Detenerse para avanzar: el estudiante como sujeto político en épocas de despolitización

Detenerse para avanzar: el estudiante como sujeto político en épocas de despolitización

TIEMPO DE LECTURA: 6 min.

*Escrita por el Movimiento Estudiantil Liberación

“La universidad que queremos es parte inseparable del país que anhelamos”

La frase pertenece al texto “Bases para la nueva Universidad” escrita por militantes universitarios peronistas, entre ellos Rodolfo “Turco” Achem y Carlos Miguel, en base a las discusiones que se dieron en la organización de la que formaron parte: la Federación Universitaria para la Revolución Nacional (FURN) -fundada en la ciudad de La Plata a fines de los años 60. El escrito junto a las discusiones políticas que lo nutrieron llenaron de contenido la lucha educativa a partir de los años 70 con una gran adhesión estudiantil ya que acompañaron el clima de época por ser un posicionamiento militante con un proyecto de país concreto. 

Dentro de este marco y en relación al presente, se puede considerar que para les estudiantes resulta difícil la tarea de situarse como actores políticos claves en la construcción de un proyecto de Universidad, y por ende, de país, ya que las instituciones modernas que conocían vuelan por los aires y con ellas las formas de habitar la época. Entonces vale re-preguntarse haciendo una re-lectura de las experiencias militantes universitarias mencionadas: ¿qué país anhelamos? Para pensar la universidad del presente hay que volver a mirarla con los ojos de quienes la habitan y, tal vez sin darse cuenta, la construyen. Es decir, poner el foco en les estudiantes.

La “despolitización” de las juventudes

Desde que triunfó La Libertad Avanza en el año 2023 y Javier Milei, autoproclamado enemigo férreo de lo público, asumió la presidencia del país se ha adjudicado múltiples veces la responsabilidad de dicha victoria a las juventudes como resultado de su “despolitización”. ¿Estamos viviendo realmente un momento de despolitización de las juventudes o es que simplemente no han podido situar la potencialidad de transformar algo desde el pensamiento nacional?

Es una época donde resulta costoso pensarse como “sujetos políticos”, ya que la suscripción a las lógicas del mercado y la concepción del Estado como si fuera una “mano invisible” genera que muchas veces no se sea consciente de las políticas públicas que contienen a les estudiantes dentro de las aulas, políticas en su mayoría conseguidas por la lucha docente/estudiantil. Donde la memoria parece acortarse, donde la individualidad predomina y cuando avanzan proyectos derechistas y neoliberales en el mundo, se vuelve un desafío repensar y organizarse en colectivo. 

Se ha propuesto y ejecutado desde el Gobierno nacional transformar la educación en un servicio, buscando desfinanciarla y tecnificarla para finalmente llegar a arancelarla. Se ha atacado desde su asunción a la comunidad educativa y la reacción fueron dos movilizaciones masivas; una toma histórica de las Universidades Nacionales y la contemplación de la emergencia estudiantil en el nuevo proyecto de Ley de Financiamiento Universitario que finalmente también fue vetado por Javier Milei, ahora estamos en las vísperas de la Tercera Marcha Federal Universitaria. Entonces, la respuesta estudiantil organizada existe. Ahora bien, hay que llenar de contenido la acción. La lucha comenzó en defensa por la educación pública, pero el fin de la lucha no es la sanción de la Ley de Financiamiento. ¿Qué queda por delante? ¿A qué se aspira?

Autonomía universitaria, libertad de cátedra y co-gobierno son las banderas que revolucionaron la Educación Superior con la reforma del año 1918. ¿Pero qué significan hoy? Si ante la intervención del mercado en nuestros planes de estudios y en  nuestra formación profesional, las decisiones han quedado a merced de quienes defienden una autonomía y libertad que termina siendo una pantalla que esconde una lógica liberal-institucionalista, donde el cuerpo estudiantil se ha alejado de la injerencia en las definiciones.  

El grueso del estudiantado defiende su lugar en la Universidad Pública, pero parece quedar acéfalo de la potencialidad transformadora que tienen los estudiantes para discutir sus planes de estudio, para construir un perfil profesional que coincida con un proyecto de país donde la excelencia y calidad académica no sea exportada, sino que se aferre a la defensa y autodeterminación del territorio nacional. Y no por capricho, sino que no se puede pensar a la comunidad educativa sin todos sus integrantes siendo parte de la toma de decisiones. Hoy pareciera que el estudiante entra, cursa y se va, dinámica parte de la educación neoliberal que busca la autoproducción y salvataje de los estudiantes cada vez más individualizados, aggiornándose a la lógica mercantil sin chistar, aceptando una decisión de la que no fueron parte, desgranando su carácter político. 

Es difícil pensar en esto cuando la mayoría de los estudiantes viven con el resabio individualista de la pandemia, cuando el pluriempleo es naturalizado, cuando no se llega a fin de mes. Se aceptan las condiciones dignas que aún conservamos, como el boleto estudiantil o las becas, sin preguntarse cómo fueron conquistados esos derechos. Le exigimos a la juventud que se piense como sujeto transformador, pero es la misma juventud que hoy no puede proyectarse a largo plazo. Es en este contexto donde la lógica capitalista individual cala, pensando al estudiante como un consumidor que accede a un servicio, apelando por una tecnificación de las profesiones y un acceso a la educación donde no todos entran. Y es que desde la Universidad se ha virado de ser el eje orientador de un país a ser una parte del engranaje que obedece a lo que exige la hegemonía económica.

En este momento, se espera que para el 2027 en Argentina comience a implementarse el SACAU, Sistema Argentino de Créditos Universitarios, proyecto impulsado por el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN), la Secretaría de Políticas Universitarias (SPU) y el Consejo de Rectores de Universidades Privadas (CRUP), decisión a espaldas de una parte de comunidad educativa, en especial, de nuevo, de les estudiantes. Este sistema se basa en la asignación de créditos académicos en función del tiempo total de trabajo del estudiante. El SACAU implica ir hacia una tecnificación de las carreras, cambiando la lógica de acreditación de materias por la cuantificación de las horas de estudio tanto dentro como fuera de las instituciones académicas; esto tendría como finalidad, según sus impulsores, optimizar el tiempo de cursada y garantizar el egreso. Lo que esconde es la liberalización de la educación, no solo por el acotamiento de las carreras sino porque muchos de los contenidos recortados pasarían a darse en posgrados, que gracias a las reformas menemistas de la educación, son pagos. 

Una vez más, las decisiones llegan a les estudiantes fagocitadas, escupidas como la única forma de solucionar las problemáticas. Por esta razón, es necesario recuperar y reivindicar los proyectos de país con la perspectiva de formar profesionales para el desarrollo de la nación, donde muchas veces la gestión política fue orientada por el brazo estudiantil. 

Si miramos la historia reciente de nuestro país y de la Patria Grande, podremos comprender que no sólo es posible profundizar el rol político de les estudiantes, sino que es inevitable. 

La historia de nuestros pueblos está dotada de avances y retrocesos, y pese a los intentos de borrar aquellos legados de lucha y organización que nos antecedieron, las experiencias y enseñanzas del pasado sirven como faro para pensar los desafíos de los tiempos actuales. 

Es así que como movimiento estudiantil, se deben retomar las experiencias históricas de la reforma universitaria, del ingreso masivo de estudiantes trabajadores a la universidad, de la unidad obrera estudiantil en las gestas del Cordobazo y la lucha revolucionaria de los compañeros de los 70. Desde esos legados construiremos el presente de un movimiento, que lejos de estar agotado, se ha rearmado incansablemente, organizándose desde las bases en la construcción de una Universidad más inclusiva, pero también de una Patria Soberana. 

La Universidad que habitamos hoy, que se mueve por inercia ante las demandas neoliberales, parte de las masivas movilizaciónes que dieron freno al intento de privatización de las Universidades Nacionales en los años 90, que se plantaron contra la Ley de Educación Superior, que lucharon por la reapertura del Comedor Universitario que habría sido cerrado en la dictadura, que lograron arrancar el Boleto Universitario Gratuito a la gestión de Maria Eugenia Vidal y Mauricio Macri, que frenaron el intento de cierre de Universidades, que lograron la implementación de protocolos de género y fueron parte fundamental de la conquista del Derecho al Aborto Legal Seguro y Gratuito.

Es necesario que se retome esta tradición de lucha y organización, que nos formemos colectivamente, que agudicemos la mirada crítica y que por sobre todas las cosas volvamos a tener la capacidad de soñar e imaginar otras condiciones de posibilidad para nuestras vidas. La llama sin dudas está prendida, la resistencia al desfinanciamiento desde que asumió Milei es la demostración de que como estudiantes tenemos la capacidad no solo de organizarnos, sino de hacer temblar las estructuras. 


*El Movimiento Estudiantil Liberación es una organización política universitaria que nació en los años 90 en la resistencia a la implementación de la Ley de Educación Superior y que continuó dando discusiones y generando políticas estudiantiles hasta la actualidad en la Universidad Nacional de La Plata.


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La deserción estudiantil sigue siendo un problema en la UNLP 

La deserción estudiantil sigue siendo un problema en la UNLP 

TIEMPO DE LECTURA: 4 min.

A dos meses del comienzo de cursadas en la Universidad de la Plata nos preguntamos: ¿Cómo se encuentra la permanencia en las aulas de quienes la transitan?

Hay un ejercicio muy sencillo que puede realizar cualquier estudiante para verificar si existe o no deserción estudiantil. Bastará con revisar en las materias que esté cursando cuantos de aquellos que estaban la primera semana de cursadas continúan presentes hoy, ya transcurrido al menos un mes de clases en la mayoría de las carreras.

Una vez hecho este primer ejercicio -que imaginamos que en más de un 90% de los casos mostrará que efectivamente, no todos los que estaban hace algunas semanas continúan haciéndose presentes- podremos seguir con nuestras inquietudes preguntándonos el por qué de aquellos que no continúan yendo. Ahí sí, en gran parte, deberemos caer en suposiciones: naturalmente en muchos casos se tratará de decisiones personales (falta de atracción por la carrera, nuevos proyectos o motivaciones, decisiones individuales que nos hacen modificar nuestras proyecciones). Sin embargo, para quien atraviesa cotidianamente las aulas y los pasillos de cualquier facultad, no es difícil percibir que independientemente de estos casos, hay condiciones estructurales que llevan a que un gran número de estudiantes deserten y abandonen sus estudios. 

Es innegable la delicada situación económica en la que se encuentra nuestro país, probablemente el factor principal que explica la deserción. Sin embargo, la Universidad cuenta con un presupuesto propio destinado, además de al pago anual de sueldos docentes y no docentes y a los gastos de funcionamiento, a la generación de políticas que garanticen la permanencia estudiantil. Estudiar en la Universidad es un derecho y para garantizarlo el movimiento estudiantil históricamente ha conquistado políticas como el comedor universitario, el boleto estudiantil y las diversas becas de permanencia existentes. Sin embargo, la implementación de tales políticas continúa siendo deficitaria y es urgente proponer una revisión sobre ellas.

La UNLP, cuyo presupuesto para el año 2023 aumentó en un 99% alcanzando los 48.236 millones de pesos, cuenta con un área destinada justamente a hacer efectivas las políticas mencionadas: Bienestar Universitario, gestionada hoy en día por la Franja Morada. Esta área obtuvo a principios de este año un presupuesto superior a los 338 millones de pesos, más de un 60% de aumento respecto al del año anterior. Estos y otros números respecto al presupuesto nos permiten ver que la universidad cuenta actualmente con los montos necesarios para fortalecer las políticas de permanencia en las facultades. 

¿Se está ejecutando el presupuesto para la permanencia de los estudiantes? La respuesta es que no. No solo no está aumentando acorde a las necesidades estudiantiles la cobertura que brinda el área de Bienestar, sino que se está desarrollando un evidente recorte y ajuste. Un ejemplo claro es el reciente recorte en la cobertura de salud, con la suspensión indeterminada del servicio de consejería y acompañamiento para la interrupción voluntaria e interrupción legal del embarazo (IVE/ILE).

El comedor universitario, política fundamental para la permanencia estudiantil, comenzó el año con un 160% de aumento en su precio respecto al año anterior, algo difícil de explicar ya que estamos hablando de un aumento bastante superior al de la inflación interanual. Cabe recordar que Lopez Armengol, el recientemente asumido rector de la Universidad, presentó su gestión bajo la promesa de una nueva sede del comedor, de un funcionamiento del mismo en días sábados, y de una ampliación de las sedes que ofrecen comedor turno noche, todas políticas que aún se espera se hagan efectivas. Las demandas del movimiento estudiantil respecto al comedor no terminan ahí: se necesita que todas las sedes cuenten con opción para estudiantes celíacos, además de un menú vegetariano, oferta hoy en día inexistente.

Si hablamos específicamente de las becas que brinda la Universidad, la propuesta que el nuevo rector acercó a las organizaciones estudiantiles a comienzos de su gestión consistía en una unificación de las becas disponibles, construyendo una beca única cuya cobertura sea más amplia y tenga un alcance mayor que las ya existentes. Nada de esto ocurrió. Hace algunas semanas, les estudiantes seleccionades para recibir alguna de las becas de la universidad fueron notificados y en estos días se están empezando a otorgar. Lo preocupante respecto a esto es que no hay ningún tipo de información respecto a qué porcentaje de les inscriptes recibirán cada una de las becas, cuál será el monto de cada una de ellas y cuáles fueron los criterios para su selección. La transparencia en la ejecución de estas políticas, debería ser, sin dudas, prioridad de la gestión actual, que a un año de haber asumido, todavía no ha avanzado en casi ninguna de las necesidades que el movimiento estudiantil en unidad expuso en un pliego de demandas semanas antes de su asunción.


Pedro Jalid

Profesor de Letras. Leo más de lo que escribo, trato de hacer más de lo que digo.

El oasis y la sequía

El oasis y la sequía

TIEMPO DE LECTURA: 3 min.

Por José Miguel Urzua*

Estudiantes chilenos movilizados contra las medidas de ajuste de Sebastián Piñeira

Recientemente en el periódico británico Financial Times (17-10-19), el presidente de Chile, Sebastián Piñera afirmó que el país era un oasis sudamericano respecto de la situación de otros estados del vecindario sumidos en lo que definió como populismo, demagogia y crisis política. Afirmó que en Chile había democracia estable, empleo, mejora creciente en los salarios y equilibrio macroeconómico. Concluyó con la disposición de “hacer todo” para evitar que ocurriera lo que está pasando con los países vecinos.

Por otro lado, el país sufre la peor crisis hídrica, con el invierno más seco (comúnmente lluvioso) desde hace 60 años. Esta situación ha llevado al gobierno a declarar emergencia agrícola en varias regiones y 17 comunas de la Región Metropolitana. Diferentes luchadores/as de organizaciones de defensa del agua, han declarado que esta crisis se amplifica a partir del carácter mercantil de la transacción de la propiedad del agua, consignado en el código de aguas de 1981 (promulgado en dictadura), el cual es defendido férreamente por las patronales agrícolas y forestales. Según datos de CNN para 2030, el 57% del consumo de agua estará destinado a la industria forestal y el 37% para la agricultura. Solamente el 2% para agua potable.

Este 18 de octubre ocurrieron diversos hechos espontáneos de manifestación social, convocados un día antes en las redes sociales, impulsados por los/as estudiantes, orientados a evasiones masivas en el pago del metro, y que continuaron durante el día con la destrucción de varias estaciones de este medio de transporte, saqueos, barricadas y cacerolazos en distintos puntos de la capital.

La convocatoria tuvo eco en la población a partir del alza del pasaje del metro, sin embargo, podría atribuirse al encadenamiento de diversos hechos que encolerizan a la población: la impunidad de varios ejecutivos de empresas involucrados en evasión de impuestos, corrupción en Carabineros y las Fuerzas Armadas, perdonazos tributarios a grandes empresas, las pingües ganancias de las administradoras privadas de las pensiones (AFP`s) y la salud (Isapres), colusiones empresariales para la fijación de precios  en mercancías de consumo básico,  represión policial al pueblo mapuche, zonas de sacrificio ambiental, crisis sanitaria en el sistema público de hospitales, la desidia y altos emolumentos de los/as parlamentarios/as, abandono de la educación pública, innecesario involucramiento gubernamental en la crisis política de otros países sudamericanos, alto endeudamiento de la personas, bajos salarios, desigualdad social, alzas en el pago de la luz eléctrica y la impericia política del presidente y sus ministros/as respecto de declaraciones inoportunas hechas para suavizar los hechos descritos, logrando un efecto contrario al esperado.

La interpretación que hacen las autoridades es errónea pues conciben a estos hechos como meramente delictuales, invocando la Ley de Seguridad Interior y el Estado de Emergencia. Mediante estas medidas son los militares lo que controlan el orden público en una circunstancia no provocada por un fenómeno de origen natural como los terremotos, algo inédito en este período postdictatorial. 

El primer recuento después de las protestas en Santiago son 41 estaciones de Metro quemadas y/o destruidas y 308 personas detenidas. Hay también, 56 policías heridos, 49 vehículos policiales con daños y 11 civiles constataron daños.

Sin duda, estos hechos dan cuenta que el oasis tiene una crisis no solamente hídrica, sino social, política, económica e institucional.


* Dr. en Antropología chileno
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