Con violencia no se puede jugar

El fútbol, como parte inseparable de una construcción social, no puede ser la excusa detrás de la que se oculten los violentos, solo por el «mérito» de ser grandes jugadores.

La violencia machista, en sus múltiples formas, es una realidad palpable. Y que el tener renombre, en muchos ámbitos, garantiza a los hombres el gozar de impunidad, también. Entonces, si los clubes, en su función social, son espacios que apuntan a la contención y la construcción colectiva, es urgente que no sigan aprobando prácticas violentas en ninguna cancha. Como así también que se re-piensen como instituciones claves en la formación de les sujetes y las diferentes formas de relación humana.

Es por eso, que la creación de protocolos de acción frente a la violencia de género que vienen realizando distintos clubes en la Argentina, es fundamental. Y sobretodo si se tiene en cuenta que los hechos de violencia machista no son sucesos aislados, sino que forman parte de una gran construcción histórico-social. Lo que transforma este partido en un desafío urgente que todes tenemos que estar dispuestes a jugar.

Para sumar algunos números que respaldan la exigencia que hace años plantean los movimientos de mujeres y diversidades ante tan alarmante escenario, es clave mencionar que desde que comenzó el aislamiento social preventivo y obligatorio se registraron, al menos, 85 femicidios en el país. Dato que da cuenta de que la violencia machista no se cubre con un barbijo y que es un virus que hace años está exterminando, aunque suene radical, a un sector de la sociedad. En la misma sintonía, en lo que respecta a la provincia de Buenos Aires, desde que comenzó el aislamiento social preventivo y obligatorio se realizaron más de veinte mil llamados al 144 denunciando hechos de violencia; número que duplica los valores del año pasado. Porque si bien la violencia machista no es propia de la pandemia, se recrudeció de manera abismal en este contexto. Y como el deporte no es una isla aparte de la realidad en la que se vive; es indispensable pensar a los espacios deportivos como ejes centrales en la sociedad que se busca construir; obviamente una mucho menos violenta.

¿Por qué el fútbol?

Si bien son incontables los ámbitos en los que se reproducen violencias cotidianamente hacia las mujeres y diversidades, y en los cuales hay que poner la lupa para comenzar a re-construirlos, en lo que al fútbol respecta es una necesidad de primera urgencia. Porque cuando hablamos de fútbol, más allá de las caracterizaciones personales-pasionales sobre el mismo, hablamos también del escenario perfecto para plasmar, de manera simbólica y pública, la masculinidad. O por lo menos eso es lo que sucedió históricamente y lo que lo transforma en un espacio atravesado por la violencia y la exclusión. Pero para empezar de manera ordenada es importante preguntarse ¿por qué el fútbol? ¿Qué decimos cuando decimos que el fútbol construye violencia? Bueno, aristas hay varias, pero quizá la más importante sea pensar en qué masculinidad se construye en ese ámbito, o qué implica mejor dicho ser portador de esa imagen.

De hecho, ejemplos como el de Alexis Zárate ponen en la mesa la importancia de esta discusión. Como para contextualizar, Zárate fue condenado a tres años de prisión por abusar de la pareja de un compañero, pero para que se entienda por qué el fútbol es el eje en este tema, es clave pensar que Alexis Zárate no fue criado en una casa “común”; a Zárate lo criaron instituciones deportivas desde los once años. Entonces, ¿quién lo educó? ¿Quién le enseñó cómo relacionarse en la sociedad? ¿Quién le enseñó cómo percibir a las mujeres e incluso su propia masculinidad? ¿No será violenta la forma en la que el fútbol construye a los hombres? ¿No será violenta la manera de percibir a las mujeres y diversidades que se reproducen en distintos espacios del fútbol? La realidad es que sí y pruebas sobran. Por lo tanto, es indispensable pensar que las formas de relacionarse que construye el fútbol, están atravesada obviamente por un sentido de la masculinidad que hay que erradicar. Porque cuando se disputa cómo construir desde el deporte, cuando se plantea su rol social y de contención, no pueden obviarse estos signos de exclusión, violencia e invisibilización que todavía existen.

Para que sea concreto este planteo, es importante mencionar los nombres de los protagonistas de los sucesos violentos, y para nada causales, que se vivieron entre el año pasado y este año en el mundo de la pelota. En lo que va del 2020, ya son tres los jugadores que se suman a la lista negra de denunciados por maltrato y violencia. Todo este planteo filtrado obviamente por lo real: tres son los que conocemos, pero sabemos que se trata solo de la punta de un Iceberg en el que pueden caer muchas estrellitas más. Pero al margen de este último detalle, la reciente denuncia al defensor de Vélez, Miguel Brizuela, trae a la mesa, una vez más, la larga lista de jugadores violentos entre los cuales se pueden mencionar a Ernesto Farías, a Sebastián Villa, a Jonatan Cristaldo, a Lucas Mancinelli, a Lautaro Acosta, a Hernán Tifner, a Rafael Santos Borré, a Fernando Tobio, a Edwin Cardona, a Frank Fabra, a Wilmar Barrios, a Ricardo Centurión, a Renzo Saravia, a Agustín Rossi y al ya nombrado Alexis Zárate.

La importancia, entonces, de poner en palabras y aglutinar todas estas experiencias consta de varios puntos. El primero: que no solo las instituciones fueron cómplices por años de estos comportamientos machistas, sino que también lo fueron, y lo son, los grandes medios de comunicación. El segundo es que incluso cuando los feminismos generaron en la sociedad la suficiente conciencia para repudiar estas prácticas, aún se siguen obviando ejes centrales. Es decir, incluso ahora, se presentan a los casos de violencia como simples hechos que pueden explicarse en cada experiencia particular con algún justificativo distinto. Y lo cierto es que, como se mencionaba más arriba, todo caso de violencia pertenece a un engranaje mayor que es este sistema patriarcal. Por último, es urgente y necesario crear, financiar y fomentar mecanismos de acción frente a la violencia para que no suceda lo que sucedió, por solo nombrar un ejemplo, con Ricardo Centurión que simplemente fue suspendido cinco días luego de haber sido denunciado.

Preguntémonos, indaguemos aunque nos parezca incómodo. Si un jugador viola, maltrata e incluso casi mata a una mujer ¿el club no tiene que interceder de ninguna manera? ¿Cómo un club social va a vender o comprar un jugador así? ¿Dónde está, justamente, su rol social? ¿Por qué ofrecen contención solo a un sector de la sociedad y expulsan a otros? Y sobretodo, ¿cómo se acciona frente a estas situaciones? Lo cierto es que opiniones o respuestas pueden haber muchas, pero la exigencia que hace años se plantea está relacionada con la creación de protocolos de acción, que unifiquen el comportamiento y la reacción de los diferentes clubes frente a hechos de violencia, y que a su vez obligue a todas las partes que componen al fútbol a interiorizarse y formarse en este tema.

Políticas urgentes

Habiendo pasado cuatro meses de cuarentena, en un país donde una mujer muere asesinada en manos de un hombre cada 25 horas, la realidad es que los mecanismo de amparo parecen no ser suficientes. Sin embargo, a lo largo de este año, de a poco, diferentes clubes del fútbol argentino empezaron a comprometerse cada día más con la lucha para combatir y erradicar desde adentro la discriminación y la violencia contra las mujeres. Para esto, se impulsaron protocolos de acción para abordar e intervenir frente a situaciones de violencia y/o discriminación hacia las mujeres y/o personas del colectivo LGTTBIQ+ (lesbianas, gays, bisexuales, transgénero, transexuales, travestis, intersexuales, queers y otros colectivos no representados en las siglas anteriores) dentro del ámbito de los clubes. Y si bien el año comenzó con solo cinco clubes de Primera División interiorizados en esta política; hoy esa lista se extendió. Entre otras entidades deportivas que cuentan con protocolo, podemos mencionar a los pioneros Rosario Central, Newell’s Old Boys, San Lorenzo, Vélez Sarsfield y Racing Club; y a los sumados recientemente (estas últimas dos semanas), como Estudiantes, Gimnasia, Lanús, Belgrano, Vélez, Huracán, Banfield, Platense y Ferro.

Uno de los puntos salientes del proyecto es que, a partir de ahora, en los contratos de las y los deportistas profesionales (es decir, les futbolistas de los planteles superiores tanto masculinos como femeninos) tendrán una cláusula que los obligará a mantener una conducta adecuada y en consonancia con los “principios y valores” establecidos por el Protocolo en materia de Género y Diversidad.

Y en concordancia con la Ley Micaela, que establece la capacitación obligatoria en género y violencia de género para todas las personas que se desempeñan en la función pública, en los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial de la Nación; se brindarán capacitaciones en temáticas de género y diversidad a todo el personal en relación de dependencia, autoridades, deportistas, socios y socias. Es clave mencionar que estas medidas no están exentas de las políticas que el Estado viene impulsando en ese sentido; como por ejemplo el Plan Nacional para la eliminación de las violencias en el mundo del deporte.

El órgano de aplicación de este nuevo protocolo será, en el caso de cada club, su Departamento de Género y Diversidad, que depende de la Presidencia del mismo. Y que entre sus principales funciones tiene la recepción de consultas y denuncias, como así también el seguimiento de las intervenciones y la contención de todas aquellas personas que se sientan hostigadas, acosadas, abusadas o discriminadas dentro del ámbito del club. Con la responsabilidad de accionar inmediatamente frente a dichos sucesos y evitar la histórica expulsión que las mujeres y diversidades sufrieron en el deporte. Porque, a su vez, estamos en un contexto en el que incluso desde la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) y desde la Asociación de Fútbol Argentino (AFA), se está promoviendo la disciplina femenina de fútbol y con ello las políticas y el financiamiento que hace siglos exige este sector de la sociedad.

Maia Moreira, integrante de la Coordinadora de Derechos Humanos del fútbol argentino mencionó la semana pasada que “el Protocolo, además, responde a una coyuntura de la que las instituciones deportivas no pueden ser ajenas. Y a un trabajo en red que venimos realizando las mujeres de distintos clubes más allá de nuestro amor particular por cada camiseta. Intercambiamos experiencias y desarrollamos estrategias conjuntas que hicieron que, de un corto tiempo a esta parte, la mayoría de los clubes hayan avanzado en materia de género». Y en relación con este punto, el trabajo en conjunto y las luchas colectivas que se vienen llevando a cabo demuestran que los cambios profundos y reales tienen que realizarse en equipo y con el apoyo y el acompañamiento (económico y de índole política), del Estado. Que, como mencionaba líneas antes, es un compromiso que mencionó el Frente de Todes desde su asunción al poder y que fue respaldado por acciones concretas como la creación de capacitaciones y la motorización de espacios de debate y formación en este sentido.

El momento es ahora y hay que sacarle roja a la violencia de género en todas las canchas. Hay que ponerse la camiseta y realmente comprometerse a cuestionar lo que sea necesario para que el fútbol que se construya sea un verdadero espacio de inclusión y contención.

Maia Cubric
Maia Cubric

Nací en una ciudad de mar y eso me representa. Entiendo que nada es porque sí y que por eso mismo todo se puede cambiar. Milito porque sin construcción colectiva no se puede transformar el mundo y porque la práctica es la única y la mejor manera de revolucionar.  

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