¿Hay alguien ahí?

¿Hay alguien ahí?

TIEMPO DE LECTURA: 8 min.

Notas ensayísticas sobre la exposición de la BIENALSUR “fragmentos de un presente a la deriva”. ¿A dónde iremos a parar? ¿Será el Estado-Nación-IA el futuro? ¿Qué hacemos con toda esta basura? ¿Qué va a pasar con las otras especies cuando colapse el mundo humano?

Cuando leemos algo, en nuestra mente, aparece la figura de une interlocutore. Para algunas personas, este es une misme; es su propia voz la que narra. En mi caso, no. Le otorgo un cuerpo, un estilo, una personalidad, y un tono de voz a esa figura que me cuenta una historia. Se construye su silueta a través de fragmentos atemporales, recortes de vivencias y aprendizajes que conforman el imaginario sobre este sujeto que habla de algo, a través de algún medio, en un momento y lugar.

Es por eso, que quisiera comentar un poco sobre quién escribe. Si bien no se trata de limitar la perspectiva de este artículo a mi existencia material (que, sin dudas, ya tiene bastantes limitaciones sin mi nota de por medio), creo que es interesante comentar un poco sobre el cómo llegué a tomar estos apuntes y por qué. 

Las siguientes notas ensayísticas fueron hechas de forma analógica, en un anotador de esos verdes o naranja flúor, anillado arriba, que vale menos de mil pesos, en un experimento con (al menos) dos intenciones: la primera, trabajar la paciencia y desconectarme del mundo online por el tiempo que dure la visita; y la segunda hacer evidente para el entorno que estoy tomando notas sobre lo que allí sucede, una especie de justificación por la que me paso quince, o más, minutos frente una obra. Además, si me ponía con el celular, es posible que les guías y guardias piensen que estoy scrolleando, mientras una obra me mira fijamente, y me parecía un poco faltarle el respeto al espacio y a la muestra. Aunque, habiéndola visitado, quizá hubiese sido otro buen experimento.

Estas reflexiones bajo ningún punto de vista son inocuas: están atravesadas por mis vivencias, mi formación, lo que me pasó ese día y lo que me devuelve el entorno al momento de tomarlas. 

La motivación para escribir fue clara desde el comienzo. Me resulta interesante explorar lo absurdo: hacer algo a lo que no se me invitó, que no tiene como finalidad el rendimiento, ni ser útil a la producción de un servicio o un producto. Hacer algo humano. Algo… ¿inútil? Un punto de partida que se encuentra con el de la intención curatorial de la muestra.

Investigar la exposición, sus organizadores, a les artistes, ir a comprar un anotador, hacerme tiempo después del trabajo para ir al Centro de Arte, tomar notas analógicas, hablar con quienes trabajan en las salas y con les visitantes, ver las obras expuestas/dispuestas a correr a quien las experimenta de su eje. Una invitación a moverse, más allá del plano físico (aunque es evidente que lo incluye). En un contexto donde la coyuntura nos aliena y precariza a la vez que normaliza, escribir una nota que no te va a dar más que preguntas y la satisfacción de haberla escrito parece, en efecto, absurdo.

Sin embargo, el resultado está lejos de no tener sentido. Resultó ser una prueba introspectiva a la vez que una catarsis colectiva. Una forma de permitirle a quién experimenta las obras, conectarse con formas no tan diferentes a las propias de percibir la deriva actual de nuestra sociedad. En ese sentido, el arte actuó en mi, de dos formas: como un espejo gigante, donde mirar mis peores y mejores cualidades, al igual que las de mi contexto; y, como un catalizador, que acelera el proceso de consciencia sobre lo que sucede (y lo que no) en nuestro presente.

¿A dónde iremos a parar? ¿Será el Estado-Nación-IA el futuro? ¿Qué hacemos con toda esta basura? ¿Qué va a pasar con las otras especies cuando colapse el mundo humano? La insignia del presente es el rendimiento sobre el pensamiento, la rapidez en la ejecución sobre la pregnancia de las acciones. Esto es, al mismo tiempo, distopía y utopía; depende de cómo lo narres, depende de cómo lo vivas. En redes sociales es normal cruzarse con contenido del tipo “dale campeón, resistí” o “te lo mereces, reina”, síntoma de un sistema que se alimenta de la utopía meritocrática. Esta narrativa individual se basa en los fundamentos más básicos de un neoliberalismo agonizante: tu cuerpo es la última parcela por explotar. La tecnología, tu plegaria de mercado, el único templo-institución al que está permitido rendirle culto. ¿Y les otres seres? Simple y llanamente, un recurso o un estorbo, rivales o presas, competidores en la fila de distribución por tener algo de lo que queda.

Recorrí la muestra con una profunda sensación de extrañeza, como la de estar presenciando algo que no debería ver. Esto es irónico, ya que considero al Centro de Arte de la UNLP mi refugio: es el primer espacio donde no me sentí ajena al arte. Sin embargo, esta vez, los roles cambiaron. Pararme frente a las obras y escribir notas apuradas sobre lo que me despertaban, me hizo reflexionar sobre mi papel de visitante anónima: una persona ajena a las narrativas que cuelgan de las paredes, pero a la vez, totalmente cercana y retratada en ellas. No hice estas obras, pero siento que estoy en ellas, en un sitio que hoy solo existe en nuestra imaginación. Y este espacio de reflexión, lejos de dejarme en el anonimato, reflejó nuestras más profundas cosmovisiones sobre el futuro, aquellas visiones utópicas y distópicas que compartimos por estar viviendo bajo el mismo presente (que muchas veces, se siente como futuro distópico). No importa cuán remoto sea ese no-lugar; hay un tipo de anonimato en el que no podemos refugiarnos, y es el de la propia imaginación: el anonimato es siempre una fachada hacia el exterior.

¿Será la distopía de nuestra sociedad, volverse una sociedad anónima? Humanidad S.A., deje su queja después del BIP, muchas gracias.

Composición realizada por quién escribe. Obras utilizadas: The Linguistic Errantry, Tansy Xiao (2022); Tránsito, Eva Cafiero (2023) y Los nuevos anónimos, Andrés Pasinovich (2023). La primera mediante captura de pantalla desde el sitio oficial y las últimas dos mediante fotografías tomadas por mano propia e intervenidas digitalmente.

Se hizo explícito el bilateralismo en las formas de percibir la realidad. Algunas de las obras presentaban el discurso hiperbolizado del “estado de bienestar” al que deberíamos aspirar, basado en nuestra capacidad de producción y concentración de bienes o acciones. Del otro lado, el trasbambalinas: un escenario desarticulado, lleno de basura, señalética sin dirección y otras cosas inútiles, que intentan cubrir los agujeros de una extracción en proceso. La de un recurso escaso: humanidad.

Creo, ya habiendo llegado al final de estas notas ensayísticas, que el fragmento del comienzo respecto a quien relata tiene varias intenciones. La primera es volver a traer a este texto a quién está contando la historia. No hay nada peor que transformarse en un ser extraño en una utopía ajena. Esa es, para mí, la verdadera distopía: un lugar donde nuestras formas de narrar y vivir están desconectadas del tejido social. Nuestra variable en fuga. O fugada. O un poco de ambas.

La segunda, desmantelar la noción de “objetividad” que a menudo recubre la experiencia que se narra en algunos artículos (más que nada, en este presente donde todo es “real” y nada lo es), aquella figura inocua y estándar que mencioné al comienzo. Si la exposición me ha obligado a confrontar mis absurdos y todos los fragmentos que hemos dejado tirados en este lugar llamado mundo, mi voz debe ser igualmente honesta, desordenada e in fraganti.

La tercera, sacarme la culpa por no estar haciendo cosas que tendría que hacer. Al fin y al cabo, sigo siendo una humana más en este mundo.

La exposición “FRAGMENTOS DE UN PRESENTE A LA DERIVA” de BIENALSUR se presenta en el Centro de Arte de la UNLP. Es una muestra creada en torno a la idea de utopías y distopías que propone al espectador nuevas formas de ver y representar las ideas, las tecnologías, los imaginarios y los discursos sobre los horizontes posibles que guían (muchas veces, pasando desapercibidos a nuestra fugaz e impaciente mirada) nuestra vida en sociedad. Esto lo hace a través de una clara interrogante curatorial: ¿cómo sostener el deseo de un mundo por venir? Esta pregunta, lejos de buscar una conclusión, es un llamado, desesperanzado pero con ilusión, a pensar y compartir horizontes, por y para nosotres.

Gracias por leer.


Lecturas recomendadas:


Sobre la exposición:

En 1932, Aldous Huxley publica “Un mundо feliz”, una novela de ficción que imagina una distopía donde cada persona acepta su lugar en una sociedad de castas y de alta tecnología, en la que las emociones se regulan mediante drogas.

Para alcanzar ese “mundo feliz” se elimina la familia, la diversidad cultural, el arte, la literatura, la religión, la filosofía y el amor.

Irónica y descarnadamente Huxley construye un horizonte contrario a la utopía, que anticipa otras representaciones de futuros indeseables, como 1984 de George Orwell, Fahrenheit 451 de Ray Bradbury o, la más reciente, Blade Runner de Ridley Scott.

Deshumanización, gobiernos tiránicos, desastres ambientales y guerras brutales se suceden en estos relatos de ficción que, curiosamente, hoy nos parecen menos lejanos. Es que esos imaginarios contaminan lo cotidiano y nos sitúan en la paradoja de tener que defender principios y valores que hasta hace poco parecían indiscutibles.

En este contexto, el arte se convierte en un reservorio. A veces para denunciar, otras para volver a imaginar. Frente al desconcierto, el arte insiste en la pregunta por la utopía: ¿cómo sostener el deseo de un mundo por venir?

Obtenido de: https://bienalsur.org/es/single_agenda/618 

Artistas:

Alejandro Argüelles (ARG)
Andrés Pasinovich (ARG)
Eva Moro Cafiero (ARG)
Facundo Belén (ARG)
Florencia Levy (ARG)
Indira Montoya (ARG)
José Luis Miralles (ARG)
Marcelo Burgos (ARG-ESP)
Mariano Giraud (ARG)
Tansy Xiao (USA-CHN)
Tina Willgren (SWE)
Yaya Firpo (ARG)

Ttabajo Curatorial:

  • BIENALSUR, Fernando Farina (ARG) 
  • BIENALSUR, Florencia Battiti (ARG)

Fera

Nacida en Mercedes (1999), vive en la ciudad de La Plata. Es trabajadora comunicacional y desarrolla su práctica en el cruce de distintos lenguajes. Actualmente es becaria alumna en la UNLP, donde colabora en proyectos vinculados a los estudios urbanos, el ocio, el arte y las tecnologías. Su escritura, que abarca poesía, ensayo y narrativa, es un ejercicio exploratorio en curso.

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Ellas escriben con sangre: el legado femenino en el terror

Ellas escriben con sangre: el legado femenino en el terror

TIEMPO DE LECTURA: 6 min.

Del monstruo de Shelly al chico sucio de Enriquez, las mujeres han tejido el terror con hilos de cuerpos, herencia y oscuridad cotidiana. Lo que antes se leyó como excepción hoy se revela como tradición: una genealogía de autoras que transformaron el miedo en literatura, y lo íntimo en denuncia.  Escritoras que desde lo gótico inglés hasta el realismo brutal latinoamericano, hicieron del horror un espejo  de lo social y de lo político.

 

El terror como género político

Durante siglos, el terror fue leído como un género masculino: monstruos, castillos, asesinos, guerras. Pero bajo esa superficie, las mujeres escribieron el miedo desde otro lugar. No como espectáculo sino como experiencia. El cuerpo, la casa, la maternidad, la herencia, la locura.

Se pensaba que las mujeres no podían —o no debían— explorar lo siniestro, lo monstruoso, lo abyecto. Muchas autoras lo escribieron bajó seudónimos masculinos o fueron ignoradas por la crítica. El canon se construyó en torno a figuras como Edgar Allan Poe, H.P. Lovecraft o Stephen King, mientras que las voces femeninas quedaban en los márgenes, apareciendo como víctimas, musas o presencias espectrales, pero rara vez como autoras o protagonistas con agencia.

Mary Shelly, con apenas 18 años, escribió Frankenstein en 1818 —aunque su autoría fue inicialmente atribuida a su esposo—. No solo fue quien inventó la ciencia ficción moderna, sino que creó una criatura que encarnaba el rechazo, la soledad y el deseo de ser amado. Su monstruo no era el villano: era el excluido. Shelly no solo fundó un género, sino una forma de narrar el dolor desde lo marginal.

Anne Radcliffe, con Los misterios de Udolfo, introdujo el terror psicológico, pero su estilo fue considerado “femenino” y por tanto menor. Estás autoras no solo escribían terror: lo hacían desde el cuerpo, la ética, la emoción, desafiando el modelo masculino de horror como espectáculo.

El siglo XX trajo nuevas fisuras. Shirley Jackson, con La Lotería y Siempre hemos vivido en el castillo, narró el miedo desde lo doméstico, lo cotidiano, lo mental. Daphne su Maurier, en Rebecca, convirtió la casa en un espacio de amenaza, y la memoria en un fantasma. Estás autoras no solo escribían terror: lo hacían desde el cuerpo, la emoción, la ambigüedad. Y eso incomodaba a un canon que prefería el espectáculo a la experiencia.

Con el avance del feminismo, el género se transformó. El cuerpo femenino dejó de ser víctima y se volvió territorio: menstruación, embarazo, deseo, envejecimiento, todo podía ser fuente de horror y resistencia. El monstruo ya no era un ente sobrenatural, sino el padre, el médico, el Estado. El miedo dejó de ser evasión y se volvió denuncia.

En América Latina, esta reconfiguración tomó una forma radical. Mariana Enriquez, con Las cosas que perdimos en el fuego, narra el terror urbano, la desigualdad, la dictadura, el cuerpo como archivo de violencia. Mónica Ojeda, en Mandíbula, explora el horror adolescente, el deseo queer, la pedagogía la del miedo. Maria Fernanda Ampuero, en Pelea de gallos, convierte lo doméstico en infierno, con mujeres que resisten desde el margen.

El hogar, lejos de ser refugio, es cárcel, laberinto, escenario de lo siniestro. Pero también es el lugar donde se puede narrar lo que la historia calla. El terror, en manos de estas mujeres, se vuelve íntimo y político.

 

¿Qué pasa cuando el miedo lo narran ellas? 

Cuando el terror lo narran mujeres, el género se transforma. Ya no se trata de espectáculos, sangrientos ni de monstruos externos: el miedo se vuelve íntimo, político, encarnado. El cuerpo femenino —históricamente objeto de horror— se convierte en sujeto narrador. Y eso implica una ruptura profunda: con el canon, con la estética, con la forma de entender el miedo. 

El miedo narrado por ellas no busca consuelo, sino reparación simbólica. La víctima se vuelve verdugo, el monstruo encarna el trauma, el relato no cierra porque la herida sigue abierta. Es una forma de justicia poética, incómoda pero necesaria. 

Narrar el miedo también es compartirlo, convertirlo en memoria colectiva. El terror escrito por mujeres funciona como ritual: no para olvidar, sino para recordar juntas. La literatura se vuelve política, comunitaria, sanadora, En este sentido el género se expande, ya no es solo ficción, es duelo, es resistencia. Estas autoras disputan qué se considera literatura “seria”, qué voces merecen crítica, qué temas son universales. Y al hacerlo, recuperan voces que el canon silenció, cuerpos que la sociedad patologizó, y genealogías que fueron borradas. 

Las niñas que no fueron escuchadas, las mujeres encerradas, las brujas, las madres que devoran, las que no tienen nombre: todas ellas encuentran lugar en estas narrativas. No son solo personajes, son memorias encarnadas, cuerpos que resisten, voces que incomodan. El terror feminista no las domestica, las radicaliza. Las convierte en protagonistas de una historia que no busca cerrar, sino abrir. Abrir la herida, abrir el archivo, abrir la posibilidad de imaginar otras formas de justicia. 

En Argentina, esta lectura de terror permite vincular las narrativas literarias con procesos sociales como la fragmentación de derechos. ¿Qué pasa cuando el Estado es el monstruo y el cuerpo es el escenario del horror? ¿Qué sucede cuando la violencia institucional, la falta de acceso a la salud, la criminalización del aborto o las desapariciones forzadas se narran desde el género? El terror se vuelve herramienta de denuncia, de duelo, de reparación simbólica. Leer a estas autoras es abrir la puerta a una literatura que no busca consuelo, sino verdad. 

Estas autoras no escriben para asustar: escriben para revelar. El terror se vuelve herramienta de denuncia, de reparación, de justicia narrativa. Lo que no se puede decir en una crónica, se puede sugerir en un cuento de horror. Lo que no se puede mostrar en un informe, se puede encarnar en un personaje monstruoso.

Enriquez, como Shelley, escribe desde el margen. Y en ese margen, construye una literatura que cuida: no porque proteja, sino porque nombra. Porque hace visible lo que el Estado, la familia y la historia prefieren olvidar.

El giro feminista del terror 

En los últimos años, el terror feminista no solo ha transformado el género desde lo narrativo, sino también desde la recepción crítica, editorial y cultural. En América Latina, autoras como Mariana Enriquez, Samantha Shweblin, Fernanda Melchor y Agustina Bazterrica han protagonizado un fenómeno literario que disputa el canon y reconfigura el mercado. Según el análisis de UNED y The Guardian, más del 70 % de los libros de terror más vendidos en la región en los últimos cinco años fueron escritos por mujeres. Esta cifra no sólo revela una tendencia editorial, sino una transformación estética y política.

La legitimación internacional ha sido contundente. Samanta Schweblin fue finalista del International Booker Prize en tres ocasiones por Distancia de rescate, Pájaros en la boca y Kentukis, además de ganar el premio Shirley Jackson y el O’Henry Award. Fernanda Melchor también fue finalista del Booker por Temporada de huracanes y Paradise, mientras que Agustina Bazterrica recibió el Premio Clarín Novela por Cadáver Exquisito, traducido a más de veinte idiomas y premiado por la comunidad internacional de horror literario. 

Este giro femenista también se consolida en el plano editorial. La antología Dantescas (Fera Editorial, 2024), curada por María Fernanda Ampuero, reúne doce cuentos de autoras clásicas y contemporáneas que descendieron a los infiernos: desde Charlotte Perkins Gilman y Silvina Ocampo hasta Monica Ojeda y Mariana Enriquez. El proyecto forma parte de la colección Mujeres que leen mujeres, que busca recuperar genealogías literarias desde una lectura feminista, criticada y encarnada. 

Mientras que en el ámbito académico, el estudio Lo fantástico y el terror femenino (Universidad de Chile, 2022) analiza cómo el cuerpo monstruo se convierte en forma de resistencia a la violencia de género en cuentos de Ojeda y Ampuero. El trabajo propone que el terror escrito por mujeres no solo representa el horror, sino que lo convierte en herramienta de lucha, duelo y reparación simbólica. 



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Silvina Ocampo: La hermana menor 

Silvina Ocampo: La hermana menor 

TIEMPO DE LECTURA: 6 min.

En una literatura dominada por voces masculinas y estructuras clásicas, Silvina Ocampo eligió el margen como territorio creativo. Con una prosa inquietante y personajes que desafiaban la lógica moral, construyó un universo propio donde lo fantástico revelaba las grietas de lo real. Su obra, aún hoy, incomoda, fascina y resiste toda clasificación. 

¿Quién fue Silvina Ocampo?

“Hermana de Victoria Ocampo, esposa de Adolfo Bioy Casares , amiga íntima de Jorge Luis Borges, una de las mujeres más ricas y extravagantes de la Argentina, una de las escritoras más talentosas y extrañas de la literatura en español: todos esos titulos no la explican, no la definen, no sirven para entender su misterio (…)

Silvina Inocencia María Ocampo nació el 28 de julio de 1903 en la casa familiar de Viamonte 550, en la ciudad de Buenos Aires. Fue la menor de seis hermanas, después de Victoria, Angelica, Francisca, Rosa y Clara.” (Enriquez, M. 2014)

Fue una escritora argentina profundamente singular fallecida en 1993. Su vida estuvo marcada por una formación privilegiada, una sensibilidad artística precoz y una vocación literaria que se fue gestando en los márgenes del canon.

Silvina creció en una familia de la alta burguesía porteña, rodeada de institutrices francesas y británicas, lo que le permitió aprender a leer en inglés y francés antes que en castellano. Esta educación trilingüe influyó notablemente en su estilo literario, que combina precisión, extrañeza y una mirada descentrada sobre lo cotidiano.

Antes de dedicarse a la escritura, estudió pintura en París con maestros como Fernand Léger y Giorgio de Chirico, figuras claves del surrealismo. Esta etapa visual y plástica dejó huellas en su narrativa: sus cuentos están llenos de imágenes perturbadoras, atmósferas oníricas y composiciones casi pictóricas.

Su primer libro, Viaje olvidado (1937), fue una colección de cuentos que ella misma llegó a despreciar con el tiempo, pero que ya mostraba su interés por lo extraño, lo infantil y lo cruel. A partir de allí, comenzó a construir una obra que se movía entre la poesía, la narrativa breve y el ensayo, siempre con una estética inquietante y una ética del desvío.

Silvina fue parte del círculo literario de la revista Sur, fundada por su hermana Victoria Ocampo, y colaboró con Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares —con quien se casó en 1940— en antologías emblemáticas como Antología de la literatura fantástica (1940) . Sin embargo, su estilo nunca se alineó del todo con el de sus colegas: mientras ellos cultivaban lo racional y lo estructurado, ella apostaba por lo ambiguo, lo secreto y lo monstruoso.

Escritura como desvío, archivo y emancipación

La escritura de Silvina Ocampo fue un gesto de desobediencia íntima. En un entorno literario dominado por voces masculinas, racionales y canónicas, ella eligió narrar lo que incomoda: la crueldad infantil, el deseo ambiguo, la monstruosidad doméstica.

Ocampo escribió desde los márgenes —como mujer, como aristócrata, como narradora de lo raro— y convirtió esa posición incómoda en potencia estética. Su literatura no busca consagración ni claridad, sino perturbación, ternura y ambigüedad.

Silvina Ocampo corregía obsesivamente sus textos, escondía sus cuadernos y muchas veces no publicaba lo que escribía. Su relación con la escritura era más cercana al ritual que al oficio. En su poema “Las palabras”, escribe: “Las palabras que no dije / me duelen más que las que dije.”

Este verso condensa su ética del silencio: lo no dicho como herida. Lo siniestro se instala en lo doméstico, en lo infantil, en lo cotidiano. En “La casa de azúcar”, una mujer se muda a un hogar que parece absorber su identidad, hasta que su pareja ya no la reconoce. El cuento termina con una frase inquietante: “No soy la misma, no soy la que era, no soy la que él conoció.”

Aquí el cuerpo y la identidad se desdibujan, se transforman. La escritura de Ocampo desestabiliza la noción de sujeto fijo, y abre paso a una poética de la metamorfosis.

Ocampo subvierte la idea de infancia como espacio de inocencia. En “El pecado mortal”, una niña comete un acto cruel sin comprender del todo sus consecuencias. La narración no juzga, sino que observa con una lucidez perturbadora. En otro cuento, “La muñeca”, una niña se obsesiona con un juguete que parece tener vida propia, hasta que la muñeca la reemplaza: “me miraba como si supiera algo que yo ignoraba.”

La mirada infantil se vuelve espejo de lo monstruoso. El deseo, la crueldad y la ambigüedad se manifiestan desde temprano, y la escritura los acompaña sin moralizar.

Además de sus cuentos, Silvina Ocampo escribió con una sensibilidad perturbadora y lírica, condensando su universo estético y ético en formas breves y profundamente inquietantes. En sus versos, lo doméstico se vuelve siniestro, lo bello se contamina de crueldad, y el lenguaje se transforma en cuerpo herido. Su escritura poética no busca consuelo ni claridad: es un espacio de tensión, de deseo ambiguo, de memoria fragmentada.

Sus poemarios exploran la infancia, el deseo, la culpa y la muerte desde una mirada que nunca moraliza, sino que observa con una lucidez perturbadora. La voz poética de Ocampo es íntima pero nunca ingenua; es femenina pero nunca decorativa; es política en su desvío, en su negativa a encajar en las formas esperadas.

Leer su poesía es entrar en un espacio donde el lenguaje se desarma, se vuelve cuerpo, se vuelve sombra. Donde lo monstruoso no se oculta, sino que se nombra con ternura y con furia. Donde lo íntimo se convierte en archivo de resistencia.

De igual manera la obra de Ocampo puede leerse como un archivo de lo que el canon excluye: lo raro, lo femenino, lo afectivo. Sus textos no buscan ordenar el mundo, sino desarmarlo.

Se entiende a la obra de Silvina Ocampo no solo como algo incómodo por su estética perturbadora, sino también por su condición de mujer escritora en un campo dominado por voces masculinas. Su escritura encarna una forma de resistencia simbólica que hoy puede leerse en diálogo con cifras que revelan la desigualdad estructural en el mundo literario.

En Argentina, hasta bien entrado el siglo XX, las mujeres representaban una minoría en los catálogos editoriales y en los premios literarios. Según estudios recientes, menos del 30 % de los libros publicados en editoriales tradicionales eran escritos por mujeres. Mientras que en el ámbito académico, las escritoras argentinas han sido subrepresentadas en los programas de estudio y en las historias oficiales de la literatura. De hecho, fue recién en 2019 que se anunció el proyecto de una Historia feminista de la literatura argentina, como respuesta a esta omision sistemática.

El surgimiento del movimiento  #NiUnaMenos en 2015 marcó un punto de inflexión: desde entonces se ha visibilizado el rol de las mujeres en el campo editorial independiente, con editores y escritoras como Mariana Docampo, Cecilia Fanti y Ana Ojeda que reivindican una literatura feminista, afectiva y politica.

Silvina Ocampo no fue incluida en la mayoría de las antologías literarias argentinas durante décadas. Su obra fue leída como “menor”, “extraña” o “femenina” en sentido peyorativo. Esta exclusión no fue casual: responde a una lógica patriarcal que privilegia la racionalidad, la estructura y la voz masculina como norma literaria.

Hoy, su escritura, puede ser recuperada como parte de una genealogía que incluye autoras como Norah Lange, Sara Gallardo, Aurora Venturini y otras voces que narran desde el margen, desde el cuerpo, desde el dolor. Leer a Ocampo desde esta perspectiva es también leer el canon de disputa, y apostar por una literatura que habilite otras formas de justicia simbólica.

Leer, reescribir, reparar

La escritura de Silvina Ocampo —y de tantas otras autoras relegadas— nos invita a pensar la literatura como un campo de disputa simbólica. La solución no es solo recuperar sus textos, sino reconfigurar las formas que leemos, enseñamos y legitimamos la literatura. Apostar por su lectura es apostar por una genealogía que desarma el canon, que habilita otras formas de justicia emocional y que convierte el archivo en cuerpo vivo.
Según el dossier estadístico del INDEC por el día internacional de la Mujer, las mujeres siguen siendo minoría en espacios de decisión cultural, y enfrentan desigualdades en el acceso a la publicación y la visibilidad.

La apuesta no es solo académica o editorial: es afectiva, comunitaria, política. Leer a Silvina Ocampo desde esta perspectiva es también leer nuestras propias heridas, nuestras formas de resistencia, nuestras escrituras posibles. Es habilitar un espacio donde lo monstruoso no es censurado, donde lo íntimo no sea ridiculizado, donde lo femenino no sea decorativo.

La literatura de Ocampo nos recuerda que el lenguaje puede ser cuerpo, archivo, resistencia. Que lo monstruoso puede ser bello. Que lo íntimo puede ser político. Y que escribir —como ella lo hizo— puede ser una forma de no desaparecer.

 

Transmisión Especial por Gaza: Crónica de una última noche antes de ingresar a zona naranja

Transmisión Especial por Gaza: Crónica de una última noche antes de ingresar a zona naranja

TIEMPO DE LECTURA: 7 min.

Mientras la Flotilla de la Libertad continúa erguida en su camino, desde el Multimedio Trinchera se acompañó su última noche en zona “calma” a través de una transmisión especial, pese a ya haber recibido ataques con drones. “Tenemos toda la esperanza de llegar”, confirmó el tripulante argentino, Carlos “Cascote” Bertola.

“Hoy, mi cuerpo fue masacre televisada. Nosotros enseñamos vida, señor. Nosotros los palestinos enseñamos vida después de que ellos han ocupado los últimos cielos. Nosotros enseñamos vida después de que ellos han construido sus asentamientos y muros de apartheid, más allá de los últimos cielos. Nosotros enseñamos vida, señor”

Fragmento del poema “Nosotros enseñamos vidas, señor” de Rafeef Ziadah.

La Global Sumud Flotilla terminó de navegar su último tramo “seguro” cercano a las costas de Grecia, adentrándose en el último tramo de aguas internacionales para llegar a su objetivo: abrir un corredor humanitario en Gaza.

Al adentrarse en la noche del viernes pasado, los tripulantes de las más de 40 embarcaciones ingresaron en el tramo final de una aventura no tan feliz. Una aventura que eligieron o los eligió a ellos debido a su compromiso con el otro. En este caso, la solidaridad es con el pueblo palestino que sufre un genocidio comparable a las peores matanzas de la historia reciente. 

Palestina, que sin dudas enseña vida, tiene la oportunidad de encontrar un pequeño salvataje a su situación con la llegada de la Flotilla de la Libertad que busca abrir un corredor humanitario ante el bloqueo del Estado de Israel para ingresar comida y medicamentos. Porque si bien la burocracia internacional de la Organización de Naciones Unidas (ONU) pareciera avanzar, ninguna de estas naciones se anima por el momento a desafiar al amotinado Benjamin Netanyahu y al resto de su gobierno.

No obstante, la Global Sumud Flotilla ha demostrado ser el único grupo humano que posee la valentía de romper con este cerco y no solo emprendió el viaje, si no que desde el viernes ingresó en lo que ellos catalogan como la “zona naranja”, es decir los kilómetros más próximos a Gaza, donde se espera que el gobierno de Israel cumpla con sus amenazas e intercepte a la tripulación para deportarla.

Allí estuvo el Multimedio Trinchera, a través de la transmisión especial de Radio Trinchera con una cobertura de más de tres horas, dialogando con distintos participantes de la Global Sumud Flotilla, leyendo poemas de autores palestinos y profundizando en la historia que “no comenzó el 7 de octubre de 2023”, como aseguró el analista de política internacional, Nicolás Sampedro, si no muchos años antes con la construcción de un pacto en 1948 que reconoció al Estado de Israel pero no al de Palestina.

Tras hacer una introducción, la primera comunicación en vivo con la Flotilla fue con la diputada del FIT Unidad por CABA, Celeste Fierro, quien así como otros legisladores argentinos se encuentra actualmente en una de las embarcaciones. 

“Los ataques que hemos recibido comúnmente fueron en la noche”, comentó entre otras cuestiones Fierro. En ese sentido, cabe destacar que el objetivo de la transmisión de Trinchera fue realizar la cobertura en un horario nocturno, siendo aproximadamente las 21/22 horas en las embarcaciones al iniciar dicha transmisión, para visualizar y acompañar esos posibles momentos de tensión.

“Hemos impulsado distintas acciones desde nuestro país, pero llegó el momento en que nos preguntamos qué más podíamos hacer por la causa, así que cuando se abrió la posibilidad se tomó una decisión colectiva e individual”, remarcó la diputada por el FIT.

Tras la comunicación con Fierro, el analista de política internacional Nicolás Sampedro repasó la historia del Apartheid realizado por Israel. Además de relatar la historia que se puede leer en distintos artículos realizados en este medio, Sampedro aseguró que “el 80% de los civiles de Israel apoyan al gobierno hoy” en su accionar contra Palestina. “No es solamente el problema de Netanyahu o Ben Gavir”.

Como no podía faltar, se repasó también el mapa donde yace el conflicto, visualizando como Israel avanzó sobre el territorio dividido desde la resolución de la ONU en 1948.

El segundo entrevistado de la Flotilla de la Libertad fue el ex diputado provincial por Córdoba en el FIT, Ezequiel Peressini: “A 27 días de navegación que llevamos se han sacudido las estructuras que sostienen al sionismo”, explicó en torno a los movimientos que surgieron en la misma ONU. “Esto es producto de la enorme resistencia del pueblo palestino y las movilizaciones multitudinarias a lo largo del mundo, y  ha generado cambios turbulentos en la super estructura internacional”. 

Con Peressini se encontraba también Juan Carlos Giordano, abogado y Diputado Nacional por Izquierda Socialista FIT, quien no pudo hacerse presente en los micrófonos de Trinchera, pero envió un video al equipo. “Estamos sorteando todas las dificultades que puede tener una navegación a mar abierto, hemos recibido ataques con drones, nos hemos repuesto, pero seguimos adelante”, confirmó.

Tan solo diez minutos después, se comunicó con la transmisión especial la ex diputada nacional y dirigenta del FIT, Vanina Biasi, quien es perseguida judicialmente por defender la causa palestina. “El sionismo en la Argentina tiene mucho poder, es un lobby ligado a lo económico, y la persecución (que recibió) forma parte de un entramado que busca que naturalicemos el genocidio en todo el mundo, y que el mundo que viene sea de extinción de partes enteras de nuestros pueblos”, enfatizó sobre su situación particular, pero también en términos generales en torno a Palestina.

Llegada la mitad del programa dejamos descansar las comunicaciones exteriores para recibir nuevamente a un especialista de la casa: Ezequiel Lopardo, Dirección Nacional de la Corriente NuestraPatria, quien redactó varios de los artículos y análisis mencionados anteriormente sobre el genocidio sobre el pueblo palestino. “Muchos de los medios callan ante el lobby sionista, me parece que es un gesto humanitario hablar de esto, porque somos rehenes de un lobby criminal, genocida desigual e injusto”, afirmó.

“La injusticia tiene que ver con el desplazamiento poblacional, porque los Estados como tal se inventaron todos, pero no se respetaron los porcentajes de tierra y a los desplazados los terminaron llevando a campos de refugiados en otros países”, profundizó.

“No voy a bailar al son de tu tambor de guerra. No prestaré mi alma ni mis huesos a tu tambor de guerra. No bailaré a tu compás. Conozco ese ritmo. No tiene vida. Conozco íntimamente la piel que estás golpeando. Estuvo viva alguna vez  fue cazada robada estirada.

No prestaré mi nombre ni mi ritmo a tu compás. Bailaré y resistiré y bailaré y persistiré y bailaré. Este latido es más fuerte que la muerte. Tus tambores de guerra no son más fuertes que mi respiración”.

Fragmento del poema “Lo que haré” de Suheir Hammad.

Leído el segundo poema y habiendo llegado a las dos horas de transmisión, Norman Briski, actor y director de origen judío, se unió para compartir algunas reflexiones: “Vale la pena ser judío para denunciar el sionismo, lamentablemente te ven por el apellido y creen otra cosa”. Así mismo, aseveró que “la lucha por Palestina es confrontar con el imperialismo que domina y produce colonias a partir de estas falsas democracias”.

En la misma línea, la cineasta, docente e integrante de Cine x Palestina, Azul Aizenberg, también aportó una mirada desde el mundo del arte: “En el público hay curiosidad histórica de lo que atravesó a Palestina en tantos años de asedio”.

Llegando el final de la transmisión, Fernanda “Colo” Pereyra, Dirección Nacional de la Corriente NuestraPatria e integrante del Comité Comité Argentino de Solidaridad con el Pueblo Palestino también compartió unos minutos de la transmisión en donde aseguró que “está en juego la civilización en un mundo que está muy roto” con la flotilla que “lleva esperanza y paz a Gaza”.

No obstante, la transmisión no podía finalizar sin la participación de quien se define como “corresponsal improvisado de Trinchera”, Carlos Cascote Bertola, navegante argentino y Dirección Nacional de la Corriente NuestraPatria que forma parte de la Global Sumud Flotilla en la embarcación “Estrella y Manuel”. 

“La Flotilla logró instalar el tema, en la asamblea de la ONU muchos países reconocieron a Palestina y se sumaron embarcaciones de España e Italia que custodian a sus ciudadanos”, reconoció Bertola, quien se comunica semanalmente con Radio Trinchera.

Incluso en las últimas actualizaciones del martes 30 de septiembre, Bertola informó que las embarcaciones siguen escoltadas, en este caso por algunos buques de guerra de Turquía. “Estamos ingresando en zona naranja-roja, y cuando lleguemos a la milla 150 estos barcos pegarán la vuelta. A esta velocidad estamos a 2 días de Gaza, tenemos toda la esperanza de llegar”, concluyó.

Tras tres horas de transmisión, el especial de Trinchera se despidió con el video de Benedict Cumberbatch recitando el poema palestino “En esta tierra”, y la compañia especial de Roots Cooperativa (roots_cooperativa), que acercó al estudio Emilia Uscamayta Curi la cena para el equipo. 

Actualmente, el último informe de la Global Sumud Flotilla avisa que ya entraron en la zona de alto riesgo luego de pasar una noche con la presencia cercana de buques israelíes pero hasta el momento de publicación de esta nota, sin intervenciones directas ni ataques. Quedamos a la espera de la llegada a salvo y condiciones de las flotillas a Gaza.


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Casa de Moneda cumple 150 años en medio del ajuste y el vaciamiento

Casa de Moneda cumple 150 años en medio del ajuste y el vaciamiento

TIEMPO DE LECTURA: 2 min.

El próximo 1 de octubre el ente monetario cumplirá otro aniversario y en su previa, y con la consigna “Casa de Moneda no se vende, se defiende”, las y los trabajadores estatales advierten que no será solo un acto conmemorativo sino que “el festejo se convertirá también en una jornada de lucha frente al vaciamiento y la pérdida de soberanía monetaria”.

La Casa de Moneda de la Nación cumplirá 150 años el próximo miércoles 1 de octubre. La fecha llega en un contexto complejo ya que mientras se preparan las actividades conmemorativas, las y los trabajadores estatales que nuclea la Asociación de Trabajadores Estatales (ATE) Capital advirtieron que también será un día de lucha frente al vaciamiento y la pérdida de soberanía monetaria.

De símbolo estatal a blanco del ajuste

Fundada en 1875 por la Ley Nº733, la Casa de Moneda abrió su primera fábrica en San Telmo en 1881. Allí comenzó a acuñar monedas y medallas y pocos años después sumó la impresión de estampillas, timbres fiscales y papelería estatal. Con el correr de los años se consolidó como la institución encargada de imprimir billetes, fabricar monedas de curso legal y producir documentos estratégicos como pasaportes, padrones electorales y títulos.

En 1944 inauguró su actual sede en Retiro, un edificio de más de 40 mil metros cuadrados que simbolizó durante décadas la capacidad del Estado argentino para garantizar la soberanía monetaria. Desde 1977 con su transformación en Sociedad del Estado la entidad adquirió autonomía industrial y comercial.

Sin embargo, los últimos años estuvieron atravesados por un proceso de reducción y vaciamiento. En 2024 la Casa de Moneda pasó a ser sociedad anónima unipersonal y varias de sus funciones fueron delegadas a otros organismos: RENAPER se quedó con la emisión de pasaportes, ARCA con los formularios fiscales y ARSAT con la billetera virtual.

Como resultado en 2025 el 75% de los billetes en circulación ya son importados desde empresas extranjeras como Crane Currency (Estados Unidos) o la China Banknote Printing and Minting Corporation.

 

Defensa de lo público

En medio de este escenario, el aniversario se convirtió en una trinchera de resistencia. Las y los trabajadores estatales no sólo pusieron en valor la trayectoria de la Casa de Moneda, sino que también hicieron hincapié en que la soberanía nacional está en juego.

“La Casa de Moneda es parte de nuestra identidad y nuestra independencia. No se trata solo de billetes: hablamos de la seguridad, de los documentos, de la historia de un país que supo sostener su propia moneda. Por eso decimos que no se vende, se defiende”, señalaron desde ATE Capital.

Frente a este panorama, el aniversario se proyecta como una instancia de memoria y reclamo. “Casa de Moneda no se vende, se defiende”, remarcan las y los trabajadores de la entidad y sostienen que la historia de la institución está indisolublemente ligada a la soberanía nacional.

 

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La Flotilla de la Libertad es atacada nuevamente por drones

La Flotilla de la Libertad es atacada nuevamente por drones

TIEMPO DE LECTURA: 3 min.

El hecho sucede tras la vinculación del ministerio de Relaciones Internacionales de Israel con Hamas, acusándolos de “terroristas”. En paralelo, se viven días álgidos en el plano burocrático, internacional y militar.

La Global Sumud Flotilla recibió este martes por la noche múltiples ataques mediante drones. Así como ya había sucedido en tierras tunezinas, las embarcaciones recibieron varias explosiones cerca y no generaron heridos.

“Todos y todas nos encontramos bien, hoy veremos con claridad los ataques y daños que sufrieron las embarcaciones”, informó desde la embarcación “Estrella y Manuel” el tripulante argentino Carlos “Cascote” Bertola, a primera hora del día desde aguas internacionales a la altura de Grecia, en donde se encuentran actualmente.

La Flotilla de la Libertad actualmente cursa el último tranco de su viaje: tras bordear Grecia sólo le restará pasar la República de Chipre, que está próxima a las costas de Gaza. Este acercamiento explica el ataque cada vez más crudo con drones que, evidentemente, provendrían del gobierno israelí.

Esta misma semana, a través de un mensaje difusión de su ministerio de Relaciones Exteriores, Israel divulgó que la Global Sumud Flotilla “es financiada por la organización Hamas”, con el argumento de que habían llamado “a apoyar a la flotilla”. Además, a través del mismo mensaje reforzó su idea de que la flotilla no es un grupo de misión humanitario, si no colaboradores del terrorismo y que no dejarán que ingresen a Gaza.

Al mismo tiempo, en territorio palestino el ejército israelí ingresó a Gaza, invadiendo una nueva parte del mismo y arrinconando cada vez más a los civiles que ya se encuentran en situación de asedio total, como las imágenes que recorren el mundo muestran todos los días.

Todo esto sucede en la misma semana en la que en la cumbre de Naciones Unidas se aprobó por 145 votos a favor y tan solo 5 en contra la participación de la propia Palestina en el próximo encuentro, y que países como Gran Bretaña o Francia se sumaron a la ola de reconocimientos de ese Estado.

Este último no es un movimiento más, ya que tanto Inglaterra como Francia eran de los más reticentes a reconocer a Palestina debido a sus fuertes alianzas con Israel (sobre todo en el caso británico) y/o a sus posturas en bloque dentro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Al respecto, el primer ministro de esa nación, Benjamín Netanyahu reiteró que “no habrá un Estado palestino”, lo cual eleva la preocupación ante la negligencia de Israel que continúa en la matanza de gazatíes y extiende su zona de control cada vez más.

Esta delicada situación conlleva a que incluso la propia Armada de Italia desvíe uno de sus buques que se encontraba realizando misiones para la OTAN para que escolte a la flotilla en su tramo final. Así lo confirmó el ministro de Defensa de ese país, Guido Crosetti.

Por su parte, la flotilla continúa su rumbo. “Sin inmutarnos, continuamos hacia Gaza, un pueblo que soporta los implacables bombardeos israelíes, hambre y desplazamiento masivo”, informó la Global Sumud Flotilla desde su página oficial, a través de un comunicado de difusión.

“El intento de Israel de calificar esta misión como ilegítima es un esfuerzo por reescribir la ley de la política internacional y ocultar sus propios crímenes de guerra”, describe el mismo comunicado e invita al “mundo” a “rechazar estas mentiras, defender la acción humanitaria, proteger a los más de 500 voluntarios que navegan para romper el asedio y actuar de manera decisiva para poner fin al genocidio en gaza”.

 

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Crónica de un inminente desgaste

Crónica de un inminente desgaste

TIEMPO DE LECTURA: 6 min.

Pocas cosas llaman más la atención que el envejecimiento del poder. Como ese padre o esa madre que deja de ser cuidadora para ser cuidada. La soledad suele develar debilidades y más aún en la política, en donde barajar y dar de nuevo es la mejor virtud, pero sólo de unos pocos.

“Todo cae por su peso” fue una frase que se utilizó en varias oportunidades para describir la relación de fuerza con la que operó el Gobierno nacional actual durante su trayectoria en el poder hasta el presente con la poca respuesta de una parte de la sociedad argentina. Una devaluación gigante, salarios y jubilaciones congeladas, recortes en los sectores más sensibles de esa sociedad (salud en oncología y discapacidad, entre otras, y educación). Esta afirmación no era una descripción de aquellos primeros meses, si no una lectura causa-consecuencia.

En pleno septiembre del año 2025 parece que finalmente se vive la etapa consecuencia de un gobierno que se jacta de haber realizado el mayor ajuste de la historia de la Argentina. El gobierno comandado por Javier Milei navega solitario en un mar tormentoso o es el propio Milei quien parece navegar solo. Los resultados de este miércoles por la tarde en la Cámara de Diputados así lo reflejan: 181 votos en contra con tan solo 60 a favor del veto a la ley de Emergencia en Pediatría, y 174 votos en contra versus 67 votos a favor del veto a la Ley de Financiamiento Universitario. Que quede claro: los votos son en favor de la Argentina, tanto en educación como en salud, pero también son en contra del propio gobierno si se los lee en el contexto actual. Repasemos.

Un gobierno que en su relato dice nunca ser golpeado por nada (y vaya que es difícil de medir) comenzó su segundo año de mandato con el pie izquierdo: si bien el blanqueo le dio aire en las reservas del Banco Central, en paralelo a esa siempre delicada situación financiera y fiscal, el escándalo de la cripto moneda Libra “blanqueó”, valga la redundancia, algo que ya se veía desde la venta de candidaturas previa a las elecciones del año 2023: la transversalidad de la corrupción en la política también golpea a quienes se dicen puros y transparentes.

Lo que no se preveía es que rápidamente el oficialismo acumularía tantas causas de corrupción como para llegar tan manchado a septiembre, fecha de las elecciones legislativas bonaerenses. Tanto los escándalos relacionados a las “coimas” que recibía Karina Milei y que el ex titular de la Agencia Nacional de Discapacidad, Diego Spagnuolo, reveló a través de un audio filtrado, como los sobreprecios en PAMI, parecen haber completado un combo letal que rara vez pudo cargar con gracia un gobierno: una economía en recesión, recortes en áreas sensibles y corrupción.

Todo cae por su peso y con la experiencia de la misma receta en otras experiencias económicas en la Argentina, bien se podía prever que el dólar barato intervenido como método de “estabilización” explotaría tarde o temprano. Los problemas ante esto son dos: que antes de ello la persistente recesión y los escándalos mencionados le proveyeron una derrota profunda al oficialismo en la provincia de Buenos Aires y, además, que el esquema cambiario aún no terminó de desbordar.

Lo de este miércoles en las inmediaciones del Congreso directamente fue la demostración de una pérdida absoluta de poder: mientras en las afueras del recinto más de 800.000 personas se reunieron para bregar por el financiamiento de instituciones como el Hospital Garrahan o las universidades del país, adentro el gobierno recibía un revés de muchos de sus aliados, casi hasta “fingiendo demencia” sobre la cohesión política que tenían hasta el momento. Alcanza solo con escuchar la exposición de la legisladora del PRO por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Silvia Lospennato, (quien además fue el último alfil de ese partido antes de ser absorbido por La Libertad Avanza), que defendió el financiamiento de ambos espacios casi como una acérrima opositora del primer minuto y desdobló a su jefe de bloque, Cristian Ritondo, al igual que tantos otros.

Lo mismo se podría analizar en los medios de comunicación pero esto no sería más que un cliché conocido. Si la causa ANDIS ya había sido demasiado pesada para que los Jonatan Viales y Luises Majul de la vida pudieran sostenerla, la derrota del 7 de septiembre ya fue directamente picar antes de que se dispare el mortero. Quienes esa noche sintonizaron canales como La Nación+ o Todo Noticias habrán atestiguado como las miles de situaciones bochornosas y bizarras del gobierno que pasaron por debajo de la alfombra en estos dos años de gestión, ahora eran recordadas por los colegas de dichos medios. Casi como un golpe de regresión de amnesia, recordaron incluso cuando el presidente reposteó una foto del gobernador de Chubut, Ignacio Torres, con rasgos de discapacidad, entre otros ejemplos.

Hechos que solo se pueden leer en la particular situación política que la Argentina vive desde hace algunos años, pero que bien se agudizó o llegó a su climax con la llegada al poder del personaje que es hoy Presidente de la Nación. Un hombre que, por ejemplo, ganó aseverando que la economía argentina debía estallar o que una persona era libre de elegir morirse de hambre, entre otras célebres frases.

Volviendo a la actualidad: si bien el gobierno cae por su propio peso, no hay que restarle importancia a quienes graficaron el mal pasar del gobierno en las calles. Las y los miles de estudiantes, militantes, trabajadores, sindicalistas, entre otros, que como tantas veces se congregaron en las calles, expuestos a ser tratados por la opinión pública como golpistas, planeros, insurrectos, etc, etc, etc; pero también a ser gaseados, apalados, y por qué no, poniendo su vida y su libertad en riesgo por el repertorio de brutalidad de las fuerzas de seguridad de los últimos meses. Porque sí, así es la calle en el gobierno actual, así son todos los miércoles en que las y los jubilados, pero cada vez más grupos de manifestantes por fuera de ese grupo etario, se reúnen a reclamar por el freno de la miseria planificada. Así fue la suerte del fotorreportero Pablo Grillo, quien aún lucha por su vida tras el disparo que recibió en su cabeza y así fue el destino de varios apresados en las “cazas de brujas” que suele realizar la fuerza de seguridad de turno, afortunadamente liberados siempre horas después aunque muchos siguen con causas abiertas sin fundamentos jurídicos.

SI bien podemos pensar que la presentación de un primer presupuesto de cara al año 2026, con un aumento del 5% a las jubilaciones podría ser parte de ello, el cambio de rumbo que se debe tomar en una crisis así no es menor, y en el mejor de los casos, representa un coletazo difícil de resistir. Hace no tanto lo pudimos ver en el cambalache del Frente de Todos.

La recta a octubre es cada vez más corta, y si el Gobierno nacional pretende sobrevivir no tiene otra opción que barajar y dar de nuevo, lo cual en política es quizás la mayor virtud, pero con la cual solo unos pocos cuentan. ¿Podrá hacerlo en medio de la inminente crisis cambiaria?


Joaquín Bellingeri

Militando desde la información y la palabra contra el amarillismo oportunista y por una sociedad en la que predomine la equidad social.

 

 

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Tras recibir otro ataque, la Global Sumud Flotilla partió definitivamente hacia Gaza

Tras recibir otro ataque, la Global Sumud Flotilla partió definitivamente hacia Gaza

TIEMPO DE LECTURA: 3 min.

Tras las escalas en Catalunya y Túnez, en donde recibieron despedidas acaloradas de ambos pueblos, las embarcaciones organizadas emprendieron rumbo hacia Palestina. “Están convencidos de que el único destino de la humanidad es iniciar la tercera guerra mundial, pelearla y ganarla, por eso hay que frenar esto”, definió el tripulante argentino “Cascote” Bertola.

La Global Sumud Flotilla partió definitivamente hacia aguas internacionales este lunes por la mañana con destino a Gaza. Luego de sortear dos ataques con drones en su parada en Túnez sin ningún herido, la “Flotilla de la Libertad” acelera hacia su objetivo. 

Tras el ataque con drones la semana pasada al “familiy”, una de las embarcaciones de la flotilla, se registró otro ataque de similares características mientras las embarcaciones aún permanecían en las costas de Túnez. Al igual que en el primer ataque, este pudo ser controlado por los capitanes correspondientes y no se registraron heridos.

“El gobierno de Túnez primero dijo que se trataba de un cigarrillo mal apagado, pero ante la contundencia de los registros de ambos ataques cambiaron su actitud y pusieron a la guardia nacional a controlar, Israel está pasando también por encima de su soberanía”, explicó para Radio Trinchera Carlos “Cascote” Bertola, uno de los argentinos voluntarios en la misión humanitaria, quien es Dirección Nacional en la Corriente Nuestra Patria.

El ataque forma parte de una serie de violaciones de Israel a los territorios nacionales de terceros países involucrados en el conflicto: así como los dos ataques en Túnez, en la misma semana atacó también una sede Palestina de Doha, Qatar, argumentando haber asesinado a “líderes de Hamas”, y siguió en Yemen, Siria, Líbano y Palestina. “La solidaridad de estos pueblos árabes es muy grande al ver los ataques de los días anteriores y el ambiente que se recrudece en Gaza”, añadió en esa línea Bertola.

“Saldrán barcos desde Sicilia, Italia, nos encontraremos en el camino porque las costas de estos dos países son muy cercanas, y calculamos 7 días de navegación en aguas internacionales”, comunicó el entrevistado y dejó entrever el inminente peligro al que se exponen: “En misiones anteriores empezaron a tener intersecciones de barcos del ejército israelí en las primeras 24 horas de navegación”.

Sin embargo, los 25 barcos que partieron desde Túnez, a los que se sumarán 18 de Italia y 6 de Grecia, serán acompañados por el barco de apoyo legal “Shireen Abu Akleh”, según informó la página oficial de la Global Sumud Flotilla. Su nombre es en memoria de la periodista palestino-estadounidense, quien recibió un disparo cuando cubría una operación del ejercito israelí.

Además, en la misma página se encuentra un link a través del cual se puede rastrear el paso de la flotilla en tiempo real. De esta manera, la flotilla intentará romper con el asedio en Palestina, pese a los cada vez más intolerantes comportamientos de Israel que parece ya no medir sus intervenciones en distintos países para continuar con el genocidio que realiza en Gaza.

“Nosotros no somos una brigada que se suma a combatir, llevamos el barco lleno de leche en polvo y remedios, es un absurdo”, remarcó nuevamente Bertola, quien está convencido de que Israel cree que “el único destino de la humanidad es iniciar la tercera guerra mundial, pelearla y ganarla”. 

 

 



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Raúl “Boli” Lescano, jamás esclavo

Raúl “Boli” Lescano, jamás esclavo

TIEMPO DE LECTURA: 15 min.

A nueve años del paso a la inmortalidad del dirigente del MPR Quebracho, un repaso de su vida dedicada a la revolución. “Lo que se dice, se hace”, esbozó alguna vez en una frase que lo dibuja en cada narración que forma su recuerdo.

Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes y mártires.

Cada lucha debe empezar de nuevo. Separada de las luchas anteriores la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia aparece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las cosas.

Esta vez es posible que se quiebre el círculo.

-Rodolfo Walsh, 1970

Hay quienes dicen que el Boli fue el otro Che Guevara. La materialización del hombre nuevo. Una vida puesta a disposición de la revolución, en cualquier punto del mundo. La originalidad de un marxista leninista patriota. La solidaridad de quien deja su país para combatir en otras tierras. Un hombre que se preocupó por el mundo. La tenacidad de quien pasa 14 de sus 66 años de vida preso y tres huelgas de hambre; de quien conoce el penal de Chaco, Rawson, Devoto, Marcos Paz, Ezeiza y la prisión domiciliaria. La simpleza de quien no hace de su militancia un heroísmo altruista. La ambigüedad del ser que puso el cuerpo en los hechos más resonantes de la Historia Argentina de los últimos 60 años por las causas de un pueblo que la mayoría de las veces no supo su nombre ni conoció su voz; no se enteró de él más que por los titulares condenatorios de su hacer.   

***

Es 10 de agosto de 1974. Los árboles altos y llenos de hojas no dejan ver el camino. Son alrededor de 50 los militantes de la Compañía de Monte “Ramón Rosa Jiménez” del Ejército Revolucionario del Pueblo que llegaron desde Tucumán hasta la Banda de Varela, nueve kilómetros al norte de San Fernando del Valle de Catamarca. La guerrilla rural más grande que existió en el país tiene un objetivo: hacerse de las armas del cuartel del Regimiento Aerotransportado 17 de Infantería. Visten uniformes militares. Se hacen pasar por colimbas y vigilan la zona en una camioneta que simula ser de la policía. Una sospecha fugaz es suficiente para que los gendarmes que rodean el cuartel detecten las maniobras del operativo y uno de los jóvenes guerrilleros lance el disparo que provoca el primer enfrentamiento a corta distancia. Mueren dos militantes en el momento. El resto del grupo se dispersa para evitar más sangre. Uno de ellos recibió un tiro en el estómago y es acompañado por otros compañeros en busca de asistencia. Lo dejan en la casa de un campesino e intentan encontrar la huella de rastro del resto de la Compañía pero no lo logran. Días más tarde se enterarían que 14 de ellos habían sido fusilados por el Ejército tras deponer las armas en lo que se conoce como la Masacre de Capilla del Rosario. Los guerrilleros caminan hasta llegar al centro de la ciudad. Se sacan los uniformes y esconden las armas largas. Luego se dividen en tres grupos. A pocas cuadras se encuentra la terminal de ómnibus en la que un rato más tarde algunos intentarán tomar un colectivo, pero esa misión también fracasa: la terminal está cercada por los militares. Intentan una pequeña fuga, pero son reconocidos y detenidos. Uno de ellos es Raúl Lescano. “Boli”, como lo nombran quienes lo conocieron; “el Boli”, agregándole más de una vez el artículo. Tiene 24 años y es la segunda vez que es encarcelado en un penal de máxima seguridad.

La primera fue en 1969. La Revolución Argentina gobernaba de facto y la rebelión popular iba en ascenso. “Boli” cae detenido en Tucumán por preparar la lucha armada bajo la conducción de Mario Roberto Santucho, de quien Lescano sería guardia por ser de los pocos que manejaba un FAL y otros armamentos pesados en los campamentos de monte del PRT-ERP. La dictadura de Lanusse lo aísla en el penal de máxima seguridad de Chaco, donde, al igual que en Rawson, se encarcelaba a presos políticos y dirigentes de las organizaciones revolucionarias. Ambos penales serán escenarios de creación de los planes de fuga más ambiciosos de la historia reciente, pero el de Chaco queda rápidamente desarticulado. La segunda sigue en pie y culmina en la Masacre del 22 de agosto 1972 en Trelew. Un año después, trasladan a Lescano al penal de Rawson. Allí recibió el apodo que lo marcaría para siempre. Fernando Vaca Narvaja, entonces comandante de la organización político-militar Montoneros, lo nombró así en broma ante el apetito insaciable y la forma voraz de comer de Raúl. Iba a quedar como una bola de grasa, boli. Pocos meses más tarde, un 25 de mayo, Boli es liberado por la movilización popular en el Devotazo tras la asunción de Cámpora.   

Su segunda liberación fue menos épica y más aguerrida. Fue la respuesta del gobierno a una huelga de hambre que realizó por 37 días. Lescano salió tras 10 años de prisión, un 11 de junio de 1984. El preso político de la dictadura que más tardaron en liberar. 

—Y el padrecito de la democracia, Alfonsín, a mí me tuvo un año má’, y a otros compañeros los dejaron más todavía. Ya no éramos presos políticos, éramos presos políticos por delitos de sangre, una cosa así medio turbia —recuerda Boli en una entrevista a Barricada TV en 2012. Cierra los ojos durante varios segundos, como quien intenta hacer memoria de historias que no cuenta a menudo. Habla pausado, seco, paciente, de la misma forma que se lo escucha en todas las entrevistas y grabaciones: con la voz ronca, saltándose más de una “S” y aún con dejes de una “R” que se resbala en la tonada del litoral que preserva.   

—Nunca maté a nadie. Eso lo aclaro. No participé en tantos enfrentamientos como parece —agrega también, aunque el entrevistador no lo pregunte. 

El paso del tiempo se revela en el pelo que ahora es escaso; blanco y gris, donde antes era castaño oscuro. Las cejas que eran anchas son más angostas pero siguen marcando su rostro. El bigote que le cubre el labio superior sigue igual que en su juventud, prolijamente recortado y voluminoso, pero ahora repleto de canas.

***

La vida de Raúl estuvo marcada por la búsqueda de una revolución que creía posible, inevitable. Por la creación de poder para los más humildes hasta las últimas consecuencias, sean la prisión o la muerte.   

—Tuvo dos grandes amores: la revolución y sus hijos —dice Araceli Mastellone, expareja y madre de dos de sus tres hijos, Candela y Simón, al recordarlo en el velorio-homenaje que realizaron sus compañeros de militancia tras su fallecimiento en 2016. 

Otras personas que lo conocieron señalan que sus dos grandes amores fueron el PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores), donde comenzó a militar durante la dictadura de Onganía en la escuela secundaria a finales de los 60 en su ciudad natal, Santa Fe; y el Movimiento Patriótico Revolucionario Quebracho, la organización que gestó a mediados de los 90 como expresión de resistencia y combate directo contra el neoliberalismo y el saqueo menemista, tras un breve paso por la agrupación “9 de julio”. 

Pero hay un punto en el que todos coinciden: Raúl Lescano dejó su vida en la militancia por una Patria justa.

Ezequiel Lopardo lo conoció cuando tenía 15 años y militaba en un secundario de Capital Federal. Los presentó su hermano Federico que ya militaba en Quebracho. Recuerda que ese verano de 1995 se juntaron por lo menos tres veces en Mar del Plata, donde el Boli pasaba todo enero porque su pareja de entonces, Araceli, trabajaba en esa ciudad. Recuerda también que le contaba historias y anécdotas mientras tomaban cerveza negra en una mesa del bar marplatense La Minga. En aquellos años la información que circulaba sobre las organizaciones y la lucha armada de los sesenta y setenta no superaba la publicación de dos o tres libros, y la reivindicación de los revolucionarios caídos en combate parecía una utopía impensada.    

—Si hay alguien que pudo entender de qué se trataba eso de constituirse como “Hombre Nuevo” fue el Boli. Nunca pidió nada, todos los días estaba presto para militar, con el entusiasmo de un permanente recién ingresado a la militancia. No sé si hubiese sido el Che Guevara, pero la convicción y la actitud la tuvo —expresa Ezequiel, casi treinta años después de aquellas reuniones en la ciudad costera. Actualmente Lopardo integra la Dirección Nacional de la Corriente NuestraPatria.

Un enamorado de la vida, lo describen algunos. Enamorado de la vida y de varios otros amores, cuenta con picardía su compañero. Resulta que Raúl, dicen, se autopercibía como un león herbívoro entre su círculo íntimo de amigos. Un coqueteador nato.   

En palabras de su médico y amigo, Juan Manuel De Rosa, era “un romántico indomable”, que militando pudo criar a sus hijos: “Y los crió con amor. Jamás se despreocupó por ellos”. 

Candela Lescano ríe y lo confirma:

—Yo aprendí a caminar en un corte del Puente Pueyrredón, en los piquetes. Hoy con 24 años no puedo comer guiso de arroz, me descompone porque siempre comíamos en las ollas populares, siempre estuvimos en todas las movilizaciones. Para él, era la militancia y nosotros. Un papá presente a su manera.   

Las cosas cambiaron cuando su padre cayó preso en 2007. Candela tenía siete años y su hermano Simón, cinco. Tenían, además, un hermano mayor de otra madre, Roberto -nombrado así en honor a Santucho-, pero que no conocieron, ni su padre tampoco, hasta años más tarde por gestiones de Araceli. Es que Roberto nació en los tiempos en que Raúl se hacía llamar Sebastián y estaba en la Compañía de Monte, rondando 1974, como hijo de dos militantes del PRT que debían esconderse. Son tan iguales que genera impresión, señala Candela.   

—La cárcel nunca fue algo malo en sí. Siempre pensando en el futuro, en que iba a salir. Disfrutábamos ir a verlo. Nos hacía cuadernos y el abecedario cuando estábamos aprendiendo a escribir. 

En su casa, la joven conserva una caja llena de las cartas que con letra paciente y prolija les escribía a ellos y a su mamá. En ese entonces con Araceli compartían dos hijos pero ya estaban separados. Boli siguió viviendo en su casita prefabricada del barrio de Ezpeleta, en la periferia de Quilmes, y el resto de la familia se instaló en La Plata. Candela lo trae a la memoria como una época confusa. Siendo una niña, asistía a marchas a favor del nuevo gobierno de Kirchner con su madre y a otras en contra, con chalinas, piedras y palos junto a su padre. Años después se sumó a militar en el peronismo: a Boli no le gustó mucho. Hasta el último de sus días le dijo despectivamente “La Señora” a Cristina Fernández y fue un preso político del kirchnerismo. Sin embargo, nunca hubo peleas. 

—Nos dejaba ser muy libres. Nunca nos impuso nada. —expresa su hija— Siempre contándonos y diciéndonos la verdad. A él le importaba que nos formemos, que nos involucremos, que leamos: no importaba si era un libro de Harry Potter o una revista de Casi Ángeles. 

Se jactaba -un poco en chiste, un poco con orgullo- de haber nacido en el centenario de la muerte del Libertador de la Patria, un 20 de febrero de 1950. “PATRIA o MUERTE” era la consigna que marcó su tránsito por la militancia. “A pesar de ser marxista-leninista, él se describía como patriota”, cuenta con gracia y admiración Juan Manuel, quien lo cuidó en el quincho de su casa hasta sus últimos días cuando permanecía en un estado de salud crítico y bajo prisión domiciliaria. Un patriota internacionalista. “El Boli era de los pocos militantes internacionalistas que existían en la República Argentina. Supo heredar la doctrina del otro gran argentino revolucionario que fue Ernesto “Che” Guevara”, agrega al recordar que la convicción sobre la solidaridad internacional llevó a su amigo a combatir a Nicaragua para acompañar la Revolución Sandinista que comenzaba a consolidarse a mediados de los 80, apenas un año después de salir de la cárcel.

Las reservas morales de nuestro pueblo —asegura Boli— están abonadas en algo que para nosotros es un precepto como revolucionarios que es la solidaridad. Lo dice con simpleza, con su característica paciencia, sin mirar a la cámara que lo graba y lo muestra aún joven, firme, con una barba blanca y gris que le rodea el mentón, un tanto larga y desprolija como pocas veces. Tiene la nariz ancha y pocas arrugas. La piel morena, café con leche. El cuello está cubierto por la kufiya de pequeños cuadros blancos y negros -la tradicional chalina palestina- que lleva a todos los lugares a los que asiste. Los ojos marrones parecen hundidos por la hinchazón de sus ojeras. Sucede que la entrevista es realizada pocos días después de obtener la libertad condicional en 2015, tras una prisión de dos años entre idas y vueltas judiciales como condena al escrache al local del gobernador neuquino Sobisch por el asesinato del maestro Carlos Fuentealba. Esa causa puso a Lescano y su compañero de dirigencia, Fernando Esteche, en la plana principal de los grandes medios de la época.

—Hicimos lo que teníamos que hacer en ese momento y cumplimos lo que teníamos que cumplir. Pagamos Fernando y yo como máximos dirigentes de Quebracho y largaron al resto de los compañeros. Eso fue un logro. Lo contrario de esa mierda que hay en la sociedad, de que los jefes se salvan y los perejiles pagan —repitió en más de una oportunidad. Nunca se arrepintió de participar en el repudio al local del autor intelectual del fusilamiento del docente. 

Boli no era un gran orador. No regalaba grandes alocuciones políticas en actos ni infería reflexiones autorreferenciales en reuniones para demostrar que sabía. Escuchaba, tomaba nota y hablaba, lo justo y necesario. Fue siempre un militante raso, simple, de la acción, de la puesta en práctica de sus palabras. “Lo que se dice, se hace”, insistía. Leía mucho, se formaba, no pasaba un día sin al menos cruzarse con algunas líneas: Guevara, Marx, Lenin, Santucho, Cooke. La biblioteca repleta de los principales teóricos para un militante de izquierda revolucionaria argentina. Y la biblia. Era ateo, no creía en Dios ni dioses, pero la sabía completa: era lo único que le dejaban leer en la cárcel durante algunas épocas. Cuenta su médico, Juan Manuel, que aquel 9 de septiembre de 2016 en que falleció, en la habitación de su casa de Ezpeleta, yacía sobre su cuerpo una edición de “Guerra del Pueblo, Ejército del Pueblo”, el libro de la guerra popular vietnamita de Vo Nguyen Giap. 

—No hablaba mucho de su pasado. Era reservado. Esa era su gran diferencia con las personas que se quedan ancladas en un tiempo histórico, atrapadas y admirando un pasado. El Boli pensaba cómo seguir pariendo revoluciones.  

Quien lo afirma es Carlos “Cascote” Bertola, militante popular y referente nacional de la Corriente NuestraPatria. No recuerda con exactitud el día que lo conoció, pero está seguro que fue entre los años 2001 y 2002, en una de las tantas veces que el dirigente de Quebracho lo visitó en la cárcel de Ezeiza cuando cayó detenido por tenencia de explosivos caseros. Varios años más tarde, ambos compartirían incontables reuniones como parte de la mesa política de conducción de la organización conocida por sus chalinas en la cara y palos en las manos.         

—El Boli era un compañero para correr una maratón porque sabía que la cosa se trataba de seguir empujando hacia adelante —agrega Lucía Corsiglia, entonces militante de Quebracho, que conoció al dirigente en aquellos años en que su compañero, Bertola, estaba detenido. —Contenía cuando veía un problema, si había alguno enojado iba a la casa, se pasaba a comer, llamaba, uno por uno de ser necesario, se tomaba el tiempo de construir organización, te convencía de que había que seguir.

***

Solo quedaban dos saquitos de té para matar el vacío en el estómago. Entre la tela y el relleno del colchón delgado, Fernando Esteche esconde una pequeña barra de chocolate amargo Águila. Pasaron 24 horas desde que iniciaron la huelga de hambre en un calabozo del penal de Ezeiza. Lo calculó: en el panóptico, desde la cama, nadie puede ver ni saber que tiene esa pizca de alimento para saciar las ganas. Piensa cada noche lamer un pedacito para ganar azúcar. Cuando llega la noche se dispone a buscar el chocolate pero no lo encuentra. Alguien lo desapareció. Salió a los insultos brutos del calabozo, puteando a los roedores por robar el premio tan deseado. Boli lo paró en seco. Lo miró con firmeza, con las manos cruzadas atrás de la espalda, a la altura de la cadera, como hacía de costumbre, con un caminar lento, a paso cansino. No de fatiga, más bien de quien piensa cada movimiento. “Yo lo tiré a la basura”, le dijo, y prosiguió:

—Un militante revolucionario no se puede mentir a sí mismo. Si nos mentimos, cagamo’. 

“Un intachable”, asegura Ezequiel Lopardo: “es muy difícil en la política encontrar a alguien así, que nadie tenga algo malo para decir de su conducta. El ejemplo militante era fundamental para él”.  

El 22 de agosto de 2007, Esteche y Lescano iniciaron una huelga de hambre que duraría 43 días. Terminaron internados y tuvo un impacto irreversible en la salud de Boli, que se fue deteriorando progresivamente. Reclamaban la libertad de la prisión preventiva a la espera de una sentencia que sabían injusta. Estaban acusados de prender fuego un local partidario del gobernador de Neuquén y candidato a presidente, Jorge Sobisch.      

Trece días habían pasado desde el fusilamiento de Fuentealba y doce desde el escrache al local político del microcentro porteño. Como todos los años, Quebracho realizaba un acto masivo por el Día Internacional de los Presos Políticos en la esquina de Corrientes y Callao. Con un condimento especial: ese año todavía quedaban 12 detenidos, conocidos como los “presos de Sobisch”. Caía una lluvia intensa. Terminó el acto y alrededor de 3000 compañeros desarmaron el escenario, los parlantes y comenzaron a desconcentrar. Raúl Lescano y Federico Lopardo se dirigen al Hotel Bauen a una reunión. Tienen apenas 50 metros de recorrido pero nunca llegan a destino: dos policías aparecen de atrás, con una cachiporra golpean el rostro de Federico, que logra zafarse, pero agarran a Raúl y lo suben a un Peugeot 504 blanco sin patente. Al enterarse de la situación, la autodefensa de Quebracho abolla a patadas el auto que resultó ser de la inteligencia de la Policía Federal, pero no lo frenan y huye a toda velocidad. “Un secuestro propio de la dictadura militar, de la Triple A”, recuerda su amigo Juan Manuel. Está desaparecido hasta que lo blanquean al día siguiente. Es trasladado a los Tribunales de Comodoro Py y luego al penal de Marcos Paz. Recién tres años después, en 2010, es condenado a 3 años y 6 meses de prisión en un juicio acelerado.        

 

***

Vamos a seguir luchando y poniendo el cuerpo, 

vamos a construir el poder del pueblo, 

contra el Imperialismo y la Oligarquía,

en la lucha por la Patria Socialista,

libres o muertos, jamás esclavos

 

La estrofa se repite una, dos, tres, cuatro veces. Hay puños en alto y algunos dedos en V. Se escuchan aplausos. “Viva el Boli. Viva la Patria”, grita alguien y el resto responde repitiendo la frase. La sala está repleta de militantes políticos, de los 70, de los 90, del presente. 200, 300 personas, nadie se detuvo a contarlas. La atención está puesta en el pequeño escenario del fondo, en ese salón poco iluminado del subsuelo del local del sindicato de trabajadores del Estado. Una bandera argentina con una estrella roja y una federal con la inscripción “Movimiento Patriótico Revolucionario Quebracho” cuelga tapando toda la pared de atrás. En el centro de la tarima, un ataúd que casi no se ve, cubierto por una tela celeste y blanca y una estrella roja en el medio con las letras ERP. Dos mujeres jóvenes, con chalinas y los brazos cruzados por detrás de la espalda están custodiando el cajón, una a cada lado. Hay varias coronas de flores, más banderas argentinas y mucha gente. Algunos lloran. Todos cantan. Entran y salen del lugar hasta que una de ellos sube al escenario y toma el micrófono. La seguirán varios oradores. 

“Algo se rompió adentro ese 2016”, cuenta con un nudo en la garganta Franco, que recuerda a Raúl Lescano como “el viejo”, como tantos otros militantes que lo conocieron cuando pasaba los 60 años. “Hay una vigencia absoluta, el Boli está insoportablemente vivo en el camino de lucha por la Revolución y felicidad del pueblo”, y sentencia: 

—Su mirada es una llama prendida, observando que hagamos con el cuerpo lo que decimos con la boca.  


Delfina Venece

Nací en el interior de Buenos Aires: los porteños nos confunden con Parque Chacabuco. De crianza gorila, devenida en pseudo-troska por contraste, hoy peronista por convicción. Mi canción favorita a los 10 años era Los Salieris de Charly, de León Gieco.

 

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