El día más esperado por los seres queridos de Lucas González se convirtió en una sentencia histórica, ya que el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) N°25 porteño condenó a 9 de 14 acusados, todos ellos policías: a tres efectivos se les dio prisión perpetua, mientras que otros seis fueron sentenciados con penas de entre 3 y 6 años de prisión por encubrimiento. Los cinco restantes fueron absueltos.
El Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) N°25 porteño condenó al inspector Gabriel Alejandro Isassi (42), al oficial mayor Juan José López (48) y al oficial Fabián Andrés Nieva (38), todos miembros de la División Brigadas y Sumarios 6 de la Comuna 4 de la Policía de la Ciudad, a cadena perpetua por el asesinato de Lucas González en noviembre del 2021 en el barrio porteño de Barracas. También sentenció a otros seis efectivos por encubrimiento agravado con penas de entre 3 y 6 años de prisión por encubrimiento. Los cinco restantes fueron absueltos.
En el auditorio AMIA de los tribunales de Comodoro Py, los jueces Ana Dieta de Herrero, Daniel Navarro y Marcelo Bartumeu Romero dictaminaron la pena a nueve condenados de 14 acusados, algo que no sucede todos los días. Además, el veredicto emitido sienta un precedente histórico, ya que se tuvo en cuenta como agravante al racismo estructural, mencionado por el juez como “odio racial”.
De esta manera, los policías Isassi, López y Nieva fueron condenados a la pena de prisión perpetua por los delitos de “homicidio quíntuplemente agravado por haberse cometido con arma de fuego, alevosía, placer y por odio racial, por el concurso premeditado de dos o más personas y por ser integrantes de una fuerza de seguridad”. También fueron hallados culpables por la “tentativa de homicidio agravado”, contra los amigos de la víctima, Julián Salas (19), Joaquín Zúñiga (18) y Niven Huanca (19), que se encontraban a bordo del automóvil agredido por los efectivos. Todo en concurso ideal con “falsedad ideológica y privación ilegítima de la libertad”.
Por otra parte, cinco integrantes fueron condenados a penas de entre 6 y 3 años de prisión por el encubrimiento del crimen y un sexto fue penado con 8 años de cárcel por torturar al joven y a sus tres amigos. Con respecto al oficial principal de la Comisaría Vecinal 4 (CV4), Héctor Claudio Cuevas (51) fue condenado a 4 años de prisión y a 10 años de inhabilitación por los delitos: “Encubrimiento agravado por considerarse un delito especialmente grave y por ser el autor un funcionario público, todo ello realizado en ejercicio de sus funciones, en concurso ideal con privación ilegítima de la libertad por abusos de sus funciones en calidad de coautor”.
Asimismo, el comisario de la CV4, Rodolfo Alejandro Ozán (54); el comisario de la División Sumarios y Brigadas de la CV4, jefe de Isassi, López y Nieva, Juan Horacio Romero (51); el comisario a cargo de la CV4 de Barracas, Fabián Alberto Du Santos (52); y el subcomisario de la División Sumarios y Brigadas de la CV4, Roberto Orlando Inca (47), fueron condenados a 6 años de prisión y a 10 años de inhabilitación por los delitos de “encubrimiento agravado por considerarse un delito especialmente grave y por ser el autor un funcionario público, todo ello realizado en ejercicio de sus funciones, en concurso ideal por privación ilegítima de la libertad por abusos de sus funciones en calidad de coautor”.
Además, el oficial de la CV4, Sebastián Jorge Baidón (28) fue condenado a 8 años de prisión y a inhabilitación absoluta y perpetua para ejercer cargos públicos por el delito de “torturas”. Fue señalado en pleno debate por Joaquín Zúñiga como quien lo mantuvo boca abajo y le dijo: “¿Así que sos de Varela, pedazo de villero? Mirá cómo mataste a tu amigo”.
Por el lado de los agentes Ramón Jesús Chocobar, Daniel Alberto Santana, Jonathan Alexis Martínez, Ángel Darío Arévalos y Daniel Rubén Espinosa, los jueces decidieron “absolverlos” de las imputaciones que habían recibido y se dispuso “disponer la liberación inmediata de todos ellos”.
Al respecto, Radio Trinchera dialogó con el integrante de la Asociación Civil Contra la Violencia Institucional, Matías Busso, que mencionó: “El hecho de que sea jugador de Barracas Central, es un componente muy importante, ya que estaba haciendo deporte y si hubiese venido de tomar una cerveza para la sociedad hubiese sido diferente, como si eso fuera justificativo de que reciba un balazo”.
“Una de las cosas que se visibilizó es que se quiera plantar una pistola para simular un enfrentamiento en la escena del crimen, es algo que hacen seguido los policías. Otra regla es echarle la culpa a la víctima y se ven incluso hasta en los casos de abuso, la mala y la buena víctima”, declaró Busso.
Además, resaltó: “Otra cosa a destacar es el agravante del artículo 80 inciso 4 de odio racial, que no es algo que surge ahora y hubo miles de casos con sesgo racista que tiene la fuerza de seguridad, sin embargo nunca se condenaron y devalúan algo que estaba oculto”.
Caber destacar que durante la lectura de la sentencia, los magistrados hicieron foco en la alevosía, el placer y el odio motivado por discriminación de los condenados en la realización del crimen y dictaminaron el “reconocimiento de las familias como víctimas de violencia institucional“.
Antes del veredicto, los jueces dieron la oportunidad a los imputados de decir sus últimas palabras. La más llamativa fue la de Ángel Arévalos, ya que se declaró inocente y apuntó contra el jefe de la Policía porteña, Gabriel Berard. “Acá hay personas que nunca quisieron que la verdad se sepa porque no les conviene. El jefe de la Policía, por intermedio de dos de sus abogados, está presionando al personal subalterno para que hablen con sus familiares que estuvieron el día de la reunión y digan que lo que dijo mi hermana es mentira”, alegó.
Su hermana Natalia Arévalos, quien forma parte de su defensa, en el alegato señaló que, antes del juicio, familiares de algunos de los oficiales lograron reunirse con Berard y que allí el jefe de la policía les dijo: “Nosotros sabemos que sus familiares son inocentes, pero no podemos hacer nada porque este es un tema político y no queremos que llegue a nosotros”. En este sentido, el tribunal remitió los dichos de Arévalos a la Fiscalía de instrucción para que investigue posibles responsabilidades de Berard en el encubrimiento del crimen.
Cintia López, la madre de Lucas, minutos antes del fallo, expresó su deseo de que los asesinos “no salgan nunca de la cárcel”. “Si hasta el momento no hubo arrepentimiento, creo que hoy no va a haber. De mi parte, no los voy a perdonar, que los perdone Dios”, declaró. Por su parte, el papá de Lucas dijo convencido que en este caso hubo un componente de “odio racial”. “Lo estigmatizaron, discriminaron, los vieron dos veces porque eran morochos. Salen de una villa, de la 21-24 de un barrio carenciado como es el de Barracas, salieron de entrenar. Lo vieron, lo eligieron, lo esperaron, me lo acribillaron, me lo torturaron y me lo quemaron con cigarrillo”, concluyó.
Crimen de Lucas González
El 17 de noviembre de 2021, Lucas salió con sus amigos de un entrenamiento en el Club Barracas Central y se subieron todos en un auto Volkswagen Suran para volver a sus casas en la provincia de Buenos Aires. A los pocos metros fueron interceptados por un Nissan Tiida, en el que circulaban tres policías de la Brigada 6 de la Comuna 4.
Los agentes, que no tenían identificación policial, comenzaron una persecución con disparos y asesinaron de dos balazos en la cabeza al chico de 17 años, que murió al día siguiente en el hospital El Cruce de Florencio Varela tras estar en coma. Los compañeros de Lucas fueron esposados y maltratados y más tarde se conoció que efectivos policiales colocaron un arma de juguete en el baúl del auto de los chicos para hacer pasar a los jóvenes como ladrones.


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