Repensar la Defensa: El futuro de Nuestra América depende de la integración regional

A finales del año pasado, después de la victoria de Luis Arce en las elecciones presidenciales de Bolivia, el presidente Alberto Férnandez llamó a reconstruir la UNASUR, y la semana pasada, la Argentina se retiró del Grupo de Lima. En un contexto de disputa global, la integración en materia de Defensa resulta fundamental para el ejercicio de la soberanía sobre nuestros bienes comunes.

El No al ALCA de 2005 fue el puntapié para construir instancias de integración regional sin la participación de Estados Unidos, que desde el fin de la Segunda Guerra Mundial se las había rebuscado para mantener cierto control sobre los países de América Latina. Una de ellas fue la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), creada en 2008 para integrar a los países de América del Sur en una comunidad política, social, cultural y económica, basada en su historia común y el sueño de los próceres que querían ver una América unida.

Ese mismo año, la UNASUR creó el Consejo de Defensa Suramericano, que reunía a todos los ministros del área y buscaba preservar a la región como zona de paz y generar medidas de creciente cooperación militar entre los Estados. A su vez, el CDS creó el Centro de Estudios Estratégicos de Defensa, con el objetivo de generar un pensamiento estratégico a nivel regional, que coadyuve la coordinación y la armonización en materia de políticas de Defensa en Suramérica; y en 2015 se inauguró la Escuela Suramericana de Defensa, que permitiría avanzar en la definición de una base conceptual común a través del estudio de las diferentes percepciones y visiones de cada uno de los países.

Sin embargo, los cambios que se dieron en las administraciones de los Estados miembros a partir del 2015, generaron un giro de 180° en relación a la construcción del bloque suramericano. Con Mauricio Macri, Michelle Temer, Iván Duque, Mario Abdo Benítez, Sebastián Piñera y Lenín Moreno, Argentina, Brasil, Colombia, Paraguay, Chile y Ecuador cesaron su participación en la UNASUR para construir espacios de integración con las condiciones que imponía Estados Unidos: que presionaran a Venezuela y siguieran las directrices del Comando Sur. Así nacieron el Grupo de Lima y PROSUR.

A comienzos de este año, con la Argentina de vuelta bajo un gobierno progresista, el ministro de Defensa, Agustín Rossi, mantuvo conversaciones con el subsecretario de Defensa de Chile, Cristián de la Maza, y con el Secretario de Asuntos Estratégicos de Brasil, Flavio Augusto Viana Rocha; y la semana pasada, Cancillería anunció que el país se retiraba formalmente del Grupo de Lima. ¿Cuál es la importancia de volver a generar espacios de diálogo con los países vecinos?

Un imperio que se repliega sobre nuestro territorio

Las instancias de cooperación regional sin su participación nunca fueron del agrado de Estados Unidos, que además enfrenta una disputa que año a año lo encuentra más debilitado frente a un actor que no para de crecer, como lo es China. En ese marco, “vemos a un imperio que se repliega sobre la que siempre ha sido su zona de influencia, América Latina”, advierte el secretario de Estrategia y Asuntos Militares de la Nación, Sergio Rossi.  

Por eso, en el ultimo tiempo, Estados Unidos ha avanzado, como analiza la periodista Telma Luzzani, con una creciente militarización; el desconocimiento explícito de las leyes internacionales; apoyando el avance de derechas antidemocráticas; y promoviendo el caos, principalmente, a través de nuevas técnicas: ataques informáticos, pulsos electromagnéticos dirigidos, terrorismo mediático, lawfare.

En este sentido, la desarticulación UNASUR tiene su correlato geopolítico en la estrategia que Estados Unidos configuró al apoyar las dictaduras militares que hubo en la región durante las décadas del 60 y 70: sostener su hegemonía en lo que considera su “patio trasero” y poseer determinado control sobre las Fuerzas Armadas del continente. Y es que en materia de Defensa, la destrucción del CDS supuso un completo cambio de paradigma para la región. 

Sin ir más lejos, en Argentina, la Directiva de Política de Defensa Nacional de 2018, se alejaba de la noción de que la región era una zona de paz, para referirse a una “baja probabilidad de ocurrencia de conflictos militares interestatales”. A su vez, privilegiaba a la OEA en la resolución de controversias; y en línea con las directrices estadounidenses, identificaba a Venezuela como una amenaza a la consolidación de la paz sudamericana y buscaba forzar una relación entre la región y el terrorismo islámico, a partir de una caracterización de la Triple Frontera.

Defensa en Sudamérica: un debate que aún debe darse

La cooperación regional en materia de defensa tuvo su punto álgido con la creación del Consejo de Defensa Suramericano, el Centro de Estudios Estratégicos de Defensa y la Escuela Suramericana de Defensa, una iniciativa argentina en el marco del CDS. 

Estas instancias contribuyeron a la consolidación de una zona libre de armas nucleares, químicas y biológicas; a la concertación política entre los países de la región en materia de defensa y, por lo tanto, a la construcción de medidas de confianza recíprocas. Esto se vio materializado en diversas iniciativas políticas de carácter multilateral con implicancias visibles: el producto más notable es quizás el bajísimo grado de conflictos armados entre los países de la región, y el fuerte apego a las normas de resolución pacífica de disputas.

El desafío, en este escenario de disputa global, no puede ser otro que el de renovar instancias de integración regional que recuperen los intentos de construcción de una identidad suramericana en materia de defensa. Como decía Juan Domingo Perón, “somos depositarios de riquezas que algún día el mundo va a demandar” y es por eso que llegó la hora de aunar fuerzas que permitan defender del saqueo a nuestros bienes comunes, baluartes para el bienestar de nuestros pueblos.

En diálogo con este medio, el General retirado del Ejército, Fabián Brown, sostuvo que “si nosotros no reflotamos una instancia de cooperación regional como lo fue UNASUR y su CDS, lo harán nuestros hijos, porque se trata de poder tener peso en el plano internacional, de tener capacidad de autodeterminación sobre nuestro destino. Es un objetivo irrenunciable si queremos tallar en el mundo”.

Esto no supone la renuncia de los países a estructurar y organizar los dispositivos que le aseguren una capacidad de defensa autónoma. Al contrario: el desarrollo y el fortalecimiento de esas capacidades, en el marco de esquemas cooperativos como los que la región supo construir, permitirá la necesaria consolidación del bloque en este escenario de disputa global.

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