Pornovenganza: cuando la tecnología y la violencia de género van por el mismo camino

Jonatan “Chino” Pérez*

El sexting actualmente es una de las actividades más recurridas tanto por jóvenes como por adultos dentro de las redes sociales. Claro está que en un ámbito privado y de confianza, esto no daña a nadie y de hecho es disfrutado por los implicados. Pero ¿qué pasa cuando los límites de lo privado se rompen y el contenido llega a la red y en un click dicho contenidos de vueltas por todas partes del mundo?


Con el avance de la tecnología y las formas de comunicación, la sociedad ha adoptado nuevas formas de relacionarse y lo sexual no ha quedado rezagado. El «sexting» es una práctica adoptada por muchos jóvenes y adultos y consiste en el envío o difusión de material erótico o sexual de manera privada (sean fotos o vídeos).

Esta práctica ha tenido un fuerte crecimiento en los jóvenes y ha llegado a casos extremos. Según una investigación realizada en el año 2018 a estudiantes de escuelas secundarias públicas y privadas de la provincia de Tucuman por el Invelec (Conicet-UNT), se estima que 3 de cada 10 alumnos participa activamente, publicando y/o compartiendo de manera privada fotos o videos sexuales.

En la búsqueda de aceptación, ser «populares» entre sus pares, o el poder expresarse y mostrar sus cuerpos de manera libre es por lo general el principal motivo de esta práctica, donde son mujeres las que participan más activamente. Esto no deja exentos a los jóvenes y adultos, los cuales participan para obtener likes en redes, para el «cortejo» en las apps de citas o como “herramienta” en las relaciones a distancia. Ellas comparten su contenido, ellos califican y difunden, y así suben o bajan como si de un programa de Tinelli se tratara, reproduciendo una lógica machista y patriarcal que abunda en nuestra cultura.


La pornovenganza

Como en cualquier caso, el problema aparece cuando se rompen los límites de lo privado. Chicos o chicas que comparten sus fotos por instagram de manera privada a alguien o alguienes (mensajes privados o listas de mejores amigos) con el fin de que el contenido sea visto por una o unas personas específicamente. Estas imágenes o capturas de las mismas se difunden por whatsapp o cualquier otra red social generando un loop en el cual no se termina de saber de donde proviene el contenido y donde es capaz de terminar la cadena, generando un hecho de la humillación pública a la víctima y una condena social.

Las parejas sexuales o sexoafectivas son las más perjudicadas en estos casos. Por poner un ejemplo, en una pareja se comparten fotos y videos con contenido erótico, y dicha relación termina, da lugar a que sucedan dos tipos de situaciones:

–La primera es que cualquiera de los dos extorsione al otro (lo cual se denomina sextorsion) con el difundir dicho contenido si el otro no cumple con algo.

–La otra es que por despecho uno de los dos difunda este contenido condenando al otro a la humillación y condena social.

Sea cual sea el caso, el sujeto perjudicado no sólo debe convivir con esa situación sino que debe pasar por un proceso personal para superarlo, algo nada sencillo teniendo en cuenta el funcionamiento de internet. Una vez que un contenido entra en la red es muy difícil bajarlo en su totalidad por más esfuerzo y medidas que se toman.


Illustration: Tara Jacoby

Primer caso de juicio por pornovenganza

Este año en nuestro país se dio un hecho sin precedentes: por primera vez un hombre será sometido a un juicio por viralizar videos íntimos de su pareja. Tras una espera de más de dos años y medio, el Juzgado de Instrucción en lo Criminal y Correccional N° 3 de la provincia de La Rioja dictó como fecha de inicio del juicio el día 21 de noviembre en el caso denominado como «pornovenganza», en el cual Paula Sánchez Frega denunció a su ex-pareja Patricio Pioli por difundir material íntimo por whatsapp.

La joven de 29 años estuvo en pareja con Patricio durante 8 meses, período que denominó como la “relación más tóxica y conflictiva» que tuvo y en la cual vivió situaciones de violencia verbal y física. Paula, cansada de un sin fin de situaciones de esta índole, le pidió a Patricio separarse. Tras el pedido, su ex no sólo la amenazó en reiteradas oportunidades, sino que difundió fotos y videos íntimos de ella a través de la aplicación Whats App.

Este no fue el único contenido que se difundió, ya que, a distintos medios de la provincia llegaron audios de Patricio amenazándola en reiteradas ocasiones. La joven no se quedó de brazos cruzados y presentó las pruebas necesarias para que le sea trazada una perimetral y vaya a juicio, un caso inédito en nuestro país hasta ese momento.

Si bien esto fue un avance personal para ella, Paula declaró en varias oportunidades que debió pasar por un tratamiento psicológico acompañado de psicofármacos tras caer en una fuerte depresión que la llevó a vivir encerrada durante un largo tiempo.

Con la fecha del juicio ya dictada, se espera que Pioli, que se encuentra imputado por «coacción agravada y lesiones», enfrente una pena máxima de 6 años de prisión, lo que marca que las redes sociales y las nuevas tecnologías no sólo no están exentas del machismo sino que tampoco escapan de la justicia.

El caso de Paula fue el primero en ir a juicio gracias a que, a fines de 2018, se agregó en el Código Penal la pronovenganza, la cual quedó tipificada como un delito informático con una penas de 6 meses a 2 años de prisión con agravantes. Hecho que busca proteger la intimidad de las personas ante las nuevas modalidades delictivas. Este no es un caso aislado y se espera que ante estos hechos muchas de las denuncias realizadas por pornovenganza o sextorsion prosperen de la misma manera.


*Periodista, columnista en "No Se Mancha" y "Columna Vertebral" (ambos en Radio Estación Sur - FM 91,7), responsable de la sección Ciencia y Tecnología de Revista Trinchera y colaborador de Agencia Timón. 

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