Unificación nacional I: Trenes Argentinos

Unificación nacional I: Trenes Argentinos

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En el marco de la puja salarial de los trabajadores del sector ferroviario, repasamos la historia de los trenes en nuestro país, con el eje puesto en la necesidad del desarrollo de este sistema y la contracara con el actual gobierno nacional.

A donde no llega el mercado llega el Estado. No es un latiguillo pro estatista por el simple hecho de fundamentar la necesidad de un estado omnipresente como solución a todas las problemáticas nacionales. No, y de hecho sabemos que muchísimas problemáticas no se solucionan con el financiamiento estatal, pero seguramente sí con la coordinación de éste. En el caso de la unificación territorial de una nación, es necesaria como eje principal esta coordinación mediante una planificación estratégica, y una vez sorteado el financiamiento, su aplicación. En este punto, entonces, se encuentra esta máxima innegable: a donde no llega el mercado, sí llega el Estado; un Estado inteligente que entienda que un país no será fuerte si no está conectado desde la Quiaca hasta La Antártida con vías comerciales nacionales. 

Para lograr esta conexión, el gobierno nacional de turno debe garantizar que existan empresas básicas que pueda gestionar, para que estas respondan a los intereses nacionales, y no a un mercado que solo analiza planillas de Excel. Uno de los argumentos utilizados por aquellos gobiernos que ven a la Argentina como una tierra de nadie, para que se desarrollen negocios que en nada benefician a los argentinos, es el déficit fiscal, término que analizaremos con el ejemplo a desarrollar en esta ocasión: los trenes argentinos. 

La concepción sobre el popular factor macroeconómico llamado déficit fiscal define la orientación política sobre el desarrollo de un gobierno en materia industrial, científica, educativa y hasta espiritual en una nación. El déficit fiscal es un número con el que conviven y coexisten a menudo grandes potencias mundiales como es el caso de Estados Unidos, divulgado en los últimos meses como ejemplo ante la ocupación de este término en la opinión pública, ya que el actual oficialismo logró instalarlo como el “mal mayor” y ante esto, tiene vía libre para desfinanciar cualquier eje nacional sin reparar en los profundos daños que ello causa.

Utilizamos a Estados Unidos como ejemplo ya que no solo es innegable su predominio en la escena mundial como potencia, sino que es el ejemplo por excelencia de quienes argumentan que es imposible desarrollarse como un país pujante sin tener este número en positivo. Lo curioso es que, según datos relevados en el portal Datos Macro, tan solo en los últimos 39 años el país norteamericano no registró déficit fiscal en los años 1998, 1999 y 2000. 

De aquellos liberales a estos libertarios

Este elemento tan disputado en la actualidad, instalado por el actual presidente de la nación, Javier Milei, como uno de sus propios trampolines discursivos que lo llevaron a capitalizar esta última década perdida en la Argentina, no es más que un instrumento con el cuál se convive con total normalidad si miramos al supuesto ejemplo del norte. Comprendido como una herramienta de autofinanciamiento que da sus frutos tanto en el vuelto de los costos de vida para los propios habitantes locales como para el desarrollo de los productos a comercializar, es como se pueden planificar hacia adelante el desarrollo de distintas áreas en una nación. Los viejos liberales que se llevaron los reflectores a la hora de fundar a la Argentina como nación integrada (por más alejados que podamos estar ideológicamente en diversos temas) entendieron este mecanismo como necesario en áreas como la educación o incluso los ferrocarriles. Allí, desde fines del siglo diecinueve, a partir de la necesidad de unir distintas zonas productivas, y con la concepción de un modelo de país, se desarrolló la historia de los ferrocarriles en la Argentina. 

 A grandes rasgos, la extensión máxima de kilómetros de líneas ferroviarias llegó a su punto máximo en 1957, momento en el cual iniciaba un proceso que pretendía borrar varias de las concepciones desarrolladas previamente en la anterior etapa política: la década peronista. Un modelo de ultra desarrollo nacional que logró llevar esta planificación iniciada precisamente 100 años antes a su máximo histórico en cantidad de kilómetros. Este número decayó, al continuar dicha etapa varios procesos que justamente concebían al ferrocarril como un número de déficit, llevándolo hasta la extensión actual, que es de 36 mil kilómetros. 

Precisamente en 1857, la provincia de Buenos Aires, que por entonces todavía era un Estado independiente de la Confederación Argentina, financió desde el Banco Provincia la primera línea ferroviaria. Por supuesto que el modelo con toda su maquinaria llegó de la mano de talleres británicos, brindada por el grupo  privado Sociedad Camino de Hierro del Ferrocarril Oeste, que más tarde daría a luz al club de fútbol Ferrocarril Oeste, a través de encuentros socio deportivos entre los trabajadores de la empresa y sus familias. Así es como se fundaron una gran parte de los clubes históricos en la Argentina. Esta firma sería comprada posteriormente durante la presidencia de Juan Domingo Perón, durante el proceso de expansión y nacionalización total de las líneas.

Durante la segunda mitad del siglo diecinueve, ya con la primera maquinaria en marcha, el Estado nacional, a través de sus sucesivos presidentes, proyectó el crecimiento de las líneas. Para fortalecer el transporte de las commodities (sector agroexportador) el Estado recibió inversiones extranjeras desde Francia e Inglaterra principalmente. De esta manera, se logró unir la provincia de Buenos Aires, con su aduana y sus puertos, con el resto de la zona núcleo de la pampa húmeda (todo PBA junto a Santa Fe y Córdoba). En el resto del país, donde no existía semejante rentabilidad, pero sí una posibilidad de desarrollo, el gobierno se encargó de trazar puentes mediante los “trenes de fomento”. Así, se  emplazaron líneas férreas de Córdoba a Tucumán, y de Salta a Jujuy. También se conectaron Mendoza, San Juan, Santiago del Estero y Catamarca. Allí podemos ver una diferencia sustancial entre la concepción del Estado liberal en aquellas épocas, en comparación con la perspectiva actual.

Hacia 1880 se habían ya se habían construido 5836 kilómetros de vías, de los cuales 1227 pertenecían al Estado, 2544 al Ferrocarril Andino, 427 a la provincia de Buenos Aires y el resto se distribuía entre siete empresas privadas. Sin embargo, debido a un descalce en el plan de desarrollo que se llevaba desde hace más de 20 años, durante la presidencia de Miguel Juarez Celman, en donde se vendieron líneas con márgenes rentables, el Ferro Carril Oeste fue vendido a la empresa inglesa Western Railway ante la presión de estos fondos por endeudamiento. Esta situación regresiva dio inicio a la primera medida que intentó regular el sistema ferroviario en su totalidad: la ley 2873 de Ferrocarriles Nacionales, impulsada en 1891. Desde concesiones, empalmes entre redes y variaciones tarifarias, hasta establecer las normas de conservación, vigilancia y mantenimiento del material ferroviario. Esta ley contemplaba el retorno total del Estado nacional como gestor de los ferrocarriles.

El impacto de esta política en conjunto con la segunda presidencia de Julio Roca, (que convirtió Obras Públicas en ministerio para apalancar aún más este tipo de proyectos) derivó en que hacia 1915 la red ferroviaria Argentina fuese la más grande de Sudamérica, con 35 mil kilómetros aproximadamente. En ese punto, se podría decir que se conformó la base del desarrollo ferroviario en el país. Sin embargo, 100 años después, la totalidad de la misma tan solo es de mil kilómetros más. ¿Qué sucedió durante este lapso?

El inicio de la guerra mundial en el año nombrado anteriormente significó un shock sustancial en la actividad económica mundial, y este proceso no fue la excepción. En simultáneo, la revolución radical que consiguió el sufragio popular, avanzó en diversas cuestiones, pero sin poner al plan ferroviario en el centro de la escena. Lo mismo sucedería en el proceso posterior llamado década infame, donde además de no avanzar, se retrocedería en el desarrollo nacional. No sería hasta la denominada década peronista (1945-55) que un gobierno apriete el acelerador en la construcción ferroviaria. Allí, como se mencionó al principio, se alcanzó el pico más alto en cantidad de kilómetros para la red ferroviaria argentina (47.500 km).

A partir del golpe de Estado a Juan Domingo Perón por la autodenominada revolución libertadora en 1955, sucederían distintos gobiernos que, en nombre del “défitic cero”, así como en el presente, desfinanciaron al sector, obligándolos a dejar de funcionar. Un ejemplo claro de estas maniobras pueden ser los números registrados durante la última de las tríadas dictatoriales que se llevó adelante entre 1976 y 1983. Allí se clausuraron o levantaron 10.000 kilómetros de vías de un total de 42.500 existentes, despidieron al 40% de agentes estatales sobre un total de 156.000 trabajadores existentes en 1976, y clausuraron 1000 de las 2400 estaciones que existían hasta 1976. En total el 42% quedó sin actividad. 

Y si algo quedaba, durante la década gobernada por Carlos Saúl Menem entre 1989 y 1999, se otorgó una concesión completa de todo el sistema de red ferroviario argentino a consorcios privados, lo cual llevó las redes a reducirse aún más, y explica en gran medida la cantidad actual de kilómetros. Sin embargo, este número sería aún más ínfimo sin los avances durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, iniciados por el primero bajo el decreto 1683/05, que garantizó una renovación en estaciones, vías y máquinas; además de las vueltas al funcionamiento de distintos trenes inter provinciales durante el gobierno de Alberto Fernández.

Así llegamos al presente, con un nuevo gobierno nacional que bajo la premisa del déficit cero recorta el presupuesto para el sector ferroviario, algo que ya tiene a los trabajadores encarando distintos planes de lucha. En ese sentido, el gremio de conductores de trenes La Fraternidad realizó este jueves una reducción de la velocidad de los ferrocarriles a 30 kilómetros por hora, con la premisa de que, de no recibir una oferta acorde del gobierno nacional, el próximo jueves se efectúe un paro total.

El gobierno nacional había ofrecido un escueto aumento del 2% para abril y del 7% para mayo, lo cual fue estrechamente rechazado por el gremio, que continuó con la planificación de la medida de lucha. “No queremos aumento del sueldo, queremos empatar la inflación”, aseguró Omar Maturano, Secretario General de La Fraternidad, en el marco de una entrevista televisiva. 

Esta puja salarial se da en un marco donde el gobierno nacional, como ya se mencionó antes, bajo la premisa del déficit fiscal cero, desfinancia a diestra y siniestra los engranajes del país. En este caso, como en el caso de las universidades y otros tantos, el malestar salarial viene atado a un combo de desfinanciamiento que empeora no sólo las condiciones de los trabajadores en la paga, si no del propio servicio ofrecido, tanto para ellos como para los usuarios. Este es un caso que por ejemplo ya se ve en el tren que circula entre las localidades de Rosario y Cañada de Gómez, el cual según denuncias de varios usuarios, funciona de manera interrumpida por cancelaciones constantes debido a la falta de locomotoras, al mismo tiempo que duplicó su tarifa. 

En ese sentido, el propio consejo deliberante del municipio de Cañada de Gómez declaró la realización de una jornada de lucha “contra el inminente cierre del servicio”. “Viene pasando que las máquinas se rompen, que no hay repuestos, o que hay que esperar que llegue una locomotora desde Rosario. Es irregular, una semana funciona bien, pero diez días atrás tuvimos varios servicios cancelados porque no hay tracción. Y es algo preocupante”, señaló a Página 12 Stella Clerici, concejala de Cañada de Gómez. 

El desfinanciamiento como disparador del mal funcionamiento de distintas instituciones o empresas, como paso previo para argumentar el cierre de las mismas, es una mecánica ya vista, y que se puede palpar incluso hoy con frases directas del gobierno nacional. Ante el choque de trenes en Palermo, desde la Casa Rosada aseguraron que “es la fuente palpable de que hay que privatizar el sistema ferroviario”. Por reflejo del pasado, pero sobre todo porque está a la vista de quien quiere ver, los vecinos de Cañada de Gómez saben que la lucha es contra el cierre definitivo.

En contexto de lo que sucede actualmente con el sistema ferroviario, y luego del repaso histórico realizado, resta preguntarse: ¿Qué trenes queremos en nuestro país?

Si bien la pregunta parece estar contestada, es importante recordar que un buen sistema ferroviario garantiza la seguridad de los argentinos a la hora de trasladarse, bajo una tarifa razonable que además impulsa el turismo interno, así como fomenta y conecta el transporte comercial de las materias primas producidas dentro del territorio nacional. Si queremos que los alimentos, el combustible y la energía llegue a nosotros por un bajo costo y nos permita poseer una alta calidad de vida, es necesario no solo ser productor, sino además dominar todo el sistema interno de traslado y producción final. Por eso mismo queremos trenes argentinos, con una diversidad de ramales eficiente, grande y estratégica, con un financiamiento que les permita ser eficientes y seguros para valorar la vida argentina, así como lo proyectaron y coincidieron dirigentes políticos de distintos sectores ideológicos que tenían como horizonte el desarrollo nacional.


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En búsqueda de esa nueva epopeya

En búsqueda de esa nueva epopeya

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Con sede en Puerto La Plata, el nodo productivo de La Plata-Berisso-Ensenada de la provincia de Buenos Aires realizó una convocatoria abierta a trabajadores y militantes para reivindicar a ese sector, en conmemoración de dos hitos históricos sucedidos el 27 de abril en pos del desarrollo nacional. Con la intención de asentar un nuevo quiebre ante este nuevo gobierno nacional industricida, intendentes de la zona junto al gobernador Kicillof rememoraron dichos sucesos con el eje puesto en el dragado del Canal Magdalena.

 “Dicen que el pueblo aún no reacciona, sin embargo cada vez es más la gente que se moviliza”, describió uno de los oradores que expusieron en el “provinciazo”. Con la reafirmación de realizar el dragado del Canal Magdalena, trabajadores, sindicalistas, movimientos sociales, estudiantiles y políticos se reunieron en el Puerto La Plata de la ciudad de Ensenada junto a algunos de los dirigentes más importantes de la provincia de Buenos Aires con múltiples consignas y fechas a rememorar, pero con un claro objetivo de acción: poner en valor la calidad y capacidad militante y dirigencial que se nuclea en la zona, y capitalizar y motorizar las sublevadas cada vez más grandes y reiteradas contra el gobierno nacional. 

Casi todos -o todos- los sucesos históricos en los cuales la Nación Argentina superó etapas de destrucción de su industria nacional, caída del empleo y destrucción de su motor económico fueron, en primera medida y en gran parte, gracias a las reacciones populares organizadas a través de movimientos sindicales, estudiantiles, o sociales. Si la frase dice “con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes” indica, que permanentemente, el movimiento es siempre desde abajo hacia arriba. En ese sentido, mientras la Argentina atraviesa un nuevo proceso de esta índole bajo el gobierno de Javier Milei, el título del encuentro realizado en la costa ríoplatense fue “Soberanía, producción y trabajo”, por eso celebrado en el marco del aniversario de dos hechos que reivindican esta afirmación, ambos rememorados en varias ocasiones por los oradores de turno. 

 Tanto Julio Alak (Intendente de La Plata) como Fabìan Cagliardi (Berisso), el anfitrión Mario Secco (Ensenada), o el propio gobernador de la provincia, Axel Kicillof, entienden que actualmente la región vive un ataque directo de desfinanciamiento desde el poder ejecutivo de Nación, al ser ésta la primera y más decidida opositora al gobierno, proponiendo un camino totalmente opuesto al que se plantea desde la Casa Rosada. Por lo mismo, los dirigentes nombrados, según los testimonios recogidos por la cobertura de Multimedio Trinchera, supieron dilucidar a través de su oratoria el objetivo del encuentro, con la historización de algunos sucesos que impulsaron el “despertar de aquella pesadilla industricida” a modo de ejemplificar las acciones a tomar en el presente, con el eje centrado en la importancia del dragado del Canal de Magdalena.

 “Evocamos a quienes hace 45 años, en un contexto de dictadura cívico militar, cuando el poder económico se había apoderado una vez más del destino de la nación, llamaron al movimiento nacional y popular al primer paro general contra esa dictadura”, mencionó el intendente de La Plata, Alak, en referencia al paro general organizado en clandestinidad por los dirigentes sindicales que no habían sido apresados o secuestrados por el gobierno de facto, comandado por el gremialista cervecero Saùl Ubaldini, que forjarìa a partir de allí su figura histórica como sindicalista, siendo nombrado, entre otras cosas, secretario general de la Confederación General del Trabajo (CGT) años más tarde.

“En aquella ocasión, la dictadura llevaba adelante un plan de exterminio del movimiento sindical y la militancia política, e imponía un plan económico igual al actual, con endeudamiento, bajos salarios y apertura indiscriminada de las importaciones. Allì ese grupo nos llamó a todo el movimiento nacional con valentía y coraje, y la regional La Plata-Berisso-Ensenada dijo presente”, destacó Alak, en un hábil trazo de líneas entre el pasado y el presente.“Hay un hilo conductor”, aseveró el intendente platense, que fue el primero de los mandatarios municipales en tomar la palabra, tras los discursos de Alejandro Gramajo (Secretario General de utep), y Agustín Rosón (Secretario General de SUTEBA Ensenada), entre otros.

“Hoy también conmemoramos que hace 21 años, con la misma idea de compromiso, el mismo ideario nacional y el mismo coraje, ganaba las elecciones Néstor Kirchner, y comenzaba un nuevo proceso de industrialización, desarrollo de la economía y distribución de la riqueza”, destacó también Alak. Así, el intendente platense recuperó ambas fechas para concluir señalando que, junto a sus pares, se encontraban allí para “respaldar a este gran gobernador de la provincia de Buenos Aires” (Kicillof), que “actualiza y genera los mismos valores y principios del 79’ y del 2003, que es el compromiso con el ideario nacional y popular”.

El siguiente en la lista fue el intendente de Berisso, Fabián Cagliardi, que conforma junto a sus pares de La Plata y Ensenada el nodo productivo más importante de la provincia de Buenos Aires. “Esta asamblea popular nos une por una causa que el gobernador pide a gritos hace tiempo: el dragado del Canal Magdalena. Hablar de esto es hablar de soberanía”, explicó. En ese sentido, es importante recordar que dicha obra es necesaria para que la Argentina tenga un paso marítimo propio hacia el mar, y no utilice el de Uruguay cada vez que ingresan o egresan productos, pagando por ello un arancel. 

“Siempre hay que volver a la historia; Perón y Evita que construyeron este astillero entre otras miles de obras, Néstor en este aniversario que también ha reconstruido un país en un momento tan difícil, y Cristina que siguió este legado junto a este gobernador, recuperando empresas como YPF o Aerolíneas Argentinas”, continuó Cagliardi, con menciones a históricos dirigentes que dieron luz verde a la industria Argentina. “Hoy vemos el listado de empresas que quieren vender y tienen mucho que ver con nuestra Argentina y nuestro trabajo”, remató.

El próximo turno fue para el anfitrión del evento y caudillo municipal de la provincia, el intendente de Ensenada, Mario Secco, quien subió el tono del encuentro con una tonada carismática y una cuota de seguridad y valentía en sus afirmaciones. En comparación a los discursos anteriores, Secco eligió abordar el presente y futuro a corto y mediano plazo, con un fuerte apoyo a Kicillof: “Nuestra esperanza está en la calle, y es nuestro gobernador. No es la única, pero es la nuestra, y la ponemos en valor”, aseguró, y enfatizó:  “Nosotros tenemos esperanzas, nunca las perdimos, ni en lo piore momentos, compañeras y compañeros”. Su arenga y fuerte discurso estuvo acompañado por su característica y particular tonada, que rememorandonos a los tiempos de la gauchesca, entusiasmó y motivó a la militancia presente.

“Si se ensañan con la provincia de Buenos Aires, que somos un tercio del país, es porque le hemos dado una patada en el traste en las urnas”, vitoreó el intendente local, y agregó: “ganamos las paso, ganamos las generales y ganamos el balotaje, esos que dicen que se jodan los que votaron a Milei, por acá no, acá en la provincia sabemos lo que queremos. Por eso nos organizamos, para ponerle el cuerpo a las ideas”.

El discurso enérgico de Secco, sus formas altisonantes y esa mística cercana a una “charla motivacional” previa a una final en un partido de fútbol, plagada de argumentos políticos fue una introducción perfecta para el cierre del encuentro, a cargo de Axel Kiciloff. Mientras que los primeros oradores se habían encargado de realizar la historización, el anfitrión bajó la discusión a tiempo presente, con la inyección del coraje necesario para dar las discusiones pertinentes. Solo restaba que, quien fue durante todo el encuentro convocado a ser conductor, dijera cómo y por donde.

Por todo lo nombrado, el gobernador Kicillof, enarbolado hasta el cansancio por los anteriores oradores, debía centrar su discurso en el principal eje del encuentro, y explicar por qué hoy estaban reunidos allí bajo esa premisa. Por lo mismo, comenzó al hueso del asunto: “Este encuentro tiene muchos motivos, pero el primero que empiezo por reivindicar es la construcción del Canal Magdalena”.  Acto seguido, retomó la historización: “El primero en pensar en la importancia del dragado fue Manuel Belgrano, que sabía que era necesario para unir los puertos de Rosario y Buenos Aires, pero también para que haya una flota Argentina, astilleros, riqueza, producción y trabajo”.

La mención a Manuel Belgrano no es azarosa. Las resoluciones que los libertadores de América debieron llevar adelante hace más de 200 años respondían a una lucha de intereses que tenía a la Argentina -por aquel momento un conjunto de provincias- atada de pies y manos a merced de las disputas extranjeras. De aquí el hilo conductor: “No es una cuestión de energía ni de plata, es una cuestión de una disputa geopolítica internacional con poderosos intereses extranjeros que quieren una Argentina subordinada, que no tenga su independencia marítima, que tenga que pasar por otro lado y pedir permiso para ordenar su producción, su comercio y su integración nacional”, reafirmó.

“No es algo insensato y tonto, si no que es un método de subordinación y coloniaje, por eso hay que recordar esa historia: se licitó en 2014, luego la paró Macri, luego no se pudo hacer. Estamos podridos, no queremos esperar más; y la provincia de Buenos Aires se quiere hacer cargo del Canal Magdalena si no lo van a hacer ellos. Lo convertimos en bandera, lo convertimos en lucha, hay que convertirlo en victoria de la provincia y del país”, enfatizó eufórico Kicillof, que puso aún más eufóricos a los presentes. El encuentro llegaba a su clímax. 

Por último, pero no menos importante, el gobernador aseguró que, ese mismo viernes firmó una resolución que llevará a la justicia el pedido de devolución de la coparticipación que Nación adeuda con la provincia de Buenos Aires. Esto solventaba los 6 puntos perdidos en 1991, y le daba un total de 26 puntos a una provincia que aporta el 40% de producción al Producto Bruto Interno de la Nación. Un reclamo que en los libros del presidente Milei debería ser más que legítimo. 

“Si la Argentina quiere ser independiente necesita industria nacional, producción propia, cultura propia, ciencia y tecnología y universidad pública. Los intereses que defendemos en la provincia de Buenos Aires son los intereses de la república Argentina”, concluyó Kicillof a modo de cierre, que no dejó escapar la oportunidad de incluir a toda la república en su oratoria.





De Tratayén a Saliquelló, la inversión industrial muestra sus frutos

De Tratayén a Saliquelló, la inversión industrial muestra sus frutos

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El Gasoducto Presidente Néstor Kirchner ya mostró réditos de ahorro tazados en 421 millones de dólares en la balanza comercial. ¿Qué impacto tiene en nuestra economía y por qué es sustancial el desarrollo de la industria nacional por sustitución de importaciones?

Según lo relevado por Energía Argentina S.A. (ENARSA), el Gasoducto Presidente Néstor Kirchner, inaugurado el 9 de julio y puesto en marcha días después, ya permitió ahorrar desde aquella fecha 421 millones de dólares en términos de cobertura por importación. Se contabiliza que lo utilizado diariamente por día, proveniente de la nueva construcción industrial, está tazado en unos 12 millones de dólares al día, por lo cual el GPNK ya muestra actuales réditos.

Cuando se discuten los términos de Industrialización por Sustitución de Importaciones (ISI) o cuando se hace referencia a la importancia de la industria nacional, la razón del planteo yace en estos números estadísticos. ¿De dónde nace la capacidad estatal para recomponer salarios ante una devaluación forzada? Tal vez quienes solo piensen en la política exterior como una ventana para que los extranjeros realicen sus negocios a su merced en el país, respondan que la única variante posible es la emisión y el sobre gasto. No obstante, la industria nacional como herramienta de protección, creación de empleo y reducción del gasto en importaciones sintetiza todas esas discusiones y, en la medida que más grande y eficiente sea, más tira la balanza comercial a nuestro favor. En ese sentido, sería óptimo realizar el ejercicio de repreguntarse por qué algunos sectores políticos demonizan la industria nacional y luego realizan durante sus gestiones “industricidios” que, además de todo lo nombrado, ascienden el desempleo con una capacidad única.

Según un gráfico publicado en Infobae el 13 de noviembre de 2019, en el marco de un balance de la gestión de Mauricio Macri, la capacidad instalada de la industria, (es decir, el uso de las industrias y sus maquinarias) cayó de un 63% en 2016 a un 57% en 2019. Al son de ello, el desempleo subió desde 2015 de 6 puntos a 9, según lo relevado por el INDEC.

Hoy, incluso luego de una pandemia que frenó sustancialmente el uso de la industria, la capacidad instalada elevó su uso al 67%, y causalmente el desempleo bajó a 6,3%, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). Aquí yace la diferencia entre dos gestiones que presentaron y presentan problemas a la hora de controlar la inflación y distribuir la riqueza (la actual, totalmente diezmada por el acuerdo con el FMI tomado por la anterior). Esta diferencia es la decisión de alentar tanto al sector público como privado y así mismo bajar la desocupación.

Una obra pública de la envergadura del gasoducto marca la diferencia más allá de la creación del empleo, ya que como se mencionó anteriormente, ahorra en importaciones y colabora en la reducción del déficit fiscal. En esta línea, según informó ENARSA, el ducto que va desde Tratayén a Salliqueló ya aportó 482 millones de metros cúbicos de gas a Vaca Muerta, lo cual le permitió incrementar su producción diaria.  La temática de Vaca Muerta también cae a colación del tema abordado porque la reserva de gas no convencional más grande de Argentina posee una riqueza en cantidad de minerales explorables tazados en 16 mil millones de barriles de petróleo, según el último informe de la Energy Information Adminstration (EIA). Sin embargo, esta exploración ronda en un costo altísimo, por lo que hoy solo se está explotando entre el 35 y 40% del total de la piedra que yace en Neuquén.

Por lo mismo, es sumamente celebrable la decisión política de construir, incluso en contra de la voluntad del Fondo Monetario, este gasoducto llamado Presidente Néstor Kirchner, para fortalecer otro productor de industria en el área de los minerales en este caso, como lo es Vaca Muerta, que dicho sea de paso, también es una posibilidad producto de la decisión política de recuperar Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF).

¿Qué sigue en el calendario de los ductos?

La dinámica de sustitución de importación en energía continúa en la agenda del poder ejecutivo: actualmente se trabaja en la licitación del segundo tramo del GPNK, que busca extenderse para finalizar en un próximo tramo la conexión con Brasil y Uruguay, de modo de crear un pasaje de comercio bilateral directo. Por otra parte, se confirmó que el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) financiará la construcción y provisión de cuatro turbocompresores de extensión para el tramo ya inaugurado del GPNK, que se estima que aumentará el ahorro de divisas por producción en ocho mil millones de dólares.


Joaquín Bellingeri

Militando desde la información y la palabra contra el amarillismo oportunista y por una sociedad en la que predomine la equidad social.

Aerolíneas Argentinas: defender los intereses nacionales del pasado hacia el presente

Aerolíneas Argentinas: defender los intereses nacionales del pasado hacia el presente

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La línea de campaña de Unión por la Patria se posa sobre el recuerdo de lo trabajado del 2003 al 2015 y la presentación de los proyectos del presente como una continuación: tanto el gasoducto como el simulador de entrenamiento fueron posibles mediante la industria nacional.

A 15 años de la reestatización de Aerolíneas Argentinas, la vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner (CFK), y el ministro de Economía y pre candidato a presidente, Sergio Massa, presentaron el simulador de entrenamiento de pilotos de aviones “Boeing 737-Max”. El mismo permitirá ahorros de divisas en viáticos, hoteles, transportes y pago de simuladores en el exterior. El acto se desarrolló en el mismo sentido que la presentación del gasoducto, y casi en la continuidad de una estrategia de campaña –léase “la coronación de YPF”-.

Las similitudes entre ambas presentaciones son muchas, pero una es trascendental: la búsqueda de visibilizar el pasado y el presente en la gestión, y como, tras la interrupción con el gobierno de Cambiemos, los proyectos iniciados durante el kirchnerismo continuaron. En el caso del gasoducto, se lo relató como un proyecto llevado a cabo gracias a una herramienta fundamental como lo es la recuperación de YPF en 2012 y la continuidad del proyecto. En este caso, Aerolíneas Argentinas fue recuperada en 2008, razón por la cual hoy fue posible inaugurar un simulador que ahorrará aproximadamente 7 millones de dólares anuales. Otra similitud flagrante entre ambos hechos, es que trata de dos empresas nacionales vendidas durante la década neoliberal del menemismo.

“Ellos (la oposición) habían vaciado la empresa, cuando escucho a alguno decir que van a privatizar, ya lo hicieron y fue horrible”, remarcó la vicepresidenta durante la presentación y explicó: “Hay que sacarse las anteojeras ideológicas y dogmáticas, sobre todo cuando uno está en la gestión del Estado, hay que siempre poner como horizonte la defensa de los intereses nacionales“. CFK hace énfasis en este eje hace por lo menos un año: es su análisis de la política nacional actual y le da el caudal a Sergio Massa para que encare ese camino que “cualquiera sea, debe priorizar los intereses nacionales”.

Acto a acto, presentación a presentación, la vicepresidenta se muestra más que satisfecha con las capacidades de la gestión del actual ministro de Economía, más allá de la escalada inflación. De todas formas, la ex presidenta remarca más que nadie que este índice hoy es parte de la propia Argentina, mientras el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional siga en su actual parámetro. Por eso mismo el pie está puesto en el acelerador de ahorro de divisas, y tanto el gasoducto como este simulador, por más o menos que sea, son industrias que ahorran el gasto en importaciones. En este caso el Banco Central de la República Argentina (BCRA) ahorrará 7 millones de dólares anuales para la instrucción de pilotos que manejen los vuelos de las y los argentinos, en un contexto en el que Aerolíneas Argentinas viene bajando su déficit. Este es tal vez el argumento más repetido por opositores tanto del proyecto oficialista como así también de las industrias nacionales, y el eje central en el cual se posicionan para ejemplificar que –nada de lo nacional- sirve.

El hecho es que, una empresa nacional de vuelos aéreos no solo abarata los viajes de las y los argentinos, sino que además es una herramienta fundamental para el transporte de importaciones, como lo fue con la búsqueda de vacunas para el COVID-19 durante la pandemia, insustituibles para poder reanudar la industria lo más antes posible. Por otro lado, es importante preguntarse qué sucedió con Aerolíneas Argentinas durante los últimos años, y si quienes utilizan este argumento como bandera se lo preguntan, o si es mejor hacer omisión a los hechos para poder seguir adelante con dicha teoría.

La empresa Aerolíneas Argentinas fue vendida en 1994, cuando el gobierno de Carlos Saúl Menem entregó a su par español, a través de la Sociedad Española de Participaciones Industriales, la “acción de oro” de Aerolíneas, que permitía fiscalizar decisiones estratégicas y la venta de activos. En aquel momento, la empresa contaba con 28 aviones y tres simuladores. Estos últimos fueron vendidos inmediatamente, y a raíz de ello los aspirantes a piloto comenzaron a ser enviados a Estados Unidos para realizar sus prácticas (gasto en divisas). Más adelante fueron vendidos los 28 aviones que poseía la empresa junto a las oficinas en Argentina, Roma, Nueva York, Bogotá, entre otras. Llegado el momento de la recuperación de la empresa, solo contaba con dos aviones propios y 30 alquilados, una deuda de 2500 millones de pesos, una cantidad de pasajeros anuales de 5.3 millones y 2300 vuelos mensuales. A día de hoy, las flotas se duplicaron a 80, los pasajeros anuales se elevaron a 13.5 millones, y se registran una cantidad de 7500 vuelos mensuales. 

En consonancia con estos números, y en base a la inquietante preocupación de los opositores, estas mejoras se ven reflejadas en la reducción del déficit: en 2022 registró el mejor resultado desde 2008 (246 millones de dólares), con una reducción con respecto a 2021 del 43%, y se estima que para finales de 2023 se reducirá más del 50% (102 millones), según lo aprobado por la Auditoría General de la Nación, a su vez supervisados por la consultora internacional KPMG, que aprobó el último balance sin salvedades, hecho que no ocurría desde 2004. Además, con este saldo de 2022 aportó 6 mil millones dólares al Producto Bruto Interno (PBI) del país, número que supera ampliamente su margen de déficit o gasto estatal, además de generar 106.000 puestos de trabajo directos e indirectos. 

Todos estos números son expuestos sin ánimos de marear, pero sí con el sentido de ejemplificar cómo una empresa nacional puede ser una herramienta necesaria para el desarrollo de un país, y puede ser sostenido sin déficit mediante una gestión correcta. Cuando se recuperó la empresa en 2008, no sólo estaba en deuda, si no que además ya estaba sostenida por el Estado Nacional que se hacía cargo del combustible de los aviones y el salario de los empleados. De igual manera, la voluntad de la oposición es confundir con comparaciones insólitas: “los argentinos pagan con el IVA de la leche el pasaje de otros a Roma”, declaró el pre candidato a presidente de Juntos por el Cambio, Horacio Rodríguez Larreta. Sergio Massa lo desestimó rápidamente: “Lo que pido al proceso electoral es que por lo menos seamos serios y rigurosos con los números. Yo quiero contarles a todos los argentinos que Aerolíneas, con el vuelo a Roma, ganó US$12 millones”.

“Si queremos un país federal tenemos que defender Aerolíneas. Si queremos desarrollo con inclusión en distintas regiones de Argentina tenemos que defender nuestra aerolínea de bandera”, remató el ministro.


Joaquín Bellingeri

Militando desde la información y la palabra contra el amarillismo oportunista y por una sociedad en la que predomine la equidad social.

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