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El asesinato de la joven cordobesa en 2010 expuso la crudeza de la discriminación hacía las lesbianas y se convirtió en un punto de inflexión en el movimiento LGBTIQ+ en Argentina, que encontró en su memoria una bandera de lucha por la visibilidad y la justicia. 

“En la vida y en la muerte de Natalia “la Pepa” Gaitán están inscritas a fuego las marcas que todas las lesbianas llevamos en nuestro cuerpo. Su fusilamiento expuso de manera brutal los altos niveles de homo/lesbo/travestofobia de la sociedad argentina, hasta el momento invisibilizadas.” 

La tarde del crimen

Natalia Gaitán tenía 27 años, y en el barrio Parque Liceo segunda sección la conocían como Pepa. Su madre, Graciela Vazquez de Gaitán, conduce la asociación Lucía Pía, donde despuntaban el hábito de la solidaridad hacía los necesitados de esa zona de la periferia norte de Córdoba. Entre ellos, al matrimonio de Daniel Torres y Silvia Suarez, a quienes les dieron trabajo en el comedor comunitario y en la guardería de la ONG. 

Pepa se involucró sentimentalmente con una joven de 16 años, hija de una pareja previa de Silvia Suarez, lo que desató la furia de los padres de la adolescente. Tras abandonar su hogar, la jóven se fue a vivir con Pepa en un departamento construido por su difunto padre en la sede de la Asociación Lucía Pia. 

Todo comenzó en ese lugar, la tarde del 6 de marzo de 2010, cuando la pareja le contaba de sus penurias a su amiga Gabriela Cepeda, quien decidió terciar en el conflicto y partió hacía la casa familiar de la adolescente, a solo tres cuadras de distancia. Gabriela se trenzó en una discusión con Silvia.

Según consta en el expediente judicial, eran alrededor de las 19:30 cuando Pepa acudió sola a ver qué pasaba y al presenciar la pelea quiso retirar a su amiga. Pero se produjo un nuevo altercado entre Silvia y Pepa, con Gabriela intentando separarlas. En ese momento, Daniel Torres —quien no había participado de la discusión ni los forcejeos— entró a la casa y salió con una escopeta calibre 16, camino hacia donde estaba Pepa y disparó a quemarropa. 

El disparo dio de lleno en el hombro derecho de la joven, que alcanzó a caminar unos pasos antes de perder el conocimiento y quedar tirada en el lugar por más de una hora. Los médicos del Hospital de Urgencias no lograron frenar la hemorragia, provocada por la “lesión de la arteria y vena subclavias derechas”. 

Natalia murió a las 2 de la mañana del domingo 7 de marzo de 2010. Su victimario había intentado esconder el arma y huir, pero se terminó entregando a la policía. 

Refuerzo del argumento por la igualdad

El asesinato de Pepa Gaitán se produjo en medio del último tramo de la lucha historica de parte del activismo LGBTIQ+ por la consecución del congreso sancionando la Ley de Matrimonio Igualitario, frente a la oposición de sectores conservadores, principalmente en aquellas jerarquias de la iglesia catolica y de otras denominaciones religiosas conservadoras. 

Una semana después del asesinato de Pepa Gaitán, organizaciones feministas y de lesbianas emitieron el comunicado “Fusilada por lesbiana”, el cual fue difundido a través del blog ¡Basta de lesbofobia! en donde manifestaron: “El asesinato de la Pepa muestra cuan represiva es la ley homosexual cuando los mecanismos institucionales de normalizacion no pudieron controlar ese deseo, esa atracción erótico afectiva que las instituciones siguen patologizando aunque a veces se llenen la boca de ‘los mismos derechos’ y ‘el mismo matrimonio’. Hoy escuchamos muchos discursos progresistas cruzarse al hablar del matrimonio entre personas del ‘mismo sexo’, discuros que ni siquiera nos nombran porque no pueden decir ‘lesbiana’”

Aunque para la justicia se trató de un homicidio agravado por el uso de un arma de fuego, la familia y la sociedad saben que se trató de un lesbicidio. La sentencia contra Torres, de solo 14 años, ignoró todos los agravantes atados a la orientación sexual de Pepa que la condujeron a una vida signada por la violencia, la discriminacion y la tristeza. 

De esta manera el crimen de Natalia se convirtió en una bandera de la lucha por la igualdad y la visibilidad de las mujeres lesbianas en todo el país. En Córdoba hubo marchas, actos, recitales, radios abiertas, panfletos, remeras, banderas y discursos. El 24 de junio de 2010, la manifestación en apoyo a la Ley de matrimonio igualitario transcurría en Córdoba en un clima festivo, salvo en un momento del acto en que la multitud se sumió durante varios minutos en un profundo silencio que se quebró con una ovación. 

Durante ese lapso, desde el palco, Graciela Vazquez decía: “Yo a mi hija la entendí y cada día la entiendo más (…) Hoy vivo el sufrimiento de que me la mataron como un perro, porque el padrastro de la pareja de mi hija no la aceptaba. Se dio el gusto de matar a una lesbiana, pero no se va a dar el gusto de salir porque merece castigo (…) Señores senadores, en nombre de mi hija les pido la mejor justicia que me van a hacer: quiero que (voten esa ley y) todos los que están acá, los palomos y las palomas, vuelen de una vez por todas. Muchas gracias.”

Visibilidad lesbiana, un proceso individual y a la vez colectivo

El 7 de marzo quedó instalado en la agenda del movimiento feminista como Dia de la visibilidad lesbica. “Pepa Gaitán” fue asesinada por lesbiana a manos del padrastro de su novia. Sin embargo, aunque el responsable del hecho fue condenado a 14 años de prisión, la justicia hizo caso omiso al pedido de la abogada Natalia Milisenda, quien dijo que la sexualidad de Pepa fue la causa principal por la que Daniel Torres cometió el asesinato. Este este argumento no fue suficiente para los jueces, quienes terminaron por caratular el caso como “homicidio simple agravado por uso de arma de fuego”. 

A partir de este hecho, el 7 de marzo es conmemorado como un día de lucha contra el lesbo-odio, así como también de visibilización sobre las diferentes formas de violencia y discriminación vivenciadas por quienes pertenecen al colectivo lesbico. Según el Observatorio Nacional del Crimenes de Odio LGBT, en el año 2025 ocurrieron ciento dos (102) crímenes de odio, en donde la orientación sexual, la identidad y/o la expresión de género de todas las víctimas fueron utilizadas como pretexto discriminatorio para la vulneración de derechos y la violencia. El asesinato de Pepa Gaitán no es el único hecho que refleja la existencia de una justicia y una sociedad altamente patriarcal, heteronormativa y lesbo-odiante.

Más allá de esto, se ha avanzado en la equiparación de derechos y la inclusión de una perspectiva de género en la justicia. En el año 2012 se sancionó la Ley 26.791, la cual introduce una modificación al Código Penal argentino en su artículo 80 e incluye como agravante de homicidio el odio de género, a la orientación sexual, identidad de género o su expresión. 

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