Rosa Luxemburgo

Rosa Luxemburgo

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Un 5 de marzo de 1871 en Polonia nacía la gran luchadora marxista Rosa Luxemburgo. Vladimir Lenin la llamaría el “Águila de la Revolución”. Se mudó a Alemania. En 1916, ella junto con el marxista y antimilitarista Karl Liebknech fundaron el movimiento Liga de los Espartaquistas (1918), que más tarde se transformó en el Partido Comunista Alemán (KPD).

Rosa nació en un pequeño pueblo llamado Zamość, cerca de Lublin, EL 5 de marzo de 1871, cuando Polonia era parte del Imperio Ruso. La familia de Rosa era judía, liberal, educada, y su padre había estudiado en Alemania.

Rosa se politizó desde sus primeros años. No había podido ir al mejor colegio, pues estaba reservado para los rusos y ella era polaca. El antisemitismo era endémico en la vida cotidiana, y lo sintió a diario como niña de colegio en la actitud de sus compañeros de clase. Y en 1881 ese sentimiento antijudío desencadenó una ola de pogromos terroríficos. Para cuando la familia se mudó a Varsovia, Rosa tenía 15 años y ya estaba involucrada en actividades clandestinas.

Su vena revolucionaria la llevó a unirse al Partido del Proletariado, el primer partido socialista polaco. Cuando los activistas intentaron organizar una huelga general, algunos de los líderes fueron capturados y ejecutados. Con solo 18 años, Rosa tuvo que huir a Suiza, donde conoció a su compañero revolucionario socialista, Leo Jogiches.

En 1898, Rosa Luxemburgo se mudó a Berlín, que sería su hogar por el resto de su vida. Estaba convencida de que en Alemania comenzaría la revolución. En 1916, ellas, junto con el marxista y antimilitarista Karl Liebknech fundaron el movimiento Liga de los Espartaquistas (1918), que más tarde se transformó en el Partido Comunista Alemán (KPD). Y durante esos años Rosa Luxemburgo, ya conocida como “Rosa Roja”, fue encarcelada una y otra vez por encabezar protestas contra la Primera Guerra Mundial. Fue en la cárcel donde escuchó noticias de las revoluciones rusas de 1917. Después de la Revolución Rusa Bolchevique de 1917, Luxemburgo reprendió a los bolcheviques por su disolución de la Asamblea Constituyente electa y su supresión de los partidos rivales.

Del 5 al 12 de enero de 1919, Berlín fue el escenario de una huelga general, con la que los manifestantes soñaban repetir la experiencia rusa tomando el gobierno de las manos de los pocos para dársela a los muchos. Se le conoce como el Levantamiento Espartaquista, aunque en realidad la Liga Espartaquista no la convocó ni la dirigió, aunque sí que cooperó. De hecho, Rosa Luxemburgo señaló que la situación alemana de 1919 no era igual a la de Rusia en 1917, y que no contaban con lo necesario para derrocar al gobierno. Sin embargo, aunque anticipó que se venía una catástrofe, se sintió obligada a participar. El presidente socialdemócrata Friedrich Ebert respondió ordenándole a los freikorps (para entonces una banda de protonazis) que aplastaran la rebelión.

El 15 de enero de 1919 Rosa Luxemburgo fue brutalmente asesinada por la Alemania de Weimar. Uno de los paramilitares le rompió el cráneo con la culata de su rifle. Con la sangre brotando de su herida, la metieron a un auto, donde fue abatida a tiros y arrojada al canal Landwehr de Berlín.

Filipinas y un presidente furiosamente anticomunista

Filipinas y un presidente furiosamente anticomunista

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Hace tiempo que el presidente Rodrigo Duterte de Filipinas viene demostrando al mundo sus declaraciones agresivas contra sus “enemigos de la patria”. Considerado un “pistolero” y un mandatario agresivo y muy pragmático, ahora se las agarró con el creciente movimiento comunista de Filipinas, sobre todo con la guerrilla Nuevo Ejército del Pueblo (BHP), brazo armado del Frente Nacional Democrático.

Bandera de la guerrilla comunista maoísta de las Filipinas

Duterte sugirió a principios de marzo a las fuerzas de seguridad “que se olviden de los derechos humanos” y asumió la responsabilidad de su orden, mostrándose dispuesto a “ir a la cárcel” de ser necesario.

“He ordenado a los militares y a los policías que, durante los enfrentamientos, si los enemigos están armados, mátenlos. ¡Mátenlos de inmediato! […] Asegúrense de matarlos de verdad y acaben con ellos si están vivos”, declaró Duterte durante una reunión en la ciudad de Cagayán de Oro con el grupo de trabajo paramilitar llamado ELCAC, creado para poner fin al conflicto armado el país. El mandatario filipino prometió a los rebeldes comunistas que tendrían trabajo y vivienda si renuncian a las armas, pero advirtió sobre las consecuencias de no hacerlo.

El 9 de mayo de 2016, Duterte, candidato del partido Partido Democrático Filipino-Poder Popular, resultó vencedor en las elecciones presidenciales de Filipinas. Como presidente, Duterte abogó por una política de enfrentamiento más contundente contra la milicia islamista radical Abu Sayyaf,​ mientras que ha intentado entablar un proceso de paz con la guerrilla comunista. También declaró la “guerra al narcotráfico” y el crimen organizado, llevando a cabo una verdadera política de violación de derechos humanos sobre aldeanos en casi toda las Filipinas.

Entre sus medidas más polémicas se encuentra el regreso de la pena de muerte por ahorcamiento, abolida desde el año 2006, como “método de venganza contra los criminales”. ​ En octubre de 2016, su cuestionada “guerra contra las drogas” había dejado más de 3700 muertos, la entrega para su rehabilitación de más de 730.000 consumidores​ (y traficantes) y la reducción de la delincuencia en un 49 %.​ Tras las críticas por parte de expertos en derechos humanos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) por el creciente número de ejecuciones extrajudiciales. Duterte creó campos de concentración para drogadictos y también rebeldes islámicos. También amenazó con retirar al país de la ONU y formar una nueva organización internacional con China y las naciones africanas amigas.  Estados Unidos y la Unión Europea vieron con muy malos ojos los acercamientos con China y lo acusaron de violador de los derechos humanos. Duterte se distanció de Washington y hasta casi echa a los diplomáticos de la embajada estadounidense en Manila, capital del país. Las bases militares estadounidenses afincadas en las Filipinas también fueron cuestionadas por Duterte, pero el mandatario no se animó a sacarlas del país.

Considerado un “populista”, Duterte es un pragmático y un verdadero hombre de la “mano dura”. En sus tiempos de alcalde de la región de Davao formó escuadrones de la muerte para atacar a los comunistas y a opositores. Hoy formó una guardia pretoriana que lo protege, compuesta de violentos policías, militares, gendarmes y agentes de espionaje. El terrorismo de Estado fue aplicado en las Filipinas de Duterte.

Filipinas, con casi  110 millones de habitantes hoy en día, fue tierra de antiguos reinos hindúes, budistas y hasta de emiratos musulmanes sunna. En el siglo XVI se convirtió en colonia española hasta 1898, cuando Estados Unidos se quedó con el archipiélago tras vencer a los hispánicos. Recién en 1946 Estados Unidos le otorgó la independencia a las Filipinas, pero surgieron gobiernos títeres del neocolonialismo estadounidense. En 1965 tomó el poder el cleptómano Ferdinand Marcos, aliado a Estados Unidos en la Guerra Fría y visceralmente anticomunista.

En 1969 se formó la guerrilla comunista de orientación maoísta, que rompió con la vieja guardia prosoviética del Partido Comunista de las Filipinas. El BHP, como se lo conoce, proclamó la Guerra Popular Prolongada y en sus inicios quería derrocar al dictador cleptómano y filoyanqui Ferdinand Marcos. El BHP logró adeptos en el mundo rural y hasta logró fundar comité en las ciudades. En 1986 cayó el dictador Marcos y la guerrilla comunista creció aún más, pese a que China dejó de apoyarla.

Milicianos de las guerrillas filipinas

El BHP aplicaba la clásica guerra irregular rural, pero también la guerrilla urbana, con ataques a comisarías, puestos militares y atentados a altos mandos de las fuerzas armadas. También secuestró a dirigentes políticos burgueses. En 1989-1990 tuvo una etapa de decadencia, debido a grandes campañas de agresión militar, pero no desapareció del todo. El BHP logró amenazar a las bases militares estadounidense y también se enfrentó a las guerrillas islámicas de Abu Sayyaf.  Incluso asesinaron a varios ciudadanos estadounidenses antes de la clausura de las antiguas bases militares en 1992. A mediados de los años 2000 el BHP tenía 8000 combatientes, lo que muestra una gran reducción de los 25.000 de 1989-1990. En 2005 se estimaba que de un 3% hasta un 20% de sus 7500 a 9500 combatientes eran menores de 18 años. Actúan principalmente en las islas de Luzón, Bisayas y parte de Mindanao. Recientemente, tras el tifón que arrasó Filipinas, el BHP afirma haber aumentado sus militantes a 25.000 guerrilleros.

Hasta la llegada de Duterte al poder, los mandatarios filipinos no pudieron erradicar al BHP, que logró acuerdos políticos con diferentes facciones comunistas integradas en el Frente Nacional Democrático, donde hay también fuerzas políticas “anti-Duterte” no necesariamente marxistas-leninistas. El maoísmo no se abandonó como base ideológica marxista del BHP y , de hecho, se los compara con los antiguos guerrilleros ultramaoístas de Camboya y del Sendero Luminoso del Perú. El presidente del llamado “Comité Central del Partido Comunista Marxista Maoísta”  y fundador del BHP, José María Sison, presumiblemente continúa dirigiendo sus actividades desde los Países Bajos, donde se encuentra exiliado. Su cabeza tiene precio en las Filipinas y Duterte lo quiere muerto.

Las guerrillas comunistas de las Filipinas preparadas para enfrentar al régimen de Duterte

Como era de suponer, Estados Unidos y la Unión Europea consideran al BHP como “grupo terrorista”. Duterte se ha amigado con Estados Unidos y prometió aniquilar a la guerrilla comunista. Uno de los temores de Duterte y Washington es que el BHP se una a los combatientes islámicos “moros” de Abu Sayyaf, lo que sería todo un desafío para las fuerzas armadas y policiales de las Filipinas. Lo cierto es que Duterte está dispuesto a crear un régimen de terror para aniquilar a las guerrillas.

Al menos nueve personas murieron y otras seis fueron arrestadas el domingo 7 de marzo en una operación policial y militar contra supuestos insurgentes comunistas en Filipinas, mientras que varias ONG denuncian que algunos eran activistas y sindicalistas ejecutados.
La operación de las autoridades tuvo lugar en la región de Calabarzon, al sur de Manila, dos días después de que Duterte, pidiera públicamente a la policía y el Ejército que disparara a matar a insurgentes armados.
Sin embargo, organizaciones locales como Karapatan y Pamalakaya Pilipinas denunciaron que algunos de los fallecidos eran activistas y líderes de movimientos sociales locales.

Se viene un reino de terror para las Filipinas bajo Duterte.

Mauricio Piñero
Mauricio Piñero

Cuentan las crónicas que nació como el hijo de nadie. Luchando por la Patria Grande, como Internacionalista y antiimperialista. Tripero de alma y cuerpo, siempre junto a la patriada barrial. La historia descolonizada es mi pasión como docente de la Escuela Pública y de los barrios. Las noticias sobre los pueblos que luchan como forma de viajar hacia una verdadera justicia social global.

El 9 odiado por la Italia fascista

El 9 odiado por la Italia fascista

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 La historia del fútbol es un triste viaje del placer al deber. A medida que el deporte se ha hecho industria, ha ido desterrando la belleza que nace de la alegría de jugar porque sí. En este mundo del fin de siglo, el fútbol profesional condena lo que es inútil, y es inútil lo que no es rentable. A nadie da de ganar esa locura que hace que el hombre sea niño por un rato, jugando como juega el niño con el globo y como juega el gato con el ovillo de lana: bailarín que danza con una pelota leve como el globo que se va al aire y el ovillo que rueda, jugando sin saber que juega, sin motivo y sin reloj y sin juez. El juego se ha convertido en espectáculo, con pocos protagonistas y muchos espectadores, fútbol para mirar, y el espectáculo se ha convertido en uno de los negocios más lucrativos del mundo, que no se organiza para jugar sino para impedir que se juegue. La tecnocracia del deporte profesional ha ido imponiendo un fútbol de pura velocidad y mucha fuerza, que renuncia a la alegría, atrofia la fantasía y prohibe la osadía. Por suerte todavía aparece en las canchas, aunque sea muy de vez en cuando, algún descarado carasucia que sale del libreto y comete el disparate de gambetear a todo el equipo rival, y al juez, y al público de las tribunas, por el puro goce del cuerpo que se lanza a la prohibida aventura de la libertad.

Eduardo Galeano

Corría la temporada 2004 2005 de la Serie A, el equipo de Berlusconi -el AC Milan- dominaba Italia y el continente europeo, pero el derechazo de Lucarelli reventó contra la red que cubría el brasilero Dida y en un pequeño pulmón, la gente del Livorno gritó con todas sus fuerzas hasta dejar rasposas las gargantas. Entre las banderas rojas que se agitaban por los hinchas venidos desde la costa oeste de la Toscana, se dejaron ver la cara del Che y la oz y el martillo. El lujoso San Siro quedó callado, y esa tarde, el pequeño equipo se volvió con un punto de la ciudad insignia de la Italia rica. Finalizado el partido un fanático declaró: “Fue el enfrentamiento entre un FIAT 500 y un Ferrari”.

Livorno es una pobre ciudad construida sobre el puerto de la costa oeste, que desde 1915 tiene su Associazione Sportiva da Calcio. No es casual que su color sea el rojo porque en 1921 se dieron allí gran parte de las discusiones previas a la fundación del Partido Comunista Italiano, atado a la Tercera Internacional. Con este dato a favor, los ciudadanos, que son los fanáticos del club, comentan que Gramsci, siempre alentó por ellos.

En 1923 Mussolini ganó las elecciones y el fascismo acompañado por las Camisas Negras se regó por todo el país. Pero en la ciudad portuaria se chocó a una sociedad dispuesta a resistir. De allí salieron las Brigadas Rojas y luego gran parte del “germen” partisano.

Desde esos años hasta hoy, la mayoría de los habitantes se definen bajo los ideales de la oz y el martillo y el fútbol no ha sido la excepción.

***

El Livorno no había jugado en la máxima categoría de Italia por más de 55 años, hasta que llegó Cristiano Lucarelli. Un muchacho hijo de un estibador comunista y fanático de la roja, que le enseñó a su hijo el amor por la pelota, los ideales y el cariño a su tierra.  “Algunos creen que el estilo de vida de un futbolista no se condice con el comunismo, pero yo ya era comunista antes de ser futbolista”, dijo Lucarelli ante alguna cámara, luego de hacer algo tan lógico como expresar sus pensamientos políticos dentro de la cancha. 

Cristiano Lucarelli jugó profesionalmente desde 1992 hasta el año 2012: vistió las camisetas de Torino FC, Valencia, Livorno, Napoli y la de la selección nacional Italiana. En 1996, jugando para la selección Sub 21, festejó un gol quitándose la remera y dejando ver otra con la estampa del Che Guevara. Este acto le costó el repudio de los sectores reaccionarios de su país, que por su peso, lograron que fuera alejado de la selección hasta el año 2005 .

En la temporada 2003 Lucarelli venía teniendo una participación irregular en la Serie A, jugando para el Torino. Ese mismo año, el Livorno consiguió el ascenso a la serie B. Teniendo 28 años Cristiano no lo dudó y fue a jugar a préstamo al equipo de sus amores. Solo puso una condición: en su espalda pidió llevar el número 99, en referencia a las Brigadas Autónomas de Livorno, la hinchada del equipo que siempre se definió comunista.*

Lucarelli fue recibido como un héroe nacional y ese año marcó 29 goles, dándole a su equipo el campeonato y el ascenso a la Serie A. Luego de la excelente campaña, Cristiano Lucarelli debía volver al Torino, pero se rehusó, perdiendo así millones de euros. En 2005 jugando en la Serie A, fue el goleador del torneo con 24 goles y logró la permanencia. En Livorno se festejó, el puerto fue una fiesta y a los días salió un libro titulado “Quédense con sus millones”. En la presentación del libro ante gran parte de la ciudad, Lucarelli dijo: “Algunos jugadores de fútbol pagan mil millones por un Ferrari o un yate. Con ese dinero me compré la camisa de Livorno. Eso es todo”.

El delantero con el 99 en la espalda fue nuevamente la voz de la Italia postergada y abandonada. Los obreros portuarios socialistas de principio del Siglo XX gritaban y se vengaban en los botines del artillero, que cada fin de semana reventaba las redes de todo el país. En la tribuna aparecían con más fuerza los estandartes anti fascistas y los pedidos de libertad para Palestina. Con el mejor 9 del torneo y sus festejos con los puños cerrados, el fútbol se había convertido nuevamente en una trinchera de resistencia, felicidad y revancha social.

***

Hoy, Livorno juega en la Serie B. El estadio es una zona anti fascista, todos los 18 de diciembre festejan el cumpleaños de Stalin y tanto para el paso a la inmortalidad de Hugo Chávez, como para el de Fidel Castro, aparecieron banderas despidiéndolos en las tribunas.

En Italia, en la zona de La Toscana, entre olor a pescado y todo lo que deja el puerto, les pibes patean una pelota y sueñan ser como su ídolo, ése que renunció a millones por comprarse, para siempre, la 99 de la roja.


(*) En el año 2007 la DASPO (ley prevista para evitar enfrentamientos violentos en el deporte)  desintegró la Brigada Autónoma de Livorno y persiguió a los “ultras” rojos; pero hasta el día de hoy los simpatizantes entonan el Bella Ciao y cuelgan sus estandartes en cada cancha a laque van.

Felipe Bertola
Felipe Bertola

Cuando estaba en la panza, mi vieja me cantaba “Significado de Patria” para tranquilizarme. En la comunicación y organización popular encontré la clave para poder “ser la revancha de todxs aquellxs”. Como todo buen platense, sé lo que es ganar una Copa Libertadores.

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