Carlos Puebla, el cantor del pueblo de Cuba

Carlos Puebla, el cantor del pueblo de Cuba

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Se formó autodidácticamente, y luego estudió en el Seminario de Música Popular (hoy Centro Odilio Urfé), dirigido por el pianista y musicólogo Odilio Urfé. Compositor y guitarrista, cultivó los más diversos géneros de la música popular cubana, como el bolero, el son, la guaracha, el sucu-sucu, todos trabajados con las características rítmicas y estilísticas que ellos demandan, uniendo a sus facultades de música, la de poeta.

En 1931 comenzó a trabajar en la radioemisora manzanillera CMKM; posteriormente se trasladó para Matanzas, donde integró un trío con Eugenio Domínguez y Francisco Baluja, con el que actuó por la CMGH; con este trío se trasladó a La Habana, y se presentó en la Corte Suprema del Arte, en la que ganó un segundo premio.  En Santiago de Cuba trabajó en el Club 300. Actuó en el programa Esta Noche en CMQ, dirigido por Humberto Bravo. En La Habana integró el trío La Clave Azul, y en 1952, Carlos Puebla y sus Tradicionales (guitarra, maracas, bongó y marímbula), integrado por Santiago Martínez, Nerón Guada y Rafael Lorenzo, con el que trabajó de 1952 a 1962 en la Bodeguita del Medio.  En Montevideo, Uruguay, actuaron en el Palacio Peñarol, junto al conjunto típico uruguayo Los Carreteros; en Chile se presentaron con el poeta Pablo Neruda, con quien grabaron un LP. 

En Caracas, Venezuela, actuaron en la Asociación Venezolana de Periodistas y en la Universidad de esa ciudad. En París hicieron una actuación en el teatro de la Mutualité. En México, como miembros de una delegación del Consejo Nacional de Cultura, se presentaron en el teatro Auditorium del Bosque de Chapultepec, después viajaron a Guadalajara y Guanajuato.

En España fueron invitados para actuar en el Festival de la Rábida, celebrado en Huelva, Andalucía. En Portugal actuaron en el Festival de la Primavera, celebrado en el Palacio de Cristal, Unión Artística Predense, Sociedad Filarmónica y Cova de Piedade.  Su música aparece en los filmes Alba de Cuba, Estado de sitio (de Costa Gavras) y Nuestro hombre en La Habana (con Sir Alec Guiness).  

Realizó, además, giras por México, Uruguay, Bolivia, Chile, Panamá, Nicaragua, Colombia, Ecuador, Costa Rica, Honduras, Brasil, Venezuela, Unión Soviética, Mongolia, Corea, Francia, Italia, Portugal España, Finlandia, RFA, Suecia, Dinamarca, Noruega, Suiza, Bélgica y Angola.

Puebla cantó los hechos más relevantes de la historia del pueblo cubano, convirtiéndose en el cronista por excelencia de todo el acontecer nacional desde 1959. Es autor de la célebre canción dedicada al Ch Guevara, Hasta siempre.

Perón inmortal en el pueblo

Perón inmortal en el pueblo

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Innumerable bibliografía, escritos periodísticos y análisis políticos se escribieron sobre él. Perón y el peronismo fueron el hecho maldito de la Argentina oligárquica. Cuando Perón estaba en el gobierno de 1943-1945. Desde aquel histórico 17 de octubre de 1945. Desde que ganó las elecciones de febrero de 1946. Desde que asumió en ese año 1946, derrotando a toda la clase social que odiaba al pueblo argentino trabajador. Perón y Evita en la memoria del pueblo.

Perón cambió la historia del país.Él y el peronismo de 1946-1955 fueron la fuerza modernizadora que aceleró el proceso industrializador para cambiar la estructura social de un país estratificado en manos de una elite burguesa que se decía dueña de las Pampas.

Hasta los historiadores más liberales y oligarcas tuvieron que asumir que Perón significó la Revolución Industrial local, la Revolución Social argentina y la Revolución Soberana para el país. Eso odiaron de Perón y su movimiento, el más grande de todo Occidente.

Derrocado en 1955, años en el exilio, en una Argentina con profundas luchas obreras, sociales y guerrilleras, bajo el doble clímax de la Resistencia Peronista y la Guerra Fría. El peronismo siempre fue diverso desde sus comienzos y lo siguió siendo en los años 1955-1973. La mayoría del pueblo esperaba por su líder.

Corría el año 1964 cuando Perón intentó regresar por primera vez al país. El llamado “Operativo Retorno”, producido el 1° de diciembre, incluía una comitiva de 16 personas que lo acompañaría desde Madrid, donde estaba. Pero el avión que lo transportaba, tras hacer escala en Río de Janeiro, fue obligado a retornar a España. Deberán pasar siete años más para que el líder volviera a pisar tierra argentina, cuando su retorno, lejos de ser un fantasma que asustara a las clases dominantes, se convirtió en una salida política legitimada por una abrumadora mayoría que, tras 18 años de exilio, lo sostenía con mayor fuerza que nunca.

El dictador Alejandro Agustín Lanusse lo desafió en 1972 a presentarse a elecciones. Perón regresó al país el 17 de noviembre de 1972. Lanusse firmó un decreto de “residencia”, hecho a la medida de Perón, con la intención de excluirlo legalmente de los comicios del 11 de marzo de 1973 a los que el peronismo se presentó con la fórmula Cámpora-Solano Lima, bajo el lema “Cámpora al gobierno, Perón al poder”.

Perón retornó definitivamente al país el 20 de junio de 1973. La conflictividad social aumentaba. Muchos peronistas abrazaron las ideas revolucionarias del llamado “socialismo nacional”. Montoneros y la Juventid Peronista ansiaban la liberación nacional y social definitiva. La derecha peronista estaba al acecho para erradicar a los que llamaban “infiltrados bolches”.

Cámpora renunciará el 13 de julio para convocar nuevamente a elecciones. El último impedimento se cayó entonces a pedazos, y Perón encontró el camino allanado para encabezar la nueva fórmula.

El 23 de setiembre de 1973, la fórmula Perón-Isabel se alzó con el triunfo comicial cosechando el 62% de los votos. Un referéndum excepcional y único. El 12 de octubre, emprendería su tercera presidencia. No sin dificultades. Era un clima tremendo. Toda la capacidad del líder apenas si pudo mantener unos pocos meses de expectativa, merced a su estrategia de “Pacto Social”.

El 1º de mayo de 1974 enfrentó a la Juventud Peronista y a las organizaciones guerrilleras en un acto público en la Plaza de Mayo, que concluyó con el abandono de la plaza de los “imberbes” y un apoyo explícito a la conducción sindical, acusada por los rebeldes de burócratas de derecha.

Estaba más que claro que Perón regresó a una Argentina marcada por el conflicto social en auge.

Un cristal anti balas se interponía entre él y su pueblo, todo un símbolo de los años que corrían. Con la salud quebrantada, terminó con un tono inconfundible de despedida con palabras emotivas: “Les agradezco profundamente el que se hayan llegado hasta esta histórica Plaza de Mayo. Yo llevo en mis oídos la más maravillosa música que para mí es la palabra del pueblo argentino”. El 18 de junio de 1974 su salud decayó gravemente y ya no volvió a levantarse.

 El 1º de julio de 1974 amaneció nublado. Los partes médicos alertaban sobre el inminente final para la vida del hombre que había cambiado a la Argentina.

A las 13.15 de ese primer día de julio, Isabel dio la infausta noticia: “Con gran dolor debo transmitir al pueblo de la Nación Argentina el fallecimiento de este verdadero apóstol de la paz y la no violencia”.

La palabra del pueblo argentino, la maravillosa música, enmudeció aquel 1º de julio de 1974.

Las calles se llenaron de lágrimas, flores y caras preocupadas. La frase más escuchada era “qué va a ser de nosotros”. El pueblo argentino lloró ese día. Los antipueblo festejaron y preparaban lo peor para la Patria.

Perón, el líder, legó a Argentina el ideal de la Justicia Social. Más que nunca el recuerdo de este gran patriota debe convertirse no sólo en una efeméride, sino en una acción política real para el pueblo argentino. El mejor homenaje para Perón es seguir defendiendo sus banderas y a la Patria. Perón pertenece al panteón de los próceres de los pueblos de América Latina. Y así será con el paso del tiempo.

No existe una última marcha

No existe una última marcha

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Hay quienes afirman que cabalga junto a sus compañeros y amigos por los cielos celestes. Hay quienes afirman que fue el último gigante que habitó las tierras de este planeta. Hay quienes lo recuerdan como un estratega, otres como su presidente, y hay quienes sólo ven en él la figura de un educador, de un padre, de un hermano, de un compañero.

Como dice la canción, “los agradecidos te acompañan, cómo anhelaremos tus hazañas, ni la muerte cree que se apoderó de ti”. Su ejemplo, su insistencia, su voluntad de lucha, sus reflexiones, marcaron el camino de millones de personas a lo largo y ancho de este mundo. La revolución se convirtió en hecho bajo su mando; la revolución volvió a vivir entre sus hermanes.

Esta actitud lo llevó a enfrentarse a poderosos de dentro y de fuera, a verle la cara al diablo en más de un combate. Pero por más que las balas pasaran cerca, siempre las supo esquivar para seguir marchando junto a su pueblo, porque la tarea no estaba concluida.

Un caminante que gastó sus suelas llevando la palabra revolución a cada rincón de este planeta donde le tocó estar, cargando sobre sus espaldas una mochila repleta de una humildad y experiencias para convidar y compartir a cualquiera que con él charlara por unos minutos.

Su convicción era de que la humanidad podía cambiar, que podía construirse un mundo más justo donde todes puedan vivir libremente. Pero esa construcción no sólo requería de esfuerzos, no sólo requería de luchas, sino de formación, de educación, de dar el ejemplo en cada acto, de ser siempre solidario con quien padecía una injusticia.

“Hoy no quiero decirte comandante, ni barbudo ni gigante, todo lo que sé de ti. Hoy quiero gritarte padre mío, no te sueltes de mí mano, aún no se andar bien sin ti”

Vivió todo lo que pudo vivir, enseñó todo lo que pudo enseñar, luchó todo lo que pudo luchar y su pueblo así lo recordará. Un ser indescriptible que rompió las fronteras de su pequeña Cuba natal para convertirse en un gigante de este siglo que quedará en la historia, que ya lo absolvió hace rato.

Advirtió en más de una ocasión que la voracidad del capitalismo nos estaba llevando a la destrucción no sólo de la especie humana, sino de todas las especies que habitamos el planeta. Y pocos años después de su paso a la inmortalidad una pandemia global aqueja a los pueblos del mundo como si estuviesen viviendo una guerra permanente y sin cuartel.

Su humanidad y comprensión del momento histórico lo llevaron a formar primero ejércitos de alfabetizadores para que ningún pueblo se quedara sin leer; luego formó ejércitos de médicos y de médicas, millones de brigadistas, de voluntarios y voluntarias que siguiendo su ejemplo fueron y van a luchar donde quiera que se los necesite.

Dicen que en la plaza esta mañana, ya no caben más corceles llegando de otro confín. Una multitud desesperada, de héroes de espaldas aladas que se han dado cita aquí. Y delante de la caravana, lentamente sin jinete, un caballo para ti

Hoy se vuelve innegable que su ejemplo y su lucha son bandera de cientos de pueblos que ocupan las calles bajo el mismo sueño de libertad, sean del país y del continente que sean. Como decía Bertolt Brecht: “Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles”.

La revolución es permanente, es un acto cotidiano, diario, pedagógico, formativo y cada acción cuenta porque el enemigo siempre está al acecho esperando un descuido. Este gigante nos enseñó que no hay marcha final para quien por sus actos en vida y sus enseñanzas pasa a formar parte de esa lista de personas que no mueren, pasan a la inmortalidad.

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