*Por Goyo Sica
De la Ley ENARD al voto negativo a los derechos indígenas, el borrascoso camino de Werthein en la política.
Antes de asumir la presidencia, Javier Milei hizo algunos viajes a Estados Unidos. No fueron oficiales, no salieron de la cartera del Estado argentino. El que pagó por eso fue Gerardo Werthein, que posteriormente fue nombrado embajador argentino en el país de Norteamérica, y luego de la escandalosa cesantía de Mondino, Canciller.
Gerardo Werthein, miembro de una de las familias más ricas de Argentina, y por amplia diferencia el millonario más acaudalado del gabinete del Gobierno nacional, tiene una historia similar a muchos otros argentinos.
Su bisabuelo, Leon Werthein, llegó antes de las guerras mundiales desde Rusia por la persecución que sufría el pueblo judío en toda Europa. Se decidió instalar en La Pampa, y desde ese momento la familia fue construyendo un imperio económico. Hasta ahí, podemos trazar paralelismos con la historia personal de Mauricio Macri o hasta con Daniel Scioli. Los tres son herederos de una enorme riqueza, comenzaron su carrera política en el deporte, y ahora están (Macri con asterisco) dentro del gobierno de Javier Milei.
Egresado de la Universidad de Buenos Aires en Ciencias Veterinarias, Werthein se dedicó a la equitación en su juventud; y posteriormente tomó la dirección de Telecom (que pertenecía a su familia), antes de ser vendida al grupo Clarín.
Formó parte de la delegación argentina para los Juegos Olímpicos Sidney 2000, donde acompañó al equipo de equitación. Allí, probablemente, notó lo que hace la desidia estatal en el deporte. En esa justa, Argentina cumplió doce participaciones sin ganar un oro. El último había sido en Helsinki 1952.
Para los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, el entonces director de Telecom, mientras libraba una batalla legal contra el Grupo Clarín, decidió costear algunos gastos de la Villa Olímpica Argentina en la capital china. Telecom fue el principal sponsor de la delegación. En ese mismo momento, comenzó a respaldar la carrera política en River Plate de su amigo Rodolfo D’Onofrio, hoy pareja de Zulemita Menem.
Un año después, en la reelección presidencial de Cristina Fernández, el Comité Olímpico Argentino (COA) lo designó presidente del mismo. Su primer gran triunfo político lo trajo la Ley 26.573, sancionada en diciembre del 2009. Con esta legislación, se creaba el Ente Nacional de Alto Rendimiento en el Deporte. El 1% de lo recaudado en la telefonía móvil iba a ser destinado al deporte de alto rendimiento argentino.
En 2011 fue elegido miembro del Comité Olímpico Internacional, y allí comenzó a trabajar en pos de otro anhelo: un Juego Olímpico en Buenos Aires. El sueño frustrado del peronismo en el 56 y la pésima candidatura de Menem en el 2004, ahora podían concretarse en una escala mucho más acotada. Los Juegos Olímpicos de la Juventud 2018 necesitaban una ciudad y Buenos Aires picaba en punta. En 2013 se oficializó. Los Juegos del 2018, iban a ser en la capital argentina. El Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires era Mauricio Macri. Ese año, Gerardo es reelecto como presidente del COA.
2015, año de balotaje, Werthein se la juega, y pierde. El 19 de octubre, a seis días de la primera vuelta, el Comité Olímpico Argentino firmó junto a Daniel Scioli un acta de compromiso con el deporte. Fueron muchos deportistas, entre ellos el misionero “Camau” Espínola, por entonces Secretario de Deportes de Nación. Sin embargo, Macri ganó las elecciones y se convirtió en presidente.
Para el 2017, Mauricio Macri decidió derogar el artículo que imponía el 1% de la telefonía móvil al ente, y con eso, desfinanciar el alto rendimiento. Werthein no dijo nada. Al año siguiente, debía sacarse fotos con Rodríguez Larreta en Buenos Aires. Y encima, ese año tenía elecciones dentro del Comité Argentino, las cuales ganó.
Buenos Aires 2018 sucedió. El Gobierno de la Ciudad gastó mucho más de lo que dijo que iba a gastar y los Juegos no dejaron grandes dividendos para la capital, ni para el deporte argentino en sí, pero la antorcha olímpica se mantuvo prendida en el Río de La Plata por dos semanas.
En el gobierno de Alberto Fernández, Werthein sí criticó la medida de Macri. “Fue un año muy malo”, dijo. De todas maneras, en ese mandato peronista no hubo mayores inversiones en el deporte. Y en Tokio 2020 (realizado en 2021 por la pandemia) declaró que no iba a ir por la reelección, que era tiempo de caras nuevas en el Comité Olímpico Argentino. Y así fue, lo reemplazó Mario Moccia, un hombre del handball, que dedicó su carrera a la política deportiva en Argentina y Sudamérica.

Cuesta dilucidar las prioridades de Werthein en su carrera política. Más aún viendo el financiamiento a los viajes de Milei a Estados Unidos y la posterior votación en contra en la ONU sobre una resolución para los derechos humanos de los pueblos indígenas. Vale aclarar, Argentina fue el único país que votó en contra.
Pocos días más tarde, el flamante Canciller vuelve a ser el único diplomático en el mundo en votar en contra de una resolución para intensificar los esfuerzos para prevenir y eliminar todas las formas de violencia contra mujeres y niñas.
Lejos de los mecanismos del libertarianismo (borró su cuenta en X luego que le viralicen viejos posteos defendiendo a Cristina Fernández) Gerardo Werthein comienza a ocupar el cargo más importante en su carrera política. De momento parece alinearse, como siempre hizo, con el gobierno de turno.

