De la Desmalvinización a la Disuasión

De la Desmalvinización a la Disuasión

TIEMPO DE LECTURA: 13 min.

La recuperación de las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y sus espacios marítimos, tal como lo ordena nuestra Constitución Nacional, es un objetivo permanente e irrenunciable del Pueblo Argentino. De este mandato soberano se desprende, como imperativo de la defensa nacional, la necesidad de desarrollar y fortalecer todos los medios necesarios para afirmar, defender y eventualmente restituir nuestros derechos frente al poder ocupante (nuestro enemigo histórico, el Reino Unido de Gran Bretaña), mientras persista su usurpación ilegítima de nuestros territorios australes y sus pretensiones sobre la Antártida Argentina.

La soberanía no es declamativa; se ejerce. Como enseñaban los pioneros antárticos Pujato, Leal y Olezza, la soberanía existe en la medida en que se la hace efectiva. De lo contrario, se reduce a un significante vacío, una promesa incumplida para la Nación.

Para alcanzar el doble objetivo estratégico en el Atlántico Sur —recuperar lo usurpado y ejercer lo propio de manera incontestable— identifico cinco áreas fundamentales. En términos castrenses: en la retaguardia profunda se encuentran la cultura identitaria, la educación patriótica y el desarrollo científico-tecnológico e industrial soberano. En la vanguardia inmediata actúan, de manera coordinada, la política exterior y la Defensa Nacional.

Las Fuerzas Armadas son el instrumento esencial del poder nacional para materializar estos objetivos. ¿Qué es la Defensa Nacional? Es un bien público supremo, cuya ausencia solo se percibe en la crisis. Se vincula a la existencia, permanencia y desarrollo libre de la Patria. La Ley 23.554 la define como “la integración y la acción coordinada de todas las fuerzas de la Nación para la solución de aquellos conflictos que requieran el empleo de las Fuerzas Armadas, en forma disuasiva o efectiva, para enfrentar las agresiones de origen externo”. Su fin es garantizar la soberanía, la independencia, la integridad territorial y la autodeterminación. Abarca todo nuestro espacio soberano: continental, insular, marítimo, aéreo y el sector antártico. La ley es clara: la Defensa Nacional es un derecho y un deber de todos los argentinos.

Las FF. AA. son el instrumento que la Defensa Nacional esgrime para poder cumplir sus objetivos. Ahora bien, ¿Qué es la Defensa Nacional? Es un bien intangible, sólo se siente su ausencia ante emergencias nacionales. Está vinculada a la existencia, permanencia y desarrollo de una Nación. De acuerdo con la Ley de Defensa Nacional N°. 23.554, el textual afirma: es la integración y la acción coordinada de todas las fuerzas de la Nación para la solución de aquellos conflictos que requieran el empleo de las Fuerzas Armadas, en forma disuasiva o efectiva, para enfrentar las agresiones de origen externo.

Su fin es garantizar de forma permanente la soberanía e independencia de la Nación Argentina, su integridad territorial y capacidad de autodeterminación, proteger la vida y la libertad de sus habitantes. Abarca los espacios continentales, islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur y demás espacios insulares, marítimos y aéreos de la República Argentina, así como el sector antártico argentino.

La misma Ley define a las FF. AA. como el instrumento militar de la Defensa Nacional y, tal como mencionamos más arriba, prevé su integración con medios humanos y materiales orgánicamente estructurados para posibilitar su empleo en forma disuasiva y efectiva. Y nos da un dato no menor, la Defensa Nacional constituye un derecho y un deber para todos los argentinos.

Sin embargo, en la actualidad nuestra Defensa Nacional enfrenta graves problemas. Con el retorno de la democracia en 1983, una parte de la sociedad y gran parte del campo intelectual, especialmente el progresista, se planteó la necesidad de desarmar y reducir al mínimo nuestras Fuerzas Armadas (FF. AA.). Después de la enorme catástrofe que significó la dictadura cívico-militar para nuestro país, era entendible y lógica la fractura entre la institución militar y la sociedad argentina.

Esta concepción se vio reflejada en la desmalvinización y en el drástico descenso del porcentaje del PBI destinado a Defensa en los primeros años de democracia, que cayó del 3,5% del PBI en 1983 al 1,8% en 1989. Durante la década de 1990, dicho presupuesto siguió disminuyendo hasta cerrar el decenio en el 1,1%. A esto hubo que sumarle el cierre y/o privatización del 90% de las empresas relacionadas con el sector.

En la actualidad, año 2025, Argentina continúa profundizando su deterioro presupuestario en materia de Defensa, con una inversión equivalente al 0,62 % de su PBI, marcando una tendencia decreciente y generando un obvio impacto negativo en las FF.AA. Hace pocos días se supo que el porcentaje del PBI destinado a la Defensa para el 2026 es aún más bajo, tocando un piso histórico negativo absoluto al proyectarse destinar sólo el 0,57% del PBI. Este gobierno por más que discursivamente dice una cosa, en los hechos no hace más que profundizar la desinversión y el abandono al cual nuestras FF. AA. han sido sometidas durante los últimos 40 años. Esta cifra, la más baja de la historia, preocupa principalmente por dos razones:

La falta de un presupuesto acorde a los gastos proyectados para el próximo ejercicio puede generar una subejecución presupuestaria en las fuerzas para cuidar y racionar (aún más) los escasos fondos percibidos para su funcionamiento, generando un deterioro en infraestructuras, mantenimiento de medios, etc. Cabe recordar que el esfuerzo que todos los países del mundo dedican a la Defensa, se mide únicamente por medio del porcentaje del PBI destinado a la misma. Esto genera un marco de previsibilidad que permite a las Fuerzas Armadas proyectar en el tiempo el uso de sus partidas al tiempo que poder prever con certeza el porcentaje de fondos que podrán destinarse en el futuro a nuevos programas de equipamiento.

El segundo problema derivado de este bajísimo número que el gobierno pretende para Defensa es que demuestra que el Ejecutivo cree posible sostener una gestión eficiente en materia presupuestaria por medio de partidas extraordinarias sin comprender el daño que esta práctica genera en los horizontes presupuestarios que cada fuerza debe manejar. Sin un horizonte previsible, que es precisamente lo que debería garantizar el % de PBI para Defensa, es imposible que las fuerzas puedan proyectar a mediano plazo programas de equipamiento o adquisiciones de nuevos sistemas de armas, sobre todo en tanto su asignación y ejecución presupuestaria sigan dependiendo de la discrecionalidad política del momento.

Esta cifra nos sitúa como el país sudamericano con menor esfuerzo relativo en la materia, incluso por debajo de economías de mucha menor escala como Guyana o Bolivia.

¿Es esta política correcta? ¿Puede sobrevivir un Estado en la actualidad sin poder de disuasión? Es decir, sin unas FF.AA. modernas, bien equipadas y entrenadas. La respuesta es un rotundo no. El no poder utilizar a las Fuerzas Armadas para sus misiones principales, especialmente con respecto a la seguridad internacional, debilita no solamente la capacidad nacional sino también la estructura democrática.

Debemos comprender que la principal función de las FF.AA. no es la de defender al país ante un ataque, sino brindar una capacidad disuasiva suficiente para que ese ataque jamás ocurra.

Nuestra Nación debe mirar al Atlántico Sur. No hacerlo y descuidar los intereses que tenemos en dicho mar sería un error que sin dudas puede afectar incluso nuestra existencia como Nación. Teniendo en cuenta que el 85% de nuestro comercio se realiza por vía marítima, y siendo conscientes de la magnitud de los recursos renovables y no renovables que se encuentran en el mar (de hecho, lo llamamos Pampa Azul) sobre el cual tenemos jurisdicción, si no pensamos una estrategia que tenga en cuenta el valor geopolítico del mismo estaríamos cometiendo un error gravísimo. Y es que el Atlántico Sur no es sólo importante por los recursos naturales, sino que también este mar nos conecta a las Islas Malvinas, nos conecta a la Antártida y además permite los pasos interoceánicos que se encuentran a nuestro alrededor.

En nuestro país la principal vulnerabilidad en el área del Atlántico Sur ha radicado históricamente en la falta de conciencia por parte del Estado y de su población acerca de las amenazas que enfrenta. Expertos en geopolítica de otros países han descripto al mar como el punto débil de Argentina[1]. Nuestro país tiene la imperiosa necesidad de controlar y proteger cinco complejos geopolíticos fundamentales: el Frente Marítimo, el Área focal de la Provincia de Buenos Aires, las islas Malvinas, Georgias y Sándwich del Sur, el Polo Patagónico Austral y, por último, la Antártida. Aunque ésta falta de conciencia ha ido desapareciendo lentamente en los últimos años en lo declamativo al menos, el supuesto cambio de mentalidad no se ha transformado en acciones concretas y la defensa nacional sigue sin centrarse en recuperar nuestros territorios usurpados y continúa en el camino de la desinversión constante. Hay sectores tanto del campo popular como de la llamada derecha que dicen defender a la Patria. En sus discursos afirman mirar al sur con objetivos claros: lograr la cohesión territorial y la integración de las tierras al sur de Tierra del Fuego. Sin embargo, parece que esa mirada al sur se diluye, los últimos por tener el propósito fijo de subordinación frente a los Estados Unidos e Israel y otros por despreciar a las Fuerzas Armadas, negar todo intento de fortalecimiento de estas y acusar de militarismo o de nacionalismo chauvinista a quiénes intentan dar una discusión real sobre las FF. AA. y su rol en la Defensa Nacional y la recuperación de los territorios usurpados por el enemigo.

La función estratégica básica de nuestras Fuerzas Armadas no es otra que la de brindar a nuestro país un instrumento para proteger su territorio, su espacio marítimo y su proyección en el continente antártico para que sea capaz de proyectar poder para denegar el acceso a actores no deseados y resguardarlo para los propios propósitos.

Tal y como señaló hace tiempo el Contralmirante Martin: “Ningún país que se precie de serio puede carecer de pensamiento geopolítico y de un sistema de defensa acordes con los objetivos nacionales”[2]. No podremos hacer efectiva nuestra definición de ser una nación bioceánica y bicontinental de otra manera, y en la medida que no podamos resolverla, la recuperación de las islas Malvinas y el ejercicio de soberanía plena en nuestro sector antártico no pasará de ser una utopía distante.

La Defensa es una responsabilidad del Estado y es obligatorio para todos los ciudadanos, constitucionalmente, acudir a realizarla ante cualquier necesidad, por lo que debería ser parte de la problemática a atender por todos los argentinos. Es tiempo de que los ciudadanos comunes se interesen por estos temas. Los académicos y los comunicadores deberían ser los primeros en volcarse a aprender sobre las herramientas que tiene nuestra Patria para defenderse.

La disuasión es un componente esencial de la política internacional y uno de los aspectos básicos de la misma es la credibilidad. Necesitamos apoyar nuestros discursos patriotas con hechos concretos que le muestren al mundo, y especialmente al gobierno del Reino Unido de Gran Bretaña, que realmente hablamos en serio cuando decimos que las Malvinas son Argentinas y que somos un país bicontinental que al Sur limita con el Polo.

A continuación, dejo algunas sugerencias respecto a que se podría hacer para darle músculo a nuestra Defensa.

Hay que romper con la política de Estado llevada a cabo durante los últimos 40 años de desinversión en defensa (con excepción de la gestión Taiana entre 2020 y 2023). La Argentina debe revertir de manera urgente y planificada la crónica desinversión en su defensa. El objetivo estratégico ineludible es cuadruplicar el presupuesto del sector, estableciendo por ley una trayectoria ascendente y obligatoria que eleve gradualmente la asignación desde el 0.6% actual del PBI hasta un piso del 2%. Este porcentaje no es una cifra arbitraria, sino un estándar mínimo que nos alinearía con el esfuerzo de naciones vecinas que comprenden el vínculo entre defensa y soberanía: Brasil (1.1%), Chile (1.6%), Uruguay (2.3%) e, incluso, Colombia (3.4%), quien destina una proporción significativamente mayor a garantizar sus intereses nacionales. Resulta paradójico y alarmante que, reclamando la soberanía sobre un territorio ocupado por una potencia militar, seamos el país que menor esfuerzo relativo realiza en defensa en toda Sudamérica.

Para transformar esta declaración en realidad, se propone un Plan de Reinversión Estratégica Gradual (PREG) a 6 años, con metas legalmente vinculantes:

Año 1 (Ley de Financiamiento Base): Establecimiento del PREG por ley del Congreso, fijando el objetivo del 2% del PBI y blindándolo de recortes discrecionales.

Año 1 al 3 (Fase de Recuperación Crítica): Incremento anual de 0.25 puntos del PBI. Los fondos se destinarán prioritariamente a: 1) frenar el deterioro operativo (mantenimiento crítico de medios, infraestructura y salarios), 2) reactivar proyectos de recapitalización congelados, y 3) reforzar la presencia logística en el Atlántico Sur.

Año 4 al 6 (Fase de Desarrollo de Capacidades): Incremento anual de 0.2 puntos del PBI. Con una base financiera saneada, el foco pasará a: 1) programas de equipamiento mayor (capacidades A2/AD, vigilancia y control marítimo, movilidad estratégica), 2) inversión acelerada en la Base Industrial de la Defensa, y 3) modernización de sistemas de comando, control e inteligencia.

Año 6 (Meta de Disuasión): Alcanzar y sostener el 2% del PBI. Este nivel permitirá no solo una fuerza disuasiva creíble para la defensa de nuestros espacios soberanos, sino también una previsibilidad presupuestaria que habilite ciclos de planeamiento y adquisición a mediano y largo plazo, acabando con la lógica del “parche” y la emergencia permanente.

Esta escalada gradual, consensuada y plasmada en ley, enviaría una señal inequívoca de seriedad estratégica al país y al mundo, transformando la retórica de la soberanía en un instrumento concreto de poder nacional.

La política de defensa debe plantearse en función de la usurpación británica. Todos nuestros esfuerzos deben estar orientados al Atlántico Sur. Esto implica definir los medios materiales, la infraestructura, los recursos humanos, la inteligencia, la logística, el adiestramiento, la doctrina y la organización en consideración de la principal amenaza a nuestra seguridad. La Argentina debe recuperar el Fondo Nacional para la Defensa (FONDEF). El FONDEF probó ser una gran herramienta para recuperar, reequipar y modernizar a las FF. AA. El gobierno de Javier Milei le ha sacado la fuente de su financiamiento, quiénes lleguen al gobierno nacional después de él, y se precien de ser nacionalistas deben instituir su financiamiento por ley y aumentarlo.

Hay que capacitar a los oficiales y suboficiales de las FF. AA. en asuntos de geopolítica situada. No puede ser que nuestros mejores oficiales viajen a EE. UU. a aprender doctrinas geopolíticas que nada tienen que ver con los intereses nacionales.

Debemos recuperar las empresas estratégicas para la Defensa Nacional. FAdeA, Tandanor, Fabricaciones Militares, IMPSA, Astilleros Río Santiago, INVAP, ARSAT.

Tenemos que fortalecer la presencia militar y científica en el Atlántico Sur a partir del aumento de sus capacidades de defensa de sus costas, de anti-acceso, de denegación de área (A2/AD) y de control del mar.

Por otro lado, es imperativo dar una discusión seria para mejorar el subregimen de promoción industrial de TdF teniendo en cuenta los intereses geopolíticos nacionales como marco teórico. Y digo mejorarlo, no cancelarlo o desmantelarlo como este gobierno e incluso algunos académicos (como los que integran FUNDAR) están intentando hacer en la actualidad.

La Argentina debe recuperar las capacidades submarinas y los medios aeronavales y fortalecer la flota de mar en general.

En el comedor de la Base Marambio hay una bandera argentina que reza la siguiente inscripción: “Cuando llegaste apenas me conocías, cuando te vayas me llevarás contigo”. A los antárticos nos gusta repetir que no se puede amar lo que no se conoce ni defender lo que no se ama.

Son los hombres y mujeres de nuestras Fuerzas Armadas quienes nos permiten al resto de los ciudadanos argentinos conocer nuestro territorio más austral, valorarlo y aprovecharlo. En medio de un presente geopolítico cambiante y turbulento y un futuro incierto, podemos mencionar una frase de cabecera del gran Almirante Storni, el hacía referencia a la defensa marítima, pero se puede hacer extensiva a la Defensa de todo el territorio nacional: “Y esto es bueno que el pueblo argentino lo sepa, que el Honorable Congreso lo tome en cuenta y que los hombres de Estado lo mediten”[3].

Los tiempos de diagnósticos han pasado. Nuestro país se encuentra en una encrucijada crítica que puede desembocar en la balcanización o en una condición colonial permanente. Sin embargo, en medio de este panorama, se abre una ventana de oportunidad inmejorable: el nuevo mundo multipolar se redefine en un cambio geopolítico acelerado, donde el coraje y la claridad estratégica de las naciones serán recompensados. Los que amamos a esta Patria tenemos el deber de proponer soluciones concretas, viables, y impulsarlas con la determinación de quien se sabe forjando su destino.

No es hora de nostalgia, sino de potencia y decisión. La disuasión no se negocia, se construye. La soberanía no se espera, se ejerce. Debemos actuar con la claridad de aquellos pioneros que, mirando al Sur, entendieron que la Patria se defiende con hechos en el presente. El camino es uno solo: voluntad política inquebrantable, inversión estratégica sostenida y unidad de acción nacional.

O somos artífices de nuestro resurgimiento como potencia bicontinental, o seremos rehenes de un ocaso irrevocable. La ventana aún está abierta. La historia nos juzgará por la decisión que tomemos en este instante. La hora crucial para nuestro pueblo es ahora.


[1] Koutoudjian, A. y otros. “Geopolítica del mar argentino”. Instituto de Publicaciones Navales, Bs As, 2015, pág. 322.

[2] Koutoudjian, A. y otros. “Geopolítica del mar argentino”. Instituto de Publicaciones Navales, Bs As, 2015, pág. 360.

[3] Storni, Vicealmirante Segundo. “Los intereses argentinos en el mar”. 2° Ed. Armada Argentina, Buenos Aires, 2009, pág 102.

David Pizarro Romero

Lic. en Historia por la Universidad del Salvador (USAL) y Prof. en Historia también por la Universidad del Salvador (USAL). Mg en Estrategia y Geopolítica por la Escuela Superior de Guerra (ESG-UNDEF). Investigador del Instituto de Asuntos Internacionales y Estudios Políticos Manuel Ugarte, Universidad de Lanús (UNLa). Antártico.

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Argentina en el Atlántico Sur

Argentina en el Atlántico Sur

TIEMPO DE LECTURA: 12 min.

El actual dossier lleva por nombre “Bicontinentalidad, bioceanidad y Atlántico Sur”. Esto se debe a: la posición bi-continental de Argentina (entre América y la Antártida), la posición bi-oceánica (entre el océano Atlántico y Pacífico), y por último, la referencia al Atlántico porque una gran parte de todo el territorio del país se encuentra en este, entre la porción antártica, Malvinas, Georgias, Sandwich y la plataforma marítima.

¿Por qué hacer un dossier entero sobre ello? Resulta importante entender el valor estratégico, en calidad y cantidad de recursos que toda esta superficie sugiere, pero, sobre todo, mencionarlo hasta el hartazgo, ya que no es un tema instalado en el común denominador de la población, así como el hecho de que gran parte de este territorio está invadido por Gran Bretaña (no sólo las Islas Malvinas).

De esa manera, mientras otros artículos profundizarán sobre la exactitud de las riquezas del suelo en cuestión, u otros más, en la ocupación británica en cuestión, en el siguiente texto se narrará la historia de Argentina con estos suelos desde su momento fundante, que situamos en la defensa a las invasiones inglesas de 1806 y 1807.

¿Y por qué recopilar esta historia? Porque la ocupación y población de un territorio es un argumento pujante a la hora de reclamarlo, y ha sido, en el caso de Malvinas, el mejor aliado de la Argentina para disputar su tenencia tras la invasión de Gran Bretaña y lo será, en caso de la Antártida, si llegase el momento de discutirlo también.

Islas Malvinas 

El caso más conocido y emblemático de nuestro país. Su historia se remonta al mismo “descubrimiento” de América por parte del reino de España, por lo menos en 1520, en donde varias historiografías coinciden en el avistamiento de Fernando de Magallanes. Aunque previamente, en 1501, también existen datos sobre un avistamiento (no comprobado) de Américo Vespucio. Por su parte, Inglaterra afirma haber realizado un primer avistaje en 1592, lo cual dará pie a su puja posterior.

Para entender este contexto, es importante recordar que los distintos reinos europeos se encontraban en plena batalla por la dominación de los mares que abrían puertas a “nuevas tierras”. Todo esto, por supuesto, entendiendo que fue la historiografía y visión eurocentrista que se impuso ante la matanza de quienes ya residían en otras tierras y la aniquilación de una gran parte de sus memorias.

Así, reinos como Gran Bretaña, España, Francia, Portugal, Holanda, entre otros, merodearon América. España y Portugal se asentaron en el sur, Holanda en el centro, Francia e Inglaterra del centro al norte. Pero ello no quita que hayan existido disconformidades u otras aspiraciones entre medio.

Tal es así que, no solo Inglaterra merodeó desde aquel momento Malvinas, si no que, tras el avistaje de España, Francia también ocupó el archipiélago y de hecho fue el primero en formar un asentamiento permanente con el “Port Saint Louis”. Lo hizo a espaldas de España, en un marco de alianza que no le permitía a Francia tomar posesión en el sur de América.

Si bien el reino español retomó el poder diplomático de las islas en pocos años, es importante entender que estos diversos intereses no son casuales: todos los reinos se disputaban las rutas comerciales del mundo a través de los mares, y sabían que tomar posesión de alguna isla como base significaría tener un lugar desde donde pujar el pasaje entre el Atlántico y el Pacífico en el sur. Una lógica que aún predomina y es más fuerte en el presente: el futuro llegó. 

El principio de posesión del reino de España a través del Virreinato del Río de La Plata sobre las Islas Malvinas es, por excelencia, el primer argumento diplomático con el que la Argentina cuenta incluso desde antes de formarse como tal. Una vez independizadas las Provincias Unidas, todo el territorio de ese virreinato correspondía a ese conjunto. 

En el acta de independencia de la corona española las mismas Islas fueron confirmadas como pertenecientes a la provincia de Buenos Aires, y a partir de allí las provincias unidas ejercerían la plena soberanía hasta 1833. Sin embargo, recién en 1829, luego de la consolidación del confederalismo, se designó a un responsable de las islas.

El por entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires, Martín Rodriguez, designó a Luis Vernet como comandante Militar y Civil de las Islas Malvinas, quien se mudó allí e incluso dio vida a la primera ciudadana oficial de las Islas, Matilde Malvina Vernet. Incluso desde una visión de población “natural”, la Argentina tiene los argumentos en su favor.

Pero Inglaterra tenía un plan histórico de ocupación sobre los mares y no se quedaría de brazos cruzados solo porque el pueblo bonaerense le cerró las puertas en 1806 y 1807. Cuatro años más tarde de la designación de Vernet, con el argumento de una “expedición de investigación”, los piratas zarparon a las islas.

El ataque obtuvo resistencia a través de una tropa de trabajadores de las islas comandadas por Antonio “El Gaucho” Rivero, que se levantó contra los británicos y volvieron a izar la bandera argentina. Los piratas regresaron a su archipiélago real pero por supuesto, contraatacaron. Rivero prevé esto, pero los refuerzos de Buenos Aires nunca llegaron y el regreso de los ingleses un año después fue definitivo. Rivero y los suyos fueron encarcelados y enviados hacia Inglaterra primero y luego de regreso a Buenos Aires.

Desde ese momento, Inglaterra comenzó su plan de autoimplantación de población, los llamados “Kelpers”, que diagramaron un argumento legal al mismo tiempo que ejercían la ocupación. 

Antes siendo Provincias Unidas, y luego Argentina, este pueblo jamás dejó de anteponer sus argumentos ante organizaciones y juzgados internacionales, ya que la diferencia militar entre ambos países fue y es holgada. Incluso en 1974, bajo la presidencia de Juan Domingo Perón, y luego en las continuación con María Estela “Isabelita” de Perón, se profundizó la estrategia proveyendo a los isleños de gas natural a través de YPF.

Fueron años de esfuerzos diplomáticos interrumpidos por un manotazo de ahogado de la última dictadura cívico militar en su etapa más senil, cuando decidió enviar tropas de jóvenes argentinos de entre 18 y 20 años a “recuperar las islas”. 

El resultado es el conocido ampliamente y Argentina hoy apuesta nuevamente a la vía diplomática, no solo en contra de Gran Bretaña, si no de los lobbies internos que esta ejerce a través de narraciones como la de los kelpers o prohibiciones de explotación cercanas al área marítima argentina a través de ONG´s en su mayoría británicas, disfrazadas de ambientalistas.

Todo ello forma parte de la malvinización en la que se profundizará en otros artículos. No obstante, es importante no dejar de mencionar que la Argentina aún conserva su estrategia y que desde 1957 lo hace de manera integrada hacia todo el Atlántico Sur con la creación de la provincia Tierra del Fuego, la cual unifica las porciones marítimas, antárticas e isleñas.

Tierra del Fuego 

No como provincia sino como territorio, desde 1884, tras aniquilar gran parte de la población originaria, se estableció el “Territorio nacional de la Tierra del Fuego”, pero recién en 1957 se le añadió “Antártida e Islas del Atlántico Sur”, completando ese nombre. Finalmente, en 1991 adquirió el carácter provincial bajo el nombre definitivo “Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur”.

Para entender a la provincia en sí misma es importante pensar en su posición estratégica: es un mirador perfecto a toda la superficie del Atlántico Sur, en donde Argentina se disputa cara a cara con Inglaterra desde que reside en Malvinas. Su capital, Ushuaia, es el territorio más cercano del mundo a la Antártida (aproximadamente 1600 km). ¿Por qué el hombre querría habitar territorios complejos en cuanto a temperaturas como los polos, tanto ártico como antártico, o las provincias más boreales o australes? Sencillamente por su valor estratégico. Por esto mismo Gran Bretaña merodea el sur y los mares, pero también pelea en el ártico (que sería mucho más lógico por proximidad) así como Rusia, Estados Unidos u otras potencias.

Si bien Argentina no tiene el potencial militar para asemejarse a tales monstruos internacionales como los mencionados anteriormente, tiene, al igual que en Malvinas, una posición territorial y diplomática que da sólidos argumentos para la disputa. 

Por ello resulta imperiosa la necesidad de ocupar el territorio austral fueguino, hecho que no sucederá si no se otorgan ciertos métodos para hacer atractiva la experiencia de vida en esa tierra. Para esto, en 1972, un desgastado gobierno dictatorial al mando de Agustín Lanusse creó el Régimen de Promoción Industrial de Tierra del Fuego. 

Como podemos ver en la recuperación de hechos, la mayoría de construcciones no son hitos de un solo gobierno, muchas veces incluso ni siquiera suceden en el mismo siglo, si no que se pueden enmarcar en “políticas de Estado”. Esta es una buena noticia, ya que el relato agotador de la “grieta” gráfica el sentido de que los argentinos no nos pusimos de acuerdo nunca en nuestra vida. Si bien es verdad que hay líneas de diferencias marcadas, por suerte también hay excepciones en las que se han respetado líneas comunes de acción.

Continuando en el relato: el cambio de ciclo estaba por concretarse hacia el año 1972, en el que el propio Lanusse ya había llamado a elecciones con la participación del Partido Justicialista, tras 18 años de proscripción. Se crea entonces un régimen que liberaba del pago del Impuesto al Valor Agregado (IVA), ganancias y hasta importaciones para quienes residan en Tierra del Fuego (TDF).

La última medida fue fundamental para generar fuentes de trabajo en la isla: con la casi libre importación, la provincia comenzó a ingresar industria tecnológica y ensamblar, agregándole valor y proveyendo al país, por ejemplo, con aires acondicionados o celulares.

Creer que este movimiento tiene por fin la óptima distribución de productos tecnológicos de la mejor calidad al mejor precio sería ignorar todo lo anterior contado; se trata simplemente de la imposición de una industria, a cambio del control de la zona más estratégica del país y una de las más importantes del mundo. 

En la actualidad, el gobierno de La Libertad Avanza quitó los beneficios impositivos a industrias como la textil en TDF, hecho que sucede en un marco de discusión y críticas al régimen de incentivos, por lo menos desde la presidencia de Mauricio Macri en 2016. 

Estos actores políticos abrieron la discusión sobre el régimen desde una óptica meramente económica sobre las industrias en cuestión, dejando de lado el sentido de desarrollo en el territorio e incluso la futura exportación de los recursos del mismo (si se viera desde una óptica de economía primaria, como lo es la de los actores nombrados). Desde una óptica de sector secundario y distribución interna, en cambio, habría que restar además cuan más barato puede salir la energía o el combustible, extraídos de la misma zona.

Traducido en criollo: si al argentino de la provincia del centro o norte del país le va  salir mas caro un aire acondicionado por el valor agregado de TDF en vez de la importación, a eso habría que restarle luego el valor en el que se puede reducir el costo de la energía o el combustible tanto para el hogar como para el resto de industrias y logísticas en el país. Es sacrificarse “manteniendo” una industria para poder hacerse con recursos vitales que se disputan las grandes potencias, lo que se dice “estratégico”.

¿Puede existir un mejor régimen? Sería poco ambicioso pensar que no, por lo que no es mala palabra la discusión, pero sí sería una pantomima mal intencionada tener el debate a medias, ignorando el origen y la búsqueda del régimen incentivo.

Antártida

En último lugar, la síntesis y quizás el fin de búsqueda de esta disputa geopolítica sea el llamado continente blanco. Por supuesto que en los archipiélagos ocupados por Gran Bretaña y en sus alrededores marítimos existen incalculables recursos, así como en la misma Patagonia argentina. Sin embargo, la Antártida es aún más codiciada por su nivel de “virginidad” en la tierra. Un terreno prácticamente aislado de la vida humana y en el que la mayor actividad fue ejercida justamente por Argentina. 

La relación de Argentina con la Antártida se remonta, por lo menos, hacia 1904. Habiendo participado el gobierno argentino en diversas investigaciones científicas, y en línea con el histórico posicionamiento de independencia que declaraba a todos los territorios del Atlántico sur como parte de las Provincias Unidas, la Argentina se hizo oficialmente de una base en enero de 1904, en herencia de una investigación escocesa.

El antecedente data de un año atrás, en 1903, cuando William Speirs Bruce, a cargo de una expedición antártica nacional de Escocia llegó a las costas de las Orcadas del Sur, en donde quedó atrapado en medio de hielos. Sobrevivió con la construcción de una especie de casa precaria hasta la llegada del verano, cuando los hielos se derritieron lo suficiente como para emprender el regreso.

Bruce se acercó hasta Buenos Aires con la oferta al Gobierno nacional de vender el proyecto y la “base” llamada “Omond House”, con el interés de que se continúen con las investigaciones. Así es como en enero de 1904 Argentina adquirió la que un mes después pasaría a llamarse “Observatorio Orcadas del Sur”. El 22 de febrero se izó por primera vez la bandera argentina y el país se afirmó como el primero en tener presencia ininterrumpida en el continente, desde aquella fecha hasta la actualidad. Como no podía ser de otra manera, Inglaterra reclamó la soberanía sobre la isla en donde se encuentra Omond House en una primera instancia y luego toda la porción antártica argentina hacia 1908.

Por otro lado existen relatos alternativos que explican que ya en el siglo 19 pescadores criollos se aventuraban en las zonas para conseguir pesca y aceites y luego venderlos, hecho que nunca difundieron para no atraer competidores.

En 1939 Argentina creó transitoriamente la Comisión Nacional del Antártico, para participar de una invitación hecha por Noruega para profundizar investigaciones. El clima de tensión en el sexto continente genera que los países se midan constantemente sus intenciones. Si bien en este caso la propuesta de Noruega era de índole “colaborativa” e “internacionalista”, un año después Chile fijó su reclamo territorialmente, el cual pisa a la Argentina.

Por si fuera poco, Inglaterra tampoco quedó expectante y reforzó su reclamo. Ante estos movimientos Argentina y Chile llegaron a un acuerdo básico en el cual ambas partes reconocen que “Chile y Argentina tienen derechos indiscutibles de soberanía en la zona polar denominada Antártida americana”, aliándose contra Reino Unido, quien pretende llevarse las partes reclamadas por estos dos.

De esta manera se configuró el actual mapa de reclamos tal cual lo conocemos hoy, pero lo cierto es que mientras Reino Unido sólo ejerció un camino de lobby a través de comunicados, papeles y movimientos diplomáticos, Argentina no solo mantuvo esa línea, si no que continuó con la instalación de bases, investigaciones, aportes científicos y presencia en el continente, convirtiéndose en quien más lo habitó y habita actualmente.

Hacia 1951 Argentina inauguró el Destacamento Naval Almirante Brown, y al año siguiente la Base Esperanza, hechos que dieron comienzo a una larga lista de bases: en total son 13, de las cuales 7 (Orcadas, Carlini, Esperanza, San Martín, Belgrano II y Marambio) son permanentes, y 6 (Brown, Matienzo, Melchior, Decepción, Cámara y Primavera) se utilizan durante la temporada de verano, momento más habitable del continente.

Entre otros hechos destacables se pueden repasar la primera presencia de un presidente argentino en el continente (Arturo Frondizi en 1957) y la firma del tratado antártico tras varios ataques militares de Reino Unido a bases de Argentina (1959). Este último fue firmado entre quienes tienen reclamos: Argentina, Australia, Bélgica, Chile, Francia, Japón, Nueva Zelanda, Noruega, Sudáfrica, Unión Soviética, Reino Unido y Estados Unidos. El mismo prohíbe la acción militar en el continente y permite su utilización sólo para fines pacíficos.

Es importante destacar que el tratado no caducará en el año 2048 como se suele afirmar, pero si se abre a la posibilidad de realizar modificaciones, que dependerán de los argumentos y recursos que cada nación pretendiente presente. 

Como se puede ver en cada uno de los apartados analizados, la presencia del Reino Unido es repetida en cada uno de los territorios del Atlántico Sur. Sería imposible negar un evidente interés de ese país en toda esa zona que, en términos geográficos, no tiene nada que ver con su original archipiélago, a diferencia de Argentina, que es quien está más próxima a estas zonas, y que además ha ejercido el dominio pacífico sobre las mismas.

Por último, no se puede dejar de mencionar la plataforma marítima que rodea estas tierras, cuestión que puede pasar más desapercibida pero en la que el Reino Unido también ejerce la invasión: hace un año declararon 166 mil kilómetros cuadrados cercanos a Malvinas y pertenecientes a la Argentina como suyos, sin que el actual Gobierno nacional emita un solo reclamo. 

Por último, también es importante recordar que, para sintetizar el posicionamiento de Argentina sobre todos estos territorios y su ejercicio de soberanía, tanto terrestre como marítimo, en 2010 se realizó el mapa bicontinental, del cual su difusión es fundamental para aceitar los conocimientos nacionales sobre nuestro territorio.



Joaquín Bellingeri

Por una patria justa, libre, y soberana de la Quiaca a la Antártida. “Para un argentino no hay nada mejor que otro argentino”. Nacional Justicialista.

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El Atlántico Sudoccidental: ¿un espacio estratégico?

El Atlántico Sudoccidental: ¿un espacio estratégico?

TIEMPO DE LECTURA: 12 min.

El orden hegemónico liderado por Occidente desde mediados del siglo XX se encuentra actualmente desafiado por las potencias emergentes, particularmente China y la Federación Rusa, y en un sentido más amplio por el bloque de los BRICS, cuyas visiones del mundo, sistemas de valores y objetivos geopolíticos difieren significativamente de los parámetros establecidos por Estados Unidos y Europa. 

Nos encontramos ante un orden internacional “interpolar” (Grevi, 2010), “no polar” (Haas, 2008) o “multiplex” (Acharya, 2017), en el cual ya no hay un único polo de poder sino varios poderes estatales, organizaciones regionales e internacionales con influencia y numerosos actores no gubernamentales que desarrollan formas complejas de interdependencia, presentan múltiples capas de autoridad y liderazgo y actúan en dimensiones superpuestas de la gobernanza global.

En este marco de reconfiguración geopolítica, se ha intensificado la rivalidad estratégica por el dominio de los espacios marítimos. De acuerdo con Altieri (2018), “control del mar” implica el despliegue de una presencia efectiva en zonas de interés clave para la proyección de poder con el doble propósito de negar a un adversario la utilización del área e influir decisivamente en los acontecimientos continentales.

Principalmente, el foco de atención ha estado en el Indopacífico debido a sus características centrales. Por una parte, la región es el centro de gravedad de la economía mundial, aportando más del 35% de la riqueza global y el 70% de su crecimiento, a su alrededor se despliega la Rutas Marítimas de la Seda chinas y se transporta la mayor parte del petróleo y gas producidos en Medio Oriente. Por otra parte, es el escenario de puntos de tensión como el Mar de China, el Golfo Pérsico, el estrecho de Taiwán y la península de Corea (Abensour, 2024).

En tanto, la relevancia del Atlántico Sur para la paz y el crecimiento mundial ha sido durante mucho tiempo desestimada, a pesar de ser una ruta marítima indispensable, de ser abundante en recursos naturales y del rol que ocupa en la rivalidad geopolítica contemporánea (Leoni et. al., 2025). En parte, esto puede comprenderse porque este océano ha sido concebido como un “remanso estratégico” (Abdenur y De Souza Neto, 2013).

Dicho calificativo se basa en las dinámicas pacíficas de este orden marítimo -en especial en el Cono Sur, donde la probabilidad de conflictos militares inter-estatales es casi nula y existe un importante grado de cooperación- y en la vigencia de la Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur (ZOPACAS). La misma es un mecanismo de diálogo multilateral africano-sudamericano, instituido a instancia de Brasil en Naciones Unidas en 1986, con el propósito de coordinar la agenda de la gobernanza en materia de defensa y seguridad y promover el Atlántico Sur como un espacio opuesto al colonialismo, desmilitarizado y libre de armas de destrucción masiva. De este modo, el Atlántico Sur posee un grado relativamente alto de estabilidad –más allá de cuestiones puntuales vinculadas a la piratería o el tráfico ilícito en las costas africanas o problemáticas de la pesca ilegal, no declarada o no reglamentada- que dista mucho de ser un espacio de amenazas para las grandes potencias navales

Sin embargo, es cada vez más evidente la importancia estratégica sudatlántica, tal como lo sugiere la presencia de actores regionales y extrarregionales que detentan “poder naval”. El mismo da cuenta del uso político y militar de las fuerzas navales, tanto en tiempos de guerra como de paz, ya que presenta dimensiones militares y no-militares, vinculadas con lo económico, lo ambiental, lo diplomático y lo normativo (Allahverdizadeh & Karimi, 2023). 

Desde la perspectiva argentina, debemos prestar atención a la presencia de cuatro potencias hoy centrales en el Atlántico Sudoccidental -Brasil, China, Estados Unidos y el Reino Unido- que configuran un complejo entramado de intereses.

En relación a Brasil, cabe señalar que es el país con la costa atlántica más extensa del mundo y que en sus documentos de defensa y política exterior ha enfatizado la “importancia estratégica del Atlántico Sur”. En el mismo busca asegurar las líneas marítimas de comunicación y mantener la paz y la cooperación, procurando que “los conflictos y rivalidades ajenos al Atlántico Sur no sean proyectados aquí por estados situados en otras regiones”, en clara línea con las bases de la ZOPACAS (República Federativa de Brasil, 2012:39). Además, se reconoce que el entorno estratégico brasileño incluye el Atlántico Sur y a los países limítrofes con África, así como la Antártida.

La importancia del Atlántico Sur se cristalizó además en el concepto de “Amazonia Azul”, una noción político-estratégica que aborda el océano como patrimonio nacional, fuente de riqueza y ambición, que debe protegerse, preservarse y explorarse de forma sostenible. Más del 95% del comercio brasileño transita por el mar y del mismo se extrae aproximadamente el 95% del petróleo nacional, esto en particular desde los descubrimientos de los yacimientos del pre sal, y además alberga innumerables recursos vivos y minerales, así como sitios ambientales, puertos estratégicos y centros industriales (Mariha do Brasil, 2025). 

Es decir, la idea de Amazonia Azul se corresponde con la categoría de “economía azul”, ampliamente utilizada en los últimos años y que refiere al desarrollo de una amplia variedad de actividades que dependen de los océanos, como la pesca, el transporte, el turismo o la generación de energía, entre otras, para fomentar el crecimiento económico y social y a la vez preservar los ecosistemas oceánicos.

Asimismo, debe considerarse que Brasil aumentó su gasto militar en más del 300% desde 2003 (Levaggi 2023) y en este marco implementó el programa de submarinos, en cooperación con Francia. En efecto, la defensa del Amazonia Azul se ha traducido en inversiones significativas en los sectores de defensa, como la adquisición y modernización de unidades como así también, en la aplicación de la ciencia y la tecnología para promover el desarrollo autónomo, con generación de empleo y capacidades para el crecimiento económico nacional en función de generar una mayor autonomía estratégica.

Lo anterior quedó plasmado en las palabras del presidente Lula Da Silva durante la botadura de uno de los submarinos de industria nacional: “El ProSub es el mayor y más importante proyecto de cooperación internacional de Brasil en materia de defensa. Este proyecto garantiza la soberanía brasileña en nuestras costas, fortalece la industria naval generando puestos de trabajo e ingresos, y promueve el desarrollo del sector con una gran dosis de innovación” (Da Silva, 2024). 

El segundo actor a tener en cuenta es China, que si bien no tiene una presencia militar importante en el Atlántico Sur, su proyección escalonada desde el Mar de China y su status actual de potencia global, ameritan su examen.

Actualmente la presencia de la armada china es marginal. Si bien las primeras visitas oficiales a los países latinoamericanos se realizaron a mediados de la década pasada, cuando la Armada del Ejército Popular de China realizó sus primeros ejercicios en aguas del Atlántico Sur, aún el principal interés recae en la expansión de las inversiones y del comercio. Se trata de la búsqueda de provisión de energía, de recursos naturales y de nuevos mercados. En efecto, la actividad pesquera forma parte de sus objetivos de soberanía alimentaria y el gobierno subsidia e impulsa las flotas comerciales, una de las mayores en el Atlántico Sudoccidental. 

Asimismo, se debe tener en cuenta que el país tiene el objetivo de alcanzar una “armada de aguas azules”, es decir, una armada capaz de operar en cualquier parte de los océanos, para proteger a su diáspora, inversiones y empresas comerciales. Es por esto que en menos de una década puso en marcha cuatro portaaviones, dos de los cuales son de origen nacional (Ginés Soriano, 2025), y avanza a paso firme en la construcción de submarinos.

Considerando que la estrategia integral de desarrollo oceánico de China revela que el “poder marítimo” puede significar una amplia gama de acciones, desde el uso de la fuerza militar hasta la aplicación de fuerza económica y cultural (Chan, 2025) es una preocupación constante y creciente del hegemón regional americano, a pesar de su relativa superioridad naval.

En efecto, actualmente Estados Unidos continúa siendo la potencia naval global más poderosa, por la cantidad de personal, la capacidad de fuego de su equipamiento —más de 300 buques, 11 portaviones y 67 submarinos— y la red de acuerdos institucionales y bases alrededor del mundo que le permiten desplegarse en cualquier teatro de operaciones.

En el Atlántico Sur la presencia estadounidense se refleja en la reactivación IV flota de la armada en 2008 y en particular en su estrategia marítima de relaciones de cooperación con los países de la región, la cual se centra en el control del tráfico marítimo y la vigilancia con la participación de la Guardia Costera de Estados Unidos (USCG), que atiende especialmente a la agenda de la pesca ilegal, no declarada o no regulada, con especial interés en las embarcaciones chinas. 

Este interés renovado en las últimas décadas también se cristaliza en la creación de la “Asociación para la Cooperación Atlántica” en 2022, una iniciativa llevada adelante en marco de asambleas de la ONU que  reúne a 32 países ribereños, tanto el norte como el sur, el este y el oeste, y cubre una amplia gama de temas, que van desde el desarrollo sostenible hasta la cooperación en ciencia y tecnología, aunque con la excepción de los asuntos relacionados con la defensa y la seguridad. 

Pero sin duda, la puesta en marcha de la “Operación Lanza del Sur” en enero de este año y la incorporación en noviembre del buque de guerra más grande del mundo, el USS Gerald R. Ford, son claros exponentes de los intereses geopolíticos estadounidenses sobre el espacio que considera su patio trasero. De acuerdo con el secretario de Defensa, Pete Hegseth, la Operación Lanza del Sur, que contempla la utilización por parte de la marina norteamericana de drones, barcos y lanchas interceptoras no tripuladas, buques y submarinos para luchar contra el narcotráfico, “defiende nuestra patria, expulsa a los narcoterroristas de nuestro hemisferio y protege a nuestra patria de las drogas que están matando a nuestra gente” (La Nación, 13 de noviembre de 2025). 

La política de “palos sin zanahorias” de la administración de Donald Trump en América Latina y en particular su presencia en el Atlántico Sudoccidental, es preciso enmarcarla en la alianza estratégica con el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, la cuarta potencia que debemos considerar especialmente en relación a los intereses argentinos.

De acuerdo con el gobierno británico, Estados Unidos es su socio preeminente en materia de seguridad, defensa y política exterior y en esa relación la contribución británica al vínculo incluye el alcance e influencia inglesa en Europa; la inteligencia británica; la capacidad del Reino Unido para librar guerras de forma independiente o como nación líder en una coalición; y la ubicación estratégica de nuestros Territorios de Ultramar (HM Government, 2015).

En este sentido, se observa que en el océano Índico, en el atolón Diego García, que es aún una colonia británica, se instaló en los años setenta una base militar estadounidense; y que en el Atlántico Sudoriental, cerca de la costa africana en la isla Ascensión, hay un aeropuerto utilizado tanto por la fuerza aérea estadounidense como por la aviación real. Y por supuesto, la base británica en Malvinas, que forma parte del “collar de perlas marítimo” de la alianza anglosajona.

En dicha clave es oportuno aludir al programa de renovación de la infraestructura de la base de Monte Agradable iniciado en 2015, el cual incluyó la modernización del sistema energético, el aumento de la capacidad de carga del puerto, la actualización del sistema de defensa aérea, el recambio del patrullero oceánico y del avión Hércules c130 de carga por un el ATLAS, entre otras acciones realizados hasta la fecha vinculadas al bienestar de los efectivos en las instalaciones.

La necesidad de mantener la capacidad de fuego británica en el archipiélago malvinense cumple con el objetivo inglés de apoyar a los territorios de ultramar y las dependencias de la corona en la disuasión y defensa contra amenazas estatales y no estatales y con la actual estrategia global, presentada en junio de este año en el documento denominado “Revisión Estratégica de Defensa: Haciendo a Gran Bretaña más segura: segura en casa, fuerte en el extranjero” (HM Government, 2025).

Dicho documento enfatiza la necesidad de incrementar las capacidades armamentísticas en función de los resultados de la guerra en Ucrania y, a la vez, propone fomentar la inversión en empresas nacionales del complejo de defensa industrial militar para generar puestos de trabajo y desarrollar la ciencia y la tecnología. 

Es decir, se concibe que el Estado posee un rol clave para promover “asociaciones” con industrias tecnológicas y de armamentos, lo cual se resume en las palabras de los ministros británicos de Defensa, John Healey y de Economía, Rachel Reeves, respectivamente: “El Ejército solo tiene la fortaleza de la industria que lo respalda” y “Una economía fuerte necesita una defensa nacional sólida” (Infobae, 2 de junio de 2025).

En esta línea es posible también leer la propuesta de producción de hasta 12 submarinos de ataque con propulsión nuclear y con armamento convencional a través del programa AUKUS, la alianza entre Estados Unidos, Australia y el Reino Unido presentada en 2021 como respuesta a la presencia China en el Indopacífico.  

Además, todo esto se plantea con el sentido de reforzar el rol en la OTAN, incrementando el compromiso de elevar el porcentaje del PBI destinado a la inversión en Defensa, en línea con las demandas del gobierno estadounidense en el contexto de la competencia global con China y Rusia.

En síntesis, el Atlántico Sudoccidental es un espacio marítimo de creciente relevancia estratégica, tanto para los estados ribereños como para las potencias extraregionales que proyectan su poder naval en función de sus intereses nacionales. Esto nos lleva a preguntarnos si el actual posicionamiento argentino en materia de Política Exterior y de Defensa, que ha sido caracterizado como “hiperoccidentalismo” (Tokatlián, 2024) y que lleva adelante un “imperialismo por invitación” con Estados Unidos (Anzelini, 2025) es acertado para un país bicontinental, con un litoral marítimo americano de 4.725 km., con 6.683.000 km.2 de espacios marítimos continentales, insulares y antárticos y que presenta un reclamo imprescriptible de soberanía sobre las Islas Malvinas, Sandwich del Sur y Georgias ante la presencia colonial británica. 


Referencias Bibliográficas

Abensour, M. (2025). Geopolítica del Indo-Pacífico: comprender la estrategia francesa. Le Grand Continent. Disponible en: https://legrandcontinent.eu/es/2025/01/16/geopolitica-del-indo-pacifico-comprender-la-estrategia-francesa/  

Acharya, A. (2017). Europa en “orden mundial multiplex” emergente. CIDOB. Disponible en: https://www.cidob.org/publicaciones/europa-en-el-orden-mundial-multiplex-emergente 

Allahverdizadeh, R. & Karimi, M. (2023). A New Approach to the Theory of Seapower in the 21st  Century (In Times of War and Peace). Geopolitics Quarterly, 18(4), 383-411. Disponible en: https://journal.iag.ir/article_145524_23279d142ece080b62ce9193c9389ac3.pdf 

Altieri, M. A. (2018). Nuevas Dinámicas del Poder Naval en el Siglo XXI¬: la competencia por el control y en el espacio marítimo. Relaciones Internacionales, 27(55), pp. 197–211. Disponible en: https://revistas.unlp.edu.ar/RRII-IRI/article/view/5782

Anzelini, L. (2025). Imperialismo por invitación. El Cohete a la Luna, 26 de octubre. Disponible en: https://www.elcohetealaluna.com/imperialismo-por-invitacion/ 

Chan, E. (2025). China’s Discourse of Maritime Power: A Thematic Analysis. Journal of Contemporary China 2025, 34(153), 432–450 Disponible en: https://doi.org/10.1080/10670564.2024.2319064

Da Silva, L. (2024). Discurso durante la botadura al mar del submarino Tonelero, 27 de marzo. Disponible en https://www.gov.br/planalto/es/seguir-al-gobierno/discursos-y-pronunciamientos/2024/03/discurso-del-presidente-lula-durante-la-botadura-al-mar-del-submarino-tonelero 

Ginés Soriano (2025), China ya tiene en servicio su tercer portaviones, el primero con catapultas, y construye el cuarto, el primero de propulsión nuclear. Infodenfensa, 7 de noviembre. Disponible en:  https://www.infodefensa.com/texto-diario/mostrar/5659024/china-tiene-servicio-tercer-portaaviones-primero-catapultas-construye-cuarto-primero-propulsion-nuclear

González Levaggi (2023). Great Power Competition in the Southern Oceans From the Indo-Pacific to the South Atlantic. Francis and Taylor.

Grevi, G. (2010). El Mundo Interpolar. Foreign Policy en Español, abril-mayo. Madrid.

HM Government (2015). National Security Strategy and Strategic Defence and Security Review 2015. Ministry of Defense, United Kingdom. Disponible en: https://www.gov.uk/government/publications/natio nal-security-strategy-and-strategic-defence-and-security-review-2015

HM Government (2025). Strategic Defence Review Making Britain Safer: secure at home, strong abroad. Ministry of Defense, United Kingdom. Disponible en: https://assets.publishing.service.gov.uk/media/683d89f181deb72cce2680a5/The_Strategic_Defence_Review_2025_-_Making_Britain_Safer_-_secure_at_home__strong_abroad.pdf

Infobae (2025). Keir Starmer advirtió que el Reino Unido debe prepararse para la guerra ante la amenaza real de Rusia. Infobae, 2 de junio. Disponible en: https://www.infobae.com/america/mundo/2025/06/02/keir-starmer-advirtio-que-el-reino-unido-debe-prepararse-para-la-guerra-ante-la-amenaza-real-de-rusia/ 

La Nación (2025). Por órdenes de Trump, el Pentágono anuncia la operación Lanza del Sur en el Caribe, 13 de noviembre. Disponible en:  https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/por-ordenes-de-trump-el-pentagono-anuncia-la-operacion-lanza-del-sur-en-el-caribe-nid13112025/ 

Leoni, Z., Tossini, J., de Sousa Moreira, W & Tzinieris, S. (2025). A Neglected Region? The Strategic Value of the South Atlantic. The Washington Quarterly. Disponible en: https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/0163660X.2025.2480518#d1e139 

Marinha do Brasil (2025). Amazônia Azul. Disponible en: https://www.mar.mil.br/hotsites/amazonia_azul/ (Recuperado el 15/11/25).

República Federativa de Brasil (2012). Libro Blanco de Defensa Nacional. Disponible en: https://www.gov.br/defesa/pt-br/arquivos/ajuste-01/estado_e_defesa/livro_branco/Versao2012dolivroLBDNemespanhol.pdf 

Tokatlián, J. (2024). Hiperoccidentalismo, Milei y el interés nacional. Cenital, 17 de junio. Disponible en: https://cenital.com/hiperoccidentalismo-milei-y-el-interes-nacional/  


Carla Morasso

Doctora en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario (UNR). Docente de grado y posgrado UNR. Coordinadora del Programa de Estudios América Latina-África (PEALA) – Programa de Estudios sobre Relaciones y Cooperación Sur-Sur (PRECSUR). Investigadora del Grupo de Estudios sobre Malvinas (UNR).

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La guerra no terminó

La guerra no terminó

TIEMPO DE LECTURA: 5 min.

Algunas reflexiones en relación a los 40 años del inicio de la Guerra de Malvinas. Las tareas pendientes del Estado y los desafíos como pueblo.

Se cumplen 40 años del inicio de la Guerra del Atlántico Sur que enfrentó a nuestro país a la entonces potencia mundial pirata. Potencia mundial no solo por sus capacidades bélicas o su lugar en la economía global del momento, sino también por ser el país que incluso hoy tiene el récord de territorios ocupados como colonias.

Cuatro décadas en las que nuestro pueblo fue reconstruyendo memoria colectiva. Cuatro décadas durante las cuales muches de les que fueron a defender nuestra soberanía estuvieron maltratades, ninguneades y hasta desaparecides en el relato del poder. Hecho que, a decir verdad, no ha dejado de ser así. El poder real aún querría que nuestros héroes y nuestras heroínas sigan así, en el olvido.

Pero afortunadamente el pueblo argentino pudo imponer su memoria ante el discurso negacionista, que los promotores del odio aún siguen blandiendo. Discurso que hasta el día de hoy la derecha argentina no puede derrotar, pese a que insista en el intento de desbarrancarlo.

Sobre la dictadura genocida

Muches analistas sostienen que -en su momento- la dictadura cívico-eclesiástico-militar utilizó la guerra para “lavarse la cara” y que improvisó militarmente con tal o cual decisión. Otres -dando aún más fuerza a la afirmación anterior- han investigado y denunciado el traslado del plan sistemático de exterminio desde el continente hacia las islas. Torturas, estaqueadas, falta de entrega de alimentos y vejaciones de todo tipo que padecieron cientos de les que fueron a luchar a las islas.

Pero de poco o nada les sirvió. Como poco y nada les sirvió a los gobiernos neoliberales intentar desaparecer la memoria de lo que allí ocurrió; y de nada les sirvió desmantelar temporalmente las políticas públicas de reparación para las víctimas o de reconocimiento a nuestros héroes y heroínas de Malvinas. Cada vez que lo hicieron, generaron el efecto contrario en el acervo cultural de nuestro pueblo.

Hoy Malvinas se convirtió en una causa nacional y difícilmente eso cambie. Hoy, les ex combatientes son reconocides por lo que hicieron en 1982. Y si bien falta mucho más por hacer, al menos una parte de lo que se merecen ya se conquistó.

La “Dama de Hierro”

A quien sí le lavó la cara -al menos en su momento- fue a Margaret Thatcher, la tristemente célebre “Dama de Hierro”. Primera Ministra pirata que estaba deslegitimada no solo por las dificultades económicas que atravesaba el país en ese entonces, sino que además estaba masacrando a les irlandeses.

Thatcher, luego de la guerra de Malvinas, lograría mejorar su imagen pública -que se traduciría en su reelección como Primera Ministra- y tener el plafón necesario para implementar e impulsar el neoliberalismo a escala planetaria de la mano del presidente gringo de aquel entonces, Ronald Reagan.

Pero para los piratas Malvinas no era una simple tapadera, era algo más que eso. Malvinas era -y sigue siendo- un emplazamiento estratégico que le permite aspirar a reclamar nuestros territorios en la Antártida; les permite saquear nuestros bienes pesquero, de biodiversidad, o de hidrocarburos. Malvinas es también un puesto de vigilancia de la OTAN sobre un paso interoceánico estratégico en el plano militar. De allí la importancia estratégica para nuestro país de recuperar ese territorio usurpado por los británicos.

Los desafíos

No es la primera vez que lo remarcamos, ni será la última: no alcanza con la diplomacia y el reclamo permanente ante las Naciones Unidas y otros organismos internacionales. No alcanza con haber derogado el acuerdo Foradori-Duncan, firmado durante la gestión de Cambiemos. Nuestro país debe asumir una postura mucho más agresiva, por ejemplo, derogando -cuanto menos, rediscutiendo- los famosos Acuerdos de Madrid.

El otro gran desafío para nuestro país y para nuestro pueblo es avanzar en un verdadero proyecto bicontinental, hacer un redespliegue de nuestras fuerzas productivas en la Patagonia argentina, aumentar la población en esas regiones, dar mayor valor a la pesca y la producción de productos “Made in Argentina” con valor agregado en origen, mejorar las capacidades y el equipamiento de nuestras Fuerzas Armadas para que puedan controlar de mejor manera nuestros territorios. En definitiva, hace falta que tengamos un verdadero proyecto soberano.

La guerra no terminó

Una reflexión final: pese a que el conflicto bélico haya concluido, la guerra no terminó; cambió de formas. La derecha cipaya que habita nuestro país sigue impulsando discursos de odio, anti-patria, anti-pueblo; sigue proponiendo un proyecto que favorezca el saqueo y cumplir con las demandas del imperio y sus acólitos; y sigue poniendo trabas para sacar a nuestro país adelante, para ponerlo de pie, pero redistribuyendo e incluyendo a les excluides y postergades de siempre.

En fechas como estas, donde se conmemora un sentimiento que nos hermana y nos une, se vuelve aún más relevante que sigamos exigiendo a la dirigencia política, a las organizaciones libres del pueblo, a las organizaciones sindicales, a las PyMEs, a las empresas nacionales, a los sectores productivos ligados al campo -en definitiva, a todo nuestro pueblo- que se dejen de lado las mezquindades y discusiones estériles. Si no nos unimos y trabajamos solidariamente como pueblo, sin importar las pertenencias -de cualquier tipo-, estaremos destinades a que la derecha retorne al gobierno y destruya a nuestro país aún más de lo que ya lo ha hecho.

Se lo debemos a nuestros héroes y heroínas. Se lo debemos a las generaciones presentes y futuras.

Nicolás Sampedro
Nicolás Sampedro

Prefiero escuchar antes que hablar. Ser esquemático y metódico en el trabajo me ha dado algún resultado. Intento encontrar y compartir ideas y conceptos que hagan pensar. Me irritan las injusticias, perder el tiempo y fallarle en algo a les demás.

Patrañas, “ayudas” y una visita sombría

Patrañas, “ayudas” y una visita sombría

TIEMPO DE LECTURA: 8 min.

Algunas aclaraciones iniciales

A estas alturas del partido no es secreto para nadie que la República Argentina está presionada desde dentro y fuera del país. En lo local la oposición político-mediática-judicial hace y deshace con tal de ver fracasar al gobierno que encabezan Alberto y Cristina Fernández.

En lo externo, corriendo por unos minutos el velo del Covid de la pantalla, para el gobierno argentino resulta urgente intentar resolver la deuda con el FMI, contraída por el gobierno de la Alianza Cambiemos que dirige Mauricio Macri. Pero para nadie debería ser una novedad que EEUU es el peso pesado sin el cual no se puede destrabar tal asunto.

De igual modo (ahora sí hablando del Covid), tampoco debería ser noticia para nadie (aunque los medios locales sigan minimizando el hecho) que el país del norte es uno de los mayores acaparadores de vacunas a nivel mundial; incluso que una gran porción de las dosis en las que Argentina produjo el principio activo y que debía embotellar México, fueron retenidas en EEUU bajo el pretexto de no dejar que se exporten insumos necesarios para el combate a la pandemia. Parece casi obvio, pero hay que aclararlo, que es en ese contexto se da la visita del almirante Creg Faller.

Algo más que es indiscutible a estas alturas es que EEUU nunca dejó de considerar la importancia estratégica que tiene Argentina para sus planes en el continente y a nivel mundial. De hecho, Argentina sigue teniendo el vergonzoso título de “Gran Aliado Extra OTAN”. Pero para la “gran prensa argentina” volvimos a alejarnos del mundo.

Creg Faller, Jefe del Comando Sur de los EEUU | Foto: El Estímulo

Algunos antecedentes del Almirante

Nadie que llegue al puesto de Creg Faller es “un nene de pecho”. A este señor, llegar a Jefe del Comando Sur, le valió sus buenas tropelías en distintas partes del mundo. Tal como lo señala el colega Sergio Ortíz, en la biografía del propio almirante, “como oficial de mando del destructor USS Stethem (DDG 63), se desplegó al Golfo Arábigo y participó en operaciones de interceptación marítima en apoyo de las sanciones de las Naciones Unidas contra Irak. Como comandante del Grupo de Ataque John C. Stennis/ Grupo de Ataque de portaaviones 3, se desplegó al Medio Oriente en apoyo a las operaciones New Danm (Irak) y Enduring Freedom (Afganistán). También fue Director de Operaciones (J3) del Comando Central de los EE.UU.”.

Y en la misma línea, es necesario resaltar que lo que para los gobiernos norteamericanos son distinciones, para los pueblos del mundo que queremos la paz son muestras de que, como afirma Ortiz, “Faller es un criminal de guerra”.

La supuesta “ayuda humanitaria”

En cuanto a la visita, para la mayoría de la prensa argentina -que se limitó a replicar la “información” suministrada por la Embajada de los EEUU en Argentina-, tuvo que ver con la entrega de ayuda humanitaria para el combate contra el Covid. La donación de algunos hospitales móviles y otros insumos que generosamente fueron “donados” por el Pentágono. Qué atentos los norteamericanos, qué buenos vecinos resultaron.

Material donado por el Pentágono | Foto: Argentina.gob.ar

Cabe aclarar que por más que a muches nos hubiese gustado que este criminal ni siquiera tenga permiso para respirar aire pisando nuestro territorio, o cuanto mucho que sea otro el tipo de recibimiento, diplomáticamente, si las pretensiones oficiales son no enemistarse abiertamente con nadie (cosa que está a las claras en la diplomacia argentina), la visita cumplió con las características de una visita más. El problema es que no es cualquier visita y que por ejemplo, nada tenía que haber hecho Faller viajando a Ushuaia, capital fueguina y última parada de su minigira por Uruguay y Argentina.

Pero entendamos que esta supuesta “donación” llegó después de que a finales de febrero el gobierno de Beijín donara a la Argentina un hospital móvil con 13 unidades y sus respectivos camiones. Un aporte sustancialmente mayor a las dádivas traídas por el Jefe del Comando Sur. También está claro no podía simplemente rechazarse esta donación. Haberlo hecho habría sido leído por Washington como una nueva ofensa de parte del gobierno de les Fernández.

Lo que intentó ocultar gran parte de la prensa argentina

Así las cosas, la visita a Ushuaia perseguía otros fines íntimamente relacionados con lo denunciado en artículos anteriores, en los que señalábamos que un submarino nuclear norteamericano, el USS Greenville (SSN 772), había participado junto con aviones británicos de un ejercicio militar en los alrededores de nuestras Islas Malvinas.

Submarino Nuclear de EEUU USS Greenville (SSN 772) en cercanías de las Islas Malvinas | Foto: informepolitico.com.ar

Es que el Atlántico Sur, como se ha mencionado en otras ocasiones, es un punto estratégico clave y muy codiciado tanto por EEUU, como por su histórica aliada Gran Bretaña. Hay que recordar que los piratas europeos tienen emplazada una base militar extracontinental (la más grande de la OTAN) en nuestras islas. De hecho, el Doctor y Magister en Política Latinoamericana por la Universidad de Essex, Licenciado en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires y Rector de la Universidad Nacional de la Defensa, Jorge Battaglino, consideró recientemente que este es “el principal problema para la Defensa que tiene Argentina

La importancia geoestratégica de esta región de nuestro territorio es lo que alarmó a los norteamericanos al enterarse, de las declaraciones del gobernador fueguino, Gustavo Melella, quien señaló que había negociaciones con China para que financien la construcción -en la capital provincial- de un Polo Logístico Antártico. De hecho, el Secretario de Estado de los EEUU, Anthony Blinken, lo consultó con el canciller argentino, Felipe Solá, semanas atrás.

Cabe recordar que durante la gestión de Mauricio Macri, más precisamente a mediados de mayo de 2016, una delegación del Ministerio de Defensa argentino (encabezado en aquel entonces por “el milico” Aguad) viajó a los EEUU para reunirse con la Secretaria Adjunta para Asuntos del Hemisferio Occidental, Roberta Jacobson, e integrantes del Departamento de Defensa, del Pentágono y del Comando Sur. De ese viaje derivó el compromiso macrista de instalar una “base científica” en Ushuaia para -supuestamente- “dar apoyo logístico a las expediciones científicas en su camino a la Antártida”.

Para dimensionar la importancia que tiene esta región del mundo para los EEUU, repasemos las declaraciones realizadas por el propio Faller ante el Senado de los EEUU el 16 de marzo de pasado. Allí, el almirante sostuvo que “ahora más que nunca, existe un clima de urgencia por las amenazas globales que enfrentamos aquí en nuestro vecindario. Esta región es nuestro hogar. Este vecindario es nuestro hogar. Es un vecindario compartido. Es un Hemisferio de sumo interés para los EE UU. Las principales amenazas que enfrenta el Hemisferio son CHINA y las organizaciones criminales transnacionales[1].

Tal como lo destaca una de las integrantes del CEMIDA (Centro de Militares para la Democracia Argentina), la profesora Elsa Bruzzone, estas declaraciones no son las primeras: pueden concatenarse con un sinfín de dichos públicos de Faller, quien públicamente manifestó en reiteradas oportunidades su enemistad hacia la República Popular China.

Objetivos múltiples

Pero como todo en la geopolítica actual, nunca hay un único objetivo. Las presiones diplomáticas como esta siempre afectan varios escenarios. En este caso no es solamente la presencia e influencia China en Argentina -y el resto de la región-, o la posibilidad de que el país asiático financie la construcción de una base logística para la Armada Argentina en Ushuaia (que se convertiría la base militar más austral del mundo).

Ilustración: Enernews

Además de ello están las pretensiones de Washington de alejar la influencia rusa. Y no es solamente por la gran cantidad de dosis de la vacuna contra el Covid que el fondo de inversión ruso vendió y vende a nuestro país, sino la gran cantidad de ofertas de armamento militar que ha hecho el gobierno de Putin para que Argentina actualice y mejore sus sistemas de defensa. Hecho que se multiplicó luego de que los británicos vetaran la posibilidad de que nuestro país adquiera los aviones caza de 4ta Generación FA-50 de la empresa Korean Aerospace Industries. Este hecho -según trascendió- habría sido criticado por Rossi en la reunión con el Almirante Faller.

Venezuela también está como trasfondo

Por otro lado -y si bien desde la administración Biden intentaron restar importancia y señalaron que el hecho “no estorbaría las relaciones entre Argentina y EEUU”- está la salida de nuestro país del Grupo (mejor dicho “Cartel”) de Lima y la política de presiones hacia el gobierno de la República Bolivariana de Venezuela.

La decisión del gobierno del Frente de Todes de salir del mencionado cártel -que sólo tiene por función presionar la salida de Nicolás Maduro Moros y destruir el proceso revolucionario chavista- no debe haber sido tomado con agrado por la administración del “demócrata”. Venezuela es un grano en la bota para los EEUU, pero manifestar “enojo” por esa decisión habría sido un error diplomático para una administración que pretende contener a nuestro país dentro de sus aliados y no arrojarnos a las manos de China o Rusia, dos de los jugadores de peso a nivel mundial que compiten directamente con EEUU.

Sobre el final de estas palabras cabe destacar algunas de las reflexiones del analista francés Thierry Meyssan, quien alerta que la nueva administración norteamericana pretende volver a la criminal “Guerra sin fin” impulsada con mayor virulencia luego del 11S y llevada adelante fundamentalmente por los gobiernos de George Bush hijo y el tristemente célebre “Nobel de la Paz”, Barack Obama.

Para concluir con estas líneas, retomar la cita realizada por Bruzzone en su análisis respecto de la visita de Faller. La profesora concluye su artículo con algunas palabras del Dr. Gustavo Cirigliano que sintetizan el accionar imperialista de los EEUU: “Cuando un imperio proclama la paz, trae la guerra; cuando exalta la solidaridad, esconde un ataque; cuando  reclama adhesión, trama entrega y cuando ofrece amistad, distribuye hipocresía”.


Referencias:
[1] https://www.resumenlatinoamericano.org/2021/04/10/argentina-impecable-analisis-sobre-la-visita-del-comando-sur-a-que-vino-craig-faller/

Nicolás Sampedro
Nicolás Sampedro

Prefiero escuchar antes que hablar. Ser esquemático y metódico en el trabajo me ha dado algún resultado. Intento encontrar y compartir ideas y conceptos que hagan pensar. Me irritan las injusticias, perder el tiempo y fallarle en algo a les demás.

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