Esa figura que tanto tiene para darnos pero tan poco quieren que la interpretemos.
En los últimos años, la Carta Magna de nuestra Nación ha sido nombrada, ultrajada, fetichizada, aplicada, pero jamás leída. Jamás releída. Jamás dada, democratizada. Fijamos demencia: no fue porque al poder monopolizado no le conviene su comunicación; fue porque no tuvieron tiempo de leer entre sus líneas.
Hemos escuchado incansablemente a oferentes de merchandising esbozar frases tales como “poder judicial independiente”, “país presidencialista”, “republica o republiketa”, “dentro de la ley todo, fuera de la ley nada”, “respetemos la Constitución” y la lista de chino seguiría. Pero vayamos de a poco, góndola por góndola.
Primero un poco de historia: la Constitución Nacional y su fundamento netamente social
Si bien es verdad que la primera Constitución Nacional de 1853 se basaba en la libertad individual como eje central del corpus legal, los avances en cuestiones de reconocimiento y conquista de derechos colectivos (a partir de la Constitución Provincial mendocina de 1916 y la Constitución Mexicana de 1917 y creación de OIT en 1919) llegó a hacerse carne en las líneas de la madre de leyes de nuestra Nación en 1949, respetándose y cristalizándose en la reforma última del año 1994. Su parte dogmática, esa parte infranqueable es el palacio de los derechos sociales de nuestro pueblo. De su texto tiene que erigirse nuestra bandera.
Sin embargo a no confiarse: la Constitución no tiene una interpretación correcta. No tiene interpretación unívoca aunque cada interprete busque su apropiación. Su forma está pensada para la libertad de interpretaciones. Esto sin forzar su texto (claro) pues en cuestiones es bien expeditiva. Es decir, hay párrafos que son bien claros y concisos, no dan lugar a otra narrativa. Hubo un tiempo en que esta figura se asumió política, bien política (nunca dejó de serlo); aunque no partidaria.
O se es académico o se es terminal. En este caso escojo se es terminal. Entonces: ¿Se puede decir que Argentina es un país presidencialista? Si y no. El poder ejecutivo está compuesto por un ciudadano o ciudadana argentina que electo por el pueblo reviste el carácter de presidente de la Nación. Es el o la responsable política (recalcar: responsable político) de los actos que se realicen en su gobierno (principio del derecho administrativo: los actos gubernamentales no son judiciables. Es decir, al principio no son pasibles de revisión judicial por sí, sino a pedido).
Cuando oímos hablar de gobernar, o sea administrar. ¿A quién invocamos? Ni mas ni menos que al Jefe de Gabinete. Figura creada por la Constitución de 1994, vestigio o imagen y semejanza de la figura del primer ministro inglés. Es el responsable de la administración general y federal de la Nación y quien debe dar publicidad de los actos de gobierno frente a la cámara de legisladores, la cámara del pueblo.
Argentina, un Estado gabinetista
¿La vicepresidencia es parte del poder ejecutivo? No. Es parte del poder legislativo. Preside la Cámara de Senadores donde se aglutinan los representantes de las provincias. ¿Será a caso casualidad -sabiendo la disputa por los recursos naturales que se viene- que cada candidato/a a vicepresidente haya estado en cercanía con las Fuerzas Armadas y/o a ex genocidas? ¿Será casualidad que la vicepresidenta electa esté en la listita de mejores amigos de personajes nefastos de nuestra historia? Lo dejo a su criterio…
Aún todo está muy verde (literal), pero la Constitución no se mancha. El impacto fue hace poco. Va a ser menester seguir friccionando, excitando al texto magno. En este momento de nueva conformación política y social me es de suma importancia cerrar con esta idea: en el mundo legislativo, la banca no es del partido sino de la persona, aunque en la práctica se vea y sienta otra cosa.
Así ella, la figura enigmática que tan nombrada está, tan presente la tenemos, queda abierta a todes. Quizá por ser tan ensalzada y fetichizada, puesta en el altar y no dada al pueblo, quienes tanto la invocan, no se atreven a tocarla, mucho menos a leerla.

