Memoria y orgullo

Memoria y orgullo

TIEMPO DE LECTURA: 6 min.

“Yo no tengo amigos, cariño. Tengo amores”

Los puentes que se construyen entre unx mismx y algún libro que logra estremecerte la piel pueden tener orígenes diversos: algún profe piola en el secundario o alguna publicación vistosa en Facebook. Si nos ponemos más imaginativos, el nombre de Pedro Lemebel pudo haber sido pronunciado por una piba con una enorme curiosidad lectora en presencia de su amigo atento, que la acompaña con la mirada y el oído; ambos inmersos por unos minutos en los escenarios relatados en “Loco afán. Crónicas de sidario”.

Nuestra hermosa marica latinoamericana nació en Chile; escritor, cronista y artista plástico. En sus diversas intervenciones no solo se puede apreciar su potencial contestatario por medio de las denuncias bajo su poderosa prosa a la dictadura de Augusto Pinochet, sino que además logro incluir dentro de su performance combativa la propia corporalidad. El maquillaje y su andar a puro taco alto se constituyeron como insignias desafiantes al interior del régimen militar chileno.

Hace pocos días tuvo lugar el estreno cinematográfico de una de sus grandes novelas: “Tengo miedo torero”. La adaptación estuvo en manos del director chileno Rodrigo Sepulveda. La historia publicada en el año 2003 diecisiete años más tarde, ahora en formato cine-streaming, logró alcanzar los 200.000 espectadores en sus primeros dos días de estreno en Chile.

Con música de Pedro Aznar y Manuel García, la trama nos lleva al Chile de los años 80’. Una travesti pobre y un guerrillero inmerso en un plan para matar a Pinochet, emprenden un viaje repleto de encuentros y desencuentros. Sin entrar en detalles, la historia logra exponer las dos dimensiones antagónicas que dividen a estxs dos personajes: la tiranía de la dictadura y el prejuicio al interior de la revolución.

“Pero para ti yo no tengo nombre”

“La cuando no, la cuando nunca, la siempre en domingo, la Tete, la Totó, la Milú, la Chumilú, pero para ti yo no tengo nombre”, así es como se presenta nuestra “loca del frente” ante el chongo que acaba de conocer. Resulta paradójico no tener un nombre, carecer de un significado y un significante que permita de alguna manera sortear con mayores ventajas la disputa con el olvido.

Esta escena fue una de las seleccionadas para conformar el tráiler. El diálogo no solo es el cortejo fundacional de nuestros dos protagonistas, sino además nos invita a reflexionar-problematizar el lugar marginal que ocupan los testimonios de un colectivo severamente atacado por las dictaduras militares en Latinoamérica. Al día de hoy poca memoria se tiene de aquellxs que “no tienen nombre”.

Michael Pollak es un sociólogo austríaco que elaboró una serie de categorías para pensar el proceso de construcción de las memorias colectivas. Uno de sus principales aportes es pensar a la memoria como un concepto plural, ya que al interior de tal dimensión no existe unanimidad, al contrario: es un territorio en constante disputa.

En este sentido, el autor profundiza el análisis y nos habla de “memorias oficiales” y “memorias subterráneas”, aquellos testimonios que por diversas circunstancias logran imponerse por sobre otros. Es interesante como herramienta analítica la apropiación de tales conceptos para comprender la heterogeneidad que existe al interior de cada frontera en los procesos de constitución de las propias memorias colectivas.

Lo cierto es que Argentina es un caso paradigmático en el mundo. Sin una política punitiva que penalice negar el terrorismo de estado como podría ser el ejemplo de Alemania, Los testimonios de lxs militantes políticos que buscaban transformar la sociedad en aquellos tiempos de sucesivas dictaduras, lograron transformarse en una narrativa altisonante y en una memoria oficial gracias a la fuerte lucha de los movimientos y organismos de derechos humanos. Lxs 30.000 desaparcidxs son una bandera instalada en la conciencia colectiva y una voz presente en los actuales libros de historia.

Sin embargo, el pasado siempre aparece para hacer preguntas nuevas. En ese sentido es necesario señalar la heterogeneidad existente al interior de las víctimas del terrorismo de estado. La dictadura no solo torturó y desapareció militantes políticos organizadxs, sino también sucumbieron diversos actores que desafiaban el orden represivo bajo otras modalidades.

Emanuel Theumer, activista y docente de la Universidad Nacional del Litoral en una entrevista para la agencia de noticias Presente expone: “La dictadura argentina de 1976 se autopresentó como Proceso de reorganización y se asentó en una comprensión de familia heterosexual cristiana como la base de la defensa nacional. El aparato represivo dirigido a personas por su expresión de género, orientación sexual e identidad de género se articuló dentro del plan recrudecido de sostenimiento de una moral pública heterosexual-reproductiva”.

Por eso, no solo agrega valor ver una novela de Lemebel plasmada en el séptimo arte, sino que “Tengo miedo torero” logra poner en altavoz una memoria subterránea; se hace carne la cotidianidad de las maricas y las travas embebidas en el terror de los regímenes dictatoriales.

En el libro de Carlos Jauregui “La homosexualidad en Argentina”. Jáuregui escribió: “Nuestra comunidad, como toda minoría en tiempos dictatoriales, fue víctima privilegiada del régimen”. La cifra estima “cuatrocientos homosexuales”. En aquellos tiempos, la palabra “homosexuales” era un modo de clasificar a todas las identidades que no eran estrictamente heterosexuales. Incluía a gays, lesbianas, trans, travestis, bisexuales y más. Es una realidad que en los juicios por delitos de lesa humanidad, es poco lo que se escucha sobre las violaciones a derechos humanos de las personas LGBTTIQ. 

Las “locas del frente” hoy

En Argentina, desde hace algunos años se trabaja sobre las 400 personas LGBTI desaparecidas, tratando de armar un archivo. Los resultados producto de la movilización popular como herramienta política lograron catapultar las voces sin interlocutores y de alguna forma construir un escenario con oídos dispuestos a escucharlas.

“Si algún día hacen una revolución que incluya a las locas, avísame. Ahí voy a estar yo en primera fila”. Esta frase que esboza nuestra protagonista a la hora de comunicarle a su amado Carlos el papel que juegan las locas en la revolución denota cierto anacrónismo, ya que con el pasar de los años el amplio bagaje que compone el ideal de sujetx revolucionarix logró sin dudas ampliar sus horizontes.

Por supuesto que no vamos a cometer la imprudencia de afirmar que las deudas que la sociedad tiene con el colectivo LGBTTIQ fueron saldadas, ni mucho menos. Recién podemos vislumbrar su periodo fundacional. Pero cuando Lemebel pone en palabras por medio de la “loca del frente” su posición, es inevitable no dejar pasar por alto la palabra “incluir” y por consiguiente, la emergencia de diferentes espacios políticos dispuestos a vehiculizar la materialización de dichas demandas.

En Argentina hace unas semanas atrás el gobierno nacional estableció por decreto 721/2020 el Cupo Laboral Travesti Trans en el Sector Público Nacional, una decisión fundamental para reparar vulneraciones y promover la inclusión. No sé si se podríamos asegurar con exactitud cuál era el ideal revolucionario de La Pedrito a poco tiempo de morir en el año 2017. Lo que sí podríamos afirmar con certeza,  es que pudo ser testigo de una gran seguidilla de  conquistas y le toco abandonarnos físicamente en un contexto más esperanzador para la comunidad.

Pedro Lemebel comprendió perfectamente el vacío narrativo detrás de “Lxs sin nombre”. Por eso no paro de escribir, de polemizar y denunciar. Hoy, la memoria del enorme colectivo LGBTTIQ se propone comenzar un arduo camino de recuerdos. Gracias a todas nuestras “locas del frente”, que no dieron marcha atrás ante el imperativo del olvido; gracias a las locas como Pedro, los colores del arcoíris no solo pintarán el presente y el futuro, el pasado también.


Bibliografia:
Pollak, Michael (2006). Memoria, olvido, silencio. La Plata: Ediciones Al Margen.

Sergio "Chachi" Vaca
Sergio “Chachi” Vaca

Nací en la provincia de Córdoba pero residí la mayor parte de mi vida en Puerto Madryn. Me encanta charlar conmigo mismo cada vez que termino una película y tengo el don de memorizar datos triviales. Pensar una disociación entre erudición y escritura me parece un buen ejercicio para disputar espacios.

La sociedad de la ¿meritocracia?

La sociedad de la ¿meritocracia?

TIEMPO DE LECTURA: 4 min.

La pregunta subyace en las palabras de quienes se enfrentan en el marco de la nueva batalla discursiva construida por la oposición y los grandes multimedios argentinos.

A raíz de unos dichos del Presidente, se buscó hacer mella y sembrar el debate en torno al esfuerzo y la valoración de los méritos.

“Hay argentinos que todos los días luchan en condiciones muy adversas. Son argentinos a los que el sentido de la meritocracia dejó de lado”. Esas fueron las palabras del presidente que le dieron de comer al periodismo de guerra y la oposición, que nada lentos salieron a hacer lo que mejor saben: tergiversar y construir un relato entre buenos y malos, inocentes y perversos, trabajadores y vagos.

Si andamos distraídos podemos creer que es un debate inocente, pero la intencionalidad en la interpretación, los recortes y la réplica sesgada dan cuenta de que detrás de los análisis hay (como casi siempre) una clara intención de construir estereotipos, fomentar el maniqueísmo, la división y el enfrentamiento.

En un contexto de crisis siempre es útil y estratégico construir culpables, mitos, discursos que brinden los marcos teóricos y así construir las subjetividades sociales que respondan a la perspectiva que desea cada sector.

En el mundo capitalista que vivimos son muchos los que vienen tratando de instalar la idea de esfuerzo=éxito como respuesta a todo, como filosofía de vida. Y quizás en algún caso particular puede que esa filosofía sea útil, pero ¿podemos aplicarla a nuestra realidad social?

Esa idea ha sido lucrativa para hegemonizar los sentidos neoliberales que catapultaron al poder en el año 2015 a Juntos por el Cambio, y a pesar del fracaso económico de nuestro país esta concepción continúa arraigada en gran parte de la sociedad argentina.

Al margen de los objetivos perseguidos por quienes la defienden a capa y espada, es interesante desarmar la idea de meritocracia y pensar de qué se trata, si es real en el mundo que vivimos y si sería viable una forma de convivencia en esos términos. Para poder cuestionarla es importante salir del constante y meditado Boca-River que forma parte de la retórica mediática hegemónica para adentrarse en sus significantes.

En un sistema meritocrático si nos esforzamos y trabajamos duro, inevitablemente llegaremos al éxito en nuestras vidas, es decir, lo que se va a merituar para el éxito es el esfuerzo realizado. Consecuentemente, a quien no le va tan bien es porque no se ha esforzado lo suficiente.

Ahora bien, en esa comunidad tendríamos que arrancar todos en igualdad de condiciones ¿o da lo mismo quien arranca en situación de inferioridad?

A la hora de pensar en cómo aplicamos esas reglas en nuestra sociedad en primer lugar es importante discutir cómo realmente es valorado el esfuerzo en nuestro sistema de normas sociales. ¿Las personas que trabajan 12 horas diarias son las más ricas del país? ¿Un obrero es dueño de la empresa Techint?

¿El derecho en el sistema capitalista ha otorgado primacía al esfuerzo por sobre la propiedad o es al revés? ¿Los lazos de sangre, de amistad, las cuestiones de género, sexo y de clase influyen para llegar al poder o quedan subyugados al esfuerzo individual?

Asimismo, si pensamos en algunos lugares puntuales de nuestra sociedad, podemos ver que resulta cada vez más forzado poder implantarla sin lograr una situación de desigualdad. Por ejemplo ¿un niño que vive en situación de pobreza está en las mismas condiciones para asistir a la escuela que otro con los derechos básicos satisfechos?

Y hay que tener cuidado porque muchas veces para rebatir ese argumento se trae a colación una heroica o afortunada situación pero ¿podemos exigir a las personas que se comporten heroicamente? ¿Es la generalidad de los casos el pibe humilde que llega a la universidad o que la pega jugando al fútbol?

No es que se trata de algo imposible, sino de observar que existen estructuras que limitan, que posicionan a un gran sector social en desventaja, que un obrero que busca tener su casa tendrá que remarla cien veces más que quien hereda una propiedad.

Ahora ¿es solución abandonar a las personas a su suerte? ¿Qué hacemos con quien no ha logrado acceder a su propia vivienda? ¿Qué hacemos con la juventud que no llega a la universidad?

Discutir eso es discutir el rol del Estado, disputar derechos. Y los derechos confrontan con los privilegios. ¿Será por eso que el sector conservador de la política se empeña en discutir la ampliación de derechos?

El derecho a la vivienda es uno de los lugares donde más vemos que en nuestro país la meritocracia no está funcionando. Mientras algunas familias son propietarias por herencia desde hace un siglo de latifundios, hay otras que no pueden acceder a un pequeño terreno donde vivir.

¿Construimos políticas de acceso a la universidad o directamente damos por cierto que la gente humilde no llega a la universidad? ¿Discutimos planes de vivienda o simplemente reprimimos las tomas de tierras en desuso?

Definitivamente se trata de un posicionamiento, una concepción política que tendrá una respuesta consecuente. Pensar que todas las personas estamos en el mismo pie de igual en nuestra sociedad es demasiado forzado. Dejar a la buena de dios a las personas en una sociedad tan desigual solo da lugar a más desigualdad, a la ley del más fuerte.

Por otra parte, ¿podemos construir un mundo solamente pensándolo en el desarrollo individual? Incluso pensándolo en términos redituables: ¿es posible vivir en el mundo del sálvese quien pueda?

Rubén Abreu
Rubén Abreu

Recibido en la Universidad Pública de Abogado, aunque sigo estudiando. Me gusta leer y soy re colgado. Trabajo por ser consecuente con mis convicciones, con todas las imperfecciones que tengo.

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