Las instituciones deportivas gritan NUNCA MÁS

La última dictadura que atravesó la Argentina marcó su historia. En este sentido, resulta importante reivindicar aquellos espacios que cumplieron un rol fundamental en la sociedad, como lo fueron los clubes. Pese a las más de cuatro décadas que han pasado, siguen comprometidos en reparar la historia de aquellos días. 

Se cumplieron 45 años de aquel 24 de marzo de 1976 en el que se dio el último golpe de Estado que derrocó al gobierno constitucional de María Estela Martínez y dio comienzo a una dictadura que duró 7 años. El deporte -como muchos otros espacios- no estuvo exento de la situación de aquel entonces y las instituciones deportivas cumplieron con un rol más que importante para la sociedad.

Mientras los partidos y los sindicatos tenían prohibidas sus actividades y eran controlados fuertemente, la represión avanzó en las calles, y los clubes, que no fueron intervenidos por la dictadura, se transformaron en un lugar seguro y en un espacio en el que se podía estar tranquilx: muchas familias del barrio optaron por enviar a sus hijxs a que participen en las actividades que se nucleaban allí. 

En aquellos momentos, la ayuda y contención de dichos entes se vio reflejada en el aumento considerable del número de societarios. En la actualidad, los clubes más reconocidos, e incluso los barriales, siguen ese camino y brindan un apoyo gigantesco para contener a la sociedad como en aquellos tiempos y combatir la pandemia: desde brindar un plato de comida y asilo, a ser lugares que funcionan como vacunatorios.

Los Clubes y los socios honorarios

Pese a lo mencionado, varios fueron los dirigentes que cometieron errores en aquel entonces y permitieron que dictadores y genocidas formen parte de los clubes y tengan la distinción de socios honorarios, que solo puede acordar la Asamblea de Representantes, a propuesta de la Comisión Directiva, o a solicitud de trescientos (300) asociados con derecho a voto, a favor de personas que, perteneciendo o no al club, le hayan prestado señalados servicios.

River fue uno de los equipos que supo tener a varios dictadores y genocidas como socios vitalicios/honorarios: Jorge Rafael Videla, Emilio Massera y Orlando Agosti fueron algunos de ellos, mismos que festejaron el 25 de junio en los palcos del Monumental el Mundial ganado por la selección Argentina. Sin embargo, en el 21° aniversario del golpe de Estado, a través de una medida impulsada por Alfredo Bravo -victima del terrorismo de Estado y socio vitalicio del club-, el «Millonario» decidió dar de baja el reconocimiento de los perpetuadores del horror.

Un caso reconocido de aquel entonces se dio en enero de 1979, cuando el arquero Ubaldo Fillol se resistió a renovar su contrato con River y fue citado por el vicealmirante Carlos Alberto Lacoste -la cara del Ente Autárquico Mundial 78 (EAM)- a su despacho. Ahí le apuntaron con fusiles para amedrentarlo, episodio que evidenció la relación de conveniencia de los clubes del fútbol argentino con la última dictadura cívico-militar.

El dictador Roberto Viola, segundo presidente de facto en 1981, condenado por crímenes cometidos durante la dictadura en el Juicio a las Juntas e indultado en 1990 por Carlos Menem, recibió el carnet de socio vitalicio de Colón en junio de 1981. Junto a él, también recibieron la distinción Lacoste y el contraalmirante Rodolfo Luchetta, gobernador de facto de la provincia de Santa Fe. Si bien Viola murió en 1994 con sus reconocimientos vigentes, en 2011 el Sabalero le quitó su condición de socio vitalicio. 

Argentinos Juniors tuvo como socio y titular de la Comisión de Patrimonio a Carlos Suárez Mason -ex jefe del Primer Cuerpo del Ejército durante la última dictadura-, en años en los que Luis Segura era vicepresidente del club. Luego, en 1980, fue declarado socio honorario por utilizar dinero de YPF y la aerolínea Austral para retener a Diego Maradona; el Bicho de la paternal recién le sacó dichas distinciones en 1999.

Boca nombró socios honorarios a los genocidas Emilio Massera y Alcides López Aufranc, general e instructor de torturadores que reprimió a trabajadores en el Cordobazo y en Villa Constitución; la distinción se daría por sus servicios prestados a la construcción del estadio -que nunca se levantó- en la desaparecida Ciudad Deportiva. Sin embargo, el actual presidente del Xeneize Jorge Amor Ameal con la junta directiva, en una reparación de la memoria histórica del club, propusieron a la asamblea de representantes la quita de estas distinciones.

Clubes y socios restituyentes

Durante los años recientes y en contraste con épocas anteriores, en Argentina el compromiso y las indagaciones sobre los lazos entre deporte y dictadura crecieron considerablemente: cada institución deportiva encontró su camino por el cual caminar y llegar a una reparación histórica y de justicia. Por eso, varias instituciones de importancia del fútbol nacional se pusieron la camiseta y lanzaron una campaña para restablecer los carnets de socies desaparecides en la última dictadura cívico-militar.

A través de su Subcomisión de Derechos Humanos, San Lorenzo, en agosto de 2019, fue el primer club en entregar a familiares de 17 socixs e hinchas desaparecidxs carnets de socixs honorarixs. Un homenaje para no olvidar, para seguir elevando el grito de Justicia y para no claudicar en la búsqueda de la verdad. Banfield le siguió los pasos y un mes después restituyó su condición de asociadxs a lxs desaparecidxs que la perdieron durante el terrorismo de Estado, en una convocatoria en la que las Madres de Plaza de Mayo fueron las invitadas especiales. Poco tiempo después, Ferro se sumó al movimiento e hizo un acto de características similares que muestra en la puerta 6 del estadio, los 17 rostros de desaparecidos y desaparecidas a los que allí se les rinde tributo y memoria.

Hace una semana, el plantel de fútbol femenino de Racing visitó el sitio en el que funcionó uno de los centros clandestinos de detención erigidos por los dictadores, cercano a los estadios de Racing e Independiente. A su vez, la Academia anunció que restituirá la condición de socixs a les detenidxs-desaparecidxs por la última dictadura cívico-eclesiástico-militar, en el marco de la reparación de la memoria histórica social.

La idea fue planteada al Departamento de Socios hace algunos meses por cinco socios: Jorge Watts, Osvaldo Santoro, Carlos Ulanovsky, Miguel Laborde y Carlos Krug. Watts fue detenido-desaparecido durante 1978 en el centro clandestino El Vesubio y uno de los fundadores de la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos y falleció el último 3 de marzo de Covid-19. Por su parte, Carlos Krug, socio vitalicio y hermano de Alberto Krug, secuestrado desde el 2 de diciembre de 1976, mencionó: «Sólo tengo palabras de agradecimientos hacia Racing por este acto de reparación que está empezando a gestarse. Es un sueño para mí».

La construcción de Argentinos Juniors se dio mediante la Subcomisión de Derechos Humanos; entre les 7 socies del club cuyos familiares recibirán sus carnés aparece Raymundo Gleyzer, cineasta y cronista, autor de una síntesis que reivindica su existencia y la de muchos: «Nosotros no hacemos films para morir, sino para vivir, para vivir mejor. Y si se nos va la vida en ello, vendrán otros que continuarán».

Estudiantes de La Plata hizo lo propio y, gracias al efecto contagio, ya son varios los clubes que decidieron tomar cartas en el asunto para sumar a sus socies desaparecides. A su vez, Argentinos Juniors también busca en la actualidad restituir como socies a aquellos que tenían esa condición al momento de haber desaparecido.

Por último, tanto Boca como River anunciaron en conjunto la semana pasada que buscarán la reincorporación de sus socies desaparecides en la dictadura por medio de sus familiares para reivindicar su condición y conocer sus historias de vida, para de esta manera fortalecer dichos vínculos y fomentar este acto a diferentes asociaciones.

No solo son los clubes que tienen como deporte estrella al fútbol los que reivindican a socies y deportistas, hay organizaciones deportivas que se sumaron a la propuesta de los organismos de Derechos Humanos que, frente a la imposibilidad de movilizarse debido a los límites que impone la pandemia, impulsan plantar árboles para sembrar memoria.

Incluso en varias ciudades -Roma, Italia y Puerto Madryn, en el sur argentino- se realizó la nueva edición de «La Carrera de Miguel», prueba atlética (con circuitos y para caminantes) que recuerda a les 30.000 desaparecides en la figura del tucumano Miguel Sánchez, corredor de fondo, empleado bancario, poeta, futbolista y militante, secuestrado el 8 de enero de 1978 por un grupo de las fuerzas represivas en el hogar en que vivía con su familia en Berazategui, Provincia de Buenos Aires. 

También se sabe que existe una larga nómina de desaparecides que practicaban deporte de manera federada. La investigadora de la provincia de San Juan, Carola Ochoa, realizó un estudio y llegó a la cifra de 157 jugadores de rugby desaparecides. Su trabajo desembocó en un torneo homenaje, que ya lleva cinco ediciones, dedicado a elles.

A pesar de la pandemia y el distanciamiento físico, el pueblo argentino y las instituciones deportivas no paran, siguen trabajando y pregonando la Memoria, la Verdad y la Justicia pese a levantarse en ciertas redes el discurso negacionista. Hoy más que nunca se entiende la situación y el rol que cumplieron estos espacios en esos siete años de dictadura en el que el pueblo sufrió, y por eso desde el deporte y este espacio se dice NUNCA MÁS.


Eduard Paz
Eduard Paz

Proveniente del sur, me instalé en la ciudad de las diagonales. Fiel pensante que la política y el deporte van de la mano. Siempre me vas a tener al servicio de la comunicación del pueblo y su deporte.


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