Muro demócrata en el Congreso

Por Emilio Ibáñez*

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La gestión de Trump ha estado plagada de polémicas desde sus inicios en 2017. Promesas económicas que alientan el proteccionismo; sanciones y bloqueos a sus rivales comerciales y políticos; acercamientos históricos con Corea del Norte; alejamientos que han sido muy críticos a nivel global (Acuerdo de París y DDHH); una cuenta de Twitter en llamas y acusaciones comprometedoras desde sus propios funcionarios. La lista puede ser mucho más larga, pero hay factores de mayor o menor importancia en ella. Si hablamos del polémico muro fronterizo que fue pilar de su campaña presidencial y que ha captado el voto de gran parte del electorado republicano, hay que hacer especial mención.

El 15 de febrero de este año el presidente norteamericano se manifiesta ante la crisis de seguridad nacional en su frontera sur y decide declarar la “emergencia nacional” con el fin de obtener el financiamiento para el utópico muro republicano. En la segunda semana de marzo, casi un mes después del pedido del presidente, el Senado de Estados Unidos ha rechazado toda solicitud para financiar el muro (US$23.000 millones que se calculan necesarios para erigir un muro a lo largo de 3.200 kilómetros de frontera).

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Ante la contundente respuesta negativa desde el Senado, Trump decidió aplicar el primer veto desde su llegada a la Casa Blanca. Con esta medida el presidente buscará sortear obstáculos legislativos y cumplir con su objetivo principal, yendo mucho más allá de la objetividad de sus pares republicanos. ¿Es normal que aplique el veto? No, es una medida desesperada para saciar sus promesas xenófobas de campaña. Además de perder reconocimiento dentro del Partido Republicano, después de las elecciones de medio término en 2018, los demócratas ganaron mucho terreno en el Capitolio, impidiendo una agenda republicana unilateral.

Esta reconfiguración del escenario político ajusta la gestión de Trump y lo obliga a decidir caprichosamente, mientras tanto se analiza la legitimidad de una “emergencia nacional” sorpresiva. Con un ambiente polarizado en el Congreso, republicanos dominando el Senado y los demócratas la Cámara de Representantes, es difícil que se logren aprobar leyes significativas.De la mano con esto, vienen los decretos presidenciales que rechazan toda oposición.

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Trump deberá conciliarse con los senadores republicanos antes de que la unión con los demócratas sea más fuerte. Si 12 senadores republicanos votaron en contra de sus solicitudes de emergencia nacional, no sería una fantasía que estos se acerquen para crear consenso con el bloque demócrata, naciendo así la posibilidad de iniciativas legislativas con gusto demócrata que el magnate deberá saborear.

Mientras tanto, Trump solicita aumentar los gastos para el Ejército en la frontera sur, López Obrador actúa pacientemente e intenta gestionar la migración sin confrontar directamente con EEUU. Desde México, después de una elección histórica que consolida a la izquierda en el poder, lo que menos necesitan es crearse un problema con sus vecinos del norte.

Ahora queda ver cómo se concretará el veto de Trump. El presidente deberá revisar en las filas republicanas con qué apoyo cuenta si hace oídos sordos ante sus demandas. Por el momento, exhibe orgullosamente la firma que concluye con su solicitud de financiamiento.

* Periodista especializado en temas internacionales, columnista del programa Marcha de Gigantes (AM 1390 Radio Universidad Nacional de La Plata), redactor de Revista Trinchera y colaborador de Agencia Timón.

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