La memoria LGBTIQ+ durante la dictadura

La memoria LGBTIQ+ durante la dictadura

TIEMPO DE LECTURA: 4 min.

En un contexto de persecución y desaparición como lo fue la última dictadura militar en Argentina (1976 – 1983), la comunidad LGBTIQ+ no pasó desapercibida para los victimarios. Por ellos, las voces de las diversidades sexuales hoy buscan reivindicar sus vidas como un símbolo de resistencia frente al odio y a la violencia.

En el origen de nuestra
lucha está el deseo
de todos las
libertades 

Carlos Jauregui

 

La última dictadura militar en Argentina, autodenominada como “Proceso de Reorganización Nacional” no solo buscó desaparecer y aniquilar a aquellos que pensaban diferente, sino también que reforzó la discriminación histórica de aquellos que fueron marginados. Entre ellos, la comunidad LGBTIQ+ y que recibió una doble condena por desafiar las normas sociales de esa época y por ser considerados parte de una “desviación moral” que el aparato represivo quería erradicar. 

Aunque siempre se ha tomado como referencia la cifra de 30.000 desaparecidos como un número de lo que pasó en esos años de la dictadura, en las últimas décadas se incorporó a ese número el de 400 desaparecidxs, que se utiliza para representar a las víctimas de la comunidad LGBTIQ+ que sufrieron violencia represiva por parte del régimen. 

Durante este periodo de tiempo la comunidad LGBTIQ+ enfrentó una represión particularmente cruel, ya que las personas que no se ajustaban a las normas hetero normativas y de género eran vistas como una amenaza al orden moral que el régimen buscaba imponer. 

¿Por qué hablamos de 400 desaparecidos LGBTIQ+? 

Esta corta, aunque simbólica cifra representa la persecución sistemática que sufrieron por su orientación sexual o identidad de género. El activista Carlos Jauregui fue uno de los primeros en visibilizar esta realidad en su libro La homosexualidad en la Argentina (1987) en donde mencionó un estimativo de 30.000 desaparecidos, entre los cuales 400 eran personas LGBTIQ+. “No los conocimos, no los conoceremos jamás. Son solamente cuatrocientos de los treinta mil gritos de justicia que laten en nuestro corazón”. Sin embargo, esta información no fue incluida en el informe oficial de la CONADEP (Nunca Más) lo que refleja así la invisibilidad de las víctimas en los registros históricos. 

Esta cifra sólo se aproxima a muy grandes rasgos a esos “cuatrocientos homosexuales”, ya que la palabra “homosexual” en esos años englobaba a todas aquellas identidades que no seguían la norma moral de la sociedad, incluyendo a gays, lesbianas, trans, travestis, bisexuales y demás.

¿Quién fue Carlos Jauregui? 

Carlos Jauregui (1957 – 1996), fue el primer presidente de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA) en 1984 y de Gays por los Derechos Civiles (Gays D.C.) en 1991. Un año después encabezó la primera Marcha del Orgullo en Buenos Aires, donde logró visibilizar las demandas de varios sectores relegados históricamente. Su activismo se basó en la búsqueda de visibilidad mediática, escribiendo en diarios y participando en programas de televisión. Dos años después, en 1984 abrazado al activista Raúl Soria, protagonizó la portada de la revista Siete Días, en la cual mostraba por primera vez a una persona homosexual asumiendo públicamente su sexualidad. 

Carlos murió 10 días antes de cumplir los 38 años debido a causas relacionadas al virus de inmunodeficiencia humana (VIH), enfermedad de la cual también habían sido víctimas su hermano Roberto Jauregui y su pareja Pablo Azcona. Tras su muerte el 20 de agosto, se estableció como Día del Activismo por la Diversidad Sexual.

La memoria LGBTIQ+ importa 

Valeria del Mar Ramírez fue la primera querellante travesti en un juicio de lesa humanidad. Tenía 21 años cuando estuvo secuestrada en el Pozo de Banfield, y durante 14 días fue ultrajada de manera sistemática dentro del centro clandestino ubicado en la zona sur del conurbano Bonaerense. 

“Caía detenida cada dos por tres”, expresó Valeria al contar sus encuentros constantes con la policía mientras empezaba a trabajar en la zona de ruta 4 y la rotonda de Llavallol. “Un día, estaba trabajando junto a Romina, una compañera, cuando nos agarró un Falcon. Nos pareció extraño porque siempre nos levantaban en patrullero. A los golpes, nos entraron en el auto, íbamos atrás con dos policías, arrodilladas, para que no viéramos el camino”, sostuvo en su relato. Estuvo catorce días en cautiverio hasta que decidieron dejarla ir. La largaron de noche, no muy tarde. Se subió a un colectivo, tomó el tren y regresó a su casa. 

Su denuncia tiene un valor crucial, porque visibiliza todos los hechos aberrantes que vivió y también porque al narrarlo en esa esfera privada contribuye a comprender las acciones que enmarcan la violencia sistemática. 

La violencia hacia la personas de la comunidad LGBTIQ+ no empezó en 1976, ni terminó en 1983 con la recuperación de la democracia, sino que durante este periodo la persecución y represión se intensificó y el tratamiento recibido fue aún más sádico y violento. A pesar de que no fueron incluidos en el informe oficial de la CONADEP, hablar de los 400 desaparecidos es una forma de visibilizarlos.


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Las mujeres que enfrentaron al terrorismo de Estado

Las mujeres que enfrentaron al terrorismo de Estado

TIEMPO DE LECTURA: 8 min.

A 42 años de la recuperación de la democracia, hablar sobre los derechos humanos viene de la mano con las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo. Un grupo de mujeres que lucharon y luchan por la verdad, la memoria y la justicia. 

Nuestras madres y abuelas, 
desafían las leyes de la física
Hace más de 40 años 
que caminan en círculos 
y siguen avanzando

La Vasca

El 24 de marzo de 1976, el gobierno constitucional de Isabel Perón fue derrocado mediante un golpe de Estado que dio inicio a lo que se conoció como “Proceso de Reorganización Nacional”, instaurando de esta manera un régimen militar que buscaba eliminar cualquier tipo de oposición política y social, especialmente aquellas vinculadas con el peronismo y los movimientos de izquierda. 

Durante estos años, las Fuerzas Armadas implementaron un plan sistemático de secuestros, torturas y asesinatos, lo que resultó en el fenómeno de los “desapariciones” de todos aquellos a los que consideraban “subversivos”. Estas acciones se fueron intensificando principalmente entre 1977 y 1979, estableciendo centros clandestinos de detención a lo largo de todo el país. Se estima que durante este periodo total (76-83) unas 30.000 personas fueron detenidas-desaparecidas.

Historiadores que investigaron este periodo reconocen que el Golpe de Estado de 1976, pese a ser conducido por las Fuerzas Armadas, ocurrió bajo los ojos de la sociedad civil. Sin olvidar que también estuvieron quienes informaron a las Fuerzas Armadas de donde se reunían aquellos “subversivos”.

Por otro lado, el Golpe de Estado contó con apoyo económico-empresarial ya que el plan que se ejecutó fue una destrucción completa de las industrias nacionales, beneficiando al sector financiero. La cabeza de este plan económico fue José Martínez de Hoz, ministro de economía del “Proceso”.

Algunas empresas que se vieron beneficiadas por haber apoyado el golpe fueron el grupo Clarín, el diario La Razón y La Nación, quienes apoyaron mediáticamente al golpe a cambio de la habilitación para la compra de la empresa de papel celulosa “Papel Prensa”, necesario para la impresión del diario.

En respuesta a estos hechos, surgieron los movimientos de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, quienes buscaban a sus hijas e hijos desaparecidos y los bebés nacidos en cautiverio, que luego fueron entregados a familias cómplices del régimen.

¿Quiénes son las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo? 

Se trata de un grupo de mujeres que desde 1977 reclamaron por el retorno de sus familiares desaparecidos por la dictadura cívico-militar en Argentina. Fue conformado principalmente por las Abuelas y las Madres de las personas secuestradas, detenidas y torturadas, recibiendo su nombre del lugar en donde realizaban sus reuniones: la Plaza de Mayo de Buenos Aires, frente a la Casa Rosada.

Las mujeres se reunieron por primera vez el 30 de abril de 1977, con la esperanza de llamar la atención  de Jorge Rafael Videla, quien estaba al frente de la Junta Militar que gobernaba el país. Una práctica habitual de estos encuentros era caminar alrededor de la pirámide para poder burlar la prohibición de reunión de más de tres personas impuesta por el Gobierno, ya que existía la orden de “siempre circular”, cuando uno se encontraba en espacios públicos.

Muchas de ellas no solo desconocían el paradero de sus hijos e hijas, sino que también las condiciones en las que se encontraban y de las torturas a las que fueron sometidos.

La lucha que condujeron las Madres y las Abuelas fue la búsqueda y la restitución de los bebés apropiados por las Fuerzas Armadas y entregados a familias militares, con el fin de borrar sus identidades. Las Abuelas crearon un banco genético para poder realizar las pruebas genéticas con aquellas personas que se acercaron y acercan actualmente con la duda sobre su identidad.

¿Quiénes eran ellas antes de 1976? 

Antes de que todo el terrorismo de Estado empezara, antes de las desapariciones, antes de que tuvieran que salir a reclamar por las apariciones de sus hijos e hijas y de sus nietos y nietas, todas ellas tenían una vida. Algunas habían diversificado sus estudios, otras trabajaban desde una edad temprana, pero todas y cada una de ellas llevaban una familia al hombro. 

Enriqueta Estela Barnes (Estela de Carlotto)

Tuvo una vida tranquila antes de convertirse en un símbolo de los derechos humanos. Se casó con Guido de Carlotto, con quien tuvo cuatro hijos, trabajó como maestra en una escuela primaria y llegó a ser directora de la Escuela Nacional Coronel Brandsen. Su vida giraba en torno a su familia y su vocación en la docencia, sin involucrarse nunca en actividades políticas. 

Su vida dio un cambio radical tras la desaparición forzada de su hija Laura Carlotto, evento que la llevó a convertirse en una de las figuras más destacadas de la lucha por los Derechos Humanos en Argentina, liderando la organización de Abuelas de Plaza de Mayo en la búsqueda de las nietas y los nietos apropiados por el régimen. 

Hebe María Pastor (Hebe de Bonafini) 

Proveniente de una familia trabajadora, soñaba con ser maestra pero sus padres le inculcaron el oficio de corte y confección para luego pasar al telar. Se casó con Humberto Alfredo Bonafini, con quien tuvo tres hijos. Durante esa etapa de su vida Hebe se dedicó al hogar y la crianza de sus hijos, llevando una vida que ella misma describió como “común” y alejada de la política y las cuestiones sociales. 

Después de la desaparición forzada de sus hijos Jorge y Raúl durante la dictadura, su vida dio un cambio rotundo, situación que la llevó a convertirse en una de las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo y reivindicar la militancia de sus hijos como bandera. 

Lidia Stella Mercedes Miy Uranga (Taty Almeida) 

Nacida en el barrio de Belgrano, creció en el seno de una familia con raíces militares, ya que su padre era oficial de caballería. Estudió magisterio en la Escuela Normal Superior N°7 y ejerció como docente durante algunos años. En 1953 se casó con Jorge Almeida, con quien tuvo tres hijos. Hasta el momento de la última dictadura llevó una vida tranquila, alejada completamente de la política. 

Durante 1975, su hijo Alejandro Almeida fue secuestrado por la Triple A, antes del golpe de Estado. Inicialmente buscó respuestas en su entorno, ya que su familia tenía fuertes alianzas con los militares, sin embargo allí no encontró nada, por lo que en 1979, se unió a las Madres de Plaza de Mayo, donde encontró apoyo y un propósito colectivo de búsqueda. Su activismo la llevó a convertirse en una figura destacada dentro de la línea fundadora de Madres.  

Azucena Villaflor 

Azucena mostró siempre un compromiso con su entorno. Venia de clase trabajadora, y a los 16 años tuvo su primer empleo como telefonista en una empresa de electrodomésticos en donde conoció a Pedro de Vicenti con quién se casó y tuvo cuatro hijos. Antes de la dictadura llevaba una vida dedicada a su familia y a su comunidad.

Cuando su hijo Nestór y su nuera Raquel Mangin fueron secuestrados, en su búsqueda desesperada se unió a otras mujeres que compartían su dolor. Así es como el 30 de abril de 1977 lideró la primera marcha de las Madres de Plaza de Mayo en Buenos Aires. El 10 de noviembre de ese mismo año, Azucena fue secuestrada por agentes del régimen, llevada al centro clandestino de la ESMA y asesinada en los “vuelos de la muerte”.

Nora Irma Morales (Nora Cortiñas)

Se casó con Carlos Cortiñas y juntos tuvieron dos hijos. Desde el momento de su casamiento en 1950 hasta la dictadura Nora se dedicó a su familia y a su trabajo como costurera, enseñando a los jóvenes a coser. Su vida estaba marcada por un enfoque tradicional, centrado en el trabajo y la crianza de sus hijos. 

En 1977 su hijo Gustavo fue desaparecido, hecho por el cuál se unió a las Madres de Plaza de Mayo, y posteriormente a la línea fundadora de esta organización. Desde ese momento se convirtió en una figura clave en la defensa de los Derechos Humanos. Su activismo la llevó a participar en congresos internacionales y recibir múltiples reconocimientos. 

María Isabel Chorobik (Chicha Mariani) 

Nacida en San Rafael, Mendoza. Estaba casada con Enrique Mariani, con quien tuvo su hijo Daniel. Chicha trabajó como profesora de Historia del Arte y se destacó por su pasión por la enseñanza y la cultura. Vivía en La Plata, donde su vida giraba en torno a su hogar, su trabajo y su familia. 

Sin embargo, su vida cambió por completo con la llegada de la dictadura militar y la desaparición de su único hijo. Este evento la llevó a convertirse en una de las fundadoras de las Abuelas de Plaza de Mayo, dedicando su vida a buscar a su nieta Clara Anahí, quien fue apropiada durante un operativo militar. 

Las mujeres que enfrentaron al poder 

En medio de un ambiente en el que el miedo se convirtió en ley, surgieron las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, quienes impulsadas por las desapariciones de sus hijos e hijas y nietos y nietas, transformaron el dolor en una lucha implacable por la justicia, la verdad y la memoria. Persistiendo con sus marchas semanales y concentrándose en lugares públicos, desafiaron constantemente al poder que les había arrebatado a sus seres queridos, llevando su protesta a la espera nacional e internacional. 


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8M: A quiénes podemos recordar

8M: A quiénes podemos recordar

TIEMPO DE LECTURA: 6 min.

Pasado el 8 de marzo, y pese a que suene reiterativo afirmar que no se trata de una fecha a celebrar, la efeméride amerita reiterar los hechos por los cuales este día se reafirma año a año como un espacio para la lucha.

No olvides jamás que 
bastará una crisis política, 
económica o religiosa para que 
los derechos de las mujeres vuelvan 
a ser cuestionados. 
Estos derechos nunca se dan por 
adquiridos, debéis permanecer vigilantes
toda vuestra vida

                                                                                                       Simone de Beauvoir

El 8 de marzo de 1908, un grupo de trabajadoras textiles de una fábrica de New York, Estados Unidos, llevó a cabo una serie de manifestaciones en reclamo por mejoras laborales, al grito ¡Pan y rosas!, con el que sintetizaron reclamos como la reducción de la jornada laboral, igualdad entre los salarios de los hombres y las mujeres, y mejoras en las condiciones de vida en general.

Sin embargo, el dueño de la fábrica se negó a cumplir con este pedido y decidió cerrar las puertas del lugar con el personal en el interior, para luego incendiar el edificio provocando la muerte de las 129 mujeres que se encontraban adentro.

Debido a este trágico final, en diferentes puntos del país se realizaron movilizaciones para pedir justicia por todas las víctimas. Es por esto que en 1975, la Organización de las Naciones Unidas formalizó el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer. 

 Cinco mujeres que podemos recordar en Argentina 

Al reflexionar sobre el pasado, podemos identificar innumerables mujeres que han dejado una huella indeleble en la historia, transformando el mundo de manera significativa. Desde aquellas líderes políticas y activistas sociales hasta científicas, artistas y escritoras, estas mujeres desafiaron las normas establecidas, superando obstáculos y luchando por la igualdad, la justicia y el progreso. 

Julieta Lanteri (1873 – 1932)

Nacida en Italia, llegó a Buenos Aires con sus padres y su hermana Regina cuando tenía seis años. Fue ella la primera mujer que pudo ingresar y recibirse de bachiller en el Colegio Nacional de La Plata. Se graduó en 1898 como farmacéutica en la Universidad de Buenos Aires, y pocos años después realizó prácticas de obstetricia en la Escuela de Parteras. 

En 1911 se anticipó a los padrones electorales y presentó un amparo de la justicia porque el padrón no mencionaba nada respecto a que las mujeres no pudieran votar. Fue así que el 16 de julio fue la primera mujer incorporada en el padrón electoral argentino, y en las elecciones del 26 de noviembre de ese año fue la primera sudamericana en votar.

 

Cecilia Grierson (1859 – 1934)

Nacida en el seno de una familia de inmigrantes escoceses e irlandeses, pasó sus primeros años en Uruguay y poco después junto con su familia se mudaron a Entre Ríos. A los 14 años, con el único propósito de ayudar a mantener a su familia, ya se hacía cargo de la escuela rural que su madre había abierto en el campo de la familia. 

Años más tarde viajó a Buenos Aires para poder formalizar sus estudios como maestra normal, donde debió emplearse como institutriz. Todo parecía indicar que la docencia era su vocación, pero cuando una amiga enfermó, Cecilia quiso encontrar el remedio para curarla de un trastorno respiratorio crónico. 

Armada con una voluntad de hierro, logró ser admitida para estudiar una carrera que para ese momento solo era para hombres. El 2 de julio de 1889, Grierson se graduó convirtiéndose en la primera médica del país. 

 

Victoria Ocampo (1890 – 1979)

Ocampo fue la primogénita de una familia aristocrática argentina, y fue educada junto a sus cinco hermanas dentro de hogar —Villa Ocampo— por institutrices. En varias ocasiones manifestó su voluntad por estudiar teatro y convertirse en actriz, pero ello fue negado por su padre. Luego, inmersa en el mundo literario, en 1920, publicó su primer artículo en La Nación sobre La Divina Comedia. Años más tarde publicaría sus primeros libros “De Francesa a Beatriz” (1924) y “La laguna de los Nenúfares” (1926), en Revista de Occidente. 

En 1933, Victoria creó la Editorial Sur para concretar su proyecto de difusión literaria y, así, publicar novedades de autores no sólo nacionales, sino también extranjeras. Dedicó su vida y su fortuna a fomentar la cultura, invitando escritores y publicando sus libros en el país. 

 

Eva Duarte de Perón (1919 – 1952) 

Eva Duarte nació en Los Toldos, Provincia de Buenos Aires. A los quince años decidió dedicarse a la actuación incursionando en el teatro, el radioteatro y el cine. En 1944 conoció a Juan Domingo Perón en un gala benéfica por las víctimas del terremoto de San Juan de ese mismo año.  

Ya casada con Perón, participó de manera activa en la campaña electoral de 1946, siendo de esta manera la primera política argentina en hacerlo. En 1947 impulsó y consiguió la sanción de la Ley de Sufragio Femenino, en la que buscó la igualdad jurídica de los cónyuges y la patria potestad compartida en la Constitución de 1949. Con el objetivo de buscar una reelección para Perón, creó el Partido Peronista Femenino.

A su vez también creó La Fundación Eva Perón (1948) la cual se dedicó a la asistencia social, creando hogares, escuelas hospitales y asegurándose de la proveeduría de alimentos. 

Mercedes Sosa (1935 – 2009)

Sosa nació en San Miguel de Tucumán, provincia de Tucumán. Hija de una familia muy humilde y trabajadora, desde su infancia mostró sus intereses por la música. Memorizaba las canciones que escuchaba en la radio, pasando por Lolita Torres, Lola Flores y Miguel de Molina, hasta que realizó su primera aparición a los 12 años, cantando el Himno Nacional Argentino en su escuela, donde su profesora vio en ella atributos para la ópera. 

En 1965, a los 29 años, Jorge Cafrune, la llevó a debutar en el Festival de Cosquín, dándose a conocer para luego colaborar con diversos artistas relevantes de la escena del folclore. Al año siguiente presentó el disco “Yo no canto para cantar”, el cual tuvo una gran repercusión a nivel nacional e internacional.

Mercedes Sosa fue víctima de la censura. Desde 1975 integraba la lista de “artistas subversivos” de la Triple A. Después de un Show en febrero de 1979 en La Plata fue forzada al exilio, pasando algunos años entre París y Madrid, hasta que pudo volver al país en 1982.


 

El 8 de marzo es una fecha que sirve para la reflexión sobre los avances logrados en materia de igualdad de género y los desafíos que aún persisten. Un día para recordar a todas esas mujeres que lucharon por los derechos y para que la sociedad también se comprometa a seguir trabajando en un mundo más equitativo. 

 

Por la senda de Miguel y Achem

Por la senda de Miguel y Achem

TIEMPO DE LECTURA: 13 min.

En el asiento de al lado un hombre vencido por la jornada laboral cabeceaba de sueño al ritmo del vagón que se mecía por las vías. Fue en ese momento que Carlos Miguel se desentendió de la charla que venía llevando  junto a sus compañeros de la Federación Universitaria Revolucionaria Nacional (FURN) de regreso a la Ciudad de La Plata y mirando de reojo al trabajador que se quedaba dormido garabateó unas líneas en una servilleta.

Corrían los últimos meses de 1972, el peronismo llevaba proscripto 17 años e impulsado por la Tendencia y la Juventud Peronista, Héctor Cámpora se imponía dentro del movimiento como candidato a Presidente de la Nación en nombre del General Juan Domingo Perón, para romper definitivamente con el largo exilio impuesto al líder del pueblo argentino.

El fusilamiento a Aramburu en el pueblo de Timote, la recuperación del cuerpo secuestrado y profanado de Evita, el levantamiento y copamiento en el penal de máxima seguridad en Trelew y una juventud marcada a fuego por la resistencia peronista y la revolución cubana, empujaban y le daban peso a las pintadas que brotaban en cada barrio:

“Luche y Vuelve” 

Lanusse tambaleaba y la idea de “Liberación o Dependencia” volvía a sentirse en el aire después de tantos años de bombas y fusilamientos. Entre esa efervescencia los militantes de la FURN comprendían que la Universidad no podía ser un sujeto aislado y ajeno a aquellos tiempos de emancipación.

 “La Universidad que queremos es parte inseparable del País que anhelamos; en él se inspira, en él se inserta y a él sirve.”

Esta es quizás la frase más conocida del Documento: Bases para la Nueva Universidad, redactado por la FURN como columna vertebral de Plan de Gobierno para una Universidad Popular que se llevó adelante por un corto periodo en la Universidad Nacional de La Plata, desde el 29 de mayo de 1973 hasta el 8 de octubre de 1974.

Durante los años 90 Rodrigo Miguel, hijo de Carlos Miguel, comenzó a participar de los homenajes de H.I.J.O.S, allí  compañeros de militancia de su padre le contaron que las primeras líneas de Bases para la Nueva Universidad, Carlos las había escrito en el Tren Roca volviendo de una reunión en Capital Federal.

 

***

La mañana del 8 de octubre de 1974 la Central Nacional Universitaria (CNU) secuestró de un auto particular al “Gordo” Carlos Miguel y al “Turco” Rodolfo Achem, iban camino a una reunión en Capital Federal con la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA) para planificar el plan de resistencia universitaria ante la avanzada del nuevo Gobernador bonaerense Calabró y el antecedente de los primeros asesinatos a compañeros en La Plata. Hace menos de dos meses un comando de la Alianza Anticomunista Argentina (AAA) había asesinado a Horacio Chaves militar retirado que se había levantado en armas para defender a Perón en el 56, a su hijo Rolando Chaves, al Gringo Pierini y Luís Macón de la JUP.

A eso de las ocho de la mañana los dos militantes referentes de la FURN, de la Asociación de Trabajadores de la UNLP (ATULP) y la Asociación de Docentes Universitarios (ADULP) partieron del Sindicato de ATULP ubicado en calle 44. La noche anterior al secuestro debieron pasarla en la casa de los trabajadores de la Universidad, por reiteradas amenazas que venían recibiendo, pero por la importancia del encuentro decidieron asistir a la reunión en Capital Federal esa mañana.

Tres autos sin patente los interceptaron en plena calle 44 antes de llegar a la Avenida 13, con total impunidad y una zona claramente liberada, los subieron a culatazos a cada uno a un baúl y huyeron a toda marcha. Menos de dos horas después los restos de Miguel y Achem  aparecieron en las costas del riachuelo en Sarandí. El informe oficial que salió en el matutino del Diario El Día del 9 de octubre de 1974 habla de que los dos cuerpos habrían recibido cincuenta disparos por la espalda.

 

***

 

Rodolfo Achem nació el 7 de febrero de 1941 en la Provincia de San Juan, realizó sus estudios Secundarios en el Colegio Nacional de San Juan y en 1959 vino a vivir a La Plata para estudiar traductorado en Francés en la Facultad de Humanidades y Ciencia de la Educación, pero al tiempo desistió y decidió estudiar Derecho en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales en La Plata. Allí junto al Flaco Kunkel comenzaron a armar la primera agrupación peronista de la facultad y proyectar la FURN. Durante el periodo de estudio empezó a trabajar en la Biblioteca de la Universidad comenzando a militar con los trabajadores no docentes en ATULP.

Con la victoria de Héctor Cámpora y Oscar Bidegain en Provincia de Buenos Aires, el 29 de mayo de 1973 la Universidad Nacional de La Plata llevó adelanté un proceso de reforma universitaria que tendría a la FURN como articulador e impulsor principal. Para este proceso, entre Achem y Miguel elaboraron dos documentos estratégicos con puntos y bases de la Universidad que se debía construir: 

Bases para la nueva Universidad” y “La participación de los Trabajadores en la Conducción de la Universidad”.

Fue en este contexto que respaldado por ATULP, el Turco Achem tomó el rol de Secretario de Supervisión Administrativa de la UNLP. 

Durante este periodo donde la FURN tuvo parte de las riendas del Gobierno Universitario se llevaron adelante una gran batería de transformaciones: 

La modificación sustancial de las carreras dejando atrás una mirada a favor de las empresas y el imperio y poniendo el foco al servicio de la Nación. Se instalaron consultorías jurídicas barriales que prestaban asesoramiento gratuito. Se fortaleció el modelo científico y de investigación nacional, apuntando a los intereses del pueblo. Se estableció el ingreso irrestricto a la Universidad, reemplazando los cursos de ingreso por el curso de Introducción a la Realidad Nacional. Se amplió el Comedor Universitario y se masificaron las becas de estudio entre otros.

 

Carlos Miguel nació en la Ciudad de La Plata el 5 de julio de 1944, fue al Colegio Nacional, jugó al fútbol en la novena de Estudiantes de La Plata y estudió en la Facultad de Ciencias Veterinarias. 

Durante la década del 60 en su tiempo como estudiante conformó junto a Hugo Bacci el Movimiento de Avanzada Veterinario (MAV), la primera agrupación peronista en la Facultad, que ya por esos años comenzaron a tener diálogo con la agrupación peronista de Derecho donde estaba Achem. Este sería uno de los primeros gérmenes de la FURN. 

Siendo ayudante de Cátedra conoció a la “Negra” Lilia Mabel Ballarini, con quien militó en la FURN y tuvo dos hijos. En el año 78 la “Negra” sería secuestrada y su cuerpo sería hallado recién en el año 2011 en las costas marplatenses.

 Junto a su pareja Lilia y Bacci tuvieron una veterinaria rural en Loma Verde, allí plasmaron a fuego su perspectiva como profesionales al servicio de las necesidades del pueblo.

Carlos fue el primer Secretario General de la FURN en el año 69, pero una vez graduado deja el cargo y comienza a hacer carrera docente en la Facultad de Veterinaria para ser Secretario Académico.

Con la reforma universitaria del 29 de mayo de 1973 Carlos es apoyado por ADULP para ser Director del Departamento Central de Planificación de la UNLP. Desde allí junto a Achem y otros compañeros pudieron llevar adelante los avances para una universidad popular.

Rodrigo Miguel, el hijo de Carlos, cuenta que todo lo que sabe de su padre y de Achem, es en gran medida por compañeros de militancia de ellos:

 

“Me contaron que tenía una excelente locución, que hablaba en las asambleas y tanto él como el Turco eran muy reconocidos en la oratoria, en la discusión política. Como que eran dos de los principales cuadros políticos de la época, de la Universidad y de la JP.

El Turco era un poco más carismático y mi viejo un poco más serio; un tipo más ensimismado, pensativo. Pero bueno eran un poco una pequeña dupla. 

Eran cuadros duros, el Turco un poco más extrovertido y mi viejo un poco más parco, más calmo. Pero a la hora de hablar eran muy serios y atrapantes.”

 

El primer 8 de octubre con la ausencia en vida de Juan Domingo Perón, trajo la avanzada de la CNU en la UNLP y con ello el cobarde asesinato del Gordo Miguel y el Turco Achem. El ataque a los dos referentes era claro, ellos eran pilares fundamentales en la construcción de una Universidad Popular al servicio del pueblo, organizada con los estudiantes, los docentes y no docentes.

Al día siguiente velaron a ambos militantes en el Sindicato de ATULP, la caravana de camino al Cementerio de La Plata fue seguida por incontables patrullas de la bonaerense y autos sin patente. La intervención de la Universidad y el terrorismo de estado estaban a la vuelta de la esquina.

El asesinato de Carlos y Rodolfo llevó a la desintegración de la FURN, acoplandose sus militantes a la Juventud Universitaria Peronista.

 

La Federación Revolucionaria Nacional

En 1949 el General Perón decretó la Gratuidad Universitaria, comenzando así un proceso de  ingreso a la educación superior por parte de los sectores trabajadores, logrando duplicar su matrícula para 1954. 

Por la cercanía geográfica de la Universidad Nacional de La Plata con el Puerto y el Astillero de Ensenada, los frigoríficos de Berisso, el sur del conurbano industrial y el interior de la Provincia de Buenos Aires, en la UNLP se mezclaron los viejos estudiantes que ya venían habitando la universidad defendiendo una tradición radical embanderada en la Reforma del 18, otros que venían del socialismo y una nueva generación que ingresaba a la universidad con rasgos más populares, vinculados a familias trabajadoras del interior de la Provincia de Buenos Aires. 

 Con el correr de los años y  la consolidación de este tercer actor en la vida universitaria, sumado a un contexto internacional revolucionario de movimientos de liberación nacional y las características de la Ciudad de La Plata, con las marcas latentes del 17 de Octubre en las paredes del Jockey Club y La París; sumado a la influencia de John William Cooke y los hijos de los fusilados y los presos del Levantamiento del General Valle haciendo parir a la Juventud Peronista en los barrios durante la Resistencia, fue de a poco también surgiendo el Peronismo Universitario.

Fue en tiempos de “Bastones Largos”, durante la dictadura de Onganía, que en los pasillos de Veterinaria y Derecho, entre silbidos, comenzaba a escucharse la marcha peronista. De a poco, de a cinco, siete, diez estudiantes se fueron conformando las primeras agrupaciones peronistas universitarias.

Durante el año 1969 anclado principalmente en las Facultades de Veterinaria y Derecho se fundó la Federación Universitaria Revolucionaria Nacional (FURN). 

La formación de la FURN sirvió como herramienta para nuclear rápidamente a compañeros sueltos que transitaban por cada facultad y de esta manera tomar volumen y trascendencia rápidamente. El surgimiento del peronismo universitario se daba casi en simultáneo con el nacimiento de la CGT de los Argentinos liderada por Raimundo Ongaro, con el Cordobazo y con la aparición pública, el 1 de junio de 1970 de la Agrupación Montoneros.

 Nora Peralta, Raul Piñeyro , Hugo Bacci, el flaco Kunkel, Cuto Moreno, Marcelo Fuentes y Néstor Kirchner son algunos de los nombres que aportaron a la conformación de la FURN y que tuvieron la responsabilidad de llevar adelante ese proyecto de universidad popular que ponía a la investigación y al pensamiento nacional al servicio del pueblo argentino.

Ante el surgimiento de la FURN y la masificación de una doctrina justicialista en los pasillos de la UNLP, el General Perón hizo llegar una carta desde su largo exilio para los jóvenes que construían su vuelta, discutiendo y tiñendo de popular el pensamiento nacional:

“Por eso veo con complacencia cuanto me informan sobre los quehaceres e inquietudes de la Juventud Universitaria de La Plata que, a no dudarlo, ha de extenderse a toda la población universitaria del país. El mundo actual se agita en una revolución y, dentro de él, el Continente Latinoamericano se ha lanzado auspiciosamente a una “guerra revolucionaria” por la liberación de los pueblos y de las respectivas patrias, con postulados muy cercanos a los del Justicialismo. Ello encuadra nuestra revolución que así puede considerar que el tiempo trabaja para nosotros a condición de que también nosotros seamos capaces de ayudar al tiempo. Yo no tengo la menor duda del triunfo de esta revolución pero el lapso que nos separa de ese triunfo está en razón directa del esfuerzo que nuestras juventudes sean capaces de realizar para lograrlo.

Si una juventud decidida y valiente no se decide a poner dique a semejante ignominia, deberán vivir en el futuro en una colonia y, lo peor de todo, que tendrá también la responsabilidad de que ello se haya producido. 

Finalmente, deseo hacer llegar por intermedio de Ustedes mi saludo a la juventud universitaria de La Plata, rogándoles que, junto con mi saludo más afectuoso, quieran aceptar mis mejores deseos y la exhortación para que sigan inflexiblemente en la lucha por una liberación que es el punto de partida de toda reivindicación nacional y popular.

Un gran abrazo.”

Juan Perón

Cincuenta años después, la nueva cruzada del movimiento estudiantil 

Se cumplen casi 10 meses del inicio del proceso de desregulación del Estado, de desintegración de las instituciones, del gobierno de Javier Milei y amigos. 

Una de nuestras certezas es que la Universidad Pública está en peligro. Ya dejó de ser un slogan o una consigna alarmista para gritar y hacer eco en los pasillos de las facultades. Cada día es una nueva batalla. El presupuesto universitario prometido por el Gobierno nacional, y que no es suficiente porque no está actualizado acorde a los números de inflación, sigue sin llegar en condiciones a la UNLP (y muchas otras Universidades del país). Los docentes y nodocentes buscan migajas y regatean pasajes de transporte público para llegar a su segundo o tercer trabajo por día y así llenar los platos de sus familias.

Los estudiantes  caminan por la frágil línea de la destrucción en este país que cada vez propone menos futuro. Abandonados por la situación, dejan las aulas y sus estudios, solo son bienvenidos en la desesperación del precarizado, en los brazos de un capitalismo voraz. En los “mejores” casos, los estudiantes trabajan horas incontables y cursan en sus tiempos libres, siguiendo con la aspiración a ser hijos de la Universidad Pública que tanto les ofreció y prometió alguna vez.

El miércoles 2 de octubre, la estación de trenes de La Plata en donde se congregaba la comunidad educativa emprendió su viaje hacia el Congreso de la Nación. Días antes fue aprobada la ley de presupuesto universitario que supone un pequeño respiro, sin embargo, la amenaza del veto a la ley por parte del presidente Javier Milei exigió que la plaza de los Dos Congresos recibiera multitudes en defensa de la Universidad Pública.

La concentración en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires fue masiva, millones y millones de personas en todo el país renovaron su compromiso con la educación superior. En Casa Rosada no fue bien recibido y el veto fue inminente, se anunció ese mismo día por la noche y se decretó al otro día por la mañana, el jueves 3 de octubre.

Junto con ese mal trago, llegó la noticia de que el Subsecretario de Políticas Universitarias, Alejandro Álvarez, se haría presente en la UNLP para dar una charla junto a los diputados de la Libertad Avanza x y x, organizado por la agrupación libertaria que desembarcó en la Universidad en los últimos meses. 

Las alarmas se encendieron una vez más en la misma semana. Lejos de los tiempos de auge de la FURN, de la resistencia que el Turco y el Gordo, junto a sus compañeros y compañeras, alguna vez emprendieron, la incertidumbre es real, es más tangible que nunca. 

El viernes 4 de octubre por la tarde en el edificio Karakachoff de la UNLP, entre gomas quemadas, bombos y gritos, lo esperamos al verdugo de nuestro futuro. Con declararlos personas no gratas nunca fue suficiente, la efervescencia de la comunidad educativa exigía más, nos preguntamos si el tiempo histórico también lo exigía. Muchos y muchas, teníamos y tenemos la convicción de que sí. Así fue como los echamos y no dejamos que pisaran la Universidad Pública que procuran destruir. Con la militancia universitaria organizada se gestó un hecho político que, esperamos, prenda la llama del plan de lucha que debemos emprender. Álvarez nunca llegó ni a dar la cara.

El camino comenzó ¿Cómo seguimos? La única respuesta será construida a través de una lectura política histórica que nos obliga a retomar los textos aquí repasados, a los actores políticos que supieron analizar su tiempo histórico y accionar las fuerzas necesarias para emprender el camino de la revolución. Pero sobre todo, el camino tiene que ser organizados.

¿Por qué hoy nos cuesta tanto esbozar esa palabra? Revolución. El ser revolucionario. Nos toca llenarla de sentido, y solo será a través de la discusión y de la acción. Es parte de nuestra naturaleza diría Allende, ser joven y ser revolucionario, quién si no entonces, debe mantener prendida la llama hacia un proceso de resistencia.

La Universidad Pública tiene que seguir siendo el faro de un proyecto de país justo e igualitario. Es el pilar que necesitamos fortalecer para que la formación profesional no se limite a una mera mercancía, o una aspiración individual sin rumbo en un mundo que nos fragmenta cada vez más. Hoy más que nunca, la formación de profesionales debe estar destinada a devolverle al pueblo, a la historia, la posibilidad que nos dio de educarnos, y así, ser libres. Con una libertad de verdad, sin cadenas ni ataduras. Una libertad en términos de soberanía nacional que muy lejos está de terminarse en nuestros ombligos. 

El Turco Achem y Carlos Miguel, son recordados hoy pero no como una página más de la historia, sino encarnados en lo más profundo de una lucha que se vuelve a emprender y que más allá de su desaparición física, sus sueños nunca morirán mientras exista una Universidad y un pueblo de pie.


Felipe Bertola

Cuando estaba en la panza, mi vieja me cantaba “Significado de Patria” para tranquilizarme. En la comunicación y organización popular encontré la clave para poder “ser la revancha de todxs aquellxs”. Como todo buen platense, sé lo que es ganar una Copa Libertadores.

Agustina Flores

Hija de los vientos patagónicos. Compañera (in)esperada de la militancia para la liberación. Entusiasta del puño y la letra. Lo personal es político, el periodismo también.

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100 años y un día para Radio Universidad

100 años y un día para Radio Universidad

TIEMPO DE LECTURA: 4 min.

El pasado 5 de abril, la histórica Radio Universidad de la Ciudad de La Plata cumplió cien años. Proponemos un repaso del recorrido de la radio y conversamos con Mario Arteca, histórico periodista del medio respecto a sus sensaciones en este aniversario.

Platenses por nacimiento, platenses por adopción, platenses por circunstancias. Los que se quejan y padecen la humedad y las baldosas rotas, los que se pierden entre diagonales, avenidas y calles numeradas. Todos, sin distinción, coincidirán en algo. Algunos con más orgullo, otros con cierto rechazo y hasta algunos con algo de envidia. La Plata tiene ese no se qué. La cultura, la música, la política y la universidad. Todo se mezcla en este lugar de una manera distinta a como pasa en otras. Guste o no, no hay con que darle. 

A veces, con algún recién llegado o desprevenido, o también cuando andamos por alguna otra ciudad con algunos que no la conocen, intentamos explicar y resumir esa distinción. Recurrimos a las grandes bandas que la ciudad parió, hablamos de Virus y Redondos, o también, vamos a un ejemplo concreto: si estás un fin de semana en La Plata, tenés mil cosas para hacer. Proyecciones de películas, recitales por todos lados y actividades, debates y cervecerías por donde gustes.

Pero también, a veces, para hacerla más fácil, podemos acudir a ejemplos más concretos y específicos. Lugares que la ciudad alberga que son síntesis de todo eso que nuestra ciudad tiene de especial.

El pasado viernes 5 de abril Radio Universidad cumplió cien años. La primera estación universitaria del país, la primera del mundo; una de las 63 radios de este tipo activas en la Argentina; la que siempre estuvo en las alturas de Plaza Rocha mirando de frente a esa ciudad que relataba, la que creció, se expandió y se metió más en el centro todavía, en el Edificio Karakachoff, para seguir ampliando sus voces y sus oídos.

Las celebraciones por su centenario fueron acordes con su historia. Hubo discusiones, debates y planteos sobre el presente, el rol del periodismo y su articulación con la Universidad, en el marco del Primer Congreso Latinoamericano de Medios Universitarios. Un evento que reunió a muchísima gente, y a notables figuras. Pero también hubo lugar para las celebraciones y la cultura, y fue en el Karakachof donde artistas como Manuel Moretti, Carmen Sanchez Viamonte y compartieron su música de manera libre y gratuita.

En el marco de esta fecha, pasadas las celebraciones y reconocimientos, desde Revista Trinchera conversamos con Mario Arteca, histórica figura vinculada desde hace más de 30 años a la programación de la Radio, tanto en la decana AM como en la más reciente FM, para que nos transmita las sensaciones que lo atravesaron durante estos días.

“Lo primero que se me viene a la mente es que caí en la cuenta de que, en estos cien años de Radio Universidad, yo pasé más de un tercio: 35 años. Y que pasé de ser un columnista contratado, a un co-conductor del aire (en AM y FM), a un conductor, a un informativista y actualmente co-conductor y Jefe del Informativo. El contexto actual de desfinanciamiento de la Universidad y de una perspectiva política casi dictatorial, me angustia, sin duda y me recuerda a la dictadura. Esa sensación estuvo dando vueltas en estos tres días, tanto en el Congreso de Medios como en nuestra labor de comunicadores. Todo muy intenso, tenso y con la sensación de que la lucha continúa.”

A su vez, le constultamos a Mario más especificamente respecto a que encuentra él, con su extenso recorrido en el medio, que tenga de particular esta radio. Al respecto, señala que “Radio Universidad fue, en los 70, cuando sólo era un simple oyente, una emisora alternativa, donde se pasaba música y se hablaba de cuestiones que iban más allá de la realidad imperante. Siempre fue una radio desconectada de la agenda predominante. Y eso sigue hasta hoy. Cuando yo entré a trabajar en la radio a fines de los 80, me encontré con aquellos emisores radiales que escuchaba en mi adolescencia. Fue muy fuerte y definitivo. Hasta el propio Fogwill dijo, en una nota para un programa de cable de cultura, que “Radio Universidad me salvó la vida.” El enorme escritor se refería a la época de la dictadura. Eso es Radio Universidad: la tabla de salvataje en momentos turbulentos.”

Finalmente, para cerrar la conversación le consultamos a Mario respecto a figuras, amigxs y compañerxs que han pasado estos años por la radio y a quienes haya tenido presente en estos días. “Hace poco se nos fue Sergio Martinez (Mufercho), el relator de los Redonditos y también el Doce, Edgardo Gaudini, dos sujetos extraordinarios de los que fui amigo, y que eran extraordinarios emisores radiales. Y también Horacio Gismondi, quien ya no vive en Argentina y a quien le debo haber entrado a la radio. Hay más, claro, el Negro Martinez, gran y creativo operador y ahora editor, y Roberto Parreño. Pocas radios tienen y tuvieron gente de este nivel de creatividad extremo. Esto es nuestra radio: llevar al límite lo posible y dejar para más tarde lo imposible. Pero siempre se llega a lo imposible.”


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Pedro Jalid

Profesor de Letras. Leo más de lo que escribo, trato de hacer más de lo que digo.

Hasta acá, me encantó

Hasta acá, me encantó

TIEMPO DE LECTURA: 5 min.

Una despedida a Omar Sánchez, destacado actor, director, dramaturgo y maestro de actores, murió el pasado lunes 25 de marzo. Un dolor agudo, inesperado, recorrió el pequeño mundo de la actividad teatral local y nos causó una absurda mudez. 

“Ya no hay línea recta ni camino iluminado con un ser que partió de nosotros. ¿Dónde se aturdió nuestro afecto? Círculo tras círculo, si se acerca, es para ocultarse en seguida. Su rostro a veces viene a juntarse con el nuestro, y sólo produce un relámpago helado. El día que alargaba la felicidad entre él y nosotros no está en ningún sitio.”

René Char, “La eternidad en Lourmarin”, frag.

En un mundo donde la compasión, el coraje y la belleza verdadera, esa que puede lastimar incluso, son frutos cada vez más extraños, nos golpeó la muerte temprana, absurda, de un enorme compañero de rutas teatrales, hacedor de raras bellezas, imágenes que nos permitieron ver más allá de lo evidente y banal, de la estupidez galopante de una época.

Quienes, después de varias décadas de amistad, pudimos compartir y disfrutar su último trabajo de dirección, nos reunimos para tratar de sobrellevar el duelo, compartir las imágenes imborrables de su legado teatral y poner en palabras este nuevo dolor, sin destino ni consuelo. Fuimos sus actores y compañeros en “El niño pez y el sueño de negras alas”: Nora Oneto, Susana Disalvo, Graciela Sandoval, Oscar Vernales y quien esto escribe.

Fotografía de Matías Adhemar

Nora Oneto (Estrenó con la dirección de Omar, una gran cantidad de trabajos: desde la inicial “Fuenteovejuna”, premiada y elogiada apenas comenzada la democracia, a “El niño Pez…” pasando por “La extraña historia del Dr. Tadeo”, (1985) versión de un cuento de Chejov, ambientado en plena pampa argentina y con una estética vinculada a la historieta,  y “Tragedia de una familia guaranga”, (1990) libérrima adaptación de Las de Barranco, de Laferrere): Omar me marcó en el teatro. Por su estética particular, la valorización del cuerpo en escena, la potencia que podía estimular en cada actor, actriz, el entusiasmo en la creación.

Graciela Sandoval (participó en “…Tadeo” y “El niño pez”): Después de más de 30 años, volvimos a estar juntos!  Omar nos dirigía de una manera poética, una frase, dos y se habría una compuerta por la que fluía algo de cada uno, algo propio, un gesto, una forma, un grito, una estética. Fuimos felices, peleamos,  celebramos, volvimos a pelear, estrenamos, corregimos, sacamos, agregamos, volvimos a bailar.. En medio de tensiones y pasiones, fue un lujo haber compartido con él el espacio amoroso del teatro..

Susana Disalvo (al igual que Oscar, Graciela, participó como actriz en “…Tadeo” y “El niño pez…”):  Esa intimidad teatral que generaba Omar en algunos ensayos, es una huella eterna en mi persona. Esa propuesta suya, una búsqueda minuciosa, estética,  comprometida, que terminaba por expresarse en el trabajo, era sublime. Nos conocimos en los primeros años ´80, en otro ámbito, donde ya marcaba su compromiso social y ético: la Asamblea por los Derechos Humanos de La Plata en los inicios de la democracia, veníamos del teatro y nos habíamos visto, pero recién nos hablamos compartiendo una actividad: la caminata de estudiantes “Marcha de los 100 por los 30.000” que hicimos juntos hasta Quilmes, allí, siendo yo menuda y caminando con botas, él, con su gran estatura, se acercó a preguntarme cómo estaba,  tuvo una atención y cuidado conmigo que me mostró su lado militante y humano. Esa cuestión de ver al otro, esa actitud de acercarse, preguntarme por mis hijos, esa cercanía que hoy recuerdo…  

Oscar Vernales (compartió también la puesta de “…Tadeo” y “El niño pez…”): Omar me llamó, en 1985, para trabajar en Las desventuras del Dr. Tadeo. Me dejó el texto y volvimos a vernos la semana siguiente. Yo dudaba mucho en aceptar. Omar vino a mi casa y me habló por más de 2 horas de la obra, del texto, del grupo que se iba a generar (extraordinario). Lo recuerdo encendido, apasionado en su proyecto, y por supuesto, me convenció. Creo que en Tadeo, Omar mostraba por primera vez, lo que corroboró a lo largo de estos años, una genial creatividad para encontrar y expresar LENGUAJE TEATRAL. Lo vamos a extrañar mucho, pero nos queda su impronta, una huella imborrable…

Fotografía de Matías Adhemar

Hay un aspecto insoslayable para esta difícil síntesis de su perfil humano: su constante y riguroso compromiso estético tuvo un correlato político y social. Fervoroso polemista, no rehuía emitir opiniones aún a costa de enojos y exclusiones por parte de algún mediocre funcionario de turno o un colega adocenado. Fue docente y director de la Escuela de Teatro de La Plata, en un período de propuestas estéticas novedosas y didácticas renovadoras. Participó desde el primer momento en el Ciclo Teatroxlaidentidad – La Plata como antes lo había hecho en la APDH, como señaló Susana. 

Por éso se nos hace tan penosa esta conciencia de la fragilidad de la vida para poder contener tanto talento, tanta búsqueda de una belleza sin cliché ni norma ni estúpida corrección política o social. 

Cuesta aceptar que no compartiremos con el flaco, más charlas y discusiones ardorosas, con una café, una copa de vino o una de sus delicias culinarias, preparadas con la misma entrega y elegancia que volcó en cada trabajo. Cuesta creer que no disfrutaremos de esas imágenes que se grabaron a fuego en quienes fuimos espectadores en cada una de sus puestas y que siguen, como joyas de una rara fascinación, brillando en nuestra memoria. Cuesta pensar que no escucharemos sus apasionadas y precisas indicaciones, para encontrar lo más profundo y sincero de cada trabajo actoral, reivindicando el riesgo y la belleza inclemente en cada puesta. 

A continuación, una síntesis de su labor teatral elaborada por la Asociación Argentina de Actores, La Plata: En 1985, fundó el grupo Malajunta, estrenando la obra “Las desventuras del Doctor Tadeo” con gran repercusión.

Como director, presentó numerosas obras, incluyendo “Fuenteovejuna 1476”, “Las Paredes”, “Tristes Diablos”, “Tragedia de una familia Guaranga”, “Aureliano Buendía”, “Lanzallamas”, “El Pelícano”, “Espérame en el cielo, corazón”, “Territorio Vacío”, “Melancólicas vacas”, “Macbeth”, “Pericones”, “Belleza” y “El sol quieto”, entre otras. También trabajó para la Comedia de la Provincia de Buenos Aires e integró la comisión organizadora de TeatroxlaIdentidad La Plata.

Como actor, participó en diversos ciclos televisivos como “Impostores”,”Televisión por la Justicia – Santos y pecadores”, “Fronteras”, “Buenos Aires bajo el cielo de Orión”, “Impostores”, “Terra Ribelle III”, , así como en el cine, en los films “Call me Francis”, “Olvídame”, “La señal” y “Entremedio” . En 2017, regresó a los escenarios para protagonizar una versión de “Otelo”.

En su extensa carrera docente, ocupó roles como profesor y vicedirector en la Escuela de Teatro de La Plata, coordinador del taller “Nuevo Mundo” de la Universidad Nacional de La Plata, y fue creador del espacio La Rosa de Cobre. Además, impartió cursos y talleres en diversas instituciones.

Carlos Aprea

Las luchas de ayer son los derechos que hoy debemos defender

Las luchas de ayer son los derechos que hoy debemos defender

TIEMPO DE LECTURA: 10 min.

Bajo la orden de Alberto Piotti, una vez más el cuerpo de la bonaerense avanzó y el bastón policial impactó de lleno en el parietal derecho de Hebe de Bonafini. Sobre el pañuelo blanco comenzó a brotar una mancha roja oscura, los estudiantes rodearon a la Madre de Plaza de Mayo y nuevamente se desató la represión en la tarde platense del 20 de febrero de 1996. 

Las crónicas de época hablan de más de doscientos detenidos por la razia policial. Esa misma noche en el programa de televisión que conducía Mariano Grondona, junto a estudiantes e hijos de desaparecidos, Hebe de Bonaffini declaró que en el momento en el que la llamaron salió de inmediato hacia La Plata; no se podía concebir que en el mismo lugar dónde estaquearon, torturaron y desaparecieron a pibes y pibas durante la última dictadura militar ahora estuviesen deteniendo ilegalmente a estudiantes universitarios de la Universidad Nacional de La Plata.

Bajo la decisión de arancelar la Educación Superior se produjo una complicidad entre el Rector Luis Lima y el Gobernador Eduardo Duhalde. La síntesis de aquella alianza fue la Policía Bonaerense completamente rabiosa metiendo palo desde la zona de las facultades del Bosque hasta Plaza Rocha. La capital de la Provincia de Buenos Aires estuvo aquel 20 de febrero bajo Estado de Sitio.

“Mucha tropa riendo en las calles
Con sus muecas rotas cromadas”.

***

En agosto de 1989, en su estreno legislativo, el menemismo sancionó la Ley 23.696 denominada como “Ley Dromi” recordada y sintetizada en “todo lo que sea del Estado dejará de estar en manos del Estado”. A la vuelta de la esquina se encontraba el apogeo del neoliberalismo.

Marcado por el combo heredado de la última dictadura militar, donde el FMI y la hiperinflación no daban tregua a las familias argentinas y sumado a la caída del Muro de Berlín, el menemismo fue filtrando el discurso del Estado obsoleto y deficitario. De norte a sur fue entrando la bala de la pizza con champagne y el “uno a uno”; con ellos llegó el remate de nuestro patrimonio industrial y empresarial estatal. La educación, el conocimiento y la salud también fueron pretendidos para ser puestos en manos privadas y capitales extranjeros. 

Entre 1991 y 1993 el menemismo fue construyendo mediante el Poder Legislativo las distintas leyes y dispositivos político legales para cambiar la perspectiva educativa argentina, logrando quizás como mayor síntesis, la Ley 22.4195 (Ley Federal de Educación). Fue en este contexto donde se llevó adelante la descentralización y desfinanciamiento a través de la provincialización y municipalización de la Educación Media y Superior No Universitaria, y al mismo tiempo se dio paso a que se la discuta como un gasto. 

En contraposición a las reformas neoliberales, la defensa de la escuela pública fue una de las banderas más importantes en aquellos años. Las Marchas Federales y la instalación de la Carpa Blanca frente al Congreso de La Nación, son quizás las instancias más recordadas y reconocidas.

“Una herida soy buscando el salario
Maestro de pie, cuidando pichones blancos
Que madurarán iluminando tu pago”.

***

Lanzada la carrera de las privatizaciones, en los pasillos de las universidades comenzó a discutirse la posibilidad de que el arancelamiento y los capitales privados pongan el ojo en la Educación Superior. Fue en este contexto donde la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y principalmente su estudiantado comenzó a organizarse, logrando tener gran relevancia a nivel nacional. Llegando a hacer asambleas por facultades que tuvieron la síntesis en 1994 de tomar el Rectorado. 

Sin tenerlo confirmado, pero con una clara lectura del futuro a corto plazo, el movimiento estudiantil platense fue calentando motores y generando músculo político para lo que se vendría: la lucha por la defensa de la Educación Superior.

***

Arrancando el año 1995, con el viento de cola por la previa aprobación de la reforma de la Constitución Argentina en 1994, Carlos Saúl Menem cosechó su segunda victoria para la Presidencia de la Nación con el 49,94% de los votos, el 14 de mayo de 1995. Con el triunfo electoral bajo el brazo, el oficialismo aceleró el proceso para trabajar en el Poder Legislativo, el arancelamiento de la Educación Superior y su posterior privatización. El 31 de mayo de 1995 quedó pactada la fecha para votar la Ley de Educación Superior (LES) en la Cámara de Diputados del Congreso de la Nación. 

Pero para cortar con los aires de victoria en los que se encontraba el justicialismo neoliberal, surgió la respuesta de un movimiento estudiantil organizado.

La mañana del 31 de mayo el Tren Roca con destino a Constitución partió desde la Estación de La Plata repleto de estudiantes. Las discusiones previas, asambleas por facultades y la toma del Rectorado de 1994 fueron movimientos acertados que les permitieron llegar al mes de mayo con una base fuerte de organización y movilización. 

En un contexto dónde no se podía titubear, ni especular, los estudiantes levantaron las banderas de la gratuidad universitaria, llevada adelante por el General Perón en 1949. Se organizaron de abajo hacia arriba, haciendo parir lo que sería recordado como la Universidad de la Calle.

A pesar del operativo policial y las interminables vallas que rodeaban al Congreso de La Nación aquel 31 de mayo de 1995, conducido y fogueado por la Regional La Plata, el movimiento estudiantil se las ingenió para llegar a las inmediaciones de Avenida Callao y sus avenidas laterales Entre Ríos y Rivadavia. 

Algunos de los responsables políticos de los años 90 cuentan que desde que salió a la luz la noticia de la votación de la LES, fueron semanas intensas de mucha discusión y preparación logística para poder llevar adelante el freno en seco de la Ley. La definición fue impedir la sesión legislativa obstruyendo las entradas del Congreso de la Nación. Deslizan que en el Aula Magna de la Facultad de Ciencias Exactas de la UNLP se llevó adelante la asamblea que definió la toma del edificio nacional y en sus grandes pizarrones se explicó la logística de la manifestación y los pasos a seguir. 

Al mismo tiempo que se llevaba adelante la convocatoria y la adhesión a la instancia, un pequeño grupo ejecutó ordenadamente todo el plan para poder llegar a las puertas del Congreso esquivando todo el vallado y el operativo policial.

Entre risas y nostalgia, algunos de los responsables del operativo cuentan que la carta secreta para esquivar a la policía fue gracias a un estudiante que tenía familia que laburaba en el subte y podía averiguar cómo se frenaba un vagón manualmente. Sí, la forma de esquivar el vallado fue tomarse el subte y viajar bajo tierra, frenar de golpe en mitad del recorrido, bajarse de los vagones y caminar con toda la columna por la vía subterránea hasta salir por la boca del subterráneo dentro del vallado.

La operación fue un éxito y todas las puertas del Congreso estuvieron tapadas por estudiantes aquel 31 de mayo. Ningún Diputado pudo entrar a la Cámara a sesionar. 

El movimiento estudiantil se hacía en su poder de una gran victoria e impulsaba la discusión contra la LES a altas esferas de la opinión pública y los medios de comunicación.

Finalmente, el 20 de julio de 1995 la Ley de Educación Superior fue aprobada. Pero gracias a la organización y la lucha del 31 de mayo, la ley tuvo que ser recortada en varios puntos que trataban en profundidad el arancelamiento y la privatización. Aun así, no pudo quitarse el arancel a las Carreras de Posgrado.

Una vez promulgada, tocaba resistir a su implementación en cada Universidad.

“Esos chicos son como bombas pequeñitas”.


***

La Argentina de los años 90 estuvo marcada por la caída del Muro de Berlín, el “uno a uno”, el dólar, las privatizaciones, el Estado en manos de privados, las importaciones, el Estado ineficiente, la farándula paseándose por las pasillos de Casa Rosada, la pizza con champagne, el indulto a los genocidas y su impunidad, la resistencia de los organismos de derechos humanos, los escraches, el doping positivo y la tristeza de un pueblo al que le cortaron las piernas, la crisis, los cierres de las fábricas, los movimientos desocupados, el corte de ruta, el hambre, la rabia, la masificación de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, una juventud a la deriva empujada por el neoliberalismo y la necesidad de “romper a piedrazos el espejismo neoliberal”.

Este fue el contexto en donde se desenvolvió la organización y resistencia estudiantil y naturalmente confluyeron varias de las expresiones de la época. Los frentes de masas se aglutinaron contra la entrega de la patria y en la juventud universitaria platense, la experiencia de resistencia a la LES dio nacimiento al Movimiento Universitario 31 de Mayo, que en su armado inicial tenían principal injerencia la Agrupación SUMA, Centro de Estudiantes de Ciencias Exactas en aquellos años y La Raíz, Agrupación previa al Frente Natural, actual Conducción del Centro de Estudiantes de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo; en ese periodo se irían sumando distintas agrupaciones estudiantiles de la Facultad de Trabajo Social, Humanidades y el Observatorio entre otras. Muchos de los militantes del Movimiento Universitario 31 de Mayo también formaron parte del Movimiento Patriótico Revolucionario Quebracho.

***

El 1 de agosto de 1996 Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota lanzaban Luzbelito, uno de los discos con mayor repercusión en el rock nacional. En el segundo tema, el Indio Solari canta…

“Si el perro es manso
come la bazofia y no dice nada;
le cuentan las costillas con un palo,
a carcajadas.”

Posiblemente aquella metáfora la hayan pensado en contraposición a las jornadas históricas del 15 y de 20 de febrero de 1996 dónde las diagonales platenses, presenciaron la resistencia estudiantil al arancel de la Universidad pública.

Una vez promulgada la LES cada Universidad debía adecuar la Ley a su Estatuto. Y la fecha que se le ocurrió a Luís Lima, Rector de La Universidad Nacional de La Plata, para llamar a la Asamblea Universitaria fue el 15 de febrero; mes que por calendario académico suele tener una dinámica estudiantil casi nula. Pero a diferencia de lo que esperaban, el movimiento estudiantil se presentó desde temprano en las puertas del viejo Jockey Club, hoy actual Facultad de Derecho, y llevó adelante la misma estrategia que en el Congreso de La Nación: tapar las entradas y no dejar pasar a nadie.

A diferencia del 31 de mayo, no eran Diputados los que querían ingresar a votar, sino consejeros representantes de cada claustro del Co Gobierno universitario, entre ellos, los Consejeros Directivos de la Agrupación Estudiantil Franja Morada.

La Policía Bonaerense reprimió intentando desalojar a los estudiantes y se produjo un gran enfrentamiento que terminó con el incendio de un Renault 12 color azul sobre calle 49. Lima tuvo que suspender la Asamblea Universitaria y el movimiento estudiantil se embanderó en la nueva victoria defendiendo su querida universidad pública.

La nueva fecha que se puso para sesionar fue el 20 de febrero, pero esta vez el Rector Lima cambió la ubicación y envío a la Asamblea Universitaria a la Biblioteca de la Universidad ubicada sobre Plaza Rocha. Además, le pidió seriamente al Gobernador Bonaerense, Eduardo Duhalde, que garantice la sesión. 

De cara al 20 de febrero se tomaron varias facultades, buscando salir encolumnados hacia Plaza Rocha e impedir nuevamente la sesión que daría paso a la LES. Pero esa madrugada la Policía Bonaerense llevó adelante una razia similar a la de la última dictadura militar. Comenzó intentando entrar con la infantería en la Facultad de Ciencias Exactas, rompiendo así su jurisdicción penetrando en una Universidad Pública Nacional. Luego llevó adelante detenciones arbitrarias cerca de la zona de Plaza Rocha, llegando a tener a media mañana a cientos de detenidos ilegalmente en el Cuartel Central del Cuerpo de Caballería ubicado en calle 60.

La concentración que estaba destinada a la Asamblea Universitaria se trasladó a pedir la liberación de los cientos de detenidos. Allí se sumaron organizaciones de desocupados y organismos de derechos humanos. La respuesta de Alberto Piotti, ministro de Seguridad Bonaerense fue encrudecer la represión llegando a utilizar las tanquetas militares del Cuerpo de Caballería. Esa tarde la Madre de Plaza de Mayo, Hebe de Bonaffini, fue golpeada por los bastones de la bonaerense, la foto de su pañuelo blanco manchado con sangre recorrió el mundo. 

Mientras la represión y la razia se llevaba adelante en las calles de la ciudad, los consejeros estudiantiles de la Agrupación Franja Morada y el MOI votaban a favor de la implementación de la LES en la Asamblea Universitaria de la UNLP.

Llegada la noche y terminada la Asamblea, Alberto Piotti fue liberando a cuenta gotas a todos los detenidos.

Felipe Bertola

Cuando estaba en la panza, mi vieja me cantaba “Significado de Patria” para tranquilizarme. En la comunicación y organización popular encontré la clave para poder “ser la revancha de todxs aquellxs”. Como todo buen platense, sé lo que es ganar una Copa Libertadores.

Mosaico de un intelectual estético, de barro y biblioteca

Mosaico de un intelectual estético, de barro y biblioteca

TIEMPO DE LECTURA: 11 min.

Gustavo Legardón murió en mayo de 2005 a sus 43 años, producto de un cáncer derivado de su enfermedad de base VIH-Sida. Licenciado en Trabajo Social, intelectual, docente y revolucionario en su concepción del VIH como epidemia de la desigualdad, su vida transcurrió a gran velocidad. Amigos, colegas y compañeros reconstruyen en esta nota, vida y legado de un ícono de lxs trabajadores sociales.

Con los ojos abiertos palpitando su agonía, Gustavo Sergio “Yogui” Legardón murió en el silencio de la habitación hospitalaria del Sudamericano. Sonaba en su mente la frase “Tú no puedes volver atrás porque la vida ya te empuja como un aullido interminable… interminable” de la canción “Palabras para Julia”, predilecta en sus clases como docente de la Facultad de Trabajo Social. 

Recordado por su incomodidad y su presencia disruptiva, pensador a la altura de los grandes pero embarrado hasta las rodillas. El concepto de intelectual orgánico hecho carne. Amado y odiado al mismo tiempo. Muy amigo de sus amigos y apegado a su madre hasta el extremo. Ícono de la etapa fundacional de la Facultad de Trabajo Social de la Universidad Nacional de La Plata. Luchador por la justicia social y los despojados de la sociedad. Enfermo de sida y entregado a cambiarle la vida a sus hermanos de sangre.

Su vida se apagó en mayo de 2005 a sus 43 años. El legado de Yogui vive en la facultad, en la amplia biblioteca que lo formó, en la remera de la Agrupación Gustavo Legardón, en el recuerdo intacto de todos aquellos que lo cruzaron y no podrían olvidarlo aunque quisieran. No murió solo en el hospital. Lo acompañaban sus amigos que se despertaron a la madrugada en la hora final, los que pelearon con los médicos porque no se permitían acompañantes, los que se enteraron al día siguiente. Abrazado por su familia que nunca lo dejó de llorar. Y vive en el reconocimiento académico, dónde siempre cuesta reconocer en vida a sus hijos pródigos. 

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En una de las inmensas aulas anfiteatradas de la Facultad de Medicina donde cursaban los ingresantes de la Escuela de Trabajo Social en 1984. Una voz ronca le espetó a Claudio Ríos: ¿Qué opinas de la “Comunidad Organizada”?

La pregunta cortó el aire del joven peronista de izquierda que había logrado el ingreso irrestricto de los estudiantes días atrás. 

La curiosidad venía de un jóven que había vivido su primera experiencia militante en el peronismo ortodoxo, en la agrupación Unidad, solidaridad y organización de Tandil. Quizás allí radique la esencia ideológica de lo que sería su trayectoria de vida y el compromiso por la igualdad. 

Ese fue el punto de partida de una larga amistad entre dos militantes entregados a la construcción de su carrera. Ese año, junto a un grupo de compañeros, comenzaron a construir el Centro de Estudiantes de Trabajo Social, armaron el cuerpo de delegados por curso y llamaron a elecciones para octubre. El grupo se dividió por una gran diferencia política: la vinculación de un sector con los nacientes organismos de Derechos Humanos y su intención de participar de las marchas con la bandera “Aparición con vida” de los desaparecidos de la reciente dictadura militar. Esa fragmentación dio origen a la primera agrupación de la Escuela de Trabajo Social. Con la idea de reivindicar el trabajo social latinoamericanista, Yogui, como uno de sus líderes, propuso el nombre “Tupac Amaru” y convenció a todos. Esta agrupación, formada por un componente peronista, trotskista y comunista, se presentó en las elecciones y perdió contra los radicales.

La Escuela de Trabajo Social se convirtió en su lugar en el mundo, en su refugio y su lugar de construcción política. El grupo de compañeros dio pasos fundamentales para que la Escuela Superior de Trabajo Social logre autonomía, reforme su plan de estudios, se normalice y, 10 años después, se convierta en facultad. Yogui no lo llegó a ver pero su participación fue clave para alcanzar ese logro.

“Si había alguien con ideas en esta facultad era él, muchas veces eran ideas muy locas que costaban. Pero fue el primero que trajo en los 90 los movimientos de desocupados, de diversidad, de VIH, siempre fue el que conectó con el afuera de la facultad. Yogui fue fundamental en la construcción de esta facultad”, recuerda Claudio Ríos, docente de la Facultad de Trabajo Social de la UNLP.

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A caballo de los estragos que provocaba el neoliberalismo a principios de siglo, embanderados en el sexo, las drogas y el rock and roll, Gustavo Legardón y Gaston Melio comienzan a pensar una organización que le da voz a los enfermos de VIH-Sida, a los marginales de lo marginal. 

Así nace A.D.D.H.E.S: Autoconvocados en Defensa de los Derechos Humanos de las personas con VIH-Sida. Empezó siendo un grupo reducido con un sistema de organización asambleario que no dependía de ningún partido político, a tono con el descreimiento en la política institucional de la época. Rápidamente se arman grupos en los barrios platenses que se enteran de boca en boca y se suma gente de otras ciudades. La idea: trabajar el VIH donde lastima con más fiereza, en la pobreza.

Yogui se encargaba del trabajo intelectual en articulación con la Facultad de Trabajo Social. Y Melio organizaba el territorio. Hacían una dupla explosiva. Organizaban seminarios, charlas, piquetes; pateaban puertas de oficinas de cualquier funcionario en pos de conseguir el acceso a los derechos; entregaban mercadería y hacían asambleas todas las semanas para ver cuál era la próxima demanda. 

“No puede ser que se estén peleando por las mandarinas, yo quiero que ustedes sean dirigentes”, les decía Yogui a los compañeros que integraban A.D.D.H.E.S. Él quería que abandonaran el lugar de excluidos, que decidieran sobre la realidad social y política que les había tocado.

En la facultad había un espacio abandonado perteneciente al viejo batallón militar. Un día Gastón lo vió y le comentó a Yogui la idea de transformarlo en el cuarto de A.D.D.H.E.S, una especie de unidad básica para evitar los encuentros a bajas temperaturas que hasta entonces eran en la calle o en el patio de la Facultad. Yogui dijo: ¿Por qué no?, y se puso en marcha la construcción de ese espacio. “A mi se me ocurría una idea y él la potenciaba. Eso era él, no arrugaba a los desafíos.”

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Año 1996: Yogui dirige los cursos de ingreso de la Facultad de Trabajo Social. Se para ante un aula llena de ingresantes y saca un ovillo de lana y se lo da a un estudiante.

Tomá, hablá. Después se lo tenés que pasar a tu compañero.

No reparaba en la vergüenza de un estudiante recién llegado a la Universidad. Incomodaba con sus preguntas, quería que sus estudiantes piensen críticamente. “Te sacaba a la cancha como profesional en formación”, recuerda Elina Contreras, alumna de Gustavo Legardón y actual docente de la Facultad.

Su experiencia como profesor comenzó cuando cursaba tercer año de la carrera en la cátedra III de Trabajo Social, a título de “ayudante estudiante”. A principios de los 90 se graduó como Licenciado en Trabajo Social y comenzó a trabajar en residencias en el centro de salud del barrio Hernández. Ahí se destacó por su trabajo interdisciplinario con la gente, generaba organización, se embanderaba de las luchas que tenían en ese entonces por la falta de agua y se la jugaba todo el tiempo con ellos por el acceso a los derechos. 

En el año 92 volvió a la Facultad para ser docente en la misma cátedra donde había comenzado como ayudante. 

“Cuando lo conocí lo primero que me maravilló fue su trabajo comunitario como referente de prácticas en el barrio Hernández, y lo segundo fue su trabajo como docente”, cuenta Analía Chilemi, compañera, amiga y trabajadora social. “Y yo que estaba en crisis con la carrera fue muy significativo el aporte de él porque me empecé a ver desde otro lugar como futura profesional”, agrega. 

Era una persona muy formada y rigurosa con su lectura y escritura. Y también en su clases proponía la interpelación constante a sus estudiantes, buscaba que no pasen por su aula como una materia más sino que salgan interpelados por cúal iba a ser el rol de cada uno dentro de la carrera. Para él, saber utilizar el conocimiento en la acción profesional era decisivo para no cometer prejuicios e injusticias predeterminados por el sistema. Para eso usaba una multiplicidad de recursos: llevaba películas, letras de canciones, lecturas sobre mitología, trabajaba desde lo artístico pero leyéndolo política y disciplinariamente, algo muy disruptivo en la academia para los años 90. 

Su madre era maestra de escuela, desde muy niño creció en aulas y la acompañó en sus proyectos educativos. Quizás por esa fuerte inspiración se tomó con gran compromiso la educación como arma de liberación.

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“Yo no soy gay, yo soy puto. En el barrio no hay gays, solo hay putos” recuerda su amigo y confidente Ninja Mazzucheli.

En el 85 se casó con Laura, estudiante de artes plásticas en la Facultad de Bellas Artes, y en menos de dos años se separó.

A principios de los 90 comenzó a manifestar su homosexualidad a personas cercanas, pero de sin conflicto, no era un problema para él. No lo asumía públicamente, tampoco lo negaba. Lo vivió como un gran proceso existencial pero no sufrido. Era su vida privada.

No sentía discriminación pero sabía que la había y a mediados de los 90 incorporó la lucha por la diversidad en su militancia política. Como fotógrafo, en el año 94 presentó su primera serie de fotografías a chicas trans en blanco y negro. En su lucha contra la discriminación a la personas enfermas de VIH y sida batalló contra el estigma hacia la comunidad gay. 

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Sus amigos lo definen como un artista en todas las facetas de su vida, una persona profundamente estética. Capaz de meterse en el caos, la oscuridad, la violencia y salir con algo de eso, escribirlo y trabajarlo.

En un contexto de reviente social, llevaba adelante una vida alocada con un gran problema de consumo de cocaína. No era un despreocupado, él necesitaba dejar de pensar, sentía las injusticias a flor de piel. “El conocer duele”, decía. Su confidente Ninja Mazzucheli explica: “Tal vez para muchas personas les cueste comprender su vida alocada, pero puedo asegurar que fue sumamente cuidadosa con los otros, tal vez no con él”.

Disfrutaba de los pequeños lujos, si quería un tapado era uno caro, si se compraba un perfume era importado. Nunca lo ibas a ver sin afeitar. Los fines de semana visitaba a su madre que le compraba ropa, se la lavaba y planchaba. Y como un niño con su juguete nuevo, la usaba de uniforme durante toda la semana, se metía en los barrios más humildes de la ciudad, en los bares, en el aula y hasta en la cama con la misma pilcha. “Tenía ropa divina, pero la hacía percha de andar siempre con lo mismo”, recuerda Analía. “Era muy cuidadoso de lo estetico, pero nunca le vi una cuota de discriminación por la forma de vestir de alguien”, dice. 

Tenía un gran registro del otro. Era un amante de las relaciones humanas, capaz de entrar en diálogo con cualquiera y maravillarlo. Pero si en esa conversación le decía algo injusto para con el otro era capaz de pasar de la charla a los gritos en un segundo. “Él era fuerte y quería que todos lo seamos”, asegura Ninja Mazzucheli

“Era muy solidario, no le importaba nada, se sacaba cosas de él para dártelas. Un día tenía la biblioteca llena y al otro día vacía”, cuenta Analía Chilemi

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El 29 de octubre de 2005 se realiza una asamblea de todos los claustros donde se anuncia el pase a Facultad de la Escuela Superior de Trabajo Social. Entre tantos oradores se acercan tres estudiantes con el nombre de Gustavo Legardón en representación del claustro estudiantil. A partir de ese momento nace la agrupación que lleva su nombre. 

“Elegimos ese nombre porque era la reivindicación de una línea del trabajo social que no estaba muy presente, era la reivindicación de un trabajo social militante de contenido ético y estético”, dice Federico Lopardo, fundador de la agrupación. 

Sofía Alberino, también fundadora, agrega: “En relación al ejercicio del trabajo social, entendíamos que quien mejor representaba cómo debía ejecutarse, era la experiencia de Yogui, porque era quién mejor articulaba con los movimientos sociales, pero no sólo desde una mirada militante, sino desde un perfil profesional. Eso era lo distintivo”.

18 años después la agrupación Gustavo Legardón sigue habitando los pasillos de la facultad. 

“La primera vez que escuché hablar de Yogui me generó mucha bronca no haberlo conocido. Pero también me condujo a una gran responsabilidad política, histórica y profesional de entender al trabajo social como un trabajo revolucionario que no sea mero reproductor de la miseria cotidiana, sino que apunte a transformar las condiciones de vida de la gente. Lo leemos, lo releemos y lo traemos todo el día a la facultad. Nos gustaría tener más escritos porque todo lo que leemos es una gran denuncia al mundo en el que vivimos y un gran compromiso por cambiarlo”, reflexiona Valentina Cabrera, estudiante y referenta de la agrupación.

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Acostado sobre la cama de su mamá Zelfa, casi a oscuras, como resistencia a su cansancio y fiel a su vitalidad, Yogui seguía proyectando ideas y sueños. Cuenta Analía que, en esa intimidad, anhelaba poder construir una casa gigante para los niños que habían quedado huérfanos porque sus padres habían muerto de Sida. Una casa que huela a chocolate y se llene de vida. 

En noviembre de 2004, mientras llevaba adelante su tratamiento, comenzó con un dolor en la espalda, fue al médico y le detectaron un cáncer terminal con pronóstico de un año. Con un shock muy fuerte leyó una y otra vez el papel, reza el tango dedicado a él de la banda Límon. 

A pocos meses, mientras dictaba el Seminario de Educación Popular, fue internado por complicaciones en su enfermedad. Pensó que serían pocos días y le pidió a Analía que lo cubra. Tarea difícil porque él mismo era la clase. Yogui se convirtió en ese momento en muchos Yoguis, como piezas que forman un mosaico. Se fragmentó entre los amigos que lo amaban, los alumnos entusiastas de sus clases, los pasillos de la facultad y su biblioteca, en A.D.D.H.E.S. y en las nuevas generaciones que llevan su nombre como bandera.

“Si no somos capaces de vivir nuestra profesión con el compromiso que su propia esencia interventiva nos impone, hagamos al menos lo imposible por no ser meros reproductores del mercado de la miseria y de la indiferencia o de la brutal hipocresía, de cara a gente que como certero antaño aseguro Marx, nos necesitan en acciones políticas directas, situadas y cooperadas para transformar aun cuando molecularmente, la realidad feroz de la opresión y dolor que se vive en la realidad social”.  

Gustavo Yogui Legardón.

 


Morena Lopardo

Platense, productora de radio y estudiante de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social UNLP.

 “Vos sabrás cómo iluminarme el camino, vos podrás llegar hasta donde llega Dios”  

 “Vos sabrás cómo iluminarme el camino, vos podrás llegar hasta donde llega Dios”  

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730 días del paso a la inmortalidad de Diego Armando Maradona. ¿Quién iba a decir que la silueta del profeta estaba adosada a la pelota? ¿Cómo seguimos ahora Pelusa, dónde nos subimos al tren del ALBA?

En el sueño más recurrente de los últimos tiempos, el gordo Alorsa me susurra al oído la imposibilidad de no ir en busca de tu encuentro. Me deja perpleja la idea de salir de la admiración bajo el intento de relativizar teóricamente el interrogante sobre tu deidad, sería preguntarle al agua por qué corre, o al río por qué es río. 

Pecaría de insuficiente cualquier tipo de respuesta, y sería correr un riesgo al cual me niego, el intentar racionalizar lo incomprensible. Pasa que, lo polémico de tu personaje, tus míticas proezas dentro y fuera de la cancha, hace tiempo se supo que no responden a las lógicas de este plano. Es la sencillez de lo complejo. El vertiginoso reflejo de lo inabarcable condensado en una gambeta. La irreverencia sudaca vestida de Gucci. La prueba fehaciente de la dignidad humana domada en la farra, enaltecida. 

Sé que esto debería ser escrito desde cierta objetividad propia de los descorazonados y tibios pensadores. Moralistas racionales, verdugos del sentir. Pero no puedo, no me pidan entereza y templanza cuando se trata de este hombre. Un tango acompasa el pecho mientras te pienso y sonrío esquizofrenicamente feliz al son de tu voz enterneciendo el sonso sonajero del sueño del pibe. 

 En las vueltas del carrusel con tu afán de ganador, zarpaste la llave y más de una sonrisa. Sacaste pasaje del barro al edén para llevarnos cabalgando en caballitos de lata a tu cielo. Desconozco qué varita nos tocó para ser destinatarios de tal sucesión de imposibilidades burlescas a la razón, de esas acrobacias plagadas de picardía. Una pincelada de magia piantada, un quilombito reservado para el cielo de los sin jeta. 

Doña tota suena inamovible en todo relato y me gustaría estar colgada al cable del teléfono para decirte que nos hiciste el pueblo más feliz del mundo, y que indefectiblemente si vos jugabas para ella, a nosotros nos toca jugar para vos. Porque amar a la madre es una patriada indivisible del amor al pueblo.

Me gustaría decir que todo esto es un chiste perverso de algún canalla. Prender la radio y sentir el ronroneo pausado de tu voz acusando de traidores y giles a los que no abracen las causas justas. Saber dónde descansa ese grito atronador que resquebraja el mundo, la rebelión que se acuesta en el reverso de esa zurda endemoniada. 

Pero son 730 días en el torbellino de una vida entrelazada a la brisa arrabalera de esos rulos azabache que nos salpican otra vez sobre tu imagen. ¿Quién iba a decir que la silueta del profeta estaba adosada a la pelota? ¿Cómo seguimos ahora Pelusa, dónde nos subimos al tren del ALBA? ¿Cómo damos otra vez con vos?

La cosa se ciñe en este suelo escamoso que supo moldear tu arcilla. Ante la desintegración y la pérdida del eje que nos centre en el mapa, faltan indios, faltas vos. 

Prometemos seguir recordándote en cada rinconcito de este trémulo y revoltoso mundo, para encontrar en la vorágine un faro que ayude a tirar el ancla y reconstruir el rumbo, siempre y cuando prometas volver en el viento fresco que sube desde el sur a entregarnos llantos y sonrisas. 

Promesas de nuevas revanchas, se entregan como besos en los altares. Sos y serás Dieguito, la viva imagen de la esperanza. En este mundo desesperanzado que se pierde en el escarnio de las justas injusticias, serás la estampita guardada en la billetera para ser besada ante la incertidumbre, los ojos clavados en las estrellas buscado a las fugaces gambetas de los astros, las rodillas clavadas en el suelo con las yemas prendidas a rosarios de plástico. Y como el Pato dijo alguna vez… 

 “Vos sabrás cómo iluminarme el camino, Vos podrás llegar hasta donde llega Dios”.  

Manuela Bertola
Manuela Bertola

Hija y nieta de la historia de nuestro pueblo. Estudiante de sociología. Nacida y criada en la ciudad donde las diagonales tocan el sol.

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