La nieve fulminante en el Menemato: más allá del fin de la Historia del neoliberalismo

La nieve fulminante en el Menemato: más allá del fin de la Historia del neoliberalismo

TIEMPO DE LECTURA: 9 min.

Este texto es un extracto del libro Ensayos escolares: lengua, literatura y nación (2025).

 La escuela es una de las últimas instituciones del Estado en las que aún perdura el proyecto moderno de nación. A pesar de su fragmentación legal y jurisdiccional, del avance decisivo de la empresa privada, del desmantelamiento público y de los edificios cada vez más precarios, de las contradicciones de las políticas educativas, de la pauperización simbólica y material de los docentes, en fin, a pesar de todo, la escuela conserva un ideal de nación. En los actos escolares, en el compromiso de los  docentes con sus territorios, en los reclamos sindicales,  en la «esperanza» depositada por los sectores populares, en la enseñanza de un cuerpo de saberes que —se  supone— debemos compartir todos los argentinos —sin  excepción de clase, género, etnia o religión—, ahí resiste,  incompleto y asediado, un ideario de soberanía. 

No es casual, entonces, la preocupación dominante por reducirla a un engranaje más de la economía de mercado, es decir, por lograr su desaparición como institución totalizadora. Esto se materializa, desde la década de 1970, en la subordinación creciente de la escuela a la red sistémica construida por equipos técnicos, industria editorial, docencia e investigación universitaria y organismos internacionales (entre otros, el BID, el Banco Mundial, la OCDE, la Unesco).  

La metamorfosis económica que vivió la Argentina hacia la década de 1990 propició el reacomodamiento casi completo del sistema educativo en virtud de estas directivas  globales. Desde 1989, con la Ley de Reforma del Estado, el gobierno de Carlos Menem avanzó con profundas reformas nacionales, disolviendo áreas enteras de su estructura, privatizando empresas clave de propiedad pública, reprimarizando la economía y aprobando las regulaciones y fiscalizaciones de organismos internacionales en la confección y  ejecución de políticas nacionales. La Ley Federal de Educación, promulgada en 1993, es un hito más de las mudanzas neoliberales: reforma del Estado, reforma constitucional, reforma educativa. La nueva totalidad discursiva neoliberal es un desguace material y simbólico del Estado. Es, sobre  todo, una reforma conceptual: las «sociedades globalizadas» organizan ahora qué se debe enseñar en la escuela

En el campo educativo hay una reforma conceptual clave: el abandono de la historiografía literaria como paradigma dominante de enseñanza. Un tema del que se ha hablado poco y nada; cuando se lo ha nombrado, se lo ha hecho en términos de «modernización teórica». Como si el fin de la Historia, en su versión escolar, hubiera sido algo inevitable, deseable, superador. 

De pronto («¡justo el 31!», diría el tango y ¡justo los 90!, diríamos nosotros), la historia ya no tiene nada que ver con la escuela y la literatura. De pronto, la literatura debe ser enseñada como «placer de la lectura», como «lectura estética», como «experiencia literaria». De pronto, hay  una «crisis espontánea» del paradigma historiográfico.  ¿No hay, en verdad, nada más? Vamos a decir que sí proponiendo una hipótesis simple: el nuevo ideario neoliberal es incompatible con la historiografía literaria. En 1995, se establecieron los Contenidos Básicos Comunes (CBC) para la Educación General Básica —los contenidos mínimos curriculares a nivel nacional producidos  a partir de la Ley Federal de Educación (1993)—. Es decir,  el marco legal regulatorio de la enseñanza en el sistema escolar argentino. La política educativa materializa  la ideología dominante: la literatura se reduce a «lo estético» y «lo privado». En dicho documento leemos que  el «discurso literario» tiene como finalidad «la necesidad de apropiación y la posibilidad de goce estético» y  «transformar» a los alumnos en «asiduos lectores». Se  propone una enseñanza ambientalista (por fuera de los  cuerpos de saberes tradicionales, tales como el lingüístico y el histórico): «Un texto literario no ha de ser objeto  de análisis gramatical y el reconocimiento de autores, es tilos, géneros o épocas surgirá de la lectura frecuente de  textos literarios y en función de un mayor conocimiento de los mismos» (Ministerio de Cultura y Educación de la  Nación, 1995: 36).

La literatura se presenta, así, como «goce estético»  —recordemos, por si hubiera algún desmemoriado, en medio de la inédita pobreza producto del Menemato—.  Leemos en los CBC: «la posibilidad de goce estético con  respecto a la gran variedad y cantidad de textos literarios pertenecientes al acervo cultural de las diferentes regiones, del país y de la humanidad» (ibíd.: 36). La literatura como repositorio del mercado global: consumo en las  góndolas culturales que importan en «gran variedad» y  «cantidad» todo lo que el lector-consumidor desea —local, regional, internacional—. Pero aún más: la literatura  como proceso ab ovo del lector, es decir, no corrompido  por la enseñanza escolar. Un desguace simbólico, en fin, del rol moderno de la Escuela: los profesores ya no enseñan, sino que son mediadores de un saber que, naturalmente, es consumido por los alumnos -ahora ya más de tres décadas después descubrimos un proceso más brutal: la inteligencia virtual, la compaginación mente / máquina, el conocimiento como simple procesamiento de datos; la Escuela, en síntesis, como mecanismo de automatización y mercantilización del sujeto-.

La documentación sobre los discursos educacionales que replican el fin de la Historia en la enseñanza de literatura es múltiple. Sobre todo porque para esos años, en  Argentina, se conforma el área de la didáctica de la lengua y la literatura consolidándose, entonces, las respectivas cátedras en distintas universidades e institutos de formación. Sus docentes e investigadores, desde entonces, comienzan a participar de distintos congresos y jornadas nacionales dedicados a la especialidad. Según Ángeles Ingaramo, la emergencia de la didáctica de la literatura se da en el marco de las reformas educativas en toda América Latina a partir de los requisitos y lineamientos de los organismos internacionales. Y señala, en correspondencia, que las cátedras universitarias creadas en ese momento se organizan conceptualmente en la «crisis del modelo de  historiografía literaria» (Ingaramo, 2015: 208). […]

El «fin de la Historia», el «fin de los grandes relatos», el «fin de los proyectos políticos». La «fragmentación» y lo «efímero» en cuanto éticas y estéticas de la nueva era que acompañaban a los nuevos modos de acumulación capitalista. Ya en la década de 1980 Fredric Jameson había definido al posmodernismo como la lógica cultural del capitalismo tardío: «borramiento de la Historia» donde «el pasado como “referente” se ve gradualmente cercado, y poco a poco totalmente borrado, tras lo cual sólo nos quedan textos» (1991 [1984]: 37-38). En realidad, décadas antes, el mismo Jean-Paul Sartre había señalado como característico de las corrientes posestructuralistas  —que fueron claves en la formación de eslóganes tales como el del placer de la lectura o la experiencia literaria— su ideario en le refus de l’histoire («la negación de  la historia»). El abandono de la historia como fuente de  las interpretaciones y lecturas es, por tanto, un reajuste ideológico del recambio liberal de fines del siglo XX en el que la «novedad», la «autonomía», el «emprendedurismo», la «vida privada» y las «competencias individuales» reemplazan a todo proyecto social y comunitario. Estas reformas, sin embargo, no pueden explicarse en  un plano local, sino que responden a cambios del capitalismo global. Los organismos internacionales avanzaban sobre los países periféricos definiendo políticas locales que, hasta entonces, habían garantizado la soberanía nacional. Las reformas del sistema educativo, como dijimos, son un hiato con el proyecto moderno de nación. 

En fin, el fin de la Historia fue un eficaz dispositivo discursivo en una nueva etapa de subordinación política de los países soberanos. Sin embargo, no asumimos que el  movimiento histórico se cifró de «arriba hacia abajo» y que los actores escolares, por tanto, se organizaron, de un día para otro, sin resistencias, a estas buenas nuevas de las usinas neoliberales. Contra el entusiasmo de las nuevas políticas educativas, los discursos dominantes del área, los documentos internacionales y los idearios  ideológicos de los años noventa, los docentes continuaron haciendo usos y apropiaciones del paradigma de la  historiografía literaria. 

La lectura de El Eternauta, hacia la década de 1990, es un caso revelador. Si bien la reforma educativa, en su expansión del término «literatura» hacia la categoría de  «texto», había habilitado el uso de nuevos recursos (por ejemplo, la historieta), el modo en que los docentes comenzaron a ingresarlo en la escuela secundaria puso en  evidencia las potencialidades conceptuales e ideológicas de algunos usos y apropiaciones de la historiografía literaria. Años después, este recurso docente sería institucionalizado por los nuevos diseños curriculares organizados a partir de la reforma educativa de 2006 —la vigente Ley de Educación Nacional— y de una valoración social  más amplia de la figura del escritor Héctor Germán Oesterheld y, en particular, de su máxima obra. Sin embargo, a mediados de los años noventa, este debate ideológico estaba aún abierto. La teoría de los dos demonios, recordemos, era dominante, incluso en espacios progresistas que procuraban construir una izquierda democrática, es decir, aceptando el estrecho y estéril espacio de la nueva convivencia política. Por tanto, autores como Rodolfo Walsh, Haroldo Conti o el propio Héctor Germán Oesterheld eran sometidos a la crítica por sus posicionamientos políticos (sospechados, todavía, de un pasado violento e irracional a dejar atrás para  alcanzar «el nuevo ingreso al mundo» que se auguraba a partir de las reformas económicas y políticas). De hecho,  recordemos que la crítica literaria, reorganizada ahora en la paz liberal que abrió la posdictadura, cerraba el «caso  Walsh» en «el delirio colectivo de la primera mitad de  la década del 70» y un «deseo militante de estetizar la  muerte» (Sarlo, 1984: 1). 

La potencialidad que descubrieron los profesores en El Eternauta comenzó a organizar ya no sólo un saber docente sino, sobre todo, un saber social y popular de creciente fuerza política. Una lectura original de la historieta que hacía de la invasión extraterrestre una invasión económica en dos tiempos: la del ciclo libe ral inaugurado por Martínez de Hoz y la de los gobiernos neoliberales de Carlos Menem y Fernando de la Rúa. 

En los noventa la nieve fue incesante (y fulminante) —en una reversión posible, Pino Solanas imaginaba, en 1998, con La nube, mil seiscientos días de lluvia ininterrumpida, es decir, cada uno de los días del gobierno menemista—. Pero la memoria histórica, como tantas otras veces, hacía perdurar una épica nacional, aunque fuera  en derrota, en exilio, en muerte. Con El Eternauta se descubría, otra vez, una lectura política ajena al deseable lector-consumidor: no había «goce estético», sociedades globalizadas, mundos privados. No había fin de la Historia. En la figura de Héctor Germán Oesterheld estaban el desaparecido y el militante: el pasado que hablaba a pesar del silencio obligatorio del terrorismo de Estado. En Juan Salvo se hacía carne, en un cruce de épocas, el  héroe colectivo del 17 de octubre y el de la resistencia al neoliberalismo.


Referencias 

AA.VV (1996). Fuentes para la Transformación Curricular. Lengua, Ministerio de Cultura y Educación de la Nación, Buenos Aires. 

Bombini, G. (2018). Pasos para la construcción de una historiografía LIJ. Kapichuá. Sobre literatura infantil y juvenil, publicación anual del Cemillij, FHyCS-UNaM. 

Eagleton, T. [1983] (1998). Una introducción a la teoría literaria. Fondo de Cultura Económica.  

Ingaramo, Á. (2015). Importación de teorías literarias y conformación de la Didáctica de la Literatura en la Universidad argentina. Telar. Revista del Instituto Interdisciplinario de Estudios Latinoamericanos, 6 (13-14), 202-214. 


Mariano Dubín

Doctor en Letras por la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (FaHCE) de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Profesor adjunto a cargo de la cátedra de Didáctica de la lengua y la literatura I . Realizó un post-doctorado en la Facultad de Educación de la Universidad de San Pablo (Brasil). En el Centro de Estudios e Investigaciones Lingüísticas (CEIL – IdIHCS) coordina el grupo de estudios “Lenguas indígenas y cotidiano escolar” donde investiga sobre la vitalidad de la lengua guaraní en las escuelas de la ciudad de La Plata. Es director de la revista de divulgación “El toldo de Astier. Propuestas y estudios para la enseñanza de la lengua y la literatura”.

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Al gran pueblo argentino ¡Salud!

Al gran pueblo argentino ¡Salud!

TIEMPO DE LECTURA: 6 min.

Desde el año 1812 las estrofas del himno piden firmemente por la salud del pueblo argentino. Por lo tanto e indefectiblemente, cada momento de la historia tiene algo para decir sobre ella: desde la epopeya sanmartiniana y los procesos revolucionarios hasta el presente inmerso en políticas (neo)liberales. Para pensar en la Patria, debemos pensar en la salud de las y los argentinos.

La salud en Argentina, como en muchos otros lugares, es un tema complejo que nos invita a reflexionar sobre su pasado, presente y futuro para edificar los cimientos de un proyecto político de Patria. Desde la figura del General José de San Martín hasta la de Ramón Carrillo y luego del Dr. René Favaloro, encontramos un hilo conductor que resalta la importancia de una visión humanista y social de la medicina y la concepción comunitaria de la salud. Estas figuras y distintos episodios de la historia argentina nos instan a pensar en la salud no solo como la ausencia de enfermedad, sino como un estado de bienestar que requiere una atención integral y comprometida.

San Martín, con su pragmatismo militar, afirmaba que la salud de sus soldados era “la poderosa máquina que, bien dirigida, puede dar el triunfo“. Esta convicción lo llevó a procurar el mejor cuidado sanitario para sus tropas, reconociendo que el bienestar físico es fundamental para cualquier objetivo. Durante el cruce de los Andes, el revolucionario creó un grupo de sanidad del Ejército de los Andes como una de sus primeras medidas en la preparación para la osadía de atravesar un cordón montañoso donde los cuerpos de sus soldados -y el suyo propio- debieron soportar temperaturas muy bajas y alturas muy altas que afectaron su rendimiento y del cuál no tenían antecedentes. En total fueron seis enfermeros y se ocuparon de la promoción, prevención, curación y rehabilitación de 5423 hombres. El desempeño del personal de sanidad en las campañas militares de la época sigue siendo poco conocido.

¿Por qué nos remontamos a tiempos tan lejanos? Para dar cuenta de que la salud fue parte de la proyección incluso de la liberación del pueblo argentino. Las discusiones sobre las prácticas de la medicina y la sociedad fueron cambiando a lo largo del tiempo en relación a los distintos gobernantes y líderes pero también, en la diversidad de proyectos políticos que estuvieron de turno. Además, los procesos tecnológicos de cada época fueron advirtiendo sobre su importancia.

Entonces, bajo la afirmación de que es sabida la importancia de la salud en las personas, la pregunta que nos hacemos es sobre quienes pueden acceder a ella, los modos y alcances, qué se encuentra dentro del bagaje medicinal que se construyó y expandió por el extenso territorio argentino.

La historia de la medicina argentina se encuentra en las cosmovisiones de las comunidades indígenas y sus múltiples naciones que habitaron y habitan la región con la medicina ejercida desde lo espiritual, utilizando como insumos hierbas y especias, y siempre concibiendo a la persona como una unidad compuesta no solo por órganos que podían encontrarse enfermos si no por emociones que los atravesaban y trabajan en conjunto. Pero también aparece en la ciencia y los avances tecnológicos que fueron llegando al país alargando la esperanza de vida y construyendo nuevos horizontes en el campo de estudio. En el año 1822 con la fundación de la Universidad de Buenos Aires, llega la carrera de Medicina como una de las primeras en la región, es así que la formación de médicos y médicas en el país toma un nuevo rumbo. 

Pero hasta ese momento se trataba de un área que no alcanzaba a todos y todas, fue recién a finales del siglo XIX, particularmente después de la epidemia de fiebre amarilla en el año 1871 y con la creación del Hospital Militar en el año 1875 que podemos empezar a hablar de salud pública por la necesidad de que se desarrollen medidas sanitarias organizadas.

Sin embargo, fue mucho después -nos permitimos este gran salto en la historia ya que podrá ser abordado en el dossier sobre la temática- cuando se creó la primera Secretaría de Salud Pública en el año 1946, que luego pasaría a ser el Ministerio de Salud de la Nación,  bajo la dirección del “padre de la salud pública argentina”, Ramón Carrillo. “Solo sirven las conquistas científicas sobre la salud si éstas son accesibles al pueblo”, dijo Carrillo como demostración de la perspectiva sobre la salud en relación a su accesibilidad y ligada al desarrollo social y político de una nación. Sus políticas incluyeron el diseño del Plan Analítico de Salud Pública del año 1947, la construcción de hospitales y centros sanitarios, y la erradicación del paludismo. Al mismo tiempo, fue defensor de la idea de que la salud de la población estaba ligada de forma directa con su condición social, el trabajo y la vivienda, lo que implicó una intervención estatal en las situaciones socioeconómicas de las familias argentinas que afectaban su salud.

Si de exponentes de la medicina argentina se trata, debemos mencionar al Dr. René Favaloro quien también creía fervientemente en una salud comunitaria y que estuviera al servicio de las necesidades del pueblo. Pasó toda su vida luchando contra el mercado de la prestación privada de la medicina y de la recaudación y acumulación de capital aprovechándose de la salud de las personas; incluso murió en esa batalla. Él quería ser recordado como médico rural más que como leyenda de la medicina y creador de grandes avances de la materia, remarcaba que la verdadera tarea que lo convocaba y que contenía un real peso e importancia, era su tarea con y para las comunidades. En relación a ello decía: “No hay nada que pueda reemplazar a la vieja medicina clínica de «sentir» al paciente, palparlo, tocarlo, escucharlo. El problema, el «síntoma» de la medicina moderna es, tal vez, un olvido. El paciente es una persona y como tal tiene tres dimensiones de existencia: una comprende su fisiología, anatomía y estructura; otra, sus sentimientos, emociones, afectos y pensamientos ―todo lo que hace a la psiquis en forma general― y la tercera representa sus relaciones con los otros seres humanos y su posición dentro de la red social. El paciente es la fusión indisoluble de estas tres dimensiones. Es antinatural pretender separar la mente ―si se quiere, el alma― del cuerpo del paciente. Como todo está íntimamente relacionado, una palabra, un acto, un gesto son capaces de cambiar, en cierto modo, nuestra fisiología. Una frase o un abrazo pueden herir o reconfortar nuestra salud”. 

Favaloro también introduce discusiones del campo de la salud que tardaron en ser aceptadas y estudiadas como lo es la Salud Mental. La comunidad se puede concebir entonces, como un pilar de salud. En particular, la salud mental comunitaria, que se opone a la internación que aísla al paciente, busca que la atención y la rehabilitación ocurran dentro del entorno social del paciente, potenciando su participación y sus vínculos. Esto implica un enfoque que va más allá del hospital y el consultorio, reconociendo que el paciente forma parte de una red social y que su identidad está ligada a su territorio de vida.

En el contexto político actual -después de una pandemia de COVID-19 la cual no mencionamos pero abordaremos en el dossier próximo- muchos de los conceptos y discusiones mencionados son relegados por políticas de desfinanciamiento a la salud de forma directa e indirecta. Desde el despido de trabajadores y trabajadoras de la salud en hospitales públicos hasta la quita de pensiones y subsidios por discapacidad. Desde el desfinanciamiento de organismos de investigación y avances en materia de la salud hasta construir discursos que rompen con lo establecido por la medicina mundial. Bastardear la Educación Sexual Integral y el derechos a la interrupción del embarazo y muchas cosas más. El retroceso en materia de salud por parte del gobierno “anarcocapitalista” de Javier Milei y la alianza de La Libertad Avanza y el PRO, significan un gran golpe al bienestar del pueblo y a sus condiciones de desarrollo.

De esta manera, presentamos las preguntas que todos y todas nos hacemos sobre nuestro futuro: ¿Qué capacidad de crecimiento tiene nuestro país si la salud es relegada para unos pocos? El reto para la salud en Argentina es construir una comunidad que siga exigiendo por la igualdad de derechos y oportunidades. Esto implica pensar y discutir nuevos paradigmas relacionados a un proyecto de país de forma emancipadora, justa, soberana y para todos, todas y todxs.

¡Al gran pueblo argentino, SALUD!

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Democratizar la Justicia para liberar al país

Democratizar la Justicia para liberar al país

TIEMPO DE LECTURA: 3 min.

Desde hace varios años el poder judicial ha sido objeto de críticas, no solo por su ineficiencia, lentitud, sino por su inaccesibilidad, distancia e incluso contrariedad con los intereses populares y mayoritarios. Ya el Martin Fierro describió esa realidad cuando decía: “La ley es tela de araña, y en mi ignorancia lo explico, no la tema el hombre rico, no la tema el que mande, pues la rompe el bicho grande y sólo enreda a los chicos”. O que la ley es como la serpiente, que solo pica a los descalzos.

Más allá de la selectividad de la justicia con los sectores desposeídos, también se ha mostrado como un recóndito y refugio de sectores oligárquicos y conservadores frente a las avanzadas de gobiernos populares. Cabe recordar que cuatro días más tarde del golpe militar que derrocó al gobierno constitucional de Hipólito Yrigoyen el 6 de septiembre del año 1930, la Corte Suprema convalidó y reconoció la “legalidad” del gobierno de facto de José Félix Uriburu. De allí en adelante, el poder judicial y en particular el máximo tribunal legitimó o presto anuencia frente a todos los atropellos a los derechos democráticos. Desde el accionar del intervenido poder judicial para perseguir dirigentes peronistas durante la proscripción, como la inacción frente a las desapariciones forzadas durante la última dictadura militar hasta llegar a la actualidad donde las oficinas judiciales han sido teatro de operaciones de lo que actualmente se denomina el Lawfare, no solo a nivel local sino también a nivel regional. La más reciente, fue el accionar de la Corte Suprema para acelerar la confirmación de la condena de la ex presidenta y líder mayoritaria de la oposición, Cristina Fernández de Kirchner luego de que anunciara su candidatura a diputada provincial. 

El hecho maldito del poder judicial:

En el año 2013, el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner envió un paquete legislativo con reformas judiciales, el cual se denominó la “Democratización de la Justicia”. Entre los puntos del proyecto, se incluían la reforma del Consejo de la Magistratura cuyos miembros pasarían a ser votados y el aumento en la cantidad de integrantes de trece a diecinueve. El proyecto de ley también proponía limitar las medidas cautelares a un plazo máximo de seis meses, obligando al dictado de sentencia sobre la cuestión de fondo, evitando que se terminen las cautelares contra las distintas medidas, como la que tuvo el grupo Clarín contra la Ley de Medios. Por otro lado se establecía la democratización del ingreso a la carrera judicial mediante la aplicación de concurso público, rompiendo privilegios de la “famiglia judicial”. Y por último aumentar el número de Cámaras de Casación para descongestionar a la Corte Suprema. 

Sin duda esta reforma queda chica, si vemos el ejemplo reciente de México donde a partir de la reforma judicial son los mismos jueces los que son elegidos con el voto popular. Parece ser este uno de los horizontes para liberar al país del flagelo que implicó un poder judicial opaco y ligado desde siempre a los grupos concentrados de la economía.  


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Victoria Ocampo, feminista de primera linea

Victoria Ocampo, feminista de primera linea

TIEMPO DE LECTURA: 4 min.

En 1936, mientras las mujeres argentinas aún no tenían el derecho al voto, Victoria Ocampo fundó la Unión Argentina de Mujeres para enfrentar la violencia jurídica y los discursos regresivos. Desde su pluma, su militancia y la revista Sur, trazó un feminismo crítico, intelectual y profundamente político que desafiaban la hegemonía liberal y abría camino a la lucha que todavía resuena en los presentes.

Figura emblemática de la cultura argentina del siglo XX, Victoria Ocampo fue mucho más que una escritora brillante. Fue editora, intelectual pública, gestora incansable y pionera en la lucha por los derechos de las mujeres. Nacida en 1890 en el seno de una de las familias fundadoras de argentina, Victoria fue la primogénita de seis hermanas, fundadora de la revista Sur, plataforma clave para la circulación del pensamiento moderno de América Latina, supo articular el mundo de las ideas con el compromiso político, en tiempos donde pocas mujeres ocupaban lugares de enunciación pública. 

En 1936, se convirtió en una de las voces más firmes contra el retroceso institucional en derechos civiles al fundar la Unión Argentina de Mujeres. Desde allí enfrentó proyectos regresivos que pretendían limitar la autonomía femenina, y reclamó el sufragio universal y el reconocimiento de las mujeres como ciudadanas plenas. Su mirada feminista –critica del patriarcado, la tutela masculina y el silenciamiento de las mujeres– se entrelazó con su proyecto cultural, que acercó a Borges, Woolf, Camus y Tagore a la escena local. 

Victoria Ocampo no solo desafió los límites impuestos por su clase, su género y su época. Los reescribió y lo hizo desde la palabra, la edición y la acción política. 

Victoria escribe, nace un derecho 

En 1931 creó la revista Sur y años más tarde, se transformó en  editorial para dar a conocer nuevos autores nacionales y publicar autores extranjeros en Argentina. En su casa de la calle Rufino de Elizalde se inauguró la redacción. 

Fue el pensamiento de Victoria el que le dio a la publicación su toque de originalidad y vanguardismo. Esta revista fue un espacio clave en donde el discurso daba paso a la polémica y el debate de ideas de los problemas de la sociedad argentina y universal. 

Sur fue un enlace con la intelectualidad y el pensamiento entre Argentina con Hispanoamérica, Europa y Estados Unidos, tuvo un impacto determinante en la cultura mundial entre las décadas de 1930 y 1970. Tomada como un verdadero faro cultural que iluminó el pensamiento argentino.

La Unión Argentina de Mujeres (UAM) fue fundada en 1936, se creó con el firme objetivo de defender los derechos civiles de las mujeres. Inició con Victoria Ocampo como presidenta, Ana Rosa Schlieper de Martinez Guerrero como vicepresidenta y Perla Berg a cargo de la secretaría. 

Constituida a partir de un grupo de amigas a las cuales les preocupaba el anteproyecto Bibiloni, el cual buscaba restringir los derechos civiles de las mujeres casadas. A través de una conferencia radial que se escuchó en Buenos Aires y Madrid, logró que no se votara la reforma de la ley de Derechos Civiles. Se publicó además en el diario La Prensa el artículo “A las mujeres argentinas”. 

Conformado por mujeres activistas de distinta extracción partidaria, las cuales se plantearon la idea de informarse sobre las condiciones sociales vigentes, estudiar las leyes laborales y mantener lazos sobre las condiciones de las mujeres de otros países. 

En los comienzos se fue entretejiendo una cadena de solidaridad alrededor de la aclamada editora. Victoria Ocampo contó con el respaldo de un grupo de mujeres que le prestaron valiosa colaboración, dando sus primeros pasos con el apoyo de Sylvia Beach, Adrienne Monnier y la propia Virginia Woolf. 

A lo largo de su vida dejó en claro cuánto valoraba ese apoyo entre mujeres, porque sentía que sus miradas no estaban condicionadas por prejuicios o expectativas masculinas. Leídas a través de este contexto, las reiteradas expresiones de gratitud de Victoria Ocampo hacía las escritoras editoras puso de manifiesto la real importancia que tuvo para ella contar con el apoyo de estas mujeres. 

Más allá del aliento sororo, la directora de Sur encontró en estas colegas un espejo donde mirarse en un momento en que era casi imposible agenciarse un lugar como mujer en un campo intelectual argentino “muy masculino”. 


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Pensar el trabajo, pensar la patria

Pensar el trabajo, pensar la patria

TIEMPO DE LECTURA: 5 min.

Trabajar para vivir o vivir para trabajar. Nuestro presente argentino, y global, nos inclina hacia lo segundo. Entregarnos al trabajo, para una retribución que no alcanza, a cambio de una falta de tiempo que no nos permite vivir plenamente. ¿Hay margen en este presente para salir de la lógica de vivir para el trabajo? ¿Hay propuestas para ello? ¿Hay margen para, lo que el papa Francisco llamó, “recuperar el sentido del trabajo”?

No es novedoso afirmar que la fragmentación es un signo de estos tiempos. En el marco de un proceso global que la excede, la realidad del mundo del trabajo es una dimensión que, en parte, explica y, en parte, expone este signo. 

Tampoco es novedoso señalar que en los proyectos nacional-populares se está viviendo una crisis, no solo de representación política sino también programática. Una falta de brújula que impide construir esa misma representación. Una dificultad para conectar con el espíritu de época. 

En este escenario cabe preguntarse, ¿Cómo pensamos el trabajo?¿Qué categorías y qué realidades referimos para caracterizarlo en este momento histórico? ¿A qué trabajador se le habla? ¿Cómo se piensa su representación? ¿Para quienes se diseñan las políticas? En este sentido, ¿podemos encontrar en la victoria de Milei, una expresión de las erráticas caracterizaciones del mundo del trabajo? Y por ende, ¿su relectura puede ser un pilar de un proyecto de país que se muestre vital frente a la avanzada anarcocapitalista? ¿Podemos pensar la patria sin pensar el trabajo?

A priori podemos decir que desentrañar ese entramado laboral argentino es una tarea crucial para comprender las problemáticas y necesidades de estos tiempos. Allí lo primero que emerge son realidades en plural; una multiplicidad que pareciera difícil de resolver bajo las mismas recetas y que traen sus propias problemáticas e interrogantes. Los desocupados en la puerta giratoria del trabajo informal, las changas y la nada. Los trabajadores de la economía popular entre lo organizado y lo silvestre pero siempre desprotegidos. Los trabajadores de plataforma que se arriesgan a los costos de ser “dueños de su tiempo”. Los tercerizados y la incertidumbre. Los informales que priorizan ingresos a derechos (o aceptan la que venga). Los cuentapropistas y monotributistas en crecimiento sostenido. Los que encuentran en cada necesidad un emprendimiento. Los trabajadores formales con bajos ingresos, fenómeno considerado como marca distintiva de los últimos años. 

Categorías, sectores delimitados para cuantificar pero que, en el mundo real, se entremezclan. Los que salen del laburo para hacer unos viajecitos en la plataforma, las que trabajan en un comercio y se ponen en la casa el salón de uñas, las que hacen contenido y cobran en dólares, el docente que vende tortas, entre otros ejemplos. A ellos se suman los docentes desbordados de horas, los que salen de un laburo para entrar a otro, y diversas modalidades de pluriempleo o pluriactividad que también caracterizan este momento.

Una multiplicidad de pertenencias laborales que dan lugar a un sujeto trabajador mucho más complejo y diverso que hace treinta o cuarenta años, excediendo las líneas divisorias entre campo/ciudad o de rama de actividad ¿Cómo se construye identidad desde el trabajo en estos tiempos? ¿Esa fragmentación y fluidez dificulta la construcción de una agenda común? Sin perder sus problemáticas y necesidades particulares, ¿Cuál es el  hilo conductor entre esas realidades? Dando un puntapié al debate, podríamos señalar, en muchos casos, a la precariedad como denominador común. Precariedad en un sentido amplio, entre ausencia de derechos, bajos ingresos, malas condiciones de trabajo, etc. 

Un panorama que nos enfrenta a una tensión esencial: trabajar para vivir o vivir para trabajar. Nuestro presente argentino, y global, nos inclina hacia lo segundo. Entregarnos al trabajo, para una retribución que no alcanza (y que en muchos casos una parte significativa se destina a transporte y otros recursos para el trabajo mismo) y una falta de tiempo para destinarla al placer, pasar tiempo con la familia, amistades, para vivir plenamente. ¿Hay margen en este presente para salir de la lógica de vivir para el trabajo? ¿Hay propuestas para ello? ¿Hay margen para, lo que el papa Francisco llamó, “recuperar el sentido del trabajo”?

En otro orden, abordar el trabajo involucra preguntarse por los procesos organizativos y gremiales de los trabajadores, ya sean estos potentes, fragmentarios, incipientes o anquilosados. Las organizaciones de desocupados, las herramientas gremiales autoinstituidas (y pseudoreconocidas) de la economía popular, las iniciativas poco orgánicas del sindicalismo de plataforma, las centrales sindicales que se limitan a representar a la parte y se alejan del todo. Una columna vertebral que se va desangrando. En un contexto donde tener vacaciones es de casta, donde la solidaridad y el sentido colectivo se ve embestido por las lógicas neoliberales, la organización de los trabajadores pide ser analizada y debatida. 

Mientras vivir para el trabajo se vuelve lógica imperante, la exclusión emerge como otro rasgo distintivo del estadio actual del capitalismo. Al desarrollo tecnológico, que trae consigo los debates en torno a los procesos de exclusión de mano de obra, se le suma la intensa y veloz expansión de la inteligencia artificial que pareciera poner nuevamente en agenda las discusiones sobre el “fin del trabajo”, a través de los portavoces del poder económico global. Allí emergen genuinas dudas en torno a qué trabajos subsistirán en este proceso, cuáles inevitablemente se jerarquizarán o aparecerán en virtud de las nuevas necesidades de esta economía. En paralelo, surgen preguntas sobre cómo frenar este proceso de expulsión asalariada, la factibilidad del retorno al pleno empleo, y de no ser así como garantizar trabajo para todos; a fin de cuentas, cómo crear trabajo (o tal vez, cómo dotarlo de derechos para que pueda ser realizado dignamente). 

Inevitablemente este debate también nos lleva a problematizar el rol del capital. Identificar sus lógicas, dinámicas y transformaciones nos permitirá repensar la función social del mismo. A nivel nacional, ¿Cómo ubicar al empresariado nacional en el marco de una economía trasnacionalizada y financierizada?¿cómo reorientar de la timba a la producción? Producir para crear trabajo pero ¿Qué producir, para quién y cómo?¿con qué matriz impositiva, con qué salarios, con qué beneficios y qué obligaciones? ¿Qué armonía es posible entre el capital y el trabajo? ¿Cómo poner al hombre en el centro, en los tiempos del Dios dinero?

Estos son sólo algunos ejes que ameritan una reflexión en pos de no sólo diagnosticar sino también imaginar un nuevo horizonte deseable para la Argentina, o al menos algunas líneas para marcarle la cancha al realismo capitalista. 

Frente a un gobierno que busca romper todo entramado social-comunitario, toda iniciativa que apele a la respuesta colectiva (de subsistencia o de avanzada) nos trae al trabajo; a fin de cuentas, es la relación social primitiva: debatir el trabajo es debatir cómo nos relacionamos. Hoy como ayer, el trabajo sigue siendo el eje ordenador de la vida y de un proyecto de país. Aquí buscaremos dialogar entre la especificidad de cada realidad y la necesidad de construir lectura integral que pueda construir una punta de lanza para pensar la patria.

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Argentina: Bicontinental, bioceánica y del Atlántico Sur

Argentina: Bicontinental, bioceánica y del Atlántico Sur

TIEMPO DE LECTURA: 6 min.

Existen varias visiones y recuperaciones historiográficas sobre que es Argentina, que era antes, que comprendía y que comprende, y, en función de ella, que nos corresponde aspirar a reclamar. El último mapa diagramado por un gobierno, que fue el bicontinental en 2010, grafica a la perfección la idea mas extensa de Argentina como tal.

A la hora de pensar la extensión de la Argentina sobre el Atlántico Sur, es importante retomar algunas líneas brevemente mencionadas en el texto introductorio  de este relanzamiento llamado “Pensar la Patria” sobre los “ diversos imaginarios sobre el territorio”. Allí, en una rápida mención -a fín de no atascarse en ningún concepto particular- aseveramos que la defensa criolla en las invasiones inglesas dieron nacimiento al sentimiento de patria, la cual luego se materializaría en la proclama de independencia, con una clara concepción sobre qué territorios se incluían.

Existen varias visiones y recuperaciones historiográficas sobre que es Argentina, que era antes, que comprendía y que comprende, y, en función de ella, que nos corresponde aspirar a reclamar. Historiadores, intelectuales, entre otros, discuten en el cotidiano sobre esto, aunque muchos, lamentablemente, con ciertos sesgos formativos en favor de las narrativas pro británicas.

Así fue el caso del podcast realizado entre Revista Anfibia y la ONG de ese país, Wild Conservation Society (WCS), que propone una zona protegida en el sector argentino del mar, pero jamás menciona la explotación ilegal pesquera y minera de Gran Bretaña en la misma zona. El podcast se puede encontrar en Spotify bajo el nombre  “La Argentina y el mar”.

En ese sentido, la totalización del discurso de Argentina como un pacto en 1860 tras la victoria del unitarismo, el cual luego decide “anexar” la patagonia, puede representar no solo un tiro en el pié a nuestra soberanía, sino además la subordinación bajo un concepto determinado. Porque, si de conceptos hablamos, la idea principal de los libertadores de América como José de San Martín, Simón Bolívar, Manuel Belgrano, entre otros, fue la de la “patria grande” la cual comprendía la totalidad de América del Sur (sin el reino del Brasil). 

Frustrado ello, la independencia se firmó entre las provincias unidas del sur, agregando Malvinas y demases islas del Atlántico Sur, con proyección a incluir la patagonia, y finalmente, la porción más próxima de la Antártida. Luego, diez días después, el diputado Pedro Medrano agregaría al acta de independencia la proclama “y de toda dominación extranjera”.

Esta es, por lo pronto, una primera postura legible. De esta manera se conforma la “bicontinentalidad” (América del Sur con proyección a Antártida) y la “bioceanidad” al llegar al Atlántico Sur y conectarse con los océanos atlántico y pacífico. Además, estas dos cualidades aseguran la presencia en una de las tres rutas comerciales marítimas de la región. 

Posterior a estas resoluciones, por ejemplo, la proyección a Antártida se logró mediante la presencia en aquel continente (Base Orcadas en 1904) y se aseguró mediante la creación de Tierra del Fuego (1972), la provincia que es epicentro de todo el territorio, y desde donde se pueden proyectar los viajes con mejor logística. 

Lo que resta discutir es si esto fue posible mediante la “anexión” sanguinaria realizada sobre la patagonia por Julio Argentino Roca, o si en realidad ya existían dirigentes que comprendían a quienes vivían allí como parte del mismo territorio y los reconocían como parte de un mismo pueblo plurinacional.

De la misma forma se puede relativizar la presencia en Malvinas, que vendría a ser el título que adquirió la causa general de Atlántico Sur, pese a que Gran Bretaña posee otras partes de este territorio, con un valor estratégico igual, mayor o menor dependiendo la zona. Entre esto se encuentra parte de la plataforma marítima, las Islas Georgias y Sandwich del Sur, y el reclamo activo sobre la Antártida, que por supuesto pisa la parte reclamada por Argentina. ¿Qué casualidad? ¿No?

Entre todo lo nombrado, Gran Bretaña ocupa un 25% del territorio reclamado históricamente por esta visión de la Argentina. Si bien ese dato no abunda en la opinión pública del país, por lo menos sí existe en ésta un consenso casi total por la pertenencia de Malvinas. Pero como dijimos, todo se puede relativizar según la visión que se quiera imponer. 

Tomemos de ejemplo entonces la causa Malvinas: fue incluida por Cornelio Saavedra en la declaración de independencia y controlada por gestiones sucesoras. El 10 de junio de 1829, el entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires, Martín Rodriguez, designó por decreto a Luis Vernet como comandante Militar y Civil de las Islas Malvinas, quien se mudó allí e incluso dio vida a la primera ciudadana oficial de las Islas, Matilde Malvina Vernet. Podemos entonces asegurar incluso desde una visión de población “natural” que la Argentina tiene todos los argumentos para considerar que Malvinas le pertenecen. 

No obstante, en 1833, una supuesta expedición de investigación de un barco inglés finalizó con la toma de las Islas, la implantación de una nueva población artificial que hasta día de hoy se hace pasar como natural; los “Kelpers”, y un posterior conflicto bélico que sentó las bases para que se reconfiguren las construcciones historiográficas.

Tal es así que, el afán intelectual sin interés nacional de estos historiadores hace primar el reconocimiento de una historia de Argentina que inició en 1860 (desde cuestiones tan simbólicas como nombres o el triunfo de una idea de nación), lo cual, legitima el discurso del invasor, Gran Bretaña, que “tomó unas islas que no pertenecían a ninguna nación por mera expedición”.

Todo se puede relativizar desde construcciones meramente políticas. El problema surge cuando se impone la visión que beneficia al poder extranjero y no al nacional.

Esto lo vimos en el ejemplo Anfibia, en donde, por si fuese poco, la frutilla del postre fue ver a Valeria Falabella, intelectual Argentina, justificar lo que asevera este podcast del cual participó, asegurando que Argentina “no necesita estos recursos”.

No obstante, a lo largo de  nuestra historia también tenemos ejemplos contrarios a este hecho nombrado, como la lucha de Antonio Rivero, mejor conocido como el gaucho, quien casualmente es recordado a duras penas por la historiografía. Uno de los que lo recupera es el portal El Historiador, a cargo de Felipe Pigna, profesional de esa rama.

Adentrándonos en esa cuestión, este 26 de agosto del año corriente se cumplen 192 años del levantamiento que Rivero realizó en las Islas en 1833, junto a un grupo de patriotas, para recuperar el territorio que Gran Bretaña tomó el 3 de enero de ese mismo año. Entre este lapso, los trabajos con los que se mantenían en el día a día los comandaron los usurpadores, llevando a los criollos a la explotación.

Mientras varios de estos huyeron, Rivero resistió junto a otro grupo con el objetivo de realizar un levantamiento. Así es como junto a los gauchos Juan Brasido y José María Luna, y los indios charrúas Luciano Flores, Manuel Godoy, Felipe Salazar, Manuel González y Pascual Latorre, asesinaron a los ocupantes, efectuando la maniobra con éxito. 

No obstante, la segunda parte del plan, que era recibir refuerzos desde Buenos Aires, nunca se ejecutó, por lo que, ante el regreso de tropas británicas casi un año después de la primera invasión, los patriotas fueron apresados y llevados a Londres.

Lo que continuó luego de este hecho suma argumentos en favor de la postura que mantuvo durante estos años Argentina: en dicho juzgado británico los patriotas fueron absueltos y devueltos al sur de América, ya que las islas no se encontraban “bajo la jurisdicción del Reino Unido”. Como se explicó hasta ahora entonces, era un momento clave en la puja que los británicos ganaron mediante la fuerza, ya que los argumentos geográficos, históricos, e incluso de ocupación natural no los favorecían ni los favorecen. Por eso mismo reiteraremos y explayaremos: Argentina, además de pertenecerle Malvinas, es bicontinental, bioceánica y del Atlántico Sur. 

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San Cayetano: Paz, Pan y Trabajo

San Cayetano: Paz, Pan y Trabajo

TIEMPO DE LECTURA: 3 min.

Cada 7 de agosto, miles de fieles se congregan en el santuario de Liniers para pedir y agradecer al patrono del pan y el trabajo. En un país atravesado por la crisis económica y la precarización laboral, la figura de San Cayetano se convierte en símbolo de fe, resistencia y organización comunitaria. 

Cayetano de Thiene nació en Vicenza el 1 de octubre de 1480, fue el último de los tres hijos del conde Gasparo di Thiene y de la condesa María Da Porto. Estudió derecho civil y canónico en la Universidad de Padua y trabajó como diplomático en la corte papal, pero abandonó tempranamente la vida cortesana para dedicarse a los más necesitados. 

Dos años después de su nacimiento, su padre debió partir a la guerra, quien era jefe de las tropas papales. Pocos meses después, el conde Gasparo di Thiene cayó sin vida combatiendo bajo las órdenes de Roberto Malatesta. María Da Porta dedicó su tiempo a la educación de sus hijos, convirtiéndose en su primera maestra. 

En 1504, cuando tenía 24 años, Cayetano recibió el título de “Doctor en ambos derechos” es decir, en derecho civil y derecho eclesiástico o canónico. Días después, de nuevo en Vicenza, le dijo a su madre que había decidido pedir al Obispo la tonsura, para que quedase claro su deseo de entrar en la carrera sacerdotal. 

Una vez instalado en Roma, con ayuda de contactos de sus tíos, tuvo la oportunidad de ser nombrado protonotario apostólico en la corte del Papa Julio II y, al mismo tiempo, se inscribió en el oratorio “Del Amor Divino”, en donde se promovió llevar una vida fervosa ayudando a los pobres y a los enfermos.  

En 1513, tras la muerte del Papa Julio II continuó con su preparación para el sacerdocio. Por ese tiempo empezaron a verse los estragos del cisma promovido por el monje Martín Lutero en Alemania, cisma conocido como la reforma protestante. Tres años después, en 1516, fue ordenado como sacerdote, a los 36 años.  

Junto con Gian Petro Caraffa –futuro papa Paulo IV– y otros religiosos en 1524, crearon en Roma la Orden de Clérigos Regulares Teatinos, para promover el apostolado y la renovación espiritual del clero, viviendo una vida como la de los apóstoles, con austeridad y desprendido de  bienes.

Su vida estuvo marcada por el compromiso con quienes sufren exclusión, enfermedad, y falta de recursos, por lo que su figura se convirtió en simbolismo de esperanza para quienes buscaban sustentos y empleo digno. Para poder paliar las necesidades de los pobres, fundó la organización de beneficencia Monte si Pietà, como una alternativa a los usureros.

Falleció el 7 de agosto de 1547, siendo el superior de su orden de Nápoles. Sus reliquias se encuentran en la basílica de San Paolo Maggiore de Nápoles. Fue beatificado en 1629 por Urbano VIII, y en 1671 el papa Clemente X ofició su ceremonia de canonización, junto a la de San Francisco de Borja y Santa Rosa de Lima.

Argentina, santo popular

En Argentina, su festividad es la segunda en importancia después de la veneración a la Virgen de Luján, patrona del país. Cada 7 de agosto, miles se congregan en las parroquias que están bajo la insignia de este Santo para pedir por su intermediación. 

Según una leyenda popular, un campesino de principios del siglo XIX pasó frente a una imagen del Santo camino a su casa. Venía de tener un mal día en sus campos de trigo, donde no había podido cosechar nada debido a una sequía que lo abrasaba todo desde hacía meses. 

El hombre se bajó de su carrera y le rezó a aquella imagen, pidiéndole que salvará sus trigales y dejándole como ofrenda unas pocas espigas que había logrado recolectar. Le prometió a Cayetano que si efectuaba su pedido difundiría su historia y daría a conocer quién era. Antes de que llegara a su casa se desató una tormenta, y el anónimo se dejó empapar por aquella bendición y por su promesa. 

La difusión del milagro de los trigales fue tan grande que sus fieles comenzaron a ofrecerle el origen del pan y pasó a ser conocido como el patrono del pan y el trabajo, solo en Argentina.

 

 

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Silenciar los escenarios: la paradoja libertaria

Silenciar los escenarios: la paradoja libertaria

TIEMPO DE LECTURA: 9 min.

Autor: Martin Gainle*

El teatro independiente resiste al decreto 345/25, escrito por el gobierno de La Libertad Avanza para dar pie al vaciamiento del Instituto Nacional del Teatro, un organismo que lleva casi tres décadas ampliando el derecho a la cultura. 

Luego de casi un mes sin sesionar, el miércoles pasado la Cámara de Diputados abrió sus puertas para el tratamiento de una serie de proyectos legislativos de suma importancia para el pueblo argentino. Esa tarde, el libertario José Luis Espert se paseó entre las bancadas, mientras relucía como medallas a los seis presos políticos que él mismo mandó a detener en los últimos días. 

Se caldeó dentro del recinto una riña que acabaría por dar pie al levantamiento de la sesión. No sólo quedaron sin tratar el financiamiento universitario, la emergencia en salud pediátrica y la investigación de la criptoestafa del presidente, $LIBRA. También se encontraba dentro del temario la derogación del DNU 345/25.

El Decretazo

El 22 de mayo del corriente año, el vocero presidencial Manuel Adorni comunicó en conferencia de prensa las normativas que emanan del DNU 345/25.  Con recortes y despidos mediante, se dispuso la absorción de diversas instituciones a la órbita de la Secretaría de Cultura dependiente del Ministerio de Capital Humano. Entre ellas, el Instituto Nacional del Teatro.

***

En el salón de la Escuela de Teatro de La Plata (ETLP), sobre una pantalla blanca como telón de fondo, un cañón proyecta una placa de enormes letras negras que reza: “Desmantelar el Instituto Nacional del Teatro es destruir lo que sí funciona”. Las luces están apuntadas sobre una larga mesa en la que se sientan Daniel Gismondi y Gisela Nomdedeu. Cuelga una whipala del lado del primero (presidente de la Asociación de Teatristas del Plata – ATEPLA) y una bandera del orgullo LGBT+, del lado de la segunda (actriz y gestora cultural).

Ambos conducen una charla de panel, la segunda de la jornada, en el marco del Festival Resiste organizado por la misma institución que le da sede. En las butacas, sentadas en la oscuridad, hay varias decenas de personas de todas las generaciones. El virtual cierre del Instituto Nacional del Teatro (INT) tiñe la conversación entre las dos partes de la sala. 

El INT surgió en el marco de la Ley Nacional del Teatro, sancionada en el año 1997. Rotulada bajo el número 24.800, marcó el punto de partida para el desarrollo de las artes escénicas en nuestro país. Dice el artículo 1º de la ley que “la actividad teatral, por su contribución al afianzamiento de la cultura, será objeto de la promoción y apoyo del Estado Nacional”. 

Con esa premisa, la propia ley resolvió la creación del INT como un ente autárquico responsable del cumplimiento de la normativa. Desde entonces, el organismo se dedicó a construir una enorme red a lo largo y a lo ancho de todo el territorio nacional, no sólo fomentando una actividad teatral plural, representativa y diversa, sino también garantizando el acceso al derecho a la cultura para los argentinos en cada rincón.

El vaciamiento del Instituto es político. El Decreto 345 (o decretazo, como lo llaman en la comunidad teatral) apunta a centralizar las decisiones en la figura del Director Ejecutivo, quien estará desde ahora bajo el alerón de la Secretaría de Cultura, dependiente de la cartera de Sandra Petovello. La misma que guardó toneladas de alimentos hasta la putrefacción. 

La maniobra está dirigida a terminar de consolidar el rumbo que el Gobierno Nacional le ha dado al Instituto desde que lo abordó en 2023: destruir el tejido federal y disminuir la asignación de subsidios tanto para obras, como giras y otro tipo de eventos. “Sin el Instituto, no vamos a poder pagar ni la nafta para ir de un pueblo a otro”,  exclama una mujer durante la charla, desde la primera fila de asientos.

¿Cuánto vale la cultura?

“No hay ninguna lógica en el cierre. Lo destinado al Instituto es la misma cifra que se destina a los gastos en combustible del Ministerio de Economía”, afirma Gisela Nomdedeu, que se dispuso a ser entrevistada en la incomodidad de una pequeñísima grada en el hall de entrada de la Escuela de Teatro. Además de actriz y gestora, es una trabajadora del INT y una asidua participante de la Asamblea Federal del Teatro, surgida al calor de los embates al sector durante el último año y medio.

Los principales afectados por este timonazo en los destinos del INT son los trabajadores del teatro independiente: actores y actrices, guionistas, dramaturgos, productores, directores y montones de técnicos que durante casi tres décadas retribuyeron airosamente cada centavo que se invirtió en su sector.

El oficialismo, a través de su vocero presidencial Manuel Adorni, se refirió a un Instituto “sobredimensionado”, donde “se gastaba un 65 por ciento del presupuesto en sueldos y funcionamiento” y “solo un 35 por ciento llegaba efectivamente al teatro”. En función de eso, el portavoz dijo que “la planta ya se redujo en un 20 por ciento”, lo que disminuiría la inversión en 150 millones de pesos anuales. 

Es decir: siguiendo las cuentas del propio Adorni, los sueldos y gastos de funcionamiento del Instituto Nacional del Teatro suponían un gasto anual de 750 millones, previo a los despidos. Si esa cifra representaba el 65% del presupuesto del INT, el total rondaría los 1.150 millones de pesos. En relación al presupuesto 2025, que asciende a casi 116.000 millones de pesos, el INT equivaldría apenas al 0,01% de la inversión pública nacional. 

Además, su principal fuente de financiamiento ni siquiera emana del Tesoro, sino de gravámenes a Lotería Nacional, premios no cobrados y multas que se hacen a los grandes medios de comunicación. 

Con dichos recursos, entre 2022 y 2023 se generaron encuentros federales de formación que llegaron a más de diez mil teatristas; se impulsaron 160 obras dentro de contextos de vulnerabilidad, como unidades penitenciarias y hospitales, así como también junto a comunidades originarias; se subsidiaron más de 7400 producciones y se mejoraron las condiciones edilicias en 267 salas de teatro en todo el país, que en muchas localidades representan el único espacio para el desarrollo de la actividad.

Agrupaciones como Escena, que aglutinan a distintos trabajadores del teatro, estiman que por cada millón de pesos que se invierte en la actividad, se generan entre 12 y 20 puestos de trabajo. Además, según los datos del año 2021, con una inversión del 0,1% del presupuesto total el sector cultural aportó un 1,8% al Producto Interno Bruto nacional. Es decir: se obtuvo 18 veces más de lo financiado.

 “Si bien no es de las más estructuradas, el teatro es una industria cultural. No es solamente un ‘gasto’, sino que es un sector productivo que como cualquier otro sector, tiene sus subsidios y apoyos para que siga existiendo”, sentencia Nomdedeu.

Todos estos datos ponen en sospecha los argumentos economicistas propalados por los manipuladores de la motosierra a la hora de justificar el ajuste sobre la cultura. La entrevistada cree que responden, más bien, a “un desinterés y un discurso de envilecimiento del Estado, como algo que no tiene que existir”, dada la existencia de “un sector de la sociedad que cree que realmente es inútil e innecesario” y a quienes el gobierno libertario pretende seducir. 

También argumenta que existe un motivo “más profundo y relacionado al largo plazo”, referido a que “el arte, la cultura y el teatro son lugares de construcción colectiva; de pensamiento; de diversidad de miradas. Ellos están bastante lejos de todo lo que fomente esa potencia, como cualquiera que profese este pensamiento autoritario”.

  Así es como el Estado, que debería según distintas leyes y tratados a los que adhiere promover el acceso a la cultura, obra en dirección contraria. Más notorio es el atropello contra este derecho al saberse que el INCAA, el Fondo Nacional de las Artes y la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares atraviesan o atravesaron procesos muy similares al INT en el último tiempo.

 Habla de nosotros

Alejo Marschoff, conciudadano platense y teatrista independiente, estima: “vos podés arrancar algo simple, como la obra que estamos haciendo ahora, y estás hablando de 1400 dólares de escenografía y vestuario”. Se refiere a la obra El Ministerio de la Imagen, con la que actualmente recorre los distintos salones de la ciudad y sus alrededores.

Marschoff se sienta en el octavo de mesa que quedaba disponible. El resto de ella (y de todos los muebles de una antiquísima casa en Barrio Hipódromo), está abarrotado de libros. Desde ese rincón, parapetado tras las pilas de textos,  convierte cada diálogo en una suerte de ponencia, citando a varios teóricos del teatro, su más grande afición.

 — ¿Cómo pensás el futuro del teatro con los cambios impuestos?

El teatro viene desde los griegos. Kantor cuenta que, en la Segunda Guerra Mundial, estaban armando una obra en un sótano, escondidos, mientras por la ventana se veía como fusilaban gente en la calle. Al teatro no lo mata nada, y esa es la gran excusa para pegarnos.Un mate lavado le dio el ímpetu para reformular de manera más llana: El teatro se ve como hobby, y la lucha es contra el famoso “¿Por qué lo hacen? Por amor al arte” … ¡Carajo, no es solo amor!

— Los recortes sobre el INT atentan, entre otros aspectos, contra su carácter federal. ¿Cuál es la importancia de que el teatro alcance todos los rincones?

— El teatro es un ritual muy particular, en el que pasan cosas mucho más potentes de lo que uno creería. Una de las obras más famosas del mundo del Siglo XX es Esperando a Godot, fundadora del teatro del Absurdo. Cuando Samuel Beckett la hace (las primeras veces, en Francia) las críticas son despiadadas. La primera crítica llegó desde San Quintin, una cárcel famosa de Estados Unidos, donde los presidiarios dijeron: “Está hablando de nosotros.” La obra trata sobre un tipo que espera, espera y espera, pero nunca llega nada de aquello que aguarda.

— ¿Por qué se serrucha sobre el INT, si representa un porcentaje ínfimo del gasto público fiscal?

Porque la cultura es peligrosa. Los fachos tratan de meterla en un Excel, para que responda de alguna manera a sus pequeñísimos intereses porque, si por algo triunfa el fascismo recurrentemente, es porque es fácil. 

Lo que menos quieren

Ornella es una estudiante del Profesorado de Teatro. Está sentada sola, en una mesa pequeña, de las típicas de escuela secundaria, al costado de la puerta de entrada de la Escuela de Teatro. “Creo que Milei gasta mucho más en viajes en Estados Unidos que lo que puede llegar a implicar la inversión en el INT”, afirma.

En efecto, según datos de la Secretaría General de la Presidencia, en un año y medio de gobierno Javier Milei destinó más de 3.200 millones de pesos a viajes internacionales, incluyendo vuelos privados, traslados, seguridad y logística. Osea, casi tres veces más que lo destinado anualmente al ente que por decreto pretende extinguir. Restaría, además, contabilizar los gastos de dietas y hospedaje. Y esos sí que salen del Tesoro y los contribuyentes.

 De ese total, se estima que alrededor del 30%, equivalente a más de $960 millones de pesos, fue destinado a viajes sin carácter oficial o de agenda institucional, como actos partidarios, premiaciones personales o foros ideológicos en el exterior. Osea digamos: el presidente puede gastar cientos de millones de pesos para dirigirse al Foro de Davos en Suecia y acusar a los homosexuales  de pedófilos, pero no en que el Hospital de Niños pueda ser escenario de una obra teatral. 

Unos metros por encima de Ornella, cuelga una bandera negra, sobre la que brilla una estampa de la intérprete de Se dice de Mí y una inscripción que dice: Centro de Estudiantes Tita Merello – ETLP. “Como joven, me preocupa muchísimo la situación” confirma Ornella, y finaliza diciendo que “atacan al teatro, sobre todo, porque es una manera de ser libres. Este gobierno, lo que menos quiere, es la libertad”.


*Martin Gainle

Platense de City Bell y egresado del Colegio Nacional. En eso y algo más, queriendome parecer a Fede Moura. Estudio Comunicación Social en la Universidad Nacional de La Plata.

YPF: entre las garras de los buitres externos e internos

YPF: entre las garras de los buitres externos e internos

TIEMPO DE LECTURA: 7 min.

“Si malo es el gringo que nos compra, peor es el criollo que nos vende”, sentenció Arturo Jauretche -entre otras brillantes frases- hace más de 80 años, para describir y denunciar la situación que se vivía durante la década infame en la Argentina. Muchos analistas coinciden en que hace algunos años vivimos la nueva década infame. Y sí, varios sucesos se le asemejan. 

Tras dos años del fallo de la jueza Loretta Preska en el tribunal de Nueva York, en el que condenó al Estado argentino a “resarcir” al fondo buitre Burford por 16 mil millones de dólares por la nacionalización de YPF, ahora resolvió, en un volantazo en el medio de la causa, que el Estado entregue la totalidad de las acciones que posee sobre la empresa (51%), ya que éste no realizó el pago y fue apelando en distintas instancias legales. ¿A qué se debe este giro? ¿Por qué la nueva administración estatal -que despotricó contra le empresa antes de asumir y amenazaba con privatizarla- ahora  piensa defenderla?

Para comprender el tema en cuestión, es importante como primer punto destacar que la historia de Yacimientos Petrolíferos Fiscales tiene más de 100 años, desde que un 13 de diciembre de 1907 se descubrió el primer yacimiento en Comodoro Rivadavia. En este sentido, la cantidad de administraciones, revoluciones, golpes de Estado, entre otros, que pasaron por el Estado argentino a la hora de administrar YPF fueron muchas. No obstante, recién en 1993 un gobierno rompió con el consenso de que YPF esté al servicio nacional. 

Desde allí entonces, a partir de la privatización realizada por el gobierno de Carlos Menem, YPF entró hasta la actualidad en un camino de idas y vueltas que tuvo la presencia de cinco gobiernos más (De la Rúa-Kirchner-Fernández de Kirchner dos veces-Macri-A.Fernández y ahora Milei). Entonces, es importante contextualizar en cada uno los sucesos que fueron ocurriendo.

Por empezar, la privatización llevada a cabo en 1993 se hizo en el marco de lo que hoy es modelo para varios gobiernos de índole neoliberal que ven a la venta indiscriminada de empresas del Estado como un hito. No obstante, las divisas recaudadas fueron quemadas para sostener el 1 a 1, y una vez que estas se terminaron, el Estado quedó totalmente quebrado, sin divisas ni maquinarias para producirlas. 

La particularidad de esta privatización explica hoy la situación que vive YPF en tribunales extranjeros: entre las cláusulas de aquella venta a Repsol, figuraba que si el Estado nacional quería recuperar las acciones de la empresa debía abrir a concurso público con los acreedores (los cuales serían los que Repsol decidiese a partir de allí, probablemente en el plano internacional, cosa que sucedió). Esto llevó la discusión jurídica a esa cancha, en este caso a Nueva York, particularmente por fondos de inversión con oficinas allí que compraron acciones de la empresa.

Como sería de esperar, la gestión de Menem transcurrió entonces con la empresa fuera de Argentina, así como durante el breve paso de Fernando De la Rúa en sus dos años de gestión. No sería sino hasta la llegada a la presidencia de Néstor Kirchner, quien llegaba con una línea nacionalista y justicialista, que se barajaría nuevamente la posibilidad de su reestatización. Este hecho finalmente sucedió en 2012, cuando durante el segundo mandato de Cristina Fernández de Kirchner se llevó adelante la reestatización del 51% de las acciones tras ser aprobada en ambas cámaras legislativas la Ley de Soberanía Hidrocarburífera (Ley N° 26.741), el marco legal que permitió al gobierno recuperar YPF.

A partir de aquí entonces, al realizarse la maniobra sin abrir a concurso público, se desataría la puja en donde entra el fondo buitre Burford, que compró los derechos de litigio de accionistas minoritarios, para luego vender esas mismas acciones, especulando con qué posibilidad tendría de ganar dicho juicio. A esto se dedica un fondo buitre.

La postura entonces que tomaron las distintas administraciones que le sucedieron a CFK dependieron y dependen de su retórica, por un lado, y por el otro de su cohesión en la acción con esa retórica. En 2015 asumió la presidencia Mauricio Macri quien en su línea discursiva reivindicó varios de los movimientos menemistas de corte neoliberal, pero en la acción, YPF siguió su curso, mientras Burford ya operaba por detrás. Cabe destacar que Macri sumó a su mesa política a Javier Iguacel como ministro de Energía, quien es un empresario de esta área, y hace considerablemente poco tiempo compró, a través de su empresa Bentia Energy, cuatro pozos no convencionales de YPF. Este movimiento fue en agosto de 2024 y fue el primero de la empresa, fundada por Iguacel un mes antes. Podemos empezar a imaginar un panorama.

Lo que le siguió a Macri fue la gestión de Alberto Fernández, quien quizás aglutina su mayor obra en su pobre gestión en torno a YPF: gracias al financiamiento recibido a través del impuesto a las grandes fortunas ejecutado en pandemia se construyó el gasoducto Néstor Kirchner, que conecta lo producido en Vaca Muerta desde Neuquén a Buenos Aires. 

Si bien Fernández se definió a sí mismo como un mero “administrador del Estado”, y es difícil conectar su retórica con los hechos, si algo se puede destacar en aquel momento sobre YPF es la labor del presidente designado, Pablo Gonzalez, quien finalizó una gestión que dejó a YPF con números en alza, sumado al descubrimiento de un nuevo pozo no convencional (Palermo Aike), la profundización de explotación sobre Vaca Muerta y la distribución tanto al interior del país como hacia Chile, Bolivia y Brasil, finalizando el gasoducto pero también dos oleoductos. También, durante la gestión de Gonzalez, se firmó la negociación que eximió de culpas a YPF sobre una denuncia de otro juzgado yankee (Nueva Jersey), que la hacía responsable por contaminación de ríos en 2005, cuando una empresa comprada por Maxus, a su vez comprada por Repsol cuando ésta tenía la firma, realizó maniobras con químicos altamente contaminantes. Finalmente tanto YPF como Repsol fueron absueltas.

En paralelo a esto, Burford siguió adelante con la causa principal hasta que en 2023 Preska absolvió la responsabilidad de YPF y condenó al Estado argentino a pagar la suma ya conocida por no abrir a concurso público a acreedores. El gobierno apeló, y así llegamos a la actualidad.

El 19 de noviembre de 2023, Javier Milei triunfó en el balotaje de las elecciones presidenciales. Por aquellos días, no solo la política en sí, o el estado en que se encontraban la salud y educación pública eran temas de debate en la opinión pública, sino también YPF ¿Por qué? Porque así como los dos ítems nombrados anteriormente, la petrolera era objeto de ataque a modo de desprestigio del por entonces flamante presidente, quien estaba seguro de que ésta era deficitaria, y que había que vender sus acciones. 

Esto incluso fue reafirmado al otro día del balotaje, en un acto de regocijo, pero 20 días después el nuevo gobierno cambió de opinión ¿Será que finalmente vieron que la empresa era superavitaria? Sin que me conste, me arriesgo a decir que la respuesta es no. 

Por empezar, no hay que dejar de lado que los Iguacels de la vida merodean también a este gobierno, por lo que en este caso, la elección del gobierno podría ser por el criollo que nos vende” antes que “el gringo que nos compra”. No obstante, el análisis tiene un punto más fuerte que está en el cotidiano, más allá de las ventas que se puedan hacer a empresas como Bentia. 

Bien es sabido que el modelo de dólar fijo, ficticio, controlado, tablita o como se le quiera llamar, demanda una cantidad de divisas gigante y que a su vez este modelo no permite desarrollarse en áreas industriales que le darían de manera natural estas divisas. Por ende, con el agro descartado por el tipo de cambio bajo, el gobierno debe apuntar a otra fuente de cosecha rápida; para esto se diagramó el obsceno blanqueo de dudosísimas procedencias y el RIGI, de entrega de concesiones y tazas también absolutamente obscenas. En esa ilogicidad de negocio se ve de lejos un solo factor: la necesidad del gobierno de juntar divisas rápidas y cortoplacistas para mantener el tipo de cambio y, a su vez, la nula rentabilidad de un país en recesión para las inversiones, ya que ni así “llueven” estas.

En esta lógica, el sector más rentable es el minero, por la cotización de sus diversas comodotties en mercados internacionales, y casualmente, por el desarrollo que tiene Argentina con los diversos pozos convencionales y no convencionales y la facilidad que le permite tener un brazo de trabajo y extracción estatal como lo es YPF. Entonces la pregunta que resta es ¿Milei se volvió nacionalista y quiere la empresa para tener combustible y energía barata en la Argentina?¿O la necesita para distribuirla en el mundo y que entren divisas rápidas al Banco Central? Pueden sacar sus conclusiones.


Joaquín Bellingeri

Militando desde la información y la palabra contra el amarillismo oportunista y por una sociedad en la que predomine la equidad social.

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