Ocho años después del asesinato de la concejala y activista briasileña Marielle Franco, el Supremo Tribunal Federal condenó a 76 años de prisión a los hermanos Domingos y Chiquinho Brazão como autores intelectuales del crimen. La sentencia marca un hito contra la impunidad en Brasil y expone los vínculos entre la política y las milicias que operan en Río de Janeiro.
¿Quién fue Marielle Franco?
Un 14 de marzo de 2018, fue asesinada Marielle Franco, concejal de la ciudad de Río de Janeiro: mujer, negra, bisexual, y criada en la Favela da Maré. Su presencia desafiaba y asustaba a un sistema político que siempre fue blanco, masculino y heteronormativo. Marielle, que tenía 38 años y fue asesinada con 4 tiros en la cabeza, se había postulado por primera vez en la elección de 2016, siendo la quinta concejal más votada en Río de Janeiro.
Graduada en Ciencias Sociales por la PUC-Rio, Marielle era magister en Administración Pública por la Universidad Federal Fluminense. Su militancia en la defensa de los derechos humanos y contra acciones violentas en la favela fue impulsada después de la muerte de una amiga, víctima de una bala perdida, durante un tiroteo que involucró policías y traficantes de drogas en el Complejo de la Marea.
En 2006 integró el equipo de campaña que eligió a Marcelo Freixo para la Asamblea Legislativa. Con la elección de Freixo, fue nombrada asesora parlamentaria del diputado. Años después asumió la coordinación de la Comisión de Defensa de los Derechos Humanos y Ciudadanía de la Asamblea Legislativa de Río de Janeiro.
Franco fue asesinada con cuatro tiros en la cabeza alrededor de las 21:30 del 14 de marzo de 2018; también fue asesinado Anderson Pedro Mathias Gomes chofer del vehículo en el que se encontraba la concejala. La principal línea de investigación de las autoridades competentes es que su asesinato se trato de una ejecución. En consonancia con Human Rights Watch, se relacionó a la “impunidad existente en Río de Janeiro” y al “sistema de seguridad quebrado” en el Estado.
En el año de su muerte, Río de Janeiro se encontraba bajo intervención federal militar, con la justificación de controlar la violencia urbana. Marielle advertía que esto significaría un agravamiento de la violencia sobre los cuerpos de los favelados y faveladas e hizo de la Cámara de los Concejales un escenario de denuncia de las muertes de la juventud negra en la favela. Un día antes de morir, al denunciar en las redes sociales otro homicidio practicado por la Policía Militar de Río de Janeiro contra un joven negro, Marielle se pregunto: “¿Cuantos más van a tener que morir para que esta guerra acabe?”
Un día después del fallecimiento de Marielle, alrededor de 50.000 personas se manifestaron en Río de Janeiro y otras 30.000 en São Paulo. Luego, el 19 de marzo de 2018, miles de personas continuaron con las protestas en la favela de Maré, para pedir por el esclarecimiento del asesinato de la dirigente.
El Comité Brasileño de Defensoras y Defensores de Derechos Humanos consideró el asesinato de Marielle como la expresión más evidente de la violencia que pretende callar e intimidar a quienes defienden los derechos humanos en Brasil. De hecho, su muerte revela no solo el ambiente intimidatorio para defensores de derechos humanos, si no que también, expresa el des-compromiso político del Estado brasileño hacia las vidas negras, la vida de las mujeres y de la población LGBTI de ese país.
¿Quienes fueron los condenados?
Después de ocho años del reclamó: “¿Quien ordenó matar a Marielle?”, se obtuvo una respuesta judicial. La Primera Sala del Supremo Tribunal Federal (STF) condenó por unanimidad a los hermanos Domingos y João Francisco Brazão, al considerarlos responsables intelectuales del asesinato de la concejal Marielle Franco y de su conductor Anderson Gomes. Fueron declarados culpables por doble homicidio, intento de asesinato y organización criminal, agravados por motivación política, dado que Franco había denunciado una trama de especulación urbanistica orquestado por las miicias locales.
Al momento de los hechos, Domingos era consejero del Tribunal de Cuentas de Río de Janeiro y João Francisco diputado, cuya condición le fue retirada en 2025 y permitió avanzar el proceso judicial. Ambos tendrán que pagar una compensación de 7 millones de reales a las familias de las víctimas. A su vez, fueron condenados los expolicías Ronald Paulo Alves Pereira y Robson Calixto Fonseca, también antiguo asesor de Domingos.
El único absuelto, en relación a la acusación de la fiscalía, fue Rivaldo Barbosa, exdirector general de la Policía Civil de Río de Janeiro, aunque sí recibió una pena por obstrucción a la justicia y corrupción. Los cinco han sido señalados por las muertes de Franco y Gomes, y por intento de asesinato de Fernanda Chaves, asesora de la concejal.
Durante la lectura de su veredicto, el juez supremo Alexandre de Moraes dijo que: “El tema político se combino con la misoginia, el racismo y la discriminación. Mariella era una mujer negra y pobre que estaba desafiando los intereses de los milicianos. ¿Qué mensaje más fuerte se podía enviar? Y en las mentes misóginas de los perpetradores, ¿a quién le importaría eso?”
Hablemos de magnicidio
El asesinato de Marielle Franco es un magnicidio porque fue un crimen político contra una representante electa, ejecutado por actores con poder político y criminal, y porque su impacto trascendio lo personal para convertirse en un ataque a la democracia y a los derechos humanos en Brasil.
La Fundación del Español Urgente (Fundéu) recuerda que el magnicidio es un sustantivo válido en nuestro idioma que alude a la “muerte violenta dada a persona muy importante por su cargo o poder”. Y en términos jurídicos, según el Diccionario Panhispánico de Dudas, se lo define como “delito consistente en dar muerte a una persona relevante por su cargo o posición institucional”.
En la historia se cuentan varios magnicidios, como el del ex presidente de los Estados Unidos John F. Kennedy, en 1963, o el del presidente de Haití, Jovenel Moise, en 2021. Ambos, al momento de ser asesinados, se encontraban ejerciendo sus cargos. Un ejemplo en Argentina es el intento de magnicidio a la ex presidenta de la Nación, Cristina Fernandez de Kirchner, en 2022, quien ejercía el rol de Vicepresidenta del gobierno de Alberto Fernández.
El asesinato de Marielle Franco no solo arrebato la vida de una mujer que encarnaba la lucha por los derechos humanos, sino que también dejó al descubierto las estructuras de poder que buscan silenciar a quienes desafían la violencia, el racismo y la corrupción. Reconocerlo como un magnicidio es comprender que su muerte fue un ataque directo contra la democracia brasileña y contra la posibilidad de construir un país más justo e inclusivo.
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La Quinta Pata -del portal alternativo de comunicación Periferia, de Uruguay- conversó con Joao Pedro Stédile, líder del Movimiento Sin Tierra (MST) de Brasil, quien -entre otras cosas- señaló: “Espero que las políticas económicas avancen, que el apoyo popular a Lula aumente y con eso se genere una nueva correlación de fuerzas en la lucha de clases”
–¿En qué está la cuestión agraria? Usted hablaba del choque agrario que hay en Brasil, por ejemplo, entre el latifundio, la agroindustria y la agricultura familiar. ¿En qué está esa lucha?
– Creo que este escenario de la realidad agraria brasileña creo que se repite en todos los países de Latinoamérica y quizá del sur global, porque estamos viviendo en todo el mundo una nueva etapa del capitalismo, que es un capitalismo controlado por el capital financiero y por las grandes empresas transnacionales, que controlan el mercado mundial de mercancías agrícolas, las llamadas “commodities agrícolas”.
Entonces el capitalismo tiene sus formas de separar de la riqueza natural, desarrollar sus formas propias de agricultura. Yo creo que otros países a veces cambian la terminología, pero las formas son básicamente las mismas y desde aquí hemos elaborado una síntesis.
El capitalismo y esa fase tiene formas fundamentales del capital. La primera es lo que llamamos Latifundio predador: Que más que un concepto relacionado a las grandes propiedades, es un modelo del capital actuar sobre los bienes de la naturaleza, de apropiarse de forma privada y transformar esos bienes que no tienen valor porque no son frutos del trabajo humano, en mercancías. Y en esa metamorfosis, como por ejemplo el agua, que la sacan de la naturaleza y la ponen en una botella, el agua no tiene valor, porque no es fruto del trabajo humano, el valor es trasladarla y embotellarla, pero de ese mecanismo ellos sacan ganancias de 300, 400%. Lo mismo se puede decir de los que explotan los árboles, los mineros, etc.
Por detrás de ese latifundio depredador, está siempre el capital financiero y las grandes transnacionales. Aquí en Brasil, por ejemplo, somos un país continental en términos de dimensión, pero tres o cuatro empresas controlan el comercio de agua potable embotellada: Coca Cola, Pepsi Cola y Nestlé. Todas muy conocidas. Ganan mucho más dinero con el agua que con refrigerio o con leche. Luego tenemos el modelo del Agronegocio: Es el modelo que produce commodities agrícolas, se utilizan grandes extensiones, semillas transgénicas, mucho agrotóxico, abono químico, pero no desarrolla el país, ellos producen commodities para el mercado externo y hay una alianza de clases entre el propietario de la tierra, las transnacionales y los bancos, que son los que financian.
Pero este modelo no desarrolla el país, no produce alimentos y además tiene una contradicción insuperable; que su forma de producir es agresiva al medio ambiente, sobre todo por el uso de agrotóxicos, los agrotóxicos matan la biodiversidad y con eso eliminan la cobertura vegetal y desequilibran la naturaleza, provocando los cambios climáticos.
El tercer modelo, es el modelo nuestro, del trabajo, del hombre de campo, de los campesinos. De nuevo, en cada país hay una terminología apropiada, aquí en Brasil, más que campesino, utilizamos agricultor familiar, aunque sea una profesión y no una categoría social. Y la Agricultura familiar, entonces se dedica a producir con trabajo familiar, en pequeñas parcelas, los alimentos para el mercado interno.
Entonces estamos en esa pugna, la lucha de clases hoy en nuestros países es precisamente sobre esos tres modelos. Escuchaba la conversación de ustedes antes y es lo mismo que pasa en Brasil. El modelo del latifundio predador es aquel que va entonces en la frontera agrícola. El que va avanzando y tomando los recursos de la naturaleza y aquí en Brasil, es el que destruye las florestas, las queman, las matan. Pero peor aún, ahí, en esa frontera agrícola es donde
viven los quilombolas, los afrodescendientes, que habían huído de la esclavitud, los pueblos originarios y ellos son los que enfrentan mas esa ofensiva del capital y por eso se producen muchos conflictos, hasta muchas muertes, aquí en Brasil. Así es nuestra realidad, hermano del gran programa La Quinta Pata.
-Recientemente asesinaron a una compañera en Bahía por estos conflictos. Después: Sobre el tema de la deforestación, la tierra ¿Cómo fue vivir el bolsonarismo con respecto al tema de la tierra, la deforestación, el arrasamiento de la Amazonia, con todo lo que implica la destrucción del ecosistema, pero también de las personas que lo habitan? ¿Se han podido recomponer? ¿Cómo está el vínculo con el gobierno de Lula? ¿Hay políticas favoreciendo a que se reconstruya o estamos en un punto muerto?.
–La primera es verdad, tenemos que denunciar en todos los espacios la violencia que hay de ese capital que llega ahí a la frontera agrícola y no mide consecuencias. Entonces en una región, ahí, de afrodescendientes había una señora que es madre de santo, de esas religiones afro descendientes que ustedes tienen también en Uruguay. Y la señora esta, por ser una líder religiosa, con 72 años, ella se anteponía a las agresiones del agronegocio y fue víctima de esa alianza del capital que se manifiesta en una agresión hacia las comunidades, pero también de intolerancia religiosa.
Bueno luego está el tema del bolsonarismo que a nosotros no nos gusta llamar bolsonarismo, porque en realidad son fascistas, no hay una doctrina, un liderazgo siquiera de masas, que Bolsonaro represente una nueva corriente del fascismo; él es fascista. Oriundo del ejército brasileño y por supuesto fue expulsado en la década del 70 del ejército por sus actos violentos cuando intentó poner una bomba en una dependencia del ejército, para reivindicar aumento de sueldo.
Pero lo que tenemos que comprender y que es también un fenómeno, que no es sólo brasileño, es que en tiempos de crisis del capitalismo como estamos viviendo ahora, las burguesías, para proteger sus intereses, sus privilegios, recurren a las ideas del fascismo. Para tomar de asalto al Estado y para amedrentar a la clase obrera con sus ideas de violencia, turbulencia y de políticas antipueblo. Entonces la burguesía brasileña, nos dió cuatro golpes antipopulares y antidemocráticos, desde cuando afloró esa crisis capitalista desde el 2014.
El primer golpe fue tumbar a Dilma, sin ningún motivo. Porque es necesario tomar de asalto el Estado brasileño, que tiene muchos recursos. Y ahora se comprobó, que el mismo tribunal que había abierto el proceso contra Dilma, del cual resultó su casación, ahora reconoce que hubo un error y que ella no cometió ningún crimen. ¿Y quién va a devolvernos los tiempos perdidos? ¿No?.
Luego dieron el segundo golpe que fue imponer un gobierno impostor de Temer, que gobernó por dos años y nos impuso las peores derrotas legislativas, porque impuso una reforma laboral terrible, que quitó los derechos laborales de la clase trabajadora, puso en la calle a la mitad de la población económicamente activa, quitó los derechos prevencionales, tendremos una generación de obreros que no va a lograr jubilarse. E impuso el techo máximo de gastos sociales en el presupuesto nacional. Luego nos dieron el tercer golpe que fue encarcelar a Lula, también, sin ningún motivo, como después se reveló.
Y el cuarto golpe fue impulsar a Bolsonaro. Bolsonaro es un lumpen, no tiene fuerza social organizada, no es un líder de masas. Fue manipulado por la policía brasileña, el responsable por Bolsonaro es la policía brasileña, pero qué pasó; el tipo pasó cuatro años transfiriendo recursos del Estado para la burguesía, se ha revelado ahora que él transfirió como escisión fiscal, más de cien mil millones de dólares a las empresas. Ese fue el peaje que él devolvió como gratitud al cargo de presidente. Entonces tuvimos cuatro años en que se paralizó todas las políticas y al contrario, ante cualquier movilización popular luego venía la represión, así fue con nosotros también, en el campo.
En seis años la crisis no se agotó, al contrario, se profundizó y eso provocó entonces como una contradicción,- la dialéctica nos ayuda a entender- y parte de la burguesía cambió de lado, parte de la clase media cambió de lado. Antes había casi un consenso de la burguesía y de la clase media con apoyar a Bolsonaro , ahora, en las elecciones del año pasado cambiaron el lado. Y eso fue muy importante porque eso permitió que Lula aglutinara un frente amplio y lográramos entonces, derrotar al fascismo.
Pero, para ir terminando la pregunta; lo que Lula encontró fue un Estado dilapidado, en la reforma agraria , los tipos cerraron el ministerio de reforma agraria, cerraron todas las políticas que favorecían. Entonces en esos seis primeros meses de Lula, las cosas andan muy vagarosas, porque ellos tienen que recomponer el Estado, recomponer servidores, recomponer políticas públicas, recomponer del presupuesto que fue aprobado todavía, en el último periodo de Bolsonaro. Pero como Lula tiene un liderazgo muy grande, se ha salido muy bien en la política internacional y ahora está tratando de arrumar la casa y ver si podemos avanzar más rápido en el segundo semestre.
Roberto Campos Neto y Lula
–Leí una frase que decía: “nos dejaron elegir a Lula pero no al Presidente del banco central” una frase que retrata un poco la situación en la que se encuentran
– Sí, eso es lo que el imperio hace con el capital financiero y las transnacionales.Nos impusieron esa tesis de que el banco central tiene que ser autónomo, entonces ¿qué pasó? En el último periodo de Bolsonaro aprobaron una ley a su modo, de autonomía del Banco Central y pusieron ahí un señor del banco vinculado al Santander que tiene un mandato hasta mediados de 2025.
Entonces elegimos, pero no tenemos fuerza para cambiar algunos renglones fundamentales de la política económica. Porque la política de tasa de interés, la política de tasa de cambio y la política de inflación, quien controla es el Banco Central. Incluso con la emisión de moneda. Entonces estamos dando ahora una batalla todos los días, a desmoralizar ese señor del Banco Central, a ver si tiene vergüenza y en algún modo pide dimisión.
Porque Lula no tiene poder, no hay ley que permita que Lula pueda sustituirlo y todavía tenemos muchos problemas en el congreso. Aquí tenemos dos cámaras: los diputados y el senado, y funcionan separados. En el senado la mayoría apoya a Lula pero en la cámara no. Porque tenemos un sistema electoral muy distorsionado, que hace con que la burguesía, con su poder económico, distorsione.
Reforma agraria popular y lucha por la tierra
Les voy a dar un ejemplo: los latifundistas tienen 1% de la población. El agronegocio son minoritarios, minoritarios. Sin embargo ellos tienen 240 diputados. La mitad de la cámara de los diputados está vinculado al agro negocio. Entonces eso distorsiona, el gobierno tiene poca maniobra en la cámara. Por eso sería muy difícil ingresar una ley que devolviera al poder central el Banco Central, y en eso estamos.
Espero que las políticas económicas avancen, que el apoyo popular a Lula aumente y con eso se genere una nueva correlación de fuerzas en la lucha de clases que permita primero, nosotros enterrar el fascismo, que es la primera misión y después avanzar en políticas públicas para mejorar las condiciones de vida en el pueblo.
–Ya que nombró a la Cámara de representantes, recientemente vimos cómo a usted y en representación también del MST, había una persecución muy grande que lo llevaron a una comisión investigadora que fue un show. Porque había preguntas que no tenían sentido. ¿Usted lo considera como otro avance contra la izquierda y las organizaciones sociales?
– Sí, sí. Es así. Yo diría que la extrema derecha, se encerró en el Banco Central, que es controlado por los bancos y en la cámara de los diputados. Entonces, como una forma de perseguir la izquierda. Ya que el MST, modestamente, es un símbolo de la izquierda en Brasil. Una forma de afrontar el gobierno Lula, como avisando “no te atrevas a avanzar en la reforma agraria porque aquí tenemos mayoría.”
Nos armaron ese circo de verdaderos payasos y construyeron una comisión en crédito que incluso tiene ese nombre una comisión contra el MST. Eso es una tontería completa, porque cualquier comisión de crédito es para investigar, para analizar la realidad, para buscar explicar la naturaleza de los problemas, pero si ellos ya empezaron incriminandonos. Ya empezaron por la sentencia final contra el MST y la verdad es que logramos en la opinión pública frenarlos, incluso en medios burgueses. Porque no les conviene a esa altura del campeonato, a la burguesía, como les comenté, parte de la burguesía cambió de lado y por eso no les conviene a ellos que manipulan, controlan los medios ideológicos seguir alimentándoles.
Entonces en la opinión pública, hemos ganado esa batalla de ideología y en las últimas dos semanas, fruto de nuevos acuerdos partidarios con sectores de centro derecha, el gobierno de Lula va a entregar dos, tres ministerios a ellos y a cambio ellos van a dar apoyo en la cámara. Con eso va a alterar la composición de los diputados de esa comisión y ellos querían quedarse ahí todo el año.
Con la nueva correlación de fuerzas, ya está prácticamente sellado que la comisión termina el 14 de septiembre y posiblemente ni siquiera tenga relatoría. Porque la relatoría de la derecha ya está lista desde hace dos meses incriminándonos. Pero la mayoría de los diputados de ahora no van a votar esa relatoría entonces tendremos: un fin nostálgico sin relatoría o los diputados gobernistas logran hacer una nueva relatoría, analizando los problemas que tenemos que son muchos: de crímenes ambientales, de trabajo esclavo y de todo tipo de agresiones contra los campesinos y los pueblos indígenas en la realidad brasileña.
Lo más patético es que el 29 de agosto un tribunal federal, declaró al relator de la comisión esa que quiere incriminar al MST, como reo en un proceso acusatorio por crímenes ambientales de exportación ilegal de madera del Amazonia cuando el tipo era ministro del medio ambiente de Bolsonaro. Así que algunos de los diputados ahí incluso tendrán que responder en poder judicial sus actos y no tienen moral ninguna para investigar a cualquier que sea cambio
-Así como las empresas transnacionales no conocen de fronteras más que para ampararse en alguna ley o en algún marco normativo, pero cuando hablamos de capitales y en eso no diferencian mucho las fronteras, ¿qué pasa con con las organizaciones sociales que combaten un poco esto? ¿Cómo es la cuestión a nivel de la región? ¿Cuán necesario lo entiendes y si existe también alguna red con el MST?
– Sí, mira, históricamente el MST ha participado de la construcción de esa articulación internacional que nosotros nombramos el día del campesino y hay movimientos campesinos de toda Latinoamérica que participan y tiene un nombre específico de Latinoamérica que es la CLOC: Coordinadora Latinoamericanade Organizaciones del Campo.
Por supuesto hay organizaciones desde Chile con los mapuches y otras organizaciones de obreros agrícolas incluso,hasta Canadá entonces muy amplia. Comparto con ustedes que hay una identidad muy grande de todos los movimientos porque en realidad nuestros problemas son comunes y nuestros enemigos son comunes. Son las mismas trasnacionales que están en Uruguay, las papeleras son las mismas. Quien controla el mercado mundial de leche que afecta tanto Uruguay y ahora Brasil, son cuatro o cinco empresas trasnacionales.
La Nestlé, la otra ahí de Nueva Zelanda, ahora tenemos también una mexicana, etc. Entonces los campesinos del mundo entero se sienten unidos frente al mismo enemigo y ahora a fines de noviembre tendremos una nueva conferencia internacional de todos los movimientos campesinos del mundo que se realizará precisamente en Bogotá.
En el marco incluso de ese nuevo escenario colombiano y pues el ambiente que hay ahí incluso la compañera vicepresidente Francia, siempre estuvo muy vinculada con los movimientos campesinos con los movimientos afrodescendientes de las quilombolas que ahí en Colombia tiene otro otro nombre.
Entonces mira, tenemos una reunión muy importante antes de eso. Vamos a tener ahora en la próxima semana en Chile, en los alrededores de Santiago, una reunión muy importante. No es solo de campesinos, se amplía para movimientos populares, partidos de izquierda, movimiento sindical…y es una conferencia para reflexionar sobre la crisis capitalista y en un programa post capitalista que nosotros estamos llamando de “Conferencia de los dilemas de la humanidad”.
A fines de octubre vamos a hacer la conferencia de leimas de la humanidad en Johannesburgo, Sudáfrica. Porque te comento, como autocrítica, la izquierda sufrió un duro golpe por la caída de la Unión Soviética y con la hegemonía del neoliberalismo en esos tiempos de capital financiera y nosotros no hemos profundizado qué programa defendimos para enfrentar la crisis y superar el capitalismo.
La izquierda todavía está muy electoral, se preocupa mucho por ganar elecciones, que es importante, pero no se preocupa mucho con qué hacer o el poder público, qué programas deberemos defender para enfrentar el capitalismo, enfrentar la crisis climática que nos va a llevar a la tumba a todos si no reaccionamos.
En diciembre se completarán 200 años de aquella maldita Doctrina Monroe y el capitalismo gringo asimiló como su meta máxima América solo para los americanos y por eso nos impusieron en esos dos siglos tantas perversidades, tantas guerras, bases militares, tantos saqueos de nuestros recursos humanos y de naturaleza.
Como dice un rapero: «por amor y por vicio… se convirtió en mi oficio.» La palabra se milita. Junto café con palabras para subsistir en este paréntesis, desde la periferia.
Luego de las varias idas y vueltas entre el gobierno nacional y la CONMEBOL -a causa de los estrictos protocolos presentados por el Ministerio de Salud- el presidente Alberto Fernández decidió dar de baja a la Argentina como sede de la Copa América, algo totalmente acertado dada la situación sanitaria que atraviesa el país. De haberse jugado, seguramente se hubiesen incrementado los casos de Covid-19, ya sea por los festejos en las calles como por los tumultos de la gente en las cercanías de los estadios.
La Conmebol terminó por activar una opción bastante ilógica y lógica a la vez: ilógica porque Brasil continúa siendo uno de los grandes epicentros de la pandemia, pero lógica porque si algo ha quedado claro durante estos meses es que a Jair Bolsonaro le importa poco y nada el sufrimiento del pueblo brasileño. El jefe de Estado de Brasil aceptó albergar la Copa América en solo 24 horas y adelantó que Brasilia, Cuiabá, Rio de Janeiro y Goiânia serían las ciudades sede.
¿Qué pasa en Brasil?
Dos días después de confirmar su localía y de acuerdo a las cifras proporcionadas por el Ministerio de Salud de Brasil, el país registró 95.601 nuevos casos de Covid-19 y 2.507 muertes, cifra que se acerca al récord de los 100 mil contagios que se constataron el 25 de marzo pasado.
También es necesario recordar que es el segundo país -detrás de Estados Unidos- con mayor cantidad de muertes por COVID-19, y el tercero en cantidad de casos. El último 27 de mayo, por ejemplo, Bolsonaro pidió a la Corte Suprema que las medidas de gobernadores e intendentes para “lockdown” o restricciones sean declaradas inconstitucionales.
Parecen no pesar en el cínico círculo político de la ultraderecha brasileña los más de 460.000 fallecidos, pero tampoco sorprende: Bolsonaro siempre tuvo un discurso negacionista con respecto al peligro de la pandemia, declaró dudas sobre las vacunas y se burló de los muertos; exigió a los brasileños que “dejaran de lloriquear” y hasta hoy sigue recomendando el uso cloroquina -medicamento contra la malaria, ineficaz contra Covid-19- que puede producir severos efectos secundarios.
Asimismo, también es importante señalar que varios de los estados de Brasil están cerca del colapso sanitario. Sin embargo, a la ultraderecha neoliberal que gobierna con Bolsonaro a la cabeza, esos números no la conmueven. Sin ir más lejos, una de las sedes que ofreció Brasil fue el estadio Arena Amazonia, ubicado en Manaos -sede del Mundial 2014 y los Juegos Olímpicos 2016-, pero por la cepa que lleva el nombre de la localidad, la iniciativa de Bolsonaro duró solo una hora. Por otro lado, desde el gobierno de Pernambuco, liderado por Paulo Câmara, se determinó no ser parte de la competencia.
Los expertos dieron alerta sobre la posible llegada de una tercera ola, como también por la propagación de otras variantes del SARS-CoV-2, que se suman al hambre y la pobreza que azotan a Brasil: cada vez son más las personas que viven en la indigencia y dependen de políticas estatales que no existen, porque Bolsonaro desgobierna.
No es casualidad que la propuesta de realizar la Copa América en Brasil haya llegado 48 horas después de la mayor movilización que hubo hasta entonces contra el Gobierno de Bolsonaro y su gestión de la pandemia. Fueron decenas de miles lxs brasileñxs que se movilizaron en varias ciudades del país para exigir “Fora Bolsonaro” y cabe mencionar que entre ellxs se encontraban hinchadas de clubes como Gremio, Palmeiras, Bahía y Corinthians.
Reacciones en contra ¿y a favor? del torneo:
El vicepresidente de Brasil, Hamilton Mourao, mencionó que el país presenta “menos riesgo” frente a la pandemia que la Argentina: «No es que sea más seguro, es menos riesgoso. Es menor el riesgo, pero el riesgo continúa» y señaló con total liviandad: «No habiendo público, no hay problema. Es apenas dividir las sedes y listo. Nuestra ventaja es la amplitud del país y de nuestros estadios», palabras que cayeron pésimo en el entorno dado a lo complejo que está siendo realizar la competición.
Por otro lado, la críticas fueron muchas y una de las más fuerte fue de la presidenta del Partido de los Trabajadores, Gleisi Hofmann, que se mostró en contra de la decisión de albergar el torneo y agregó: «¡Y nos enteramos que (el presidente, Jair) Bolsonaro autorizó la realización de la Copa América aquí en Brasil! ¿Esto es serio? ¿En medio de la pandemia, la llegada de la tercera ola, riesgo por falta de camas, suministros y con vacunación lenta? ¡Increíble!».
Asimismo, el lunes por la noche el Partido de los Trabajadores había presentado una solicitud para que se suspendan las negociaciones entabladas para la realización de la Copa América en Brasil, aludiendo que el traslado del evento a Brasil aumentaba los riesgos de proliferación del nuevo coronavirus en medio de la descontrolada crisis sanitaria en el país.
En esa misma solicitud, el PT también pedía la citación a los gobernadores y alcaldes de las ciudades donde se prevé la realización de los partidos. Esta última solicitud se fundamenta en que el Tribunal Supremo resolvió previamente que los gestores locales tienen competencia para decidir sobre hechos que impliquen riesgo de aglomeraciones, medidas de aislamiento, etc.
En el plano judicial el juez de la Corte Suprema de Justicia de Brasil, Ricardo Lewandowski, le pidió a Jair Bolsonaro que dé explicaciones por el acuerdo con la Conmebol para realizar la Copa América en medio de la segunda ola de coronavirus: «Considerando la importancia del tema y la emergencia de salud pública derivada del brote de coronavirus, así como la urgencia que requiere el caso, se solicitan informaciones previas al Presidente de la República dentro del plazo legal» manifestó el magistrado.
A las protestas también se sumó el sindicato internacional de jugadores profesionales -FIFPRO- que el martes emitió un comunicado expresando su preocupación con el proceso que se tomó para reasignar la Copa América, ya que incluyó decisiones tardías y el anuncio de una nueva sede apenas unos días antes del inicio del torneo y agregó: «Desde el inicio de la pandemia de COVID-19, hemos manifestado claramente que la salud pública y la seguridad deben ser la prioridad máxima dentro de la industria del fútbol», .
Y completó el comunicado diciendo: “La decisión de trasladar con tan poco tiempo de antelación a cientos de futbolistas para competir en un torneo de semejante complejidad abre un escenario de incertidumbre para cada uno de ellos y sus familias”, dejando claro que “en este contexto, FIFPro apoyará naturalmente a cada futbolista que decida rechazar la convocatoria y no participar en el torneo en base a sus preocupaciones respecto a salud y seguridad”.
Por último, el jueves por la noche un grupo de jugadores de la Selección de Brasil se plantaron contra la realización de la Copa en su país y, según Rádio Gaúcha, los que juegan en Europa pidieron no jugar el certamen. En conferencia de prensa, Tite, entrenador de Brasil, mencionó el tema, pero no reveló detalles y dijo: «Ellos -los jugadores- tienen una opinión, se la expresaron al presidente, y la van a expresar al público. Con esto tiene que ver la ausencia de nuestro capitán, Casemiro».
Como si la preocupación no fuera poca, por la tarde del viernes el presidente de la Confederação Brasileira de Futebol, Rogério Caboclo, fue denunciado ante la Comisión de Ética de CBF y la Junta de Gobierno y Cumplimiento por acoso sexual y moral por un empleado de la entidad que saltó en defensa de una compañera de trabajo; el escrito detalla los episodios que habría SUFRIDO la víctima, quien además afirma tener pruebas contundentes de varias conductas abusivas en viajes y reuniones de Comisión Directiva. Su intención ante la Justicia es que Caboclo sea investigado y destituido de su cargo.
Aún con la incertidumbre de si se jugará o no en nuestro país vecino, lo que sí parece claro es que la Copa América está siendo utilizada en Brasil como cortina de humo para meter debajo de la alfombra -al menos por un rato- el genocidio al que Jair Bolsonaro somete al pueblo brasileño con su desgobierno. Bolsonaro no solo intenta desviar la atención sobre sus crímenes, sino que subestima a un pueblo digno que rechaza su gestión de la pandemia y en las calles seguirá gritando “Fora Bolsonaro” hasta liberar a Brasil.
Paz Eduard
Proveniente del sur, me instaléenla ciudad de las diagonales.Fiel pensante que la política y el deportevande la mano. Siempre me vas a tener alservicio de la comunicacióndel puebloy su deporte.
Hace varias semanas que se viene especulando respecto de la situación del autoproclamado mesías brasileño. La burla permanente hacia la pandemia y sus implicancias, el enfrentamiento con diversos sectores y la pérdida de apoyo y legitimidad, hicieron que los rumores tomen más fuerza. Pero detrás aparecían los uniformes verde-oliva para alertar que no lo permitirían.
El mal manejo de la pandemia del COVID-19, ha llevado a que Brasil sea el segundo país a nivel mundial en cantidad de contagios por este virus (con más de un millón), y que avance a paso firme a superar las 50 mil muertes.
Es precisamente este hecho el que generó la mayor erosión en la popularidad de la gestión de Bolsonaro. Según la encuestadora DataFolha, mientras a finales de abril alcanzaba el 38%, tan sólo un mes después la impopularidad del gobierno se había disparado a 43%.
Según un estudio realizado por el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG), el desmanejo de Bolsonaro hizo que perdiera el apoyo de sectores ricos y medios de las principales urbes del país como Río de Janeiro y Sao Pablo (principales zonas afectadas por la pandemia).
Según el informe, “Bolsonaro perdió el apoyo de políticos aliados y exfuncionarios de su Gobierno; ha entrado en conflicto público con gobernadores afines y con sectores del Poder Judicial (fundamentalmente, con el Tribunal Supremo Federal)”[1].
A esto debe sumarse que su poder de fuego parlamentario también se vio reducido, tras su salida del Partido Social Liberal (PSL); no solo quedó sin partido, sino que fragmentó el bloque en el Senado donde solo 54 legisladores siguen apoyándolo, en tanto que en Diputados debe negociar permanentemente con el grupo conocido como “Centrao” (un conjunto de 10-12 partidos, de aproximadamente 200 diputados).
Como si fuera poco, ya renunciaron varios ministros de distintos gabinetes (Salud, Educación, Justicia). Quizás la salida más significativa fue la del ministro emblema Sergio Moro, quien había sido una pieza clave en el triunfo de Bolsonaro en 2018, tras el proceso ilegal y fraudulento de encarcelamiento al ex presidente Luiz Inácio Lula Da Silva.
La frutilla del postre fue la difusión (con aval del Supremo Tribunal Federal) de un video de una reunión ministerial que tuvo lugar el pasado 22 de mayo. En esa reunión se pudieron escuchar declaraciones de todo tipo como las del ministro de Medio Ambiente, Ricardo Selles, proponiendo “que el período de la pandemia sería ideal para pasar reformas “infralegales”, de “simplificación” y “desregulación” de leyes ambientales”, lo que es igual que decir desregular y convertir en legales cosas que no lo eran, dado que los medios están atentos casi en exclusivo al tema de la pandemia.
De igual manera se pudieron escuchar las palabras del ahora ex ministro de Educación, Abraham Weintraub, quien señaló que si fuese por él “ponía a todos esos vagos en la cárcel, comenzando por el STF”. Esto habría sido la gota que rebalsó el vaso, luego de una cadena de “errores” que habrían llevado a Bolsonaro a buscarle una salida decorosa.
Weintraub cae por este video de una reunión ministerial que fue difundido por orden de la Corte Suprema ante denuncias del exministro Sergio Moro, quien al renunciar denunció la supuesta interferencia política de Bolsonaro sobre la policía federal. @teleSURtvpic.twitter.com/njMAO6JQPk
Al presidente brasileño cada vez le van quedando menos apoyos, y el descontento social es cada vez mayor. La campaña del Movimiento #Somos70porcento (motorizada por el economista Eduardo Moreira) tuvo gran impacto en redes sociales y se sumó a otras propuestas lanzadas por sectores progresistas[2], no sólo de partidos políticos sino también de artistas, barras de fútbol, abogados, etc.
Los posibles escenarios
Ante la pérdida de legitimidad, Bolsonaro podría terminar saliendo por la ventana ya sea por juicio político (impeachment), por algunas de las investigaciones judiciales en su contra (fundamentalmente por inmiscuirse en el poder judicial al interferir en la Policía Federal), o por anulación de la fórmula presidencial (por 2 investigaciones en curso que tiene el Supremo Tribunal Federal, una relaciona al financiamiento y propaganda de la campaña 2018 y otra por intervenir para retrasar los allanamientos a su hijo Flávio, acusado de financiamiento ilegal y defraudación pública).
En cualquiera de estos escenarios el rol de los presidentes del Senado (Rodrigo Maia) y de la Cámara de Diputados (David Alcolumbre) sería clave. Fundamentalmente la de Maia, ya que es quien debe aprobar el tratamiento tanto del posible impeachment como el pedido de investigación judicial.
Não tem solução enquanto o Bolsonaro estiver na Presidência da República. A única coisa que ele faz é zombar com a cara da sociedade brasileira.
Un hecho significativo es que a comienzos de mes, frente al nuevo ‘escenario opositor’, “Maia deslizó que ‘por ahora’ no prospera el juicio político, ampliando los cursos potenciales de desenlace; hay negociaciones en ese sentido en Diputados que pueden cambiar la trayectoria con la que se venía hasta el momento” [3] .
De todas maneras, los escenarios pueden ser múltiples y dependerán de múltiples factores: en principio cómo se vaya articulando ese nuevo escenario de oposición donde por un lado estarían las fuerzas que hasta hace no mucho eran aliadas a Bolsonaro y que lo empiezan a mirar con desconfianza (incluso sectores de la elite paulista); por otro lado, las fuerzas de izquierda o progresistas y cómo puedan promover o motorizar las distintas propuestas que se están lanzando.
Un segundo foco a tener en cuenta es cómo pueden llegar a actuar los medios de comunicación de mayor repercusión, fundamentalmente Folha, Estadao y O’ Globo, medios ya directamente en franca oposición al gobierno de Bolsonaro. Los dos últimos parecen ver en la figura Mourao como un posible reemplazo. El vicepresidente del Brasil, “es considerado un “intelectual” al interior de las FFAA (aunque un tanto “líbero” según algunos generales) lo que también permite construir, de cara a los medios y a los sectores de derecha conservadora (no bolsonarista, como el PSDB, y otros partidos) una figura presidenciable y una cara más aplomada del Partido Militar”[4].
De todas maneras el control o no de la pandemia será un factor determinante a la hora de evaluar qué puede deparar para el futuro del autoproclamado mesias brasileño. Esto también estará sujeto a los apoyos que aún conserva el mandatario: EEUU, el sector financiero (cabe recordar que los principales bancos privados fueron beneficiados con 161 billones de reales gracias a las políticas del “Chicago Boy”, Paulo Guedes), los sectores evangélicos, algunos empresarios, el sector del agronegocio, y, obviamente, los militares.
El reconocido sociólogo brasileño y coordinador del Laboratorio de Políticas Públicas de la Universidad Estadual de Río de Janeiro (UERJ), Emir Sader, señaló hace algunos días, que pese a haberse esperado por mucho tiempo, la “autocrítica” de la derecha había llegado. Sus palabras se basan en un artículo de Pedro Cafardo (editor ejecutivo de “Valor”, el periódico de la gran comunidad empresarial brasileña), uno de los emblemas de la derecha de Brasil, que reconoce que ellos tuvieron la culpa de que Bolsonaro llegue a donde llegó y ahora se arrepienten por el desastre que está haciendo.
Sader se pregunta: “¿Cuál es el significado de este mea culpa? En primer lugar, nos damos cuenta de que es posible, incluso desde el punto de vista de las grandes empresas, darse cuenta de estas cosas, tan obvias para nosotros. Segundo, que el PT es realmente el fenómeno maldito de la derecha brasileña. Que el miedo al PT, a regresar a un gobierno que privilegia los derechos de todos, la distribución del ingreso, es el fantasma que enloquece a todo al derecha. Eso, a pesar de que sabían quién era Bolsonaro, empresarios, medios de comunicación, políticos, lo preferían al PT, sabiendo los valores que representa y las posiciones que tiene”[5].
Por sólo poner un ejemplo y graficar lo antes dicho: en varias oportunidades Bolsonaro abocó el artículo 142 de la Constitución, que estipula la “intervención de las FF. AA. ante una situación de caos nacional”, y si bien el artículo es motivo de polémica entre los constitucionalistas brasileños, lentamente ha sido instalado como una posibilidad. Esto hasta para algunos sectores de la derecha es algo inaceptable.
Como se puede observar a Bolsonaro aún le quedan algunos retenes, pero más que ser retenes propios, son sus aliados y la conveniencia para éstos de que quien siga asumiendo los costos políticos del desastre y el caos, sea él. Tanto con el juicio político, como si prospera la investigación judicial en su contra, quien lo reemplazaría sería su vicepresidente Mourao. Pero no hay que olvidar que está en curso el tratamiento de una enmienda constitucional que prevé que en caso de renuncia o separación del cargo antes de cumplirse la mitad del mandato (en este caso diciembre de 2020), debería llamarse a elecciones nuevamente.
Está claro que el descontento crece y la figura de Bolsonaro depende más de sus aliados que de sí mismo[6]. Si sigue haciendo lo que hasta ahora, es muy factible que la paciencia de sus aliados se agote y terminen por desecharlo (incluso sectores en EEUU ya empiezan a no estar tan seguros de sostenerle el apoyo). No hay que descartar ningún escenario, menos con Moro fuera del gobierno y haciendo denuncias por corrupción contra Bolsonaro. Aunque todo parece indicar que quienes terminan por nivelar la balanza siguen siendo los que visten de verde-oliva.
Más allá de lo que suceda en lo inmediato, Bolsonaro está recibiendo golpes por todos lados. Tanto así, que parece un punching ball.
* Prefiero escuchar antes que hablar. Ser esquemático y metódico en el trabajo me ha dado algún resultado. Intento encontrar y compartir ideas y conceptos que hagan pensar. Me irritan las injusticias, perder el tiempo y fallarle en algo a les demás.
Es complejo hablar de verdades en un contexto donde las teorías conspirativas brotan del suelo. Los movimientos anticuarentena viajan desde Michigan hasta la Plaza de Mayo y parece que para quienes militan contra el “nuevo orden mundial”, cuestionar la realidad ha ido incluso demasiado lejos. Pero existen cuestiones en las que uno no solo tiene que tener agallas para refutar una idea, sino que también debe tener bastante desconocimiento. Este es el caso de la medicina en épocas de coronavirus.
Durante los últimos meses, el debate sobre la hidroxicloroquina y la cloroquina, ha estado en auge en la mayoría de los medios del mundo. El mismo presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, aseguró que él hace uso de este fármaco, utilizado por médicos hace años para combatir el lupus y la artritis, junto a su análogo la cloroquina, que se utiliza contra la malaria o paludismo.
Durante el comunicado de prensa en la Casa Blanca, Trump dijo que ha escuchado “muchas cosas buenas” sobre estas drogas y su efecto contra el Covid-19, que “puede ser uno de los grandes cambios en la historia de la medicina”. Basado en el asesoramiento del médico presidencial, se le permitió tomar hidroxicloroquina y zinc a diario. “Parece tener un impacto, y si no lo tiene, no te vas a enfermar y morir […] Llevo tomándolo una semana y media y aún sigo aquí”, finalizó. A causa de la insistencia del presidente estadounidense en el uso y recomendación de la hidroxicloroquina -como también lo hizo anteriormente con las inyecciones de desinfectante-, muchas instituciones científicas han salido a desmentir y concientizar sobre las consecuencias del uso de esta droga.
Fuente: Reuters
Luego de la problemática entre la utilización o no de los fármacos, la Organización Mundial de la Salud (OMS) dio un comunicado donde el director general de la organización, Tedros Adhanom Ghebreyesus, anunció que van a detenerse los ensayos clínicos con hidroxicloroquina en pacientes con coronavirus por el riesgo de esta droga y recomendó no usarla en pacientes con Covid-19.
El 22 de mayo la revista médica británica The Lancet publicó el mayor estudio sobre el uso de hidroxicloroquina, donde se hicieron análisis a 96.000 pacientes en 671 hospitales de todo el mundo. El trabajo se realizó en grupos que recibieron una medicación con hidroxicloroquina o cloroquina y se los comparó con otros grupos hospitalizados que no pasaron por este tratamiento.
El resultado concluyó que estos fármacos -o sus complementos- no son eficientes para combatir el Covid-19, e incluso pueden conducir a la aparición de problemas cardíacos graves. “Este es el primer estudio a gran escala que encuentra pruebas estadísticamente sólidas de que el tratamiento con cloroquina o hidroxicloroquina no beneficia a los pacientes con Covid-19”, publicaron.
No solo no ayuda, sino que empeora gravemente el riesgo de vida en los hospitales. Según la revista, de los medicados con alguna de las dos drogas, uno de cada seis pacientes había muerto. Cuando el tratamiento se combina con un macrólido, la tasa de mortalidad aumenta aún más: esto es uno de cada cinco en el caso de la cloroquina y casi uno de cada cuatro en el de la hidroxicloroquina. Es decir que, si la tasa de mortalidad normalmente es del 9.3%, al utilizarse estos medicamentos -sumado a demás factores médicos del paciente- la tasa podría aumentarse hasta en un 13,4%. “Sugerimos que estos fármacos no deben utilizarse como tratamiento para Covid-19 fuera de los ensayos clínicos” explicó el autor del estudio Mandeep Mehra, director ejecutivo del Centro de Enfermedades Cardíacas Avanzadas del Hospital Brigham and Women’s en Boston.
Además de las consecuencias negativas que la propaganda a favor de la hidroxicloroquina provoca y la imposibilidad de una campaña de salud pública homogénea, la avalancha de consumidores ha desabastecido los mercados y las empresas comenzaron a acumular los medicamentos a puertas cerradas, empujando al gobierno estadounidense a emitir restricciones de emergencia para la compra. Pero ninguna medida puede contra consumidores convencidos de que la salvación está al alcance de sus billeteras. Este accionar irresponsable ha llevado a la escasez de ambas drogas generando problemas graves para las personas que dependen de su uso en tratamientos ajenos al coronavirus.
Orden, progreso, libertad y verdades individuales
Ni los más rigurosos estudios médicos, ni las muchas precauciones de organismos internacionales pueden resguardarnos de las inquebrantables convicciones construidas sobre la desinformación y su inevitable esparcimiento. Esto es aún más preocupante cuando las ideas tienen consecuencias directas en la vida de las personas.
Luego de que Trump habilitara por medio de la FDA, organismo regulador de medicamentos en ese país, el uso de cloroquina e hidroxicloroquina y la producción en cantidad de la droga, algunos mandatarios afines a sus ideas replicaron las mismas medidas.
En Latinoamérica, el Ministerio de Salud de Brasil habilitó un protocolo sin aval de los médicos, donde permite la aplicación de cloroquina e hidroxicloroquina, solo con la condición de que el paciente sepa que puede morir o tener efectos colaterales graves. Jair Bolsonaro comentó al respecto vía Twitter: “Todavía no existe comprobación científica, pero está siendo usada con controles en el mundo. Estamos en Guerra. Peor que ser derrotado es sentir vergüenza de no haber luchado”. Luego de esto, el presidente brasileño informó que hace uso del fármaco como medida preventiva: “En mi caso particular, por mi historial de atleta, en el caso que fuera contaminado por el virus, no tendría que preocuparme, no sentiría nada, o como mucho, sería afectado por una gripecita o resfriadito”
El peligro del discurso negacionista de la ciencia es más que evidente y desemboca tristemente en programas políticos que no hacen más que perjudicar la salud de los ciudadanos. En el caso de Brasil, el 17 de abril Bolsonaro destituyó a su ministro de Salud, Luiz Mandetta, y luego de tan solo 28 días en el cargo, el proclamado nuevo Ministro Nelson Teich, tuvo que renunciar por las presiones del presidente para habilitar la prescripción de la cloroquina a nivel nacional.
Ex Ministro de Salud, Nelson Teich. Fuente: NA
Por otro lado, la OMS dejó de recibir financiamiento de Estados Unidos a causa de las acusaciones de Donald Trump sobre la tendencia “Pro-China” del organismo internacional. Incluso, en los últimos días, llegó a tildar al Covid-19 como “el virus chino”, culpando a ese país por la lenta solución del problema y el contagio masivo en Estados Unidos, que ya cuenta con alrededor de 1.883.656 casos y más 108 mil muertes, siendo el país con más casos a nivel mundial, seguido por Brasil con casi 615 mil contagiados y más de 34 mil muertes.
Luego de varios meses de aislamiento social en el mundo y las espeluznantes cifras de muertes de aquellos desfavorecidos abandonados por sus gobiernos, resulta increíble para algunos escuchar discursos que defienden la pasividad del virus y el desprestigio a la ciencia con alternativas para nada verificadas. Las actividades en muchos países continúan sin siquiera inmutarse y parece que algunos tienden a asimilar la pandemia y los fallecidos como algo cotidiano. Incluso, algunos fervientes militantes de “la libertad” defienden la inexistencia del virus. Pero las diferencias entre quienes niegan porque no saben dónde mirar y quienes lo hace porque no quieren ver, parece no ser demasiado grande. Solo queda mantener el oído atento a lo que se escucha, verificar lo que se lee de manera crítica y confiar en los profesionales comprometidos a salvar las vidas y no tanto así, a quienes solo pretenden salvarse en las elecciones venideras.
* Criado en la llanura del grano de maíz y de soja. Transeúnte (des)esperado del mundo y militante de la mochila contra la valija. Estudiante de Comunicación Social y de Psicología en la UNLP. Incorregible devoto de las verdades relativas.
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