Hoxha y el legado socialista olvidado de Albania

La prensa y la historiografía liberales y eurocéntricas siempre han demonizado al líder comunista Enver Hoxha y a la experiencia socialista de Albania. Y, de hecho, han tratado de condenar al olvido al socialismo albanés luego del fin de la Guerra Fría. Como un acto de memoria histórica, aquí queremos desmitificar versiones tergiversadas de Occidente y rescatar el legado socialista, antiimperialista y popular de Hoxha.

En el marco de la Segunda Guerra Mundial, surgieron movimientos partisanos revolucionarios marxistas en gran parte de Europa Central y los Balcanes, combatiendo de forma heroica contra las fuerzas fascistas. De esos grupos antifacistas surgieron militantes comunistas en Albania, pequeño país del Adriático, que brindó a la humanidad soldados para poner fin a la amenaza hitlerista. Uno de los más destacados fue un tal Enver Hoxha, fervoroso lector de Marx, Engels, Lenin, Stalin y también Mao Tse Tung. Un pequeño Partido Comunista de Albania (PKSH) fue fundado el 8 de noviembre de 1941 y Hoxha, representante de los partisanos que luchaban en tierras serbias, asumió la secretaría general como figura de consenso porque era uno de los pocos miembros con formación en el extranjero.

Henver Hoxha junto a camaradas partisanos de Albania

En septiembre de 1943 los nazis alemanes invaden Albania para detener el avance de los guerrilleros comunistas liderados por Hoxha. Los partisanos albaneses no se rindieron tan fácilmente y con un masivo apoyo de la población rural y de sindicatos obreros de Tirana, capital del país, lograron formar milicias populares. Hoxha coordinó esa acción y PKSH creó un autodenominado “Consejo Antifascista de Liberación Nacional” liderado por él mismo. Los partisanos albaneses tomaron el control de Tirana el 17 de noviembre de 1944 y del resto del país el 29 de noviembre. Antes de finalizar la Segunda Guerra Mundial, Albania selló un acuerdo por el que Kosovo se integraría en Yugoslavia como provincia autónoma.

Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial y de la ocupación alemana, Albania pasó a ser gobernada por un gobierno controlado por los partisanos locales, dirigidos por Hoxha y Koçi Xoxe. El Consejo Antifascista de Liberación Nacional asumió el gobierno provisional, por lo que Hoxha se convertía en el primer ministro interino. El 11 de enero de 1946 se produjo la proclamación definitiva de la República Popular de Albania, aboliendo el anterior régimen monárquico e instaurando un estado socialista basado en el ejemplo de la vecina República Federativa de Yugoslavia. Hoxha mantuvo tanto el cargo de primer secretario del PKSH como el de primer ministro. Rápidamente, Hoxha no dudó en aplicar los apremiantes postulados marxistas-leninistas para la formación de un gobierno popular. Se decretó una reforma agraria, se expropiaron tierras a los antiguos señores feudales, se nacionalizaron las minas, se estatizó la banca y se confiscaron todas las empresas foráneas. Con ayuda de la Unión Soviética y la Yugoslavia del general Tito se crearon ambiciosos planes quinquenales para tratar de industrializar a uno de los países más agrarios y feudalizados de la Europa balcánica de mediados del siglo XX. El monarca Zog I de Albania, exiliado en Francia, vio como se le prohibía regresar a Tirana bajo pena de muerte.

Después de que Yugoslavia fuese expulsada de la Kominform, Hoxha mejoró las relaciones diplomáticas con la Unión Soviética de Stalin, del que siempre fue un firme defensor. La alianza convertía a Albania en el socio preferente de los Balcanes y resultó beneficiosa para los planes de industrialización, pues los soviéticos pagaban más por la materia prima y contaban con mejor tecnología. En total invirtieron unos 200 millones de dólares entre 1948 y 1960. A nivel exterior, la República Popular fue admitida en el Consejo de Ayuda Mutua Económica (COMECON) en 1949. Los acuerdos implicaban también la construcción de una base militar submarina en la isla de Sazan, la implantación de las herramientas fiscales soviéticas (entre ellas la planificación quinquenal) y el apoyo fundacional a la cooperación militar del Pacto de Varsovia (1955).

Hoxha junto a Stalin en Moscú

Albania y la URSS mantuvieron una buena sintonía hasta el fallecimiento de Stalin en 1953. El ascenso de Nikita Jrushchov supuso una degradación de las relaciones diplomáticas entre ambos estados. Todo ello le llevó a un acercamiento con la República Popular China, abiertamente enfrentada con Jrushchov, así como a denunciar lo que él consideraba “prácticas revisionistas”. Hoxha vio con buenos ojos también a la República Popular Democrática de Corea y simpatizó con la Revolución Cubana liderada por Fidel Castro. Aunque el mandatario aplaudió el derrocamiento de Jrushchov en 1964, las tensiones continuaron con Leonid Brézhnev,​ Albania llegaría a condenar tanto la invasión de Checoslovaquia por el Pacto de Varsovia (1968) como “la doctrina de soberanía limitada”.

Cartel de China maoísta avalando la alianza con la Albania de Hoxha

Hoxha era todo un comunista muy protestón cuando las cosas en el campo socialista de la Guerra Fría se “desviaban”. La histórica visita del mandatario estaodunidense Richard Nixon a China en 1972 supuso un cambio total en la relación sino-albanesa. A partir de ese momento, los chinos comenzaron a exigir un retorno económico por sus ayudas. En 1976 los nuevos dirigentes del Partido Comunista de China pusieron fin a la “teoría de los tres mundos” y retomaron el contacto con Yugoslavia, a lo que Hoxha respondió llamándoles “renegados de Stalin”.​ La ruptura sino-albanesa quedó confirmada en 1978.

Hoxha junto a Mao Tse Tung en Pekín.

Desde entonces, Albania intentó imitar a las ideas de “autarquía socialista” de los norcoreanos y hasta buscó aplicar las medidas de los “estímulos morales” en el trabajo que propiciaba el Che Guevara en Cuba cuando era ministro de industrias. Hoxha apoyó la idea del trabajo voluntario y movilizó a toda Albania para crear escuelas, hospitales, carreteras, viviendas, cuarteles militares, parques de diversión y facultades universitarias en Tirana y en otras ciudades del país. En materia cultural, estatizó a todo el sistema educativo y al de salud, imitando el sistema de los cubanos. También se cerraron iglesias cristianas, mezquistas musulmanes y todo centro privado de tertulias intelectualoides. ​ Otro aspecto relevante de las medidas de Hoxha fue el “ateísmo de Estado”, establecido mediante un decreto ley de 1967. Antes de la llegada del comunismo, Albania era un país mayoritariamente musulmán, tribal y marcado por tradiciones feudales que Hoxha juzgaba como un peligro para la integridad nacional. Si bien  había liberta de culto, este tenía que ser “privado y familiar”.

Hoxha junto al líder norcoreano Kim il Sung

Hoxha fue partidario del no alineamiento total en el Tercer Mundo. Con ayuda norcoreana, cubana y vietnamita, Albania comunista logró índices de desarrollo humano similares a su vecina Italia capitalista. Se alfabetizó a más del 90 % de la población y las mujeres lograron derechos civiles, al abolir a las viejas tradiciones feudales patriarcales de la era precomunista. Bajo la dirección del Partido del Trabajo de Albania, Hoxha trató de crear una identidad nacional antiimperilaista única en los Balcanes. El nivel del vida de los albaneses creció bajo el socialismo y los derechos a la salud, al trabajo formal, a la vivienda, a los seguros sociales, a jubilaciones bien pagas, a las vacaciones de los obreros y a la despenalización del aborto entre las mujeres fueron totalmente garantizados en tiempos de Hoxha. Y hasta dejó un legado ideológico propio. Luego de su ruptura con la URSS, varias organizaciones internacionales se declararon “hoxhaístas”, que ha calado fondo en algunas facciones izquierdistas de Italia, España y Francia en los últimos 30 años.

El Che reunido con una delegación enviada por Hoxha a Cuba

Hoxha falleció el 11 de abril de 1985 y su funeral fue de estado y muy llorado por la población albanesa. Hoxha fue enterrado con honores en el cementerio nacional de los Mártires de Albania, donde permanecería hasta 1992. Tras su muerte, no faltaron los traidores al comunismo albanés que en 1991 se entregaron al capitalismo, la democracia burguesa multipartidista y el modo de vida occidental. El sistema económico de Albania ha cambiado por completo desde la muerte de Hoxha. Los sucesores de Hoxha iniciaron reformas estructurales para modificar la economía centralizada, y desde los años 1990 se han encaminado a un sistema capitalista equiparable al resto de Europa, con privatizaciones en la industria y la agricultura, control de déficit y una reforma completa del sector financiero. Llegaron tecnócratas del Banco Mundial, del FMI, de bancos de Alemania, Francia, Italia y España, como así también muchos diplomáticos y asesores militares de Estados Unidos.

Gracias al capitalismo invasor, Albania fue convertida en el país más empobrecido de Europa. Con Hoxha era el más desarrollado de la región socialista de los Balcanes. Aún persisten grupos que siguen levantando las banderas de Hoxha en Albania, pero están muy fragmentados y sumidos en los internismos occidentaloides posmodernos. Hoxha dejó el legado de una Patria Socialista y Popular que algún día retomará su curso.

Hoxha siempre fue un admirador de Stalin

Fuentes:
https://www.youtube.com/watch?v=xlYds21MRuI
https://www.youtube.com/watch?v=pO0XK4UCNW4
https://www.youtube.com/watch?v=fbXN99qxv7M

2 pensamientos sobre “Hoxha y el legado socialista olvidado de Albania

  1. Hoxha Nunca advirtio la traición al ideal Comunista del estalinismo y siguiendo el ideal estalinista, el destino de Albania fue el mismo que el de la URSS: el regreso al capitalismo en medio de la mayor pobreza. Todavía dirigentes comunistas siguen empecinados en aquel modelo ampliamente fracasado de «socialismo» que en realidad es una dictadura de un partido único y por encima del Estado y la Ley de ellos mismos: Corea del Norte, China, Vietnam y Cuba…

  2. Esta típica visión occidental de una especie de una supuesta izquierda contestataria, pero que se acerca a las críticas del liberalismo republicano viceralmente anticomunista, no concuerda con las realidades históricas en Albania y el mundo del socialismo en tiempos de guerra fría. Las repúblicas socialistas de aquellos tiempos plantearon una economía estatal planificada que fue un desafío para el mundo del capitalismo. Pese a sus dificultades, esa economía estatal planificada persiste y sigue siendo atacada por las derechas actuales, que ven peligrosa la existencia de experiencias estatales que siguen brindando servicios de educación y de salud para toda su población, como sucede en la República de Cuba y la República Popular Democrática de Corea (RPDC), países en los que hemos estudiado y pudimos ver de cerca, durante mucho tiempo, sus dinámicas, no sin dificultades. Los intentos de socialismos en países como Albania surgieron de experiencias de luchas populares y a pesar de los embates lograron desarrollos locales muy significativos que otras naciones no han logrado. Y decir que son «dictaduras de partido único» y demás, son expresiones típicas de la CNN o cualquier canal exégeta de la derecha en cualquier parte del mundo, y que no es así. Para ser más técnicos, en la RPDC hay tres partidos políticos, y en el resto de los países los partidos comunistas hay tendencias de debates políticos locales y regionales, que pocos conocen o no quieren conocer, porque es más sencillo, insistimos, en reproducir bravuconadas típicas de los medios occidentales y de las nuevas derechas que replican viejos anticomunismos macartistas.

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