Uruguay: 1980, el NO a la dictadura y SÍ a la dignidad

Uruguay: 1980, el NO a la dictadura y SÍ a la dignidad

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El final de noviembre nos deja fechas contundentes, marcadas a fuego en la memoria colectiva de los pueblos. Algunas añejas y otras recientes como el fallecimiento de Diego Armando Maradona, el mismo día que Fidel Castro cuatro años atrás. Desde el cumpleaños de Silvio Rodríguez hasta el día de internacional de solidaridad con el pueblo palestino.

40 años del plebiscito y la construcción permanente de la democracia - La  Colonia Digital

El pueblo uruguayo tuvo una cita ineludible un 30 de noviembre pero de 1980. En un plebiscito que marcó un antes y un después en la historia reciente del país. Aunque suene paradójico la propia dictadura cívico-militar convocó a elecciones para decidir en un plebiscito si darle o no carácter constitucional a la misma dictadura. Maravillas que permiten los sistemas electorales.  

Uruguay estaba sumido en un proceso dictatorial desde el 27 de junio de 1973, cuando el presidente electo bajo fraude, Juan María Bordaberry, se diera un autogolpe y disolviera las cámaras esa misma madrugada.

El proceso autoritario venía desde antes y se puede colocar como mojón fundante la asunción de Jorge Pacheco Areco en 1968 a raíz del deceso del presidente Oscar Gestido. Medidas prontas de seguridad, inflación galopante, desempleo, paros generales, torturas, represión inusitada, muerte y una incipiente guerrilla.

Ese era el clima del Uruguay que tenía como telón de fondo la Guerra Fría y un anticomunismo, un red scare que teñía todas las esferas de la vida.

Siete años pasaron del golpe hasta el plebiscito, pasando por el fatídico 1976, año donde Argentina cayó en las manos y el garrote de la dictadura y las garras del Plan Cóndor se extienden por todo el Cono Sur. La primavera gris del 80 trajo una flor entre el compost de un continente que tenía a Brasil, Argentina, Chile, Paraguay y Bolivia en dictaduras.

El plebiscito del 80 formaba parte del cronograma trazado por el gobierno en el «Plan Político de las Fuerzas Armadas» aprobado en agosto de 1977 en el cónclave de Santa Teresa, departamento de Rocha. La maquinaria estatal al servicio de la dictadura desplegó todo su arsenal mediático y propagandístico en apoyo al SÍ, en un contexto donde pintar un muro por el NO costaba la vida.

Desaparecidos, torturados, exiliados. Censura, suspensión de las libertades individuales y el derecho a reunión: todo indicaba que la victoria de los golpistas se haría realidad.

La dictadura contó con apoyo civil: empresarios, políticos, medios de comunicación que se manifestaban a favor del golpe, que lo fogoneaban y lo exigían. Creer que la dictadura fue una decisión de militares trasnochados y encabronados es desconocer el papel de la oligarquía autóctona que compartía intereses con la Doctrina de Seguridad Nacional inculcada por Estados Unidos.

LA CÁMARA RINDE HOMENAJE AL TRIUNFO DEL NO, A 40 AÑOS DEL PLEBISCITO |  Parlamento del Uruguay

Es desconocer también el objetivo económico-político de la dictadura ante la clase trabajadora. Tenía claro dos premisas fundamentales: exterminar a los sindicatos y a toda expresión de organización popular y saquear las arcas del Estado para consolidar su proyecto de ajuste.

La primera no lo lograron, aunque el daño fue brutal y extiende sus raíces hasta el día de hoy. La fragmentación y el dolor fueron muy grandes. La segunda premisa se cumplió cabalmente y cumplió los designios de los amos del norte. El neoliberalismo germinó en esta tierra a sangre y fuego.

Las encuestadoras daban un triunfo del SÍ con un 60%. La euforia castrense hizo que permitieran la televisación en vivo del recuento de votos. La historia fue al revés. El NO triunfó con un 57% de los votos. Una bocanada de esperanza en medio del ahogo represivo.

Pero tampoco debe escapar de la lectura de este hecho político, que en ocho departamentos de diecinueve el SÍ triunfó. Incluso en el departamento de Treinta y Tres el proyecto militar obtuvo el 67.74%.

Hoy los uruguayos están a 40 años del plebiscito donde decir NO significó afirmar la vida.

Artículo publicado originalmente en estrategia.la

Nicolás Centurión
Nicolás Centurión

Como dice un rapero: «por amor y por vicio… se convirtió en mi oficio.» La palabra se milita. Junto café con palabras para subsistir en este paréntesis, desde la periferia.

Nuestro Dios ha muerto

Nuestro Dios ha muerto

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El 25 de noviembre el mundo paró la pelota. El silencio se apoderó de las gradas y el planeta, confundido, levantó la mirada y vio que el 10 no estaba en el centro para meterse al área. Durante ese minuto de desconcierto, el mundo recordó todo aquello que el 10 temía que fuese olvidado: sus gambetas dibujadas, que ha tanto facho le pintaron la cara; las polémicas transmitidas por todos los medios; las peleas y goleadas. Todo eso que es el Diego, tan distinto e igual a nosotres que es imposible negar su humanidad tanto como su divinidad.

El Dios humano, símbolo de lo bueno y lo malo, el cabecita negra que de un manotazo nos robó la alegría para devolvernos las ganas de soñar. Porque no fue un mundial, son las Malvinas. Fue ver a los ingleses desparramados en suelo latinoamericano. El Diego es el arrabal jugando para América Latina, devolviéndonos el sentimiento de soberanía.

Y no se trata de subirlo a un pedestal para tapar las equivocaciones, no. Que no se confunda, el corazón se nos estruja por la conmoción y la contradicción entra a jugar. Y de eso se trata todo esto, lo popular, de vernos a nosotres mismes en su figura y entendernos pobres, negres, humildes y descamisades intentando sobrevivir en un mundo desigual. El nos enseño a desafiar la comodidad de los poderosos que no le pudieron negar el mérito, y por eso mismo intentaron callarlo.

Sus piernas hablaban un lenguaje universal, aquí y allá iba dejando un reguero de emociones, porque fue el tipo que torció el destino de millones. Por eso el mundo está de luto. Y en las tapas de los diarios se dibujan las camisetas de todos los colores unidas en un acto de amor. Joder, el ultimo ídolo popular, nuestro Dios, ha muerto. Que nadie se atreva a negarnos el llanto.           

Juan Simón
Juan Simón

Comunicador social, fotoperiodista. Especialista en el conflicto colombiano.

Jorgelina Urra
Jorgelina Urra

Para que las ideas no mueran hay que escribir, pero como el lenguaje es un universo lleno de palabras muertas y consejos de la RAE; prefiero hablar desde un léxico más revolucionarie.

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