Una historia de Palestina (parte III)

Una historia de Palestina (parte III)

TIEMPO DE LECTURA: 5 min.

La historia de Palestina nos conmueve por el conflicto actual y por el terrible genocidio que sigue perpetrando el régimen sionista de Israel sobre esa parte del llamado Medio Oriente. En Revista Trinchera queremos presentar a nuestros lectores una breve historia de Palestina en cuatro partes para poder comprenderla desde el punto de vista historiográfico, arqueológico, geopolítico y social.

La tercera parte de la historia de Palestina está referida a repasar muy brevemente la formación de la identidad nacional del pueblo palestino. Siempre ha habido una identidad árabe en esta pequeña región asiática, por lo menos desde los tiempos del imperio romano, cuando comunidades árabe-parlantes comenzaron a asentarse allí. Algunas se cristianizaron desde el II siglo d.C. Desde el 650 d.C., el islam fue adoptado por las comunidades locales palestinas, y con la llegada de árabes musulmanes ese fenómeno se intensificó. Había pequeñas comunidades judías (los mizraím), que hablaban dialectos árabes y arameos, en Palestina, que compartían lugares sagrados con las otras pequeñas comunidades cristianas (también árabe-parlantes). 

El carácter sagrado de su suelo para las tres grandes religiones monoteístas lejos de ser ajeno, fue fundamental para la definición del propio espacio palestino. La aparición del nacionalismo entre la población palestina no fue fácil. El núcleo de las tierras palestinas estaba en las tierras altas, menos desarrolladas económicamente que los núcleos de países vecinos, situados en zonas coste-ras o en llanuras del interior. Esta ubicación estaba en consonancia con una estructura social y política más tradicional. Grandes terratenientes se situaban en la cúspide social y lideraban redes integradas por notables de diferente rango que ejercían su autoridad sobre el conjunto de la población.

Había clanes árabes musulmanes que dominaban la escena en la Palestina bajo dominio otomano. Pero los Husseini y los Nashashibi, eran los más influyentes, gozando los primeros de una posición más sólida. Inicialmente no surgió un nacionalismo estrictamente palestino, sino proyectos que aspiraban a la unidad árabe o de la Gran Siria, ideas que solían entremezclarse y que rara vez se entendían como contrapuestas al imperio otomano. En 1880 solo algunos cristianos de Siria, Líbano y Palestina eran hostiles al imperio. Más en contacto con la cultura occidental, la minoría cristiana se sentía en condiciones de liderar la tarea modernizadora y en general, adoptó antes el nacionalismo, siendo la identificación religiosa sustituida por otra nacional.

Entre fines del siglo XIX y principios del siglo XX, llegan las ideas nacionalistas a Palestina. Surge el arabismo o panarabismo, que es un nacionalismo cultural. En algunos de sus defensores encontramos lugares comunes de este nacionalismo, como la imagen de una nación que había permanecido aletargada y era despertada por los nacionalistas. En los meses anteriores a la Primera Guerra Mundial, ese nacionalismo árabe en Palestina se asoció al antisionismo europeo, que fomentaba la inmigración de comunidades judías a la Tierra Santa. Estudiantes palestinos de Al-Azhar, en El Cairo, fundaron la Sociedad de Resistencia a los Sionistas y la campaña antisionista de Filastin fue tan intensa que las autoridades otomanas suspendieron el periódico alegando que fomentaba tensiones interraciales. Filastin replicó que los sionistas no eran una raza, sino un grupo político, diferenciando entre sionistas y judíos, acusando a los primeros de romper la tradicional convivencia armónica con estos y de aspirar a controlar el país.

Los británicos hicieron promesas para después de la guerra a sus aliados árabes. El sistema de mandatos fue menos ventajoso para los palestinos que para otros árabes, ya que no consiguieron una suficiente capacidad de autogobierno y debieron enfrentarse a los colonizadores y al sionismo. Pero los diversos nacionalismos palestinos buscaban formas de identidad.  El árabe no fue un elemento integrador nacional en la misma medida que el hebreo. Por un lado, no era exclusivamente palestino, favoreciendo más bien una identificación árabe. Por otro, sus hablantes experimentaban un sentimiento de seguridad lingüística que no propició un uso ideologizado similar al del hebreo.

Entre 1920 y 1940 los nacionalismos árabes oscilaban entre el laicismo y el islamismo. El árabe, sin embargo, aglutinaba a judíos y cristianos nativos de Palestina, cuestión que fue aprovechada por elites políticas nacionalistas laicas musulmanas para crear un estado propio y en oposición al sionismo creciente. 

Con el estallido de la Primera Guerra Mundial, Inglaterra prometió la independencia de las tierras árabes bajo el gobierno otomano, incluyendo Palestina, a cambio de apoyo contra Turquía que había entrado a la guerra del lado de Alemania del káiser Guillermo II. En 1916 Inglaterra y Francia firmaron el Acuerdo Sykes-Picot, y habían dividido la región árabe en zonas de influencia. Líbano y Siria fueron asignadas a Francia, Jordania e Iraq a Inglaterra y Palestina sería internacionalizada. En 1918 Lord Balfour, el Secretario de Relaciones Exteriores Británico, envió una carta al líder sionista Lord Rothschild, que más tarde se conoció como “La Declaración Balfour”. El citaba que Inglaterra iba a usar sus mejores medios para facilitar el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío. En ese tiempo la población de Palestina eran 700.000, de los cuales 574,000 eran musulmanes, 74.000 eran cristianos y 56.000 eran judíos.

En 1919 los palestinos realizaron su Primer Conferencia y expresaron su oposición a la “Declaración Balfour”. Al año siguiente, se realiza la Conferencia de San Remo que garantizó al “Mandato” de Inglaterra sobre Palestina. Dos años después Palestina estuvo efectivamente bajo la administración británica, y Sir Herbert Samuel, un declarado sionista, fue como el Primer Alto Comisionado de Inglaterra en Palestina. En 1922 el Consejo de la Liga de las Naciones expidió el “Mandato” sobre Palestina. El “Mandato” fue en favor del establecimiento de un hogar nacional para el pueblo judío. Pasando el tiempo, en 1936 los palestinos realizaron durante seis meses una huelga general en protesta por las continuas confiscaciones de tierra y la inmigración judía. En 1939 el gobierno británico publicó un nuevo “Papel Blanco” restringiendo la inmigración judía y ofreciendo independencia a Palestina dentro de 10 años. Este fue rechazado por los sionistas, quienes entonces organizaron grupos terroristas y lanzaron una campaña sangrienta contra los británicos y los palestinos. El objetivo era expulsar a ambos fuera de Palestina y allanar el camino para el establecimiento del estado sionista.

El horror nazi sobre la población judía europea y la Segunda Guerra Mundial llevó a los sionistas a intensificar la colonización sobre Palestina. Con el fin de la Segunda Guerra Mundial en 1945 se crean las Naciones Unidas y se dispuso que Palestina sea internacionalizada. Y en 1947 las Naciones Unidas aprobaron la partición bajo la cual los árabes palestinos, que sumaban el 70% de la población y poseían el 92% de la tierra, fueron reducidos al 43% del país (Resolución 181 de la ONU).


Mauricio Piñero

Cuentan las crónicas que nació como el hijo de nadie. Luchando por la Patria Grande, como Internacionalista y antiimperialista. Tripero de alma y cuerpo, siempre junto a la patriada barrial. La historia descolonizada es mi pasión como docente de la Escuela Pública y de los barrios. Las noticias sobre los pueblos que luchan como forma de viajar hacia una verdadera justicia social global.

Una historia de Palestina (parte II)

Una historia de Palestina (parte II)

TIEMPO DE LECTURA: 5 min.

La historia de Palestina nos conmueve por el conflicto actual y por el terrible genocidio que sigue perpetrando el régimen sionista de Israel sobre esa parte del llamado Medio Oriente. En Revista Trinchera queremos presentar a nuestros lectores una breve historia de Palestina en cuatro partes para poder comprenderla desde el punto de vista historiográfico, arqueológico, geopolítico y social. 

La segunda parte se centrará en la historia de Palestina desde el 500 a.C., hasta la Primera Guerra Mundial de 1914-1918. Durante esta larga etapa histórica, Palestina pasa por ser dominada por diversos imperios. Hay excepciones. Lo cierto es que las poblaciones de Palestina siempre fueron en su mayoría de lenguas semitas, independientemente de sus creencias religiosas. 

Entre el 500 a.C., y el 150 d.C., las comunidades judaicas semitoparlantes eran la mayoría y fueron las que forjaron la religión monoteísta judaica que conocemos. Parece ser que la formación de la religión monoteísta judaica surgida en Palestina pertenece a la “era axial”. El siglo VI a.C., ya supuso un verdadero punto de inflexión no sólo para Israel, sino para gran parte del mundo antiguo. Empieza una era marcada por la aparición de toda una serie de innovadores (símbolos personificados de tendencias generales en sus respectivas comunidades): Confucio (550-480 a.C.) en China, Buda (560-480 a.C.) en la India, Zoroastro (finales del siglo VII a.C.) en Irán, los filósofos y los “científicos” jonios que dan paso a la gran filosofía, a la tragedia y a la historiografía, en Grecia, y los grandes profetas “éticos” (como Ezequiel y el Deutero Isaías) del período de la “Cautividad de Israel”. La Biblia presenta el monoteísmo como si ya hubiera existido desde los orígenes de la “historia de Israel”, y se hubiera perpetuado luego en el tiempo, sin sufrir cambio alguno. Los especialistas hace tiempo que están de acuerdo en admitir que la aparición del monoteísmo es el resultado final de un largo proceso.

Durante el exilio en Babilonia, los habitantes semitas del reino de Judá deportados escriben lo que se conoce como el “Talmud de Babilonia” (Talmud Bavli), mientras que los pobladores semitas todavía establecidos en Judea escriben el “Talmud de Jerusalén”. Estos dos manuscritos representan las primeras manifestaciones de la Torá en forma escrita, y el “Talmud de Babilonia” es el utilizado actualmente por las comunidades judías. La subsecuente conquista de Babilonia a manos de los persas permitió a muchos judíos regresar a su tierra natal luego de 70 años en el exilio babilónico. Se construyó un nuevo Segundo Templo y se restablecieron las antiguas prácticas. Hacia el 330 a.C., Palestina cambia de mando imperial tras la derrota de los persas aqueménidas frente a las tropas del macedonio Alejandro Magno. Durante el llamado período helenístico esta región estuvo bajo el dominio de sus sucesores, primero de los lágidas de Egipto hasta el 197 a.C., y luego de los seléucidas hasta el 142 a.C. Pero la comunidad semítica judía fue testigo de la aparición de un grupo rebelde que no estaba para nada de acuerdo con cierto sincretismo entre religiones helenística y judaica. Entre el 167 y el 160 a.C., se produce la rebelión de los Macabeos, que fundan un reino judaico independiente en Palestina. En el 140 a.C., se forma el llamado reino judío de los asmoneos. Hacia el 60 a.C., los romanos logran apoderarse de Palestina. En el 37 a.C., el gobernador romano de Siria, Cayo Sosio, coloca en el poder al líder judío Herodes, declarándolo rey efectivo y cipayo del imperio latino. En la era de los asmoneos surgen las facciones judaicas de los fariseos, los esenios y los seduceos. 

Hacia el 4 a.C., parece ser que nace Jesús en Belén, en el sur de Palestina. En el decenio del 30 d.C., Jesús es crucificado según la tradición bíblica cristiana. Entre el 50 y el 100 se forja la religión cristiana monoteísta en Palestina. Pero las comunidades semitas judaicas buscaban la independencia sin conseguirla. Las derrotas de las rebeliones judías en los años 70 y 135 causaron grandes deportaciones de judíos, que dieron inicio a la Diáspora. Asimismo, tras la segunda de estas guerras (la rebelión de Bar Kojba), el emperador Adriano eliminó la provincia romana de Judea, fusionándola con la provincia romana de Siria para constituir la provincia de Siria Palæstina. En el 350-400 el cristianismo logra gran difusión por Palestina y las comunidades semíticas profundizan la cristianización. 

Al dividirse el imperio romano en el 395,  Palestina quedó bajo la dominación del imperio de Oriente hasta el 636, cuando se produjo la conquista islámica de la región por los árabes. Los árabes dividieron el Levante mediterráneo en cuatro provincias y llamaron Yund Filastin a la ubicada en Palestina. La región estuvo sucesivamente bajo el dominio de la dinastía Omeya (661-750), el califato abasí (750-1071) y los turcos selyúcidas (desde el 1071). La mayoría de la población semítica se islamizó, pero quedaron pequeñas comunidades judaicas y cristianas. 

Las Cruzadas cristianas fracasaron en establecer el dominio europeo duradero en Palestina. La Primera Cruzada logró derrotar a los selyúcidas en 1098, tras lo cual el califato fatimí ocupó Jerusalén. Los cruzados lograron tomar de nuevo la ciudad y establecieron allí el reino de Jerusalén del 1099 al 1187 cuando la ciudad fue reconquistada por el sultán Saladino, que estableció la dinastía de los ayubíes en Egipto y Siria. Reemplazada por la dinastía de los mamelucos, también en Egipto, que dominó la región hasta 1516 cuando fueron derrotados por los turcos otomanos dirigidos por Selim I. La región de Palestina fue parte de la “Siria Otomana”, bajo dominio del imperio turco otomano durante cuatro siglos hasta la Primera Guerra Mundial. Desde los años 1880 el sur era parte del sanjacado separado de Jerusalén, mientras el norte dependía del vilayato de Beirut y el este del río Jordán dependía del vilayato de Damasco.

En el marco de la Primera Guerra Mundial de 1914-1918 el imperio turco otomano ya estaba en franca decadencia y se alió a la Alemania del káiser Guillermo II contra los británicos, los franceses y la Rusia zarista. Finalmente, los británicos y los franceses derrotan a los alemanes y a los turcos otomanos. En 1916 Gran Bretaña conquistó la región de Palestina. Al finalizar la guerra en 1918, británicos y franceses dirigieron la partición del imperio turco otomano. La Conferencia de San Remo y el Mandato de la Sociedad de Naciones crearon el Mandato Británico de Palestina. A los semitas palestinos, en su mayoría musulmanes, se les prometió la creación de un estado propio. Pero los británicos se decidieron por los sionistas, inventores de un nacionalismo judío apoyado por el imperialismo occidental. Empezaba una nueva historia para Palestina. 


Mauricio Piñero

Cuentan las crónicas que nació como el hijo de nadie. Luchando por la Patria Grande, como Internacionalista y antiimperialista. Tripero de alma y cuerpo, siempre junto a la patriada barrial. La historia descolonizada es mi pasión como docente de la Escuela Pública y de los barrios. Las noticias sobre los pueblos que luchan como forma de viajar hacia una verdadera justicia social global.

Una historia de Palestina (parte I)

Una historia de Palestina (parte I)

TIEMPO DE LECTURA: 8 min.

La historia de Palestina nos conmueve por el conflicto actual y por el terrible genocidio que sigue perpetrando el régimen sionista de Israel sobre esa parte del llamado Medio Oriente. En Revista Trinchera queremos presentar a nuestros lectores una breve historia de Palestina en cuatro partes para poder comprenderla desde el punto de vista historiográfico, arqueológico, geopolítico y social. 

La primera parte se centrará en la historia antigua de Palestina. Pero antes debemos ubicarnos geográficamente. Se trata de un territorio comprendido aproximadamente entre el Mar Mediterráneo y el valle del río Jordán (de oeste a este), y entre el río Litani y el Néguev, sin incluir el Sinaí (de norte a sur), y que forma parte del Medio Oriente o Asia occidental. Se cree que luego del 1200-1000 a.C., un pueblo llamado Peleset, quizá de origen indoeuropeo, se instaló a lo largo de la costa sur, convirtiéndose en los filisteos de la tradición bíblica, y dando nombre a la región de Palestina. En esta ubicación, los Peleset influyeron en la cultura semita local, pero también la asimilaron rápidamente. Durante los siglos XII y XI a.C., los Peleset penetraron aún más en el interior de Palestina y allí se enfrentaron tanto con los gobernantes semitas cananeos locales como con los semitas israelitas (o antiguos hebreos).

Hasta aquí ya dimos unas pistas sobre la etimología de la región y mencionamos a pueblos de larga tradición en la región. Lo cierto es que Palestina viene siendo poblada desde antiguo, quizá hace 1,5 millones de años, formándose distintas culturas de la antigua Edad de Piedra (o paleolítico). Hace más de 100.000 años llegaban las primeras bandas cazadoras-recolectoras de la especie Homo sapiens; pero también hay registros de la especie Homo neanderthalensis de hace unos 60.000-40.000 años. 

La especie Homo sapiens quedó como la única superviviente desde hace unos 30.000 años en Palestina. La región fue testigo de los primeros indicios de vida aldeana y agraria hace unos 12.000-7000 a.C. Se fundaron aldeas amuralladas como la antigua Jericó y se cultivaba trigo y cebada, mientras se domesticaban perros, ovejas y cabras. Hace unos 4000-3500 a.C., las gentes de Palestina empezaron a vivir en pequeños centros urbanos y usaba cobre. No se sabe el origen étnico concreto de estas poblaciones, pero hace unos 3000 años a.C., parece ser que hay registros de una llegada de pueblos de habla semita, que serán conocidos como “cananeos”. Cierta historiografía árabe ubica el lugar de origen de estos semitas en el sur de Arabia, en el Himyar, en el actual Yemen. Se cree que llegaron a Palestina entre el 3000 y el 2500 a.C., cuando se daba inicio a la Edad del Bronce en la región.

Entre el 3000 y el 750 a.C., las poblaciones semitas dominantes eran la de los cananeos, parientes de los fenicios y púnicos. Quizá fueron los autores del primer alfabeto conocido en la historia hace unos 1600-1400 años a.C. Entre el 1200 y el 750 a.C., surgen nuevos pueblos de origen semítico, como el de los israelitas (o antiguos hebreos), el de los edomistas, el de los amonitas, el de los moabitas y el de los arameos. Los ya mencionados Peleset o filisteos, de origen indoeuropeo, fueron asimilando la cultura semítica. De todos estos pueblos, los israelitas y los arameos fueron los más numerosos y los que fundaron reinos propios. 

Los antiguos hebreos, que serán conocidos como israelitas, aparecen por primera vez en fuentes históricas a finales del siglo XIII (c. 1207 a. C.), cuando la llamada “estela de Israel” del rey egipcio Merenptah los enumera entre otros lugares y pueblos del sur de Levante. La tradición bíblica de origen israelita bajo Josué describe la invasión desde el desierto y la conquista de comunidades existentes. Los estudiosos recientes arrojan considerables dudas a este respecto y prefieren ver una transformación social durante los siglos XIII-XI a.C., de los grupos que ya se encontraban en la zona. Las dos interpretaciones principales consideran la infiltración y la sedentarización de pastores que anteriormente habían existido en los márgenes de las comunidades agrícolas, o las revueltas campesinas contra las élites urbanas de la Edad del Bronce. Ambas visiones consideran las comunidades aldeanas dispersas en las zonas montañosas del sur del Levante a principios de la Edad del Hierro como respuesta a los trastornos políticos de finales de la Edad del Bronce Final. El conflicto entre filisteos y hebreos probablemente aceleró el desarrollo de la identidad étnica y la compleja organización política entre las tribus israelitas.

Los arameos, también semitas, habían existido en los márgenes del desierto sirio durante la Edad del Bronce Final. Estas personas ahora se infiltraron en la mayor parte de Siria. Elementos luvitas, originarios del sudeste de Anatolia y que hablaban una lengua indoeuropea, habían estado presentes en el extremo norte de Siria durante la Edad del Bronce Final. Esta población aumentó en número después del colapso del imperio hitita hacia el 1200-1178 a.C. Tanto los arameos como los luvitas se mezclaron con la población indígena para desarrollar una cultura a menudo llamada “sirio-hitita”.

Se discute mucho el proceso por el cual surgió una organización estatal urbana a partir de la estructura social tribal de la aldea del asentamiento israelita inicial. Los relatos recientes enfatizan los factores tecnológicos (herramientas agrícolas de hierro, terrazas, cisternas revestidas de cal), la expansión de la producción agrícola, el crecimiento de la población, la competencia social por la riqueza, la renovación de las relaciones comerciales regionales, el clientelismo político que trasciende a los grupos familiares y el surgimiento de organizaciones regionales. centros de culto. En el relato bíblico, la elección de Saúl como rey (militar) fue todavía un acto “democrático”, bajo la presión de la expansión filistea. David, descendiente de la “casa de Judá”, unió a Israel y Judá bajo su gobierno alrededor del año 1000 a.C., y luego expandió su reino hacia el sur de Siria y Transjordania. Jerusalén, antigua fortaleza jebusita, se convirtió en la capital y, con el traslado del “arca de la alianza”, en el centro religioso del estado.

Salomón, el sucesor de David, centró sus esfuerzos en la reforma administrativa y la reorganización militar. Dividió el reino en distritos cuyos límites seguían los de las antiguas divisiones tribales y las de las antiguas ciudades-estado cananeas independientes. La incorporación de estas ciudades-estado, ya iniciada bajo David, trajo una mayor prosperidad a la clase dominante en Israel y mejoró el nivel de vida material. Por otro lado, las masas de personas fueron sometidas a una explotación económica creciente y tuvieron que soportar el peso de la expansión militar y la defensa fronteriza. Salomón participó activamente en el comercio exterior, en parte en asociación con Hiram, rey de Tiro, y tuvo contactos comerciales con el sur de Arabia a lo largo del “camino del incienso” (de ahí la historia bíblica de la reina de Saba).

Después de la muerte de Salomón, el reino unido se dividió en dos entidades políticas: Israel y Judá. Cada uno de ellos estaba en guerra con sus vecinos arameos del norte; y la expansión imperial asiria amenazaba a ambos. Israel pasó a formar parte del imperio asirio en 721, cuando Sargón II tomó Samaria y deportó a muchas personas, reemplazándolas con nativos de Babilonia y Hamat. Judá se convirtió en cliente después de que las tropas del rey asirio Senaquerib derrotaran a las de Ezequías en el año 701 a.C. Ambos reinos hebreos estaban influencias por las ideologías religiosas de los vecinos arameos y cananeos. De acuerdo a la Biblia judeocristiana surgieron profetas como Elías, Eliseo, Amós, Isaías, Ezequiel y Jeremías que denunciaban la idolatría para fomentar al dios Yavé, que se convirtió en la deidad de los semitas hebreos, que en otros tiempos era conocido como El.

Un personaje importante fue el rey Josías de Judá. Según la Biblia judeocristiana, Josías instituyó reformas importantes. En su reinado se inició la recopilación y edición del libro bíblico Deuteronomio bajo el liderazgo religioso del profeta Jeremías.  La Biblia judeocristiana también relata que en tiempos del rey Josías de Judá la adoración a Yavé reforzó el monoteísmo hebreo en el siglo VII a.C. Parece ser que Josías se dio cuenta de la oportunidad que tenía de formalizar la sustitución de una dependencia y una fidelidad al señor terrenal ligada a un emperador de Mesopotamia, por una dependencia y una fidelidad al señor divino, Yavé.

En el año 612 a.C., la capital asiria, Nínive, fue conquistada por las tropas de Nabopolasar, rey de Babilonia. Josías aprovechó la debilidad asiria y reconquistó algunas zonas del norte de lo que era el reino de Israel. Tuvo una disputa con Egipto, que temía un fortalecimiento de Mesopotamia y quería precipitarse en ayuda de los asirios. En la primavera de 609 a.C., el faraón Necao II encabezó una importante fuerza para ayudar a los asirios. A la cabeza de un gran ejército, Necao tomó la ruta de la Vía Maris con el apoyo de su flota del Mediterráneo, pero al intentar cruzar por tierra encontró el paso del valle de Jezreel bloqueado por el ejército de Judá dirigido por Josías, aliado de Babilonia. En la batalla de Megido Josías murió en el año 609 a.C. Lo cierto es que el reino de Judá, sin embargo, resistió hasta que el imperio neobabilonio bajo las tropas del rey Nabucodonosor II destruyen Jerusalén y el templo en el año 586 a.C. Se produce la deportación de gran parte de la población de Judá a Babilonia, donde vivirán siete décadas. 

Hasta el año 539 a.C., Palestina estuvo bajo poder babilónico. Pero en ese año tropas persas aqueménidas al mando del rey Ciro II derrotan al imperio de Babilonia. El nuevo emperador del Asia occidental deja que los deportados de Judá regresen a Palestina y construyan un nuevo templo. La totalidad del reino de Babilonia fue anexionada como una sola satrapía. Más tarde, con Darío I, esa satrapía (demasiado grande y demasiado importante) fue dividida en dos, situándose la capital de la satrapía de Transeufratina en Damasco, donde residía un gobernador persa. Este territorio estaba además dividido en provincias, que probablemente fueran más numerosas en la costa, debido a la mayor densidad de los asentamientos (tenemos conspicuos restos de palacios persas en Sidón, Arwad y Biblos), mientras que las mesetas del interior de Palestina fueron confiadas al gobernador residente en Samaria. Pero los persas aqueménidas convirtieron a Palestina en provincia del nuevo imperio dominante.

Hasta aquí la historia antigua de Palestina. En la segunda parte abordaremos la etapa que va desde el 500 a.C., hasta la Primera Guerra Mundial de 1914-1918 de la era actual. 


Mauricio Piñero

Cuentan las crónicas que nació como el hijo de nadie. Luchando por la Patria Grande, como Internacionalista y antiimperialista. Tripero de alma y cuerpo, siempre junto a la patriada barrial. La historia descolonizada es mi pasión como docente de la Escuela Pública y de los barrios. Las noticias sobre los pueblos que luchan como forma de viajar hacia una verdadera justicia social global.

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