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Nuestra patria dejará de ser colonia o la bandera flameará sobre sus ruinas.

El viento frío pegaba de costa, allí en Puerto Argentino la brisa empujaba el mástil de La Sanmartiniana, todavía amarrada y con el motor averiado a pesar de semanas de trabajo en él. La corriente de aire se elevaba como diciendo: 

“Sí, yo voy a inflar las velas, me voy a encargar de llenarlas de patria y fuerza, los empujo, los devuelvo al continente, pero ustedes por favor no se dejen acarrear bajo la bandera de estos piratas hijos de puta”.

No hay puerto en el mundo en el que se pueda salir navegando a vela, uno debe salir propulsado a motor o remolcado por otra embarcación. Y al ser inviables los arreglos eléctricos del motor de La Sanmartiniana, la situación ameritaba que el velero argentino de dos palos sea tirado por una embarcación inglesa, bajo el resguardo humillante de estar bajo la orden de su bandera. 

Una nueva ráfaga se incrementó desde el corazón de la Isla, como si desde las viejas trincheras argentinas nuestros caídos estuvieran inflando sus pulmones y soplando. A esta bocanada se le sumó el tórax hinchado lleno de aire de Dardo Cabo, María Cristina Verrier, Antonio Rivero y sus gauchos. Sin preguntar y consensuar mucho, como esas cosas que uno hace atolondrado pero decidido bajo los impulsos irracionales del corazón, la tripulación desamarró los cabos de estribor de la Sanmartiniana quedando a merced y a disposición del viento.

No hubo tiempo para la especulación, para un último Padre Nuestro ni nada. La vela mayor se infló, y en un instante la cubierta del barco era un un revoleo de cabos, sogas y órdenes técnicas para zarpar en condiciones.

La Sanmartiniana se dejó impulsar hacia el sudeste de la Isla. Ajustes de timón, cabos de aquí para allá, las velas que se iban hinchando, y una vez cercanos a estrellarse con el pedazo de Isla que forma el puerto natural y protege ese pedazo de agua del Océano Atlántico, el velero viró por completo su rumbo, poniendo ahora el horizonte en el noroeste. Después de tantos meses parada y ultrajada, La Sanmartiniana comenzaba firmemente a navegar; volvía a sentir el impacto y la tensión del agua corriendo de lleno en su casco. Luego de unos cuarenta minutos con el noroeste como único objetivo, los montes de la Isla Soledad se agrandaron, como apareciendo de golpe, dando a entender que nuevamente había que virar y volver casi por el mismo surco de agua que habían dejado, ganando solo unos pocos metros.

Así estuvo la tripulación un buen rato de la mañana del domingo 27 de noviembre de 2016, pero a esta altura, desde sus Land Rover, los habitantes de las Islas miraban con cara de soberbia, -pero también sorprendidos- a ese velero oxidado de dos palos, que tanto tiempo había estado amarrado sin ninguna protección en las marinas de Port Stanley. Si lo habían dejado ahí tirado pudriéndose desde septiembre del 2015.

Lo tenían secuestrado y descuidado, pero no lo dejaban morir, porque ese velero de dos palos con nombre de libertador americano, arrebatado en aguas argentinas, no era otra cosa que un botín de guerra; un pedazo de patria robado por las fuerzas de la OTAN bajo la bandera inglesa. Lo poseían y alardeaban del mismo modo que se muestra un trapo robado de una hinchada a otra. Estaba ahí colgado en el alambrado y nos lo mostraban envuelto entre los colores de sus banderas, mientras se agarraban las bolas y la poronga, como diciéndonos: “dale cagones, vengan a buscarlo si les da la sangre”.

Esa mañana, casi de fines del 2016, la Sanmartiniana navegaba soberana por la bahía, y los kelpers sentían una indignación similar a la que sintieron aquel 22 de junio del 86, cuando ese morochito petizón saltaba aún más alto que Shilton, y con el puño escondido entre los rulos les marcaba el 1 a 0.

Luego de algunas maniobras más la tripulación se encontró frente al estrecho que daba fin a la Bahía, abriendo camino a la inmensidad voraz del Océano. Iba terminando así el primer gran paso de esta travesía que luego, en mar abierto, depararía seis días más. 

Frente al estrecho fueron los primeros gritos de alivio, de excitación, de victoria. Recién ahí la tripulación levantó la mirada, y entre el oleaje se toparon con la inmensidad de la Isla Soledad, con su geografía de ultramar, con los picos de sus montes negados a desprenderse de la Cordillera de los Andes, como gritando: “Yo soy la última vértebra de la columna del continente, yo soy América Latína, no se olviden de mí, vuelvan con más gente, organizados. Saquenme de encima esta base militar de la OTAN y estas casitas de mierda con arquitectura anglosajona”.

Hubo un silencio. Hasta el viento paró. Desde el mástil más grande, como el color del cielo y con un sol amarillo libertador, el pabellón patrio se fue elevando con nuestras Islas Malvinas de téstigos.

“Oíd, mortales, el grito sagrado

Libertad, libertad, libertad

Oíd el ruido de rotas cadenas

Ved en trono a la noble igualdad

Ya su trono dignísimo abrieron…”

Luego de cantar el himno y soltar un par de lágrimas, Cascote Bertola se bajó el cierre de su traje náutico, dejando ver el pecho bien inflado y su remera del MPR QUEBRACHO,  de su bolsillo sacó una pequeña vasija y entregó a ese viento que los había impulsado hasta recién, las últimas cenizas de Raúl “Boli” Lescano, militante del ERP-PRT y fundador del MPR QUEBRACHO en los años 90. Anteriormente, Cascote, había esparcido los restos del “Boli” en el Cementerio de Darwin, junto a los ex combatientes argentinos caídos en las Islas.

De esta manera, arrancaba ahora una nueva travesía y quizás uno de los hitos más importantes de la Náutica nacional en el Siglo XXI: volver a continente desde las Isla Soledad con un velero descuidado, sin motor, un teléfono satelital, gps, sextante, brújula y 6 patriotas llenos de dignidad.

Durante el segundo gobierno de Cristina Kirchner, la Fundación Interactiva Para Promover la Cultura del Agua (FIPCA), se adjudicó el velero escuela que pertenecía al Naútico San Isidro. Por aquellos años la embarcación se encontraba parada y deteriorada por el tiempo, pero anteriormente, con navegantes de nariz respingada y ropa cara, el velero de dos palos y doce camas que llevaba el nombre “Naútico”, había tocado distintos puertos del mundo, incluyendo varios embarcaderos de la Isla de Gran Bretaña. Contra todo postulado de costumbres y presagios marinos, además de hacerle los arreglos necesarios con mano de obra que aportaron distintas organizaciones populares, FIPCA decidió rebautizar al velero “Náutico” con el nombre “La Sanmartiniana”. 

No se puede defender lo que no se ama
No se puede amar lo que no se conoce

Bajo el Mar Argentino, duplicada como una segunda nación, yace la Plataforma Continental. Equivale al doble de la superficie terrestre nacional y son más de 4 millones de kilómetros cuadrados. 

“La plataforma continental comprende el lecho y subsuelo de las áreas submarinas que se extienden más allá del mar territorial y a todo lo largo de la prolongación natural del territorio. Jurídicamente la plataforma continental comienza donde termina el lecho y el subsuelo del mar territorial, que en la Argentina llega a las doce millas marinas medidas desde las líneas de base. Todo Estado ribereño tiene reconocida, más allá de este punto, una plataforma continental hasta las doscientas millas marinas medidas desde las líneas de base. Sin embargo cuando la prolongación natural del territorio se extiende más allá de esa distancia, el Estado se halla facultado a establecer el límite exterior de su plataforma continental en lo que técnicamente se denomina “borde exterior del margen continental”.

En la Plataforma Continental descansa la Península Antártica, las Islas Orcadas del Sur, Islas Sandwich del Sur, Islas Georgias del Sur y las Islas Malvinas. 

“En este espacio marítimo el Estado ribereño ejerce derechos de soberanía a los efectos de la exploración y explotación de sus recursos naturales: minerales, hidrocarburos y especies sedentarias (langostinos, mejillones, vieiras, etc.). Estos derechos son exclusivos en el sentido de que, aun cuando el Estado ribereño no explore la plataforma continental o no explote sus recursos naturales, nadie podrá emprender estas actividades sin su expreso consentimiento. Además los derechos del Estado ribereño sobre la plataforma continental son independientes de su ocupación real o ficticia, así como de toda declaración expresa.”

Con el objetivo de popularizar la cultura del agua y dar a conocer las discusiones de la Plataforma Continental, las vías navegables internas y los derechos soberanos que tiene el pueblo argentino, FIPCA puso a punto el velero de doce camas y comenzó a dar pequeñas recorridas por las aguas del Río de La Plata, junto a los integrantes de las organizaciones populares que habían trabajado en su reparación. 

Desde las mismas marinas de San Isidro donde se paseaba gente en mocasín y ropa de lino, ahora la Sanmartiniana le abría la puerta a pibes que quizás tenían como pendiente en su vida conocer el mar. Entre el movimiento constante y desordenado de las olas rioplatense, los jóvenes aprendían a tensar un cabo, izar una vela y virar a babor y estribor, pero principalmente comprendían que ese río marrón, al igual que el Océano y las Malvinas era de ellos y había que cuidarlo, habitarlo y defenderlo.

Luego de varios meses haciendo pequeñas salidas por el Plata, se pudo consolidar una tripulación que sumado a la incorporación de Capitanes, Patrones de Yate, y Timoneles, decidieron remontar el Paraná. Convidar y democratizar la cultura del agua; incentivar a conocer y abrazar la soberanía nacional. Ese fue el objetivo principal de este proyecto.

Con la celeste y blanca flameando orgullosa, la Sanmartiniana surcó la Vía Troncal Navegable y no dejó puerto sin arribar. La defensa de la soberanía y la naútica popular se volvieron causa federal con el paso del velero por todas las Provincias del Litoral: Santa Fé, Entre Ríos, Corrientes, Chaco, Formosa y Misiones. Durante la larga travesía del Paraná la tripulación se fue renovando, y más de 3000 niños de escuelas cercanas a los distintos puertos que iban tocando, pudieron timonear el rumbo de la Sanmartiniana por el río argentino.

Dicha actividad dejó óptimas condiciones en distintos sentidos: por un lado tuvo un gran nivel de aceptación,  al mismo tiempo que fue generando entusiasmo y posibilidades de agrandar la tripulación para futuras instancias. Fue con estos ánimos que se proyectaron nuevos horizontes, esta vez surcando el agua verdosa y salada del Mar Argentino.

Con la Ciudad de Mar del Plata como objetivo, el 17 de noviembre del 2014 partieron desde la Ensenada Barragán, lugar dónde estallaron cañones patrios defendiendo nuestra tierra, tanto en la segunda Invasión Inglesa de 1807 como en los bloqueos a Buenos Aires de 1830.

En la mañana del 20 de noviembre, Día de la Soberanía, la tripulación llegó a la Ciudad de la feliz, a la Base Militar de Mar del Plata. La Base Militar que supo operar durante el Terrorismo de Estado recibía con honores a la Sanmartiniana, comandada por el Teniente de Fragata retirado, Julio Urien, militante Montonero y preso durante toda la dictadura. Para aquella misma fecha también se encontraba en el Puerto la Fragata Libertad y el submarino Ara San Juan. 

En el Astillero de la Base, el  velero de dos palos recibió un gran trabajo de carpintería y puesta a punto, teniendo en cuenta que el próximo objetivo de La Sanmartiniana sería navegar y habitar el Mar Argentino, desde las costas  marplatenses hasta hasta el Ushuaia.

Como viajero frecuente que llena el pasaporte de sellos o la mochila de banderas, la tripulación se propuso tocar todos los puertos de la nación que le faltaban sobre el litoral marítimo. Así fueron descendiendo por la Provincia de Buenos Aires para seguir rumbo sur por Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego, llegando a Isla de Los Estados, el puerto más austral del mundo. 

En aquel largo y helado trayecto por el mar patagónico, la tripulación se permitió acercarse a la Cuenca de los Yaganes, ubicada al sur de las Islas Malvinas, para rendir homenaje a los 323 combatientes asesinados en el hundimiento del Crucero ARA General Belgrano, único barco de guerra hundido en la historia por un submarino nuclear, pero que además se encontraba fuera de la zona de guerra pactada entre la Armada Argentina y la Inglesa. En un salón lleno de niños de escuelas primarias, el homenaje fue transmitido en vivo  mediante radio satelital en el Museo Malvinas, ubicado en el predio de la Ex ESMA.

Una vez llegada a Isla de los Estados los logros que se podían enumerar de la Sanmartiniana eran muchos. Durante dos años había surcado los ríos interiores y también lo había hecho en el Mar Argentino. En sus distintas travesías pasaron más de 3000 chicos de distintas escuelas y alrededor de 2000 militantes que aprendieron de naútica y soberanía, y pudieron dimensionar la importancia de habitar y cuidar nuestra extensa patria. Además, la embarcación atracó en 38 puertos, logrando la totalidad de los embarcaderos argentinos.

En septiembre de 2015, volviendo de Tierra del Fuego con el rumbo puesto en Río Gallegos, una gran tormenta obligó a la tripulación a pedir socorro a un barco pesquero que estaba en la zona, dejando a la Sanmartiniana sola. El velero escuela de doce camas se perdió en la inmensidad del Océano Atlántico.

El mundo de la náutica está cargado de supersticiones, historias reales o ficticias donde los barcos tienen vida, y el peligro, la muerte, la soledad, el amor, olas gigantes, tempestades y amaneceres con tanta calma que generan locura, son relato común en cualquier charla que uno frecuente. Quienes han navegado las aguas argentinas o visto a la Sanmartiniana amarrada en algún puerto tienen muchas historias de este tipo.

Los primeros tripulantes que la arreglaron y navegaron dicen que el barco rechinaba y andaba lento, casi que terco, como si estuviese resistiéndose a su nuevo nombre vinculado al General San Martín, y que además estaba completamente negada a la presencia de los sectores populares durmiendo en sus camarotes.  Luego de remontar el Paraná y ser habitada por tantos niños comentan que sus velas comenzaron a inflarse con más fuerza y su andar comenzó a ser más calmo y ligero. Hay turistas que confirman haberla visto charlando en La Base Militar de Mar del Plata con la Fragata Libertad y el Submarino ARA San Juan.

Uno de los tripulantes que estuvo presente en el homenaje a los caídos del Crucero General Belgrano comentó que el barco dejó caer algunas lágrimas sobre la Cuenca de los Yagan. Y yo, quién escribe estas líneas, Felipe Bertola, afortunado de haberme paseado por la cubierta de la Sanmartiniana, les digo que era terca como una mula, porque era bien argentina. Y cuando notó que de Isla de los Estados fijaban el rumbo hacia Río Gallegos, ella sola se deshizo de toda la tripulación, para dirigirse de una vez por todas a su principal objetivo, el último punto nacional de su travesía, Puerto Argentino en la Isla Soledad.

* El 5 de diciembre de 2016 la Sanmartiniana amarró en Puerto Deseado, Santa Cruz. La trajeron al continente, navegando únicamente a vela. La tripulación estaba integrada por Luis “Cacho” Wettstein (Capitán), Héctor Casenave, Manuel Benzi, Enrique Estevez, José Bjerring y Carlos “Cascote” Bertola. Actualmente la Sanmartiana se encuentra bajo las órdenes de la Universidad Nacional de Tierra del Fuego (UNTDF) y está destinada a llevar adelante misiones científicas en el Mar Argentino.

Felipe Bertola

Cuando estaba en la panza, mi vieja me cantaba “Significado de Patria” para tranquilizarme. En la comunicación y organización popular encontré la clave para poder “ser la revancha de todxs aquellxs”. Como todo buen platense, sé lo que es ganar una Copa Libertadores.

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2 Comments

  • An

    Que decirles? Ese barco al que llaman “con navegantes de nariz respingada y ropa cara”; era un barco escuela que siempre fue fiel a vueltas incluso por la Antártida; y jamás fue dejado a la deriva por más violento que fuera el clima o el oleaje, y mucho menos por banderas. Los códigos náuticos son mucho mas fuertes que partidos políticos o religiosos, al menos no cuando la embarcación se encuentra en aprietos. Habiendo hablado con gente que quedo tumbada en solitario dentro de su embarcación y terminando en aguas Rusas “siendo rescatado y arrestado” hasta dar explicaciones de por que estaba ahí.

    Por otro lado donde dicen “Los primeros tripulantes que la arreglaron y navegaron dicen que el barco rechinaba y andaba lento” …. siempre fue pensado como barco escuela “ser seguro” de hierro y madera, claro que seria lento y rechina; busquen fotos del barco cuando fue comprado por la Cámpora y verán que el estado no era como lo terminaron dejando…
    Nada… acá una navegante de muchos años, apolítica; ni encontra ni a favor de nadie, solo navegante!

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