Silenciar los escenarios: la paradoja libertaria

Silenciar los escenarios: la paradoja libertaria

TIEMPO DE LECTURA: 9 min.

Autor: Martin Gainle*

El teatro independiente resiste al decreto 345/25, escrito por el gobierno de La Libertad Avanza para dar pie al vaciamiento del Instituto Nacional del Teatro, un organismo que lleva casi tres décadas ampliando el derecho a la cultura. 

Luego de casi un mes sin sesionar, el miércoles pasado la Cámara de Diputados abrió sus puertas para el tratamiento de una serie de proyectos legislativos de suma importancia para el pueblo argentino. Esa tarde, el libertario José Luis Espert se paseó entre las bancadas, mientras relucía como medallas a los seis presos políticos que él mismo mandó a detener en los últimos días. 

Se caldeó dentro del recinto una riña que acabaría por dar pie al levantamiento de la sesión. No sólo quedaron sin tratar el financiamiento universitario, la emergencia en salud pediátrica y la investigación de la criptoestafa del presidente, $LIBRA. También se encontraba dentro del temario la derogación del DNU 345/25.

El Decretazo

El 22 de mayo del corriente año, el vocero presidencial Manuel Adorni comunicó en conferencia de prensa las normativas que emanan del DNU 345/25.  Con recortes y despidos mediante, se dispuso la absorción de diversas instituciones a la órbita de la Secretaría de Cultura dependiente del Ministerio de Capital Humano. Entre ellas, el Instituto Nacional del Teatro.

***

En el salón de la Escuela de Teatro de La Plata (ETLP), sobre una pantalla blanca como telón de fondo, un cañón proyecta una placa de enormes letras negras que reza: “Desmantelar el Instituto Nacional del Teatro es destruir lo que sí funciona”. Las luces están apuntadas sobre una larga mesa en la que se sientan Daniel Gismondi y Gisela Nomdedeu. Cuelga una whipala del lado del primero (presidente de la Asociación de Teatristas del Plata – ATEPLA) y una bandera del orgullo LGBT+, del lado de la segunda (actriz y gestora cultural).

Ambos conducen una charla de panel, la segunda de la jornada, en el marco del Festival Resiste organizado por la misma institución que le da sede. En las butacas, sentadas en la oscuridad, hay varias decenas de personas de todas las generaciones. El virtual cierre del Instituto Nacional del Teatro (INT) tiñe la conversación entre las dos partes de la sala. 

El INT surgió en el marco de la Ley Nacional del Teatro, sancionada en el año 1997. Rotulada bajo el número 24.800, marcó el punto de partida para el desarrollo de las artes escénicas en nuestro país. Dice el artículo 1º de la ley que “la actividad teatral, por su contribución al afianzamiento de la cultura, será objeto de la promoción y apoyo del Estado Nacional”. 

Con esa premisa, la propia ley resolvió la creación del INT como un ente autárquico responsable del cumplimiento de la normativa. Desde entonces, el organismo se dedicó a construir una enorme red a lo largo y a lo ancho de todo el territorio nacional, no sólo fomentando una actividad teatral plural, representativa y diversa, sino también garantizando el acceso al derecho a la cultura para los argentinos en cada rincón.

El vaciamiento del Instituto es político. El Decreto 345 (o decretazo, como lo llaman en la comunidad teatral) apunta a centralizar las decisiones en la figura del Director Ejecutivo, quien estará desde ahora bajo el alerón de la Secretaría de Cultura, dependiente de la cartera de Sandra Petovello. La misma que guardó toneladas de alimentos hasta la putrefacción. 

La maniobra está dirigida a terminar de consolidar el rumbo que el Gobierno Nacional le ha dado al Instituto desde que lo abordó en 2023: destruir el tejido federal y disminuir la asignación de subsidios tanto para obras, como giras y otro tipo de eventos. “Sin el Instituto, no vamos a poder pagar ni la nafta para ir de un pueblo a otro”,  exclama una mujer durante la charla, desde la primera fila de asientos.

¿Cuánto vale la cultura?

“No hay ninguna lógica en el cierre. Lo destinado al Instituto es la misma cifra que se destina a los gastos en combustible del Ministerio de Economía”, afirma Gisela Nomdedeu, que se dispuso a ser entrevistada en la incomodidad de una pequeñísima grada en el hall de entrada de la Escuela de Teatro. Además de actriz y gestora, es una trabajadora del INT y una asidua participante de la Asamblea Federal del Teatro, surgida al calor de los embates al sector durante el último año y medio.

Los principales afectados por este timonazo en los destinos del INT son los trabajadores del teatro independiente: actores y actrices, guionistas, dramaturgos, productores, directores y montones de técnicos que durante casi tres décadas retribuyeron airosamente cada centavo que se invirtió en su sector.

El oficialismo, a través de su vocero presidencial Manuel Adorni, se refirió a un Instituto “sobredimensionado”, donde “se gastaba un 65 por ciento del presupuesto en sueldos y funcionamiento” y “solo un 35 por ciento llegaba efectivamente al teatro”. En función de eso, el portavoz dijo que “la planta ya se redujo en un 20 por ciento”, lo que disminuiría la inversión en 150 millones de pesos anuales. 

Es decir: siguiendo las cuentas del propio Adorni, los sueldos y gastos de funcionamiento del Instituto Nacional del Teatro suponían un gasto anual de 750 millones, previo a los despidos. Si esa cifra representaba el 65% del presupuesto del INT, el total rondaría los 1.150 millones de pesos. En relación al presupuesto 2025, que asciende a casi 116.000 millones de pesos, el INT equivaldría apenas al 0,01% de la inversión pública nacional. 

Además, su principal fuente de financiamiento ni siquiera emana del Tesoro, sino de gravámenes a Lotería Nacional, premios no cobrados y multas que se hacen a los grandes medios de comunicación. 

Con dichos recursos, entre 2022 y 2023 se generaron encuentros federales de formación que llegaron a más de diez mil teatristas; se impulsaron 160 obras dentro de contextos de vulnerabilidad, como unidades penitenciarias y hospitales, así como también junto a comunidades originarias; se subsidiaron más de 7400 producciones y se mejoraron las condiciones edilicias en 267 salas de teatro en todo el país, que en muchas localidades representan el único espacio para el desarrollo de la actividad.

Agrupaciones como Escena, que aglutinan a distintos trabajadores del teatro, estiman que por cada millón de pesos que se invierte en la actividad, se generan entre 12 y 20 puestos de trabajo. Además, según los datos del año 2021, con una inversión del 0,1% del presupuesto total el sector cultural aportó un 1,8% al Producto Interno Bruto nacional. Es decir: se obtuvo 18 veces más de lo financiado.

 “Si bien no es de las más estructuradas, el teatro es una industria cultural. No es solamente un ‘gasto’, sino que es un sector productivo que como cualquier otro sector, tiene sus subsidios y apoyos para que siga existiendo”, sentencia Nomdedeu.

Todos estos datos ponen en sospecha los argumentos economicistas propalados por los manipuladores de la motosierra a la hora de justificar el ajuste sobre la cultura. La entrevistada cree que responden, más bien, a “un desinterés y un discurso de envilecimiento del Estado, como algo que no tiene que existir”, dada la existencia de “un sector de la sociedad que cree que realmente es inútil e innecesario” y a quienes el gobierno libertario pretende seducir. 

También argumenta que existe un motivo “más profundo y relacionado al largo plazo”, referido a que “el arte, la cultura y el teatro son lugares de construcción colectiva; de pensamiento; de diversidad de miradas. Ellos están bastante lejos de todo lo que fomente esa potencia, como cualquiera que profese este pensamiento autoritario”.

  Así es como el Estado, que debería según distintas leyes y tratados a los que adhiere promover el acceso a la cultura, obra en dirección contraria. Más notorio es el atropello contra este derecho al saberse que el INCAA, el Fondo Nacional de las Artes y la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares atraviesan o atravesaron procesos muy similares al INT en el último tiempo.

 Habla de nosotros

Alejo Marschoff, conciudadano platense y teatrista independiente, estima: “vos podés arrancar algo simple, como la obra que estamos haciendo ahora, y estás hablando de 1400 dólares de escenografía y vestuario”. Se refiere a la obra El Ministerio de la Imagen, con la que actualmente recorre los distintos salones de la ciudad y sus alrededores.

Marschoff se sienta en el octavo de mesa que quedaba disponible. El resto de ella (y de todos los muebles de una antiquísima casa en Barrio Hipódromo), está abarrotado de libros. Desde ese rincón, parapetado tras las pilas de textos,  convierte cada diálogo en una suerte de ponencia, citando a varios teóricos del teatro, su más grande afición.

 — ¿Cómo pensás el futuro del teatro con los cambios impuestos?

El teatro viene desde los griegos. Kantor cuenta que, en la Segunda Guerra Mundial, estaban armando una obra en un sótano, escondidos, mientras por la ventana se veía como fusilaban gente en la calle. Al teatro no lo mata nada, y esa es la gran excusa para pegarnos.Un mate lavado le dio el ímpetu para reformular de manera más llana: El teatro se ve como hobby, y la lucha es contra el famoso “¿Por qué lo hacen? Por amor al arte” … ¡Carajo, no es solo amor!

— Los recortes sobre el INT atentan, entre otros aspectos, contra su carácter federal. ¿Cuál es la importancia de que el teatro alcance todos los rincones?

— El teatro es un ritual muy particular, en el que pasan cosas mucho más potentes de lo que uno creería. Una de las obras más famosas del mundo del Siglo XX es Esperando a Godot, fundadora del teatro del Absurdo. Cuando Samuel Beckett la hace (las primeras veces, en Francia) las críticas son despiadadas. La primera crítica llegó desde San Quintin, una cárcel famosa de Estados Unidos, donde los presidiarios dijeron: “Está hablando de nosotros.” La obra trata sobre un tipo que espera, espera y espera, pero nunca llega nada de aquello que aguarda.

— ¿Por qué se serrucha sobre el INT, si representa un porcentaje ínfimo del gasto público fiscal?

Porque la cultura es peligrosa. Los fachos tratan de meterla en un Excel, para que responda de alguna manera a sus pequeñísimos intereses porque, si por algo triunfa el fascismo recurrentemente, es porque es fácil. 

Lo que menos quieren

Ornella es una estudiante del Profesorado de Teatro. Está sentada sola, en una mesa pequeña, de las típicas de escuela secundaria, al costado de la puerta de entrada de la Escuela de Teatro. “Creo que Milei gasta mucho más en viajes en Estados Unidos que lo que puede llegar a implicar la inversión en el INT”, afirma.

En efecto, según datos de la Secretaría General de la Presidencia, en un año y medio de gobierno Javier Milei destinó más de 3.200 millones de pesos a viajes internacionales, incluyendo vuelos privados, traslados, seguridad y logística. Osea, casi tres veces más que lo destinado anualmente al ente que por decreto pretende extinguir. Restaría, además, contabilizar los gastos de dietas y hospedaje. Y esos sí que salen del Tesoro y los contribuyentes.

 De ese total, se estima que alrededor del 30%, equivalente a más de $960 millones de pesos, fue destinado a viajes sin carácter oficial o de agenda institucional, como actos partidarios, premiaciones personales o foros ideológicos en el exterior. Osea digamos: el presidente puede gastar cientos de millones de pesos para dirigirse al Foro de Davos en Suecia y acusar a los homosexuales  de pedófilos, pero no en que el Hospital de Niños pueda ser escenario de una obra teatral. 

Unos metros por encima de Ornella, cuelga una bandera negra, sobre la que brilla una estampa de la intérprete de Se dice de Mí y una inscripción que dice: Centro de Estudiantes Tita Merello – ETLP. “Como joven, me preocupa muchísimo la situación” confirma Ornella, y finaliza diciendo que “atacan al teatro, sobre todo, porque es una manera de ser libres. Este gobierno, lo que menos quiere, es la libertad”.


*Martin Gainle

Platense de City Bell y egresado del Colegio Nacional. En eso y algo más, queriendome parecer a Fede Moura. Estudio Comunicación Social en la Universidad Nacional de La Plata.

El teatro es compartirnos

El teatro es compartirnos

TIEMPO DE LECTURA: 3 min.

El viernes 4 de agosto tuvo lugar en la ciudad de La Plata, la novena edición de la Noche de los Teatros luego de tres años sin suceder. 

La Noche de los Teatros es un evento encabezado por la Asociación de Teatristas del Plata (ATEPLA), con la finalidad de difundir el trabajo llevado a cabo por teatristas independientes y trabajadores de la cultura. Este evento contó con 17 salas independientes que abrieron sus puertas de forma gratuita para invitar al público a conocer el trabajo llevado a cabo todos los años por quienes componen la movida de teatros independientes en La Plata.

“El espíritu de la noche de los teatros es la gratuidad y abrir los espacios a todes, es un momento donde las salas y los equipos nos abrimos a la comunidad para compartir lo que trabajamos. Cada sala es una cantidad enorme de trabajo”, comentó a C.A.P.T.O, Leo Ringer, secretario de ATEPLA.

La Noche de los Teatros no solo es una oportunidad de difusión, sino que es el resultado de un trabajo a puro pulmón. Las salas independientes no cuentan con la morfología de una obra de teatro tradicional, muchas de estas salas son espacios como casonas antiguas o locales no pensados como teatros, llevando al espectador una propuesta atípica de la cual formar parte. Las salas fueron puestas a disposición por los mismos teatristas, ante la necesidad de crear espacios físicos donde realizar la tarea teatral; sin un apoyo como lo tienen los teatros tradicionales. Sino que se abre a nuevas experiencias donde la obra se adapta al espacio, generando también una esencia que diferencia al teatro independiente del resto.

El INDEC informa, a través del análisis de la Cuenta Satélite de Cultura, que en la serie 2019-2021 el consumo intermedio de Artes Escénicas, fue en detrimento durante la pandemia, significando de principal relevancia volver a llegar al público.

El teatro funciona con su público, y el público necesita a los teatros

“El teatro es compartir” mencionaba Daniel Gismondi, presidente de ATEPLA. Es un espacio de intercambio y de reflejo entre el espectador y la tarea teatral. Es un lugar donde prima el encuentro con une otre, donde las subjetividades y experiencias personales se encuentran para potenciarse y retroalimentarse.

El teatro independiente, por no contar con un esquema tradicional donde, por ejemplo, el escenario puede ser hasta la tribuna, permite un intercambio entre espectador y artista que potencia la experiencia. Logrando interpelar desde el contacto y reflexionar en conjunto en momentos previos y posteriores a la obra.

El mismo sale a buscar su público así como se reinventa y trabaja día a día para poder seguir ganando piso en la escena cultural, siendo la Ley Provincial del Teatro Independiente una conquista ejemplar motorizada por les propies teatristas. Vivenciar las obras independientes permite al espectador ser parte de una búsqueda interpersonal que convierte lo recreativo en una parada político/cultural, abonando al trabajo de cientos de trabajadores cuyo fin último es llegar a ese público y celebrar el convivio.

Como seres sociales, el teatro independiente nos invita a reflejarnos y encontrarnos al tiempo que compartimos. Apostar a estas propuestas no tiene perdedores, es un momento íntimo donde el ocio y lo introspectivo se cruzan para permitirnos y permitir ser.

Me llamo Marta; pero se escribe Lucas Gabriel

Me llamo Marta; pero se escribe Lucas Gabriel

TIEMPO DE LECTURA: 10 min.

Por Jorgelina Urra*

Lucas Gabriel

Es el mayor de cuatro hermanos. Alto y flaco, de piel tigreña. Y un cabello de oscuros y diminutos rulos. Sus gruesos labios son el foco de atención y los que dan a entender la significancia de su alias. Tiene una voz tenor, limpia, varonil y ligeramente desenvuelta, directamente proporcional a su modo de gesticular. Observan entretenidos unos ojos negros y de un brillo particular. Y unas cejas en constante movimiento, articulando con cada pensamiento.

Tuvo miedo, fue errátil. El colegio con sus voces incitantes lo marcaron. Soportaba en silencio. “Los meses que venía el boletín era como un sufrimiento para mí. Y como no me iba bien, no me dejaban hacer nada de lo que a mí me gustaba, como teatro.” Pudo sentir el rechazo con olor a burla en las palabras de su padre. “Mi papá es muy machista, siempre dijo que si tenía un hijo gay lo mataría”.
Quería gritar y no podía.

“Llegue a estar al límite de decir todo y ahí fue cuando empecé. ¿Cómo le decía a mi familia?”.  Transformó el grito; en arte. Lo maquilló con el set de la madre. Revolvió el placard de la hermana y lo vistió. Salió a escondidas y le compró zapatos.

Le puso una peluca.

El grito se llamó Marta. El grito era Lucas dentro de un cuerpo; queriendo salir. Los shows para la familia lo fueron liberando, pero no del todo.

Las sospechas se volvieron tema de conversación en las cenas familiares, y presionado gritó por primera vez… “¡NO! Porque tengo novia”.

Unas semanas antes se declaraba en un papel. “Yo había escrito una carta, me quería ir de mi casa porque ya estaba mal y ahí contaba lo que era, la guarde en un cajón porque bueno… ya había cambiado el mundo”.

La hermana de la amiga de su hermana, era esa novia inventada y revelada con la que aún no había pasado nada, pero pasaría.

Bastó aceptar una invitación a salir para comenzar con una relación de idas y vueltas y un amor vacío de satisfacción, pero amor al fin.“Estuvimos un año, en el que peleábamos todo el tiempo (porque éramos dos mujeres), pero ella no sabía nada”.

“La quería a Fernanda, la llegue a amar…  sentía algo. No era su culpa que yo fuera así.”
La mañana del 14 de febrero Lucas estaba festejando el cumpleaños de su hermana.

Sonó el teléfono. Era Fernanda. El creyó que era para saludarlo o quizá para arreglar una salida juntos. Pero la voz de Fernanda indicaba otra cosa y Lucas recibió la noticia, sería papá.

***

La familia perfecta

Maduró de golpe. Ya no iba a la escuela, no salía, no vivía como alguien de su edad. Pasó de ser un adolescente que buscaba su identidad, a ser un padre de familia. Llevaba en la conciencia la carga emocional que provocaba la mala relación que tenía con su padre.

Decidió vivir con Fernanda; en familia.

Ella tenía una amiga en Brandsen; su marido trabajaba en una granja. Lucas comenzó a trabajar ahí.

Alquilaron una casa cerca de Brandsen, donde la inquilina anterior había tenido una peluquería. Tenía dos habitaciones; una para Laureano (su hijo), y otra para ellos. Un baño. Un living que daba acceso a una cocina reducida. Esta tenía conexión con el lavadero; y el lavadero con un comedor, que daba la impresión de que en otro tiempo había sido garaje. En el comedor se situaba una puerta que daba salida al patio. Ahí se hallaba un baño, separado de la casa, y cerca de ese baño, una habitación.

Lucas quedó fascinado con esa habitación, en ella encontró ruleros, un espejo, un placard que enseguida convirtió en estantes para  colocar dos pelucas nuevas. Las cuidaba como se cuidan los objetos con valor emocional. Un rollo de tela blanca que había encontrado en el trabajo, le daba forma a dos paneles de iluminación para fotos. De a poco fue apropiando ese lugar y se lo dedicó a Marta.

Se levantaba a las 7 am. Desayunaba algo hecho por Fernanda y se iba a trabajar al criadero hasta las 7 pm. De regreso iba por las compras para la cena y el almuerzo del día siguiente. Jugaba con el nene. Veían tv en el sillón; tomaban mates. Cenaban y se iban a dormir. Los días pasaban.

Era la vida que había que tener para criar un hijo (según su padre), porque así (se supone), es tener una vida “normal”. Fernanda desconfiaba, no sabía bien de qué o quién. Entendía que Marta era el personaje que Lucas había creado por amor al arte, a la expresión, y lo aceptaba. “Vestirme de mujer era chocante pero como sabían que lo hacía desde el teatro… zafaba”.  Pero la imaginación le jugo sucio y lo celaba. Creyó que era por otra mujer. Las peleas empezaron, ella pedía respuestas. Esas respuestas estaban más allá de un “ “o un “no”. Él aun no había encontrado la forma de explicarlo, ni tampoco sabía lo que sentía o de que se trataba aquello que su cuerpo expresaba, la moral impuesta había retrasado esa definición. 

Un día, ella le levantó la mano… vacía de cariño. Y Él, correspondió a ese gesto… vacío de cariño…
Ese mundo creado inconscientemente donde no había ventanas para escapar, sino cuartos donde encerrarse. Tal vez a reflexionar… mientras peinaba una peluca. O quizá, a inventar otra vida; a Lucas no le gustaba. Así que tomo la historia escrita y olvidada en un cajón, y la narró en primera persona para sí.

La relación había llegado al desenlace.
“Yo sé que Laureano se va a criar con otro mundo, otra mentalidad”.

***

La liberación

Llegó Gonzalo a la vida de Lucas tras la separación. Su mamá comenzó a sospechar, él le daba razones.
Un día decidió ir y contarle lo que sentía. Ella lo miró y dijo:
– Sí, ya se. No me digas nada.

– Si mamá, es mi novio.
Ella se quebró y rompió en llanto.
– Ya sabía, desde el principio, tu abuela me lo dijo.
“A partir de ese momento me solté.”

***

La segunda separación

Fernanda se enteró a través de Facebook, a pesar de estar bloqueada para Lucas. Y le impidió ver a Laureano. Durante dos meses.

Abogada de por medio consiguió poder pelear por verlo. Durante la audiencia el Juez le preguntó a Fernanda si el nene, al ver a Lucas, podía reconocerlo. Ella dijo “no”.

El Juez decidió que sería un solo día a la semana.

La mentira no podía comprobarse, Laureano era demasiado pequeño para dar una respuesta.
Después de esos dos meses lo fue a buscar, acompañado de la abogada. Al abrir la puerta…

– ¡Papá! Gritó Laureano abriendo los brazos.

Lucas conmovido, se sintió completo. Con el alma llena.
“Mi hijo me abrió un montón de puertas, en lo personal, me demostró que no te impide nada”.

***

“Mi cuerpo
no es
la visión distorsionada
de Tú
pensamiento” 
                             Alguien

Nacemos sin tener conciencia del cuerpo que habitamos; pero si del que salimos. No elegimos ese cuerpo y decidimos independiente elegir otro; o una forma diferente de verlo y llevarlo a la máxima expresión. Todo lo decidimos cuando creamos conciencia.  Así que disculpen mi atrevimiento… se llama Marta (la churrasquera), pero se escribe Lucas Gabriel.

“Yo era madre primeriza, y la primera vez que fui al médico -de apuro- (por las contracciones), me lleve todos los bolsos. La ropa, los pañales… todo. Y al final el médico me mando de nuevo a casa. La segunda vez, como pensé que pasaría lo mismo, me fui sin nada.
Resulta que Lucas ya había sacado la cabeza. Así que cuando nació, la chica de al lado me presto ropa y pañales. Pero de nena”.
Cuenta entre risas la madre de Lucas.

Marta es el personaje producto del ingenio actoral; que le abrió la puerta a Lucas.

Paso por varios trabajos, podría decirse en base a su historial, que es autodidacta.

Su habitación es de color magenta. Tiene la mitad de una mesa que antes fue redonda, amurada a la pared. Ahí se maquilla hasta verse como Marta. Lucas produce y crea para su personaje. Dividió en dos locaciones la ropa, una pertenece a Lucas y la otra a Marta. La de ella está mucho más cargada que la de él.

Su abuela, es esa mujer en la que se basó para darle personalidad y nombre a su personaje. Aprendió gestos, articulaciones corporales desde la sonrisa a los pies. Tonos de voz que estallan histéricos de expresión y brilloso glamour. Se apropió de las historias de las amigas de su abuela, las desarmo y las volvió a armar. Esas son sus anécdotas, cargadas de obscena belleza, propias de una diva.

***

¿Qué me pongo?

Su primer vestido para salir; fue una remera que su madre tenía intención de tirar.

Negra, ajustada en la cintura y suelta al final. Tomo un montón de plumas, le confecciono una boa y se la agrego a ese final inconcluso. Cortó un vestido transparente y con la tela le hizo una manga –murciélago- de un lado. Y del otro, más plumas.

– ¡Hola! ¿Qué  buscas?
– Un par de zapatos, taco aguja. Talle 40.

Mando a la hermana a comprarlos y como calza 45, les hizo un corte en el talón. Les puso cuero y los forro. Era la primera vez que se calzaba unos zapatos y el ruido del taco en el piso, lo reveló. Jamás volvería a mandar a su hermana. Iría él, y a cada interrogante respondería con una historia distinta.

Lo extremo era caminar por las veredas de Capital. Los círculos, decorativo particular en las baldosas, lo mantenían en eje con las rodillas hacía adelante  intentando forzadamente no tropezar.

La realización de Marta seguía avanzando, conforme Lucas ponía el cuerpo. Quería construir la semejanza de cada facción de una mujer. Así que se miró al espejo y en él vio un lindo par de tetas y por debajo un culo a lo Nicki Minaj.  Consiguió goma espuma, se midió y sus manos hicieron el trabajo.

Hoy Marta tiene 15 pelucas de distinto color y peinado. Modifica su ropa y peina las pelucas con dedicación. Compra maquillaje cada vez que puede y tiene una maquilladora personal.

Programar un show le lleva (si le avisan tarde), una semana eligiendo rápido la estética. Y (si le avisan con tiempo), un mes.

Marta llegó a Hogan´s para una fiesta de Halloween. En ese momento la tendencia era Moisés. Las manos de Lucas armaron (canutillo por canutillo), un collar más chico que el de Nerfertari. Las observaciones decían que a ese collar le faltaba la mitad. “Era la Nefertraba después del tarifazo”.

***

Poniendo el cuerpo

Está sentado con los brazos apoyados en la mesa. Entusiasmado desparrama la bijou de fantasía que va a decorar el cuello y las muñecas de Marta. Me las enseña.

La maquilladora canceló. Pero lo vamos a hacer igual.

Lucas entra al baño con las manos cargadas de productos del set de maquillaje. De espaldas a la puerta se mira al espejo, primero un perfil, después el otro. Con los dedos se esparce por el rostro, en un movimiento suave y delicado, la base. Cubriendo los contornos, la frente, las comisuras y los pómulos.

Elige el perfil izquierdo. Comienza a trazar una línea con el corrector que va desde la frente, bajando por la curva del tabique que ligeramente llega a la comisura del labio superior, saltea la boca dejándola para después, y sigue en la misma línea desde el borde del labio inferior hasta perderse por debajo del mentón. El resto del perfil se tiñe de otro tono.

Adhiere una pestaña postiza que marca el detalle en el ojo y sigue con el armonioso ritual.

Un cepillo celeste desenreda el pelo, pelirrojo de sedosos bucles artificiales. Con esa peluca una noche en Hogan´s interpreto a una gitana. Termina de arreglarse y se pone la peluca…

– Tengo una cara de puta. Dice saliendo del baño. Después de la peluca, viene Marta.

Fotografiando a Marta

Relata entre poses los detalles de sus salidas a la Warhol. La complicidad con su amigo Ángel quien le ofrecía ayuda como asistente. La sigilosa salida de Abasto hasta Capital…

Se hace la medianoche, Lucas se pone las medias debajo del pantalón. Para ahorrar tiempo y ser más prolijo se coloca la base y las pestañas. Un par de lentes negros (sí, de noche, sin poder ver bien) mantienen la incógnita de camino a tomar el Plaza. Dentro del micro Ángel lo ayuda a producir hasta el más mínimo detalle, como las uñas postizas que cuidadosamente le coloca.
Una vez en la ciudad, baja Marta. Regia, única. Una noche más de glitter que perdurara, y secuencias de mal comportamiento con un detalle particular…

“Nunca tuve relaciones como Marta. Porque imagínate… me agarran de la peluca y me la despeinan toda. ¡Mi amor! Te mato”.

***

Un sueño compartido

Lucas tiene un sueño, en el que por ahora está solo. Es el de subirse a un micro y hacer su show. Una secuencia y que la gente ría, nada más.

“Hay muchos que hacen transformismo. Marta esta por fuera de eso, la construí a partir de todas las divas. Susana, Moria, Lizzy… Florencia. Porque si bien la vestimenta o las pelucas van cambiando, siempre es Marta, respeto su estética. Mi idea es llevar el teatro a la calle, quiero que lxs chicxs y la gente acepten que cada uno es libre de elegir que ser. Más de una vez me dolió ver como los padres les tapan los ojos a lxs niñes cuando van por la calle y ven a una chica trans”.

Fin


* Estudiante de Licenciatura en Comunicación Social con orientación en periodismo en UNLP, redactor en Revista Trinchera
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