¡No se olviden de Yemen!

¡No se olviden de Yemen!

TIEMPO DE LECTURA: 8 min.

Yemen es un país del sur del Oriente Medio, de unos 30 millones de habitantes, cuya población es de mayoría musulmana. En el noroeste del país se encuentran los musulmanes shiítas de la rama de los zaidíes, que representan un 40 % de la población. El resto pertenece a la rama islámica sunna, dividido en wahabitas, salafistas, takfiríes y otros, ubicados en el sur del país. El Islam llegó al país hacia el siglo VIII y desde entonces se formaron diversos sultanatos locales. Hacia el siglo XVI los turcos otomanos sunna tomaron el país, apartando a los shiítas zaidíes en barrios tipo ghetto, legitimando un sistema de discriminación religiosa. Los shiíes zaidíes es una de las tantas ramas del Islam shía, que se diferencia de las facciones persas, sirias, bahreiníes y libanesas, entre otras.

Tras la Primera Guerra Mundial los británicos se hicieron con el control de Yemen. Rápidamente, en el norte del país se fundó una estado nuevo, bajo elites reaccionarias y apoyadas por Arabia Saudí y Occidente. La región sureña quedó bajo protectorado británico, mientras grupos independentistas socialistas aparecieron en escena para expulsar a los invasores occidentales. En los inicios de la Guerra Fría, Yemen del Sur fue escenario de luchas anticoloniales en la cual facciones comunistas lograron apoyo popular.

Una insurgencia suryemení se fortaleció, con el apoyo y respaldo de la Unión Soviética, y liderada por dos partidos nacionalistas revolucionarios, provocando que el Reino Unido unificara primero la zona y en 1967 se retirara de su antigua colonia. En ese año, se funda la República Popular Democrática de Yemen, con capital en Adén. Fue, además, el primer Estado socialista que existió en el mundo árabe, que inclusive decretó el laicismo total en el país. Al norte quedó la República Árabe del Yemen, con sede capital en Saná, y con un gran apoyo de Estados Unidos, Inglaterra, Francia y Arabia Saudí.

Yemen del Norte y Yemen del Sur tuvieron relaciones relativamente amistosas, a pesar de que en varias ocasiones sufrieron periodos de mucha tensión. Inclusive, desde 1972 se produjeron declaraciones de ambos bandos que manifestaban su voluntad de una unificación en el futuro. A pesar de sus esfuerzos por traer estabilidad a la región, el gobierno revolucionario comunista de Yemen del Sur se vio envuelto en una breve guerra civil en 1986. Finalmente, con el colapso del comunismo, Yemen del Sur se unificó con Yemen del Norte el 22 de mayo de 1990 para forman el actual Yemen. El país no ingresó a la estabilidad, ya que las tensiones internas siguieron. Pero sí el país unificado entró al capitalismo salvaje, el saqueo, la guerra civil y el intervencionismo foráneo.

Yemen unificado quedó bajo poder de Abdulah Saleh, hombre fuerte de Occidente y Arabia Saudí. Siguió con su política de apartheid contra los shiítas zaidíes del norte de Yemen y estos no dudaron en organizarse en movimientos de resistencia. Conocidos también como Hutis lograron gran apoyo popular. Toma su nombre de Husein Badrudin al Huti, anterior comandante de Saleh, muerto por las Fuerzas Armadas de Yemen en septiembre de 2004. Otros comandantes, como Ali al-Qatwani, Abu Haider, Abbas Aidah y Yousuf al-Madani (un hijastro de Husein al Huti) también fueron abatidos por las Fuerzas Armadas de ese país. Se dice que Husein Badrudin al Huti, un hermano del fundador del grupo, es su líder espiritual. Los Hutis han estado en conflicto con militantes salafistas, sunitas y takfiríes.

El intervencionismo saudí destruyó gran parte de Yemen, causando una tragedia humanitaria desde 2015 hasta hoy.

El shiísmo zaidismo, conocidos ocasionalmente como quintanos es una rama de los seguidores de Alí, dentro de la religión islámica, surgida alrededor del siglo VIII. El zaidismo es una de las facciones shiíes más cercanas en términos de teología a las escuelas ibadíes y Mu’tazila. El nombre de zaidí proviene de Zayd ibn Ali, nieto de Husáin ibn Ali (hijo del cuarto Imán Ali ibn al-Husáyn). Los seguidores de la jurisprudencia islámica zaidí constituyen alrededor del 50% de los musulmanes de Yemen, siendo en ese país la gran mayoría musulmanes shiíes. Los zaidíes reconocen a los mismos cuatro primeros imanes que el resto de los shiíes, pero no al quinto, Mohamed el Báciro, a quien sustituyen por su hermano Zayd ibn Ali, que en el año 740 promovió una rebelión contra el poder de los Omeyas.Viven en el norte del Yemen (donde son mayoría) y en Arabia Saudí también. Es la rama shií más próxima al sunismo, pues consideran que el imán no está guiado por Dios y por lo tanto no es infalible.

La famosa Primavera Árabe de 2011, que se llevó puesta a los regímenes de Túnez y Egipto, y que fue la excusa perfecta para que Estados Unidos y la Unión Europea, a través de la OTAN, derrocaran al gobierno de Muammar al Gadafi, también impactó sobre Yemen. De hecho, se cayó también el régimen de Saleh, tras una serie de protestas sociales en Yemen, en la cual fueron protagonistas también los Hutis. A través de su insurrección armada, han controlado toda la gobernación de Sa’dah y partes de las de ‘Amran, Yauf y Hajjah. Al 9 de noviembre de 2011, los hutíes controlaban los gobernaciones de Sa’dah y Yauf y cerca de hacer otro tanto con Hajjah,​ lo que les habría permitido lanzar un ataque a la capital nacional Saná.​ En mayo de 2012, ya controlaban la mayor parte de los gobernados de Sa’dah, Yauf y Hajjah, habían ganado acceso al Mar Rojo y habían comenzado a construir barricadas cerca de Saná. Saleh dejó el poder y le sucedió su vicepresidente Abdo Rabu Mansur al Hadi, apoyado por Occidente y los saudíes.

Imagen que duele. La guerra de intervención saudí en Yemen causó más de 14 millones de hambrientos, sobre todo niñas y niños. Más de 80 mil niñas y niños murieron de hambre en Yemen en los últimos años.

A principios de este año 2015 los Hutí de Ansarolá lograron derrocar al gobierno yemení de al Hadi, lo que provocó una alerta para Occidente y Arabia Saudí, ya que habían ganado los Huti en Saná. Las Naciones Unidas pidieron un proceso de paz y de “reconciliación nacional” para Yemen, pero los seguidores de al Hadi no quisieron pactar una paz social con los shiíes de Ansarolá, acusados de ser “agentes del ayatollah Alí Jamenei” de Irán. La contienda civil continuó, pero los rebeldes Huti habían logrado formar una coalición de partidos políticos de tendencias antioccidentales junto a fuerzas progresistas y socialistas locales. Rusia, China, India y hasta Venezuela se pronunciaron a favor del nuevo gobierno Hutí, mientras la República Islámica de Irán y el Hizbollah libanés mostraron felicidad ante el triunfo de los shiíes zaidíes de Yemen.

Ya era intolerable para Occidente y Arabia Sudí que los Huti en Yemen reordenaran el estado, proclamen alianzas con los rusos, los chinos y los iraníes, ya que rompía el tablero geoestratégico en el Oriente Medio en los ya conocidos negociados del petróleo y el gas. Estados Unidos e Israel diseñaron con los saudíes atacar Yemen para convertirla en una nueva Somalia fragmentada y sometida a una guerra civil entre tribus rivales para convertir a la región arábiga en un caos y así socavar fuerzas sirias e iraníes en la región. Por ello a fines de marzo el reino sunna de Arabia Saudí lideró una coalición de países islámicos sunnas para atacar Yemen y doblegar a los luchadores de Ansarolá.

Desde el año 2015 el reino saudí, Emiratos Árabes Unidos (EAU), Kuwait, Qatar, Bahrein, Marruecos, Paquistán, Egipto, Turquía y Jordania respondieron así de modo casi instantáneo al desesperado pedido del presidente yemení derrocado al Hadi, quien desde un desconocido lugar en Adén (mientras su palacio se encontraba bajo bombardeo de los rebeldes shiíes Hutí) solicitó una urgente intervención extranjera a las Naciones Unidas y a sus aliados regionales. La operación denominada “Tormenta de la Firmeza”, se inició en la madrugada, cuando el reino saudí de Arabia anunció que bombardeó el palacio presidencial y el aeropuerto de Saná, así como varios cuarteles, entre otros puntos estratégicos.

Protestas en Occidente contra la guerra saudí en Yemen, que son ocultadas por la gran prensa en el mundo.

Desde entonces los rebeldes Huti siguen firmes en el norte de Yemen. Pero los intervencionistas saudíes y sus aliados causaron una verdadera tragedia humanitaria en Yemen. Más de 50.000 muertes, 10.000 heridos, 14 millones de hambrientos y más de 80.000 niños muertos de hambre por el terrible bloqueo que impuso Arabia Saudí sobre Yemen septentrional. El filosaudí al Hadi también reprime a seguidores de Ansarolá en el sur de Yemen. Por su parte, Saleh se había aliado a los Huti para tratar de vencer a al Hadi, pero los rebeldes de Ansarolá rompen con él y lo ajustician en 2017. Los Huti resistieron siempre contra la invasión saudí. De hecho, mantuvieron a raya al tercer ejército más poderoso del planeta, con más de 350.000 soldados de Arabia Saudí. Algunos analistas hablan de que el Yemen se convirtió en el “Vietnam saudí”. Algunos analistas argumentan que Yemen es el eslabón más débil de la cadena que representan los gobiernos shiías de Siria e Irán en el Oriente Medio, y que Occidente quiere destruir. Pero lo cierto es que los pretorianos invasores saudíes destruyeron gran parte de la humanidad de Yemen. Y eso no podemos olvidarlo. La tragedia humanitaria yemení causada por el intervencionismo saudí ha sido marginada, ocultada y tergiversada por la gran prensa occidenta.

Mauricio Piñero
Mauricio Piñero

Cuentan las crónicas que nació como el hijo de nadie. Luchando por la Patria Grande, como Internacionalista y antiimperialista. Tripero de alma y cuerpo, siempre junto a la patriada barrial. La historia descolonizada es mi pasión como docente de la Escuela Pública y de los barrios. Las noticias sobre los pueblos que luchan como forma de viajar hacia una verdadera justicia social global.

“Ayúdenla… ayúdenla que sea humana, la humanidad”

“Ayúdenla… ayúdenla que sea humana, la humanidad”

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Son muchos los elementos de la actualidad que pueden arrojarse sobre la mesa de manera desordenada, aislada o desconectada, pero si se frena, si se hace una pausa y se observa con detenimiento, si cada une se toma el trabajo de observar críticamente esos hechos, fácilmente se podrían encontrar las conexiones existentes.

Unos pasos para atrás: Trump y su guerra contra China

Desde comienzo de la pandemia, el gobierno de Donald Trump comenzó a hacer una fabulosa campaña anti China: “El virus chino” decía el magnate de peluquín (para referirse al Covid-19) cada vez que tenía la oportunidad. Esa administración comenzó una batalla de desprestigio sobre China que rápidamente fue replicada por la prensa occidental. El acople fue casi inmediato pese a que en las sombras se llevaba adelante un sabotaje para que los Demócratas lleguen nuevamente al Despacho Oval.

Ya con Joe Biden como presidente, y tras conocer sus primeros movimientos, ha comenzado a verse con más claridad que la disputa (de un EE.UU. agonizante) no solo enfrenta a China, sino también a Rusia. No es un dato menor que Biden haya sido el primer presidente norteamericano en tildar públicamente como “asesino” al presidente de otra nación de gran porte. En este caso a Vladimir Putin, presidente de la Federación Rusa.

Guerra en los medios

En paralelo a lo antes dicho, en el marco mediático, durante el final de la administración Trump y el inicio de la del “Demócrata”, los grandes conglomerados (des)info-comunicacionales comenzaron una monumental campaña de desprestigio contra las vacunas no occidentales. Las rusas primero, las chinas después, y de las cubanas ni siquiera se habla… Hasta ese punto llega el bloqueo contra la isla.

Se publicaron cientos de artículos desacreditando la producción no occidental de vacunas. Toda una catarata de mentiras que solo cuestionaban el fármaco por su lugar de procedencia. Incluso en la actualidad sigue habiendo coletazos. Pero nadie come vidrio y la avaricia de las denominadas “Big Pharma” de EE.UU, Europa o Gran Bretaña, muy rápidamente quedó expuesta a la luz.

Por su parte, y ante la publicación en revistas científicas de prestigio de los niveles de efectividad de la vacuna rusa Sputnik V, muchos países se vieron envueltos en la contradicción: si no se apuraban a comprarla quedarían relegados, pero si la compraban se estarían contradiciendo con lo dicho anteriormente, con la consiguiente posibilidad de perder aún más credibilidad. Esto fue lo que les pasó a muchos países, sobre todo europeos.

El gran negocio de la salud

La guerra por la adquisición de vacunas, a diferencia de otras cosas, sí discriminó entre los países occidentales, incluso los miembros de la Unión Europea quedaron en off-side cuando laboratorios como Pfizer comenzaron a exportar sus producciones a EE.UU, Reino Unido o Israel (porque pagaban más dinero por cada dosis), en lugar de cumplir con sus obligaciones con la propia Europa. Recordemos el salvajismo vivido a inicio de la pandemia cuando los países occidentales literalmente se robaban los cargamentos con insumos médicos como barbijos o componentes para su producción. La norma fue el individualismo, el intentar salvarse el culo solos. Esa fue la actitud de muchas potencias occidentales.

Grandes titulares, grandes loas a las compañías farmacéuticas occidentales que producen las vacunas contra el Covid-19, grandes alabanzas a los países que vacunaban masivamente a su población pero, ¿qué cosa no contaron los medios o qué información abordaron livianamente casi minimizándola? Las grandes inversiones públicas y el monumental negocio que significó para el sector privado.

La colega Pascualina Curcio lo dejó muy bien retratado en un artículo publicado recientemente: “De los US$ 13.900 millones que se han destinado a la investigación de la vacuna contra el Covid-19, los gobiernos han proporcionado US$ 8.600 millones, las organizaciones sin fines de lucro US$ 1.900 millones, mientras que solo US$ 3.400 millones los han puesto las empresas farmacéuticas privadas, apenas el 25% (Airfinity)[1].

Las farmacéuticas pusieron poco dinero (en comparación con lo que fue financiado por los Estados), tienen garantizada la compra de millones de dosis de los países y en algunas ocasiones pretendían incluir cláusulas descabelladas en sus contratos.

Para que se comprenda el monumental traspaso de recursos de los Estados al sector privado, y solo por citar los ejemplos de dos de los casos más mencionados mediáticamente: la estadounidense Moderna tuvo un financiamiento del 100% de parte del Estado, recibió US$ 562 millones y le fueron pre-encargadas 780 millones de dosis. El precio que pagará el Estado por cada una de esas vacunas es de US$ 31/dosis. Esto le generará ingresos cercanos a los US$ 24.000 millones de dólares.

Por su parte, Pfizer/BioNTech recibió US$ 268 millones, le pre-encargaron 1.280 millones de dosis a un costo promedio de 18,5 dólares por unidad. El ingreso aproximado sería de US$ 23.680 millones de dólares. El negocio es literalmente monumental: invierten poco, no asumen riesgos o posibles daños colaterales en la población, y tienen ganancias siderales.

La acumulación originaria

Es importante en este punto retomar valoraciones y análisis realizados por la Organización Mundial de la Salud y la Oxfam, donde se da cuenta de las desigualdades a la hora de obtener la preciada vacuna contra el Covid-19.

Según lo grafica Curcio en su artículo, “de los 128 millones de dosis de vacunas administradas hasta la fecha, más de tres cuartas partes se han aplicado en tan solo 10 países que representan el 60% del PIB mundial. Casi 130 países, con 2500 millones de habitantes, todavía no han iniciado la vacunación (OMS). Se estima que, a mediados de año, tan solo se habrá vacunado a un 3 % de la población de los países con menores recursos, y en el mejor de los casos, a una quinta parte, para finales de 2021 (Oxfam) lo que a su vez retardaría la recuperación no solo económica de esos países, sino de las condiciones de vida de su población. EEUU ha recibido el 25% de todas las vacunas disponibles a nivel mundial y la Unión Europea el 12,6%”.

Antes balas, ahora vacunas

Pero no todo queda en el marco de los negocios. La vacuna también se está utilizando como herramienta de presión hacia gobiernos que no están alineados con los intereses de EE.UU. El extremo del ridículo ha sido la pretensión de la empresa Pfizer/BioNTech de que los gobiernos con los que negocia acepten poner sus activos soberanos “tales como bases militares, edificios de Embajadas o reservas de los bancos centrales, como garantía a cuenta de posibles y futuros litigios, incluidos arbitrajes internacionales”.

Al respecto, el director del portal Dossier Geopolítico, Carlos Pereyra Mele se pregunta: “¿Pfizer negociando que se instalen bases militares si no se paga la vacuna? ¿Bases militares de qué país nos quieren instalar si supuestamente no abonamos la totalidad de las vacunas adquiridas?”.

Del mismo modo que se denunciaron estas condiciones absurdas, debe denunciarse la canallada, la mentira mediática descarada, de parte de un medio como Infobae (aliada del Washington Post de Jeff Bezos, uno de los hombres más ricos del mundo y propietario de Amazon). Este portal titulaba que el perrito faldero del imperio, Juan Guaido, había conseguido vacunas del sistema Covax para Venezuela. Vacunas que supuestamente el gobierno de Nicolás Maduro no había podido conseguir.

Pero la realidad dista mucho de la ficción inventada por los voceros mediáticos del imperio. Tal como lo explica una publicación del portal Misión Verdad, esta información no fue otra cosa que una operación mediática para agredir a la República Bolivariana de Venezuela y a su presidente Nicolás Maduro Moros. El impacto de la noticia -lógicamente- servía de insumo para que el aparato mediático occidental antichavista eche a andar afirmando que Maduro era negligente o que no aceptaba las vacunas de AstraZeneca/Oxford por un tema ideológico.

En los hechos, el bloqueo financiero y comercial que EE.UU impone de manera arbitraria y unilateral ha llevado a que los recursos del Estado venezolano sean limitados. Ante la escases de recursos, el gobierno se vio en la obligación de pensar muy bien los costos a pagar y la efectividad de esas vacunas antes de comprarlas. A ello se debe sumar el hecho de que la Unión Europea frenó la vacunación con vacunas de AstraZeneca, producto de que personas vacunadas con dosis de esta farmacéutica inglesa habían tenido graves efectos secundarios.

Para Venezuela, el riesgo de participar del sistema Covax era doble: primero porque nadie regala nada, cada país paga por esas dosis y el país caribeño debería haber entregado 18 millones de dólares, con la posibilidad latente de que las entidades financieras bloqueen ese dinero y lo pierdan. Por otro lado, que las vacunas de AstraZeneca causaran efectos no deseados en la población podría servir incluso a los antichavistas venezolanos para volver a operar sobre el gobierno, señalando que habían comprado vacunas en mal estado o lo que se les ocurriera. Como se puede observar, eran motivos suficientes para descartar esa compra y avanzar en otro tipo de vacunas. Pero como siempre, la prensa anti-chavista lo utilizó como elemento para una nueva opereta mediática.

Negocio vs. humanidad

Alberto Fernández fue uno de los primeros en proponer en el G20 que las vacunas contra el Covid-19 debían ser públicas, para que todos los países puedan vacunar a su población. Países como la India y Sudáfrica presentaron una iniciativa ante la OMC en octubre del 2020 y mandatarios de más de 100 países se plegaron al pedido de que las patentes de las vacunas se liberen, pero oh casualidad, EE.UU, la Unión Europea y Gran Bretaña se niegan a hacerlo. Los países que mayor poder de compra tienen son los que impiden el libre acceso a las vacunas, argumentando que eso podría alentar la desinversión del sector privado (que, como vimos, puso una cuarta parte de lo que pusieron los Estados).

Está claro, EEUU y grupos inversores como BlackRock, que tiene acciones en farmacéuticas como Pfizer/BioNTech, pretenden imponer su marca a como dé lugar. No les importa cómo hay que condicionar países, ya sea invadirlos, someterlos a presiones o sancionarlos para lograr ese objetivo. En definitiva lo que les importa es aumentar su “rentabilidad empresarial” y no permitir que la influencia rusa o china siga expandiéndose. Pero todo parece indicar que el tiro les saldrá por la culata.

En tanto a los pueblos, lo único que nos queda son la lucha, la resistencia y el cuidado comunitario. Pero por sobre todas las cosas, nos queda la solidaridad. Como cantaba el cantor del pueblo venezolano, “ayúdenla… ayúdenla que sea humana la humanidad”.

[1] https://www.alainet.org/es/articulo/211492

Nicolás Sampedro
Nicolás Sampedro

Prefiero escuchar antes que hablar. Ser esquemático y metódico en el trabajo me ha dado algún resultado. Intento encontrar y compartir ideas y conceptos que hagan pensar. Me irritan las injusticias, perder el tiempo y fallarle en algo a les demás.

Que no nos vendan gato por liebre

Que no nos vendan gato por liebre

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En nuestro país, los Derechos Humanos, por diferentes motivos, pero principalmente por la lucha de Madres, Abuelas e Hijes, tienen un lugar especial en la memoria colectiva de amplios sectores de nuestro pueblo.

En nuestra historia, las luchas contra la dictadura, exigiendo justicia por les desaparecides, moviendo cielo y tierra para encontrar a hijes y nietes de las víctimas del genocidio, marcaron a fuego la piel de un pueblo que año tras año fue haciendo suya esa lucha hasta volverla de todes.

Este fenómeno se dio de distintas formas a lo largo y ancho de toda nuestra casa común, que es el planeta tierra. Las organizaciones de Derechos Humanos surgieron en cientos de países, siempre luchando por memoria colectiva, por verdad para que ningún responsable quede impune, y por justicia para las víctimas y sus seres querides.

Para los pueblos del mundo la memoria siempre ha sido un escudo protector, una poderosísima herramienta para que las atrocidades del poder y sus súbditos no queden en el olvido, para que no haya impunidad, para que les responsables paguen.

Pero la historia nos demuestra que la utilización del concepto Derechos Humanos en boca de los voceros del imperio, en los engranajes del poder, ha servido para cometer las atrocidades más grandes que se hayan cometido.

Bajo la supuesta defensa de los Derechos Humanos, el mundo vio en vivo y en directo cómo una coalición liderada por EEUU bombardeaba Bagdad e invadía un país soberano, dejando a su paso más de un millón de muertes, miles de desplasades, desaparecides y la destrucción de ciudades enteras.

Bajo la supuesta defensa de los Derechos Humanos, nuevamente, EEUU se encargó de asesinar a Muammar Gaddafi, el líder libio que había convertido a ese país africano en el más próspero de la región y que era un ejemplo en muchos aspectos. Está claro, nadie se salva de la crítica y de cometer errores que sean reparables. Pero nada justifica la atrocidad que se cometió contra ese país, hoy fragmentado en mil pedazos, dividido y con facciones enfrentadas en una guerra civil fratricida.

Bajo la supuesta defensa de los Derechos Humanos, perdón por lo reiteratives, EEUU se lanzó en una guerra contra Siria, argumentando que su presidente, Bashar Al-Assad, había utilizado armamento químico contra su propio pueblo. Los desastres de la guerra, siguen ampliándose.

Bajo la supuesta defensa de los Derechos Humanos, EEUU intentó derrocar en varias oportunidades al comandante Hugo Chávez. Y actualmente busca tumbar al gobierno de Nicolás Maduro. Y según diversos funcionarios de la administración gringa “todas las posibilidades están sobre la mesa”.

Bajo ese mismo supuesto, antes quisieron derrocar a Fidel Castro, invadieron Afganistán y a tantes otres que se enfrentaron a los designios imperiales o que les interesaban por razones geoeconómicas o geopolíticas. Porque de lo que se trata no es defender los Derechos Humanos, sino destrozar a quienes enfrentan los designios de EEUU y sus lacayos. La realidad es que lo que está en juego es el destino de los pueblos que eligieron transitar otros caminos que no responden a los intereses del imperio.

Esa misma actitud es que tuvieron varios congresistas demócratas norteamericanos que enviaron una carta al Secretario de Estado de los EEUU, Antony Blinken, para quejarse respecto de violaciones a los Derechos Humanos en México.

Más allá de que casi ningún país se salva de posibles violaciones a los DDHH, ¿qué autoridad moral y/o ética tienen los norteamericanos para meterse en los asuntos de otra nación cuando se la han pasado invadiendo y destruyendo países? ¿Qué autoridad moral tiene EEUU cuando se han visto imágenes de niñes encerrades en jaulas diminutas en la frontera con México? ¿Qué autoridad moral puede tener EEUU cuando crea, financia y arma a organizaciones irregulares que se instalan en distintos lugares del planeta para justificar invasiones o “luchas contra el terrorismo y el narcotráfico”? Vaya, qué cinismo mayúsculo.

El pedido de los demócratas hace un llamado a presionar a AMLO para que efectúe políticas que resguarden la integridad de les mexicanes. Lo paradójico es que muchas de esas políticas que les congresistas norteamericanes pretenden imponer al gobierno de México, son políticas que el gobierno de las 4T’s ya viene llevando adelante. Por sólo citar un ejemplo, un informe del gobierno mexicano resalta que en 2020 se logró reducir la tasa de homicidios por primera vez en 5 años.

Es preciso señalar que durante muchas décadas México estuvo gobernado por políticas neoliberales, por el abandono total del estado en áreas sensibles como educación, desarrollo social, seguridad, justicia, entre otras, y que las consecuencias son muy complejas de revertir; por más buena voluntad y decisión política, las telarañas neoliberales aún sigue allí. No es un dato menor la gran influencia de las organizaciones criminales y del narcotráfico en las distintas estructuras del Estado. No por nada durante mucho tiempo distintes analistas calificaron al país azteca como un “narcoestado”.

El mecanismo de desprestigio y estigmatización de los EEUU es perverso por donde se lo mire, y no son sólo las diatribas de los voceros oficiales. También son responsables los medios de comunicación que reproducen esos intereses; diversos sectores de los poderes judiciales que entorpecen los caminos para revertir años de injusticia; las cientos de ONG’s que pululan a lo largo y ancho del planeta y que van por la vida desprestigiando a quienes les conviene. Quizás el ejemplo más emblemático sea el de Human Rights Watch, Anmistía Internacional o las varias “Sin Frontera”.

La palabra Derechos Humanos en boca de las organizaciones libres del pueblo siempre fue una herramienta para luchar contra la opresión y las injusticias cometidas por los poderosos. El mismo concepto en boca del imperio y los poderosos de siempre, sólo ha servido para generar muerte, dolor y sufrimiento a los pueblos que luchaban por su libertad.

Hay que tener ojos bien abiertos, oídos atentos y mucha conciencia histórica para que no nos vendan gato por liebre.

Nicolás Sampedro
Nicolás Sampedro

Prefiero escuchar antes que hablar. Ser esquemático y metódico en el trabajo me ha dado algún resultado. Intento encontrar y compartir ideas y conceptos que hagan pensar. Me irritan las injusticias, perder el tiempo y fallarle en algo a les demás.

Nuestra América, territorio en disputa

Nuestra América, territorio en disputa

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A lo largo de este 2020, hemos analizado los distintos hechos que daban la pauta de que algo estaba cambiando y que la pandemia había venido para acelerar esos cambios. La telenovela norteamericana (o en el formato serie que ellos instalaron) sobre quién será el próximo presidente de los Estados Unidos aún no concluye, aunque estamos cerca del desenlace final.

En la última, Biden se largó a “gobernar”: presentó su futuro gabinete y marcó algunas de las políticas que intentará desplegar bajo su administración. Por su parte, Donald Trump insiste con el fraude, descabeza el Pentágono y algunas agencias, manda a retirar soldados de Afganistán e Irak y sigue operando para que, llegado el caso, los Demócratas tengan el camino minado para hacer lo que pretenden.

Muches apuntan que detrás del asesinato del científico iraní, Mohsen Fajrizade, están tanto los norteamericanos como el ente Sionista. Sospechas sobran dado el historial de ambos gobiernos y de los recientes tweets de Trump y de Netanyahu.

Más allá de una elección

Lo cierto es que, más allá de lo que depare la recta final de las elecciones en el país del norte, de lo que somos espectadores es de una disputa entre facciones de un país que, desde hace al menos un siglo, ejerce políticas antipopulares e intervencionistas contra otros pueblos; y esté quien esté sentado en el Despacho Oval, poco y nada cambiará. En la política exterior del imperio no hay buenos y malos, hay formas de comprender su lugar en el mundo y cómo se vincula con el resto del globo.

Y si algo hay que agradecerle a Trump, es que puso en evidencia no sólo la descomposición del sistema “democrático” norteamericano, y con él su mito de democracia ejemplar para el mundo; sino que también expuso cómo se maneja un sector muy considerable del entramado de directivos de multinacionales y de empresarios multimillonarios. Prepotencia, falta de empatía, ambición y, sobre todo, corrupción. Ese caballito de batalla de la retórica gringa, que develó el trasfondo de una lógica mercantil de hacer política.

Lógica que no le pertenece a Trump, pero que el magnate de peluquín puso de manifiesto. ¿Acaso alguien puede pensar que el resto de la clase política tradicional no actúa de la misma manera? Tendrán un poco más de decoro, lo harán en las sombras, pero lo hacen. Y esto es traspolable a otras latitudes.

Un par de granos en el…

Y como si no tuviese problemas hacia lo interno, en el frente exterior se les está poniendo complicada. El recientemente firmado acuerdo 15-RCEP, que tiene a China, Japón y Surcorea como principales actores, sin dudas podrá convertirse en un polo de atracción para el resto del mundo.

Como resalta el analista mexicano Alfredo Jalife-Rahme, este acuerdo de libre comercio no sólo es el más grande del mundo (sin EEUU), sino que daría a China un salvoconducto para sortear las sanciones de EEUU en materia de elementos claves para el desarrollo de la tecnología 5G y de inteligencia artificial. ¿Será por ello que una semana después del anuncio, la históricamente aliada Gran Bretaña hace pública la noticia de inversión millonaria para reimpulsar la famosa Royal Navy y apuntar a tener un mayor papel en la región Indo-Pacífico?

Por su parte, el presidente de Rusia, Vladimir Putin, se muestra indiferente al resultado de las elecciones, comprendiendo que ocupe quien ocupe la presidencia las relaciones con su país no cambiarán demasiado.

 América se vuelve a levantar

El complejo escenario pre-pandemia marcaba la hora de las movilizaciones masivas en distintos países de la región nuestroamericana. Los pueblos de Chile, Colombia y Ecuador daban la nota en un panorama de hartazgo ante políticas neoliberales que, más o menos viejas, estaban erosionando sus condiciones de vida.

La pandemia vino a dar una suerte de respiro a los gobiernos de esos países, producto de la parálisis que se generó para intentar evitar los contagios, pero rápidamente agravó la situación y pese a no tener una cura, las calles volvieron a tronar con miles de personas.

El pueblo chileno forzó un proceso constituyente que habrá que ver cómo continúa. El ecuatoriano avanza hacia elecciones presidenciales con la fórmula correísta como la favorita a ganar la contienda. El colombiano no deja de exigir el fin de los asesinatos a líderes y lideresas sociales, al tiempo que reclama por mejores condiciones de vida a un gobierno ya muy deslegitimado, y con la esperanza de cambiar el signo político del gobierno en 2022.

A ello se sumaron los hechos en Perú que, al igual que Argentina en 2001, tuvo 3 presidentes en una semana. Un proceso de hastío y hartazgo generalizado que llevó a miles a las calles y que, al igual que en Chile, comienza a demandar una constituyente.

Las elecciones municipales en Brasil (termómetro de lo que pueda suceder en 2022) si bien no dieron como ganador al bloque progresista, sí dieron cuenta de un debilitamiento del bolsonarismo. Sumemos a ello la recuperación de la democracia en Bolivia con la victoria del MAS-IPSP.

El último gran escenario de conflicto y movilizaciones populares fue el de Guatemala. Ante la aprobación de un presupuesto 2021, que recortaba en distintas áreas sensibles para la población y fortalecía los negociados con el sector privado de la construcción, el pueblo salió a las calles a mostrar su descontento.

La corrupción y las narrativas

Si algo quedó claro, tanto con Trump como con Bolsonaro, Macri, Piñera, Duque, Giammattei, Áñez, Moreno y demases, es que narrativamente la corrupción aparece como un caballito de batalla de las derechas pro-imperiales. Está claro que “la corrupción” ha sido uno de los ejes de trabajo más fuertes que ha utilizado EEUU para deslegitimar los procesos progresistas y populares.

Lo cierto es que tanto en Nuestra América como en EEUU, quedó demostrado (y hay que agradecerle a Trump por ponerlo tan visible) que para que haya un funcionario corrupto, tiene que haber un empresario que intente corromperlo. La narrativa hegemónica señala la corrupción de los gobiernos progresistas, pero omite la inmensa corrupción de las derechas.

Donde más claro queda es donde esos procesos progresistas no tuvieron la misma profundidad, o donde directamente no existieron procesos de ese carácter en la última década: Colombia, Chile, Perú, Guatemala. El hartazgo popular es hacia la corrupción de la derecha y los sectores empresariales que tienen como correlato el hambre y la miseria de los sectores populares.

Turbulencias

Algo está cambiando en el mundo, y en Nuestra América hay condiciones objetivas, y al parecer subjetivas, para que las cosas comiencen (o continúen) a cambiar. Lo que está claro es que tanto Estados Unidos como las derechas del continente intentarán, por todos los medios que estén a su alcance, que eso no suceda.

De llegar Biden a la Casa Blanca, lo que seguramente querrá recuperar de inmediato es su control sobre la región, que históricamente comprendieron como su “patio trasero”. Eso se traducirá en agresiones (quizás más diplomáticas, pero agresiones al fin) a Venezuela y Nicaragua, presiones a México, Argentina, Bolivia y Ecuador (de llegar un gobierno popular), y en la recuperación de las alianzas con las elites colombianas, chilenas, peruanas y de toda Centroamérica.

Las ONG’s, los organismos internacionales de crédito, los bancos, las grandes empresas, incluso las estructuras irregulares, pueden ser incluidos en ese combo para intentar tener controlada la región.

La post-pandemia no será sencilla. Estará llena de trabas locales y extranjeras. Y fundamentalmente requerirá de todos nuestros esfuerzos para sumar más voluntades a los distintos procesos emancipadores, para consolidar lo conquistado y avanzar en la conquista de lo que aún nos falta. La unidad, la solidaridad, la empatía y el trabajo colectivo que logremos construir serán las piezas angulares para avanzar en ese proceso.

Nicolás Sampedro
Nicolás Sampedro

Prefiero escuchar antes que hablar. Ser esquemático y metódico en el trabajo me ha dado algún resultado. Intento encontrar y compartir ideas y conceptos que hagan pensar. Me irritan las injusticias, perder el tiempo y fallarle en algo a les demás.

Los pueblos queremos paz, pero con justicia social

Los pueblos queremos paz, pero con justicia social

TIEMPO DE LECTURA: 8 min.

Hace algunas semanas el ex agente de inteligencia ruso devenido en comunicador/divulgador, Daniel Estulin, señaló que ante el colapso del sistema financiero global -que según afirma está destruido-, la única solución posible para dar nuevo cauce a la economía global, es una guerra. Plantea dos posibilidades: una guerra termonuclear entre las potencias mundiales o una guerra civil en EEUU.

Más allá de si se está de acuerdo o no con esta tesitura, lo cierto es que hay sobrados elementos que se pueden encastrar tanto en uno y como en otro sentido.

En cuanto a una posible guerra civil interna en los EEUU se pueden observar los recientes levantamientos de las comunidades afro -producto de la violencia racial de las fuerzas de seguridad-, reflejo de una situación de hartazgo de un sector de la población muy castigado. A ello se puede sumar el desastroso manejo de la pandemia del COVID-19 que hizo la administración Trump que ya cuenta con más de 8 millones de contagiades y casi 220 mil muertes.

A estos dos elementos hay que sumar no solo la retórica agresiva de Trump, sino la virulencia mediática (fomentada fundamentalmente por los Demócratas) contra el mandatario. Cabe señalar que incluso varios sectores del partido Republicano soltaron la mano al magnate e incluso están operando abiertamente para que pierda. Esto, obviamente, aumenta los niveles de polarización.

¿Imperio o Nación?

Para entender esto último es interesante retomar la diferenciación que introduce el analista Thierry Meyssan respecto de los proyectos de país que están en disputa en EEUU. Por un lado quienes profesan que EEUU debe dominar el mundo “conteniendo” a sus potenciales rivales (estrategia acuñada en plena Guerra Fría por George Kennan en 1946 y aplicada por todos los presidentes hasta 2016) y quienes, por el contrario, rechazan esta idea imperial y plantean el enriquecimiento de los estadounidenses (estrategia acuñada por el ex presidente ‎Andrew Jackson -1829-).

Según Meyssan, Trump pertenece a quienes son denominados “jacksonianos”, que “denuncian la corrupción, la ‎perversidad y en definitiva la hipocresía de los anteriores y exhortan los estadounidenses a ‎luchar, pero no por el imperio sino por su nación[1]. El famoso slogan de campaña “Make America great again”, da cuenta de esa particularidad. Obviamente esto no implica que el Estado norteamericano deje de funcionar bajo la lógica imperial, sino que representa un gran foco de tensiones internas.

De hecho, hace no mucho algunos analistas empezaron a especular con que había sectores de las FFAA y de los organismos de inteligencia estadounidenses que -de ganar Trump- podrían intentar un golpe de estado. También hay quienes analizan que tanto si gana Biden, como si lo hace Trump será difícil que se reconozca la victoria. El hecho, que haya grupos armados -que apoyan a Trump- en las calles y que demuestren su virulencia cotidianamente, complejiza aun mucho más el panorama.

Piezas de ajedrez

El otro escenario descripto por Estulin habla de una conflagración entre potencias mundiales en las que obviamente los EEUU son un actor principal. Si bien no lo explicita, está claro que sería en oposición a las otras dos grandes potencias: Rusia y China. Y los últimos meses ha habido una escalada de agresiones de parte de occidente a estas dos potencias.

El presidente de Rusia, Vladimir Putin (izda.), recibe a su homólogo chino, Xi Jinping, en Kremlin, Moscú. (Foto: Hispan Tv)

En cuanto a Rusia, lo que ha venido sucediendo (además de las sanciones impuestas por EEUU y la Unión Europea) es un incremento sustancial de vuelos de aviones de fuerzas occidentales en las fronteras rusas. Ellas han sido denunciadas por el Kremlin una tras otra y ha obligado a la Fuerza Aérea de ese país a enviar aviones militares a impedir que ingresen en territorio sin permiso.

De igual manera han aumentado los ejercicios militares en Europa Oriental entre miembros de la OTAN y los EEUU  (en las fronteras de la Federación Rusa); incluso en momentos de pandemia. Los más recientes, fueron los realizados por EEUU y países de la alianza europea tanto en Ucrania como en Lituania en septiembre de este año, y más recientemente el simulacro de Guerra Nuclear entre Alemania y algunos miembros de la OTAN.

Obviamente a este escenario hay que sumar la venta de sistemas armas de EEUU a países europeos fronterizos con Rusia como Polonia, Rumania o Finlandia. Esto en consonancia con la escalada discursiva tanto europea como estadounidense. Todo lleva a pensar que hay una especie de encerrona militar, discursiva y económica que lleva a cabo desde occidente.

Guerra comercial y tecnológica

En cuanto a la situación con la República Popular China, es por demás conocido el enfrentamiento y la despiadada guerra comercial lanzada por EEUU contra el gigante asiático. No es Tik Tok, no es Huawei, es el dominio del mercado tecnológico, elemento de extrema sensibilidad para la industria militar y de comunicaciones, dos áreas estratégicas para ambas potencias.

A esta conocida batalla hay que sumarle las reiteradas denuncias de parte del país asiático de intromisión en asuntos interno de parte de los norteamericanos, ya sea en Taiwan, el Tibet, Hong Kong o el Mar de China.

Inversión mediática del agresor

Como suele sucede, la prensa hegemónica occidental, invierte la carga de la prueba. Los enfoques “periodísticos” (habría que llamarlos propagandísticos) de las “grandes” agencias de noticias no hacen más que justificar el accionar de EEUU y occidente y de responsabilizar a Rusia y China o sus aliados.

Esto no es nada nuevo, de hecho lo vemos a diario en los medios tanto de Argentina como de todo el continente. El engranaje mediático se vuelve clave para construir narrativamente que el responsable de todos los males es el adversario o el enemigo político.

Esta dinámica mediática, es complementa con el entramado de sectores del poder judicial, con organismos internacionales (que hacen silencio omiso), con ONG’s y sectores empresariales de diverso tipo. Los conglomerados de poder de occidente (cada vez más concentrados), han armado una compleja red de complicidades muy difíciles de desentramar. Pero como todo bajo el capitalismo, si se rastrea el origen del dinero, casi siempre se llega a los autores intelectuales, o sea, el poder real.

Nuestra América como esperanza

Se ha señalado en varias oportunidades que las experiencias de las últimas décadas en nuestro continente, han sido un faro para pensar que otro mundo es posible. Pero pese a los errores cometidos, a la guerra mediática y judicial, los pueblos nuestroamericanos han dado cuenta de ello.

A los procesos de resistencia de Venezuela, de Cuba o de otros países de la región, en los últimos años se sumaron el México de Andrés Manuel López Obrador y la Argentina de les Fernández. Gobiernos que pese a las condiciones calamitosas en las que encontraron sus respectivos países, pese a la aparición de la pandemia (que tomó por sorpresa a todo el mundo), comienzan a poner de pié los extremos norte y sur del continente.

A este escenario se suma la victoria electoral del MAS-IPSP en Bolivia. El proceso gestado por Evo Morales Ayma, derrocado por la derecha boliviana, con la complicidad de las FFAA y las Fuerzas de Seguridad, con el apoyo de la embajada de EEUU y la OEA, y bajo un silencio de ultratumba de la gran mayoría de los países del mundo, vuelve a demostrar que no ha sido derrotado.

El triunfo electoral de Lucho Arce y David Choquehuanca aún no ha sido reconocida por el golpista Luis Fernando Camacho y según afirmó, cuando tengan los resultados definitivos determinarán qué hará la fuerza política que dirige (Creemos). “Aún tenemos que terminar lo que empezamos”, deslizó muy ligeramente el golpista santacruceño.

Suenan los clarines de guerra

Estas declaraciones de la derecha boliviana radicalizada se suman a las permanentes arremetidas contra la Venezuela chavista por EEUU, el Grupo de Lima, la OEA y afines, o a las recientes represiones en Chile, el asesinato sistemático en Colombia, al igual que muchas otras situaciones que podrían describirse en toda la región. La derecha por gringa no descansa.

En Argentina y en México se ven claramente no solo mediante las operaciones de prensa, sino con las “convocatorias anti”. La derecha no tiene una propuesta concreta porque el neoliberalismo está agotado. No solo en la región, sino en el mundo entero. Por ello la única forma que tienen de convocar adeptos es en “oponiéndose a”. No hay proposición, construcción o alternativa, sólo hay destrucción. Una alarmante maquinaria de impedir y mentir.

La debilidad de EEUU y su situación interna tienen mucho que ver con esta forma de operatoria de las derechas continentales. La utilización de la violencia y la caotización parecen ser los últimos cartuchos de un imperio que pierde su hegemonía. Lo hemos visto en el Medio Oriente y en la Europa del Este. Ahora ¿esto quiere decir que EEUU está terminado y que su influencia terminará? En lo absoluto, muy por el contrario esto se vuelve muy peligroso para la región y para el mundo.

Lo decíamos hace algún tiempo y lo volvemos a afirmar: EEUU desde hace mucho tiempo lanzó una guerra a perpetuidad contra los pueblos del mundo, aunque ahora -quizás- sus señales se vean con mayor claridad.

Los pueblos no se dejarán pisotear

Pese a las intentonas golpistas, pese a tener prácticamente a toda la prensa hegemónica en contra, los procesos populares de la región siguen dando muestras de su voluntad de avanzar hacia una sociedad más justa. El ejemplo más gráfico fueron las diversas movilizaciones del 17 de octubre en conmemoración del día de la Lealtad peronista.

Ese día se destruyó el mítico relato que pretendía construir la derecha (y sus medios de propaganda) de que habían ganado la calle. Está claro que los pueblos saldrán a defender a sus intereses y a defender a los gobiernos que representan ese camino.

Los desafíos de los pueblos de Nuestra América son infinitos, pero sin dudas el de mayor relevancia será demostrarle al mundo que hay otro camino, que se puede construir un sistema más justo, libre y soberano, donde se respeten las diversidades, donde haya mayor tolerancia y solidaridad. Pero ese camino no significa renunciar a la lucha popular.

Los pueblos queremos paz, pero con justicia social.


[1] https://www.voltairenet.org/article210761.html

Nicolás Sampedro
Nicolás Sampedro

Prefiero escuchar antes que hablar. Ser esquemático y metódico en el trabajo me ha dado algún resultado. Intento encontrar y compartir ideas y conceptos que hagan pensar. Me irritan las injusticias, perder el tiempo y fallarle en algo a les demás.

Hay olor a gas y todo puede explotar por los aires

Hay olor a gas y todo puede explotar por los aires

TIEMPO DE LECTURA: 13 min.

Se trata de uno de los pocos conflictos resueltos en el mundo de hoy. Armenia y Azerbaiyán, desde que se independizaron a principios del decenio de 1990 de una desintegrada Unión Soviética, luchan por la región conocida como Nagorno-Karabaj. Hoy en día es una porción de tierra de Azerbaiyán, pero en la cual vive una importante comunidad armenia cristiana que de hecho formó una república separatista que quiere unirse a la República de Armenia.

La disputa por Nagorno-Karabaj se recrudeció a fines de septiembre y varios días consecutivos de choques dejaron ya un centenar de muertos en ambos bandos, entre ellos una decena de civiles. Se habla de helicópteros derribados, tanques destruidos y ataques con drones en un nuevo enfrentamiento entre las dos ex repúblicas soviéticas por el control de esa región.

La comunidad internacional se alertó rápidamente. La Unión Europea, con el liderazgo de Francia (país en donde existe una gran comunidad armenia), y Estados Unidos llamaron a la calma. Rusia, por su parte, pidió calma a los armenios, apelando a la unidad histórica cristiana ortodoxa entre ambas naciones. La República Islámica de Irán también se metió en el asunto, ya que mantiene fronteras con ambas naciones en guerra, pero que posee una importante comunidad azerí musulmana de la rama shiíta en el noroeste del país.

La república turca del ambicioso neo-otomano Recep Erdoğan fue más osado y apoyó a Azerbaiyán contra Armenia, incluso manifestando apoyo bélico. Las elites turcas del gobierno de Erdoğan realimentan su postura antiarmenia insertándose de lleno en el conflicto de Nagorno-Karabaj, apelando a la “unidad islámica” y a defender la integridad territorial de Azerbaiyán. Erdoğan no va a permitir que se vuelva a la campaña antiturca por el tema urticante del genocidio armenio de 1915-1917.

Por su parte, los líderes de Armenia y Azerbaiyán se responsabilizan mutuamente de esta nueva escalada de la violencia. El presidente azerí, Ilham Aliyev, dijo el domingo 27 de septiembre que confía en recuperar el control de la región separatista. “Prepárense para defender nuestra nación sagrada”, declaró el primer ministro de Armenia, Nikol Pashinyan, después de acusar a Azerbaiyán de una “agresión pre-planificada”.

Ataque armenio sobre objetivos azeríes de este domingo 27 de septiembre.

Surgimiento del conflicto

Tras el final de la Unión Soviética en 1991, estalló una guerra en Nagorno-Karabaj por su independencia frente a los azeríes. Decenas de miles de personas murieron en un sangriento enfrentamiento que además dejó un millón de desplazados. En 1994 se estableció un alto al fuego, pero quedó latente el clima separatista entre los armenios de Nagorno-Karabaj.

La autodenominada “República de Nagorno-Karabaj” continúa sin el reconocimiento diplomático de ninguna nación y aún es considerada de jure como parte de Azerbaiyán, pese a ser independiente de facto desde el final de la guerra.

Armenia apoya a los rebeldes separatistas y busca anexionarse Nagorno-Karabaj para conformar una “verdadera nación del Ararat”, apelando a un viejo nacionalismo de carácter étnico-religioso anti-islámico. Por su parte, Azerbaiyán apela a la unidad nacional contra Armenia. El 80% de los musulmanes azeríes son shiítas, aunque las elites azeríes no tuvieron inconvenientes en asociarse a la Turquía musulmana sunnita.

Ambas elites apoyaron una especie de secularismo en el ámbito islámico. Las clases dirigentes azeríes siempre buscaron fortalecer sus lazos con los turcos en el conflicto con los armenios antes que asociarse a la República Islámica de Irán o la República Árabe Siria, cuyas dirigencias son shiítas también. De hecho, Bakú (capital azerí) no quiso saber nada frente al interés iraní en el conflicto de Nagorno-Karabaj.

Todo tiene un trasfondo histórico

Armenia

En el conflicto de Nagorno-Karabaj hay dos planos de análisis: uno lejano y otro surgido en los albores del siglo XX. Armenia es una región de la Trancaucasia. Desde el 900 a.C., en plena Edad de Hierro del Cercano Oriente asiático, se formó el llamado reino de Urartu, en los alrededores del Lago Van, aunque la etnia de sus clases dirigentes no era de lengua indoeuropea, sino alardo-urartiana.

El poderoso imperio asirio se adueñó de Urartu en el siglo VII a.C., y lo destruyó. Nuevas etnias de lengua indoeuropea protoarmenia, emparentada con los antiguos medos y persas del Irán, llegaron a la región y estuvieron bajo poder de los sucesivos imperios persa aqueménida (500-330 a.C.), macedónico (330-200 a.C.), arsácida, romano y sasánida (entre el 200 a.C., y el 650 d.C.).

Hacia el 250 d.C., una elite armenia se había romanizado bastante y de hecho fue conformando un régimen estatal propio, que en el año 301 d.C., adoptó el cristianismo. Así, el país llamado Armenia se convirtió en el primer país del mundo en adoptar el cristianismo como religión oficial del Estado, ​por influencia de Gregorio I “El Iluminador”, considerado hoy en día santo patrón de la Iglesia Apostólica Armenia.

Tiridates III (238-314 d.C.) fue el primer gobernante que oficialmente se propuso cristianizar a su gente. Su conversión ocurrió doce años antes de que el imperio romano concediera al cristianismo la tolerancia oficial bajo Constantino I y casi ocho décadas antes de que Teodosio I “el Grande” adoptara el cristianismo como religión oficial del imperio (380 d.C.). En el año 405 d.C., el erudito Mesrob Mashtóts creó el alfabeto armenio.

Después de la caída del reino de Armenia en el año 428 d.C., la mayor parte del país fue incorporada al imperio sasánida. Después de una rebelión en el año 451, los armenios mantuvieron su libertad religiosa, mientras que su país ganó autonomía y el derecho a ser gobernada por un gobernador nativo, mientras que otros territorios imperiales fueron gobernados exclusivamente por sasánidas.

El llamado “marzpanato de Armenia” duró hasta 640, cuando la Persia sasánida fue destruida por el Califato Árabe. Tras la conquista árabe musulmana de Armenia, el país fue inicialmente agrupado en una unidad administrativa con el nombre de Arminiyya, que también incluyó partes de Georgia y de la llamada “Albania caucásica” y tenía su centro en la ciudad armenia de Dvin, bajo un gobernador árabe, llamado Vostikan.

A mediados del siglo IX la administración fue delegada en “el príncipe de Armenia”, reconocido por el califa y el emperador bizantino. El principado de Armenia duró hasta el año 884, cuando el país recuperó la independencia del debilitado imperio árabe musulmán.

Armenia fue disputada por los bizantinos y diversas fuerzas militares turcas entre el 1000 y el 1300. Los mongoles también llegaron a dominar al país. Hacia el 1320 los turcos otomanos empezaron a invadir estas tierras. En 1453 el viejo imperio bizantino fue destruido por los turcos otomanos y Armenia quedó bajo dominio del Sultán de Estambul. Esta situación duró trescientos años, hasta la Guerra Ruso-Turca de 1828-1829, cuando la parte oriental de este territorio fue cedida al Imperio del Zar ruso. La parte restante, también conocida como Armenia otomana o Armenia occidental, continuó hasta la finalización de la Primera Guerra Mundial y la partición del imperio turco otomano. En los años del decenio de 1860 surgió el Movimiento de Liberación Nacional de Armenia.

Con el estallido de la Primera Guerra Mundial de 1914-1918 la Turquía otomana aprovechó para apoderarse de la Armenia rusa. Luego tuvo lugar el terrible genocidio armenio de 1915-1918 por parte de las autoridades otomanas. La gran mayoría de estimaciones acerca del número de armenios muertos comienzan a partir de los 650 mil hasta el millón y medio de personas.

Entre 1916 y 1917 Rusia logró recuperar Armenia. En ese momento, Armenia, Georgia y la parte de Azerbaiyán controlada por los rusos, trataron de adherirse formando la República Federativa Democrática Transcaucásica. Esta Federación, sin embargo, duró solamente de febrero a mayo de 1918, cuando las tres partes decidieron disolverla. Consecuentemente, Armenia del este llegó a su independencia bajo el nombre de República Democrática de Armenia (DRA) el 28 de mayo de 1918.

Armenia fue anexionada por la Rusia bolchevique y junto con Georgia y Azerbaiyán, fue incorporada a la Unión Soviética como parte de la RFSS Transcaucásica (RFSST) el 4 de marzo de 1922. La RFSST existió desde 1922 hasta 1936, cuando se dividió en tres entidades separadas (RSS de Armenia, RSS de Azerbaiyán y RSS de Georgia).

El 21 de septiembre de 1991, Armenia declaró oficialmente su independencia después del fallido golpe de agosto en Moscú. Levon Ter-Petrosyan fue elegido popularmente como el primer presidente de la recientemente independiente República de Armenia el 16 de octubre de 1991.

Azerbaiyán

Por su parte, Azerbaiyán, al principio, no estaba ligada a la historia musulmana. Si bien allí existieron grupos indoeuropeos ligados a los medos y los persas aqueménidas, otras etnias como la de los escitas (o sakas) también vivieron en la Transcaucasia. Más adelante, la zona se volvió parte del imperio de Alejandro Magno y su sucesor, el imperio seleúcida. Pero los antiguos habitantes eran los llamados albaneses caucásicos que establecieron un reino independiente alrededor del siglo IV a.C. Durante este período, el zoroastrismo persa se esparció por el Cáucaso.

En el siglo IV d.C., llegó el cristianismo, pero no tuvo mucho éxito. Pese a las numerosas conquistas por parte de los sasánidas y los bizantinos, Albania Caucásica permaneció como un Estado semiindependiente hasta el siglo IX. En el 667, el Califato Omeya expulsó a ambos ejércitos de la región y conquistó la Albania Caucásica tras suprimir la resistencia cristiana liderada por el príncipe Javanshir. El vacío de poder dejado por el declive del Califato Abasí fue cubierto por numerosas dinastías locales como los Saláridas, los Sáyidas, los Shaddadids, los Rawadids y los Búyidas. A principios del siglo XI, el territorio comenzó a ser atacado por oleadas de tribus túrquicas oguz provenientes de Asia Central.

El viejo idioma azerí de la Albania Caucásica se fue adaptando a la llegada de los nuevos inmigrantes turcófonos, pero también persas. Con el tiempo se formó el actual idioma azerí, perteneciente a la rama túrquica.

Durante el dominio de los Safávidas, se impuso el shiismo entre la población (anteriormente suní) como parte de su lucha contra el imperio otomano.​ Tras la caída de los Safávidas, el área fue dominada por las dinastías iraníes de Afshárida, Zand y brevemente por los Kayar. Después del colapso de la última dinastía, surgieron los kanatos independientes de facto.

La breve campaña rusa de 1812 terminó con el Tratado de Gulistán, en el cual se retiraron los reclamos de los sahs sobre algunos kanatos del Cáucaso, en virtud de que habían sido independientes de facto mucho antes de la ocupación rusa.

Los kanatos ejercieron el control exclusivo sobre las principales rutas del comercio entre Asia Central y el Occidente. Envueltos en una guerra constante, estos kanatos fueron incorporados finalmente al imperio ruso en 1813, tras la guerra ruso-persa. El área al norte del río Aras, una porción del actual territorio azerbaiyano, formó parte de Irán hasta que fue ocupada por Rusia. En 1917 estalló la Revolución Rusa y al año siguiente Azerbaiyán quedó bajo poder de los bolcheviques hasta 1991.

Conflictos en la era soviética

La vieja disputa entre armenios cristianos y musulmanes shiítas azeríes no terminó con la llegada de la Unión Soviética. Poco después de que se disolviera la Federación Transcaucásica, graves disputas territoriales desembocaron en una guerra abierta entre las recién formadas Repúblicas Socialistas Democráticas de Armenia y Azerbaiyán. La guerra se extendió al propio Karabaj. La disputa se centró en el establecimiento de la frontera entre ambos países. Los armenios de Karabaj intentaron proclamarse en una república independiente, pero fallaron al no poder contactarse con Armenia.

Después de la derrota otomana en la Primera Guerra Mundial, tropas británicas ocuparon la zona de Transcaucasia en 1919. Luego en el decenio de 1920 los soviéticos lograron ocupar el territorio. Aún así las luchas entre armenios y azeríes continuaron, aunque de formas muy esporádicas entre 1930 y 1990. Ya a fines del decenio de 1980, en el medio de la crisis de la Unión Soviética, hubo fuertes escaramuzas en Nagorno-Karabaj. De hecho, en el suroeste de Armenia está el enclave de Najiyeván, de mayoría azerí musulmana shiíta, que pertenece a Azerbaiyán.

Cae la URSS, se reaviva el conflicto

La caída de la Unión Soviética de 1991 reavivó estas disputas aún más. La guerra de los ‘90 dejó unos 30 mil muertos y cerca de un millón de personas desplazadas. Desde la tregua de 1994, existe una situación de punto muerto.

La Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) trata desde hace tiempo de mediar en el conflicto, con diplomáticos de Francia, Rusia y Estados Unidos -el llamado Grupo Minsk de la OSCE- comprometidos en intentar de avanzar sobre la base de la tregua del ‘94.

Siguiendo los pasos de Turquía, desde 1995 las elites azeríes trataron de congraciarse con Occidente, a pesar de su identificación musulmana. De hecho, Azerbaiyán quiere ser parte de Europa, al igual que Armenia, y no de Asia. Azerbaiyán es un Estado laico de acuerdo con el artículo 7 de su Constitución. También se garantiza la libertad de culto mediante el artículo 48. Después de la independencia, una de las primeras leyes que aprobó la Asamblea Nacional azerí para disociarse de la Unión Soviética fue la adopción del alfabeto latino en las escuelas para reemplazar el cirílico. Todo un clímax.

Por su parte las elites armenias siempre se cobijaron en Occidente, aunque también se ligaron a Rusia en algunos negocios. Frente a la hostilidad de Turquía, Armenia buscó ayuda de la Unión Europea y también de Estados Unidos. Pero tanto Armenia como Azerbaiyán se entremezclaron con los intereses geoestratégicos de la Transcaucasia, y ambos sectores empresariales se involucraron en diversos negociados.

Gasoducto de Azerbaiyán, en el que hay corporaciones turcas y occidentales como fuertes inversoras.

Negocios son negocios

Más allá de las disputas entre cristianos y musulmanes, se esconde una fuerte batalla económica. Azerbaiyán es también un centro económico importante para el transporte de materias primas. El oleoducto Bakú-Tiflis-Ceyhan (BTC) comenzó sus operaciones en mayo de 2006 y se extiende por más de 1774 km a través de Azerbaiyán, Georgia y Turquía. El BTC está diseñado para transportar más de 50 millones de toneladas de petróleo crudo anualmente desde el fondo del mar Caspio hasta la costa del Mediterráneo.

El gasoducto del Sur del Cáucaso, que atraviesa los mismos países, inició sus funciones a finales de 2006 y ofrece un suministro de gas natural constante a los mercados europeos desde el yacimiento Shah Deniz. En este lugar se producen más de 296 mil millones de metros cúbicos de gas natural por año.

La principal fuente de energía del país son los combustibles fósiles: dos tercios de su superficie cuentan con yacimientos de petróleo y gas natural. Gracias a esta abundancia el país produce alrededor de 1,4 millones de barriles de petróleo al día.

En septiembre de 1994, el gobierno azerí firmó un contrato de treinta años con trece compañías petroleras, entre las que se destacan Amoco, British Petroleum, Exxon Mobil, Lukoil y Statoil. Como las compañías extranjeras tienen permitido perforar los yacimientos en aguas profundas aún intactos, Azerbaiyán es considerado como uno de los puntos de exploración y desarrollo más importantes de la industria.

Armenia no se queda atrás

Armenia es miembro del Consejo de Europa, mantiene relaciones amistosas con la Unión Europea, especialmente con Francia y Grecia, ya que una encuesta en 2005 informó que el 64 % de la población de Armenia se manifestó a favor de la adhesión a la UE y varios funcionarios armenios también han expresado el deseo de que su país, a la larga, llegue a convertirse en estado miembro, ya que algunos predicen que se hará una oferta oficial de ingreso en unos pocos años. También se ha examinado qué parte de la sociedad está a favor de unirse a la OTAN. Sin embargo, el presidente Serzh Sargsyán (2008-2018) quería mantener a Armenia vinculada a la Federación Rusa y a la Comunidad de Estados Independientes (CEI).

Hasta su independencia, la economía de Armenia se basó en la producción industrial de productos químicos, electrónica, maquinaria, alimento procesado, caucho sintético y textiles, era además altamente dependiente en recursos externos. Las minas armenias producen cobre, cinc, oro y plomo. La mayor parte de la energía se genera con combustible importado de Rusia, incluyendo gas y combustible nuclear.

Erdogan y Alishev, aliados en la región de Transcaucasia y contra los intereses armenios.

Muchos intereses

Algo está más que claro, el Cáucaso sur es un pasillo para gasoductos que llegan desde el mar Caspio hasta los mercados mundiales. Rusia, Turquía y Occidente tienen sus intereses. Al conflicto del Golfo Pérsico, ahora se le suma el de la Transcaucasia.

Turkey Petroleum es el segundo mayor inversor del gasoducto Baku-Tbilisi-Erzurum con una participación del 19%. BOTAS, la empresa estatal turca comercializadora de petróleo y gas, es el segundo mayor inversor de Gas Natural Transanatoliano (TANAP) con una participación del 30%. Turquía es el 18º mercado de gas natural más grande del mundo, y es vecino de Europa, el segundo mercado más grande del mundo. Desde 2019 está el TANAP listo para suministrar gas azerí a Europa, comunicó el servicio de prensa de la Compañía Estatal Petrolera de Azerbaiyán (SOCAR). El proyecto TANAP corre a cargo de la compañía Southern Gas Corridor (51%), la operadora gasística turca BOTAS (30%), la petrolera anglo-holandesa BP (12%) y la empresa SOCAR Turkey Enerji (7%).

El panorama es complejo: Turquía tiene una apuesta fuerte en Transcaucasia y defenderá con todo a Azerbaiyán. Occidente, Rusia e Irán no quieren una escalada militar imparable. Muchas empresas occidentales también se verán muy afectadas si hay una guerra total. Un conflicto de vieja data que no sólo es entre la cruz y la media luna islámica. Hay olor a gas. Y si hay una chispa fuerte, todo puede explotar por los aires.

Mauricio Piñero
Mauricio Piñero

Cuentan las crónicas que nació como el hijo de nadie. Luchando por la Patria Grande, como Internacionalista y antiimperialista. Tripero de alma y cuerpo, siempre junto a la patriada barrial. La historia descolonizada es mi pasión como docente de la Escuela Pública y de los barrios. Las noticias sobre los pueblos que luchan como forma de viajar hacia una verdadera justicia social global.

Otra vez el Cáucaso

Otra vez el Cáucaso

TIEMPO DE LECTURA: 7 min.

Una vez más la candente frontera entre Armenia y Azerbaiyán ha vuelto a ser noticia, y pone en tensión al mundo, por la cantidad de interés y naciones involucradas de un lado y otro de la línea divisoria, lo que podría arrastrar a toda la región a una guerra de proporciones históricas.

Entre el 12 y el 16 de julio último, se produjeron acciones militares que han dejado según datos oficiales 17 muertos, cinco efectivos armenios y 12 azeríes, en el sector de Tavush -Tovuz, próxima a Karabaj, donde desde 1991a 1994 se libró una guerra que dejó cerca de 30 mil muertos y un millón de desplazados. Los hechos se han producido a unos trecientos kilómetros de Nagorno-Karabakh, el campo de batalla habitual de estos enfrentamientos, que hoy se encuentra bajo el nombre de la República de Artsaj, un estado sin reconocimiento internacional.

Durante los choques de julio, que se habrían iniciado por la intromisión de efectivos azerbaiyanos en territorio armenio, según informó su Ministerio de Defensa, los azeríes habrían perdido una gran cantidad de insumos, entre ellos drones que habrían sido derribados durante las operaciones, los que fueron exhibidos en Ereván.

Para agregar más dramatismo a la crítica situación, Ankara, disparó una declaración en la que dice: “Turquía apoyará cualquier decisión que tome el fraternal pueblo azerbaiyano en su justa lucha”. Al tiempo que el ministro de defensa turco, Hulusi Akar, declaró que: “Turquía y su ejército están listos para apoyar completamente a Azerbaiyán”. Lo que fue considerado como una amenaza directa por parte de Armenia.

Cuando la situación parecía volver a la “tensa normalidad” que impera en la frontera desde los acuerdos de paz de 1994, firmados en Biskek, la capital de Kirguistán, con los auspicios rusos, el pasado 27 de julio a primeras horas de la madrugada el militar armenio Ashot Mikaelián, murió producto del disparo de un francotirador azerí, lo que incremento la tensión todavía más y podría echar por tierra los esfuerzos de estructuras regionales como la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva o CSTO, compuesto por Armenia, Bielorrusia, Kazajstán, Kirguistán, Rusia y Tayikistán, por alcanzar un punto de estabilidad.

Estos choques fronterizos, no son los primeros en producirse desde 1994, en ese mismo sector durante 2014 y 2015, se produjeron enfrentamientos importantes, pero en 2016 estalló lo que se conoció como “la guerra de los cuatro días”, quizás los choques de mayor gravedad, en la que murieron unos 300 militares de ambos bandos y otros tantos resultaron heridos.

Este foco de inestabilidad pone a ese pequeño sector geográfico en la centralidad de la atención internacional, ya que jugadores de peso mundial tiene intereses económicos, políticos, militares y religiosos en las dos naciones en conflicto. Como es el caso de Turquía, que articula con Azerbaiyán su presencia en las costas del Mar Caspio y donde cuenta con una base militar.

La nación azerí, la única en el mundo que comparte fronteras con la Federación de Rusia y la República Islámica de Irán, es de mayoría musulmana, con casi el 96 por ciento de los 10 millones de habitantes, y aunque de esa mayoría, un 85 por ciento es de creencia chií, lo que coloca a Teherán en esa contienda ya que la vasta comunidad chiita, tiene muy buena sintonía con sus vecinos del sur, la dirigencia política ha construido una fuerte alianza con Turquía, que más allá de las razones históricas, étnicas y religiosas, los une la siempre espinosa relación con Armenia, de mayoría cristiana, que nunca ha olvidado los padecimientos que ha sufrido a mano de los otomanos, cuya máxima expresión se tradujo en el genocidio que se extendió desde 1915 a 1917, en que más de un millón y medio de armenios fueron asesinados por las tropas turcas, hecho que hasta la actualidad Ankara se niega a reconocer como tal.

Por su parte Azerbaiyán, tiene un pleito de siglos con Armenia, por Nagorno Karabaj (o Alto Karabaj o Karabaj Montañoso), un territorio de mayoría armenia, que ambas naciones reclamaban para sí y que a pesar que durante la era soviética ese conflicto estuvo invernado, apenas ambas naciones se proclamaron repúblicas independientes en 1991, tras la desaparición de la Unión Soviética, emergió con más fuerza lo que arrastró a las dos naciones del Cáucaso sur a constantes enfrentamientos diplomáticos y bélicos.

Más allá de la conformación musulmana de Azerbaiyán, importante productor de petróleo y gas, tiene substanciales relaciones con los Estados Unidos e Israel, al tiempo que su dirigencia, si bien nunca se ha acercado a Irán, mantiene una relación equilibrada con Teherán, lo que no le impidió convertirse en un enclave sionista. En 2016, el presidente, Ilham Aliyev, compró insumos militares a Israel por unos 5 mil millones de dólares, incluidos drones, misiles y barcos. Azerbaiyán se convirtió en el tercer mercado más importante para las exportaciones militares judías, mientras que Tel-Aviv es el segundo cliente para el petróleo de azerí. En octubre de 2018, su Ministro de Defensa visitó Tel-Aviv, para fortalecer los “lazos militares”, lo que se tradujo en la construcción de instalaciones militares entre ellas un centro subterráneo de comando y control para la inteligencia azerí, en la capital azerbaiyana. Además de que Israel, utiliza es territorio para espiar las instalaciones nucleares iraníes utilizando drones que despegan desde bases locales.

El cada vez más difícil equilibrio que mantiene Bakú, en su relación con Ankara, Washington, Tel-Aviv y Teherán, podría desbaratarse a medida que la tensión aumenta entre estos países, lo que podría dejar a Azerbaiyán en medio de un conflicto que sobrepasaría, en mucho, sus propios intereses.

Por otra parte Armenia, aliada con Irán y Rusia, es clave para Moscú, ya que desde Azerbaiyán, los Estados Unidos pretenden, comercializar hacia Europa utilizando el oleoducto Bakú-Tbilisi-Ceyhan, el petróleo azerí, con el fin de que los países de la Unión Europea dejen de proveerse de petróleo ruso.

Un vecindario convulso

El Cáucaso sur, se ha convertido en una de las regiones más tensas del mundo, en este momento tanto o más que la frontera Pakistán-India en Cachemira. Ya que juegan demasiados elementos que pueden agravar la situación de un momento a otro. Dado los acuerdos militares entre Azerbaiyán e Israel, si estos últimos decidieran atacar Irán, sus aviones podrían repostar en territorio azerí, en lugar de tener hacerlo en el aire y regresar a Israel. Según se conoció en notas reveladas por el Departamento de Estado de los Estados Unidos, el presidente Aliyev respecto a sus relaciones con Israel, las comparó con un iceberg: “nueve décimas partes están debajo de la superficie”.

Además de que si Azerbaiyán, fuera atacado por alguna otra potencia, Turquía se vería obligada a participar en su defensa, ya que es un punto estratégico de la política expansionista hacia el interior del islam, plantead por el presidente Recep Tayyip Erdogan, quien en esa misma dirección acaba de engarzar una de sus más exquisitas perlas la Hagia Sophia, de Estambul, a quien después de más de ochenta años ha vuelto en reconvertirla en mezquita. (Ver: Turquía: El sultán en la catedral). La cuestión del Cáucaso sur también agrega un nuevo foco de controversia entre Ankara y Moscú, quienes ya se miran fijo a la cara en Siria y Libia.

Por su parte las relaciones Teherán-Bakú, están empapadas de desconfianza ya que Irán, durante la última década del siglo XX, no solo reclamó con fuerza algunas cuestiones fronterizas, sino que alentó a la mayoría chiita, que derroquen al gobierno civil, para adoptar un modelo político similar al suyo. Pasado veinte años de aquello, las heridas en la casta política azerí siguen abiertas.

En los últimos dos años, Estados Unidos, ha otorgado a Bakú ayuda militar para aumentar sus defensas marítimas. En “coincidencia “con las importantes inversiones que el actual presidente norteamericano en su rol de empresario viene haciendo desde hace más de diez años en ese país.

Por su parte Rusia al igual que en Siria, también cuenta una base militar en Armenia, país netamente hostil a Turquía, con quien no cuentan con relaciones oficiales a partir del genocidio, por lo que Ereván, tiene explícitos vínculos con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), que viene llevando una larga y sangrienta guerra contra Turquía desde 1978, en procura de la instauración de un estado kurdo.

Turquía, en el marco de las maniobras militares con Azerbaiyán, que comenzaron el pasado miércoles 29, envió aviones de combate F-16 de fabricación estadounidense al país del Caspio, en el que también participaron helicópteros, estás maniobras están programadas para que se repitan durante el mes de agosto. Ya que como lo declaró Erdogan. “Turquía no mostrará vacilaciones para oponerse a cualquier ataque hacia Azerbaiyán”.

La cuestión en la región vuelve a ser imprevisible poniendo otra vez al Cáucaso en pie de guerra.

Publicado originalmente en Línea Internacional

Guadi Calvo

Escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central.

Mr. Trump, YOU ARE FIRED!

Mr. Trump, YOU ARE FIRED!

TIEMPO DE LECTURA: 4 min.

POR NICOLÁS SAMPEDRO*

Como muches han analizado, el mundo entero está en medio, no de una, sino de muchas turbulencias en simultáneo. La crisis financiera, la guerra comercial, los desbarajustes en los precios del petróleo… Todas antecedieron a la pandemia del COVID-19, que -indefectiblemente-, las profundizó.

Sin dudas el mundo asiste a un cambio de época sin precedentes. El desplazamiento de EEUU como superpotencia es cada vez más difícil de ocultar, pese a los esfuerzos del establishment occidental y sus corporaciones propagandísticas.

Sin ir más lejos esta semana el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (www.celag.org) analizaba los principales escenario planteados recientemente por los Think Tanks (Tanques de pensamiento) más influyentes del mundo. Algunos directamente alertando sobre el ascenso de China como centro, otros responsabilizando a Trump del mal manejo ante la pandemia. En lo que todos coincidían es que China es el peligro (excepto para los tanques de pensamiento chinos, obvio).

Los acontecimientos de las últimas semanas, no sólo hacia lo interno, sino hacia lo externo de la política norteamericana, dan cuenta del cimbronazo que vive el imperio. Hacia lo interno, no sólo fue el asesinato de George Floyd (que desató un mar de movilizaciones en todo el país), sino también los intentos de Trump de apagar el fuego con nafta, amenazando con sacar al ejército a las calles de su propio país. Este hecho no lo respaldaron ni el Pentágono, ni los demócratas, ni siquiera el Secretario de Defensa (Mark Esper). Incluso les miembres del Partido Republicano esquivan posicionarse o directamente critican abiertamente al presidente.

Foto: Getty Images

Para colmo de males, ahora hasta Twitter se pudo de punta con el magnate brabucón que conduce los destinos del país desde el Despacho Oval de la Casa Blanca. Y es que como señala el colega Jorge Elbaum, las multinacionales tecnológicas desplazaron a las corporaciones energéticas, financieras e industriales de los primeros puestos en la recaudación y acumulación de capitales. Hoy Apple, Alphabet, Microsoft, Amazon o Facebook son quienes empiezan a tener la sartén por el mando, y es por demás sabido que Trump proviene del sector energético.

A lo antes mencionado hay que agregar el papel que está jugando China en el sector de la innovación tecnológica, la inteligencia artificial y las redes 5G. Trump pierde con los propios y los ajenos, y en su forma altanera y autoritaria de querer controlar la situación parece estar agotando los últimos cartuchos, pero de todas maneras intentará no perder.

Como se ha mencionado en reiteradas oportunidades, una bestia herida de muerte, lejos de rendirse, se vuelve más bestial y peligrosa. Tambores de guerra que cada vez suenan con mayor intensidad en Venezuela, no son mera coincidencia, son parte de la posible salida hacia adelante del imperio. Caotizar Nuestra América como lo hicieron con Medio Oriente, no es algo descabellado en las pretensiones de dominación imperial.

En noviembre de este año, se supone que serán las elecciones en el país del norte. Lo que previo a la pandemia era un triunfo asegurado de Trump, se discute producto de su mal manejo y las vulnerabilidades sistémicas que puso de manifiesto la crisis sanitaria. Pero como dice el refrán: “No está muerto quien pelea”, y Trump, si de algo sabe, es de cómo jugar sucio.

Como sostiene el analista Marcelo Solervicens, excepto en dos ocasiones, todos los presidentes norteamericanos se reeligieron, y pese al desastre sanitario que es hoy EEUU, a Trump todavía le quedan ases bajo la manga. No sería ni la primera ni la última vez que se utilice el argumento de la guerra para ganar una elección. China, Irán, Siria, Venezuela, Cuba… Todas opciones bélicas que en cualquier momento pueden encenderse.

Pero (siempre hay un pero) que llegue Joe Biden (Sleepy Joe, como lo descalifica Trump), no garantiza que para la región puedan cambiar mucho las cosas. De hecho la política exterior norteamericana no ha cambiado esté un demócrata o un republicano conduciendo los destinos del imperio.

Habrá que ver qué sucede; pensar en noviembre es una eternidad teniendo en cuentas la velocidad con la que se dan los hechos y lo vertiginoso de la política internacional en estos momentos. Habrá que ver si en esta ocasión no es el pueblo norteamericano el que le grita a Mr. Trump la tan famosa frase: You are fired!

Malvinas, ayer hoy y siempre

Malvinas, ayer hoy y siempre

TIEMPO DE LECTURA: 5 min.

Por Felipe Bertola*

Las denuncias habían llegado al exterior y de a poco el cerco mediático iba perdiendo fuerza en la defensa de la Dictadura militar. Habían pasado siete años ya desde aquel 24 de marzo de 1976. El plan sistemático de terror y exterminio había sido ejecutado, al igual que el modelo económico hambreador y excluyente. La industria estaba destrozada, el Fondo Monetario Internacional se paseaba por las pasillos de La Rosada y posiblemente también por algún centro clandestino.

Leopoldo Galtieri vio en el patriotismo nacional la posibilidad de reforzar al Gobierno Militar y seguir perdurando en el tiempo, no sólo con tortura y persecución como ya lo venían haciendo, sino también con apoyo popular. Por eso decidió, junto al resto de oficiales, declararle la guerra a Inglaterra y el 2 abril de 1982 las tropas argentinas desembarcaron en las heladas tierras del Atlántico Sur.

Fue principalmente la generación del 62 la que engordó las filas para pelear en las islas. En ese momento el servicio militar era obligatorio. Los pibes que fueron a Malvinas estaban desprovistos del material militar necesario, como también de abrigo para hacer frente a las bajas temperaturas.

Los soldados argentinos sufrieron el clima, la falta de comida, las torturas de sus superiores (representantes del gobierno genocida) y el embate de uno de los ejércitos más poderosos del mundo. Terminada la guerra, los sobrevivientes -ya en continente-, vivieron por un proceso de desmalvinización puesto en práctica por el Estado y los medios de comunicación, donde ellos parecían ser los culpables de todo.  Producto de ello y de la falta de contención estatal, fueron más los ex combatientes suicidados, que muertos en las islas: 649 argentinos dieron su vida en Malvinas, mientras que el número de suicidios superó esta cifra hace largos años llegando a punto de no tener cifras oficiales.

Recorrido histórico

En 1494, antes del descubrimiento de Malvinas, se firmaba el tratado de Tordesillas, el cual demarcaba los límites del imperio español y portugués. Un año antes, el Papa Alejandro V, a través de una bula papal, había otorgado a los Reyes Católicos la posesión de los territorios “descubiertos y por descubrir”. Este es el primer antecedente jurídico que reconoce los títulos del rey de España sobre los territorios americanos, según el derecho internacional de la época. 

En 1520, una nave española avista por primera vez las Islas Malvinas, éstas son nombradas como Islas Sansón. En1713 se da la Paz de Utrecht, antecedente histórico del reconocimiento británico sobre la posesión española de los territorios y de la exclusividad de navegación en el Atlántico Sur.

Con la Independencia Argentina en 1816 todo el territorio hasta ese momento perteneciente a la corona española pasó a manos de Las Provincias Unidas del Rio de La Plata (recordar la bula papal y el Tratado de Tordesillas). En 1820 el norteamericano David Jewwit fue designado en representación de las Provincias Unidas del Rio de La Plata y por primera vez flameó la bandera en el helado viento sur.

En 1824 Luis Vernet es designado como primer Gobernador de las Islas, para cumplir y defender su soberanía. Era muy habitual que barcos holandeses y franceses surquen las aguas en la caza de ballenas rompiendo cualquier tratado.

En 1831 una corbeta de guerra estadounidense invade y saquea Puerto Soledad, el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas eleva el reclamo a organismos internacionales y entra en tensión con los norteamericanos, que ante las amenazas de Rosas se retiran de las islas.

El 2 de enero de 1833 llega la invasión británica al mando de John James Oslow, que con las armas reclamaría la tierra en nombre de la corona británica. El Gobernador Pinedo firma la rendición y con sus aldeanos son mandados al continente. Inglaterra hizo oídos sordos y nunca contestó a ninguno de los reclamos de la joven nación que por esos años atravesaba una guerra civil. Inglaterra tuvo posesión de las islas hasta el 2 de abril de 1982.

¿Por qué hoy Inglaterra se aferra aún más a las Malvinas?

Es mucha la biodiversidad y los bienes comunes (mal llamados recursos naturales) que al día de hoy no se conocen bajo el Océano Atlántico. Es importante remarcar la gran cantidad de pozos petroleros que hay por la zona y que las Malvinas son un punto geoestratégico en las vías de navegación, ya que pueden ser, sin contar los argentinos, el último puerto de paso a Cabo de Hornos, la conexión con el Océano Pacifico y amplias vías de comercialización.

En 2017, impulsado por años de investigación estatal y enmarcada en el proyecto Pampa Azul, se extiende alrededor de 1.600 kilómetros cuadrados la plataforma continental argentina. Esto es equivalente a un 36% más de territorio nacional y coloca a las Islas Malvinas sobre la plataforma, dándole aún mayor validez a lucha argentina. Inglaterra presentó una propuesta para rebatir la hecha por Argentina, pero fue negada por la ONU.

Hasta el año 2015 hubo una gran avanzada diplomática, apoyada por una Patria Grande que reclamaba las Islas Malvinas como territorio Argentino. La respuesta británica no fue otra que el aumento de la militarización de la zona. Malvinas hoy, es el territorio con más militares per cápita del mundo y funciona allí la base militar extracontinental más grande que tiene la OTAN.

Se dice en muchos lados que la próxima guerra será por el agua y son dos los territorios que se vienen a la cabeza: el Acuífero Guaraní, ubicado bajo el litoral argentino y la Antártida. Malvinas entonces, representa para los países imperialistas del mundo -entre otras cosas- la puerta de entrada al agua dulce del Continente Antártico.

Malvinas, ayer hoy y siempre

En el pensamiento y discurso argentino, Las Malvinas pueden representar muchas cosas. Pueden ser un par de islas perdidas en el mar, el recuerdo de las noches heladas estacado a la intemperie, los bombardeos, el hambre, la caída de la dictadura militar, el odio a Inglaterra, el amor a Maradona y los cuartos de final de 1986, o quizás para algunes Las Malvinas representan simplemente algún tatuaje mal cicatrizado. Podemos discutir toda la vida que son para nosotres esas dos islas, pero hay algo en lo que siempre estamos de acuerdo: son argentinas.


* Periodista, columnista del programa No Se Mancha (Radio Estación Sur - FM 91.7) y de Hijos de 30.000 (Radio UNLP - FM 107.5), redactor de Revista Trinchera y colaborador de Agencia Timón.
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