia para acometer la batalla por su verdadera independencia ante el peligro que representaban los Estados Unidos. Esta idea es cardinal pues desde el comienzo de Nuestra América, Martí alerta, indirectamente, del peligro expansionista que acuñaba –“…y le pueden poner la bota encima”– el imperio del Norte a la aldea americana.
  • Urgencia de la unidad continental (de nuestra América) ante el peligro advertido. Los pueblos que no se conocen, apunta Martí, deben apurarse en hacerlo como si fueran juntos a salir al camino redentor; he ahí la esencia de la unidad latinoamericana.
  • Orgullo de ser hijos de la Patria Americana, de ser hermanos del indio, del negro y el campesino, de ser consecuentes con lo que se espera de nosotros, de ser hombres en su más alta expresión.
  • Una mirada hacia dentro de nuestra América representa la sentencia martiana de cómo debe ser el gobernante americano; aquello que no le está permitido obviar en su ejercicio de gobierno para hacer buena política. Lección que enuncia rudimentos de la política básicos, parte esencial de la cultura de hacer política. Es requisito sine qua non conocer los elementos propios del país donde se ejercerá gobierno, sus elementos originarios, los que lo distinguen, sus particularidades y especificidades.
  • Defensa de la autoctonía y la universalidad en nuestra América. José Martí deja sentada su postura contraria a la asumida por Domingo Faustino Sarmiento, (contraposición entre barbarie y civilización). ¿A qué llamaban barbarie?, a la vida de los nativos americanos, a los caracteres que distinguían al indio del colonizador, a la cultura, identidad y costumbres del llamado por Martí hombre natural. Para el Apóstol la batalla no era entonces entre la civilización y la barbarie sino entre la falsa erudición y la naturaleza.
  • Inefectividad política de construir pueblos nuevos bajo los esquemas estructurales de sistemas pasados. Este es uno de los prolegómenos más alarmantes de la América de 1890, y más cerca en el tiempo, de la actual. No se puede pretender que un cambio de gobierno triunfe sobre la base de la mantención de los viejos esquemas de orden económico, político y social imperantes, si estos han sido seriamente cuestionados y puestos en tela de juicio ante la imposibilidad de resolver las problemáticas que aquejan a los nuevos pueblos levantados. Es preciso barrer con los rezagos del pasado, los que ya no tienen nada que aportar, los que, en vez de propiciar herramientas para el cambio y la transformación, enmohecen u obstaculizan las políticas revolucionadoras de la sociedad.

Un sistema opuesto a los intereses y hábitos de los opresores hacía falta en América; ésta se iba salvando de todos sus peligros que a lo interno la hicieron errar; ciertamente el problema de la independencia no se hallaba en el cambio de forma; esta era clara (república versus colonia) sino en el cambio de espíritu. Seguía la colonia en el intríngulis de la república. Nos enuncia Martí cuan necesario era la asunción de una estrategia cultural de descolonización, que rompiera las ataduras dominadoras de antaño y oxigenara la nueva política. Había pues que contar, en los tiempos reales que se vivía, con el hombre real que le nacía a la América.

Caída en combate de Martí

Un mensaje directo a la juventud, al nuevo negro, indio o campesino: era imprescindible el pase generacional –con que agudeza política– describe el Maestro el cambio en nuestra América; y sólo con la creación podía lograrse, había que crear, no quedaba otra alternativa si realmente queríamos salvar la América. Retrato hermoso de los jóvenes en su más ferviente creación, en un profundo activismo que se traduce en el despertar de la vida, en la llegada de la cálida primavera luego del frío y gris invierno: “Las levitas son todavía de Francia, pero el pensamiento empieza a ser de América. Los jóvenes de América se ponen la camisa al codo, hunden las manos en la masa, y la levantan con la levadura de su sudor. Entienden que se imita demasiado, y que la salvación está en crear. Crear, es la palabra de pase de esta generación. El vino, de plátano; y si sale agrio, ¡es nuestro vino!”[5].

Concentrando las ideas-desafíos de la unidad latinoamericana, grosso modo, en plenario de profundización las sintetizamos en:

  • El párpado abierto de América Latina ante las amenazas y agresiones del imperialismo norteamericano, siendo el peligro externo y mayor de nuestras repúblicas, la pretensión de incorporarnos a su sistema de dominación económica, política y cultural; o apuntalarnos dentro de éste.
  • Urge para América Latina seguir fortaleciendo su unidad ante el peligro que representan los Estados Unidos de Norteamérica; siendo consecuentes con el principio rector que preconiza la unidad en la diversidad que naturalmente tienen nuestros pueblos.
  • Los hijos de nuestra América tienen que sentir orgullo de haber nacido de sus entrañas; presupuesto para así defenderla, cuidarla y trabajar por su bienestar, progreso y sostenibilidad.
  • Ha de preservarse la autoctonía y la universalidad en nuestra América; garante de la defensa de la identidad de las naciones que la integran y su valía universal.
  • Logro de una estrategia cultural coherente que sirva de freno a los intereses y hábitos del sistema económico, político y cultural que detenta el capitalismo, insostenible para dar respuesta a los problemas globales de la humanidad.
  • Asunción de una estrategia política que permita el desarrollo de nuestros pueblos desde creaciones propias de cambio social y la ruptura de los esquemas estructurales de sistemas pasados.
  • El conocimiento del país como presupuesto para gobernarlo; de acuerdo a los elementos o factores naturales de éste; injertando el mundo en nuestras repúblicas, pero salvando que el tronco será siempre el de nuestras repúblicas.

José Martí nos muestra, ahí está el programa de Nuestra América, las premisas o claves de esta batalla por la unidad y la necesaria integración: el valor de la historia, de nuestra historia de más de doscientos años de lucha por la verdadera independencia; la defensa de la identidad nacional de nuestros pueblos, el respeto a la diversidad de las naciones latinoamericanas (“unir para vencer” como presupuesto frente al “divide y vencerás”); la batalla de pensamiento para defender y preservar nuestra cultura, su salvación frente a los intentos cada vez más intencionados de apropiación por parte de quienes utilizan el frente cultural como medio de opresión y dominación; así como el carácter antimperialista de nuestra proyección latinoamericanista.

Es el pensamiento martiano una fortaleza emancipatoria que nos da la fórmula para vencer muchos de los males que hoy continúan atacando a las naciones de nuestra América; que nos arma en el enfrentamiento a los vicios que sobreviven en los pueblos comprendidos desde el río Bravo hasta la Patagonia; que señala un camino ético a la altura de su talla moral, de su ideología liberadora y su profunda vocación de justicia. Es un reto, en aras de la anhelada segunda independencia, elaborar una estrategia, no sólo económica y política, sino también cultural que constituya por sí misma un reservorio de eticidad, de virtud y espiritualidad; inclusiva en todas sus formas, desprovista de discriminaciones y atentados a la dignidad plena del ser humano.

Recordemos que los que hacen política para el bien de todos deben, como premisa fundamental, conocer cómo hacer política. Y hacer política, sobre todo en este tiempo histórico, requiere de una cultura que sea capaz de ir a las esencias, de hurgar en los problemas reales de los grupos humanos a quienes irán dirigidas esas políticas, de ser portadores del conocimiento de los elementos naturales de las naciones, de la constitución propia de cada uno de nuestros países. Requiere de una sensibilidad –esta eleva a su más alta expresión la cultura– que incluya rasgos esenciales como la radicalidad y la armonía; que rompa las ataduras impuestas por la llamada cultura occidental y vaya a la fuente de la cual emana toda la obra humana que nos ha antecedido. Como alentara Martí, continúa siendo ésta “…la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes”.[6]

A 126 años de su caída en combate he ahí la vigencia martiana. Las luchas de hoy nos convidan a sostener con más fuerza las doctrinas del Maestro. Asirnos a él deviene motivación permanente y necesidad revolucionaria. Es Martí un revolucionario integral, un pensador cuya propuesta ética constituye referente en la lucha. Ascendamos a su altura, seamos martianos hoy y siempre, asumamos su elección: la estrella que ilumina y mata.


[1]José Martí: Carta a Federico Henríquez y Carvajal, Montecristi, 25 de marzo de 1895, Obras Completas, Tomo 4, p.111.

[2] Ibídem

[3] Ibídem

[4] A 130 años del ensayo Nuestra América: camino hacia la segunda independencia. Publicado en el Portal José Martí del Centro de Estudios Martianos.

[5]Nuestra América, El Partido Liberal, México, 30 de enero de 1891, en Obras Completas, Tomo 6, p. 20.

[6] Nuestra América, El Partido Liberal, México, 30 de enero de 1891, en Obras Completas, Tomo 6, p.15.

<strong>Yusuam Palacios Ortega</strong>
Yusuam Palacios Ortega

Licenciado en Derecho, presidente del Movimiento Juvenil Martiano de Cuba. Revolucionario, antiimperialista, Martiano, Fidelista y Comunista, en defensa de la Patria Cubana.

Mayo francés

Mayo francés

TIEMPO DE LECTURA: 9 min.

Desde 1959 gobernaba el presidente Charles de Gaulle, héroe de la resistencia francesa antifascista y una de las figuras más prominentes del llamado “europeísmo” de tiempos de Guerra Fría. Se presentaba como un refundador de la nación francesa y coqueteó con sendos discursos antiyanquis en contra de la OTAN, los inicios de la guerra de Vietnam y a favor de la independencia de Europa Occidental en el mundo bipolar. Si bien estaba algo a favor del proceso de descolonización de África, apoyó la guerra contra los patriotas argelinos y no le gustaba nada aquello del surgimiento de movimientos guerrilleros de liberación nacional en algunos países subsaharianos, ya que su idea era patrocinar a líderes moderados y bien “afrancesados”. De Gaulle se vanagloriaba que su Francia estaba viva y que era un ejemplo de autodeterminación en Occidente. Pero no era tan así…

Marx siempre presente en las luchas y en este caso entre la juventud del Mayo Francés de 1968

Francia era uno de los países con una de las fuerzas estudiantiles universitarias más importantes y contaba con el influyente Partido Comunista Francés (PCF). Además, su clase obrera, distribuida en diversos gremios de lucha, no era para nada inquieta y no le alcanzaba con el “estado de bienestar” al estilo francés. Las patronales seguían abusando de sus obreros, en las universidades el autoritarismo de las derechas estaba presente y había unas capas medias empobrecidas que no se fiaban del orgullo nacional galo que proclamaba Charles de Gaulle. Los círculos intelectuales estaban siempre activos y veían con muy buenos ojos los acontecimientos del mundo de Guerra Fría, sobre todo aquellos que provenían de la República Popular China, de la Revolución Cubana de 1959, de las ideas anticolonialistas de un Frantz Fanon, del movimiento antibélico estadounidense y de una “nueva izquierda” que se salía de los parámetros del PCF y los sindicatos tradicionales.

Ahora bien, la utopía juvenil de cambiarlo todo protagonizó el chispazo que le movió el piso al régimen orgulloso gaullista. La generación de la segunda posguerra se expresó al calor de una era de tumultuosos hechos. La crisis de mayo de 1968 en Francia surge al término de una década de prosperidad económica sin precedentes. Sin embargo, había un grave deterioro de la situación económica de hace unos años. El número de desempleados aumentaba de forma notoria, y al empezar 1968 ya eran 500.000. La juventud se veía particularmente afectada, y las circunstancias habían llevado el gobierno a crear en 1967 la ANPE (Agencia Nacional para el Empleo). La crisis industrial amenazaba ya a muchos sectores, y la larga huelga de los mineros de 1963 había sido muestra del profundo malestar de la minería francesa ante un declive imparable. En 1968, dos millones de trabajadores cobraban el SMIG (Salario Mínimo Interprofesional Mínimo Garantizado) y se sentían excluidos de la prosperidad del “estado de bienestar”. Los sueldos reales empezaban a bajar y crecía la preocupación por las condiciones de trabajo. En las afueras de las grandes urbes, unas extensas barriadas irregulares, los bidonvilles, se habían extendido desde mediados de la década de 1950. El más poblado, el de Nanterre, alcanzaba los 14.000 habitantes en 1965 y se encontraba justo enfrente de la universidad donde iban a surgir los primeros movimientos estudiantiles rebeldes.​

El Mayo Francés buscó también derrumbar al capitalismo.

El año 1968 se inició con la “ofensiva del Têt” de febrero en Vietnam que se unió con un ascenso estudiantil (la primera ocupación de un campus comenzó ese año con tres negros fusilados por la policía) y juvenil contra la guerra de Indochina y al movimiento contra el racismo en Estados Unidos; el movimiento estudiantil en México que terminará con una gran represión, la “masacre de Tlatelolco”; el ascenso obrero italiano; y las influencias de los discursos de Mao Tse Tung y el legado antiimperialista de un Che Guevara que había sido asesinado en Bolivia el 9 de octubre de 1967. Pero las fuerzas izquierdistas francesas venían luchando contra la guerra colonial y sanguinaria sobre el pueblo de Argelia y también organizaban comité de solidaridad con los pueblos de Vietnam, Laos y Camboya. Se solidarizaban con las luchas de los afroestadounidenses y leían los discursos de Fidel y el Che, el Libro Rojo de Mao y revisitaban a Lenin, Trotsky, Gramsci, Sartre, Levis Strauss y Maurice Godelier.

La sociedad de consumo francesa empezó a ser cuestionada. Cada vez más influida por los medios masivos de comunicación (mass media), esta “sociedad plástica” no era viable para la juventud. Es además en los años del decenio de 1960 cuando los jóvenes se convierten en una categoría socio-cultural logrando su reconocimiento como un actor social que establece procesos de adscripción y diferenciación entre sus opciones y las de los adultos. Estos procesos se desarrollan a través de las “subculturas juveniles” nacidas a partir de finales de los años del decenio de 1950, dentro de “movimientos contraculturales” como la cultura underground y los movimientos beatnik y hippie. Esta juventud tenía sus propios ídolos musicales como los Beatles, Rolling Stones, cantautores como Bob Dylan y Léo Ferré, entre otros. Muchos de estos movimientos cuestionaron y criticaron el estilo de vida plástico ofrecido por el mercado de consumo y la organización capitalista de la posguerra en Occidente. Y aparecieron en Francia de 1968 las consignas poético-revolucionarias como “Seamos realistas, pidamos lo imposible”, “prohibido prohibir”, “Nosotros somos el poder”, “¡Haz el amor y no la guerra!”, “La imaginación al poder”, que se continúan leyendo en las remeras de los adolescentes, en las paredes, en periódicos de izquierda, en postales callejeras.

En busca de la Universidad Popular en el Mayo Francés.

El 3 de mayo de 1968 estudiantes de la periférica Universidad de Nanterre, ubicada a 11 kilómetros de París y en el corazón de un barrio obrero, se movilizaron hacia la Universidad de La Sorbona, la más prestigiosa de Francia. Meses antes, en Nanterre y en respuesta al arresto de manifestantes que se oponían a la guerra de Vietnam, un grupo de estudiantes tomó la torre central de la Universidad y presentó un petitorio que incluía tanto reformas educativas como transformaciones políticas. Nacía de esta manera el “Movimiento 22 de marzo”. El rector decidió cerrar el establecimiento y sancionar mediante juicio disciplinario a “los revoltosos”. Ante los hechos, los jóvenes trasladaron la protesta a La Sorbona y de la Sorbona a las calles parisinas. Guy Debord, Cohn-Bendit, Viénet, René Driesel, Raoul Vaneigem o Mustapha Khayati fueron algunos de los referentes que arengaban: “La humanidad será feliz cuando el último burócrata sea colgado con las tripas del último capitalista”.

Para el 6 de mayo las calles de París eran un campo de lucha. Más de 400 estudiantes se encontraban acuartelados dentro de La Sorbona y otro tanto alrededor de la Universidad resistiendo la entrada de la policía a la institución. El presidente Charles de Gaulle declaró el estado de sitio y las riñas con las fuerzas de seguridad se tornaron minuto a minutos más violentas. La noche del 10 de mayo ocurrió uno de los episodios más recordados, la noche de las barricadas en el Barrio Latino. Las fuerzas especiales de la Compañía Republicana de Seguridad reprimieron en forma violenta y los estudiantes respondieron con adoquines, que se convirtieron en un ícono de aquellas revuetas. Las centrales obreras y sindicales se habían mantenido al margen hasta el 13 de mayo cuando convocaron a una huelga general. Representantes del PCF y del Partido Socialista (PSF) salieron a las calles. Pararon los trenes, las fábricas, los aeropuertos, las industrias. Hasta ese momento, no había precedentes de huelgas tan masivas. ¡Nueve millones de obreros en huelga!

Represión policial en el Mayo Francés.

Aquella gran movilización estudiantil se extendió durante los meses de mayo y junio. Luego de casi un mes de protestas y huelgas, el 27 de mayo las centrales obreras firmaron los “Acuerdos de Grenelle”, donde acordaron un aumento salarial del 35%, la reducción de la jornada de trabajo, y más días de vacaciones, entre otras conquistas. La Sorbona se mantuvo ocupada hasta el 16 de junio de 1968. Durante esas semanas millones de personas se movilizaron dejando un saldo de siete muertos y centenares de heridos. De a poco, y paradójicamente, la consigna “vuelta a la normalidad” sería casi un hecho. Charles De Gaulle llamó a elecciones anticipadas para el 30 de junio de 1968. Su partido, la Unión por la Defensa de la República (UDR), salió victorioso y George Pompidou, quién había sido su primer ministro durante la revuelta, asumió la conducción.

En fin, el Mayo Francés tuvo su fama porque puso en jaque a uno de los países más influyentes del escenario occidental. Pero tuvo sus repercusiones. Se sumó a la lista de esa era de la Guerra Fría donde la juventud se unió a la lucha obrera en varias ciudades del mundo. Mientras las guerrillas en África, Indochina y América Latina luchaban, los jóvenes urbanos fueron la chispa en Occidente para denunciar al capitalismo. La clase obrera no quedó al margen y acompañó a esa movida estudiantil. Desde París a Berlín Occidental, pasando por Roma y Viena, hasta Buenos Aires, Córdoba, Tokio y Estambul, las luchas estudiantiles y obreras hicieron de las suyas en esos años de fines del decenio de 1960. Las diversas reivindicaciones que abarcaban desde mayores libertades sexuales, educación igualitaria, movimientos antibélicos, feministas, ecologistas, se planteaban ante todo conquistas en el ámbito social y cultural, aunque partían de la certeza de que “todo es político”.

Toda una pueblada en el Mayo Francés.

El principio de de 1968 es, en realidad y ante todo, una revuelta por la vida cotidiana, la música, la relación entre hombres y mujeres, la vida, la sexualidad, la liberación. Luego, le siguieron otros reclamos que proclamaban por una mayor libertad sexual, incluso pocos años más tarde, en enero de 1975, Francia promulgó la ley de despenalización del aborto. La llegada de un feminismo renovado ( y no tan “sovietizado” como decían) fue con fuerza. Las nuevas relaciones hombre-mujer, la anticoncepción, el reconocimiento de la interrupción voluntaria del embarazo como último medio de escoger libremente cuántos hijos quiere tener una mujer y cuándo los quiere tener fueron banderas muy significativas. Algunos hablan de que en Occidente, a raíz del Mayo Francés de 1968, llegó una “nueva izquierda”, alejada del catalogado “dogmatismo” de la URSS y de los viejos partidos comunista y socialista de los tiempos de 1917-1945, que no atraían a las juventudes del decenio de 1960.

Pero la utopía fue lo que impactó en las luchas del Mayo Francés. El romanticismo juvenil contestatario, las barricadas obrero-estudiantiles, las marchas masivas muy coloridas y nuevas formas de insurgencias urbanas que aún perduran en las batallas de hoy. No se logró derrumbar al orden burgués, pero los ecos del Mayo Francés aún resuenan. Su legado está, aunque el posmodernismo lo haya contaminado de más burguesía superficial. Sólo queda seguir levantando las banderas rebeldes, antiburguesas y revolucionarias de muchos que en aquel 1968 no dudaron en declararle a la guerra clasista al capitalismo.

La lucha continúa en esta hora crucial

La lucha continúa en esta hora crucial

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“Hoy mi deber era cantarle a la Patria, alzar la bandera, sumarme a la plaza”

Silvio Rodríguez

Se desarrolló recientemente, cuando conmemoramos 60 años de la proclamación del carácter socialista de la Revolución y la victoria del pueblo en las arenas de Playa Girón frente al imperialismo; un histórico Congreso del Partido Comunista de Cuba, el de la continuidad; definitorio y desafiante, con una mirada crítica que ha puesto la pupila en cuestiones medulares para mantener viva la Revolución y continuar el camino socialista. Es esta una hora crucial, ante amenazas y pretensiones indignas de quienes apuestan por el derrocamiento de nuestro proceso revolucionario; el 8vo. Congreso del Partido Comunista de Cuba reafirmó la convicción de luchar hasta el final, de no cejar, de no claudicar. Se precisa de un ejercicio constante del criterio, de un necesario pensamiento crítico que nos lleve a las esencias.

He ahí la importancia de nuestras organizaciones políticas. Precisamos de una mayor cultura de hacer política, concepto expuesto con claridad meridiana por Armando Hart Dávalos. Y cuando leemos el Informe Central del Congreso, después de haberlo escuchado en voz del General de Ejército Raúl Castro, estamos ante un documento de un altura política, ética y programática extraordinaria. Ahí están las pautas, los retos que tenemos, lo que debemos ser los militantes, el presente y futuro de la nación. Salvaguardar la memoria histórica es vital, defender la cultura e identidad es clave, continuar sembrando ideas y conciencia una necesidad.

Cuba Socialista se mantiene firme con la unidad patriótica que representa el Partido Comunista.

La lucha es por la vida, por mantener a buen resguardo la libertad y soberanía alcanzadas el 1 de enero de 1959, por defender el ideal patriótico que nos ha acompañado históricamente, por continuar transformando el país desde la auténtica creación y con la premisa de que Cuba es y será siempre socialista y antimperialista. Estamos en la hora de los hornos, y como nos dice Martí, en ella no se ha de ver más que la luz. Es un hervidero el momento histórico que vivimos, son tiempos de acostarnos con las armas de almohada y no con el pañuelo a la cabeza. Hay cosas muy sagradas que defender y en esa defensa hermosa ha estado siempre la militancia revolucionaria.

Nuestro presidente Miguel Díaz-Canel nos ha convidado a pensar como país; y es hoy deber generacional, hacer este ejercicio reflexivo, de pensamiento, desde la más profunda cultura de hacer política, con sentido de humanidad, con la sensibilidad como premisa esencial; que es servir a los demás, que es hacer una construcción colectiva de la sociedad a la que continuamos aspirando, que es salvaguardar la unidad para seguir recuperando y salvando el tejido espiritual de la nación. Mucho tenemos que decir y explicar, precisamos de un vital diálogo de generaciones que nos ayude a seguir construyendo el consenso social, que nos asegure la unidad como pivote esencial de la continuidad histórica de la Revolución.

Es así como llegamos al 1 de mayo, con muchas motivaciones y desafíos, conscientes de la necesidad de fortalecer nuestra economía, de seguir produciendo en el país para sustituir importaciones, de implementar con eficacia los lineamientos de la política económica y social, la estrategia de desarrollo del país; todo ello como pilares del perfeccionamiento del sosocialismo cubano, que aspiramos que sea cada vez más próspero y sostenible. Y todo eso en medio de la Covid 19, pandemia terrible, y del genocida bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por el imperio mañoso y cruel estadounidense a Cuba.

Esta realidad de creciente hostilidad imperialista convida a los trabajadores cubanos, que no desfilaremos como tradicionalmente hacemos cada 1 de mayo en las principales plazas de la Revolución, a salir al camino a luchar por Cuba, a salvaguardar la unidad del pueblo, a hacer valer la continuidad revolucionaria. Bajo el lema #UnidosHacemosCuba; obreros, campesinos, estudiantes, el pueblo íntegro, en el escenario virtual, desde las redes sociales digitales y muchos desde la actividad productiva con la camisa al codo; estaremos refrendado las razones que definen esta lucha, las motivaciones que nos mueven, los principios que nos sostienen.

Raúl Castro anuncia que deja ser Secretario General del Comité Central del Partido Comunista de Cuba 🇨🇺. En su lugar, irá Miguel Díaz-Canel, actual presidente de la isla.

Este día internacional de los trabajadores será entrañable porque Cuba vibra de emoción al saberse y reafirmarse libre y soberana, socialista y antimperialista; porque se escuchará nuevamente la definición de Revolución que nos legara el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, porque cada trabajador ha dado todo de sí por Cuba, especialmente el sector de la salud, cuyos hombres y mujeres han sido verdaderos héroes y ángeles de batas blancas; y el sector de la ciencia que muestra hoy con honor y dignidad cinco candidatos vacunales para enfrentar la Covid 19. Hemos librado esta batalla bajo el asedio hostil y mediático del imperialismo, quien de manera despiadada intenta socavar las bases más genuinas de nuestro proceso revolucionario, pretensión que no logrará jamás porque somos un país, una nación, un pueblo de Patria o Muerte.

Vivimos un momento definitorio. Tomar partido viviendo la Revolución de la dignidad y por el decoro del hombre, ante la guerra que se nos hace, deviene paso imprescindible de cada patriota, de cada militante. Es como deber generacional que nunca muere porque representa el sentimiento que cubre nuestro actuar en medio de circunstancias tan dramáticas y difíciles. Es el amor a la Patria, desvelo continuo y excitación que provoca superar lo posible y crear desde la heroicidad que no desdeña lo cotidiano.

He ahí una de las claves para asegurar una revolución como la que mantenemos viva en Cuba: hacer de lo hermoso lo cotidiano, eso es patriotismo, valor entrañable de los hijos de la Patria. Como nos legó José Martí en uno de sus discursos conmemorativos por el 10 de Octubre: “Me parece que veo cruzar, pasando lista, una sombra colérica y sublime, la sombra de la estrella en el sombrero; y mi deber, mientras me queden pies, el deber de todos nosotros, mientras nos queden pies, es ponernos en pie, y decir: ¡presente!

Yusuam Palacios Ortega
Yusuam Palacios Ortega

Licenciado en Derecho, presidente del Movimiento Juvenil Martiano de Cuba. Revolucionario, antiimperialista, Martiano, Fidelista y Comunista, en defensa de la Patria Cubana.

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